Mostrando entradas con la etiqueta Procesos Mentales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Procesos Mentales. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de mayo de 2013

Teoastenia

(Sustantivo. Del griego theós = divino; a = negación y stenós = fuerza. Adjetivo: teoasténico)

Débil, ambigua y vacilante creencia en un dios.

El teoasténico no se declara ateo: mas bien insiste en que mantiene una fe religiosa, aunque no se siente a gusto con ella. No quiere que lo llamen ateo o agnóstico, pero tampoco acepta abiertamente el dogma religioso. Si en algún momento tuvo una creencia firme y plena, con el correr de los años ha ido dejando en suspenso cada una de las proposiciones en las que creía. Ya no cree abiertamente en la bondad divina, en la omnisciencia, en la justicia y en los milagros. Sin embargo, se resiste a despegarse de esas creencias como si todavía les tuviese cierto cariño, aunque ya no forman parte de su caudal de opiniones declaradas.
El teoasténico es un creyente cuya fe ha sido herida por la duda y el razonamiento, pero todavía tiene la esperanza de que esa herida pueda sanar. Solo es cuestión de tiempo para que esa esperanza se transforme en una nueva herida. En ese caso pueden ocurrir dos cosas: o bien el teoasténico abandona para siempre sus dogmas, con ruido, enojo y militancia antirreligiosa; o bien se convierte de lleno a alguna fe, se encierra en un credo hermético e intransigente, y se vuelve impermeable a todo tipo de dudas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Esconognosia

(Sustantivo. Del griego skoné = polvo y gnósis = conocimiento)

Conocimiento detallado y profundo de algo que ha quedado obsoleto o anacrónico.

Un profesor de estenografía puede recordar con precisión los estenogramas, sus combinaciones y sus significados, aunque ya jamás vuelva a tener sentido aplicarlos, enseñarlos o tan siquiera pensar en ellos. El disc jockey tal vez conozca de memoria en qué disco de vinilo esté cada canción, aunque ahora puede encontrar las canciones mediante una búsqueda en su computadora. El reciente viudo recordará durante mucho tiempo las dosis, las marcas y los componentes genéricos de los medicamentos que tomaba su ahora difunda esposa. Nuestra vida es una ingente colección de pormenores que en algún momento se volverán inútiles para siempre, y a medida que envejecemos casi todo lo que pasa por nuestra cabeza es esconognosia. 




miércoles, 20 de marzo de 2013

Egodulia

(Sustantivo. Del griego egó = yo y doulós = esclavo. Adjetivo: egodúlico)

 Tiranía con uno mismo.


A veces nuestro yo se convierte en enemigo; queremos que desaparezca, que se calle por un momento y nos deje disfrutar de la soledad, de unos minutos de vagancia o de un sueño profundo. Pero no nos hace caso; está siempre aquí (y dónde iba a estar) para recordarnos cuáles placeres no debemos permitirnos; cuántas obligaciones tenemos, cómo actuar, qué decir, en qué momento, a quién y por qué y, por si fuera poco, nos obliga a adoptar actitudes, estados de ánimo y opiniones. "No puedo estar a favor del peronismo", "Si no te ponés a estudiar, me voy a sentir triste", "Tengo que ser fuerte", "No me puedo quedar tirado en la cama", "Si no lo llamo, pensará que no me importa", "Tengo que bañarme", "No debo tardar más de cinco minutos", "Acabo de cometer una estupidez", "No te peinaste correctamente". El egodúlico no solo escucha continuamente las admoniciones de su yo, sino que también les hace caso. Tuvo la mala suerte de tener un yo exigente, agresivo y manipulador, y no puede evitar que el cuerpo y la conciencia respondan a sus incesantes demandas. Quien padece de egodulia querría eliminar a ese feroz guardián y quedarse sólo disfrutando (o padeciendo) la vida sin la vigilancia de esa voz perpetua e insonora. Pero en lugar de ello, le da lugar y se somete sin cuestionarla.

