(Adjetivo. De intermitente y tuerto)
Dícese de quien tiene una discapacidad notoria que cada tanto desaparece.
El intermituerto la semana pasada tenía una renguera muy pronunciada y se ayudaba con bastón. Ayer, sin embargo, caminaba perfectamente. Hoy otra vez anda con bastón. Hace unos días estaba sordo. Ayer no. Hoy otra vez es sordo. Hoy a la mañana tenía una hernia. A la tarde había desaparecido. Nunca sabemos si su situación es fingida o real, pero el intermituerto jamás da las explicaciones del caso. Simplemente, vemos que su ceguera total, su parkinson o su neurofibromatosis se han curado de un día para el otro, y nadie le hace preguntas. Pero un tiempo después vuelve a tener todos los síntomas y nos quedamos con la duda de qué demonios pasó en el medio. Quizás se trate de una enfermedad complicada que cada tanto da algún respiro. Quizás hay días en los que está completamente curado, pero tiene la mala suerte de recaer en los mismos síntomas. Quizás sus males son puramente psicológicos o tal vez está fingiendo todo el tiempo, incluso cuando está con buena salud.
Podría haber intermituertos más desconcertantes que los ejemplificados más arriba. Podría ocurrir que a una persona le hayan amputado las piernas y que, a pesar de eso, la veamos caminando por la calle. O que a un manco le vuelva a crecer la mano por un día. O que el tío muerto reviva los viernes a la noche cuando se prepara el asado y el vino.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
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martes, 23 de abril de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
Frivocación
(Sustantivo. Del latín frivolus = vano, fútil y vocatio = llamado, invocación)
Utilización de la plegaria para propósitos banales.
Se supone que el creyente puede pedirle a Dios que guarde su alma, que bendiga a sus familiares y amigos y que perdone a las personas que cometen acciones malas. Quizás tenga permitido rogarle por una enfermedad, por un reencuentro largamente esperado o por hallarle un nuevo sentido a la vida. Tal vez le pueda pedir un trabajo (si no lo tiene), una casa (si ya no puede pagar el alquiler) y algo de comida. Es dudoso que se lo pueda invocar para que nos apruebe el examen o para que el perro de la vecina deje de morder a nuestro hijo. Pero suplicarle para que nos alcance la botella que está en la cocina, o para que el botón del pantalón deje de apretarnos; o rezar frenéticamente para que desaparezca una mosca o para que el kiosco todavía no haya cerrado, parecen formas excesivamente ramplonas de comunicarse con Dios. Son frivocaciones, las cuales sin duda, configuran una forma de malgastar las súplicas. Y si estas son insistentes y muy banales, se corre el riesgo de enojar a un dios quisquilloso. Aunque quizás, de tanto insistir, el dios -enojado- podría presentarse y otorgarnos el pedido, de mala gana, con el solo propósito de que ya no lo molestemos: "¡Tomá, pelotudo, te enfrié la cerveza, ahora dejame de joder!". Si esto ocurriera, se habría logrado una pragmafanía.
Claro que se podría elaborar el razonamiento inverso: si Dios (que todo lo ve, lo oye y lo hace) no tiene la voluntad de hacer que desaparezca una manchita de grasa en mi pantalón, ¿cómo puedo pedirle que le dé sentido a mi vida o que libere a la humanidad del cáncer?
Utilización de la plegaria para propósitos banales.
Se supone que el creyente puede pedirle a Dios que guarde su alma, que bendiga a sus familiares y amigos y que perdone a las personas que cometen acciones malas. Quizás tenga permitido rogarle por una enfermedad, por un reencuentro largamente esperado o por hallarle un nuevo sentido a la vida. Tal vez le pueda pedir un trabajo (si no lo tiene), una casa (si ya no puede pagar el alquiler) y algo de comida. Es dudoso que se lo pueda invocar para que nos apruebe el examen o para que el perro de la vecina deje de morder a nuestro hijo. Pero suplicarle para que nos alcance la botella que está en la cocina, o para que el botón del pantalón deje de apretarnos; o rezar frenéticamente para que desaparezca una mosca o para que el kiosco todavía no haya cerrado, parecen formas excesivamente ramplonas de comunicarse con Dios. Son frivocaciones, las cuales sin duda, configuran una forma de malgastar las súplicas. Y si estas son insistentes y muy banales, se corre el riesgo de enojar a un dios quisquilloso. Aunque quizás, de tanto insistir, el dios -enojado- podría presentarse y otorgarnos el pedido, de mala gana, con el solo propósito de que ya no lo molestemos: "¡Tomá, pelotudo, te enfrié la cerveza, ahora dejame de joder!". Si esto ocurriera, se habría logrado una pragmafanía.
Claro que se podría elaborar el razonamiento inverso: si Dios (que todo lo ve, lo oye y lo hace) no tiene la voluntad de hacer que desaparezca una manchita de grasa en mi pantalón, ¿cómo puedo pedirle que le dé sentido a mi vida o que libere a la humanidad del cáncer?
miércoles, 3 de octubre de 2012
Anticúmeno
(Adjetivo y sustantivo. Del griego anti = contrario y oikoúmene = universo conocido, mundo)
1. Mundo posible en el cual actuamos de manera opuesta a la actual.
2. Ser de ese mundo posible que es el exacto opuesto al que somos en este mundo.
Para que el concepto de anticúmeno tenga algún sentido, debemos suponer que ese ser que actúa de modo diferente a mí, es de algún modo yo mismo. Para decirlo en términos del filósofo Saul Kripke: en ese mundo posible debe haberse seleccionado rígidamente mi identidad (es decir, hay alguien que sea yo en ese mundo), pero con propiedades diferentes (e incluso en cierto sentido opuestas).
