(Verbo intransitivo. Del griego méras = parte y gené = nacimiento. Sustantivo: merogenia. Adjetivos: merógeno, merogénico)
Nacer por partes.
Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado".
El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.
No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
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miércoles, 14 de septiembre de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Monosiamés
(Sustantivo. De monos = uno y siamés = gemelo unido por alguna parte del cuerpo)
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
Persona que es hermana gemela siamés de sí misma.
El monosiamés tiene el cuerpo compartido por dos personas, y esas dos personas son él mismo. Cada parte de su cuerpo está unida a la parte del cuerpo de la otra persona que es ella misma. El ensamblaje de ambos es tan perfecto que se conforma una unidad física y psíquica, y en ningún momento (ni antes, ni después de nacer) puede manifestarse la dualidad.
Podría pensarse, también que un monosiamés es una persona que está unida a otra a través de su propio cuerpo. Pero esa otra persona a la que se une es idéntica a la persona inicial: comparte su cuerpo y su estructura psíquica. Todo lo que haga la persona A, lo hará la B. Todo lo que padezca, piense o desee la persona A, también lo padecerá, pensará o deseará la B. El sabor del helado, el aroma del té, la visión del color amarillo: todo ello lo disfrutarán ambos por igual, con las mismas cualidades e intensidades. Con una salvedad: tanto A como B vivenciarán cada cosa no como si fueran dos personas, sino una sola.
martes, 15 de marzo de 2011
Casupresencia
(Sustantivo. Del latín casus = caso, caída, ocurrencia y praesentia = presencia)
Capacidad de estar presente en cada momento en que sea oportuno y necesario.
A algunas personas les parece que la omnipresencia divina es un concepto redundante: ¿para qué necesitaría Dios estar presente en todos lados a la vez? ¿Por qué cada insignificante acontecimiento (un poco de polvo llevado por el viento, la espuma de la lava ardiendo en cierto pequeño rincón de un planeta deshabitado, los sueños que olvidamos, las heces que se van por el inodoro, el anillo de lata con el que se fue a la tumba un pariente, nuestro acto de recordar un hecho banal y anodino, las migas de pan en el fondo de una lata, un resto de cable quemado) requeriría de la continua mirada de Dios? Es imaginable que no todo acontecimiento mundano será digno de la presencia divina. Por eso, en lugar de postular la omnipresencia (o la ausencia lisa y llana), se podría postular la casupresencia como un principo de economía práctica divina: Dios intervendría sólo donde hiciera falta. Exceptuando esos momentos y lugares puntuales en los que Dios se involucra en el curso de la historia, el resto de los acontecimientos del tiempo y del espacio están a la deriva, huérfanos y aliviados de su imparpadeante mirada.
Capacidad de estar presente en cada momento en que sea oportuno y necesario.
A algunas personas les parece que la omnipresencia divina es un concepto redundante: ¿para qué necesitaría Dios estar presente en todos lados a la vez? ¿Por qué cada insignificante acontecimiento (un poco de polvo llevado por el viento, la espuma de la lava ardiendo en cierto pequeño rincón de un planeta deshabitado, los sueños que olvidamos, las heces que se van por el inodoro, el anillo de lata con el que se fue a la tumba un pariente, nuestro acto de recordar un hecho banal y anodino, las migas de pan en el fondo de una lata, un resto de cable quemado) requeriría de la continua mirada de Dios? Es imaginable que no todo acontecimiento mundano será digno de la presencia divina. Por eso, en lugar de postular la omnipresencia (o la ausencia lisa y llana), se podría postular la casupresencia como un principo de economía práctica divina: Dios intervendría sólo donde hiciera falta. Exceptuando esos momentos y lugares puntuales en los que Dios se involucra en el curso de la historia, el resto de los acontecimientos del tiempo y del espacio están a la deriva, huérfanos y aliviados de su imparpadeante mirada.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Microfanía
(Sustantivo. Del griego mikrós = pequeño y phaíno = manifestarse. Adjetivo: micrófano)
Revelación trascendente cuyos efectos duran unos pocos días o minutos.
A lo largo de la historia, las voluntades y deseos de las personas han sido trastrocadas por supuestas apariciones de seres metafísicos. Si a un alcohólico se le presentara un dios (o si alucina con él), es posible que deje la bebida y que dedique el resto de su existencia a ponderar los beneficios de la abstinencia y de las revelaciones. Si un moribundo se cura de su herida después de ser visitado por un ángel, casi seguro que tanto el agonizante como su entorno encuentren un profundo sentido a su renovada existencia. Una persona buena y pacata que se encontrara con el Demonio seguramente entraría en un frenesí homicida a escala sobrehumana.
Pero cuando ocurre una microfanía, el micrófano (quien recibe la revelación) se encuentra con un ser divino y se siente hondamente interpelado a cambiar su estilo de vida, aunque su convicción dura muy poco tiempo. El dios pudo haber revelado con precisión su propósito; quizás le dijo al micrófano que abandone su empleo y se convierta en un eremita y viva en el desierto. Quizás el micrófano tiene la convicción de seguir ese mandato, pero a los pocos días decide que es ridículo, que él no está hecho para eso y finalmente resuelve continuar con su empleo y su vida.
Las microfanías son manifestaciones fallidas de la fuerza divina. No es que los dioses se equivoquen; ocurre que la voluntad humana y las pequeñas comodidades de la vida actúan como un poderoso campo de fuerza que nos llevan a desoir propósitos inescrutables y magnos designios.
Puede llamarse microfanía, también, a una revelación divina cuyo propósito es informarnos acerca de un hecho banal e intrascendente. En este sentido, si Dios se presentara con estruendo para comunicarnos que no hay leche en la heladera, o que salió una oferta de duraznos en el mercado, se trataría de una microfanía.
Revelación trascendente cuyos efectos duran unos pocos días o minutos.
