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viernes, 24 de enero de 2014

Posparativo

(Sustantivo. Del latín post = posterior y paro = disponer)

Si un preparativo es la disposición de algo para una finalidad posterior, el posparativo es la disposición de algo una vez que se ha logrado esa finalidad.

Ciertas herramientas y utensilios requieren de preparativos y de posparativos. Una vez finalizada la pintura, es necesario lavar cuidadosamente los pinceles y la pistola de gravedad, purgar el compresor, levantar los papeles del piso, limpiar las manchas de pintura del piso, las paredes y las manos; lavar la ropa y ordenar un sinfín de herramientas.
Muchas veces la finalidad buscada es deseable y placentera: el momento en el que efectivamente se está pintando la pared es relajante, pero requiere de preparativos y posparativos tan trabajosos que lo convierten en un yugo intolerable. Es más, quizás la procrastinación es producto no tanto del trabajo en sí, sino de los preparativos y los posparativos.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Hipernatividad

(Sustantivo. De hiper y natividad)

Precocidad y exceso de iconografía navideña.

Muchos hogares y comercios ya a principios de noviembre padecen un repentino estallido de luces navideñas, guirnaldas, árboles, papanoeles y musiquitas estridentes. Sobreabundan el plástico y el brillo. Cualquier espacio vacío es rellenado con algodones, borlas, pesebres, piñas con gibré y luces intermitentes. En muchos casos se observa un marcado contraste entre la austeridad habitual en la decoración y el profuso, abigarrado y chillón ornamento de fin de año. A contramano de cualquier criterio estético (y quizás religioso), cada rincón y situación es convertido en motivo navideño. Se entregarán servilletas con dibujos de trineos. Las bolsitas dirán "felices fiestas". Los empleados llevarán un gorro rojo y blanco. Los vidrios y las paredes serán decorados con una guarda de papá noel y renos. En cada vértice o rincón habrá un árbol navideño o un pesebre. Las lámparas se cubrirán con cartulina verde en forma de estrellas, papel crepe rojo o guirnaldas. Del cielo raso deben colgar borlas gigantes o campanas. Aun a riesgo de un falso contacto o de electrocución, las luces de colores deben formar complicados dibujos o trazar todos los contornos y circuitos posibles.
La hipernatividad suele extenderse hasta fines de enero. Después de esa fecha, por pereza, algunos adornos no serán quitados: en muchos casos vemos en pleno junio guirnaldas y luces apagadas y polvorientas, un poco ocultas entre los productos para el día del padre y las ofertas de vacaciones de invierno. Estarán allí, todo el año al acecho, a la espera del caluroso noviembre cuando les toque atacar con estridencia y mal gusto.
Muchas veces la hipernatividad provoca un sentimiento de alegría y bienestar, a pesar del exceso. La experiencia estética no es negativa: está cargada de afectos y nos recuerda a los momentos buenos de la infancia, cuando todo lo brillante era mágico y cuando Papá Noel existía de verdad.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Exóbalo

(Sustantivo. Del griego exó = hacia afuera y bállo = arrojar. Sustantivo: exobalia)

Dícese de quien tiene la costumbre de desarmar y desarticular violentamente algo que se está desarrollando.

La imagen más gráfica del exóbalo es el de un futbolista que patea la pelota afuera, muy muy lejos de la cancha. Su acción no permite que el juego se desarrolle; es más, interviene para que todo cese. Desde luego, es posible encontrar exóbalos en muchos otros rubros. Si usted está conversando con alguien ocasional durante una fiesta y solo trata de ser amable, tal vez pregunte: "¿Le gusta a usted más el vino tinto o el blanco?" El exóbalo interviene -es decir, no se rehúsa a responder-, pero su participación le quita todo el estímulo a la charla: "A mí me gusta más Dios". Su respuesta equivale a patear la pelota afuera, y ya no tiene sentido seguir dialogando.
No es que al exóbalo le interese poner su impronta en el ámbito en el que participe (fútbol, conversación o lo que fuera): mas bien parece tener una torpeza proverbial para compartir ciertos códigos. Rompe las reglas de tal modo que, después de su intervención, ya no hay juego posible.
A veces la exobalia es una estrategia retórica para desenfocar drásticamente el ángulo de la conversación: "¿Sabés cuánto me costó esta camisa?". "No sé. Pero parece que el que te la vendió se está culiando a tu esposa".  

lunes, 7 de octubre de 2013

Peradromia

(Sustantivo. Del griego péra = lejos y drómos = camino, corredor)

Vida que llevan hoy los amigos y compañeros que dejamos de ver hace mucho tiempo.