Si usted odia el helado de limón, ama el asado, vota por partidos de izquierda y le encantan los gatos, su anticúmeno ama el helado de limón, odia el asado, vota por partidos de derecha y no tolera a los gatos. La lista de preferencias, rechazos y objetivos en la vida de nuestro anticúmeno debe ser exhaustivamente contraria -no basta con dar estos pocos ejemplos. Sin embargo, salta a la vista que debe haber muchos mundos posibles en los que convivan una enorme variedad de anticúminos. Veamos por qué: si usted el veinte de abril de dos mil once durmió mirando hacia el oeste, uno de sus anticúminos dormirá mirando hacia el este. Otro de los anticúminos habrá dado vuelta la cama para dormir hacia la dirección opuesta. Otro se habrá quedado despierto toda la noche. Otro se habrá suicidado antes de acostarse. La lista de "cosas opuestas" que podrían hacer nuestros anticúminos es casi infinita. Pero quizás convendría restringir la noción de anticúmino a aquellos seres de esos mundos posibles que toman decisiones poco familiares para nosotros y que revelan una profunda diferencia de personalidad. Dormir mirando hacia un lado o hacia otro no parece muy relevante en ese caso. Pero elegir una carrera (o no), casarse (o permanecer soltero), opinar de modo favorable al gobierno (o muy en contra), tener una creencia religiosa (u oponerse a ella), odiar a los homosexuales (o luchar por sus derechos), tener amigos (o haberse peleado con ellos), disfrutar de la vida (o renegar de ella), reírse mucho (o vivir quejándose) son aspectos que parecen mucho más interesantes a la hora de decidir cuáles son nuestros verdaderos anticúmenos.
Mi anticúmeno más característico odia el diálogo político, tiene profundas convicciones religiosas, aborrece los videojuegos, ama los deportes, se ha casado por iglesia hace algunos años, tiene muchos hijos, es vegetariano, trabaja en una empresa privada, no tiene Facebook, lee libros de autoayuda, no terminó la escuela secundaria, y jamás en la vida hubiese hecho Exonario.
1. Mundo posible en el cual actuamos de manera opuesta a la actual.
2. Ser de ese mundo posible que es el exacto opuesto al que somos en este mundo.
Para que el concepto de anticúmeno tenga algún sentido, debemos suponer que ese ser que actúa de modo diferente a mí, es de algún modo yo mismo. Para decirlo en términos del filósofo Saul Kripke: en ese mundo posible debe haberse seleccionado rígidamente mi identidad (es decir, hay alguien que sea yo en ese mundo), pero con propiedades diferentes (e incluso en cierto sentido opuestas).
Si usted odia el helado de limón, ama el asado, vota por partidos de izquierda y le encantan los gatos, su anticúmeno ama el helado de limón, odia el asado, vota por partidos de derecha y no tolera a los gatos. La lista de preferencias, rechazos y objetivos en la vida de nuestro anticúmeno debe ser exhaustivamente contraria -no basta con dar estos pocos ejemplos. Sin embargo, salta a la vista que debe haber muchos mundos posibles en los que convivan una enorme variedad de anticúminos. Veamos por qué: si usted el veinte de abril de dos mil once durmió mirando hacia el oeste, uno de sus anticúminos dormirá mirando hacia el este. Otro de los anticúminos habrá dado vuelta la cama para dormir hacia la dirección opuesta. Otro se habrá quedado despierto toda la noche. Otro se habrá suicidado antes de acostarse. La lista de "cosas opuestas" que podrían hacer nuestros anticúminos es casi infinita. Pero quizás convendría restringir la noción de anticúmino a aquellos seres de esos mundos posibles que toman decisiones poco familiares para nosotros y que revelan una profunda diferencia de personalidad. Dormir mirando hacia un lado o hacia otro no parece muy relevante en ese caso. Pero elegir una carrera (o no), casarse (o permanecer soltero), opinar de modo favorable al gobierno (o muy en contra), tener una creencia religiosa (u oponerse a ella), odiar a los homosexuales (o luchar por sus derechos), tener amigos (o haberse peleado con ellos), disfrutar de la vida (o renegar de ella), reírse mucho (o vivir quejándose) son aspectos que parecen mucho más interesantes a la hora de decidir cuáles son nuestros verdaderos anticúmenos.
Mi anticúmeno más característico odia el diálogo político, tiene profundas convicciones religiosas, aborrece los videojuegos, ama los deportes, se ha casado por iglesia hace algunos años, tiene muchos hijos, es vegetariano, trabaja en una empresa privada, no tiene Facebook, lee libros de autoayuda, no terminó la escuela secundaria, y jamás en la vida hubiese hecho Exonario.
martes, 18 de septiembre de 2012
Narcosmia
(Sustantivo. Del griego narké = estado de adormecimiento y kósmos = orden. Sinónimo: hipnocosmia)
1. Capacidad de ir creando, a lo largo de la vida, un universo onírico coherente y verosímil.
Mediante la narcosmia sería posible imponer reglas y orden a los sueños. Para lograr este estado, es necesario, previamente, aprender el arte de modificar a voluntad el contenido de las imágenes oníricas: hay que volverse un narconauta (o hipnonauta), un viajero de los sueños. Una vez logrado este estado, es necesario suministrar leyes a las ensoñaciones para que, a partir de ese caos farragoso de imágenes inconexas, nazcan objetos oníricos sólidos, duraderos y asequibles a la razón. Cuando se apliquen estas leyes (arbitrarias, decididas por el soñador), los objetos soñados tendrán una continuidad narrativa noche tras noche y sueño tras sueño.
2. Capacidad de soñar con suficiente lucidez como para crear en la realidad el objeto soñado.
En "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges, un hombre procrea a su hijo soñando con detalle y en noches sucesivas su corazón, el esqueleto, el cabello, sus párpados. Una vez soñado por completo, el hijo cobró vida en el mundo real, aunque llevaba una marca de su estirpe onírica: el fuego no podía quemarlo.
Los objetos nacidos de una narcosmia no siguen todas las reglas de nuestro mundo real; infringen algunas, porque permanecen de algún modo atados a su origen en el mundo de los sueños.
1. Capacidad de ir creando, a lo largo de la vida, un universo onírico coherente y verosímil.
Mediante la narcosmia sería posible imponer reglas y orden a los sueños. Para lograr este estado, es necesario, previamente, aprender el arte de modificar a voluntad el contenido de las imágenes oníricas: hay que volverse un narconauta (o hipnonauta), un viajero de los sueños. Una vez logrado este estado, es necesario suministrar leyes a las ensoñaciones para que, a partir de ese caos farragoso de imágenes inconexas, nazcan objetos oníricos sólidos, duraderos y asequibles a la razón. Cuando se apliquen estas leyes (arbitrarias, decididas por el soñador), los objetos soñados tendrán una continuidad narrativa noche tras noche y sueño tras sueño.