A lo largo de la historia, las voluntades y deseos de las personas han sido trastrocadas por supuestas apariciones de seres metafísicos. Si a un alcohólico se le presentara un dios (o si alucina con él), es posible que deje la bebida y que dedique el resto de su existencia a ponderar los beneficios de la abstinencia y de las revelaciones. Si un moribundo se cura de su herida después de ser visitado por un ángel, casi seguro que tanto el agonizante como su entorno encuentren un profundo sentido a su renovada existencia. Una persona buena y pacata que se encontrara con el Demonio seguramente entraría en un frenesí homicida a escala sobrehumana.
Pero cuando ocurre una microfanía, el micrófano (quien recibe la revelación) se encuentra con un ser divino y se siente hondamente interpelado a cambiar su estilo de vida, aunque su convicción dura muy poco tiempo. El dios pudo haber revelado con precisión su propósito; quizás le dijo al micrófano que abandone su empleo y se convierta en un eremita y viva en el desierto. Quizás el micrófano tiene la convicción de seguir ese mandato, pero a los pocos días decide que es ridículo, que él no está hecho para eso y finalmente resuelve continuar con su empleo y su vida.
Las microfanías son manifestaciones fallidas de la fuerza divina. No es que los dioses se equivoquen; ocurre que la voluntad humana y las pequeñas comodidades de la vida actúan como un poderoso campo de fuerza que nos llevan a desoir propósitos inescrutables y magnos designios.
Puede llamarse microfanía, también, a una revelación divina cuyo propósito es informarnos acerca de un hecho banal e intrascendente. En este sentido, si Dios se presentara con estruendo para comunicarnos que no hay leche en la heladera, o que salió una oferta de duraznos en el mercado, se trataría de una microfanía.
jueves, 24 de febrero de 2011
Autopatófeno
(Sustantivo. Del griego autós = uno mismo; pathos = padecimiento y faíno = manifestación. Sustantivo: autopatofanía)
Dícese de quien es atormentado por un duplicado monstruoso de sí mismo.
Así como el patotero es atormentado por monstruos, y mediante la autonergucia uno puede invocarse a sí mismo y ser poseído por el propio espíritu, en la autopatofanía nos ataca el zombie que seríamos si nos convirtiéramos en zombies, o nos asusta nuestro propio fantasma, o un yo- vampiro, o un duende cejijunto, verdoso y escamado que tiene nuestro rostro, o un dios todopoderoso, vengativo y arbitrario del que somos imagen y semejanza.
Dícese de quien es atormentado por un duplicado monstruoso de sí mismo.
Así como el patotero es atormentado por monstruos, y mediante la autonergucia uno puede invocarse a sí mismo y ser poseído por el propio espíritu, en la autopatofanía nos ataca el zombie que seríamos si nos convirtiéramos en zombies, o nos asusta nuestro propio fantasma, o un yo- vampiro, o un duende cejijunto, verdoso y escamado que tiene nuestro rostro, o un dios todopoderoso, vengativo y arbitrario del que somos imagen y semejanza.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Ectobio
(Sustantivo. Del griego ecto = por fuera y bios = vida)
Ser que vive por fuera de su propio cuerpo.
Un ectobio no puede definirse por su corporalidad: al ectobio se lo puede asociar con un determinado cuerpo, pero no es ese cuerpo el que porta la vida. El ectobio vive en el entorno; su cuerpo es una función móvil que opera sobre ese entorno, modificándolo para satisfacer las necesidades del propio entorno, no de ese cuerpo. De algún modo, la entidad viviente es todo aquello que rodea externamente al cuerpo, pero excluyendo al cuerpo.
Parece imposible encontrar referencia para este término. Sin embargo, no es improbable que algunos seres extraterrestres sean ectobios.
Ser que vive por fuera de su propio cuerpo.
Un ectobio no puede definirse por su corporalidad: al ectobio se lo puede asociar con un determinado cuerpo, pero no es ese cuerpo el que porta la vida. El ectobio vive en el entorno; su cuerpo es una función móvil que opera sobre ese entorno, modificándolo para satisfacer las necesidades del propio entorno, no de ese cuerpo. De algún modo, la entidad viviente es todo aquello que rodea externamente al cuerpo, pero excluyendo al cuerpo.
Parece imposible encontrar referencia para este término. Sin embargo, no es improbable que algunos seres extraterrestres sean ectobios.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Joncatenación
(Sustantivo. De jonca = cajón, haciendo referencia al ataúd y concatenación)
Sucesión de varias muertes seguidas de personas de un mismo ámbito.
A veces nos enteramos de que murieron tres de los cajeros del supermercado en el último mes. Cada uno murió por causas diferentes, pero la seguidilla fúnebre y la coincidencia de rubro son más que llamativas. Puede pensarse que, quizás, en el ejemplo dado las muertes hayan estado ocasionadas por las malas condiciones de empleo y el estrés. Sin embargo, a veces nos sorprenden casos muy dispares y no conectados, excepto por cierta comunidad de espacios e intereses: será una joncatenación si mueren cuatro o cinco asistentes al taller literario, o clientes de una misma verdulería, o amantes de los bonsai, u ocasionales visitantes de una poco frecuentada página de internet.
Para que la expresión pueda utilizarse sin lugar a dudas, es necesario que la cantidad de muertos supere, al menos, las tres unidades. Dos muertos aun no son una joncatenación; en todo caso configuran una única curiosa tragedia. Tres muertos, en cambio, es una coincidencia que amerita una palabra.
Sucesión de varias muertes seguidas de personas de un mismo ámbito.