Hubo un tiempo en que nos veíamos todos los días con ese amigo, pero por alguna circunstancia eso se cortó para siempre. Él se mudó, nos peleamos, perdimos interés en vernos, ya no nos entendimos. El camino que recorríamos juntos se fue bifurcando de forma repentina o con una lentitud imperceptible. Esa vida que empezamos a hacer separados de nuestro amigo se ha convertido en una peradromia.
Gracias a las redes sociales podemos reencontrarnos con viejos amigos. Espiamos sus fotos, nos asombramos de que se haya ido tan lejos, o tenga tantos hijos, o se hayan puesto tan gordos, tan viejos y tan desconocidos. Ya son otros. Se hicieron de otra piel; no le causan gracia los mismos chistes y tienen opiniones sobre cosas que no nos interesan en lo más mínimo. Aunque a veces forcemos un contacto, sus intereses lo volvieron tan ajeno que ya no hay puntos en común. Otras veces, desde luego, el hecho de reiniciar contacto deriva en un redescubrimiento de intereses comunes.

El término puede aplicarse también a la vida que llevan las ex parejas de uno. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Canatorio

(Sustantivo. Del griego xanó = perder y terminación -orio = lugar)

1. Lugar de la casa o de un recinto creado especialmente para perder cosas.

2. Lugar de una casa o de un recinto donde frecuentemente suelen aparecer las cosas perdidas.



Muchas veces se pierden simultáneamente las llaves, la billetera, una camisa, el cepillo de dientes y los anticonceptivos. Pero es poco probable que se extravíen todos estos objetos en un mismo lugar. En cambio, si se desarrolla un canatorio doméstico, es posible que todo lo perdido haya ido a parar allí. ¿Cómo es posible esto? Los canatorios pueden ser enormes agujeros en los sillones: cualquiera que se haya sentado en el sillón y pierda algo, casi seguro lo encontrará en el agujero. O pueden consistir en una inclinación del piso que confluya en un único lugar: todo lo que se caerá al piso, necesariamente se encontrará en esa confluencia. Los canatorios aumentan la probabilidad de que un objeto perdido se encuentre allí y no en otro lugar, aunque, por supuesto, no tienen una utilidad absoluta.

A veces hay "canatorios naturales". En los nidos de urracas se pueden encontrar objetos brillantes perdidos (las urracas macho los llevan como presentes para la hembra). En algunos lugares, por una misteriosa razón, todo lo perdido aparece tarde o temprano dentro de un cajón, bajo una cama o en el bolsillo de un pantalón: en la práctica, estos tres sitios funcionan como canatorios.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Monóquira

(Sustantivo y adjetivo. Del griego mónos = uno y xeirós = mano)

Dícese de la actividad que puede realizarse con una sola mano. 

Si usted debe encender el horno, ponerse un pulóver, pelar una manzana, conducir un automóvil o escribir en el teclado, debe tener las dos manos libres para utilizarlas en esa actividad. En cambio, para lavarse los dientes, rascarse la cabeza, escribir a mano, comer aceitunas o cerrar una puerta sólo se requiere de una mano. Lo interesante de las actividades monóquiras es que se pueden realizar dos de ellas de manera simultánea.
Existen actividades que podrían clasificarse como monóquiras, pero que en algunos casos resulta difícil ejecutarlas con una sola mano. A veces, abrir una puerta con llave puede demandar un par de maniobras con ambas manos (empujar, tironear). Escribir a mano también: muchas veces la otra mano debe sostener el papel. Por supuesto, tabién están los que fanfarronean de poder realizar con una sola mano (o con ninguna) aquello que debe hacerse con ambas, como andar en bicicleta o tocar el piano. 

viernes, 26 de abril de 2013

Legestorio

(Sustantivo. Del latín legere = leer y terminación -torio que indica despectivo)

1. Dícese del grupo de personas que lee libros y revistas obsoletos.

El legestorio lee revistas "Muy Interesante" del año 1985 en las que se realizan predicciones para el año 2000, o un folleto que explica las nuevas funciones del renault 12, o un libro sobre política internacional del año 1970 en el que advierten la posibilidad de que el comunismo ruso avance sobre latinoamérica. El legestorio se forma una idea anacrónica y distorsionada de su entorno, y es perseguido por fantasmas que desaparecieron hace mucho tiempo.