(Estoy llamando "yo exigente" a lo que en la psicología freudiana se denomina "superyó". Si tomo este último término, debería haber dicho que la egodulia es el hábito de obedecer las órdenes de un superyó exigente y demandante. Recuérdese que 'superyó' y 'egodulia' no son sinónimos, pues se puede tener un gran superyó y sin embargo se podría no actuar de acuerdo a sus severos dictados)

lunes, 11 de febrero de 2013

Avencordia

(Sustantivo. Del latín avenor = porvenir y cordis = corazón [de donde se deriva "recordar"]. No confundir con avercodar)

Memoria de hechos futuros.

La avencordia puede presentarse de dos maneras bien definidas:
En una de ellas, la persona que posee avencordia recuerda clara y vívidamente hechos futuros. En algunos casos no sabe que esos hechos todavía no ocurrieron; en otros tiene también una plena conciencia de que esos hechos están por venir. A esta clase de avencordia la podemos llamar "avencordia consciente".
En la otra clase, el individuo no conoce conscientemente su recuerdo, pero actúa de acuerdo a lo que le está por ocurrir, sin saber por qué y sin saber exactamente qué le va a ocurrir. Una futura víctima de un accidente de tránsito llora por anticipado por su propia muerte inminente. No sabe por qué llora y no sabe que va a morir, pero algo en él ya conoce el futuro. Si nos embarga una enorme tristeza unos días antes de recibir una mala noticia; o si, por el contrario, tenemos una euforia inexplicable antes de recibir una buena noticia, entonces sufrimos de esta "avencordia inconsciente".  Si usted se prepara para recibir a un tío que viene a visitarlo de un lugar muy lejano (y usted no sabía que venía ese tío), o si quema unos escritos comprometidos una hora antes de que vengan a allanarle la casa (y usted no sabía que le iban a allanar la casa), entonces ha sufrido de avencordia inconsciente.

La avencordia parece mostrarnos que el tiempo no marcha en una sola dirección. Nuestra vida se enfoca en un sentido del tiempo, pero algunas veces tenemos vestigios, indicios inconcluyentes en la memoria o en el cuerpo, de que el tiempo se mueve hacia adelante y hacia atrás. A veces la memoria se quita la atadura con el pasado y se atreve, por error o por capricho, a asomarse en la otra dirección del tiempo.

martes, 8 de enero de 2013

Opimplacia

(Sustantivo. Del latín ops = poder, fuerza; in = partícula negativa y placeo = placer, gustar)
 
Fuerza que realizamos para que algo no nos guste.

¿Alguna vez descubrió que le empezaba a gustar una cosa que no era conveniente que le gustara? ¿Usted, que milita microdélicamente contra la música comercial romántica, comenzó a tararear con pasión una canción de Axel? ¿Se fue enamorando lentamente de la Coca Cola, aun cuando le aconseja a todos que no la tomen porque provoca diabetes y es "la bebida del imperio"? ¿Sabe que podría pasar todo el día jugando póker en internet? ¿Sospecha que se iría para siempre con su vecina, abandonando trabajo, esposa e hijos, si ella le confirmara que se siente atraída por usted? Si la respuesta a estos interrogantes es "sí", usted está sufriendo de opimplacia: siente que continuamente debe corregir sus deseos y sus pensamientos, porque de manera indefectible se escurren por caminos de dudoso pronóstico, como si una parte importante de su persona no quisiera atarse a la historia rutinaria que usted impuso a su vida.
Creemos que nuestra personalidad se define por lo que hemos decidido; nos parece que somos productos de un disciplinamiento moral del gusto: somos hombres adultos casados profesionales trabajadores de clase media; no deben gustarnos las adolescentes, los videojuegos, la desnudez, la vagancia, la cumbia villera ni las películas de humor veraniego en la playa. En cuanto aparece un gusto impropio de nuestro rango social y nuestra edad, tratamos de corregirlo o sublimarlo. Esa sublimación es la opimplacia.
Debe destacarse que, cuanto más tiempo ejecutamos la opimplacia, más difícil resulta contener el gusto reprimido. La opimplacia parece un intento fallido de bulamnesis.

