(Adjetivo. Del latín ratio = cuenta, cálculo y facio = hacer)
Quien decide lo que alguien necesita para vivir.
El ratificho calcula, de acuerdo a su caprichoso y arbitrario parecer, cómo y con cuánto debe vivir alguien. "Pedro no tiene familia y es soltero. ¿Cuánto necesita ganar por mes? ¿Tres mil pesos?". Sus especulaciones no se basan en el valor de la canasta familiar, sino en las imaginarias necesidades del individuo sobre quien recae la decisión. Cree que no se debe retribuir a alguien por su labor o por los derechos adquiridos, sino por lo que él supone que requiere la persona de acuerdo al tipo de vida que lleva. "Pero Juan toma una sopita y dos rodajas de pan por día. Él no necesita ganar mucho dinero, con poco lo arreglás". No se da cuenta (o finge no hacerlo) de que la frugalidad puede ser, precisamente, producto del rigor y el escaso dinero.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
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jueves, 3 de mayo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
Rubinodia
(Sustantivo. Del latín rubeus = rojo, rubio e inodia = enojo, odio)
Color rojo que dicen ver algunas personas cuando se enfurecen.
Algunas personas argumentan que, antes de experimentar un episodio de cólera, su campo visual se vuelve de color rojo sangre. Esa experiencia emotivo-visual es la rubinodia. Es de suponer que durante la rubinodia se pierde el juicio, y que el color rojo del campo visual es producto de un enojo de enormes proporciones. Quienes la padecen, se comportan como toros encrespados y cometen un acto violento e irracional mientras les dura. A veces se justifican diciendo que "veían todo rojo", como si eso bastara para explicar por qué desollaron al gato, acogotaron a la vecina o incendiaron el jardín de infantes.
Color rojo que dicen ver algunas personas cuando se enfurecen.
Algunas personas argumentan que, antes de experimentar un episodio de cólera, su campo visual se vuelve de color rojo sangre. Esa experiencia emotivo-visual es la rubinodia. Es de suponer que durante la rubinodia se pierde el juicio, y que el color rojo del campo visual es producto de un enojo de enormes proporciones. Quienes la padecen, se comportan como toros encrespados y cometen un acto violento e irracional mientras les dura. A veces se justifican diciendo que "veían todo rojo", como si eso bastara para explicar por qué desollaron al gato, acogotaron a la vecina o incendiaron el jardín de infantes.
lunes, 8 de agosto de 2011
Rajoso
(Adjetivo. De raja. Es voz malsonante)
Quien tiene el espacio entre glúteos demasiado largo o pronunciado.
Ese espacio (llamado también "raya") se denomina perineo. Algunas personas lo tienen discreto, y por eso jamás se les asoma a través de esa indecisa franja entre el final del pantalón y el comienzo de la remera. Otras personas, en cambio, se enrajan con facilidad (a veces por culpa de su enchulenguizamiento) debido a que su perineo se extiende desde muy abajo hasta alguna parte casi inocultable de la espalda.
Los rajosos andan por el mundo condenados a comprobar con sus manos que el pantalón no se haya bajado cuando se agachan, dejando al descubierto la parte superior de las nalgas y el perineo.
Quien tiene el espacio entre glúteos demasiado largo o pronunciado.
Ese espacio (llamado también "raya") se denomina perineo. Algunas personas lo tienen discreto, y por eso jamás se les asoma a través de esa indecisa franja entre el final del pantalón y el comienzo de la remera. Otras personas, en cambio, se enrajan con facilidad (a veces por culpa de su enchulenguizamiento) debido a que su perineo se extiende desde muy abajo hasta alguna parte casi inocultable de la espalda.
Los rajosos andan por el mundo condenados a comprobar con sus manos que el pantalón no se haya bajado cuando se agachan, dejando al descubierto la parte superior de las nalgas y el perineo.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Reaforado
(Adjetivo. De re y aforar)
Dícese quien vuelve rápidamente a sus cabales luego de un episodio de enojo y violencia.
Sólo se puede estar reaforado si previamente se estuvo desaforado. El reaforado reacciona con golpes, gritos e insultos ante algo. Es posible que reciba puñetazos y patadas. Sin embargo en mitad de la pelea se detiene, levanta los brazos y dice "ya pasó, ya pasó". Con la ropa cortada en jirones y la nariz sangrando, se retira de buen humor como si sólo hubiera sido un espectador de la riña.
Dícese quien vuelve rápidamente a sus cabales luego de un episodio de enojo y violencia.
Sólo se puede estar reaforado si previamente se estuvo desaforado. El reaforado reacciona con golpes, gritos e insultos ante algo. Es posible que reciba puñetazos y patadas. Sin embargo en mitad de la pelea se detiene, levanta los brazos y dice "ya pasó, ya pasó". Con la ropa cortada en jirones y la nariz sangrando, se retira de buen humor como si sólo hubiera sido un espectador de la riña.
lunes, 26 de julio de 2010
Renómeco
(Adjetivo. De la expresión latina remanet mecum = "se queda conmigo"
El que monopoliza lo que debe pasar de mano en mano.