2. Dícese del grupo de personas que sólo considera auténtico libro al que está impreso en papel. 

En esta acepción, el legestorio puede estar actualizado con respecto a las temáticas que lee, pero su idea de "libro" está asociada directamente al papel. No considera que la lectura en computadora sea una auténtica lectura, o que leer un blog sea realmente leer. 


martes, 5 de febrero de 2013

Contrarregalo

(Sustantivo. De contra y regalo)

Obsequio que se realiza como respuesta a un obsequio recibido.

Muchos de los regalos que damos por cumpleaños, navidad o día de los enamorados, son contrarregalos. Si Juan nos regalase un par de medias para nuestro cumpleaños, podremos obsequiarle otro cuando llegue su onomástico: un presente modesto que no pone en peligro sus finanzas ni las nuestras. Pero si Juan nos regalara un automóvil o un viaje en crucero, las cosas se nos complicarían, pues cuando él mismo cumpliera años no podríamos llevarle apenas un par de medias. Disfrutaremos, sí, del crucero o del automóvil recibido, pero lo haremos con la angustiosa conciencia de que estamos en deuda; viviremos unos meses de ansiedad anticipando el enorme gasto que demandará el futuro obsequio de cumpleaños de Juan. Los contrarregalos deben ser proporcionales a los regalos iniciales; deben estar a la altura del regalo recibido, y si no tenemos en cuenta esa proporción corremos el riesgo de generar ofensa o decepción.
A veces los contrarregalos se producen en escaladas, como una guerra fría de ofrendas: Alberto le regala flores y un pantalón a Carolina (para el día de los enamorados). Carolina le regala dos pantalones y dos remeras a Alberto (ese mismo día). Alberto le regala tres pantalones, tres remeras y una campera a Carolina (para el aniversario de casados). Carolina le regala a Alberto dos camperas, tres pares de zapatos caros, cinco camisas y diez relojes pulsera (para ese mismo aniversario). Alberto le regala a Carolina dos computadoras, un nuevo Blackberry, ocho pares de zapatos y dieciséis remeras (en una fecha aleatoria. Nótese que cuando se ingresa en una escalada de contrarregalos ya no importa por qué se regala: la única motivación es el hecho de superar el último presente recibido). La escalada puede seguir de manera indefinida, hasta que las tarjetas de crédito revientan o hasta que uno de los dos no hace justicia a la desmesura del otro y entonces aparecen la ofensa y el desdén.
Para evitar el peligro de los contrarregalos, quizás conviene aclarar de antemano en todos los ámbitos posibles: "No quiero regalos". Pero esto puede ser contraproducente, porque quienes reciben ese mensaje fingirán que no nos van a dar un regalo, pero a último momento nos agasajarán con una enorme sorpresa. Quizás la única solución sea mostrarse agresivo, furioso y molesto con el regalo recibido. Pero esa es una reacción muy extraña y difícilmente comprensible: "¡Imbécil! ¡Te dije que no quería regalos! ¿Sos sordo? ¡Metete los veinte mil dólares en el orto!"
A veces el contrarregalo es desproporcionado con respecto al regalo inicial, pero esa desproporción es en sentido positivo: si usted obsequió una botella de vino a una amiga, esa amiga le obsequiará seis botellas de vino o una bicicleta, regalos claramente superiores al suyo. Por lo general, esta desproporción positiva tiene un objetivo moralmente cuestionable: demostrarle al homenajeado que uno no es un tacaño. "Este turro me trajo una planta para nuestro aniversario. Yo no soy igual que él; le compré cincuenta trajes para hacerlo sentir mal. Yo cuando regalo, regalo"
Otras veces nos dan obsequios puramente simbólicos: una canción, una foto antigua en Facebook, un poema. Pero aun estos regalos requieren contrarregalos que estén a la altura del esfuerzo y el ingenio empleados. La novia que compuso una canción a su novio para el día de los enamorados seguramente se sentirá decepcionada si recibe una caja de bombones con una tarjeta fría e impersonal.

