jueves, 10 de septiembre de 2009

Noctifremio

(Sustantivo. Del latín nox = noche y fremitus = vibración palpable y audible)

Crujido espontáneo que suelen hacer los muebles y, en general, los objetos inanimados.

Las cosas que en apariencia están quietas y mudas de vez en cuando nos recuerdan que en verdad todo se mueve y nos sorprenden con su curiosa y perpetua dinámica. Las maderas, los plásticos y los metales se retuercen, se contraen, se tensan y cada tanto dejan oir su queja espectral en la oscuridad.

Es frecuente que escuchemos los noctifremios en el silencio sombrío de la noche, y de esa circunstancia se deriva su nombre. Sin embargo, todo el tiempo las cosas están crujiendo, rechinando y chirriando, sólo que esos agónicos resuellos quedan opacados por los ruidos habituales del día.

En momentos de silencio absoluto, un placard o una alacena crujen una o varias veces, de manera irregular y discontinua, y nos sobresaltamos por un segundo. Luego recordamos que los placares también tienen alma: un alma hecha de moléculas inquietas, de electrones frenéticos y de asombrosos quarks. Toda estructura quieta, doblemente quieta por el silencio y por la noche, tiene sin embargo una existencia extenuante y revolucionada como el centro ígneo de una estrella.

Existen noctifremios irregulares y poco marcados; hay otros rítmicos y claramente perceptibles. A veces el noctifremio parece una voz, y a veces la voz dice cosas coherentes. A veces no es el alma del placard la que habla; a veces es un alma humana o demoníaca que vaga por la casa y se vale de noctifremios y de placares para comunicarse o para atormentarnos.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Quísero

(Sustantivo. De la interpretación de una palabra mal escuchada)

Palabra mal escuchada que le otorga un sentido absurdo o improbable a una frase.

"Estuve todo el día haciendo abominables"; "Deberías matarte el cabello"; "Estos tomates son ricos y pulgosos"; "Me compré un fierro guardián"; "Hagan el examen sin hablar y sin callarse". En todos estos casos hay una palabra que se malentiende, pero por el contexto general suele ser posible reconstruir el sentido correcto, a menos que la interpretación sea muy malintencionada.

Muchas veces percibimos quíseros en las conversaciones fragmentadas que por casualidad escuchamos por la calle, en la cola para un banco o en una sala de espera. "... Y no tuvo falsa protesta, comió pero entre cadáver y cadáver le dio un ataque de frescura..." . En estos casos, los diálogos son enigmáticos y ridilóquicos y suele ser muy difícil reconstruir una interpretación que no sea descabellada.

El quísero es la contrapartida oral del escarrín.

Los quíseros también permiten asuciar.

martes, 8 de septiembre de 2009

Reseptancia

(Sustantivo. Del latín assectari = acechar y reptare = reptar. Variante: resechanza. Adjetivo: reseptántico,a)

Sensación de que hay alguien escondido en algún lugar de la casa, o detrás de uno mismo.

Muchas veces tenemos la certeza de que alguien se está moviendo a nuestras espaldas. Sentimos la vibración del aire, intuimos una presencia en el placard o al otro lado de la puerta. Sin flores de gazol ni escófenos ni builgoñas que sirvan de manifestación, podemos asegurar que no estamos solos.
Las películas de terror coquetean con la reseptancia. Un individuo solo, en la oscuridad, mira hacia los costados sin querer ver si efectivamente el monstruo está en su habitación. Muchas veces, ese monstruo es sólo el gato, que salta repentinamente para crear un efecto de terror vacío y espurio. Así, la reseptancia puede verse defraudada: no sólo no hay alguien acechando; sino que su capacidad para intuir seres ocultos bajo la cama o dentro del sótano se revela como ilusoria.

La reseptancia suele sentirse en soledad, aunque puede haber casos de empatía reseptántica: dos o más personas sienten inexplicablemente la presencia de alguien escondido y acechante en algún lugar cercano.

Conviene aclarar que la reseptancia sólo es tal si no hay ningún indicio sensorial de que alguien está escondido. Si escuchamos ruidos en la alacena, no hay reseptancia: los ruidos delatan que efectivamente hay alguien (un hombre, una rata o un kiliópsico), pero para que exista reseptancia sólo hace falta la repentina e incorroborable certeza intuitiva sin mediación de los sentidos.

Los terfocarios suelen ser lugares de gran reseptancia.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Noticias

En primer lugar, me han publicado una nota sobre Exonario en la versión impresa del diario Crítica.
Aquí la nota.

En segundo lugar, y a raíz de esta nota, me han llamado de algunas radios para hacerme entrevistas: Radio Provincia (No sé si este es el link), de Radio Mitre (Córdoba) y de FM Soldados, "La primera en el Dial".

Asimismo, la periodista Elena Arsuaga de la agencia EFE me hizo una entrevista telefónica que luego aparecerá en algunos medios digitales.

Y esta tarde, a las 18 horas, la periodista Virginia Pascual me hace una entrevista para un canal de cable local.

En cuanto tenga los enlaces para escuchar estas entrevistas, lo informaré.

Y, además, ¡Gané el concurso para profesor!

Muchos saludos y gracias por pasar.

(La foto que aparece arriba es del diario Crítica)
Todavía no tengo el dictamen definitivo, pero por los comentarios preliminares parece que salió todo bien.
Si es así o no, lo podré saber recién mañana.
A menos que el jurado haya sido irónico, la clase para el concurso les pareció buena.
Además, era el único concursante, pero siempre existe la posibilidad de que declaren desierto el cargo, si consideran que no estoy lo suficientemente calificado.
La materia por la cual concursé: Filosofía del Lenguaje.
Es una materia que estoy dando actualmente en la Universidad del Sur, pero este concurso me ratifica como profesor ordinario y no interino (es decir, provisorio) como estaba hasta ahora.
Se trató de un concurso nacional, por lo cual vinieron jurados especialistas de otras universidades a evaluarme.
El tema que tuve que exponer: "La dimensión ontológica del problema hermenéutico en Gadamer", tema del que no soy especialista ni mucho menos.
Veremos qué pasa.

Mañana Exonario retomará su cauce habitual.
Muchas gracias.

lunes, 31 de agosto de 2009

Es muy probable que durante esta semana Exonario no se actualice.

Tengo que rendir un concurso para profesor que puede definir el futuro de mi vida económica y laboral, y para ello no quiero compromenterme demasiado con actividades que demandan atención y tiempo extra.

Tengo guardados en mis manuscritos tal vez cien palabras nuevas. Todos los días surge una, dos o tres, de modo que seguirá habiendo Exonario para rato.

Nos vemos la semana que viene.
Muchas gracias.

sábado, 29 de agosto de 2009

Manumalugesticular

(Palabra y definición enviadas por Ignacio Pérez Constanzó)

(Del latín manu = mano, malus = mal y gesticulari = gesticular) y de éste, el sustantivo Manumalugesticulación: acción de manumalugesticular.

Gesticular con ambas manos planeando algún mal. El gesto implica movimientos suaves que indican anticipadamente el regocijo ante el deleite de un futuro acto maligno.