Existen ciertos deseos que van más allá de la posición social que se ocupe o de una mirada ingenuamente moral acerca de los propios gustos: algunos deseos deben reprimirse para salvaguardar la propia estructura psíquica. Si una mujer descubre que quiere tener relaciones con su propio hijo, o si un empleado heterosexual descubre que desea tener sexo con el jefe que lo somete y al cual odia, la opimplacia se convierte en un imperativo urgente y demandante. En esos casos, la psiquis se vuelve un campo de batalla entre deseos indeseados e irrefrenables, y una débil racionalidad que trata de contenerlos con cada vez menos éxito.

La opimplacia es un tipo de estenofrenia y de metacupio

martes, 1 de enero de 2013

Homomelia

(Sustantivo. Del griego homóios = igual y méllon = futuro. Adjetivo: homomélico)

Creencia según la cual en el futuro lejano las costumbres humanas seguirán siendo muy parecidas a las actuales. 

Las buenas historias de ficción especulativa nos presentan futuros en los que las personas han modificado gran cantidad de hábitos con respecto al tiempo desde el cual escribe el autor. En principio, cualquier suceso que ocurra trescientos o cuatrocientos o cinco mil años en el porvenir debería ser indescifrable: deberían haber cambiado radicalmente las motivaciones, el entorno, el idioma, los objetivos y los conocimientos de las personas. Quizás perviva alguna costumbre actual, pero necesariamente tendrá cambios profundos en su ejecución. ¿Seguiremos tomando mate los argentinos y uruguayos dentro de tres siglos? Esta pregunta es casi incontestable: quizás ni Argentina ni Uruguay existan en trescientos años. Pero, más fundamentalmente, quizás lo que hoy llamamos "mate" se haya convertido en algo diferente y ya no se lo llame así. Quizás la yerba se habrá modificado lentamente hasta convertirse en otra cosa. Quizás la costumbre de pasar de mano en mano se suprima. De modo que cualquier costumbre actual, por muy arraigada y tradicional que parezca, puede desaparecer o convertirse en algo irreconocible. El homomélico, sin embargo, tiene cierto chauvinismo cronológico mezclado con una falta de imaginación: asegura que todo lo que se hace ahora, se hará de modo similar en el futuro. Cree en consignas folklóricas que contienen un romanticismo de telenovela: "El tango es eterno", "Tomar mate es parte de nuestra esencia; nunca vamos a dejar de hacerlo". Supone, sin mucho fundamento, que el presente es un modelo de todos los tiempos posibles. Si hoy la gente tiene computadoras con pantalla táctil, él piensa que esa es una característica adquirida universal que se transmitirá al futuro sin modificación de ningún tipo. Por eso, piensa que en quinientos años habrá computadoras y tendrán pantalla táctil. Lo mismo imagina de cada hecho humano: si hoy nos bañamos en una ducha, no ve ninguna objeción para especular con que en mil años las personas seguiremos duchándonos con agua cayendo de arriba para abajo. Si hoy nos cortamos las uñas con alicate, el homomélico piensa que en diez mil años haremos lo mismo.
Existe un paralelo al homomélico: el homotópico. Si bien la palabra homotopía está definida en matemáticas, podemos agregarle una acepción que etimológicamente es afín a la de homomelia. La homotopía es la creencia según la cual en otras partes del mundo (actual) las costumbres son más o menos similares a las de la región donde nacimos. En este caso, el homotópico cree que, si los argentinos tomamos mate, en cualquier país del mundo existe esa costumbre con ciertas modificaciones, pero esencialmente similar.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Idioteísmo

(Sustantivo. Del griego idios = propio, único y theós = dios. Adjetivo: idioteísta.)

Doctrina según la cual las propiedades divinas son aceptadas o rechazadas arbitrariamente según el parecer del creyente. 

Algunos idioteístas han recibido una formación religiosa, pero se reservan el derecho a aceptar o rechazar algunas (o todasa) las cualidades que se atribuyen a la divinidad: "No creo que Dios sea todopoderoso"; "Yo soy católico, pero eso de que Dios es uno y trino no lo creo". En algunos casos puede haber un sincretismo con elementos religiosos y/o cosmológicos y otros puramente afectivos: "El dios en que yo creo es una mezcla de creador del universo con lagartija con John Wayne". "Yo creo que Dios es el Amor, es Mi Abuela, es la savia que circula por los árboles y es un aroma de mi infancia". Cada persona puede elaborar el dios que mejor le parezca: un problema aparte es decidir acerca de su existencia, y cuanto más bizarra sea la mixtura de cualidades atribuidas, más difícil será aceptar que esa conjunción tenga entidad efectiva. 

martes, 13 de diciembre de 2011

Mentener

(Verbo. Del latín mens = mente y tenere = sostener. Literalmente, "sostener con la mente")

Pensar en determinadas cosas para mantenerlas vivas. 