2. Capacidad de soñar con suficiente lucidez como para crear en la realidad el objeto soñado.
En "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges, un hombre procrea a su hijo soñando con detalle y en noches sucesivas su corazón, el esqueleto, el cabello, sus párpados. Una vez soñado por completo, el hijo cobró vida en el mundo real, aunque llevaba una marca de su estirpe onírica: el fuego no podía quemarlo.
Los objetos nacidos de una narcosmia no siguen todas las reglas de nuestro mundo real; infringen algunas, porque permanecen de algún modo atados a su origen en el mundo de los sueños.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Autocarcino
(Sustantivo. Del griego autós = sí mismo y carcynos = cangrejo)
Tumor canceroso independiente.
Los tumores crecen en -y a expensas de- los individuos que los padecen. Pero, quizás, si pudiéramos lograr que el tumor creciera hasta cierto punto, y luego se separara de su gestor para seguir creciendo de forma autónoma, habríamos logrado un autocarcino.
Se podrían criar a los autocarcinos como nuevos tipos de formas vivientes. Quizás se puedan alimentar e incluso reproducir sin necesidad de los cuerpos humanos. Quizás los tumores cancerosos sean realmente entidades independientes, pero no hemos logrado comunicarnos con ellos, ni educarlos convenientemente. Si existiera algún modo de dialogar con ese conjunto de células mutadas y enloquecidas, quizás se podría convencerlas para que abandonen el lugar donde han nacido y separarse del torturado cuerpo humano que lo padece.
Es posible que en un futuro los bosques estén poblados por extrañísimas criaturas visceroides autocarcinas, que se combinarán en infinitas formas con nanobots y animales artificiales. Es posible, también, que cada tanto los autocarcinos sientan el impulso de retornar al cuerpo que les dio origen, y necesiten abrazarse al pulmón, al recto o al estómago de donde fueron extirpados, como niños abandonados que sienten nostalgia de la lactancia materna.
Tumor canceroso independiente.
Los tumores crecen en -y a expensas de- los individuos que los padecen. Pero, quizás, si pudiéramos lograr que el tumor creciera hasta cierto punto, y luego se separara de su gestor para seguir creciendo de forma autónoma, habríamos logrado un autocarcino.
Se podrían criar a los autocarcinos como nuevos tipos de formas vivientes. Quizás se puedan alimentar e incluso reproducir sin necesidad de los cuerpos humanos. Quizás los tumores cancerosos sean realmente entidades independientes, pero no hemos logrado comunicarnos con ellos, ni educarlos convenientemente. Si existiera algún modo de dialogar con ese conjunto de células mutadas y enloquecidas, quizás se podría convencerlas para que abandonen el lugar donde han nacido y separarse del torturado cuerpo humano que lo padece.
Es posible que en un futuro los bosques estén poblados por extrañísimas criaturas visceroides autocarcinas, que se combinarán en infinitas formas con nanobots y animales artificiales. Es posible, también, que cada tanto los autocarcinos sientan el impulso de retornar al cuerpo que les dio origen, y necesiten abrazarse al pulmón, al recto o al estómago de donde fueron extirpados, como niños abandonados que sienten nostalgia de la lactancia materna.
martes, 7 de agosto de 2012
Nevelación
(Sustantivo. Del latín nego = negar y velum = velo)
Revelación metafísica en la que se muestra la no existencia de alguna entidad divina.
Mientras en las revelaciones clásicas el dios se manifiesta para mostrarse a sí mismo como existente y como vocero de las leyes universales, en las nevelaciones la manifestación se destaca por la ausencia y el silencio. Lo único que se manifiesta en las nevelaciones es la certeza de que el dios en el que confiábamos no existe. Pero no se trata de un razonamiento ni de una especulación: es un sentimiento de vacío espiritual, de orfandad cósmica, de soledad transmundana.
La nevelación provoca un estremecimiento místico: mediante ella, sabemos que se nos está por revelar algo trascendente. Pero todo lo que se revela es que nada hay allí para interpelarnos ni para manifestarse. Se manifiesta la ausencia -la necesaria ausencia- de entidades manifestables.
Así como el religioso puede justificar su profunda fe en una revelación divina, un ateo podría justificar su ateísmo en una nevelación. En rigor, la revelación de una entidad metafísica y la revelación de la inexistencia de tales entidades, podrían provocar el mismo grado de sentimiento indubitable. Quien tuvo una revelación ya no tiene dudas. Quien tuvo una nevelación, tampoco. En ese sentido, el religioso no está en mejor posición que el ateo, pues el ateo podría tener la misma firme convicción y el mismo sentimiento místico que el religioso. Sólo que este último, lo tendría en sentido contrario al del religioso.
En rigor, para que surja una nevelación -es decir, para que se cree la convicción de que una entidad divina no existe- no hace falta una interpelación mística. Basta con algunos hechos cotidianos en los que se manifiesta la crudeza de la vida y el silencio de dios. La muerte de un ser querido; un interminable dolor producto de una enfermedad terminal o un hijo con cáncer, pueden por sí mismos funcionar como nevelaciones.
lunes, 23 de julio de 2012
Melobio
(Sustantivo. Del griego mélos = melodía y bios = vida)
Ser cuyo ecosistema vital es la música.
El melobio es un hipotético ser inmaterial que vive entre notas musicales. Su tiempo de vida está confinado a la duración de los sonidos. Cuando hay silencio, el melobio se queda sin su entorno vital y muere como una persona sin oxígeno. Cuando la música se prolonga durante horas, pueden surgir muchos melobios en una misma sesión.
Aunque por sus características inmateriales el melobio es indetectable para la mayoría de las personas, existen profesionales con un oído especialmente entrenado que pueden dar cuenta de su presencia. Según estos profesionales, el melobio canta de manera sutil junto a la música. A veces marca el ritmo; a veces sigue la melodía. A veces recita en voz baja una letanía en un idioma desconocido. A veces insulta y amenaza a los músicos por la calidad del ecosistema que le han creado.
Cada tipo de composición musical crea entornos para melobios de características diferentes. La música de Bach permite la aparición de melobios taciturnos, oscuros y propensos a la poesía existencialista. La música de Rafaella Carrá genera un melobio verborrágico que parlotea con agitación, voz chillona y casi sin pausa.
jueves, 14 de junio de 2012
Pragmafanía
(Sustantivo. Del griego prágma = objeto, cosa y pháino = manifestarse. Puede utilizarse también pratofanía)
Revelación en la cual, en lugar de aparecerse una entidad sobrenatural, aparece un objeto o artefacto cotidiano.