Los regalos recibidos son trampas, pequeños anzuelos que se arrojan disimuladamente a nuestra conciencia para atrapar contrarregalos futuros. No nos dan regalos para hacernos sentir queridos y felices; nos regalan para mostrarnos que estamos atados por invisibles y retorcidos hilos de obligaciones sociales.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Disclavia

(Sustantivo. Del latín dis = con dificultad y clavis = clave, llave)

1. Incapacidad para encontrar la llave correcta en un manojo de llaves. 

Se sufre una especial disclavia cuando el llavero nos es familiar y conocemos las muescas de cada una de las llaves que la componen. A pesar de este sobrado conocimiento, uno recorre mil veces el llavero y no encuentra la que justo ahora se debe usar. La disclavia en este sentido es un proceso parecido al que ocurre cuando se circunvía.
Algunas personas no sufren disclavia, sino un proceso inverso: aciertan con la llave correcta en el primer intento, aun con manojos de llaves desconocidas. A este caso afortunado lo llamaremos euclidia, tomando las raíces griegas eu = bueno y kléidi = llave. (También puede llamarse "euclidia" al placer que produce acertar con la llave adecuada en un número relativamente bajo de intentos)

2. Incapacidad para recordar las propias contraseñas.

Por fortuna las cookies de nuestras computadoras se encargan de conservar nuestros datos, y gracias a ellas seguimos accediendo al correo electrónico, a las redes sociales,y a la plataforma virtual de nuestro trabajo. Pero el día en que debemos formatear la máquina, corremos el riesgo de perder para siempre los lugares virtuales que frecuentamos. La disclavia, en esta acepción, tiene algunos componentes adicionales: no solo somos incapaces de recordar la contraseña sino que, además: a) la olvidamos un segundo después de haberla creado; b) hicimos una contraseña complicadísima que no tiene posibilidad de ser recordada sin una regla mnemotécnica; c) no la anotamos o bien d) la anotamos en un papel circunstancial que se perdió para siempre. En algunos casos debemos agregar un gravísimo componente e): creemos que nos vamos a acordar la contraseña en el momento en que sea necesario, pero eso no ocurre (esta clase de disclavia acontece cuando uno está frente al cajero del banco).



viernes, 26 de octubre de 2012

Flavilabar

(Verbo intransitivo. Del latín ex flavo = del amarillo y elabor = escapar. Adjetivo: flavílabo)

Apurar la marcha de un vehículo durante muchas cuadras ante la inminencia de la luz amarilla en cada semáforo

Cuando los semáforos de una calle están coordinados, podemos esperar que a cierta velocidad encontraremos luz verde en cada esquina. Pero si al acercarnos a una de ellas nos intercepta el amarillo, debemos aumentar la velocidad para que en las siguientes esquinas no nos pase lo mismo: cuando el amarillo nos intercepta en una esquina, lo hará en todas, y nos vemos obligados a flavilabar. Algunos días la luz amarilla nos persigue en todos los semáforos. A veces, ese amarillo se convierte en un culposo rojo justo cuando estamos atravesando el cruce. Durante esos flavílabos días tenemos una ligera sensación de que estamos viviendo al límite.

El término sólo se aplica cuando la luz amarilla precede a la roja, no cuando antecede a la verde.




jueves, 18 de octubre de 2012

Distrófemo


(Adjetivo y sustantivo. Del griego dis- = con dificultad y tróphema = alimento)

Alimento que no contiene alguna de las propiedades esenciales que posee naturalmente su tipo.

Aunque la definición es un poco rebuscada, se puede entender con unos pocos ejemplos:
El café descafeinado es distrófemo: si al café se le quita la cafeína (propiedad que incluso lleva un nombre que indica la conexión casi esencial con el producto), ya tenemos algo que quizás no debería llamarse café. Un café descafeinado es casi una contradictio in adjecto, un oxímoron.
Quizás el más elocuente sea la leche descremada y deslactosada: sin crema y sin lactosa, la leche se convierte en una inocente, insípida y poco nutritiva agüita blanquecina, y en rigor es dudoso que podamos seguir llamándola "leche". Otro ejemplo, aunque quizás no tan certero, es el de la cerveza sin alcohol.

