(Sustantivo y adjetivo. Del griego mónos = uno y xeirós = mano)
Dícese de la actividad que puede realizarse con una sola mano.
Si usted debe encender el horno, ponerse un pulóver, pelar una manzana, conducir un automóvil o escribir en el teclado, debe tener las dos manos libres para utilizarlas en esa actividad. En cambio, para lavarse los dientes, rascarse la cabeza, escribir a mano, comer aceitunas o cerrar una puerta sólo se requiere de una mano. Lo interesante de las actividades monóquiras es que se pueden realizar dos de ellas de manera simultánea.
Existen actividades que podrían clasificarse como monóquiras, pero que en algunos casos resulta difícil ejecutarlas con una sola mano. A veces, abrir una puerta con llave puede demandar un par de maniobras con ambas manos (empujar, tironear). Escribir a mano también: muchas veces la otra mano debe sostener el papel. Por supuesto, tabién están los que fanfarronean de poder realizar con una sola mano (o con ninguna) aquello que debe hacerse con ambas, como andar en bicicleta o tocar el piano.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
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miércoles, 15 de mayo de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
Molirrópiro
(Adjetivo. Del latín mollitus = afeminado y reperire = descubrir, hallar. Sinónimo: putajero o putojero)
Dícese de quien cree tener una capacidad especial para detectar homosexuales.
El molirrópiro suele poner especial atención en los gestos, la vestimenta y las actitudes de las personas. Cree que está siempre en la pista segura para descubrir a un homosexual que trata de ocultarlo. Cuando está escudriñando a un varón, un tono de voz aflautado o un bolso con letras rosas le parecen un dato infalible y determinante. Si su blanco es una mujer, pondrá atención en la longitud del pelo -muy cortito es señal inequívoca de lesbianismo-, o si habla con voz grave. A veces se basa en indicios poco concluyentes y bastante arbitrarios. "Alberto es puto, yo sé lo que te digo", sentencia. "Ayer se abrochó hasta el último botón de la camisa". Adora la expresión "Si no se come la galletita, araña el paquete". Cree que puede desenmascarar la coartada de quien no se anima a salir del ropero, y siente un enorme placer cuando puede relatar a otros su sospecha.
Una vez que el molirrópiro dio su veredicto, ningún argumento puede refutarlo: si Alberto tiene novia, dirá que es una pantalla para no delatarse (y agregará, adicionalmente, que la mujer de Alberto es lesbiana). Si tiene hijos, dirá que no son de él, o que los tuvo sin tener sexo con su esposa (quizás donándole esperma). Si se le conocen decenas de amantes, el molirrópiro aducirá que muchas de ellas son falsas o que son de su mismo sexo. Si se difunde un video en el que él tiene sexo con muchas mujeres, dirá que el video es una exageración propia de quien quiere ocultar su condición de gay.
Es de destacar que para el molirrópiro, casi todas las personas son homosexuales, lo serán en algún momento o estuvieron a punto de serlo.
Dícese de quien cree tener una capacidad especial para detectar homosexuales.
El molirrópiro suele poner especial atención en los gestos, la vestimenta y las actitudes de las personas. Cree que está siempre en la pista segura para descubrir a un homosexual que trata de ocultarlo. Cuando está escudriñando a un varón, un tono de voz aflautado o un bolso con letras rosas le parecen un dato infalible y determinante. Si su blanco es una mujer, pondrá atención en la longitud del pelo -muy cortito es señal inequívoca de lesbianismo-, o si habla con voz grave. A veces se basa en indicios poco concluyentes y bastante arbitrarios. "Alberto es puto, yo sé lo que te digo", sentencia. "Ayer se abrochó hasta el último botón de la camisa". Adora la expresión "Si no se come la galletita, araña el paquete". Cree que puede desenmascarar la coartada de quien no se anima a salir del ropero, y siente un enorme placer cuando puede relatar a otros su sospecha.
Una vez que el molirrópiro dio su veredicto, ningún argumento puede refutarlo: si Alberto tiene novia, dirá que es una pantalla para no delatarse (y agregará, adicionalmente, que la mujer de Alberto es lesbiana). Si tiene hijos, dirá que no son de él, o que los tuvo sin tener sexo con su esposa (quizás donándole esperma). Si se le conocen decenas de amantes, el molirrópiro aducirá que muchas de ellas son falsas o que son de su mismo sexo. Si se difunde un video en el que él tiene sexo con muchas mujeres, dirá que el video es una exageración propia de quien quiere ocultar su condición de gay.
Es de destacar que para el molirrópiro, casi todas las personas son homosexuales, lo serán en algún momento o estuvieron a punto de serlo.
jueves, 10 de enero de 2013
Memar
(Verbo intransitivo. De la letra eme. Sustantivo: memación)
1. Responder anteponiendo la expresión "mmmh" con sentido ligeramente negativo.
Cuando se mema, se está expresando algún tipo de reparo con respecto a lo que se está afirmando. El siguiente diálogo lo ejemplifica:
- ¿Vamos a hacer las compras?
- Mmmmvamos.
El segundo interlocutor responde afirmativamente ("vamos"), pero al anteponer la expresión "mmmm" a la respuesta, está mostrando que no se siente convencido con ella. El "mmmm" funciona como un marcador de demora: el oyente debe entender que quien responde desearía no hacerlo y, en particular, no ahora o no de modo afirmativo. Sin embargo, cuando responde, lo hace de modo afirmativo, contradiciendo la intención inicial expresada en la memación. Esto suele provocar irritación en los interlocutores, quienes a veces exigen una respuesta directa en lugar de ese circunloquio no verbal. "Si no querés acompañarme a hacer las compras, decímelo de frente", es una respuesta posible al "mmmmvamos" del ejemplo.
2. Utilizar la expresión "mmmmh" para expresar una duda o una sospecha sin hacerla explícita.
Si alguien dice "Cómo te gusta defender a los putos... mmmmhh...", está memando para dar a entender que esa defensa esconde intereses inconfesables.