La manumalugesticulación suele realizarse lentamente. El mal planificado puede ser pequeño, como pensar en cómo hacer trampa jugando a las cartas con un sobrino, o grande, como planificando el dominio de todo el universo. La manumalugesticulación es un recurso muy utilizado por la industria de los dibujos animados, siendo así una característica típica del malo.

Las dos varibles más comunes son: unir y separar las puntas de los dedos o, el más efectivo —según muchos—, frotarse ambas manos, como al quitarse el jabón después de lavarse las manos, pero con mayor lentitud.

Es usual que quien manumalugesticule, lo haga mirando hacia el infinito o hacia ninguna parte, pues su mente vislumbra ya la fruición de su botín, y es posible que no sea consciente de su manumalugesticulación. También es usual que quien manumalugesticule lo haga con una expresión entre risueña y bobalicona, similar a una vercesi. En el imaginario popular, la manumalugesticulación antecede una risa maléfica, pero en la vida real no es indispensable, ni suele darse.

En la vida real, el traidor no suele anticipar sus actos y, si éste manumalugesticula, tal acción se reduce a un acto privado, y jamás público pues lo delataría. En cambio, suele ser utilizada por sus connotaciones ya conocidas, y así puede ser, por ejemplo, un buen recurso teatral.

jueves, 27 de agosto de 2009

Legóptero,a

(Adjetivo. Del griego logos = discurso y -pteros = que observa)

Quien observa puntillosamente el lenguaje oral utilizado.

El legóptero no escucha lo que le dicen sus interlocutores; se detiene en la forma de las expresiones utilizadas y corrige. Su favorita es la concordancia verbal: "No es habría dicho, sino hubiera dicho", pero disfruta mucho cuando descubre un mal uso de la letra s final: "No es entendistes, es entendiste", "Martes, martesssss, con ese final". Se siente satisfecho cuando los demás le dicen que aprenden con él o cuando le piden disculpas por hablar mal y odia a muerte a quienes no aceptan una corrección o a quienes no se equivocan jamás.

Lo curioso es que las expresiones del legóptero no siempre se rigen por esa puntillosidad que sí exige a otros.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Focarizar

(Verbo. Del latín focarius = hogar. Adjetivo: focarista)

1. Valorar las actividades propias de la vida hogareña por encima de cualquier otra actividad.

El focarista siente un inmenso placer en permanecer todo el día en su casa. No hace planes para pasear, ni para encontrarse con amigos en bares, ni para jugar al fútbol, ni para ir de compras. El tiempo libre lo destina a cualquier actividad que pueda hacerse dentro de la casa, ya se trate de actividades lúdicas, de reparación o de aseo.
Derivada de esta acepción podemos encontrar otra:

2. Llevarse trabajo a casa.

Con esta acepción existen dos tipos de focaristas:
a) El que tiene un trabajo para el cual no se requiere su presencia en un lugar determinado y, por lo tanto, elige su propio hogar como ámbito laboral; o bien
b) El que, a pesar de que trabaja cumpliendo un horario en un lugar, debe llevarse parte de la tarea a su casa.

Los docentes focarizan con la tarea que se llevan para corregir, con las planificaciones y los programas. Un docente sería un ejemplo de focarista en la acepción b). En cambio, un traductor free lance que trabaja con una computadora conectada a internet sería un buen ejemplo de la acepción a).

Los focaristas a) habitualmente aman labofar, cosa que odian los del tipo b).

martes, 25 de agosto de 2009

Morfomorfia

(Sustantivo. Del griego morpheos = sueño y morphé = forma)

Actividades que hay que realizar antes de ir a dormir.

Cuando por la noche el sueño nos está venciendo se activan algunas alertas. No se trata, simplemente, de acostarse y punto.
El cansancio y la noche nos obligan a apurar actividades impostergables como sacar la basura, lavar los platos o llevar a pasear al perro. Estas acciones están dentro de las obligaciones previas al descanso. Uno no suele permitirse la relajación entre sábanas si no cumplió con esas actividades que indican la finalización del día.

Además de las obligaciones, existe una gran cantidad de rituales que garantizan (o, al menos, no impiden) un sueño satisfactorio y una moderada tranquilidad durante las horas de dormir.
Los rituales típicos son: bañarse, lavarse los dientes, ponerse un pijamas, cerrar las llaves de gas, controlar que la puerta no quede abierta, tomar un vaso de leche tibia. Además de los rituales estereotípicos, están también los que conforman idionidias de cada persona: pequeñas sugestiones que nos sirven como amuleto para hacerle creer a la mente que ya es la hora de dormir: dejar encendida la luz de la mesa de noche; ponerse tapones en los oídos o antifaces en los ojos, tomar melatonina o té de hierbas, bajar las persianas y dejar la cama bien tersa y mullida.

Exonario es parte de la morfomorfia idionídica de mis noches.

lunes, 24 de agosto de 2009

Liminencia

(Sustantivo. Del latín limen = límite e immineo = pender, estar a punto de caer)

Sensación de que hay algo urgente e importante por hacer.

Hay alguien que me está necesitando ahora, pero no sé quién es ni cómo podría ayudarlo.
Hay un trabajo que debo realizar ya mismo, pero no puedo recordar de qué se trata ni por qué es tan urgente. La liminencia es esa certeza ciega y angustiada de sentir que uno no debe estar donde está, ni debe estar haciendo (o no estar haciendo) lo que está (o no está) haciendo.

viernes, 21 de agosto de 2009

Tafónimo,a

(Adjetivo. Del griego táfos = escondido y ónoma = nombre)

Nombre del que se reniega y se trata de ocultar.

Es costumbre que en Argentina las personas tengan al menos dos nombres. Sin embargo, suele ser común que las personas no se sientan identificadas con su segundo nombre y tienden a no incluirlo cuando se les pregunta cómo se llaman.
Hay nombres que provocan vergüenza porque son demasiado anticuados, ampulosos o fáciles de provocar una rima procaz.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Micranasemia

(Sustantivo. Del griego micros = pequeño; ana = contra, sobre y semáino = señalar)

Mínima diferencia de significado entre dos o más términos.

Estrictamente hablando, los sinónimos no existen. En ciertos contextos podemos intercambiar la palabra "caballo" por la de "potro", pero ambos términos no tienen el exacto mismo significado. Sin embargo, la diferencia puede ser tan sutil e imperceptible que, en la práctica, podamos usar ambos términos de manera intercambiable. A esa diferencia que en la práctica puede no afectar la comunicación la denominamos micranasemia.

Muchas de las palabras de un diccionario (y de un exonario) pueden tener definiciones muy semejantes entre sí y en la práctica tal vez no encontremos un contexto en el cual usaríamos una sin intercambiarla por la otra. "Nosocomio" y "hospital" parecen fácilmente intercambiables. Sin embargo, hay diferencias: en "nosocomio" está presente la raíz "nosos" que significa "enfermedad". En "hospital", en cambio, se hace más hincapié en el "hospes", es decir, el huésped.
Aun cuando se trata de perspectivas diferentes, los contextos de uso parecen ser muy similares y las diferencias de significado entre cada concepto es casi inexistente.

Cuando hay micranasemia es común que los términos se usen como sinónimos.
¿Cuánta diferencia semántica debe haber entre dos términos para que dejen de considerarse como sinónimos? ¿Cómo se mide la diferencia semántica?
¿Hay muchos términos en Exonario que sufran de micranasemia?

martes, 18 de agosto de 2009

Ecomatía

(Sustantivo. Del griego oikos = casa y manthano = aprender)

Habilidad para encontrar la correcta distribución de las instalaciones y utensilios de un lugar.