Mientras la hierofanía es la manifestación de lo sagrado, la pragmafanía es la manifestación de lo banal o lo intrascendente. Si usted ve una luz en el cielo nublado acompañada de estruendo y, entre las nubes asoma un paquete de galletitas o un reproductor de DVD (en vez de la esperada deidad); si después de días de ayuno, encierro, meditación, oración y soledad siente una honda presencia espiritual que luego se manifiesta en forma de cafetera, o de inodoro, o de botella plástica vacía, ha sufrido una pragmafanía.
Revelación en la cual, en lugar de aparecerse una entidad sobrenatural, aparece un objeto o artefacto cotidiano.
Mientras la hierofanía es la manifestación de lo sagrado, la pragmafanía es la manifestación de lo banal o lo intrascendente. Si usted ve una luz en el cielo nublado acompañada de estruendo y, entre las nubes asoma un paquete de galletitas o un reproductor de DVD (en vez de la esperada deidad); si después de días de ayuno, encierro, meditación, oración y soledad siente una honda presencia espiritual que luego se manifiesta en forma de cafetera, o de inodoro, o de botella plástica vacía, ha sufrido una pragmafanía.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Codividuo
(Sustantivo. Del latín cum = con y divideo = dividir)
Individuo que sólo surge cuando hay muchos individuos.
¿Conoce usted a Carlitos? Carlitos estuvo en la reunión de ayer, cuando Roberto, Martina, Ariel, José y Joel se juntaron a cenar. También estuvo hace dos semanas, cuando Rebeca, Carolina, Ariel, Roberto y Jorge fueron a la fiesta de Miranda. Usted sí conoce a Carlitos: está presente en casi todas las reuniones. Pero nunca se va de ellas; nunca lo ve en otra circunstancia; no sabe de su vida, ni de sus padeceres, ni de su familia. Carlitos es un codividuo: una especie de entidad que surge de la conjunción de muchas entidades. Él no tiene una existencia independiente. Sale en las fotos grupales, pero no se le conocen fotos en solitario. No tiene domicilio, ni pareja. Su vida se limita a un ecosistema muy preciso: la conjunción de seis o siete amigos, pizzas, cerveza y sábado a la noche. O diez compañeros de trabajo, una fotocopiadora, tres oficinas y días hábiles. O una cancha de fútbol, tres árboles, diez gorriones y un niño que patea solo al arco. El codividuo simplemente se diluye cuando los individuos y el entorno que lo conforman se separan.
¿Le ha pasado alguna vez que, al examinar una foto grupal, encuentre en ella alguna persona que no estaba presente? Siempre, en las instantáneas multitudinarias, sale más gente de la que hay. Esos tránsfugas que roban píxeles en las cámaras son codividuos, tenues entidades que buscan inmortalizar su vacilante existencia mediante la argucia de confundirse entre individuos autónomos.
¿Tiene usted la certeza de no ser un codividuo? ¿En qué funda esa certeza?
Individuo que sólo surge cuando hay muchos individuos.
¿Conoce usted a Carlitos? Carlitos estuvo en la reunión de ayer, cuando Roberto, Martina, Ariel, José y Joel se juntaron a cenar. También estuvo hace dos semanas, cuando Rebeca, Carolina, Ariel, Roberto y Jorge fueron a la fiesta de Miranda. Usted sí conoce a Carlitos: está presente en casi todas las reuniones. Pero nunca se va de ellas; nunca lo ve en otra circunstancia; no sabe de su vida, ni de sus padeceres, ni de su familia. Carlitos es un codividuo: una especie de entidad que surge de la conjunción de muchas entidades. Él no tiene una existencia independiente. Sale en las fotos grupales, pero no se le conocen fotos en solitario. No tiene domicilio, ni pareja. Su vida se limita a un ecosistema muy preciso: la conjunción de seis o siete amigos, pizzas, cerveza y sábado a la noche. O diez compañeros de trabajo, una fotocopiadora, tres oficinas y días hábiles. O una cancha de fútbol, tres árboles, diez gorriones y un niño que patea solo al arco. El codividuo simplemente se diluye cuando los individuos y el entorno que lo conforman se separan.
¿Le ha pasado alguna vez que, al examinar una foto grupal, encuentre en ella alguna persona que no estaba presente? Siempre, en las instantáneas multitudinarias, sale más gente de la que hay. Esos tránsfugas que roban píxeles en las cámaras son codividuos, tenues entidades que buscan inmortalizar su vacilante existencia mediante la argucia de confundirse entre individuos autónomos.
¿Tiene usted la certeza de no ser un codividuo? ¿En qué funda esa certeza?
martes, 10 de abril de 2012
Intraorito
(Sustantivo. Del latín intra- = en el interior y del griego óros = montaña. [Mejor que endorito, del griego éndos y óros])
Objeto que viene con fuerza del interior de la tierra.
Si un meteorito es algo que proviene del cielo (esto es, un lugar más alejado que la altura de las montañas), el intraorito es un "meteorito del interior de la tierra".
Podría pensarse que las rocas volcánicas son intraoritos. Pero el término se refiere con propiedad a un fenómeno curioso y poco documentado: la irrupción inesperada de un objeto (por lo general una roca) que se abre paso a través de la tierra y aparece de golpe en algún lugar en el que no hay ningún tipo de actividad geológica o volcánica visible. Una calle, el patio de una casa, un estadio de básquet: cualquier lugar puede verse visitado por un intraorito, el cual aparece después de haber dejado un agujero de varios kilómetros en el suelo.
No sólo rocas provienen del interior de la tierra: existen curiosos intraoritos, como restos de máquinas herrumbradas, vasijas y esculturas milenarias, e incluso huesos de animales desconocidos.
Objeto que viene con fuerza del interior de la tierra.
Si un meteorito es algo que proviene del cielo (esto es, un lugar más alejado que la altura de las montañas), el intraorito es un "meteorito del interior de la tierra".
Podría pensarse que las rocas volcánicas son intraoritos. Pero el término se refiere con propiedad a un fenómeno curioso y poco documentado: la irrupción inesperada de un objeto (por lo general una roca) que se abre paso a través de la tierra y aparece de golpe en algún lugar en el que no hay ningún tipo de actividad geológica o volcánica visible. Una calle, el patio de una casa, un estadio de básquet: cualquier lugar puede verse visitado por un intraorito, el cual aparece después de haber dejado un agujero de varios kilómetros en el suelo.