Puede verse que en ambos casos las memaciones son exclusivamente pragmáticas: sus contenidos semánticos son volátiles, y sólo funcionan a partir de supuestos en un contexto enunciativo determinado. Por ello, determinar de manera unívoca el significado de una memación es una tarea que no tiene sentido.
Existe un caso de memación que no se encuadra dentro de las dos definiciones anteriores, y es aquella en la que se mema para llenar vacíos en un discurso oral. En este caso, las memaciones van de la mano con otras expresiones como "esteeemmm" o "eeeeh". "La bolsa... mmmmhh... cerró en... estemmm... en alza... mmmmhhh... pero en general.... eeeehhh... en general viene bajando". En rigor esta memación se encuadra en una definición general de los fenómenos paralingüísticos relacionados con el nerviosismo y la inseguridad en un acto de habla.
1. Responder anteponiendo la expresión "mmmh" con sentido ligeramente negativo.
Cuando se mema, se está expresando algún tipo de reparo con respecto a lo que se está afirmando. El siguiente diálogo lo ejemplifica:
- ¿Vamos a hacer las compras?
- Mmmmvamos.
El segundo interlocutor responde afirmativamente ("vamos"), pero al anteponer la expresión "mmmm" a la respuesta, está mostrando que no se siente convencido con ella. El "mmmm" funciona como un marcador de demora: el oyente debe entender que quien responde desearía no hacerlo y, en particular, no ahora o no de modo afirmativo. Sin embargo, cuando responde, lo hace de modo afirmativo, contradiciendo la intención inicial expresada en la memación. Esto suele provocar irritación en los interlocutores, quienes a veces exigen una respuesta directa en lugar de ese circunloquio no verbal. "Si no querés acompañarme a hacer las compras, decímelo de frente", es una respuesta posible al "mmmmvamos" del ejemplo.
2. Utilizar la expresión "mmmmh" para expresar una duda o una sospecha sin hacerla explícita.
Si alguien dice "Cómo te gusta defender a los putos... mmmmhh...", está memando para dar a entender que esa defensa esconde intereses inconfesables.
Puede verse que en ambos casos las memaciones son exclusivamente pragmáticas: sus contenidos semánticos son volátiles, y sólo funcionan a partir de supuestos en un contexto enunciativo determinado. Por ello, determinar de manera unívoca el significado de una memación es una tarea que no tiene sentido.
Existe un caso de memación que no se encuadra dentro de las dos definiciones anteriores, y es aquella en la que se mema para llenar vacíos en un discurso oral. En este caso, las memaciones van de la mano con otras expresiones como "esteeemmm" o "eeeeh". "La bolsa... mmmmhh... cerró en... estemmm... en alza... mmmmhhh... pero en general.... eeeehhh... en general viene bajando". En rigor esta memación se encuadra en una definición general de los fenómenos paralingüísticos relacionados con el nerviosismo y la inseguridad en un acto de habla.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Moncácora
![]() |
| Sólo en este país puede pasar una cosa así |
Quien siente que ciertos hechos (por lo general negativos) sólo ocurren en su país.
Según la sesgada visión del moncácora, todo lo malo parece haberse confabulado para acontecer en la propia patria. No hay matices: lo que pasa aquí es raro y único en el mundo. Para él, la corrupción de nuestro país no tiene precedentes en ningún otro; los políticos son los peores del mundo; los habitantes proponen, para problemas cotidianos, soluciones insólitas e inviables que asombrarían a un extranjero. Es esencial al moncácora la sensación de vergüenza ante la mirada ajena: ¡Estamos haciendo todo mal, y el mundo nos mira con su dedo acusador! Así como el teleutodoxástico piensa que todo lo que ocurre hoy es más terrible que lo ocurrido ayer, el moncácora piensa que lo que pasa aquí es peor que lo que pasa en otras partes del mundo. No solo es peor, sino que contiene una singularidad sui generis que lo vuelve inclasificable: "En cualquier país del mundo los ladrones van presos. Pero acá entran por una puerta y salen por la otra". "En ningún país del mundo hay tantas mafias como acá. Es más, nuestras mafias fingen que te están ayudando para extorsionarte". "Nooo, en Europa por lo menos venden drogas buenas. En ningún lugar del mundo se les ocurriría vender paco como acá".
Desde luego, el moncácora desconoce supinamente lo que ocurre en otras partes del mundo. Su queja se basa en una intuición rayana con el racismo: cree que sus compatriotas (excepto él, claro) son defectuosos. La moral, el raciocinio, la capacidad de trabajo, el tesón e incluso la fuerza física de sus coterráneos le parecen al moncácora claramente deficientes.
martes, 11 de diciembre de 2012
Morbíprebo
(Adjetivo. Del latín morbus = enfermedad y praebere = presentar, ofrecer)
Dícese de quien exhibe públicamente sus hinchazones, heridas y granos.
Al morbíprebo no le basta con el desagradable relato de sus eczemas corporales. En medio de la cena se levanta la remera y nos muestra los moretones que le quedaron después de algún suceso intrascendente, u ostenta sus alergias mientras señala: "Miren, tengo un sarpullido acá, acá, acá abajo y acá atrás". Es exhaustivo en su exhibición: quiere que veamos hasta el último rincón de su cuerpo atacado por culebrilla. Nunca dejará de decirnos "Mirá", y a veces, en el colmo de la impudicia, nos pedirá que toquemos alguna zona inflamada o con erupciones. "Tocá, tocá cómo tengo la pierna. Dale, tocala", insistirá. Si se ha hecho una operación, o si su herida es realmente importante, el morbíprebo se quitará la venda ante cada invitado a la cena, para mostrar sus puntos de sutura o la extensión de una infección. Siempre acompaña su puesta en escena con el relato detallado e innecesario de su padecimiento epitelial: "Estos granos me salieron ayer a la tarde después de que comí mucha mortadela. La grasa de la mortadela me da granos" Cree que el espectáculo de su carne torturada es algo digno de hacerse público: por eso, a veces, no le alcanza con mostrar sus costras una vez y para todos; él necesita corroborar que todos lo vieron y a causa de ello arrinconará a cada uno de los presentes preguntándole individualmente: "¿Te mostré los lunares peludos que me salieron en el culo?"