La definición es árida, pero unos pocos ejemplos podrán dar a entender a qué nos referimos.

Una cocinera que trabaja siempre en la misma cocina, conoce dónde está cada alacena, qué hay dentro de ellas y cómo debe moverse a través de la cocina para preparar una torta. Si esta cocinera no debe hacer tanteos para encontrar la harina, el azúcar y los huevos, es porque tiene una familiaridad con el lugar y por lo tanto tiene ecomatía. Por el contrario, si le toca cocinar en un sitio nuevo, es posible que se detenga, revise, busque, se pregunte dónde está cada cosa e insuma mucho más tiempo.

Cuando frecuentamos un lugar, al poco tiempo adquirimos ecomatía: más allá de cualquier desorden aparente (idiocosmos) somos capaces de identificar dónde está cada cosa; sin embargo, basta con que nos mudemos o alguien modifique levemente algunos objetos para que perdamos esa preciada habilidad.

En cierto modo, la ecomatía es una habilidad automática. La familiaridad con un lugar produce una especie de "memoria corporal": sabemos qué movimientos hay que hacer para alcanzar la harina, o los huevos, o el azúcar, y podemos hacer esos movimientos con el mínimo esfuerzo y casi sin intervención de la conciencia.

En general, en cualquier circunstancia en la que a partir de una heterogeneidad de objetos se puede seleccionar rápidamente uno o varios de ellos con precisión, tenemos ecomatía. Un disc jockey que encuentra el disco que le piden entre varios miles de discos también tiene ecomatía. Sin embargo, si quitamos la asociación con un recinto y sus instalaciones, el término deja de tener su especificidad y se puede equiparar simplemente con la palabra experiencia.

lunes, 17 de agosto de 2009

Termógoro,a

(Adjetivo. Del griego terma = temperatura, calor y agoréuo = hablar, exhibir. Sustantivo: termogoria)

Quien hace gala de su resistencia al frío o al calor.

Existen dos clases de termógoros:
- Los que creen que, gracias a su ascendencia, han heredado genes que les permiten resistir las altas o bajas temperaturas.
- Los que creen que la resistencia al calor y -en especial- al frío es característica de un macho.

En la primera clase encontramos al rutanero: un tatarabuelo supuestamente esquimal o nativo de Siberia le habría transmitido al termógoro los genes para resistir al frío. Por eso, el termógoro anda en camiseta durante las heladas de invierno, despreciando a los termópatas que usan campera y bufanda. A veces este termógoro no apela a su ascendencia sino a su propia experiencia en otros lugares del mundo: quizás vivió dos años en la cálida zona ecuatorial, y cuando llega a Buenos Aires finge que el calor del verano porteño no le afecta.

La segunda clase de termogoria es casi exclusiva de los sujetos masculinos. A pesar de que sienten frío y calor como termópatas, se dicen a sí mismos y a los demás que abrigarse, encender la estufa, bañarse en la pelopincho o prender el ventilador son cosas de maricas. Para probar que no le prestan atención a las temperaturas entran desnudos en una cámara frigorífica, o se ofrecen para hacer el asado al sol en pleno verano.
Consecuentemente, este termógoro piensa que en invierno sólo se enferman quienes usan abrigo, y en verano sólo se deshidratan los que permanecen quietos frente al ventilador.

Conviene aclarar que hay ciertas personas que tienen una especial resistencia a la temperatura; el término "termógoro" hace referencia al hecho de hacer gala de tal resistencia. Algunas veces, esa resistencia puede ser cierta, y otras, como en los ejemplos dados arriba, es espuria.

domingo, 16 de agosto de 2009

Policografía

(Palabra y definición enviadas por Julio David Auster)

(sust. f.; de pólice (forma poco usada de indicar el dedo pulgar) y grafía, escritura):

Habilidad de escribir utlizando nada más que el dedo pulgar de una sola mano, surgida a partir del uso de los teléfonos celulares.

La necesidad de abreviar el tiempo de redacción de los mensajes hace que se usen numerosas abreviaturas no siempre claras para el que no esté habituado; existe además el inconveniente de que si se deben repetir letras que se escriben con una misma tecla, muchas veces se termina reemplazando la letra apenas escrita.

viernes, 14 de agosto de 2009

Termópata

(Adjetivo. Del griego terma = calor, temperatura y pathos = padecimiento, afección)

Quien tiene una excesiva sensibilidad para el frío o el calor.

El termópata en invierno padece el frío con un gran sufrimiento; ningún abrigo ni actividad física le alcanzan para entrar en calor. Durante el verano necesita estar en sitios con ventilador o aire acondicionado, y frecuentemente se descompone o se desmaya si se queda unos segundos al sol o en lugares muy calurosos.
Una persona puede ser termópata con respecto al frío pero no con respecto al calor, o viceversa. Para el termópata, la hipercontratermia es el estado ideal de un ambiente.

También se llama termópata a quien no puede tocar, comer o beber objetos calientes ni demasiado fríos.

jueves, 13 de agosto de 2009

Lucetisolio

(Sustantivo. Del latín locus = lugar; laetitia = alegría y solus = solo)

Sensación de regocijo y misterio que provoca el quedarse solo en un lugar que habitualmente está lleno de gente.

Para quienes trabajan hasta tarde en su oficina, cuando todos ya se han ido, esta sensación es familiar. Los lugares que durante la jornada tienen celosos guardianes (la fotocopiadora, el cuarto de la limpieza, la oficina del jefe, el cajón del escritorio de la secretaria) se convierten en pequeñas cajas de Pandora; revelan su intimidad y nos permiten espiar, manipular, revisar, practicar un anónimo vandalismo o un pequeño hurto sin testigos.
Esta sensación también se tiene cuando se anda en la semipenumbra por los pasillos vacíos del edificio. Hay algo inusual, extraño y poco familiar en esa ausencia absoluta del otro que vigila, que juzga, que cuida. De ahí el regocijo: por unas horas, todo lo que los demás han dejado me pertenece. Pero, a su vez, todo eso está transfigurado; la momentánea soledad y las luces casi ausentes les confieren un aire de calidez y misterio.

También tendremos esta sensación si vamos a nuestra oficina una tarde de domingo para huicar.

El lucetisolio puede sentirse también en un shopping, en una escuela o en cualquier otro recinto que haya sido concebido para contener una muchedumbre y que se encuentre momentáneamente solitario.

martes, 11 de agosto de 2009

Occiundo,a

(Adjetivo. Del latín occidere = caer)

Si el oriundo es, según el diccionario la RAE, aquel que tiene su origen en algún lugar, el occiundo es quien tiene su muerte en algún lugar.

A veces deseamos saber no sólo de dónde viene una persona, sino también dónde murió. Podemos preguntar: ¿De dónde es oriundo y occiundo San Martín?

lunes, 10 de agosto de 2009

Optoparoncio

(Del griego optasía = aparición, visión y pareltontikós = pasado)

Objeto que se ha vuelto inútil porque forma parte de proyectos que se han tenido en el pasado y se han abandonado.