No sólo rocas provienen del interior de la tierra: existen curiosos intraoritos, como restos de máquinas herrumbradas, vasijas y esculturas milenarias, e incluso huesos de animales desconocidos.
jueves, 15 de marzo de 2012
Rubinodia
(Sustantivo. Del latín rubeus = rojo, rubio e inodia = enojo, odio)
Color rojo que dicen ver algunas personas cuando se enfurecen.
Algunas personas argumentan que, antes de experimentar un episodio de cólera, su campo visual se vuelve de color rojo sangre. Esa experiencia emotivo-visual es la rubinodia. Es de suponer que durante la rubinodia se pierde el juicio, y que el color rojo del campo visual es producto de un enojo de enormes proporciones. Quienes la padecen, se comportan como toros encrespados y cometen un acto violento e irracional mientras les dura. A veces se justifican diciendo que "veían todo rojo", como si eso bastara para explicar por qué desollaron al gato, acogotaron a la vecina o incendiaron el jardín de infantes.
Color rojo que dicen ver algunas personas cuando se enfurecen.
Algunas personas argumentan que, antes de experimentar un episodio de cólera, su campo visual se vuelve de color rojo sangre. Esa experiencia emotivo-visual es la rubinodia. Es de suponer que durante la rubinodia se pierde el juicio, y que el color rojo del campo visual es producto de un enojo de enormes proporciones. Quienes la padecen, se comportan como toros encrespados y cometen un acto violento e irracional mientras les dura. A veces se justifican diciendo que "veían todo rojo", como si eso bastara para explicar por qué desollaron al gato, acogotaron a la vecina o incendiaron el jardín de infantes.
martes, 13 de marzo de 2012
Teratorio
(Sustantivo. Del griego theratos = monstruo y desinencia -torio, que significa lugar donde se realiza una acción. También puede utilizarse "teratario". El especialista que atiende en los teratorios es un teratólogo)
Recinto donde se convierte a las personas en monstruos.
Existen no corroboradas historias acerca de ciertos teratorios ocultos en bosques, montañas o cuevas, atendidos por alquimistas, brujos o científicos locos. Las personas supuestamente acuden a teratorios con la intención de modificar su organismo para obtener poderes especiales, o para resaltar de modo exagerado alguna zona de su cuerpo. De ese modo, hay teratorios que ofrecen la visión -o el poder de vuelo- del águila, la velocidad del tigre o la anulación de deseos y emociones propios de un robot o una cafetera. También, si alguien desea tener bíceps gigantescos, en los teratorios implantan profusión de cadenas musculares adentro de los brazos. En todos los casos, las intervenciones realizadas tienen un altísimo riesgo, son éticamente cuestionables y el resultado es una persona con características monstruosas.
A veces se acude a teratorios sin saberlo. Por ejemplo, cuando ingresamos al hospital para hacernos una cirugía menor en la cabeza y salimos de allí con la cara deformada, los ojos hinchados y la distribución de las facciones totalmente alterada: la cirugía era la excusa para que el teratólogo (camuflado bajo la inocente figura de un cirujano) diera rienda suelta a su necesidad de convertirnos en monstruos.
Hay una delgada línea entre la clínica de cirugía estética y el teratorio. De hecho, muchas veces es difícil establecer si un conjunto de cirugías estéticas ha generado una persona bella o una persona monstruosa. A veces, de tanto aplicarse cirugías estéticas, se termina regiboneciendo. A veces, cuando se aplican enormes implantes mamarios o alargamientos de pene, la persona se convierte en teraterótica.
En el episodio de Los Simpsons, "La Casita del Horror XIII", la familia Simpsons va de vacaciones a una isla en la cual el Dr. Hilbert tiene un teratorio. Allí convierte a las personas en animales.
Recinto donde se convierte a las personas en monstruos.
Existen no corroboradas historias acerca de ciertos teratorios ocultos en bosques, montañas o cuevas, atendidos por alquimistas, brujos o científicos locos. Las personas supuestamente acuden a teratorios con la intención de modificar su organismo para obtener poderes especiales, o para resaltar de modo exagerado alguna zona de su cuerpo. De ese modo, hay teratorios que ofrecen la visión -o el poder de vuelo- del águila, la velocidad del tigre o la anulación de deseos y emociones propios de un robot o una cafetera. También, si alguien desea tener bíceps gigantescos, en los teratorios implantan profusión de cadenas musculares adentro de los brazos. En todos los casos, las intervenciones realizadas tienen un altísimo riesgo, son éticamente cuestionables y el resultado es una persona con características monstruosas.
A veces se acude a teratorios sin saberlo. Por ejemplo, cuando ingresamos al hospital para hacernos una cirugía menor en la cabeza y salimos de allí con la cara deformada, los ojos hinchados y la distribución de las facciones totalmente alterada: la cirugía era la excusa para que el teratólogo (camuflado bajo la inocente figura de un cirujano) diera rienda suelta a su necesidad de convertirnos en monstruos.
Hay una delgada línea entre la clínica de cirugía estética y el teratorio. De hecho, muchas veces es difícil establecer si un conjunto de cirugías estéticas ha generado una persona bella o una persona monstruosa. A veces, de tanto aplicarse cirugías estéticas, se termina regiboneciendo. A veces, cuando se aplican enormes implantes mamarios o alargamientos de pene, la persona se convierte en teraterótica.
En el episodio de Los Simpsons, "La Casita del Horror XIII", la familia Simpsons va de vacaciones a una isla en la cual el Dr. Hilbert tiene un teratorio. Allí convierte a las personas en animales.
viernes, 17 de febrero de 2012
Hiperfótera
(Sustantivo femenino. Del griego hiper = superioridad, exceso; fós = luz y aíter = aire puro que respiran los dioses)
Luz que escolta a Dios cuando se aparece frente a las criaturas.
La divinidad se presenta con estruendo y magnificencia. Muchas veces es acompañada por una luz cegadora, más diáfana y poderosa que el sol. Esa luz es el entorno fenoménico del dios, creado por él mismo para que las criaturas no lo miren directamente al rostro ni le sostengan la mirada.