Un profesor muestra a sus alumnos un frasco con una rana disecada, para ejemplificar y enfatizar algunas cuestiones de biología. El frasco debe ser visto y manipulado por cada uno de los treinta presentes. Pero algún alumno decide apropiárselo durante mucho más tiempo que el esperado, quizás con la pretensión de descubrir alguna propiedad especial, o para hacer chistes, o esperando hacer revivir al sapo, o tal vez simplemente por distracción. Ese alumno es un renómeco: ha detenido por unos instantes un proceso, sin la determinación de interrumpirlo o de apropiarse del objeto que motiva dicho proceso.
En la costumbre argentina del mate, es común que abunden los renómecos. Suele ocurrir que un matero se quede con el mate servido y caliente entre sus manos, y que su charla demore el instante en que le dará el sorbo a la bombilla.
El que monopoliza lo que debe pasar de mano en mano.
Un profesor muestra a sus alumnos un frasco con una rana disecada, para ejemplificar y enfatizar algunas cuestiones de biología. El frasco debe ser visto y manipulado por cada uno de los treinta presentes. Pero algún alumno decide apropiárselo durante mucho más tiempo que el esperado, quizás con la pretensión de descubrir alguna propiedad especial, o para hacer chistes, o esperando hacer revivir al sapo, o tal vez simplemente por distracción. Ese alumno es un renómeco: ha detenido por unos instantes un proceso, sin la determinación de interrumpirlo o de apropiarse del objeto que motiva dicho proceso.
En la costumbre argentina del mate, es común que abunden los renómecos. Suele ocurrir que un matero se quede con el mate servido y caliente entre sus manos, y que su charla demore el instante en que le dará el sorbo a la bombilla.
jueves, 18 de marzo de 2010
Regibonecer
(Verbo intransitivo. De gibón y rejuvenecer)
Adquirir apariencia simiesca por aplicarse tratamientos para rejuvenecer.
Las personas que se hacen cirugías estéticas pueden engañar, en algún aspecto puntual, mostrándose como si fueran un tanto más jóvenes que sus congéneres de la misma edad. Sin embargo, la apariencia global a veces es la de un esperpentáculo enfulerizado. El hombre regibonecido tiene el cabello de un joven de veinte años, pero su piel es áspera y rugosa como la de un lagarto. La mujer regibonecida se ha hecho senos gigantes, redondos y tersos. Pero no puede esconder las arrugas cuando sonríe ni la voz grave y arenosa de una anciana cuando suelta la carcajada.
Los hombres tienden a regibonecer más rápidamente que las mujeres: dada la preocupación por la alopecía, los representantes del sexo masculino tienden a exagerar con la abundancia y longitud de sus cabellos cuando se hacen implantes capilares o compran peluquines. Dado que el pelo es lo que mejor caracteriza a los simios, estos tratamientos provocan enseguida la apariencia de gibón.
Que una persona haya regibonecido no significa que no haya logrado su propósito de parecer más joven: puede ser que, de hecho, parezca muy joven. Pero no un humano joven, sino un mono joven. Se puede alcanzar el ideal de (apariencia de) juventud, pero eso no significa que, automáticamente, se alcance el ideal de belleza.
Adquirir apariencia simiesca por aplicarse tratamientos para rejuvenecer.
Las personas que se hacen cirugías estéticas pueden engañar, en algún aspecto puntual, mostrándose como si fueran un tanto más jóvenes que sus congéneres de la misma edad. Sin embargo, la apariencia global a veces es la de un esperpentáculo enfulerizado. El hombre regibonecido tiene el cabello de un joven de veinte años, pero su piel es áspera y rugosa como la de un lagarto. La mujer regibonecida se ha hecho senos gigantes, redondos y tersos. Pero no puede esconder las arrugas cuando sonríe ni la voz grave y arenosa de una anciana cuando suelta la carcajada.
Los hombres tienden a regibonecer más rápidamente que las mujeres: dada la preocupación por la alopecía, los representantes del sexo masculino tienden a exagerar con la abundancia y longitud de sus cabellos cuando se hacen implantes capilares o compran peluquines. Dado que el pelo es lo que mejor caracteriza a los simios, estos tratamientos provocan enseguida la apariencia de gibón.
Que una persona haya regibonecido no significa que no haya logrado su propósito de parecer más joven: puede ser que, de hecho, parezca muy joven. Pero no un humano joven, sino un mono joven. Se puede alcanzar el ideal de (apariencia de) juventud, pero eso no significa que, automáticamente, se alcance el ideal de belleza.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Rugopario
(Del latín ruga = arruga y paries = muro)
Marcas en la pared de los objetos que suelen apoyarse en ella.