No se trata de ronodetros ni de propratos. Los primeros se conservan sin motivo; los segundos se conservan debido a su utilidad futura. Los optoparoncios, en cambio, ocupan un lugar en nuestras casas debido a una utilidad que pertenece a alguno de los mundos posibles por los que no hemos transitado.

Ejemplo 1: Cuando se nos estaba cayendo el pelo compramos un tratamiento capilar. Por pereza, no realizamos el tratamiento y con el tiempo quedamos completamente calvos. Los frascos del tratamiento capilar siguen ocupando un lugar en el botiquín. No son completamente inútiles -a alguien le podrían servir-, pero ya no nos sirven a nosotros.

Ejemplo 2: Usted en algún momento de su vida quiso ser disc jockey y se compró una mezcladora de sonido o un preamplificador, pero luego decide no trabajar de eso y, por lo tanto, no compra nada más. Esos aparatos quedan en su casa convertidos en optoparoncios, guardados en un placard en su casi intacto envoltorio original.

Ciertos objetos nos suscitan un problema de clasificación semántica: la guitarra que hemos abandonado en el placard, o el atril y los pinceles que dejamos en el galpón del fondo, ¿son optoparoncios? En algún sentido sí: si ya hemos decidido nunca más tocar guitarra o pintar, los instrumentos se convierten en optoparoncios. Pero si los guardamos con la secreta esperanza de algún día retomar por el camino artístico, entonces dejan de serlo. Cualquier objeto al que conservamos en vista de su utilidad futura (real o imaginaria) no puede ser optoparoncio. Por lo tanto, el hecho de que algo sea o no optoparoncio depende de la intencionalidad que una persona proyecta sobre los objetos que la rodean.
Cuando un padre dice a su hijo: "¿Para qué guardás esa guitarra si nunca la tocás? ¡Está ahí para juntar mugre!", le está diciendo: "Harías bien en admitir que tu guitarra se ha convertido en un ominoso optoparoncio, a despecho de lo que quieres hacernos creer a nosotros tus padres y a tí mismo". O, de una forma aun más rebuscada: "Optoparoncio escualiforme es lo que tienes y pronto tomará el destino de los nedrictos que mueren por oxcidio "

La diferencia entre "nedricto" y "optoparoncio" consiste en que los primeros son un tipo de basura, mientras que los segundos sólo son inútiles para su dueño.

jueves, 6 de agosto de 2009

Ronodetro

(Sustantivo. De la expresión latina "hanc rem non detrudit": esa cosa no se tira)

Objeto inútil que se conserva sin motivo.

Mientras los propratos se conservan en vista de una posible utilidad futura de sus piezas, y los souvenires de casamiento se guardan debido a su valor afectivo o estético, los ronodetros simplemente están ahí. No tienen función, no se cree posible asignarles una y ni siquiera se repara en ellos.
A veces están en medio de otros objetos que sí tienen utilidad y se camuflan con ellos. Esa ingeniosa estrategia, sumada a nuestra pereza, hacen que los ronodetros tengan una supervivencia insólitamente prolongada.
Sabemos que un día hay que hacer limpieza y que ese día deberán irse para siempre de nuestras vidas. Pero los ronodetros nunca son los primeros en una lista de aseo porque -a diferencia de los planelocios- suelen tener un lugar estable y definido.

Los ronodetros más frecuentes son los bolígrafos que no andan. Es normal que en los escritorios haya cuatro o cinco bolígrafos, y entre ellos, uno que no funciona. Nuestra primera reacción -al notar que no escribe- es dejarlo a un lado y buscar entre los otros tres o cuatro hasta dar con el que sí funciona. Luego de escribir, juntamos a todos -el que no funciona y los que sí funcionan- y los llevamos nuevamente al lapicero o al cajón del escritorio.
Otros ronodetros son las cucharitas rotas -junto al resto de los cubiertos que están sanos-, las herramientas oxidadas en el cajón -junto con otras herramientas que no estan oxidadas- y los frascos de cosméticos, productos de tocador o medicamentos que se acumulan sin uso en el botiquín, de los cuales ya no estamos seguros de su efecto (tal vez hace un lustro que están en ese lugar) y no reparamos en que están allí, ocupando un espacio importante.
La lista puede continuar de manera indefinida.

Hay veces en los que identificamos a los ronodetros y los sentenciamos a muerte. Son días en los que, además de esa, podemos tomar otras decisiones importantes. Como renunciar al trabajo, declararle amor a la vecina o suicidarnos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Propriorismo

(Sustantivo. Del latín pro = en favor de y prius = primero. Adjetivo: propriorista)

Actitud de señalar con insistencia prioridades que no son tales.

"Tenés que pintar esta pared", dice el propriorista con tono de grave sentencia y dictamen inapelable. No se da cuenta de que la pared despintada es el último eslabón de una larga cadena de refacciones previas. El propriorista insiste: ¡Hay que pintar! ¡No puede ser que hayan pasado tantos meses y no hayas pintado la pared! ¡No es tan caro!. Siente que está dando un consejo genuino y de fácil cumplimiento, y no se explica cómo al dueño de la pared no se le ocurrió pensar en eso como una prioridad suma.
Muchas veces el propriorista no ve que uno ha invertido grandes esfuerzos en otras prioridades. Si compramos el televisor pero no compramos la mesita, nos dirá: ¡Tenés que comprarte una mesita!. Si compramos la mesita y el televisor, pero no el reproductor de DVD, el propriorista lo señalará con insistencia. ¿Y si tenemos todo pero no el home theater? ¡Pues allí estará el propriorista para señalarnos que nos falta algo, que es urgente y muy necesario tenerlo y que no entiende cómo no lo tuvimos en cuenta!

martes, 4 de agosto de 2009

Condesilia

(Sustantivo. Del latín condo = esconder, fundar y desilio = saltar hacia abajo)

Tendencia de ciertos objetos a caer en lugares virtualmente inaccesibles.

Cuando se nos cae al suelo la tapa de un frasco, una goma de borrar, una pelota o un llavero, es casi imposible evitar que se escabulla debajo del sillón, de la mesada o de la heladera. Gracias a la condesilia, ningún objeto quedará al alcance inmediato de la mano o de un leve estirón del antebrazo: es necesario agacharse, escudriñar rincones, tantear en una oscura profundidad y, a veces, desistir. El objeto ha quedado debajo del horno, bien en el fondo, allí donde ni un palo de escoba puede llegar. Otras veces cae debajo de un mueble que está detrás de otro y, para poder sacarlo hay que correr un pesado sillón, para lo cual previamente se debe correr una mesa, dos jarrones y un modular con cristalería fina. A veces no vale la pena tanto esfuerzo.
Lo curioso es que esos objetos tienen una condesilia tan fuerte que, una vez que los hemos recuperado, si se llegaran a volver a caer, volverían a quedar en otro lugar tan inaccesible como el anterior.

Gracias a la condesilia podemos perder un objeto sabiendo dónde está.

La calsulecia es una forma atenuada de condesilia.

lunes, 3 de agosto de 2009

Nosivuá


(Adjetivo. De las expresiones "no, si va a..." y "no, si voy a")

Dícese de ciertas respuestas que, con ironía, recalcan el carácter obvio de una pregunta.