A veces nos enteramos de que murieron tres de los cajeros del supermercado en el último mes. Cada uno murió por causas diferentes, pero la seguidilla fúnebre y la coincidencia de rubro son más que llamativas. Puede pensarse que, quizás, en el ejemplo dado las muertes hayan estado ocasionadas por las malas condiciones de empleo y el estrés. Sin embargo, a veces nos sorprenden casos muy dispares y no conectados, excepto por cierta comunidad de espacios e intereses: será una joncatenación si mueren cuatro o cinco asistentes al taller literario, o clientes de una misma verdulería, o amantes de los bonsai, u ocasionales visitantes de una poco frecuentada página de internet.
Para que la expresión pueda utilizarse sin lugar a dudas, es necesario que la cantidad de muertos supere, al menos, las tres unidades. Dos muertos aun no son una joncatenación; en todo caso configuran una única curiosa tragedia. Tres muertos, en cambio, es una coincidencia que amerita una palabra.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Psicómero
(Sustantivo y adjetivo. Del griego psyché = alma, espíritu y méras = parte)
Demonio que toma posesión de un órgano o un miembro del cuerpo.
Es común pensar que un espíritu posee todo el cuerpo de una persona, sea lo que sea que ello signifique. Sin embargo, los psicómeros sólo ejercen su tiranía sobre un brazo, un dedo, el hígado, un pulmón, la lengua o una única célula. Su poder de micróteo puede ser, sin embargo, devastador. Un corazón poseído por un psicómero puede negarse a bombear sangre, y con ello lleva a la muerte al resto del cuerpo. Un intestino endemoniado quizás elabore profusas e incontrolables cantidades de heces, o tal vez intente escaparse del cuerpo a través del ano. Una pierna energúmena patearía y caminaría sin la voluntad del "dueño" original del cuerpo, y un pene endemoniado posiblemente llevaría a vergonzosas consecuencias.
Resulta difícil decidir si un órgano funciona mal porque está enfermo, o porque está poseído. Sin embargo, es conveniente investigar y decidir en cada caso si la solución puede darla un médico o un exorcista. Extirpar un pulmón endemoniado es un error gravísimo, porque el pulmón en sí funciona bien; sólo que está intervenido por malignas fuerzas foráneas. En cambio, hacer un exorcismo cuando se necesita una operación puede ser igualmente fatal e inconducente. Cuando no es posible decidir por uno u otro caso, es conveniente realizar un exorcismo en primer lugar y, si los síntomas persisten, acudir a la ciencia médica. Por lo general, los exorcismos no suelen ser invasivos, mientras que las drásticas soluciones de los médicos a veces generan resultados irreversibles.
Quizás las enfermedades son producto de piscómeros que sabotean el sistemático plan de la naturaleza y la evolución.
Términos relacionados: autonergucia, psicrótico, demócino.
Demonio que toma posesión de un órgano o un miembro del cuerpo.
Es común pensar que un espíritu posee todo el cuerpo de una persona, sea lo que sea que ello signifique. Sin embargo, los psicómeros sólo ejercen su tiranía sobre un brazo, un dedo, el hígado, un pulmón, la lengua o una única célula. Su poder de micróteo puede ser, sin embargo, devastador. Un corazón poseído por un psicómero puede negarse a bombear sangre, y con ello lleva a la muerte al resto del cuerpo. Un intestino endemoniado quizás elabore profusas e incontrolables cantidades de heces, o tal vez intente escaparse del cuerpo a través del ano. Una pierna energúmena patearía y caminaría sin la voluntad del "dueño" original del cuerpo, y un pene endemoniado posiblemente llevaría a vergonzosas consecuencias.
Resulta difícil decidir si un órgano funciona mal porque está enfermo, o porque está poseído. Sin embargo, es conveniente investigar y decidir en cada caso si la solución puede darla un médico o un exorcista. Extirpar un pulmón endemoniado es un error gravísimo, porque el pulmón en sí funciona bien; sólo que está intervenido por malignas fuerzas foráneas. En cambio, hacer un exorcismo cuando se necesita una operación puede ser igualmente fatal e inconducente. Cuando no es posible decidir por uno u otro caso, es conveniente realizar un exorcismo en primer lugar y, si los síntomas persisten, acudir a la ciencia médica. Por lo general, los exorcismos no suelen ser invasivos, mientras que las drásticas soluciones de los médicos a veces generan resultados irreversibles.
Quizás las enfermedades son producto de piscómeros que sabotean el sistemático plan de la naturaleza y la evolución.
Términos relacionados: autonergucia, psicrótico, demócino.
miércoles, 23 de junio de 2010
Biolinfacia
(Sustantivo. Del griego psiché = alma; bios = vida y lymphatos = locura, enajenación. Surge el término "psibiolinfacia" del cual se deriva "biolinfacia")
Capacidad de invocar el espíritu de una persona que todavía está viva.
Cuando una sesión espiritista tiene éxito, el médium es poseído por un espíritu descarnado. Este espíritu manifiesta sus pensamientos y sus estertores a través del cuerpo y la voz del médium. Por lo general, el espíritu convocado es el de un muerto. Rara vez, sin embargo, se convocan a ángeles, demonios o al mismo Diablo.
Sin embargo, ¿es factible que un médium convoque a un alma que actualmente está unida a un cuerpo, es decir, el alma de una persona viva? Si tal cosa pudiera ocurrir, tendríamos un caso de biolinfacia . Eso significa que en algún lugar del mundo habría un cuerpo vivo, pero momentáneamente sin alma (al menos, hasta que el médium deje de convocarla)
Sería curioso que un médium convocara y manifestara en su propio cuerpo a los espíritus de quienes lo acompañan en la sesión, alrededor de la mesa. Se trataría de una posesión totalmente inoperante.
Existe un término para referirse a la invocación y posesión de uno mismo por uno mismo: la autonergucia. Si el médium fuera poseído por objetos inanimados, se ha convertido en un psicrótico. Si es poseído por el alma de una muy mala persona (que lo obliga a hacer cosas horribles o humillantes), el médium se ha convertido en un patotero.