A veces deseamos recordar las reglas de un juego, los pasos para armar un mueble, los números de la clave para instalar un programa o las palabras de un maravilloso poema. Si queremos mantener frescos esos recuerdos debemos hacer un esfuerzo consciente por pensarlos y repasarlos. La propia frecuentación de los recuerdos le otorga fuerza y vivacidad a su contenido.
A veces deseamos que los muertos queridos estén con nosotros. Recordar con precisión sus gestos, sus palabras, el timbre de su voz y el olor de la ropa es una modestísima forma de mantenerlos vivos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Equipendio

(Sustantivo. Del latín aequus = igual y pendere = colgar)

Punto de equilibrio entre la subestimación y la sobreestimación. 

¿Cómo sé si la charla que di frente a alumnos ingresantes fue clara e inteligible? ¿Cómo sé si no resultó demasiado infantil, muy repetitiva o incluso ofensivamente básica; o si mas bien fue inextricable, carente de ejemplos, exigente o para especialistas? ¿Les hablo acerca de cómo se acota el error relativo de un sistema de ecuaciones no lineales resuelto por el método de Newton Rawson, o mas bien les explico que dos mas dos es cuatro?

Estas y otras situaciones nos demandan que sopesemos con precisión nuestras acciones, pues cualquier corrimiento de ese punto de equilibrio produce una situación socialmente negativa. Cada escenario exige un equipendio diferente, de acuerdo a las personas con las que nos relacionemos. No hay manera de determinar de antemano el punto de equilibrio y muchas veces, en rigor, tampoco puede determinarse a posteriori.

viernes, 14 de octubre de 2011

Bulamnesis

(Sustantivo. Del griego boulé = voluntad; a = negación y mnéme = memoria)

Olvido voluntario.

Existen dos situaciones para las cuales la actividad consciente es inútil e incluso perjudicial: el sueño y el olvido. Piense con toda su atención en dormirse ahora mismo u olvidar el nombre de un pariente muy cercano: cuanto más esfuerzo consciente invierta en ello, más lejos estará de alcanzar su objetivo. El olvido voluntario tiende a malograrse por la conciencia del objeto que se pretende olvidar.
Sin embargo, si usted desarrolla una técnica eficaz para olvidar lo que desea (y no otra cosa, y no de manera aleatoria), habrá alcanzado la bulamnesis. El olvido voluntario es muy útil cuando se ve por segunda vez una película, se lee por segunda vez un libro o se escucha un mismo chiste una y otra vez: desearíamos olvidar el desenlace y la trama, para sorprendernos una vez más. Olvidar a la persona amada para enamorarse (o decepcionarse) cada vez que aparece es, también, una experiencia interesante.

Aunque existen estudios acerca del olvido voluntario, este fenómeno parece confundirse con el del olvido selectivo. Mientras un olvido voluntario obedece a la decisión consciente de olvidar algo, el olvido selectivo puede operar de manera inconsciente, aun contra la voluntad del olvidador.

viernes, 26 de agosto de 2011

Núlisis

(Sustantivo. Del griego nous = mente y -lisis = destrucción. Adjetivo: nulítico)

Desbaratamiento de un proceso conceptual o creativo por la irrupción de un hecho externo que requiere atención inmediata.