Las sillas, los picaportes, las camas, los objetos que cuelgan de la pared y se balancean (como las llaves, las cucharas, las cadenas, algunos adornos) van dejando sutiles hendiduras en el revoque que, con el paso del tiempo, se hacen notorias y persistentes.
Gracias a los rugoparios, cuando vemos una casa vacía podemos inducir sin mucho trabajo dónde estaban ubicados los muebles de los habitantes anteriores.
Marcas en la pared de los objetos que suelen apoyarse en ella.
Las sillas, los picaportes, las camas, los objetos que cuelgan de la pared y se balancean (como las llaves, las cucharas, las cadenas, algunos adornos) van dejando sutiles hendiduras en el revoque que, con el paso del tiempo, se hacen notorias y persistentes.
Gracias a los rugoparios, cuando vemos una casa vacía podemos inducir sin mucho trabajo dónde estaban ubicados los muebles de los habitantes anteriores.
martes, 2 de febrero de 2010
Rengalo
(Sustantivo. De rengo y regalo. Sustantivo: rengalar)
Objeto o sistema de objetos incompletos que se da como regalo precisamente a causa de tal incompletud.
A un almacenero el proveedor le ha dado una botella de gaseosa que sólo tiene hasta la mitad. No la puede vender, y ya es tarde para reclamársela al proveedor. Lo que puede hacer es rengalarla: ofrecerla a alguien no por el genuino deseo de hacerle un obsequio, sino para que la botella no esté ocupando un lugar innecesario en las góndolas o en los depósitos.
Cada vez que nos dan una caja de destornilladores a la que le falta un destornillador, o un camioncito de juguete sin una rueda, o un salero sin pimentero, nos están haciendo un rengalo.
A veces, también, nos regalan una parte de algo para incentivarnos a que consigamos otra parte. Eso también es un rengalo. Si bien no se nos obsequia "a causa de la incompletud" (como dice la definición), sí existe la intención manifiesta de no otorgarnos la cosa completa. Es el caso en que un padre le regala diez cuotas de un auto cero kilómetro a su hijo, para que éste lo siga pagando. O un quiosquero que nos regala la primera figurita y el álbum, para que sigamos comprando figuritas.
También se llama "rengalo" ciertos regalos abstractos inoperantes. Si nos hemos sacado un uno en un examen, podríamos reclamarle al profesor para que nos levante la nota. El profesor puede acceder a nuestro pedido, pero nos llevaremos una sorpresa: no nos pone un uno, sino un dos. Con lo cual de todos modos desaprobamos. Hemos recibido un regalo cínico, inoperante y desde luego inmerecido. También sería un rengalo si nos otorgaran un título nobiliario que no sirviera para cambiaranos en lo más mínimo nuestras relaciones ni condiciones de vida. "A partir de hoy usted será el Duque de Morón", puede decirnos algún extemporáneo archiduque. Sin embargo, después de ese nombramiento, seguiremos viviendo en Morón, padeciendo las mismas rutinas y las mismas desgracias.
Objeto o sistema de objetos incompletos que se da como regalo precisamente a causa de tal incompletud.
A un almacenero el proveedor le ha dado una botella de gaseosa que sólo tiene hasta la mitad. No la puede vender, y ya es tarde para reclamársela al proveedor. Lo que puede hacer es rengalarla: ofrecerla a alguien no por el genuino deseo de hacerle un obsequio, sino para que la botella no esté ocupando un lugar innecesario en las góndolas o en los depósitos.
Cada vez que nos dan una caja de destornilladores a la que le falta un destornillador, o un camioncito de juguete sin una rueda, o un salero sin pimentero, nos están haciendo un rengalo.
A veces, también, nos regalan una parte de algo para incentivarnos a que consigamos otra parte. Eso también es un rengalo. Si bien no se nos obsequia "a causa de la incompletud" (como dice la definición), sí existe la intención manifiesta de no otorgarnos la cosa completa. Es el caso en que un padre le regala diez cuotas de un auto cero kilómetro a su hijo, para que éste lo siga pagando. O un quiosquero que nos regala la primera figurita y el álbum, para que sigamos comprando figuritas.
También se llama "rengalo" ciertos regalos abstractos inoperantes. Si nos hemos sacado un uno en un examen, podríamos reclamarle al profesor para que nos levante la nota. El profesor puede acceder a nuestro pedido, pero nos llevaremos una sorpresa: no nos pone un uno, sino un dos. Con lo cual de todos modos desaprobamos. Hemos recibido un regalo cínico, inoperante y desde luego inmerecido. También sería un rengalo si nos otorgaran un título nobiliario que no sirviera para cambiaranos en lo más mínimo nuestras relaciones ni condiciones de vida. "A partir de hoy usted será el Duque de Morón", puede decirnos algún extemporáneo archiduque. Sin embargo, después de ese nombramiento, seguiremos viviendo en Morón, padeciendo las mismas rutinas y las mismas desgracias.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Ropipago
(De "rompe, pierde, pincha, paga")
1. Lugar o situación en la que debe abonarse por cualquier daño o desperfecto que ocurriera en un objeto mientras estamos ejecutándolo o mientras esté bajo nuestra responsabilidad.