Capacidad de invocar el espíritu de una persona que todavía está viva.
Cuando una sesión espiritista tiene éxito, el médium es poseído por un espíritu descarnado. Este espíritu manifiesta sus pensamientos y sus estertores a través del cuerpo y la voz del médium. Por lo general, el espíritu convocado es el de un muerto. Rara vez, sin embargo, se convocan a ángeles, demonios o al mismo Diablo.
Sin embargo, ¿es factible que un médium convoque a un alma que actualmente está unida a un cuerpo, es decir, el alma de una persona viva? Si tal cosa pudiera ocurrir, tendríamos un caso de biolinfacia . Eso significa que en algún lugar del mundo habría un cuerpo vivo, pero momentáneamente sin alma (al menos, hasta que el médium deje de convocarla)
Sería curioso que un médium convocara y manifestara en su propio cuerpo a los espíritus de quienes lo acompañan en la sesión, alrededor de la mesa. Se trataría de una posesión totalmente inoperante.
Existe un término para referirse a la invocación y posesión de uno mismo por uno mismo: la autonergucia. Si el médium fuera poseído por objetos inanimados, se ha convertido en un psicrótico. Si es poseído por el alma de una muy mala persona (que lo obliga a hacer cosas horribles o humillantes), el médium se ha convertido en un patotero.
lunes, 14 de junio de 2010
Tanatofrenia
(Sustantivo. Del latín tanathos = muerte y froné = pensamiento)
Pensamiento que se tiene después de muerto.
La muerte implica el cese total de las funciones cognitivas y de la percepción del yo. Sin embargo, existe una mínima -y estadísticamente irrelevante- probabilidad de que, una vez muerta, una persona pueda tener un pensamiento. Mientras la necrosis no afecte a la totalidad del sistema nervioso, podría ocurrir que todavía perviva una ligera sensación de hambre, tibieza o dolor. O que aparezca un recuerdo fugaz, o una fantasía. Todos estos pensamientos le ocurrirían a una mente que cobraría conciencia durante unos pocos segundos o quizás menos. También es posible que estos curiosos, improbables y esporádicos episodios cognitivos se den sin que haya una mente que los sienta como propios. Serían el hambre, la tibieza, el dolor, el recuerdo o la fantasía fugaz de nadie, que han emergido un microsegundo entre los restos de un cuerpo devastado por la muerte.
Si existe subjetividad y actividad cognitiva después de muerto (por ejemplo, si existiera el alma), entonces todo pensamiento que se ejecuta cuando no se tiene cuerpo es una tanatofrenia.
No se debe confundir la tanatofrenia con la epitanasia. En este último caso, decimos que la persona vive después de muerta. En la definición de tanatofrenia, sin embargo, es menester que los pensamientos se den en una persona cuya muerte es un hecho corroborado e irreversible. Además, la tanatofrenia implica un fugaz destello de conciencia que un segundo después se hunde en la nada.
Pensamiento que se tiene después de muerto.
La muerte implica el cese total de las funciones cognitivas y de la percepción del yo. Sin embargo, existe una mínima -y estadísticamente irrelevante- probabilidad de que, una vez muerta, una persona pueda tener un pensamiento. Mientras la necrosis no afecte a la totalidad del sistema nervioso, podría ocurrir que todavía perviva una ligera sensación de hambre, tibieza o dolor. O que aparezca un recuerdo fugaz, o una fantasía. Todos estos pensamientos le ocurrirían a una mente que cobraría conciencia durante unos pocos segundos o quizás menos. También es posible que estos curiosos, improbables y esporádicos episodios cognitivos se den sin que haya una mente que los sienta como propios. Serían el hambre, la tibieza, el dolor, el recuerdo o la fantasía fugaz de nadie, que han emergido un microsegundo entre los restos de un cuerpo devastado por la muerte.
Si existe subjetividad y actividad cognitiva después de muerto (por ejemplo, si existiera el alma), entonces todo pensamiento que se ejecuta cuando no se tiene cuerpo es una tanatofrenia.
No se debe confundir la tanatofrenia con la epitanasia. En este último caso, decimos que la persona vive después de muerta. En la definición de tanatofrenia, sin embargo, es menester que los pensamientos se den en una persona cuya muerte es un hecho corroborado e irreversible. Además, la tanatofrenia implica un fugaz destello de conciencia que un segundo después se hunde en la nada.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Escatícono
(Sustantivo. De eskátos = último y eikónes = imagen. No confundir con escotícono)
Última imagen que ve una persona antes de morir.
Desde el punto de vista etimológico y definicional, el término se refiere a una imagen cualquiera, con la condición de que sea la última. Por ejemplo, el cielo raso de la habitación del hospital donde un segundo después sobreviene el deceso. Sin embargo, debe utilizarse con mayor propiedad para aquellas imágenes que, por el solo hecho de verlas, son un preanuncio inequívoco de la muerte. Quien pudiera ver de cerca el hongo de una explosión atómica, o el acercamiento vertiginoso del suelo después de haberse tirado de un edificio, o la luz y el creciente calor del magma después de arrojarse a un volcán, o su propio cuerpo sin cabeza luego de haber sido decapitado, habrá tenido una imagen imposible que un segundo después estará seguida de una muerte violenta e instantánea.
Ante un escatícono es factible que se emita un extrecanor.
Última imagen que ve una persona antes de morir.
Desde el punto de vista etimológico y definicional, el término se refiere a una imagen cualquiera, con la condición de que sea la última. Por ejemplo, el cielo raso de la habitación del hospital donde un segundo después sobreviene el deceso. Sin embargo, debe utilizarse con mayor propiedad para aquellas imágenes que, por el solo hecho de verlas, son un preanuncio inequívoco de la muerte. Quien pudiera ver de cerca el hongo de una explosión atómica, o el acercamiento vertiginoso del suelo después de haberse tirado de un edificio, o la luz y el creciente calor del magma después de arrojarse a un volcán, o su propio cuerpo sin cabeza luego de haber sido decapitado, habrá tenido una imagen imposible que un segundo después estará seguida de una muerte violenta e instantánea.