A veces miramos al cielo y entre los intersticios de las nubes se cuelan rayos de sol potentes y majestuosos, y creemos que Dios aparecerá por fin a revelarnos los secretos del universo. Desde luego, no lo hace, y esos rayos de luz no pueden compararse con las auténticas hiperfóteras.
Horas e incluso días después de haber observado una hiperfótera, la criatura siente una calma infinita, una placidez interminable y un regocijo pleno. De hecho, es común que la hiperfótera sea más recordada que el propio dios o sus palabras.
Luz que escolta a Dios cuando se aparece frente a las criaturas.
La divinidad se presenta con estruendo y magnificencia. Muchas veces es acompañada por una luz cegadora, más diáfana y poderosa que el sol. Esa luz es el entorno fenoménico del dios, creado por él mismo para que las criaturas no lo miren directamente al rostro ni le sostengan la mirada.
A veces miramos al cielo y entre los intersticios de las nubes se cuelan rayos de sol potentes y majestuosos, y creemos que Dios aparecerá por fin a revelarnos los secretos del universo. Desde luego, no lo hace, y esos rayos de luz no pueden compararse con las auténticas hiperfóteras.
Horas e incluso días después de haber observado una hiperfótera, la criatura siente una calma infinita, una placidez interminable y un regocijo pleno. De hecho, es común que la hiperfótera sea más recordada que el propio dios o sus palabras.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Cronoquiasma
(Sustantivo. Del griego chrónos = tiempo y xiásma = cruce en forma de x)
Cruce de dos vectores temporales paralelos.
Existe una teoría pedestre acerca de los mundos paralelos: hay infinitos universos que transcurren en paralelo con el nuestro. Si los universos son cercanos, las diferencias entre ellos y el nuestro son mínimas. A medida que pensamos en un universo más alejado, las diferencias se van haciendo más notorias. Hasta donde conjeturamos, no se han presentado cruces entre estos universos paralelos.
Pero imagine que usted es lanzado a un mundo paralelo en el que (supongamos) el cielo es verde. Dialoga con sus conocidos y descubre que ellos se comportan de modo familiar, con la única diferencia de que ellos afirman que el cielo siempre fue verde. Usted se ha cruzado a un mundo paralelo cercano. Pero si a su vez, el habitante original de ese mundo-de-cielo-verde fue a parar al mundo que antes era de usted (al "mundo-de-cielo-azul"), se han dado dos cruces entre un tiempo paralelo y se ha generado un cronoquiasma. La persona del "mundo de cielo verde" ahora vive en el "mundo de cielo azul". Ambos (el usted del mundo de cielo azul y el usted del mundo de cielo verde) se han cruzado en sus respectivos mundos paralelos y ahora no les queda más remedio que vivir en esos respectivos nuevos mundos.
Es esperable que un nuevo cronoquiasma los restaure a sus mundos originales, pero eso es improbable: hay tantos mundos paralelos que quizás un nuevo cruce temporal sólo los envíe a mundos cada vez más lejanos.
Existe una noción de cronoquiasma aun más compleja: una misma persona se desdobla en dos o tres mundos paralelos, como si su yo se subdividiera para existir en simultáneo en varios mundos paralelos a la vez. Esta noción trae complicaciones metafísicas: ¿qué diferencia a un yo-desdoblado-de-mí- mismo y a un yo de un mundo paralelo que no es producto de un desdoble? La pregunta es casi imposible de formular y en rigor está conectada con el problema de la identidad a través de mundos posibles: El Jorge Mux de un mundo paralelo, ¿soy yo? ¿O es otro Jorge Mux? ¿Qué cuenta como criterio de identidad interuniversal? ¿Cuántos de los Jorges Muxes de mundos paralelos son yo, y cuántos no son yo? ¿En cuántos mundos paralelos Jorge Mux no es un ser humano, sino una cafetera?
(La palabra "mundo" no significa "planeta"; en el sentido aquí usado es sinónima de "universo")
Cruce de dos vectores temporales paralelos.
Existe una teoría pedestre acerca de los mundos paralelos: hay infinitos universos que transcurren en paralelo con el nuestro. Si los universos son cercanos, las diferencias entre ellos y el nuestro son mínimas. A medida que pensamos en un universo más alejado, las diferencias se van haciendo más notorias. Hasta donde conjeturamos, no se han presentado cruces entre estos universos paralelos.
Pero imagine que usted es lanzado a un mundo paralelo en el que (supongamos) el cielo es verde. Dialoga con sus conocidos y descubre que ellos se comportan de modo familiar, con la única diferencia de que ellos afirman que el cielo siempre fue verde. Usted se ha cruzado a un mundo paralelo cercano. Pero si a su vez, el habitante original de ese mundo-de-cielo-verde fue a parar al mundo que antes era de usted (al "mundo-de-cielo-azul"), se han dado dos cruces entre un tiempo paralelo y se ha generado un cronoquiasma. La persona del "mundo de cielo verde" ahora vive en el "mundo de cielo azul". Ambos (el usted del mundo de cielo azul y el usted del mundo de cielo verde) se han cruzado en sus respectivos mundos paralelos y ahora no les queda más remedio que vivir en esos respectivos nuevos mundos.
Es esperable que un nuevo cronoquiasma los restaure a sus mundos originales, pero eso es improbable: hay tantos mundos paralelos que quizás un nuevo cruce temporal sólo los envíe a mundos cada vez más lejanos.
Existe una noción de cronoquiasma aun más compleja: una misma persona se desdobla en dos o tres mundos paralelos, como si su yo se subdividiera para existir en simultáneo en varios mundos paralelos a la vez. Esta noción trae complicaciones metafísicas: ¿qué diferencia a un yo-desdoblado-de-mí- mismo y a un yo de un mundo paralelo que no es producto de un desdoble? La pregunta es casi imposible de formular y en rigor está conectada con el problema de la identidad a través de mundos posibles: El Jorge Mux de un mundo paralelo, ¿soy yo? ¿O es otro Jorge Mux? ¿Qué cuenta como criterio de identidad interuniversal? ¿Cuántos de los Jorges Muxes de mundos paralelos son yo, y cuántos no son yo? ¿En cuántos mundos paralelos Jorge Mux no es un ser humano, sino una cafetera?
(La palabra "mundo" no significa "planeta"; en el sentido aquí usado es sinónima de "universo")
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Ibuprofeta / Ibuprofecía
(De ibuprofeno y profeta / profecía)
Ibuprofeta: Adjetivo.