Existe una gran cantidad de chistes breves cuyo remate comienza con un "nosivuá". Típicamente asociado con la provincia de Córdoba, Argentina, el nosivuá es un juego retórico picaresco que responde con ingenio a una pregunta. Por lo general, la respuesta que sigue al "nosivuá" es un remate absurdo o altamente improbable. Ese remate hace ver lo contradictorio que sería aceptar la negación de lo que se pregunta, por lo que debe inferirse que la evidente respuesta es "sí".

Veamos un ejemplo:
Si un pariente nuestro tuvo una lipotimia, llamamos al médico y llega a nuestra casa un hombre con un delantal blanco, estetoscopio y portafolios con una cruz roja, se puede suscitar el siguiente diálogo nosivuá:

- ¿Es usted el médico?
- Nosivuá ser el sodero.


De acuerdo a la definición que hemos dado, una respuesta nosivuá no necesariamente debe comenzar con la expresión "no, si voy a". Ejemplo de respuesta nosivuá sin expresión típica puede ser:

A- ¿De qué están hechas las bombas de papa?
B- Están hechas de fideos.


La respuesta es irónica y trata de reducir al absurdo la pregunta; por lo cual puede considerarse "nosivuá".

(Cuando busqué el término en internet para corroborar que esta palabra no haya sido definida, me encontré con que el único lugar en el que se la utilizó fue en esta entrada del blog de Esteban Podeti, en un comentario)

Actualización: a pesar de que -para mi sorpresa- este término apenas aparece en internet, los lectores Lale y Unser han dejado dos comentarios muy ilustrativos acerca de la difusión y acuñamiento de este término que luego se convirtió en marca registrada de Córdoba. Por eso, esta palabra queda en una cuarentena semántica y en cuanto aparezca un diccionario de modismos que la incluya, deberá irse de Exonario. El señor Unservidor agrega y corrige aspectos de esta definición. No se pierdan su aclarador comentario.

viernes, 31 de julio de 2009

Monogorar

(Verbo. Del griego monos = uno, único y agoréuo = hablar. Adjetivo: monógoro,a)

Insistir en hablar con una sola persona en una reunión.

Mientras el superfante desea acaparar todas las miradas y todas las atenciones, el monógoro busca a un interlocutor y lo persigue de manera incansable. Su conversación está dirigida únicamente a su víctima: hace chistes que sólo ella podría entender y cuenta historias en las que falta mucha información para que los demás se queden afuera. Si alguien intenta entrar en ese cerrado círculo conformado por el monógoro y su víctima, no conseguirá hacerlo: el monógoro ignorará los comentarios de este tercero e iniciará una conversación que a ese tercero nunca podría interesarle y en la cual no tiene posibilidad de intervenir.

Un ejemplo. A es el monógoro que se encuentra con B en una reunión. B está sentado alrededor de una mesa junto con otras diez personas que intercambian palabras. A busca un lugar en ese grupo, pero en vez de compartir su charla con las diez personas, sólo se dirige a B. B intenta escaparse, tratando de reconectar sus palabras con las del resto del grupo. Pero A sacará algún tema quizás polémico que sólo pueden entender A y B. Si C intenta entrar en ese grupo, el monógoro no le dará lugar; continuará monopolizando la atención de B e ignorará la presencia de C.

Palabras relacionadas: nefascordio, osunocer, onfaloquio, subafar.

jueves, 30 de julio de 2009

Alicuabio

(Sustantivo. Del latín aliquis = alguien y habeo = hay)

Desconcierto que produce darse cuenta de que ha quedado encendido un artefacto en nuestra ausencia.

Fuimos al supermercado y dejamos el televisor encendido en casa; nos acostamos a dormir y dejamos la luz del baño encendida; salimos de vacaciones durante un mes y cuando volvemos descubrimos que hemos dejado la hornalla prendida y la pava puesta para el mate. En estos tres casos, el descubrimiento nos produce una extraña sensación de sorpresa; por un instante -menos de un segundo- suponemos que alguien ha ingresado a casa durante nuestra ausencia. Sin embargo, es mucho más desconcertante darse cuenta de que ese alguien es una parte de nosotros mismos que hace cosas y las olvida. Una parte de uno quería seguir mirando televisión o leyendo revistas en el baño. Una parte de uno mismo no quería irse de vacaciones; sólo deseaba tomar unos mates.

Según la etimología del término, "alicuabio" significa "hay alguien". Durante todo el tiempo en que la luz, el televisor o la hornalla quedaron encendidas, es como si una parte de nosotros mismos estuviese allí. El alguien al que se refiere el término soy yo, pero es un yo extraño y ajeno que se desdobla de mi cuerpo y habita en lugares en los que mi yo de siempre no está.

¿Qué estoy haciendo yo en la habitación del fondo donde dejé la luz encendida? ¿Para qué quiero estar allí sin mi cuerpo?

miércoles, 29 de julio de 2009

Queroloquio

(Sustantivo. Del latín quaero = inquirir y loquor = hablar)

Relato interrumpido por las preguntas innecesarias, accesorias o retóricas del propio narrador.

Muchas personas necesitan una continua aprobación de su interlocutor: no hacen un relato de corrido porque intercalan pausas, preguntas o guiños paralingüísticos para que su interlocutor se vea obligado a decir algo.
"Ayer fui al médico porque me empezó a doler... ¿cómo se llama? ¿Metacarpio? (pausa)".
La pausa fuerza al interlocutor a dar alguna respuesta.
A pesar de su tono interrogativo, a veces la pregunta no es una genuina pregunta sino una afirmación que requiere asentimiento: "Te voy a contar la historia de Raúl. La última vez que lo vi se estaba volviendo bastante zurdito... Porque viste que ahora desde que están los Kirchner se vinieron los zurdos a lo loco... (pausa)"
También puede haber preguntas que fuercen una "respuesta de atención". Por ejemplo: "Yo te voy a explicar cómo es esto, ¿me oís? (pausa), bueno, mirá, ¿estás mirando? (pausa); ahora te cuento para que sepas cómo se preparan los ravioles, ¿me escuchás? (pausa); agarrás la harina, la mezclás con el agua, ¿me vas siguiendo? (pausa)". Las molestas preguntas sólo tienen el objetivo de corroborar que el oyente está siguiendo atentamente los pasos de la instrucción; no son realmente preguntas.

El queroloquio es difícil de soportar porque requiere de una activa participación del oyente.

lunes, 27 de julio de 2009

Circunomio

(Sustantivo. Del latín circum = alrededor y nomen= nombre)

Objeto al que no se lo bautiza con un nombre, sino con una descripción.