Puede verse que la estrategia de quienes fabrican distrófemos consiste en "des- -ar" un alimento; es decir: operar sobre él algún tipo de proceso que permita aplicarle el prefijo "des-" y el sufijo verbal "-ar". Se supone que al "des- -ar" un alimento, se le quitan propiedades perjudiciales o poco saludables, y quizás está bien que así sea. Pero si aceptamos abiertamente los alimentos distrófemos, entonces se ha allanado el camino para aceptar otros aun más retorcidos y cuya eliminación de elementos esenciales no tenga nada que ver con la salud: quizás pronto aparezca un jugo de naranja sin color naranja, sin sabor ni olor a naranja y sin las propiedades de la naranja. Este producto se llamaría "jugo de naranja desnaranjizado", y consistiría en agua corriente tal vez potable. En un caso extremo, podrían vendernos un envase vacío, con jugo de naranja desnaranjizado, desjuguizado y desmaterializado. De hecho, se podría prescindir del envase (en cuyo caso nos venderían un envase de cartón descartonizado). Conviene recordar que los distrófemos son usualmente más caros: el jugo de naranja desnaranjizado se convertiría en un alimento de lujo.

Los productos distrófemos no deben confundirse con los propaláfelos. El propaláfelo se parece al producto original, pero no lleva el mismo nombre. El distrófemo, en cambio, sí lo lleva: el café distrófemo (descafeinado) se sigue llamando "café". En cambio, el propaláfelo del jamón se llama paleta o fiambre de emparedado.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Euquicia

(Del griego eu = bueno y skízein = dividir)

1. Capacidad de cortar un objeto en partes o porciones equitativas.

A veces, quienes están encargados de repartir las porciones del asado, no suelen reparar en que algunos comensales reciben una porción generosa y con mucha carne, mientras que a otros se les adjudica un pequeño e incomible chicharrón de grasa con hueso. El buen administrador del asado deberá tener euquicia: tratará de cortar la carne de manera que las porciones tengan similar tamaño y aprovechabilidad. Si tiene que repartir una pizza, la cortará en partes lo más idénticas posible, sin mezquinar aceitunas o tomates en cada parte. Si debe servir vino, buscará la manera de que todas las copas contenga la misma cantidad. La euquicia, a veces, puede demandar un gran esfuerzo y mucho tiempo. Medir milimétricamente las porciones es algo trabajoso y no siempre se da con un buen resultado. Por eso es conveniente optar por un grado moderado de euquicia, para evitar injusticias groseras, sin caer en el fanatismo de la equidad absoluta e ideal.


2. Capacidad de elegir exactamente las cosas que otro no elige.

Otra manera de definir la euquicia en este segundo sentido es: la ausencia de conflictos en la elección de los bienes escasos. Cuando una familia compra un pollo, suele haber pequeñas disputas por los muslos o la pechuga. Pero si a un integrante le gustan los muslos, a otro las pechugas, a otro el rancho y al último sólo los menudos, entonces hay euquicia, pues no hay conflicto a la hora de la cena.
Existe una euquicia sincera y otra insincera. La primera ocurre cuando, en verdad, cada integrante desea elegir justmente lo que el otro deja. La euquicia insincera ocurre cuando, en realidad, algún integrante debe conformarse con lo que hay, o debe fingir que le gusta un corte de pollo determinado para evitar el conflicto. 




martes, 31 de julio de 2012

Labísedo

 (Adjetivo. Del latín labans = vacilante y sedere = sentarse)

Quien hace tambalear su silla cuando está sentado. 

Para los labísedos, estar sentado implica un movimiento trabajoso; un malabarismo que pone a prueba la resistencia del asiento. El labísedo pone la silla en dos patas o en una; la mueve de atrás hacia adelante. Se sienta con el trasero, con las rodillas, a veces en el borde, a veces muy atrás. El labísedo provoca una enorme incomodidad en quienes lo observan, pues parece que está siempre a punto de caerse. Los dueños de la silla añaden otra preocupación: que los movimientos y rechinares del labísedo terminen por romper la silla.

En sentido metafórico, también puede llamarse así a la persona que continuamente amenaza con remover a alguien de su despacho. Quien está buscando ocupar un alto cargo, se dice que "serrucha el piso" de sus superiores, es decir: desea que su asiento tambaleé hasta caerse. Dado que el sillón y el despacho son símbolos de poder y de seguridad, el labísedo es el que intenta corroer ese poder.

martes, 24 de julio de 2012

Desemburgar (se)


(Verbo intransitivo. De des, en- y burgo)

Quitarse momentáneamente una actitud o costumbre burguesa. 