1. Dícese de quien adquiere habilidades proféticas tras ingerir una medicación leve.
2. Dícese de quien adquiere una habilidad profética poco predictiva y de corto alcance, presuntamente producto de una medicación mal administrada. El ibuprofeta tiene clarividencias como las siguientes: "Esta tarde te tropezarás con una piedra y en verdad os digo, no te caerás pero te asustarás un poquito"; "Veo venir en tu futuro que irás al kiosco a comprarte un alfajor"; "Siento en mi alma que pronto tu destino cambiará e irás al baño a orinar". Quienes rodean al ibuprofeta lamentan que ese especial estado de vaticinador se malgaste en predicciones tan poco sustanciosas.
Ibuprofecía: Sustantivo. Estado místico profético inducido por un medicamento casi inocuo.
En rigor, un ibuprofeta puede entrar en ibuprofecía casi con cualquier estimulante: un café, un mate, un plato de fideos o la propia dopamina de su cerebro.
Ibuprofeta: Adjetivo.
1. Dícese de quien adquiere habilidades proféticas tras ingerir una medicación leve.
2. Dícese de quien adquiere una habilidad profética poco predictiva y de corto alcance, presuntamente producto de una medicación mal administrada. El ibuprofeta tiene clarividencias como las siguientes: "Esta tarde te tropezarás con una piedra y en verdad os digo, no te caerás pero te asustarás un poquito"; "Veo venir en tu futuro que irás al kiosco a comprarte un alfajor"; "Siento en mi alma que pronto tu destino cambiará e irás al baño a orinar". Quienes rodean al ibuprofeta lamentan que ese especial estado de vaticinador se malgaste en predicciones tan poco sustanciosas.
Ibuprofecía: Sustantivo. Estado místico profético inducido por un medicamento casi inocuo.
En rigor, un ibuprofeta puede entrar en ibuprofecía casi con cualquier estimulante: un café, un mate, un plato de fideos o la propia dopamina de su cerebro.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Porontología
(Sustantivo. Del griego póros = espacio vacío; ontós = ser y lógos = estudio)
Estudio filosófico de lo no existente.
La porontología es una rama de la ontología. Mientras esta última estudia las determinaciones del ser, la primera estudiaría aquello que no tiene propiedades de ningún tipo y que en rigor no puede ser estudiado. Sus ramas son la cenología (estudio del vacío; del griego kénon = vacío), la anoumenología (estudio de lo que no se puede pensar, del griego noumenós = ente pensable), la ulogía (el estudio del no; del griego ou = no) y la acronotopología (estudio de lo que no puede acontecer en tiempo ni en espacio; del griego chrónos = tiempo y tópos = espacio). La herramienta principal de estos estudios es el alogigrama (un gráfico de símbolos que no pueden expresarse, que están ausentes en el gráfico y que por lo tanto no conforman un gráfico sino su ausencia; del griego a = negación; lógos = estudio, habla y grámma = esquema).
Si la ontología ha sido considerada una falsa disciplina, un estudio imposible de entidades inexistentes, una monumental pérdida de tiempo pergeñada por personas que no poseen auténticos problemas vitales, la porontología es la exacerbación de estas características. Sus cultivadores, cuando pueden dejar de lado la concentración en los problemas porontológicos y se atreven a utilizar el lenguaje para comunicar sus conclusiones, dicen abiertamente al mundo: "He estado pensando en nada"
Estudio filosófico de lo no existente.
La porontología es una rama de la ontología. Mientras esta última estudia las determinaciones del ser, la primera estudiaría aquello que no tiene propiedades de ningún tipo y que en rigor no puede ser estudiado. Sus ramas son la cenología (estudio del vacío; del griego kénon = vacío), la anoumenología (estudio de lo que no se puede pensar, del griego noumenós = ente pensable), la ulogía (el estudio del no; del griego ou = no) y la acronotopología (estudio de lo que no puede acontecer en tiempo ni en espacio; del griego chrónos = tiempo y tópos = espacio). La herramienta principal de estos estudios es el alogigrama (un gráfico de símbolos que no pueden expresarse, que están ausentes en el gráfico y que por lo tanto no conforman un gráfico sino su ausencia; del griego a = negación; lógos = estudio, habla y grámma = esquema).
Si la ontología ha sido considerada una falsa disciplina, un estudio imposible de entidades inexistentes, una monumental pérdida de tiempo pergeñada por personas que no poseen auténticos problemas vitales, la porontología es la exacerbación de estas características. Sus cultivadores, cuando pueden dejar de lado la concentración en los problemas porontológicos y se atreven a utilizar el lenguaje para comunicar sus conclusiones, dicen abiertamente al mundo: "He estado pensando en nada"
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Merogenar
(Verbo intransitivo. Del griego méras = parte y gené = nacimiento. Sustantivo: merogenia. Adjetivos: merógeno, merogénico)
Nacer por partes.
Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado".
El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.
No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.
Nacer por partes.
Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado".
El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.
No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.
jueves, 11 de agosto de 2011
Sondograma
(Sustantivo. Del griego soma = cuerpo; endos = interior y gráma = escritura)
Letra, palabra o mensaje escrito en algún órgano o parte inaccesible del cuerpo.
En la película Un hombre serio (A Serious Man, 2009) de Joel y Ethan Coen, un dentista descubre que uno de sus pacientes tiene un mensaje escrito en el lado posterior de sus dientes: una letra hebrea por cada pieza dentaria. Ese mensaje es un sondograma. Si descubriéramos que nuestros huesos, pulmones, corazón o hígado contienen una clara conjunción de letras en algún idioma, también los llamaríamos sondogramas. Para que califiquen como tales, es menester que no hayan sido escritos por el individuo que los posee (esta condición se cumple debido a la inaccesibilidad del mensaje), ni por una mano externa en algún momento de nuestra vida, y que estén impresos en algún lenguaje natural. No cuenta como sondograma el tatuaje hecho en el cráneo durante la lactancia y que se descubre sólo a los cuarenta años cuando se declara la calvicie, ni la interpretación arbitraria que podría hacerse del trazado de nuestras venas y arterias (quizás entre los ríos y deltas de nuestra sangre puede encontrarse una conjunción de letras en algún idioma, pero esto sería puramente casual).