Dícese de quien exhibe públicamente sus hinchazones, heridas y granos.
Al morbíprebo no le basta con el desagradable relato de sus eczemas corporales. En medio de la cena se levanta la remera y nos muestra los moretones que le quedaron después de algún suceso intrascendente, u ostenta sus alergias mientras señala: "Miren, tengo un sarpullido acá, acá, acá abajo y acá atrás". Es exhaustivo en su exhibición: quiere que veamos hasta el último rincón de su cuerpo atacado por culebrilla. Nunca dejará de decirnos "Mirá", y a veces, en el colmo de la impudicia, nos pedirá que toquemos alguna zona inflamada o con erupciones. "Tocá, tocá cómo tengo la pierna. Dale, tocala", insistirá. Si se ha hecho una operación, o si su herida es realmente importante, el morbíprebo se quitará la venda ante cada invitado a la cena, para mostrar sus puntos de sutura o la extensión de una infección. Siempre acompaña su puesta en escena con el relato detallado e innecesario de su padecimiento epitelial: "Estos granos me salieron ayer a la tarde después de que comí mucha mortadela. La grasa de la mortadela me da granos" Cree que el espectáculo de su carne torturada es algo digno de hacerse público: por eso, a veces, no le alcanza con mostrar sus costras una vez y para todos; él necesita corroborar que todos lo vieron y a causa de ello arrinconará a cada uno de los presentes preguntándole individualmente: "¿Te mostré los lunares peludos que me salieron en el culo?"
miércoles, 10 de octubre de 2012
Mecánimo
(Sustantivo. Del latín mechanicus = mecánico y animus = movimiento / anima = alma)
Mecanismo que se pone en funcionamiento de manera arbitraria y sin razón aparente.
Los mecánimos más conocidos son las alarmas de viviendas y automóviles. A veces, aunque no hubiera un detonante, las sirenas y bocinas se disparan como enloquecidas y ensordecen a todo el barrio. Las causas de esa repentina y exagerada reacción mecánica serán para siempre un enigma: no se forzaron las puertas ni las ventanas; no hubo viento y no había nadie cerca; como si el rudimentario sistema antirrobos pudiera decidir por sí mismo cuándo activarse.
Otro ejemplo del mismo tenor está dado por los teléfonos celulares: algunas veces los teléfonos, por sí solos, hacen llamadas sin que su dueño haya marcado el número. Un caso similar ocurre cuando, a veces, los timbres se activan sin que nadie los haya tocado.
En el caso de una alarma, un timbre o un teléfono, podemos sospechar que hay algún tipo de mal funcionamiento, y en rigor no se trataría de un auténtico mecánimo: para asignarle este nombre, el mecanismo debe iniciar su rutina de manera asombrosamente autónoma. En esos casos, un mecánimo puede ser un televisor que se enciende aun sin conexión eléctrica; la pava que se calienta sin que la hornalla esté encendida o el botón de descarga del inodoro que se activa estrepitosamente sin que nadie lo accione. Dada la aparente imposibilidad de su puesta en marcha autónoma, los mecánimos se comportan como si, efectivamente, tuvieran un alma interior.
Mecanismo que se pone en funcionamiento de manera arbitraria y sin razón aparente.
Los mecánimos más conocidos son las alarmas de viviendas y automóviles. A veces, aunque no hubiera un detonante, las sirenas y bocinas se disparan como enloquecidas y ensordecen a todo el barrio. Las causas de esa repentina y exagerada reacción mecánica serán para siempre un enigma: no se forzaron las puertas ni las ventanas; no hubo viento y no había nadie cerca; como si el rudimentario sistema antirrobos pudiera decidir por sí mismo cuándo activarse.
Otro ejemplo del mismo tenor está dado por los teléfonos celulares: algunas veces los teléfonos, por sí solos, hacen llamadas sin que su dueño haya marcado el número. Un caso similar ocurre cuando, a veces, los timbres se activan sin que nadie los haya tocado.
En el caso de una alarma, un timbre o un teléfono, podemos sospechar que hay algún tipo de mal funcionamiento, y en rigor no se trataría de un auténtico mecánimo: para asignarle este nombre, el mecanismo debe iniciar su rutina de manera asombrosamente autónoma. En esos casos, un mecánimo puede ser un televisor que se enciende aun sin conexión eléctrica; la pava que se calienta sin que la hornalla esté encendida o el botón de descarga del inodoro que se activa estrepitosamente sin que nadie lo accione. Dada la aparente imposibilidad de su puesta en marcha autónoma, los mecánimos se comportan como si, efectivamente, tuvieran un alma interior.
martes, 9 de octubre de 2012
Misórgalo
(Sustantivo. Del griego miséo = odiar y orgaléio = instrumento, herramienta)
Objeto o utensilio que nadie desea utilizar.
¿Tiene usted en su casa un tenedor, un plato, un cuchillo o una cuchara con el que preferiría no comer? ¿Siempre pone los vasos altos y deja de lado el redondeado, aun cuando hay mucho comensales y los vasos altos no alcancen para todos? ¿Hay un bolígrafo en el lapicero con el que nadie escribe? ¿No se seca con la toalla azul floreada? Si esta costumbre trascendiera a la mera manía personal y si cada uno de los habitantes de una casa elige no utilizar esos utensilios, estamos hablando de que esos utensilios son misórgalos: por alguna razón nadie los quiere usar. Ahora bien, ¿por qué razón?