En los juegos de pelota infantil existe la regla de "rompe, pierde, pincha, paga", cuya correcta lectura debe ser condicional: "si se rompe, se pierde, se pincha, entonces se paga". Esta regla la aplica el dueño de la pelota cuando decide prestarla, y se enuncia en el acto de préstamo. En una enunciación general, la regla se puede reducir a "rompe, paga".
Esta regla básica de prestamista se aplica a un sinfín de situaciones cotidianas. Si alquilamos vajilla para una fiesta, el ropipago suele ser parte de la condición de alquiler. Nótese que de acuerdo al tipo de objeto, el antecedente del condicional variará. En el caso de la vajilla, no se utilizará la condición antecedente "si se pincha", la cual sólo se puede aplicar a los objetos inflables.
Las casitas y los salones de fiestas; y los comercios en general funcionan como ropipagos. Cualquier cosa que se nos caiga de una estantería o cualquier producto que se deteriore por causa de nuestra acción, deberemos abonarla.
Conviene destacar que los ropipagos funcionan de dos maneras diferentes:
- Algunos ropipagos nos fuerzan a pagar cuando "algo sale mal", seamos o no nosotros los que hayan cometido el desperfecto. Es el caso de los salones y casitas de fiestas, por ejemplo. Si desaparece la vajilla, aun cuando no hayamos sido nosotros, sino uno de los invitados quien la robó, nosotros deberemos responder por esa vajilla.
- Otros ropipagos, en cambio, sólo nos hacen responsables de los desperfectos que nosotros mismos hemos cometido, como en el caso de los comercios. Si justo alguien nos roba lo que tenemos dentro del chango de compras, no pueden (no deberían) aplicarnos la regla del ropipago.
Tal como hemos definido a este término, resulta casi redundante. Inventar la palabra "ropipago" para referirse a "rompe, paga" es poca ganancia. El término tiene mayor utilidad si le damos una acepción menos tautológica:
2. Situación o lugar en el que se nos cobra por conceptos arbitrarios o que están al límite de lo que consideraríamos digno de ser cobrado.
Si en un estacionamiento (donde el pago se fracciona cada hora) nos cobran por dos horas cuando en realidad estuvimos una hora y tres segundos, entonces podremos decir con justicia que el estacionamiento es un ropipago. Si en el restaurante nos cobran no sólo por la comida, sino por las degustaciones, los grisines, el pan y el uso del agua del baño, entonces el lugar es un ropipago. Si el que nos presta la pelota, una vez que se la devolvemos, decide que está muy sucia o que ha quedado levemente desinflada y que, por lo tanto, es exigible una pelota nueva, entonces estaremos en la situación del ropipago.
Para todo liminfractor debería existir un ropipago en su segunda acepción.
1. Lugar o situación en la que debe abonarse por cualquier daño o desperfecto que ocurriera en un objeto mientras estamos ejecutándolo o mientras esté bajo nuestra responsabilidad.
En los juegos de pelota infantil existe la regla de "rompe, pierde, pincha, paga", cuya correcta lectura debe ser condicional: "si se rompe, se pierde, se pincha, entonces se paga". Esta regla la aplica el dueño de la pelota cuando decide prestarla, y se enuncia en el acto de préstamo. En una enunciación general, la regla se puede reducir a "rompe, paga".
Esta regla básica de prestamista se aplica a un sinfín de situaciones cotidianas. Si alquilamos vajilla para una fiesta, el ropipago suele ser parte de la condición de alquiler. Nótese que de acuerdo al tipo de objeto, el antecedente del condicional variará. En el caso de la vajilla, no se utilizará la condición antecedente "si se pincha", la cual sólo se puede aplicar a los objetos inflables.
Las casitas y los salones de fiestas; y los comercios en general funcionan como ropipagos. Cualquier cosa que se nos caiga de una estantería o cualquier producto que se deteriore por causa de nuestra acción, deberemos abonarla.
Conviene destacar que los ropipagos funcionan de dos maneras diferentes:
- Algunos ropipagos nos fuerzan a pagar cuando "algo sale mal", seamos o no nosotros los que hayan cometido el desperfecto. Es el caso de los salones y casitas de fiestas, por ejemplo. Si desaparece la vajilla, aun cuando no hayamos sido nosotros, sino uno de los invitados quien la robó, nosotros deberemos responder por esa vajilla.
- Otros ropipagos, en cambio, sólo nos hacen responsables de los desperfectos que nosotros mismos hemos cometido, como en el caso de los comercios. Si justo alguien nos roba lo que tenemos dentro del chango de compras, no pueden (no deberían) aplicarnos la regla del ropipago.