A la persona aburguesada se la reconoce por su afición a la comodidad del hogar, al trabajo sin esfuerzo y, en general, a cualquier actividad que no implique alejarse de ciertos básicos placeres suntuarios y cotidianos. No es fácil sacar al aburguesado de sus rituales, pero si se pudiera lograrlo, lo habremos desemburgado.
Cuando un hombre sale a la calle un día de lluvia, y descubre que está mejor allí, al aire libre, que encerrado en su estudio. O cuando decide participar de una marcha a favor de la despenalización de la marihuana, en lugar de quedarse en su living fumándola. O cuando saca del ropero la ropa cara, de marca, que alguna vez compró en una tienda bacana pero nunca usó, y decide regalarla al primero que pase por la calle. En todos estos casos, la pereza doméstica se ve sacudida; el ritmo de la vida prolijamente cómoda se trastoca, pero por un rato: la persona se ha desemburgado. Sin embargo, quien se desemburga vuelve de manera inexorable a sus costumbres. Votará, circunstancialmente, por el partido obrero; pero a los pocos días apoyará de nuevo a los conservadores. Tirará las paredes y transformará su departamento en un loft, pero un mes después volverá a levantarlas. Saldrá a cazar jabalíes con cuchillo en invierno, en medio del monte; pero estará a las siete de la tarde frente al televisor, bañadito y con su vaso de whisky, en la seguridad de su casita bien amoblada y calefaccionada.

martes, 5 de junio de 2012

Edímera

(Sustantivo femenino y adjetivo. Del griego a = negación; éidos = forma y hémera = día)

Día sin forma. 

Mientras la hemeromorfia es la estructura que posee un día de la semana (la hemeromorfia del lunes es muy diferente a la del domingo), la edímera es un día que escapa a cualquier estructuración y que transcurre sin que las horas se marquen de un modo contundente y preciso. En las edímeras solemos sentir que estamos en la mañana, cuando ya son las cinco de la tarde. O nos parece que es la hora de acostarse y sin embargo apenas está atardeciendo. Por lo general, nos acompaña todo el día el mismo estado de ánimo: las lagañas, los bostezos y la sensación obnubilada y torpe del ayuno se prolongan hasta el anochecer como si recién nos hubiésemos levantado. El día sin forma tiene sus ejes corridos; la luz del sol (o su ausencia) nos desorienta y los relojes marcan confundidos una hora que no se condice con nuestro somnoliento tiempo interior.

Las edímeras son, casi siempre, necrómeros.

martes, 22 de mayo de 2012

Niteróveco

(Sustantivo y adjetivo. Del latín non = no; iter = por segunda y vicis = vez)

Actividad que sólo es atractiva cuando se realiza por primera vez. 

A veces uno encuentra un programa de televisión que parece maravilloso. Apreciamos la originalidad y la dinámica del programa, y sospechamos que nos convertiremos en fanáticos. Sin embargo, la segunda vez que lo miramos, ya no nos parece tan genial. Descubrimos que las secciones del programa son parte de un formato que se repite en cada emisión, y la originalidad que nos impactó al principio se muestra subordinada a una estructura rígida y torpe. El entusiasmo de la primera vez se desvanece.
Puede ocurrir lo mismo con un libro, un blog, una comida. Existen alimentos que parecen increíbles al primer bocado. Pero al segundo, ya no son tan sabrosos y al tercero terminan volviéndose aborrecibles. Jugar al tenis pareció interesante esa tarde en la que, por casualidad, fuimos a parar a una cancha con dos raquetas y tres amigos. La segunda vez, cuando la salida fue programada, no fue tan divertido y apenas pudimos acertarle a la pelota sin esguinzarnos.  La primera vez que vivimos, la exigua duración de la existencia nos dejó con gusto a poco. Cuando reencarnamos por segunda, tercera y décima vez, nos pareció que la vida era fastidiosa y que ya no merecía tanto la pena.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Subostio

(Sustantivo. Del latín sub- = por debajo y ostium = puerta. Verbo transitivo: subostiar)

Objeto que puede pasar por debajo de una puerta. 