A veces los misórgalos tienen origen dudoso, o pertenecen a una generación anterior y ligeramente oscura, o simplemente son objetos que ya no hacen juego con la mayoría de los que tenemos. En los cajones de los cubiertos conviven todas las cucharitas: las de gamuza que nos regaló la tía cuando nos casamos, las de mango de madera que compramos hace poco en el bazar, y luego un surtido heterogéneo de cucharas singulares, levemente deformes, curtidas, rotosas y de incierta procedencia. A veces no queremos usar el misórgalo porque lo asociamos a algo repulsivo: el abuelo cazaba ratas para comerlas, y las cortaba con un cuchillo de mango rojo, idéntico al que tenemos en el fondo del cajón. Aun cuando el cuchillo no fuera exactamente el mismo que usaba el abuelo -en realidad no lo sabemos-, la sola visión de ese único cuchillo de mango rojo nos provoca rechazo y por eso lo dejamos de lado. A veces, claro, nosotros mismos hemos cometido un secreto pecado y ya nos espanta utilizar una vez más los instrumentos con que llevamos a cabo ese acto inconfesable: quizás usted ya no desee tomar agua en el viejo vaso de cristal biselado, después de que lo usó para envenenar a su cónyuge con jugo de naranjas y estricnina.
Objeto o utensilio que nadie desea utilizar.
¿Tiene usted en su casa un tenedor, un plato, un cuchillo o una cuchara con el que preferiría no comer? ¿Siempre pone los vasos altos y deja de lado el redondeado, aun cuando hay mucho comensales y los vasos altos no alcancen para todos? ¿Hay un bolígrafo en el lapicero con el que nadie escribe? ¿No se seca con la toalla azul floreada? Si esta costumbre trascendiera a la mera manía personal y si cada uno de los habitantes de una casa elige no utilizar esos utensilios, estamos hablando de que esos utensilios son misórgalos: por alguna razón nadie los quiere usar. Ahora bien, ¿por qué razón?
A veces los misórgalos tienen origen dudoso, o pertenecen a una generación anterior y ligeramente oscura, o simplemente son objetos que ya no hacen juego con la mayoría de los que tenemos. En los cajones de los cubiertos conviven todas las cucharitas: las de gamuza que nos regaló la tía cuando nos casamos, las de mango de madera que compramos hace poco en el bazar, y luego un surtido heterogéneo de cucharas singulares, levemente deformes, curtidas, rotosas y de incierta procedencia. A veces no queremos usar el misórgalo porque lo asociamos a algo repulsivo: el abuelo cazaba ratas para comerlas, y las cortaba con un cuchillo de mango rojo, idéntico al que tenemos en el fondo del cajón. Aun cuando el cuchillo no fuera exactamente el mismo que usaba el abuelo -en realidad no lo sabemos-, la sola visión de ese único cuchillo de mango rojo nos provoca rechazo y por eso lo dejamos de lado. A veces, claro, nosotros mismos hemos cometido un secreto pecado y ya nos espanta utilizar una vez más los instrumentos con que llevamos a cabo ese acto inconfesable: quizás usted ya no desee tomar agua en el viejo vaso de cristal biselado, después de que lo usó para envenenar a su cónyuge con jugo de naranjas y estricnina.
lunes, 23 de julio de 2012
Melobio
(Sustantivo. Del griego mélos = melodía y bios = vida)
Ser cuyo ecosistema vital es la música.
El melobio es un hipotético ser inmaterial que vive entre notas musicales. Su tiempo de vida está confinado a la duración de los sonidos. Cuando hay silencio, el melobio se queda sin su entorno vital y muere como una persona sin oxígeno. Cuando la música se prolonga durante horas, pueden surgir muchos melobios en una misma sesión.
Aunque por sus características inmateriales el melobio es indetectable para la mayoría de las personas, existen profesionales con un oído especialmente entrenado que pueden dar cuenta de su presencia. Según estos profesionales, el melobio canta de manera sutil junto a la música. A veces marca el ritmo; a veces sigue la melodía. A veces recita en voz baja una letanía en un idioma desconocido. A veces insulta y amenaza a los músicos por la calidad del ecosistema que le han creado.
Cada tipo de composición musical crea entornos para melobios de características diferentes. La música de Bach permite la aparición de melobios taciturnos, oscuros y propensos a la poesía existencialista. La música de Rafaella Carrá genera un melobio verborrágico que parlotea con agitación, voz chillona y casi sin pausa.
miércoles, 18 de julio de 2012
Mirióbolos
(Sustantivo. Del grigeo mýrias = diez mil y bállo = arrojar)
Cada una de las innumerables piezas que quedan desperdigadas en el piso cuando se vuelca un receptáculo o una caja.
Los miróbolos siguen apareciendo muchos días después de que un recipiente se haya caído: bolitas, piezas de rompecabezas, alfileres, tachuelas. No importa cuán exhaustiva haya sido nuestra recolección posterior a la caída: seguiremos encontrando mirióbolos durante semanas y meses; incluso en lugares alejados y recónditos.
jueves, 7 de junio de 2012
Malaconchado
(Adjetivo. De mal y aconchado. Puede usarse también malconchado)
1. Dícese de la persona que mantiene relaciones con una mujer que no le conviene. "Javier se casó con la Peluda. Esa mina no era para él; quedó malaconchado"
2. Dícese de la persona que no puede encontrar satisfacción sexual con su pareja femenina. "Carola no quiere tener sexo con Raúl, su marido. Por eso él anda cabareteando, porque está malaconchado"
3. Como verbo (malaconcharse), se utiliza para referirse a la acción de enamorarse o al intento de cortejo de una mujer indiferente, caprichosa, frívola y / o malvada. "No te malaconches con Carina; es lo peor que puede pasarte"
1. Dícese de la persona que mantiene relaciones con una mujer que no le conviene. "Javier se casó con la Peluda. Esa mina no era para él; quedó malaconchado"
2. Dícese de la persona que no puede encontrar satisfacción sexual con su pareja femenina. "Carola no quiere tener sexo con Raúl, su marido. Por eso él anda cabareteando, porque está malaconchado"
3. Como verbo (malaconcharse), se utiliza para referirse a la acción de enamorarse o al intento de cortejo de una mujer indiferente, caprichosa, frívola y / o malvada. "No te malaconches con Carina; es lo peor que puede pasarte"
martes, 17 de abril de 2012
Matemaquia
(Sustantivo. Del griego mathéin = aprender y máche = batalla)
1. Arte de desbaratar una clase con preguntas, acotaciones y cuestionamientos ridículos, impertinentes, inatinentes, enojosos y mal formulados.