Tal como hemos definido a este término, resulta casi redundante. Inventar la palabra "ropipago" para referirse a "rompe, paga" es poca ganancia. El término tiene mayor utilidad si le damos una acepción menos tautológica:
2. Situación o lugar en el que se nos cobra por conceptos arbitrarios o que están al límite de lo que consideraríamos digno de ser cobrado.
Si en un estacionamiento (donde el pago se fracciona cada hora) nos cobran por dos horas cuando en realidad estuvimos una hora y tres segundos, entonces podremos decir con justicia que el estacionamiento es un ropipago. Si en el restaurante nos cobran no sólo por la comida, sino por las degustaciones, los grisines, el pan y el uso del agua del baño, entonces el lugar es un ropipago. Si el que nos presta la pelota, una vez que se la devolvemos, decide que está muy sucia o que ha quedado levemente desinflada y que, por lo tanto, es exigible una pelota nueva, entonces estaremos en la situación del ropipago.
Para todo liminfractor debería existir un ropipago en su segunda acepción.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Retroscitar
(Verbo. Del latín retro = hacia atrás y suscitare = despertar. Sustantivo: retroscitación. Adjetivo: retroscitado,a)
Resucitar en el pasado.
¿Por qué uno debería resucitar en un tiempo después al de la muerte? Quizás es posible resucitar en un tiempo anterior a la propia vida. Tal vez uno pueda resucitar, incluso, en el mismo instante en que nació.
La retrocitación sería una manera extrema de viajar en el tiempo. Pero sin duda plantea ciertas paradojas.
Si yo resucito con el mismo cuerpo y en el mismo día en que nací, ¿he resucitado realmente? ¿O mi cuerpo tiene dos almas, ambas las cuales son... yo mismo?
Si resucito en el pasado y realizo algunas proezas, ¿no sería concebible que antes de resucitar (es decir, cuando viví en el futuro) pudiera haber leído algún libro en donde se relataran mis propias hazañas?
Desde luego, es posible que las resurrecciones se den en universos paralelos y que, por lo tanto, yo no tenga noticia de mis yo-mismos resurrectos que andan por ahí reviviendo vidas que no he vivido.
Quizás Jesús resucitó en el pasado, o en algún futuro muy lejano.
Un retroscitado de mí mismo no es un nosumo.
Resucitar en el pasado.
¿Por qué uno debería resucitar en un tiempo después al de la muerte? Quizás es posible resucitar en un tiempo anterior a la propia vida. Tal vez uno pueda resucitar, incluso, en el mismo instante en que nació.
La retrocitación sería una manera extrema de viajar en el tiempo. Pero sin duda plantea ciertas paradojas.
Si yo resucito con el mismo cuerpo y en el mismo día en que nací, ¿he resucitado realmente? ¿O mi cuerpo tiene dos almas, ambas las cuales son... yo mismo?
Si resucito en el pasado y realizo algunas proezas, ¿no sería concebible que antes de resucitar (es decir, cuando viví en el futuro) pudiera haber leído algún libro en donde se relataran mis propias hazañas?
Desde luego, es posible que las resurrecciones se den en universos paralelos y que, por lo tanto, yo no tenga noticia de mis yo-mismos resurrectos que andan por ahí reviviendo vidas que no he vivido.
Quizás Jesús resucitó en el pasado, o en algún futuro muy lejano.
Un retroscitado de mí mismo no es un nosumo.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Refurtar
(Palabra y definición enviadas por Francisco Falomir)
Verbo. Del catalán "Furtar" (Robar)
Regalar un objeto personal a alguien, diciendo “De verdad, quédatelo, a mi no me hace ninguna falta ya” y al cabo de un tiempo arrepentirse y pedir que lo devuelvan apoyándose en la antigua propiedad.
Robas doblemente, porque robas el regalo realizado y el objeto en sí mismo.
martes, 15 de septiembre de 2009
Revorflejar
(Verbo intransitivo. Del latín reverto = regresar y flecto = doblar. Sustantivo: revorflexión) Desandar el camino de una multitud de asociaciones mentales aparentemente arbitrarias.
El concepto es árido, de modo que trataremos de aclararlo con algún ejemplo.
A veces nos sorprendemos a nosotros mismos por la idea que ocupa actualmente nuestra mente: ¿Por qué extraño motivo estoy pensando en Beatriz Olave, la madre de Rodrigo el cantante de cuarteto? De inmediato, tratamos de desandar el camino de las asociaciones, y unimos ese pensamiento con otros: quise saber qué hora era, busqué el reloj, hay un tema del grupo "8:40" que se llama "El Reloj"; el grupo "8:40" está o estaba integrado (entre otros) por uno de los hermanos del cantante Rodrigo; en ese grupo la señora Beatriz Olave participaba activamente pidiendo palmas en los recitales. La cadena de asociaciones fue espontánea, no premeditada ni totalmente consciente; sólo cobra inteligibilidad en el momento en que se desanda el camino.