Ante un escatícono es factible que se emita un extrecanor.
viernes, 26 de febrero de 2010
Diplobio
(Adjetivo y sustantivo. Del griego diplós = doble y bios = vida)
Único cuerpo en el que habitan dos seres.
No debe confunirse este término con el que corresponde a la posesión demoníaca.
El término puede aplicarse con ciertas reservas a los casos de hermanos siameses en los que no queda claro si se trata de un único cuerpo con dos conciencias, o de dos cuerpos fundidos.
El término tendría su uso si encontráramos alguna especie de animal que tuviese naturalmente dos cabezas, y si pudiéramos decir que no se trata de dos individuos que viven en una completa simbiosis, sino de un único doble individuo.
Podría aplicarse con propiedad a nosotros si alguna parte de nuestro cuerpo adquiriese conciencia y decidiera imponer sus propios objetivos. ¿Qué ocurriría si a un brazo le saliesen patas y comenzara a moverse como si tuviera sus propias intenciones? Si el resultado final de esa horrenda mutación es que el brazo se desprenda del cuerpo, sólo hemos sido el vehículo para el nacimiento de un nuevo tipo de seres. Pero si el brazo continúa adherido a nuestro cuerpo, nos hemos convertido en un diplobio.
Así como hay diplobios, puede haber triobios, tetrabios, pentabios, hexabios, heptabios. Una vez que hemos permitido que en un cuerpo habiten dos seres, podemos especular con casos en los que habiten miles. El término para designar estos casos de vida múltiple es polibio.
Un tumor maligno, que crece a expensas de nuestra sangre y lleva nuestro mismo código genético, ¿nos convierte también en diplobios?
Dado que nuestro cuerpo está conformado por millones de células, cada una de las cuales tiene vida propia, ¿podemos decir que somos polibios?
Las palabras existentes hasta el momento (siamés, simbiótico, parásito) hacen referencia a dos o más seres que, por diversas circunstancias, han quedado fundidos en un cuerpo. Diplobio (o polibio), en cambio, no remite a fusión alguna sino al espontáneo surgimiento de dos seres a partir de una misma estructura corporal.
Único cuerpo en el que habitan dos seres.
No debe confunirse este término con el que corresponde a la posesión demoníaca.
El término puede aplicarse con ciertas reservas a los casos de hermanos siameses en los que no queda claro si se trata de un único cuerpo con dos conciencias, o de dos cuerpos fundidos.
El término tendría su uso si encontráramos alguna especie de animal que tuviese naturalmente dos cabezas, y si pudiéramos decir que no se trata de dos individuos que viven en una completa simbiosis, sino de un único doble individuo.
Podría aplicarse con propiedad a nosotros si alguna parte de nuestro cuerpo adquiriese conciencia y decidiera imponer sus propios objetivos. ¿Qué ocurriría si a un brazo le saliesen patas y comenzara a moverse como si tuviera sus propias intenciones? Si el resultado final de esa horrenda mutación es que el brazo se desprenda del cuerpo, sólo hemos sido el vehículo para el nacimiento de un nuevo tipo de seres. Pero si el brazo continúa adherido a nuestro cuerpo, nos hemos convertido en un diplobio.
Así como hay diplobios, puede haber triobios, tetrabios, pentabios, hexabios, heptabios. Una vez que hemos permitido que en un cuerpo habiten dos seres, podemos especular con casos en los que habiten miles. El término para designar estos casos de vida múltiple es polibio.
Un tumor maligno, que crece a expensas de nuestra sangre y lleva nuestro mismo código genético, ¿nos convierte también en diplobios?
Dado que nuestro cuerpo está conformado por millones de células, cada una de las cuales tiene vida propia, ¿podemos decir que somos polibios?
Las palabras existentes hasta el momento (siamés, simbiótico, parásito) hacen referencia a dos o más seres que, por diversas circunstancias, han quedado fundidos en un cuerpo. Diplobio (o polibio), en cambio, no remite a fusión alguna sino al espontáneo surgimiento de dos seres a partir de una misma estructura corporal.
miércoles, 27 de enero de 2010
Autonergucia
(Sustantivo. Del griego autós = uno mismo, sí mismo y energoumenós = poseído)
1. Invocación a sí mismo.
Ante un problema, hay quienes invocan a los santos, a los ángeles o a Dios. En algunos casos se invoca a entidades insignificantes y en cierto modo paródicas. Es famosa la frase de Sócrates: "¡Por el perro!", la cual solía proferir con intención irónica. Sin embargo son pocas las ocasiones en las que uno se invoca a sí mismo -como si uno mismo fuera otro- para acometer un trabajo difícil o para resolver una situación que parece insoluble: "Oh, yo mismo, dame la fuerza para poder solucionar este problema". "Yo, que me estoy escuchando, por favor, necesito voluntad para arreglar la cortina de la ventana de una vez por todas".
2. Posesión por el espíritu de uno mismo.
En esta acepción la autonergucia implica una casi paradoja. Se dice que los médium espiritistas corren el riesgo de quedar poseídos por el alma del muerto que invocan. ¿Qué ocurriría si se invocaran a sí mismos? Quizás tendrían el problema de la autonergucia: su propio yo los poseería como si fuera otro. En otras palabras, tendría dos espíritus: el que naturalmente habitaba ese cuerpo, y otro -que es en realidad el mismo- que poseería a ese cuerpo de manera ilegítima. Sin embargo, dado que ambos espíritus son el mismo, es posible que ni el sujeto ni quienes lo rodean noten nada extraño: después de todo, la voluntad de ambos espíritus (ambos que en realidad son uno) actúan en perfecta consonancia, aunque a veces puede haber diferencias. Podría ocurrir que el espíritu que naturalmente habitaba ese cuerpo entre en conflicto con ese espejo que lo posee, y la conducta del individuo se vuelva extraña en ciertos casos. Sin embargo, para el sujeto que padece la autonergucia no habría ninguna diferencia perceptible: después de todo, siempre es su propio espíritu (aunque duplicado) el que decide actuar de tal o cual manera.