Quien lleva adelante la matemaquia es el matémaco. En cada aula suele haber un alumno matémaco que se empeña en violentar los acuerdos tácitos entre el rol del docente y el del estudiante. A veces hay una matemaquia deliberada; en otros casos, la actitud es puramente accidental: el matémaco interpela al docente con sinceridad, pero lo hace de un modo poco fructífero para el desarrollo de la clase e incluso para él mismo. "Hoy vamos a estudiar la acotación del error relativo en ecuaciones no lineales", dice el profesor. "¿Eso tiene algo que ver con las ruedas de los carros para caballos?", pregunta el alumno matémaco. Todavía, con esa sola pregunta, no se evidencia la matemaquia (aunque ya se ve venir): para que haya una auténtica matemaquia, se requiere que el alumno insista con su batería de intervenciones durante toda una clase, o durante todo un año: "¿Y las ruedas de los carros de caballo cumplen con los requisitos de otro tipo de ecuaciones?"; "¿Las ecuaciones no lineales tienen algo que ver con la línea de córner del fútbol?"; "Mi papá dice que las ecuaciones no sirven para nada. ¿Usted que opina?"; "¿Cree que Pitágoras inventó las ecuaciones no lineales?"; "¿Era puto Pitágoras? Porque yo escuché una historia que contó una maestra que tenía en quinto grado, y decía que...". "Yo le voy a recitar un poema que una vez leí sobre las ecuaciones. Era algo así: 'Ecuaciones, canciones, las alabo...' No, no me acuerdo. A ver, era 'Ecuaciones...'. No. Ah, no, no era sobre ecuaciones. Era sobre canciones. ¿A usted le gusta escuchar canciones?"
2. Doctrina o doctrinas que niegan la efectividad del saber aprendido e inculcado a través de la ciencia y la formación académica.
Aunque la definición hace referencia a un fenómeno muy amplio, en realidad se puede circunscribir a cuestiones concretas y puntuales. Quienes niegan la efectividad de las vacunas y realizan campañas antivacunatorias, son matémacos. Quienes están en contra de la teoría de evolución de las especies y luchan para quitarla de los programas de enseñanza, son matémacos. Lo mismo ocurriría con quienes negasen cualquier otro resultado científico bien establecido y, a su vez, hicieran una campaña para descalificar la enseñanza de esos saberes. Una palabra muy cercana a esta es 'oscurantismo', aunque hay una diferencia en el significado. Para el oscurantista, existen conocimientos ciertos, pero esos conocimientos deben mantenerse en secreto. Para el matémaco, en cambio, no hay auténtico conocimiento sino un error enorme o una conspiración. Según el matémaco, la escuela y la universidad sólo se dedican a difundir falacias, y cada resultado científico no sólo debe ser examinado, sino incluso descartado de raíz.
1. Arte de desbaratar una clase con preguntas, acotaciones y cuestionamientos ridículos, impertinentes, inatinentes, enojosos y mal formulados.
Quien lleva adelante la matemaquia es el matémaco. En cada aula suele haber un alumno matémaco que se empeña en violentar los acuerdos tácitos entre el rol del docente y el del estudiante. A veces hay una matemaquia deliberada; en otros casos, la actitud es puramente accidental: el matémaco interpela al docente con sinceridad, pero lo hace de un modo poco fructífero para el desarrollo de la clase e incluso para él mismo. "Hoy vamos a estudiar la acotación del error relativo en ecuaciones no lineales", dice el profesor. "¿Eso tiene algo que ver con las ruedas de los carros para caballos?", pregunta el alumno matémaco. Todavía, con esa sola pregunta, no se evidencia la matemaquia (aunque ya se ve venir): para que haya una auténtica matemaquia, se requiere que el alumno insista con su batería de intervenciones durante toda una clase, o durante todo un año: "¿Y las ruedas de los carros de caballo cumplen con los requisitos de otro tipo de ecuaciones?"; "¿Las ecuaciones no lineales tienen algo que ver con la línea de córner del fútbol?"; "Mi papá dice que las ecuaciones no sirven para nada. ¿Usted que opina?"; "¿Cree que Pitágoras inventó las ecuaciones no lineales?"; "¿Era puto Pitágoras? Porque yo escuché una historia que contó una maestra que tenía en quinto grado, y decía que...". "Yo le voy a recitar un poema que una vez leí sobre las ecuaciones. Era algo así: 'Ecuaciones, canciones, las alabo...' No, no me acuerdo. A ver, era 'Ecuaciones...'. No. Ah, no, no era sobre ecuaciones. Era sobre canciones. ¿A usted le gusta escuchar canciones?"
2. Doctrina o doctrinas que niegan la efectividad del saber aprendido e inculcado a través de la ciencia y la formación académica.
Aunque la definición hace referencia a un fenómeno muy amplio, en realidad se puede circunscribir a cuestiones concretas y puntuales. Quienes niegan la efectividad de las vacunas y realizan campañas antivacunatorias, son matémacos. Quienes están en contra de la teoría de evolución de las especies y luchan para quitarla de los programas de enseñanza, son matémacos. Lo mismo ocurriría con quienes negasen cualquier otro resultado científico bien establecido y, a su vez, hicieran una campaña para descalificar la enseñanza de esos saberes. Una palabra muy cercana a esta es 'oscurantismo', aunque hay una diferencia en el significado. Para el oscurantista, existen conocimientos ciertos, pero esos conocimientos deben mantenerse en secreto. Para el matémaco, en cambio, no hay auténtico conocimiento sino un error enorme o una conspiración. Según el matémaco, la escuela y la universidad sólo se dedican a difundir falacias, y cada resultado científico no sólo debe ser examinado, sino incluso descartado de raíz.
martes, 13 de diciembre de 2011
Mentener
(Verbo. Del latín mens = mente y tenere = sostener. Literalmente, "sostener con la mente")
Pensar en determinadas cosas para mantenerlas vivas.