Puede pensarse que los sondogramas tienen origen divino. Así se lo interpreta al menos en la película Un hombre serio. Sin embargo, puede que en un futuro no muy lejano las personas nazcan con alguna condición extraordinaria gracias a ciertos avances en la genética, y en ese caso es posible que los niños lleven alguna marca identificatoria en sus órganos que indique cuál es la modificación genética a la que fueron expuestos antes de nacer o incluso antes de ser concebidos.
Letra, palabra o mensaje escrito en algún órgano o parte inaccesible del cuerpo.
En la película Un hombre serio (A Serious Man, 2009) de Joel y Ethan Coen, un dentista descubre que uno de sus pacientes tiene un mensaje escrito en el lado posterior de sus dientes: una letra hebrea por cada pieza dentaria. Ese mensaje es un sondograma. Si descubriéramos que nuestros huesos, pulmones, corazón o hígado contienen una clara conjunción de letras en algún idioma, también los llamaríamos sondogramas. Para que califiquen como tales, es menester que no hayan sido escritos por el individuo que los posee (esta condición se cumple debido a la inaccesibilidad del mensaje), ni por una mano externa en algún momento de nuestra vida, y que estén impresos en algún lenguaje natural. No cuenta como sondograma el tatuaje hecho en el cráneo durante la lactancia y que se descubre sólo a los cuarenta años cuando se declara la calvicie, ni la interpretación arbitraria que podría hacerse del trazado de nuestras venas y arterias (quizás entre los ríos y deltas de nuestra sangre puede encontrarse una conjunción de letras en algún idioma, pero esto sería puramente casual).
Puede pensarse que los sondogramas tienen origen divino. Así se lo interpreta al menos en la película Un hombre serio. Sin embargo, puede que en un futuro no muy lejano las personas nazcan con alguna condición extraordinaria gracias a ciertos avances en la genética, y en ese caso es posible que los niños lleven alguna marca identificatoria en sus órganos que indique cuál es la modificación genética a la que fueron expuestos antes de nacer o incluso antes de ser concebidos.
miércoles, 8 de junio de 2011
Desestar
(Verbo)
1. (De des- y estar)
No estar en el lugar en que se está.
Esta amplia definición puede acotarse a casos concretos. Cuando una persona no puede concentrarse en su trabajo porque recuerda las excelentes vacaciones que se terminaron, se dice que desestá en su actividad laboral. Físicamente está allí, pero su voluntad se ha ido. En este ejemplo cotidiano, desestar es sinónimo de desconcentrarse y evadirse mentalmente.
Existen ejemplos más complejos, en los cuales una persona tiene la sensación de que no está. Ella misma, aunque puede darse cuenta de que está físicamente aquí, siente que no está. Todo lo que la rodea le parece familiar, incluso la ropa que lleva puesta, sus manos y su propio rostro. Pero siente que no es él el que mira esa escena: él está muy lejos -no sabe dónde- y el cuerpo que está en este lugar le parece una especie de desconcertante impostura.
Se desestá, también, cuando se convierte al presente en una mera sala de espera del porvenir. De ese modo, nunca se está viviendo en el momento actual sino en un indeterminado futuro, en el que -se espera- muchas cosas se resolverán o serán más disfrutables. Una canción del grupo La Portuaria propone corregir esta actitud: "Nada es mejor / nada es igual / el tiempo es amigo / si estás donde estás"
2. (De des- y siesta. Participio: desestado)
Quitar a alguien la posibilidad de dormir la siesta.
Cuando una persona decide acostarse a dormitar, es posible que justo lo llamen por teléfono, le toquen el timbre o recuerde que debe hacer algo. Entonces se levanta de la cama y atiende sus ocupaciones urgentes. Esta persona es una desestada: ya no podrá volver a acostarse o, si lo hace, no podrá dormirse y arrastrará bostezos, cansancio y malhumor durante el resto del día. Quienes se topen con ella, le reprocharán su humor, las ojeras y la tendencia a que sus párpados se cierren. Esos preciosos minutos de descanso que le han quitado convertirán al desestado en una persona amargada e inútil.
También puede llamarse desestada a una persona que siempre tiene ojeras, malhumor y cabello despeinado, aun cuando duerma a la perfección tanto a la noche como durante la siesta.
1. (De des- y estar)
No estar en el lugar en que se está.
Esta amplia definición puede acotarse a casos concretos. Cuando una persona no puede concentrarse en su trabajo porque recuerda las excelentes vacaciones que se terminaron, se dice que desestá en su actividad laboral. Físicamente está allí, pero su voluntad se ha ido. En este ejemplo cotidiano, desestar es sinónimo de desconcentrarse y evadirse mentalmente.
Existen ejemplos más complejos, en los cuales una persona tiene la sensación de que no está. Ella misma, aunque puede darse cuenta de que está físicamente aquí, siente que no está. Todo lo que la rodea le parece familiar, incluso la ropa que lleva puesta, sus manos y su propio rostro. Pero siente que no es él el que mira esa escena: él está muy lejos -no sabe dónde- y el cuerpo que está en este lugar le parece una especie de desconcertante impostura.
Se desestá, también, cuando se convierte al presente en una mera sala de espera del porvenir. De ese modo, nunca se está viviendo en el momento actual sino en un indeterminado futuro, en el que -se espera- muchas cosas se resolverán o serán más disfrutables. Una canción del grupo La Portuaria propone corregir esta actitud: "Nada es mejor / nada es igual / el tiempo es amigo / si estás donde estás"
2. (De des- y siesta. Participio: desestado)
Quitar a alguien la posibilidad de dormir la siesta.
Cuando una persona decide acostarse a dormitar, es posible que justo lo llamen por teléfono, le toquen el timbre o recuerde que debe hacer algo. Entonces se levanta de la cama y atiende sus ocupaciones urgentes. Esta persona es una desestada: ya no podrá volver a acostarse o, si lo hace, no podrá dormirse y arrastrará bostezos, cansancio y malhumor durante el resto del día. Quienes se topen con ella, le reprocharán su humor, las ojeras y la tendencia a que sus párpados se cierren. Esos preciosos minutos de descanso que le han quitado convertirán al desestado en una persona amargada e inútil.
También puede llamarse desestada a una persona que siempre tiene ojeras, malhumor y cabello despeinado, aun cuando duerma a la perfección tanto a la noche como durante la siesta.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Monosiamés
(Sustantivo. De monos = uno y siamés = gemelo unido por alguna parte del cuerpo)
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
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