Mientras para algunas cosas tenemos nombres "de una sola pieza", para otras sólo hay nombres compuestos de un sustantivo genérico y un adjetivo, o un sustantivo, una preposición y otro sustantivo. Estos nombres compuestos son descripciones; sirven como indicadores para identificar al objeto, pero no son propiamente nombres. Existe una multitud de objetos huérfanos de nombre pero fácilmente reconocibles por una descripción. En Exonario nos propusimos la tarea de dar nombre a algunos de ellos: el remolino de la cabeza ahora es un vorticipio. Todavía hay una enorme cantidad de objetos (y de especies de objetos) que aun no poseen su bautismo propio: "Trípode de pizza", "mapa de carretera", "mesa de cocina", "milanesa con puré", "mouse con ruedita".
Existen teorías según las cuales los nombres son abreviaturas de descripciones, y en ese caso el nombre sólo funciona por una cuestión de economía verbal. Sin embargo, según otras teorías, el nombre es una etiqueta a partir de la cual se pueden dar ciertas descripciones posteriores, pero dicho nombre no queda "casado" con ninguna descripción en particular.
Si tomamos en cuenta el primer grupo de teorías, la tarea de asignar nombres a los circunomios no tiene demasiado sentido (reemplazar "remolino de la cabeza" por "vorticipio" no representa una gran ganancia en nuestra economía verbal: es más fácil acordarse de la expresión "remolino de la cabeza" antes que de "vorticipio") Pero el segundo grupo de teorías es más interesante: un objeto queda definido por su nombre; luego las descripciones pueden variar e incluso podría haber mundos posibles en los que ese mismo objeto no satisficiera ninguna de las descripciones con las que comúnmente los asociamos. El autor paradigmático que trabaja con este tipo de teorías es Saul Kripke.

(Analícese la expresión "ese mismo objeto no satisface ninguna de las descripciones...": ¿sigue siendo "ese mismo objeto" a pesar de no poder ser descripto de ninguna de las maneras con las que lo asociamos? ¿Seguiría siendo un vorticipio algo que no pudiera describirse como "remolino de la cabeza"?)

viernes, 24 de julio de 2009

Proprato

(Sustantivo. Del griego pro = adelante y pragma = objeto, acción, utilidad)

Objeto al que se lo guarda porque puede "servir para algo".

Cuando se nos rompe un artefacto que contiene piezas, tornillos y accesorios, solemos creer que cada una de esas partes puede tener alguna utilidad futura y por eso las guardamos. Lo mismo ocurre con las tuercas, tornillos, carcasas de reloj, cajas o maderitas que nos encontramos en la calle o cirujeamos de un contenedor.

Los propratos pueden conformar su propio colocio. A veces, podemos guardar propratos dentro de una caja o un frasco. A veces, los propios propratos consisten en cajas y frascos. Al acopiamiento de cajas y frascos se la denomina cenotimia.

miércoles, 22 de julio de 2009

Estechico / Estachica

(Adjetivo)

Con estas palabras hacemos una excepción en Exonario: estas expresiones tienen uso actual en ciertos lugares de la República Argentina, pero no es fácil entender su significado.
Por lo que pude corroborar, no hay definiciones ni explicaciones de uso de estos términos.

En verdad no tienen significado sino contextos de uso. Se trata no de conceptos sino de pragceptos: palabras cuyo verdadero contenido es puramente pragmático.
"Estechico" y "Estechica" se usan como apelativos para referirse a una persona presente cuando no se conoce el nombre de esa persona, cuando esa persona es joven (o más joven que quien pronuncia esa palabra), cuando existe algún tipo de asimetría -social, económica o educativa, o las tres- entre ambos interlocutores y cuando no se tiene la menor intención de aprenderse el nombre del apelado.

Ejemplos de uso: Una señora entra en la verdulería y es atendida por un muchacho flaco y tímido. La señora comienza su pedido diciendo: "A ver, estechico, poneme tres kilos de papas blancas, pero que sean blancas de verdad, no negras lavadas".

Es posible que la mucama se enferme y en su reemplazo envíe a una amiga o a una parienta. Esa reemplazante jamás será llamada por su nombre ni por su profesión; suele ser común que su ama la llame gritando: "Estachica, estachica, limpiame otra vez los inodoros".

La sola proferencia de este apelativo conlleva un desprecio y una rebaja del interlocutor a quien va dirigida. La expresión "Estechico" sólo puede preceder a una orden inapelable y de ejecución inmediata, trabajosa y humillante. Jamás se trata con este apelativo a un médico, a un abogado, a un funcionario público, a un hombre de cuerpo apolíneo o a una mujer muy bella.

No existe el uso recíproco del "estechico / estachica", pues, como dijimos arriba, es necesario que haya una asimetría entre los dialogantes y que quien profiera el término sea el que se encuentra en la escala más alta de esa posición.

martes, 21 de julio de 2009

Sulcibio, a

(Adjetivo. Del latín assulto = venir saltando y cibus = comida, alimento)

Dícese del alimento de forma redondeada que posee una tendencia a salir expulsado del plato o de la bandeja cuando se lo intenta pinchar con un tenedor.

El huevo duro, el chorizo y las aceitunas son alimentos sulcibios.
Las uvas -o frutas pequeñas en general-, los cubitos de hielo y los caramelos también pueden serlo, pero no es común que se los intente pinchar con un tenedor.

lunes, 20 de julio de 2009

Parágelo,a

(Adjetivo. Del griego para = conjuntamente y geláo = reír)

Dícese de quien sólo se ríe porque cree que los demás también se reirán.

El parágelo suelta su carcajada en la mitad del chiste, cuando todavía no se dijo el remate gracioso. A veces, cuando realmente se quiere reír, trata de reprimir su deseo si se da cuenta de que quienes lo rodean no se ríen. Su risa es totalmente obsecuente y condicional.
El parágelo es muy afecto a la pauquirisa.

domingo, 19 de julio de 2009

Navagar

(Palabra y definición enviadas por Elizabeth Auster. Blog: Textualidea)

(De navegar y vagar)

Uso exclusivamente ocioso de Internet.

El usuario que navaga no consulta el mail laboral, no lee el blog corporativo, no visita sitios académicos ni se informa a través de los diarios on line de ninguna noticia que pueda ser útil para su vida cotidiana o sus negocios. Por el contrario, el empleado de recursos humanos acudirá a la mensajería instantánea para planificar salidas, el gerente entrará a sitios de juegos y pornografía, el profesor leerá los blogs de chimentos y el politólogo, el suplemento deportivo.

sábado, 18 de julio de 2009

Visitatlón

(Palabra y definición enviadas por Elizabeth Auster)

(Sustantivo. De visita y el griego athlon = competencia)

Seguidilla de visitas a amigos y parientes que se suceden cuando el individuo recientemente mudado a gran distancia de la ciudad de origen, visita su pago chico.

Durante un visitatlón se dan, uno tras otro, los compromisos sociales, se duerme poco, se come casi exclusivamente en restaurantes, y se regresa al nuevo hogar agotado, descompuesto pero feliz de ver bien a los amigos.

jueves, 16 de julio de 2009

Penitesis

(Sustantivo. Del griego penia = pobreza y thesis = afirmación)

Argumento tan pobre y contradictorio que desconcierta y desbarata una discusión.

Existen muchas maneras de poner fin a una discusión: cuando se da el reconocimiento de la verdad de una tesis, cuando se llega a una contradicción o cuando se inicia un enojo que termina a los golpes. Sin embargo, a veces uno se queda sin argumentos, pero no porque el oponente haya dado un argumento definitivo e inteligente, sino por la estupidez y pobreza de sus aserciones. En este caso, el argumento insólitamente pobre e inesperado se convierte en logolítico.