A veces deseamos recordar las reglas de un juego, los pasos para armar un mueble, los números de la clave para instalar un programa o las palabras de un maravilloso poema. Si queremos mantener frescos esos recuerdos debemos hacer un esfuerzo consciente por pensarlos y repasarlos. La propia frecuentación de los recuerdos le otorga fuerza y vivacidad a su contenido.
A veces deseamos que los muertos queridos estén con nosotros. Recordar con precisión sus gestos, sus palabras, el timbre de su voz y el olor de la ropa es una modestísima forma de mantenerlos vivos.
Pensar en determinadas cosas para mantenerlas vivas.
A veces deseamos recordar las reglas de un juego, los pasos para armar un mueble, los números de la clave para instalar un programa o las palabras de un maravilloso poema. Si queremos mantener frescos esos recuerdos debemos hacer un esfuerzo consciente por pensarlos y repasarlos. La propia frecuentación de los recuerdos le otorga fuerza y vivacidad a su contenido.
A veces deseamos que los muertos queridos estén con nosotros. Recordar con precisión sus gestos, sus palabras, el timbre de su voz y el olor de la ropa es una modestísima forma de mantenerlos vivos.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Mecanocosmia
(Sustantivo. Del griego eu = bueno; mechané = máquina y cósmos = orden. También puede usarse: eumecanocosmia. Adjetivo: mecanocósmico)
Sensación agradable que produce observar a una máquina funcionando correctamente.
Un automóvil que se desplaza en silencio, sin chirridos ni frenazos bruscos; los engranajes de un reloj vistos al desnudo, cuyas ruedas, áncoras y resortes se mueven de manera cadenciosa y en equilibrio; un secarropas que gira sin desbalancearse ni golpetear. Da placer observar esos procesos puramente mecánicos que se desarrollan en armonía, de forma ordenada, sin quejas, rechinares o resistencias. La mayoría de los artefactos nuevos son mecanocósmicos. A medida que el objeto va envejeciendo, puede pasar por diversos anastolpios hasta volverse ergonófago; puede sufrir mecanomas y prodiasteria, hasta convertirse en un mecanismo coprokinético y volverse, finalmente, un ronodetro.
Sensación agradable que produce observar a una máquina funcionando correctamente.
Un automóvil que se desplaza en silencio, sin chirridos ni frenazos bruscos; los engranajes de un reloj vistos al desnudo, cuyas ruedas, áncoras y resortes se mueven de manera cadenciosa y en equilibrio; un secarropas que gira sin desbalancearse ni golpetear. Da placer observar esos procesos puramente mecánicos que se desarrollan en armonía, de forma ordenada, sin quejas, rechinares o resistencias. La mayoría de los artefactos nuevos son mecanocósmicos. A medida que el objeto va envejeciendo, puede pasar por diversos anastolpios hasta volverse ergonófago; puede sufrir mecanomas y prodiasteria, hasta convertirse en un mecanismo coprokinético y volverse, finalmente, un ronodetro.
viernes, 7 de octubre de 2011
Maleplácito
(Sustantivo. Del latín male = mal y placitus = deseado, querido)
Si el beneplácito es, según la real academia, una aprobación o permiso, el maleplácito habrá de ser lo contrario. Sin embargo, existe una interpretación menos literal de este término.
El maleplácito es una concesión que se realiza con mala intención o en los límites de lo deseado.
Un miembro de jurado que firma la aprobación de un examen aunque no está convencido de las aptitudes del examinado, se puede decir que ha firmado con maleplácito. Literalmente, no ha "deseado mal" a su examinado, pero íntimamente no puede dar fe de aquello que aprueba en los papeles. Su firma no avala su verdadera voluntad. Esta disparidad entre el juicio y la acción efectiva es el maleplácito.
Lo mismo ocurriría con alguien que se casara sin desearlo o, incluso, con la firme voluntad de perjudicar a su pareja.
Hay una diferencia entre el maleplácito y la disconformidad. Es costumbre que, en algunos casos, quien firma agregue explícitamente la cláusula "firmo en disconformidad". Quien realiza un maleplácito nunca desea explicitar su disconformidad, y en el fondo no puede decirse que esté disconforme porque su aval implica necesariamente una conformidad. Este caso, maleplácito es sinónimo de "de mala gana". En cambio, si tomamos la acepción según la cual la concesión se realiza sólo para perjudicar a quien se le otorga tal concesión, ahí no hay disconformidad sino mala intención.
Si el beneplácito es, según la real academia, una aprobación o permiso, el maleplácito habrá de ser lo contrario. Sin embargo, existe una interpretación menos literal de este término.
El maleplácito es una concesión que se realiza con mala intención o en los límites de lo deseado.
Un miembro de jurado que firma la aprobación de un examen aunque no está convencido de las aptitudes del examinado, se puede decir que ha firmado con maleplácito. Literalmente, no ha "deseado mal" a su examinado, pero íntimamente no puede dar fe de aquello que aprueba en los papeles. Su firma no avala su verdadera voluntad. Esta disparidad entre el juicio y la acción efectiva es el maleplácito.
Lo mismo ocurriría con alguien que se casara sin desearlo o, incluso, con la firme voluntad de perjudicar a su pareja.
Hay una diferencia entre el maleplácito y la disconformidad. Es costumbre que, en algunos casos, quien firma agregue explícitamente la cláusula "firmo en disconformidad". Quien realiza un maleplácito nunca desea explicitar su disconformidad, y en el fondo no puede decirse que esté disconforme porque su aval implica necesariamente una conformidad. Este caso, maleplácito es sinónimo de "de mala gana". En cambio, si tomamos la acepción según la cual la concesión se realiza sólo para perjudicar a quien se le otorga tal concesión, ahí no hay disconformidad sino mala intención.
martes, 4 de octubre de 2011
Misonusergia
(Sustantivo. Del griego misos = odio, nous = mente y ergon = trabajo. Adjetivo: misonusérgico)
Desprecio por el trabajo intelectual.