A veces de manera espontánea empezamos a encadenar razonamientos con la firme intención de llegar a alguna conclusión útil; o barajamos ideas para escribir un cuento que tal vez se convierta en novela; o pensamos las primeras premisas para la demostración de un teorema, o nos damos cuenta de que estamos recordando paso a paso, como si se desenrollara de a poco, el sueño que tuvimos anoche. En mitad de estos procesos puede sonar un timbre o el llanto urgente del bebé; o podemos descubrir que una araña grande camina por la pared de la habitación. Una vez que estos hechos irrumpen, se desorganiza la labor mental; las ideas se vuelven confusas e inertes y las conclusiones parecen ya irrecuperables. Ha ocurrido un proceso nulítico. Después de la núlisis, sólo queda espacio mental para atender la puerta y recibir a la tía solterona, dar de comer al bebé o matar a la araña, ya sin ambiciones creativas o conceptuales.

En realidad el mundo externo interrumpe siempre o casi siempre nuestra labor mental. Sólo que pocas veces esa labor es realmente creativa y merece nuestro concienzudo trabajo. La núlisis se aplica sólo a estos raros casos, no a cualquier tipo de interrupción.

Término relacionado: Irenofagia.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Fronfón

(Sustantivo masculino. Del griego phroneó = pensar y -phonos = sonido. Plural: fronfonos)

Ruido que realiza la computadora cuando está trabajando su disco rígido. 

El fronfón es el sonido que hace el ordenador "cuando piensa". A veces, el fronfón va acompañado de un ralentizamiento o incluso un bloqueo completo de las funciones. Desde luego, un fronfón no implica que la computadora esté haciendo un proceso análogo al del pensamiento, aunque resulta llamativo y sugerente el hecho de que el sonido se escucha cuando se le da a la computadora una orden de ejecución complicada, o cuando "su mente" parece quedar atrapada en algún bucle.
Los fronfones son tipos de tecnomatopeyas.

¿Es posible que el pensamiento humano y animal generen algún tipo de (normalmente inaudible) sonido? Si esto fuera así, nuestra mente estaría generando fronfonos y es plausible que alguien, con un instrumento adecuado para amplificar el sonido y cierta práctica, pudiera descifrar el trajinar de nuestros pensamientos.

(He leído que una persona escuchaba un "flush flush" cada vez que se concentraba en algo. Eso era porque en su cabeza tenía vasos sanguíneos inusualmente grandes, y trabajaban con más fuerza mientras pensaba. Si esto es cierto, estamos ante un caso humano de fronfón)

lunes, 1 de agosto de 2011

Nuliscipio

(Sustantivo. Del latín nullus = nada, ninguno y capio = tomar, apropiarse mentalmente. Adjetivo: nulisceta)

Incapacidad para retener una información elemental.

Sea por cansancio, por una patología o por distracción permanente, hay personas que son refractarias a cualquier dato o noticia nueva: aunque se les comunique algo con insistencia, ellos se comportarán como si nunca se les hubiera dicho una palabra. "¿Cómo estás?", nos pregunta un pariente. "Y, estoy con una bronquitis complicada", respondemos. Al rato el mismo pariente nos vuelve a preguntar cómo estamos y le repetimos: "Estoy con una bronquitis", "¿Tenés bronquitis?", pregunta asombrado. Un rato después, el mismo pariente nos pregunta cómo va nuestra descompostura de estómago. No importa cuántas veces le repitamos cuál es el padecimiento: él jamás nos escuchará.
Hay personas a las que no se les puede encargar un simple mandado porque, además de padecer nuliscipio, no usan anotadores para evitar el olvido. "Hay que comprar cien gramos de mortadela", le decimos al nulisceta. Este último no sólo nos preguntará diez veces qué hay que comprar, sino que, además, cuando está en el mercado no recordará qué le habíamos pedido.
El peor nulisceta es el que no se da cuenta de su nuliscipio, es decir: a partir de su incapacidad para retener un dato, elige inventarlo. Eso ocurre con quien en el supermercado, en lugar de preguntarse qué había que comprar, decide traer un escobillón (en vez de cien gramos de mortadela), o Reliverán (en lugar de un antibiótico para la bronquitis).
En algunos casos hay nuliscipio selectivo: ciertas personas no pueden retener datos de determinado tipo, mientras que se comporta normalmente en otros respectos. Suele ocurrir con nombres y profesiones de las personas.

viernes, 17 de junio de 2011

Fultícodo

(Sustantivo. Del griego phaulós = defectuoso; tyché = suerte, destino y hodos = camino)

Capacidad de obtener un buen resultado después de haber aplicado mal un procedimiento.