Dos personas discuten sobre religión. En un clima de polémica, A dice: "No puedo creer en una religión cuyos dogmas suponen la existencia de un ser superior vengativo". B responde: "Es que eso no es un dogma". Uno creería que el religioso debe apelar al dogma y tratar de justificarlo, pero si desde el principio admite que los dogmas de su fe no son dogmas, la discusión deja de tener sentido y uno no sabe muy bien cómo replicar.
Pongamos otro ejemplo. Dos personas discuten acerca de la calidad de un grupo musical. A dice: "Soda Stereo no tiene una música elaborada y sus letras no tienen sustancia". Si B es fanático de Soda Stereo, resultará insólito que su respuesta sea: "Es que Soda Stereo es un grupo comercial al que sólo le importan las ventas". Uno creería que un fanático no es capaz de decir una cosa así.

La pobreza de estos argumentos está dada por el hecho de que no sostienen la tesis principal que se supone deberían defender. Sin embargo, hay otros argumentos que son pobres y vergonzosos en sí mismos, y funcionan de una manera penitética, pues uno no sabe bien qué discutirle a quien esgrime tal argumento.
Veamos un par de vergonzosos argumentos de este tipo.
A dice que la teoría de la evolución de las especies es una quimera. B argumenta que la evolución es un hecho científico bien corroborado. A, penitético, replica: "Pero usted, ¿vio alguna vez que un mono pariera a un hombre?". Esta réplica muestra con mucha claridad que A desconoce incluso los principios más elementales de la teoría evolutiva y, por lo tanto, funciona como una penitesis.
A está hablando acerca del origen del lenguaje y afirma: "El lenguaje nació por una convención humana". B replica: "No es cierto, el lenguaje nos lo dio Dios". Acto seguido, agrega su argumento penitético: "Esto se llama mesa. ¿Cómo lo sabés? ¿Alguien te dijo que esto es una mesa? Eso prueba que Dios te dice cuáles son los nombres de las cosas"

El grave problema con los argumentos penitéticos es que, para hacer ver lo erróneo de su contenido se debe apelar a una larga discusión sobre supuestos previos, y para esa discusión es necesario aducir una gran cantidad de datos y exponer numerosos recursos didácticos, lo cual muchas veces es impracticable. Como puede verse, quien trata de refutar la teoría de la evolución respondiendo "usted nunca vio a un mono dando a luz a un hombre" necesita mucha educación antes de continuar discutiendo. A los efectos retóricos, nuestra imposibilidad de encontrar una respuesta elegante a la penitesis funciona como victoria del penitético. Cuando uno encuentra argumentos penitéticos en su interlocutor, le conviene dar la discusión por perdida y asentir sin agregar palabras. Gracias a la penitesis, uno descubre que nunca había valido la pena discutir con esa persona.

(Nota: he tenido muchas discusiones religiosas en las que mis oponentes apelaron a argumentos penitéticos; por caso: dos de los ejemplos de arriba provienen de diálogos reales: la del "no dogma" religioso y la del "mono que da a luz al hombre")

miércoles, 15 de julio de 2009

Dinómaco,a

(Adjetivo. Del griego deinós = asombroso, terrorífico y majé = batalla. Sustantivo: dinomaquia)

Dícese de quien jamás comparte el asombro ajeno.

"¿Podés creer que Juan se encontró mil pesos?" dice una persona. El dinómaco responde: "¡Mil pesos no es guita! Yo hace poco me encontré cinco mil". El dinómaco levanta la apuesta, o finge que el asombro del interlocutor es demasiado estúpido o que dicho asombro revela un desconocimiento fundamental acerca de cosas básicas del mundo. A dice: "José se compró por fin la casa", B, dinómaco responde: "Al final todo llega en la vida, no es para tanto". Una manera eficaz de ejercer la dinomaquia consiste en subsumir el caso particular del interlocutor en un universo muy grande o muy banal, de modo que eso que acaba de decir queda como un logro minúsculo y corriente. Si A dice: "Terminé la carrera de medicina con honores", B, dinómaco, responde: "Bueno, hoy en este país se reciben mil estudiantes con honores". Si A dice: "Ayer tuve una revelación divina; se me apareció la Virgen de Luján". B, dinómaco, dice: "Ah, mirá vos. En mi barrio ya veinte personas tuvieron revelaciones"

Curiosamente, el dinómaco muchas veces pretende que los demás se asombren de sus pequeños logros y de sus miserables golpes de suerte.

martes, 14 de julio de 2009

Chopatrepa

(Adjetivo. De chupa y tripa. Se aplica únicamente a personas del sexo masculino)

Hombre que se declara homosexual a pesar de que el amor y las experiencias eróticas con personas de su mismo sexo le resultan repugnantes.

El chopatrepa imagina que la vida de los homosexuales es glamorosa y llena de relaciones sociales. Por eso tiene una gran simpatía con la comunidad gay y realiza grandes esfuerzos por pertenecer a ella. Sin embargo, sólo le interesa la imagen superficial de mediáticos gays de clase media que pueden darse ciertos lujos como vestirse de forma llamativa pero con estilo; hacerse operaciones con famosos cirujanos plásticos, ser atendido por un peluquero y una manicure, vivir de fiesta en fiesta, tener un auto importado y pasear con una mascota pequeña, peluda, blanca e histérica. No desea ni por asomo tener relaciones con otro gay, y mucho menos podría enamorarse de él.

Conviene destacar que el chopatrepa no necesariamente se ve atraído por mujeres. Su estado es el de una indefinición de gustos sexuales que lo vuelve muy infeliz.

lunes, 13 de julio de 2009

Yanún

(Adverbio. Del latín iam = ya y nunc = ahora)

Los adverbios "ahora", "ya" y "enseguida" son usados de una manera sumamente ambigua. El cartel de "enseguida vuelvo" de un local comercial nos está anunciando que el vendedor puede tardar en regresar dos minutos, media hora o tres horas. Lo mismo ocurre con los términos "ya" o "ahora": "ya estoy llegando" puede significar "llego en cinco minutos" o "en tres días estoy allí". "Ahora voy a estudiar una carrera" no implica que en este preciso momento se esté ingresando en la facultad; ese "ahora" puede referirse a un tiempo que se extiende por varios meses o incluso años.
Para evitar esta ambigüedad, proponemos el término yanún que significa "ahora inmediatamente", con un desfasaje no mayor a unos pocos minutos.
Diez minutos de demora ya no son yanún.

Yanún y cominsumismo son conceptos antónimos.

domingo, 12 de julio de 2009

Decamerochateo

(Palabra y definición enviadas por Julio David Auster)

(de "deca" diez y "hemeron" días, ambos del griego más "chateo"):

Chateo que dura diez días y que involucra a diez personas que se comprometen, cada una de ellas, a inventar un cuento ingenioso cada día, hasta totalizar cien cuentos.

El chateo nos mantiene unidos aun estando separados; de esa manera alegramos nuestro tiempo y paliamos la soledad. En 1348 la peste negra asoló el continente europeo, cobrando millones de víctimas. Según Giovanni Boccaccio, siete chicas y tres muchachos, todos florentinos, salieron de la ciudad para refugiarse durante diez días en la casa de campo de una de las chicas; allí se entretuvieron contando cuentos. Eso es el Decamerón, obra fundamental de la prosa italiana, que sirvió de modelo para Chaucer y para unos cuantos más.

sábado, 11 de julio de 2009

Peluchización


(Palabra y definición enviadas por Pablo Conte, Unservidor)

Proceso psíquico por el cual ciertas personas consideran a otros seres como si fueran muñecos de peluche.