Si una persona invocara mil veces su propio espíritu, ¿correría el riesgo de ser poseída mil veces por sí misma?
1. Invocación a sí mismo.
Ante un problema, hay quienes invocan a los santos, a los ángeles o a Dios. En algunos casos se invoca a entidades insignificantes y en cierto modo paródicas. Es famosa la frase de Sócrates: "¡Por el perro!", la cual solía proferir con intención irónica. Sin embargo son pocas las ocasiones en las que uno se invoca a sí mismo -como si uno mismo fuera otro- para acometer un trabajo difícil o para resolver una situación que parece insoluble: "Oh, yo mismo, dame la fuerza para poder solucionar este problema". "Yo, que me estoy escuchando, por favor, necesito voluntad para arreglar la cortina de la ventana de una vez por todas".
2. Posesión por el espíritu de uno mismo.
En esta acepción la autonergucia implica una casi paradoja. Se dice que los médium espiritistas corren el riesgo de quedar poseídos por el alma del muerto que invocan. ¿Qué ocurriría si se invocaran a sí mismos? Quizás tendrían el problema de la autonergucia: su propio yo los poseería como si fuera otro. En otras palabras, tendría dos espíritus: el que naturalmente habitaba ese cuerpo, y otro -que es en realidad el mismo- que poseería a ese cuerpo de manera ilegítima. Sin embargo, dado que ambos espíritus son el mismo, es posible que ni el sujeto ni quienes lo rodean noten nada extraño: después de todo, la voluntad de ambos espíritus (ambos que en realidad son uno) actúan en perfecta consonancia, aunque a veces puede haber diferencias. Podría ocurrir que el espíritu que naturalmente habitaba ese cuerpo entre en conflicto con ese espejo que lo posee, y la conducta del individuo se vuelva extraña en ciertos casos. Sin embargo, para el sujeto que padece la autonergucia no habría ninguna diferencia perceptible: después de todo, siempre es su propio espíritu (aunque duplicado) el que decide actuar de tal o cual manera.
Si una persona invocara mil veces su propio espíritu, ¿correría el riesgo de ser poseída mil veces por sí misma?
jueves, 14 de enero de 2010
Jesusto
(Sustantivo. De Jesús y susto)
Aparición celestial que de manera indeseada provoca el espanto y la huida de sus destinatarios.
Si un ángel o el mismísimo Dios se aparecieran para dar un mensaje, es posible que lo hagan con trompetas, truenos, nubes amenazantes, luces cegadoras y flores de gazol. Es muy probable que esas manifestaciones provocaran pánico en sus receptores y que, por lo tanto, el mensaje divino se viera malogrado. Por ello, si la divinidad desea dar un mensaje claro y directo a sus devotos, debe evitar el pavoneo innecesario. Las personas son miedosas, y un dios que abusara de prodigios aterrorizantes lograría un efecto paradójico: nadie repararía en él ni en su mensaje, sino en la manera de escapar de sus prodigios.
Téngase en cuenta que el concepto de jesusto sólo se aplica si la divinidad no es demoníaca. La aparición de un demonio la mayoría de las veces tiene como objetivo la provocación del terror. En el jesusto el miedo es una consecuencia indeseada por la deidad, la cual sólo quería dar un comunicado.
A veces los gabarimoríes son jesustos por la propia extrañeza que provoca la aparición. A veces la divinidad -aun cuando fuera bondadosa y tierna- puede tener la firme intención de asustar a sus destinatarios. En este último caso, el efecto no puede llamarse propiamente jesusto.
Aparición celestial que de manera indeseada provoca el espanto y la huida de sus destinatarios.
Si un ángel o el mismísimo Dios se aparecieran para dar un mensaje, es posible que lo hagan con trompetas, truenos, nubes amenazantes, luces cegadoras y flores de gazol. Es muy probable que esas manifestaciones provocaran pánico en sus receptores y que, por lo tanto, el mensaje divino se viera malogrado. Por ello, si la divinidad desea dar un mensaje claro y directo a sus devotos, debe evitar el pavoneo innecesario. Las personas son miedosas, y un dios que abusara de prodigios aterrorizantes lograría un efecto paradójico: nadie repararía en él ni en su mensaje, sino en la manera de escapar de sus prodigios.
Téngase en cuenta que el concepto de jesusto sólo se aplica si la divinidad no es demoníaca. La aparición de un demonio la mayoría de las veces tiene como objetivo la provocación del terror. En el jesusto el miedo es una consecuencia indeseada por la deidad, la cual sólo quería dar un comunicado.
A veces los gabarimoríes son jesustos por la propia extrañeza que provoca la aparición. A veces la divinidad -aun cuando fuera bondadosa y tierna- puede tener la firme intención de asustar a sus destinatarios. En este último caso, el efecto no puede llamarse propiamente jesusto.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Micróteo
(Sustantivo. Del griego mycrós = pequeño y theós = divino)
Dios de tamaño mínimo.
El micróteo es micropotente y su existencia es localizable en el espacio. Su tamaño es casi matemáticamente mínimo: es tan pequeño como para que no le quepa algo dentro de sí, pero tan grande como para no confundirse con un punto sin dimensiones. El micróteo es poderoso: tiene control absoluto sobre las partículas que lo rodean, aunque su alcance no va más allá de lo que está inmediatamente a su alrededor. De hecho, todo nuestro universo es obra de un micróteo: él hizo estallar en un big bang ese minúsculo e inconcebible átomo primigenio que luego se convirtió en el cosmos.