Si una persona lava sus fuentes de teflón con abrasivos y viruta de acero, y a pesar de ello la fuente queda impecable y sin rayaduras; si cuando estudia para el examen final se queda dormido al leer la primera página de sus apuntes de clase y, a pesar de ello, aprueba; si lleva una vida pecaminosa sin arrepentimiento ni conciencia, y a pesar de ello su alma se despierta en un inesperado cielo, se dice que ha cometido  fultícodos. Cada vez que, por torpeza, necedad, nerviosismo, apuro, negligencia o simple maldad no damos los pasos necesarios pero, a pesar de eso, se logra el resultado deseado, se comete un fultícodo.

A veces, los hechos salen imprevistamente bien a pesar de no haber puesto manos a la obra en su ejecución o, incluso, habiendo atentado contra el resultado. A veces el resultado parece inducido, precisamente, por nuestra acción negativa. Después de dos días feriados, desearíamos no tener que ir a trabajar al tercer día. Entonces decidimos faltar; ya tendremos todo el día para elaborar un pretexto. Cuando llamamos, bien tarde, para excusarnos aduciendo una rara enfermedad, el operador nos alerta: "Pero hoy no había que venir a trabajar... Es la pascua hindú; ¿No sabías que el jefe es hindú?": He ahí un fultícodo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Palinhedonia

(Sustantivo. Del griego palin = de nuevo, hacia atrás y hedoné = placer)

Capacidad de sentir alternativamente placer y displacer por el mismo estímulo.

Si a una persona le fascina comer caramelos de menta a las dos de la tarde; a las seis los rechaza con violencia y a las ocho una vez más los desea fervientemente; si los martes ama las pinturas de Joan Miró; los miércoles aborrece los contrastes de color y las figuras casi abstractas, los miércoles siente una renovada sed por contemplar El Jardín; si a la mañana adora las noches, si a la noche odia la noche y a la mañana siguiente vuelve a adorarla: en todos estos casos se manifiesta palinhedonia.

A veces basta con que el estímulo esté ausente para que se lo desee, y basta con que esté presente para que sea rechazado: esta clase de palinhedonia se conoce vulgarmente como "síndrome de la Gata Flora".

lunes, 4 de abril de 2011

Temporaquizar

(Verbo intransitivo. Del latín tempus = tiempo y acus =a guja, aguijón)

 1. Tener muy en cuenta el paso de los minutos. 

A veces no estamos muy pendientes del reloj y el paso del tiempo; otras veces, en cambio, hay que vigilar que cada minuto no se vaya sin que hayamos hecho una sucesión de cosas urgentes. Una hora antes de viajar o de ir al trabajo suelen ser cruciales para resolver acciones de último momento: es en esas situaciones y otras similares en las que calculamos, corremos y apretamos los sucesos para que quepan en pocos segundos.
Dejamos de temporaquizar cuando descronamos. Descronar no sólo es dejar de mirar el reloj: es también dejar de marcar el tiempo. Cuando temporaquizamos, en cambio, sentimos cronorexia y cronodulia.  En rigor, la acepción que estamos definiendo aquí no difiere demasiado de esta última, pero hay un pequeño matiz: la cronodulia consiste en una sujeción continua y obliterante del horario, impuesta a partir de obligaciones externas (por lo general, laborales). Cuando se temporaquiza, en cambio, hay una necesidad ininterrumpida de contar los minutos, y por lo general esto ocurre previamente a una actividad importante. Un cronodúlico puede estar pendiente del horario, pero sólo para que no se le haga tarde para un hecho puntual (acostarse, levantarse o tomar un medicamento). El que temporaquiza, en cambio, observa cada minuto para obligarse a hacer cosas más rápido y con más eficacia antes de que se cumpla cierto plazo.  