Si bien tiene cierta semejanza con la "humanización" que algunos dueños hacen de sus mascotas, en este caso el trastorno se agrava pues ni siquiera los consideran humanos, sino criaturas nacidas para el abrazo, el pellizcón y la caricia, sin ninguna posibilidad para romper este hechizo.
La peluchización es responsable de ciertas actitudes anómalas por parte de los humanos que la padecen, que van desde la defensa extrema de moscas, hasta el abandono en la ruta de dobermans que se negaron a permanecer cachorros.

viernes, 10 de julio de 2009

Nefelobio, a

(Adjetivo. Del griego nephele = nube y bios = vida)

Dícese del ser que habita en las nubes.

Este término tiene un sentido figurado y un sentido literal.
En el figurado, los poetas modernistas han utilizado el término "nefelibata" (nefele = nube; batós = caminante) para referirse a la persona distraída, que no tiene los pies sobre la tierra. Con ese sentido también utilizamos al término nefelobio.

Pero el sentido literal es más interesante.
Desde tiempo inmemorial sobreviven historias acerca de lluvias de sapos, peces o arañas. Existe una teoría según la cual estos volátiles animales se crían en las nubes, o en lugares intermedios entre las nubes y la tierra llamados vorticarios naturales que consisten en fuerzas neumáticas en equilibrio que pueden retener y mantener en el aire algunos objetos sólidos de tamaño pequeño. Los animales que habitan ese vorticario se alimentan de insectos voladores o de musgos que crecen en el propio vorticario.

A veces un cambio brusco de presión hace desaparecer al vorticario y los nefelobios caen con fuerza hacia la tierra.

No debe confundirse un nefelobio con un etrobio. Mientras un nefelobio es parte de la biosfera terrestre, el etrobio está más allá de ella.

miércoles, 8 de julio de 2009

Bonomajo, a

(Adjetivo. Del francés bon homme = buen hombre)

Dícese de la persona a la que se considera buena y noble, pero cuya presencia se trata de evitar por todos los medios.

Hay ciertas personas de las que sólo se puede alabar sus virtudes. "Es un tipo excelente", "No sabés cuánto me ayudó", "Tiene un corazón de oro". Sin embargo, no queremos que ese tipo excelente esté presente en nuestras reuniones, en nuestra vida cotidiana o incluso en nuestro pensamiento. Es apenas un ejemplo irrenunciable en los diálogos con nuestros conocidos. Pero si sabemos que esa noble persona vendrá a visitarnos nos sentimos aburridos, fastidiados o enojados por su inminente presencia.
A veces nos fastidia la gran altura moral desde donde el bonomajo nos mira sin juzgarnos (somos nosotros mismos quienes nos comparamos y nos juzgamos). A veces sólo nos aburre tanta bondad y su nobleza nos inspira una biarexia mostafónea.

martes, 7 de julio de 2009

Logólisis

(Sustantivo. Del griego logos = palabra, discurso y -lisis = destrucción)

Utilización de una frase o palabra que indefectiblemente funciona como último argumento en un diálogo.

Dos contendientes pueden estar durante largas horas discutiendo acerca de lo que cada uno hizo, tratando de justificarse y dar argumentaciones para defender su acción o su inacción. Sin embargo, cuando uno de ellos ya no puede esgrimir la más verosímil excusa, todavía le queda un recurso. Puede apelar a una frase reveladora y terminante que deja en la más absoluta desnudez los propósitos y objetivos en disputa. "Lo que pasa es que estoy enamorado de vos", puede decir un hombre a una mujer para justificar la cantidad de estupideces y locuras que ha hecho. Los reproches esgrimidos hasta hace un momento se disuelven, iluminados por una motivación escondida que da una nueva luz al hecho y hace callar la disputa.
Otra clásica frase logolítica es: "Tengo una enfermedad terminal". Por supuesto, la logólisis es un recurso retórico; quien la realiza no tiene por qué decir la verdad.

Conviene aclarar que, al margen de ciertas frases arteras y estereotipadas, en cada discurso existe la posibilidad de apelar a logólisis que no pueden determinarse de antemano: serán dictadas por el contexto. "Lo hice porque me dolía la cabeza" puede ser una fuente de más reproches y más regaños; si lo dice alguien que ha sido operado de un tumor cerebral tal vez funcione como frase logolítica.
No puede decidirse de antemano cuál es la frase logolítica en un diálogo, aunque puede entreverse cuándo un dialogante tiene una intención logolítica.

lunes, 6 de julio de 2009

Atrelípico,a


(Adjetivo. Del latín ater = negro, oscuro y lipio = tener los ojos inflamados)

Dícese de quien tiene permanentemente los ojos entrecerrados y genera una sensación de temor y desconfianza.

El atrelípico tiene una natural expresión adusta y malvada; los niños y las señoras mayores le temen.
Las empresas de seguridad privada tienden a contratar a personas atrelípicas por la sola expresión intimidatoria de su ceño.
En el imaginario popular, los delincuentes sin código y los asesinos seriales son atrelípicos, se visten con ropa barata, están siempre nerviosos y jamás miran a los ojos.

Este término no se aplica a quien, voluntaria y ocasionalmente, frunce el ceño. Sólo se aplica a aquellos cuyos rasgos faciales condicionan de forma permanente la expresión fruncida y temible.

viernes, 3 de julio de 2009

Osunocer

(Verbo. Del latín ob- = por causa de; sub- = por lo bajo y nosco = conocer. Verbo intransitivo de segunda conjugación. Se lo utiliza con la preposición "con": "osunoce conmigo")

Dar por entendido que todos saben de quién o de qué se habla.

Uno llega a una reunión y escucha que se habla de Ariel. Ariel, el que dijo tal cosa; el que un día llamó por teléfono a alguien para invitarlo al cine; el que no pudo venir porque tenía que trabajar. Se cuentan anécdotas sobre Ariel, se lo alaba o vitupera pero jamás se nos dice quién es Ariel. Por alguna tácita razón, todos descuentan que uno ha captado perfectamente de qué Ariel se trata y por qué se lo menciona tanto. En ese caso, los asistentes a la reunión están osunociendo con uno.

Se osunoce frecuentemente con las citas de autoridad: "Como dijo Adalberto Peña Valdés, 'uno está bien si bien se cuida'". Quien hace esta cita, supone que Adalberto Peña Valdés es conocido por todos los que lo escuchan, a menos que se trate de un esnob que sólo cita para mostrarse más erudito que sus interlocutores.

También se osunoce cuando se utiliza una palabra o un nombre de objeto sin dar una explicación de lo que significa esa palabra o de qué es ese objeto. "En los pronombres personales del idioma español podemos encontrar el mejor ejemplo de las diferenciaciones entre nominativo, acusativo y dativo". Si no se explica qué significan "nominativo, acusativo y dativo", se está osunociendo con quienes escuchan la frase.

(No hace falta aclarar quién está en la foto porque todos lo conocen)

miércoles, 1 de julio de 2009

Conchupio

(Sustantivo. De con- y chupar)

Botella de muchos picos o vasija con varios sorbetes cuya función es permitir que muchas personas puedan beber de ellas.