Quienes se dedican a tareas que implican lectura de libros, redacción de textos, investigación científica, creación artística y docencia se enfrentan muchas veces con el juicio de los otros, para quienes esas actividades no significan un trabajo. "No vayas a la escuela hoy, parece que hay picos y palas. No sea cosa que te pongan a trabajar", dice un cínico misonusérgico. Según su hipótesis, si no se puede visualizar un producto material, sólido, inmediato y ostensible, no se estuvo trabajando. Horas de escritura frente a una computadora son un simple pasatiempo; no se puede comparar con la labor de un cocinero o un albañil: un plato de comida o una pared califican mejor como productos del esfuerzo laboral que el ordenamiento de unos pocos bits en un software, o la dudosa adquisición de conocimiento mediante un libro. "¿Estás cansado? ¿De qué? Si te pasaste el día frente a la computadora. ¡En cambio yo, trabajé todo el día embotellando soda en la distribuidora!", se queja un misonusérgico, creyendo que nadie puede cansarse por estar pensando o tipiando durante horas. Es famosa la misonusergia de un ministro de economía quien, ante el reclamo salarial de los científicos de su país, respondió: "vayan a lavar los platos", dando a entender que las tareas domésticas son un trabajo mucho más legítimo y meritorio que la investigación.
No debe confundirse la misonusergia con la crítica a la impostura intelectual. Existen muchos esnobs intelectuales, que fingen apego a ciertas actividades intelectuales con el solo propósito de escapar de tareas más comprometidas, o simplemente para impostar interés por el arte y la ciencia. Por culpa de ellos a veces el trabajo intelectual tiene muy mala fama. Es muy difícil trazar la línea entre quienes realizan un trabajo intelectual auténtico y quienes lo hacen sólo por esnobismo.
Sin embargo no es necesario el esnobismo para desatar la misonusergia. Hay personas que se de dedican a investigar la aparición del término "ananke" en la poesía ditirámbica griega durante el siglo VI antes de Cristo o el cambio de pensamiento de Wittgenstein entre los años 1929 - 1936 en lo que respecta a la configuración lógica del mundo, o la tristeza que sintió el dios Urano al descubrir que uno de sus hijos lo iba a destronar. Quienes escuchan estas investigaciones pueden preguntarse: "¿Y para qué demonios sirve estudiar eso?". Es verdad que un trabajo intelectual demasiado puntual, específico y cuyo objeto es una palabra antigua, un proceso mental de alguien que murió hace décadas o las emociones de un dios de un panteón mitológico parecen absurdas y poco auténticas comparadas con otras investigaciones más abarcativas y de mayor significación social. Pero eso no las convierte en ilegítimas si se las practica con seriedad y entusiasmo.
Desprecio por el trabajo intelectual.
Quienes se dedican a tareas que implican lectura de libros, redacción de textos, investigación científica, creación artística y docencia se enfrentan muchas veces con el juicio de los otros, para quienes esas actividades no significan un trabajo. "No vayas a la escuela hoy, parece que hay picos y palas. No sea cosa que te pongan a trabajar", dice un cínico misonusérgico. Según su hipótesis, si no se puede visualizar un producto material, sólido, inmediato y ostensible, no se estuvo trabajando. Horas de escritura frente a una computadora son un simple pasatiempo; no se puede comparar con la labor de un cocinero o un albañil: un plato de comida o una pared califican mejor como productos del esfuerzo laboral que el ordenamiento de unos pocos bits en un software, o la dudosa adquisición de conocimiento mediante un libro. "¿Estás cansado? ¿De qué? Si te pasaste el día frente a la computadora. ¡En cambio yo, trabajé todo el día embotellando soda en la distribuidora!", se queja un misonusérgico, creyendo que nadie puede cansarse por estar pensando o tipiando durante horas. Es famosa la misonusergia de un ministro de economía quien, ante el reclamo salarial de los científicos de su país, respondió: "vayan a lavar los platos", dando a entender que las tareas domésticas son un trabajo mucho más legítimo y meritorio que la investigación.
No debe confundirse la misonusergia con la crítica a la impostura intelectual. Existen muchos esnobs intelectuales, que fingen apego a ciertas actividades intelectuales con el solo propósito de escapar de tareas más comprometidas, o simplemente para impostar interés por el arte y la ciencia. Por culpa de ellos a veces el trabajo intelectual tiene muy mala fama. Es muy difícil trazar la línea entre quienes realizan un trabajo intelectual auténtico y quienes lo hacen sólo por esnobismo.
Sin embargo no es necesario el esnobismo para desatar la misonusergia. Hay personas que se de dedican a investigar la aparición del término "ananke" en la poesía ditirámbica griega durante el siglo VI antes de Cristo o el cambio de pensamiento de Wittgenstein entre los años 1929 - 1936 en lo que respecta a la configuración lógica del mundo, o la tristeza que sintió el dios Urano al descubrir que uno de sus hijos lo iba a destronar. Quienes escuchan estas investigaciones pueden preguntarse: "¿Y para qué demonios sirve estudiar eso?". Es verdad que un trabajo intelectual demasiado puntual, específico y cuyo objeto es una palabra antigua, un proceso mental de alguien que murió hace décadas o las emociones de un dios de un panteón mitológico parecen absurdas y poco auténticas comparadas con otras investigaciones más abarcativas y de mayor significación social. Pero eso no las convierte en ilegítimas si se las practica con seriedad y entusiasmo.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Merogenar
(Verbo intransitivo. Del griego méras = parte y gené = nacimiento. Sustantivo: merogenia. Adjetivos: merógeno, merogénico)
Nacer por partes.
Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado".
El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.
No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.
Nacer por partes.
Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado".