2. Sentir que es tarde para algo. 


Etimológicamente, "temporaquizar" puede parafrasearse como "sentir el aguijón del tiempo". Por ello, la sensación de que el tiempo para hacer algo ya se acabó (o está por acabarse) merece ser abarcada por este término. Según esta segunda acepción, se puede temporaquizar aun cuando se tenga tiempo libre: puede que en nuestras vacaciones de marzo sintamos que ya es muy tarde para ir a la playa; puede que a pesar de que compramos bizcochos y facturas para el mate, nos demos cuenta de que ya pasó el momento para la merienda y conviene ir pensando en la cena; puede que nos sintamos viejos para hacer una carrera o tener hijos. Esta sensación suele venir acompañada de una gran modulancia.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Limbisomnio

(Sustantivo. Del latín limbus = limbo, franja, borde y somnus = sueño)

Tiempo en el que aun no se puede conciliar el sueño pero todavía no se declara el insomnio.

¿Cuál es el límite entre el "aun no puedo dormir" y el "ya no podré"? Después una arbitraria cantidad de vueltas en la cama (prequiversas), pensamientos desconectados e imaginaciones casi involuntarias, caemos en la cuenta de que todavía estamos aquí. Hubiéramos querido que el yo desapareciera, pero eso no ha ocurrido. Esperamos un tiempo más, dándole una nueva chance al sueño. Esos tiempos de conciencia desvaneciente pero no del todo desvanecida son los limbisomnios. Si finalmente nos hartamos de la cama calurosa y de poses casi teatrales que adoptamos para encontrar la posición exacta en la que nuestro cuerpo se siente cómodo, el limbisomnio se ha acabado y ha llegado la hora de dictaminar el insomnio.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Reaforado

(Adjetivo. De re y aforar)

Dícese quien vuelve rápidamente a sus cabales luego de un episodio de enojo y violencia. 

Sólo se puede estar reaforado si previamente se estuvo desaforado. El reaforado reacciona con golpes, gritos e insultos ante algo. Es posible que reciba puñetazos y patadas. Sin embargo en mitad de la pelea se detiene, levanta los brazos y dice "ya pasó, ya pasó". Con la ropa cortada en jirones y la nariz sangrando, se retira de buen humor como si sólo hubiera sido un espectador de la riña.

martes, 5 de octubre de 2010

Paranoema

(Sustantivo. Del griego para = junto a y noema = manifestación de algo a la conciencia. El paranoema es el producto de la paranóesis)

Conocimiento, reflexión o pensamiento que se tiene en paralelo con otra actividad de conciencia. 

Hay ciertas actividades de conciencia que suelen darse (al menos desde el punto de vista subjetivo) en sucesión, pero no en paralelo. Sin embargo, los casos de paranoema son claros y abundantes. Si usted es un matemático y está sumamente concentrado en la demostración de un teorema, es de esperar que su conciencia inmediata esté absorta en el trabajo. Pero es posible que, mientras está pensando en una solución para el teorema, se le viene a la mente un descubrimiento de otra naturaleza: acaba de sacar la conclusión de que la camisa amarilla, que usted había dado por perdida, en realidad está debajo de una pila de ropa vieja en el canasto del galpón. Usted estaba pensando en el teorema y en ningún momento trajo a la conciencia las nociones de perdido, camisa, amarilla, galpón, canasto. Inexplicablemente algunos recursos de su conciencia estaban trabajando en paralelo para encontrar una explicación al acertijo de la camisa desaparecida.

Es posible que tengamos múltiples paranoesis: incontables procesos de pensamiento paralelo que se desarrollan a espaldas de nuestra conciencia. Es un misterio, en ese caso, la razón por la cual sólo somos conscientes a través de uno de esos múltiples canales.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Agnosomio

(Sustantivo. Del latín a = negación; gnosis = conocimiento y somnus = sueño)

Capacidad de quedarse dormido sin darse cuenta. 

Muchas personas requieren de incontables preparativos para dormirse, y el sueño llega (cuando llega) sólo después de un concienzudo ritual que combina la ambientación y ropa de cama adecuadas, ciertas condiciones de luz u oscuridad y un estado moderado de cansancio. Otras personas, en cambio, pueden dormirse en cualquier lugar, sin importar la posición del cuerpo ni la situación y muchas veces sin siquiera ser conscientes del cansancio.
Dormirse durante la proyección de una película y despertarse cerca del final creyendo que se la vio completa es un ejemplo de agnosomnio.