Aun en los momentos de mayor pereza, nuestra mente no se detiene. Cada idea o situación nos remite a un recuerdo o una emoción, y esa nueva circunstancia a su vez nos remite a otros recuerdos. La propia dinámica mental nos permite unir en un instante una enorme cantidad de ideas y no siempre somos conscientes de la exacta concatenación que vamos haciendo.
De vez en cuando, sin embargo, detenemos el fluir para observar nuestro proceso mental y a partir de ese proceso recontruimos la tortuosa génesis de la idea presente. A ese acto de reconstrucción de la retrospectiva mental la llamamos revorflejar.
Cuando la revorflexión se aplica a los sueños, se denomina hipnorancia.
martes, 8 de septiembre de 2009
Reseptancia
(Sustantivo. Del latín assectari = acechar y reptare = reptar. Variante: resechanza. Adjetivo: reseptántico,a)Sensación de que hay alguien escondido en algún lugar de la casa, o detrás de uno mismo.
Muchas veces tenemos la certeza de que alguien se está moviendo a nuestras espaldas. Sentimos la vibración del aire, intuimos una presencia en el placard o al otro lado de la puerta. Sin flores de gazol ni escófenos ni builgoñas que sirvan de manifestación, podemos asegurar que no estamos solos.
Las películas de terror coquetean con la reseptancia. Un individuo solo, en la oscuridad, mira hacia los costados sin querer ver si efectivamente el monstruo está en su habitación. Muchas veces, ese monstruo es sólo el gato, que salta repentinamente para crear un efecto de terror vacío y espurio. Así, la reseptancia puede verse defraudada: no sólo no hay alguien acechando; sino que su capacidad para intuir seres ocultos bajo la cama o dentro del sótano se revela como ilusoria.
La reseptancia suele sentirse en soledad, aunque puede haber casos de empatía reseptántica: dos o más personas sienten inexplicablemente la presencia de alguien escondido y acechante en algún lugar cercano.
Conviene aclarar que la reseptancia sólo es tal si no hay ningún indicio sensorial de que alguien está escondido. Si escuchamos ruidos en la alacena, no hay reseptancia: los ruidos delatan que efectivamente hay alguien (un hombre, una rata o un kiliópsico), pero para que exista reseptancia sólo hace falta la repentina e incorroborable certeza intuitiva sin mediación de los sentidos.
Los terfocarios suelen ser lugares de gran reseptancia.
jueves, 6 de agosto de 2009
Ronodetro
(Sustantivo. De la expresión latina "hanc rem non detrudit": esa cosa no se tira)Objeto inútil que se conserva sin motivo.
Mientras los propratos se conservan en vista de una posible utilidad futura de sus piezas, y los souvenires de casamiento se guardan debido a su valor afectivo o estético, los ronodetros simplemente están ahí. No tienen función, no se cree posible asignarles una y ni siquiera se repara en ellos.
A veces están en medio de otros objetos que sí tienen utilidad y se camuflan con ellos. Esa ingeniosa estrategia, sumada a nuestra pereza, hacen que los ronodetros tengan una supervivencia insólitamente prolongada.
Sabemos que un día hay que hacer limpieza y que ese día deberán irse para siempre de nuestras vidas. Pero los ronodetros nunca son los primeros en una lista de aseo porque -a diferencia de los planelocios- suelen tener un lugar estable y definido.
Los ronodetros más frecuentes son los bolígrafos que no andan. Es normal que en los escritorios haya cuatro o cinco bolígrafos, y entre ellos, uno que no funciona. Nuestra primera reacción -al notar que no escribe- es dejarlo a un lado y buscar entre los otros tres o cuatro hasta dar con el que sí funciona. Luego de escribir, juntamos a todos -el que no funciona y los que sí funcionan- y los llevamos nuevamente al lapicero o al cajón del escritorio.
Otros ronodetros son las cucharitas rotas -junto al resto de los cubiertos que están sanos-, las herramientas oxidadas en el cajón -junto con otras herramientas que no estan oxidadas- y los frascos de cosméticos, productos de tocador o medicamentos que se acumulan sin uso en el botiquín, de los cuales ya no estamos seguros de su efecto (tal vez hace un lustro que están en ese lugar) y no reparamos en que están allí, ocupando un espacio importante.
La lista puede continuar de manera indefinida.
Hay veces en los que identificamos a los ronodetros y los sentenciamos a muerte. Son días en los que, además de esa, podemos tomar otras decisiones importantes. Como renunciar al trabajo, declararle amor a la vecina o suicidarnos.
lunes, 22 de junio de 2009
Reliflojo,a
(Adjetivo. De religión y flojera)Dícese de quien se considera devoto de una religión que no practica.
Se aplica con gran propiedad a los católicos no practicantes.