La hipótesis de un micróteo (o de varios micróteos) puede explicar mejor algunas inconsistencias de las clásicas teorías sobre lo divino. Si Dios es omnipotente, y si es todo acto, ¿por qué no actúa de todas las maneras posibles? En otras palabras, si Dios todo lo puede, ¿por qué no todo lo hace? La omnipotencia en conjunción con la actuación pura implican que cualquier cosa concebible debería existir efectivamente. Dicho en otras palabras, ¿por qué no hay milagros continuos? Un dios omnipotente debería estar actuando en el mundo, produciendo cambios visibles.
Si aceptamos la hipótesis del micróteo podremos decir: los milagros ocurren. El micróteo está actuando continuamente, pero su acción es local. Interviene provocando reacciones químicas gracias al movimiento de unas pocas partículas. O devuelve a una estrella parte de los fotones que fueron expulsadas por ella: así, actúa revirtiendo la entropía, aunque de manera parcial e imperceptible.
Por supuesto, también esta tesis tiene objeciones. Si un micróteo hizo estallar el Big Bang, ¿por qué no crea nuevos universos a cada segundo, a partir de cualquier partícula de materia? La respuesta posible a este razonamiento es que efectivamente, el micróteo crea universos, sólo que éstos se desenvuelven en una espacialidad transversal, perpendicular a la nuestra. Además, es de esperar que esos universos creados en las rasgaduras del nuestro, no tengan las propiedades físicas habituales, de modo que es muy posible que ni siquiera podamos percibirlos. Finalmente, existe una asombrosa teoría según la cual los universos creados a cada instante por el micróteo son implosivos, no explosivos. Los cuantos de materia estallarían hacia adentro, y en esa inconcebible interioridad (de tamaño negativo) se desarrollarían universos cuyas leyes físicas ni siquiera pueden conjeturarse.
Dios de tamaño mínimo.
El micróteo es micropotente y su existencia es localizable en el espacio. Su tamaño es casi matemáticamente mínimo: es tan pequeño como para que no le quepa algo dentro de sí, pero tan grande como para no confundirse con un punto sin dimensiones. El micróteo es poderoso: tiene control absoluto sobre las partículas que lo rodean, aunque su alcance no va más allá de lo que está inmediatamente a su alrededor. De hecho, todo nuestro universo es obra de un micróteo: él hizo estallar en un big bang ese minúsculo e inconcebible átomo primigenio que luego se convirtió en el cosmos.
La hipótesis de un micróteo (o de varios micróteos) puede explicar mejor algunas inconsistencias de las clásicas teorías sobre lo divino. Si Dios es omnipotente, y si es todo acto, ¿por qué no actúa de todas las maneras posibles? En otras palabras, si Dios todo lo puede, ¿por qué no todo lo hace? La omnipotencia en conjunción con la actuación pura implican que cualquier cosa concebible debería existir efectivamente. Dicho en otras palabras, ¿por qué no hay milagros continuos? Un dios omnipotente debería estar actuando en el mundo, produciendo cambios visibles.
Si aceptamos la hipótesis del micróteo podremos decir: los milagros ocurren. El micróteo está actuando continuamente, pero su acción es local. Interviene provocando reacciones químicas gracias al movimiento de unas pocas partículas. O devuelve a una estrella parte de los fotones que fueron expulsadas por ella: así, actúa revirtiendo la entropía, aunque de manera parcial e imperceptible.
Por supuesto, también esta tesis tiene objeciones. Si un micróteo hizo estallar el Big Bang, ¿por qué no crea nuevos universos a cada segundo, a partir de cualquier partícula de materia? La respuesta posible a este razonamiento es que efectivamente, el micróteo crea universos, sólo que éstos se desenvuelven en una espacialidad transversal, perpendicular a la nuestra. Además, es de esperar que esos universos creados en las rasgaduras del nuestro, no tengan las propiedades físicas habituales, de modo que es muy posible que ni siquiera podamos percibirlos. Finalmente, existe una asombrosa teoría según la cual los universos creados a cada instante por el micróteo son implosivos, no explosivos. Los cuantos de materia estallarían hacia adentro, y en esa inconcebible interioridad (de tamaño negativo) se desarrollarían universos cuyas leyes físicas ni siquiera pueden conjeturarse.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Nulipsismo
(Sustantivo. Del latín nullus = ninguno, nadie e ipse = mismo. Adjetivo: nulipsista)Si el solipsismo es la doctrina según la cual "sólo existo yo" (solus ipse), el nulipsismo es aquella posición filosófica según la cual nada ni nadie existe, ni siquiera quien emite el enunciado de que nada existe.
Si bien la propia formulación del nulipsismo parece contradictoria en su enunciado (después de todo, el simple hecho de creer en el nulipsismo parece implicar que hay algo que cree), existen sensaciones nulipsistas.
Los estadíos de amnesia temporal parecen estar cerca del nulipsismo. Sin embargo, existe un mejor ejemplo: quienes sufren ataques de pánico, suelen sentir que no están aquí, pero que a su vez no están en ninguna parte. Esa vertiginosa sensación -en la que el yo se desconoce a sí mismo- es patentemente nulipsista.
Las doctrinas filosóficas que buscan desenmascarar los procesos cognitivos del yo suelen ser nulipsistas. Daniel Dennett propone que nuestra conciencia es en verdad un gran teatro que se monta a partir de elementos puramente físicos. Un teatro que nos "hace creer" que somos seres conscientes, pero en verdad sólo somos unos robots muy complicados. Tras las bambalinas de ese teatro, no hay actores sino neuronas, sinapsis, intercambios químicos y eléctricos que actúan por puro poder causal, sin saber siquiera el papel que están desempeñando en la obra.