Las facturas de la luz, del cable y el gas; el impuesto municipal, las publicidades de electrodomésticos, el diario y los avisos de telegrama suelen ser subostios. Es común que, con el paso de los días, el pasillo cercano a la puerta de entrada de casa esté repleto de subostios.

Si le pedimos a alguien que pase algo por debajo de la puerta podemos indicarle, de un modo más económico, que subostie ese objeto.

viernes, 3 de febrero de 2012

Vicego

(Sustantivo. Del latín vice = suplente y ego = yo)

Persona que ocupa el lugar de uno mismo en una reunión a la que no se puede asistir. 

¿Usted es el gracioso de los cumpleaños? ¿Justo hoy no puede ir al festejo de la tía Elsa? No se preocupe, si llega a ir el primo segundo, quédese tranquilo. La reunión será tan divertida como si  hubiera estado usted. Es posible que el primo cuente algunos chistes que tenía reservados para la ocasión. ¿Es usted el que discute sobre política? Si no puede asistir al evento, su tío Andrés lo sustituirá. ¿Siempre llora de manera histérica en los casamientos? ¿Y justo hoy no puede ir a la boda de su mejor amiga? Descuide, alguien ejercerá su rol, y los comentarios insidiosos que hubieran sido para usted, ahora los recibirá otra persona que ocupa su lugar. Sus vicegos hacen que su ausencia apenas se note. Podría morir en este preciso instante y sus vicegos mañana llenarán cada lugar social que le pertenecía. Eso, que podría ser motivo de preocupación, en realidad debería aliviarlo: la pesada carga de su ego puede ser llevada fácilmente en los hombros de otras personas.

(Como afirma un comentarista anónimo: no se entiende cuál es la diferencia entre un vicego y un sustituto. En realidad, parece que no la hay. Este término está destinado, entonces, o bien a cambiar de significado, o bien a irse de Exonario)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Horizorexia

(Sustantivo. Del griego horizónta = línea del horizonte y oréxis = apetito, hambre)

Necesidad de un panorama amplio y espacioso donde poder mirar a lo lejos. 

Los habitantes de las grandes urbes suelen quejarse de la desaparición del horizonte por culpa de las construcciones apretadas. Apenas pueden vislumbrar un trozo recortado y aleatorio de cielo, porción que incluso está sujeta a ulteriores y caprichosos cercenamientos. El hombre urbano encuentra su mirada bloqueada por la solidez opaca, ortogonal y superpuesta del paisaje edilicio. Su vista nunca puede perderse a lo lejos: añora convertirse en un erémoro, alguien cuyos ojos jamás se posan en las inmediaciones mundanas. A partir de esa modesta imposibilidad (ver el horizonte a sus anchas), siente que su espíritu está aprisionado y sospecha que le ha sido obturada una posibilidad maravillosa de su propia naturaleza. El horizonte lejano y un paisaje monótono otorgan la sensación de infinitud y magnificencia. La disposición amontonada de paredones y torres, en cambio, despierta una ligera desesperación y un suave estado depresivo.

La horizorexia es pariente de la agororexia (Del griego ágora = espacio abierto) y de la eremorexia (Del griego erémos = desierto). La agororexia es la contrapartida exacta de la agorafobia. En cierto modo, el claustrofóbico es un agororéxico.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Crepundiar

(Verbo intransitivo. Del latín crepundia = sonajero. Adjetivo: crepundioso o crepundoso)

Golpear arrítmicamente con los dedos una superficie sólida. 

Las personas ansiosas crepundian haciendo una "escalerita" sonora con sus dedos sobre el escritorio o la pared, como si estuvieran tocando un piano invisible que sólo hace un único molesto sonido. El crepundiar no tiene una intención semántica; es un efecto de descarga ante la ansiedad de una espera. Si ese mismo sonido se realiza para seguir el ritmo de una canción, ya no es un crepundiar: para que lo sea, es necesario que los golpecitos sean cortados, toscos, penetrantes y persistentes. Quienes escuchan al crepundoso comienzan a tener el mismo estado de crispación que él.
Puede denominarse crepundiar, también, al golpeteo que se hace con un objeto de uso manual, como un bolígrafo o una llave.
Se suele crepundiar cuando se está en una sala de espera durante mucho tiempo: cualquier situación en la que uno debe mantenerse quieto, tranquilo, inerte y sin tomar decisiones es buena para crepundiar.