Muchas personas se consideran cristianos por sostener un par de rituales esporádicos: no comer carne en semana santa, exhibir cruces bajo la remera y bautizar a sus hijos. Si se les pregunta de qué religión son, no dudan en responder: "católicos". Sin embargo, una religión no es un club en el cual uno elige qué deportes practicar y cuáles no. O se cumplen todos los rituales prescriptos, o se está condenado por definición a ya no ser parte de la comunidad. Dado que la religión es una práctica continua y disciplinada, la nula, arbitraria o escasa participación en los rituales le quita todo sustento a la afirmación de pertenencia a uno u otro círculo religioso.
El reliflojo vive en ese limbo en el cual nadie lo condena severamente, pero él mismo tampoco se impone con fuerza y vigor cumplir con todos los rituales o retirarse de forma definitiva. Su posición, además de cómoda, es peligrosamente especuladora. En las discusiones de sobremesa, se pone de manera terminante del lado de los católicos (aunque él sea un caso límite); tiene algunas creencias indefinidas acerca del más allá, el perdón divino y el valor de una vida moral, pero en su cotidianeidad apenas hace honor de esas creencias. O, peor aun, da una interpretación sesgada, idiótica y retorcida de esos principios. "Yo soy católico, pero para mí los curas tendrían que casarse", "Yo creo en la biblia hasta por ahí nomás", "Cuando un cura dice que no hay que tener sexo, no lo dice de manera literal", "A misa hay que ir una vez por año, tampoco vas a ir todos los días". Exégeta indulgente de su propia consciencia, el reliflojo encuentra siempre una manera de juzgar como buenas sus propias acciones. Un católico comerciante que mantiene empleados en negro puede pretender que está haciendo algún tipo de caridad cristiana, pues "da trabajo a la gente". Ese mismo comerciante luego echará a sus empleados y creerá que les está "dando una oportunidad de encontrar algo mejor". El reliflojo es peligroso; si ocupa lugares de poder, su ingenuo optimismo moral y su autoindulgencia lo llevarán a cometer todo tipo de tropelías. Es una oveja descarriada pero no lo sabe -o finge no saberlo-, y se comporta con toda la prepotencia de quien se siente parte de una gran comunidad y avalado por ella. Por otra parte, la misma religión católica toma pocas medidas contra el reliflojo; ni lo reintegra ni lo excomulga por completo. Así, con ese silencioso pacto de yo-no-cumplo-con-el-ritual y tú-no-me-excomulgas, las religiones siguen su curso, los pastores fingen llevar un rebaño que no los sigue y los reliflojos dan rienda suelta a sus peores instintos con la convicción de que están formando parte de un universo de verdades universales y divinas.
¿Es peor un reliflojo que un religofrénico? Una misma persona puede ser ambos.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Rutanar
(Verbo. De ruso y tano [apócope del gentilicio napolitano]. Adjetivo: rutanero,a. Sustantivo: rutanismo)Poner una excusa étnica para justificar un defecto o una polémica virtud.
El rutanero justifica sus incontrolables enojos diciendo "me salió el tano que llevo dentro". Tiene un apellido italiano y un tatarabuelo suyo, presuntamente, ha nacido en Sicilia. Cuando él se enoja y rompe todo a su paso, nadie puede calmarlo: se supone que él lleva en la sangre ese espíritu apasionado, gritón, pleitero y un poco mafioso que caracteriza a los italianos. Muchas veces, quienes rodean al rutanero legitiman esa creencia. "A mi marido no se le puede decir que no. Se calienta como una pipa. Si quiere fideos con tuco de carne, hay que hacerle fideos con tuco de carne. Que querés, es la sangre napolitana que lleva dentro"
Otros rutaneros clásicos son los que presumen de su ascendencia alemana. El alemán se empeña en aclarar que su apellido no es judío (aun cuando él ni siquiera sabe si lo es o no), y que, como todo alemán, tiene una gran habilidad para las actividades manuales. Suele ser despectivo con los descendientes de otros pueblos en lo que atañe a esa habilidad particular: "¡Ja! ¡Arreglé la cerradura! ¡No, a un alemán no le van a ganar unos cachos de bronce! ¡Y ustedes querían llamar al cerrajero judío de la otra cuadra!"
Consecuentemente, alguien de apellido con resonancia judía puede justificar su avaricia gracias al estereotipo del "judío amarrete"; quien presume de su ascendencia suiza podrá vanagloriarse de una supuesta habilidad para arreglar relojes, y un descendiente de rusos dirá que no necesita abrigarse en invierno -a pesar de que se lo ve temblar con su camiseta bajo la helada-, porque en sus genes está su abuela rusa, quien vivía en Siberia. A nivel más local también existe el rutanismo: un hijo de porteños criado en un pueblo del interior puede presumir de su "viveza criolla" y su "chamuyo porteño" ante sus vecinos, aun cuando jamás haya estado en Buenos Aires y sus padres no le hayan transmitido esas virtudes supuestamente porteñas.
El rutanero se apropia de un estereotipo para sentir que sus miserias o sus mínimas habilidades son parte de una gran comunidad racial.