(Nota: me asombra que este término no se le haya ocurrido a algún filósofo. Como siempre, hice una búsqueda en Google para saber si "nulipsismo" existía, y me encuentro con esto. Me resulta curioso; del solipsismo al nulipsismo hay un solo paso. ¿Por qué nadie lo dio a través de esta palabra?)
lunes, 21 de septiembre de 2009
Psicrótico,a
(Adjetivo. Del griego psiché = alma y chréma = cosa)Persona poseída por un objeto inanimado.
Si bien sólo pueden tener alma los seres vivos, podría pensarse que de algún modo misterioso cada objeto inanimado tiene cierto tipo de esencia que podría invadir y enquistarse en un cuerpo humano. Si el alma humana puede animar un muñeco de plástico (como en la película Chucky), o una casa (como en Monster House), ¿por qué no creer que el alma o la esencia de un muñeco, o de una casa, podrían poseer el cuerpo de una persona?
El psicrótico podría estar poseído por un vaso, una mesa, el mar Caspio, una galaxia, una colección de latas de cerveza o alguna parte de su propio cuerpo.
¿Es paradojal que alguien esté poseído por su propio cerebro?
jueves, 9 de abril de 2009
Escotícono
(Sustantivo. Del griego skotóma = oscuridad y eikones = imagen)1. Aparición de imágenes vívidas e iluminadas en plena oscuridad.
Un escotícono puede ser algún fenómeno metafísico, paranormal o inusitado -como la aparición de un ser sobrenatural precedido por flores de gazol, o una builgoña- , o bien una alucinación provocada por una indebida excitación de la retina.
Los escotíconos no se dejan ver por una luminosidad propia; mas bien parecen iluminados. Como si una luz -desde arriba, desde abajo o desde atrás- los estuviese enfocando. De modo que el escotícono consiste, al menos, en dos cosas: la aparición de una imagen, y la fuente de luz que ilumina a la imagen.
2. Visión de imágenes en una porción del ojo en la cual se sufre un escotoma.
Un escotoma se caracteriza por una zona circunscrita de pérdida de visión, debido a una lesión en la retina. Se trata de una ceguera parcial y localizada, en la cual una parte de la retina no percibe imágenes y, por lo tanto, desde cierto ángulo no se puede ver.
Un escotícono consiste en la visión de imágenes -a veces inconexas y contradictorias- en la zona donde se tiene el escotoma. En otros términos, el escotícono es la reducción al absurdo del escotoma: en lugar de que el escotoma consista en no ver, mas bien consiste en ver cosas que no están , pero sólo con una porción del ojo afectado de escotoma. Como si en un televisor que tiene algunos píxeles rotos se pudiera ver otro canal precisamente a través de esos píxeles rotos.
(La foto muestra un escotoma. Imagine el lector que un escotícono fuera una imagen que ocupa ese lugar ciego y sombrío del centro)
¿Es una contradicción ver un escotícono dentro de un escófeno?
jueves, 29 de enero de 2009
Idiópero
(Sust. Del griego idios = propio, particular y péras = límite)Objeto que limita consigo mismo.
El idiópero no es un objeto infinito ni ilimitado. Se trata de una cosa que no comparte las propiedades geométricas habituales, pues se encuentra plegado sobre sí mismo sin otro objeto alrededor: todo lo que hay alrededor, es él mismo.
Otra manera de ser del idiópero consiste en que sus límites o bordes poseen propiedades distintas a las usuales. Se pueden postular idióperos cuyos límites perimetrales sean una entidad matemática, un color abstracto o una energía metafísica y no estrictamente un límite en el sentido común de la palabra.
(La imagen que acompaña a esta entrada, por supuesto, no corresponde a la de un idiópero. Como se habrá entendido, no puede visualizarse un ser de características idióperas. En su lugar, hay una medusa intergaláctica llamada Lordakium, que es aproximadamente lo que imagino cuando trato de tener una idea visual de un idiópero)
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Unanosca
(Sust femenino. Del griego oú= no, agnorisis = reconocimiento y tnésko = morir)Tiempo después de la muerte en el cual el muerto todavía piensa que está vivo.
Quien sufre de unanosca no sabe que ha muerto. Prosigue con sus rutinas diarias sin notar mayores cambios que una acentuada indiferencia por parte de quienes habitualmente lo rodean. Tarde o temprano, sin embargo, debe caer en la cuenta de que la indiferencia es sólo un mínimo factor, porque -presumiblemente- también deberían modificarse la posibilidad de asir objetos o de cualquier mínimo intercambio verbal con otras personas.
La unanosca es familiar por películas como Ghost, Sexto Sentido y Los Otros. Sin embargo, en todas estas películas se revela que la ananosca nace de una multitud de inconsistencias inverosímiles. En Ghost, el alma del muerto puede caminar por el piso, como si éste todavía pudiera ofrecerle alguna resistencia. En Sexto Sentido, Bruce Willis -el muerto que padece unanosca- habla con quien fuera su mujer y reinterpreta sus silencios y sus lágrimas como una forma de problema conyugal. Es palmario que la unanosca sólo es posible si la muerte no cambiara demasiado los entornos; si en verdad se puede morir sin que se vea siquiera modificada la percepción. Pero podemos legítimamente dudar de la muerte si, en verdad, aun estando muertos podemos tropezarnos con las mismas piedras con las que nos habíamos matado por tropezarnos y rompernos el cráneo.
La creencia en la unanosca nace de la añoranza por creer que el mundo del muerto es muy parecido al de los vivos. Quienes piensan esto, son incapaces de imaginar que el infierno (el lugar que nos espera a todos) es infinitamente peor de lo que podemos conjeturar.
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