El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.
No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.
martes, 28 de junio de 2011
Metastroma
(Del griego metá = más allá y stróma = tapiz. "Estroma" es un término de biología y nombra al entramado celular de un órgano. Sinónimos: endometastroma, kinestroma, endokinestroma)
Traslación de un órgano (o de un grupo de órganos) de una parte del cuerpo hacia otra.
Si existiera una persona cuyas vísceras cambiaran de lugar; si su corazón se mudara de izquierda a derecha, o del pecho hacia el abdomen; si su estómago se moviera hacia el cráneo y el cerebro hacia los intestinos, o incluso si las órbitas de sus ojos, nariz y boca se movieran de sus espacios relativos y aparecieran en otras partes del cuerpo, estaríamos ante casos cabales de metastromas.
Traslación de un órgano (o de un grupo de órganos) de una parte del cuerpo hacia otra.
Si existiera una persona cuyas vísceras cambiaran de lugar; si su corazón se mudara de izquierda a derecha, o del pecho hacia el abdomen; si su estómago se moviera hacia el cráneo y el cerebro hacia los intestinos, o incluso si las órbitas de sus ojos, nariz y boca se movieran de sus espacios relativos y aparecieran en otras partes del cuerpo, estaríamos ante casos cabales de metastromas.
martes, 7 de junio de 2011
Mimoteo
(Adjetivo y sustantivo. Del griego mímesis = imitación, copia y theós = dios)
1. Ser que copia los atributos de su creador para hacerse pasar por él.
2. Persona que imita en tono paródico las costumbres de los dioses.
En cualquiera de las dos acepciones anteriores, el mimoteo es blasfemo. Sin embargo, hay una tercera acepción en la que, si bien la acción del mimoteo no repugna a los dioses, sí repugna a los hombres:
3. Persona que se autoatribuye el conocimiento de la psicología divina.
Según esta acepción, el mimoteo se encarga de hacer recomendaciones a sus congéneres, advirtiéndoles acerca de qué cosas le gustan o le disgustan al dios, como si a él se le revelara la voluntad divina aun ante los hechos más banales: "A Dios no le gusta que te pongas el pantalón fucsia"; "Si la estatua de la virgen está junto a la puerta del congreso, es porque la misma virgen quiso estar ahí para señalarnos que ella es nuestra guía espiritual"; "Dios quiso que este pueblo fuese católico apostólico romano, y no podemos ir contra sus designios"; "No soy yo quien te pide que seas heterosexual, te lo pide Dios. Porque si sos gay Dios se pone triste y seguro que nos manda una plaga" "No maldigas, es el amor infinito de Dios el que te hizo crecer ese incurable tumor maligno en el estómago"
(Nota: esta palabra la inventó Isabella, mi hija de dos años y medio. La palabra original era "memotest", pero como a ella no le salía, decía "mimoteo")
1. Ser que copia los atributos de su creador para hacerse pasar por él.
2. Persona que imita en tono paródico las costumbres de los dioses.
En cualquiera de las dos acepciones anteriores, el mimoteo es blasfemo. Sin embargo, hay una tercera acepción en la que, si bien la acción del mimoteo no repugna a los dioses, sí repugna a los hombres:
3. Persona que se autoatribuye el conocimiento de la psicología divina.
Según esta acepción, el mimoteo se encarga de hacer recomendaciones a sus congéneres, advirtiéndoles acerca de qué cosas le gustan o le disgustan al dios, como si a él se le revelara la voluntad divina aun ante los hechos más banales: "A Dios no le gusta que te pongas el pantalón fucsia"; "Si la estatua de la virgen está junto a la puerta del congreso, es porque la misma virgen quiso estar ahí para señalarnos que ella es nuestra guía espiritual"; "Dios quiso que este pueblo fuese católico apostólico romano, y no podemos ir contra sus designios"; "No soy yo quien te pide que seas heterosexual, te lo pide Dios. Porque si sos gay Dios se pone triste y seguro que nos manda una plaga" "No maldigas, es el amor infinito de Dios el que te hizo crecer ese incurable tumor maligno en el estómago"
(Nota: esta palabra la inventó Isabella, mi hija de dos años y medio. La palabra original era "memotest", pero como a ella no le salía, decía "mimoteo")
miércoles, 18 de mayo de 2011
Monosiamés
(Sustantivo. De monos = uno y siamés = gemelo unido por alguna parte del cuerpo)
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
miércoles, 27 de abril de 2011
Morjocar
(Verbo. Del latín mors = muerte y iocus = broma)
Hablar del acto de morirse como de algo humillante y gracioso.
Se morjoca, por lo general, refiriéndose personas con las que uno no se lleva bien. Cuando muere un conocido muy querido, tratamos de evitar las referencias al proceso de agonía y al momento la muerte. Sin embargo, si hablamos de una persona a la que despreciamos, podemos utilizar frases como "espichó", "palmó", "salió con los pies para adelante" o "está contando las flores desde abajo". En contextos más retorcidos, se pueden inventar frases casi sin sentido con el solo propósito de hacer de la muerte un acto humillante: "Fumó tanto monóxido de carbono que se quedó tieso"; "Le acomodaron el marulo con un martillazo y lo llevaron al cajón" o "Le explotó la chimba y chufló"
Hablar del acto de morirse como de algo humillante y gracioso.
Se morjoca, por lo general, refiriéndose personas con las que uno no se lleva bien. Cuando muere un conocido muy querido, tratamos de evitar las referencias al proceso de agonía y al momento la muerte. Sin embargo, si hablamos de una persona a la que despreciamos, podemos utilizar frases como "espichó", "palmó", "salió con los pies para adelante" o "está contando las flores desde abajo". En contextos más retorcidos, se pueden inventar frases casi sin sentido con el solo propósito de hacer de la muerte un acto humillante: "Fumó tanto monóxido de carbono que se quedó tieso"; "Le acomodaron el marulo con un martillazo y lo llevaron al cajón" o "Le explotó la chimba y chufló"
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