En el fondo, se siente muy solo y resentido ante los logros y las virtudes de los demás.
domingo, 8 de febrero de 2009
Reculchanclar
(Palabra y definición enviadas por Patricia Freire)
(Verbo)
(Verbo)
Habilidad para complicar las cosas.
Etimológicamente podemos encontrar sus raíces en el refranero popular uruguayo:
"mas difícil que recular en chancletas".
"reculchanclante" es el adjetivo que resulta de reculchanclar: Aquel que todo lo complica.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Repretongo, a
(Adj. Del latín reprehetor = criticar y terminación -tongo para lograr un matiz despectivo)Persona que aparece fugazmente sólo para criticar.
El repretongo jamás está presente para dar una palabra de aliento o de elogio. Irrumpe de la nada, examina, evalúa y no puede evitar dejar alguna impresión negativa. A veces deja sus comentarios con un "te lo digo con onda", como si esa frase insulsa pudiera amortiguar el efecto negativo de sus innecesarias intervenciones.
Si preparamos una comida con el esfuerzo de un salchipibe, el repretongo aparecerá a último momento de la cena, probará dos bocados y dictaminará que le falta cocción, le falta sal, no tiene suficiente pimienta o que los ingredientes no son de buena calidad.
En el espacio virtual, el repretongo es un blogger que jamás deja comentarios pero, imprevistamente, un día sólo deja uno, muy escueto, en el que informa acerca de un error de sintaxis, de redacción, de fuente informativa o de plantilla.
El repretongo es un terrorista. Está allí para provocar un minúsculo desbaratamiento del ánimo de quien ha hecho algo. Una vez que realiza su crítica pequeña, no se queda para ayudar a modificar las cosas ni para ver qué efectos provoca su intervención. El repretongo es el dedo índice del inspector que sólo aparece cuando justo, justo, estamos cometiendo una involuntaria infracción.
viernes, 27 de junio de 2008
Rascatero,a
(Adj. De rasca = dícese de quien está al borde de la indigencia. La palabra "rasca" es un adjetivo que se toma de la expresión "rascar el fondo de la olla", en señal de maximizar el aprovechamiento de un alimento)Persona que acumula pequeñeces innecesarias.
El rascatero se lleva sobrecitos de azúcar o de mayonesa de los bares y cafés. Rebusca entre los restos de la comida de una fiesta y se lleva las sobras y las botellas que todavía contienen un décimo de bebida. También acumula papeles que están sin escribir de un lado para usarlos como borrador. Si va a un local de comidas rápidas, se sirve muchas servilletas y sorbetes para gaseosa, y los guarda en su bolso o cartera. El rascatero encuentra una tuerca en la calle o un paraguas destruido, y se siente en la ineludible obligación de buscarle un destino provechoso. Siente un enorme placer en hacer acopio de todas aquellas cosas que los demás dejan de lado.
Para un rascatero, un nedricto es un objeto pleno de utilidades.
Lo curioso es que el rascatero jamás se llevaría una botella de vino si la botella está llena y sin abrir. Tampoco sería capaz de atesorar servilletas de papel si éstas vienen en una bolsita que está cerrada. El rascatero siente que, si el objeto sobrante no fue usado, él no lo merece. Él sólo se siente dueño de lo que otros consideran desperdicio.
En otra acepción relacionada, se llama rascatero al hombre que elige a una mujer sólo porque los demás la dejan de lado. Si el rascatero es un chapalocas, es probable que se quede con una mujer con graves problemas de sociabilidad. (Esto vale, claro, para el término femenino: la rascatera elige a un hombre "porque no le queda otra", y este hombre puede formar parte de su aura chapalocos)
martes, 17 de junio de 2008
Ridiflexo, a
(Adj. Del latín ridere = reír y flexus = flexión)Emparentado con el lingüiflexo, el ridiflexo es el que se ríe por cualquier acción o palabra de una persona a quien todos consideran graciosa.
Al ridiflexo le parecen gracioso no sólo los chistes y las acotaciones socarronas: los silencios y las intervenciones serias también son motivos de risa. Incluso, encuentra humor donde nadie lo podía haber encontrado -ni siquiera la misma persona que profirió la frase. "El gracioso" acepta al ridiflexo porque ensancha su fama de gracioso, aun cuando en ciertos casos no quiso dar motivo de risa.
Una intervención poco feliz o un chascarrillo malo, si es emitido por cualquiera, no provocan la más mínima sonrisa (a lo sumo, una pauquirisa tibia). Basta con que "el chistoso" repita esa broma poco graciosa para que las carcajadas estallen. A veces es bueno hacer la prueba: diga usted un chiste y tal vez ni siquiera lo escuchen. Luego espere a que "el gracioso del grupo" lo repita y verá cuánto éxito tiene.
Todo gracioso, para ser considerado gracioso, sólo necesita de un grupo estable de ridiflexos.
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