(Sustantivo. Del latín miraculum = milagro e invenio = descubrir, encontrar. Adjetivo: mirinvénico)
Tendencia a encontrar milagros donde sólo hay probabilidad.
Un milagro es un hecho puntual que contraviene a leyes físicas bien establecidas. El milagro es, por ello, una suspensión del curso natural de las cosas y la irrupción de un suceso nomológicamente imposible. Contarían como milagros la resurrección de una persona después de haber estado muerta durante mucho tiempo, la reconstrucción espontánea e inmediata de un edificio destruido o la aparición ex nihilo de un plato de comida frente a los ojos de un hambriento. Los ejemplos aducidos, sin embargo, pueden ser engañosos. Una sociedad que desconoce la electricidad puede creer que las bombillas se encienden por milagro. Alguien que desconociera una novedosa técnica de reconstrucción de edificios podría pensar que el inmueble se levantó de manera espontánea. En este aspecto, sigue vigente una de las leyes de Arthur Clarke: una tecnología perfectamente avanzada no puede distinguirse de la magia. ¿Cómo sabemos si la resurrección de una persona obedece a un designio milagroso, o a la aplicación de una ciencia extraterrestre sumamente avanzada y desconocida?
Debe quedar claro, de todos modos, que los milagros requieren de una suspensión de las leyes de la naturaleza. Si quedan resquicios de probabilidad para que un determinado hecho ocurra, entonces no se trató de un milagro. Sin embargo, hay una enorme tendencia a creer que ciertos hechos altamente improbables (y a veces no tan "altamente") son, lisa y llanamente, milagros. Curarse de una enfermedad, conseguir empleo, comprar una casa a buen precio, presenciar una estrella fugaz, tener un hijo sano o encontrar el gusto de helado que queríamos no son milagros; sin embargo a veces se nos pide que aceptemos cada cosa buena que nos ocurre como si fuese una dádiva divina especial; como si Dios hubiese hecho una excepción con nuestro caso: "¿No es un milagro que hayas vuelto a encontrar en la calle el aro de plata que habías perdido?", nos preguntan las tías solteronas mirinvénicas. Por lo general, quien padece de mirinvenio no está dispuesto a escuchar los argumentos probabilistas, y suele tratarse de personas que tienen escaso o nulo conocimiento de los detalles de la supuesta noticia milagrosa.
Es interesante observar que la mayoría de los hechos que se suelen considerar milagrosos tienen que ver con la salud de las personas: Juan estaba muy enfermo, los médicos diagnosticaron un mes de vida y sin embargo se curó. He ahí un milagro. Sin embargo, si uno escarba en la historia real del suceso, resultó ser que sólo uno de los diez médicos vistos dio un pronóstico negativo; o incluso sólo se dijo que la muerte era una posibilidad a enfrentar que no tenía por qué darse. Desde luego, una vez que la persona está curada, el mirinvénico cuenta la historia de la manera más pintoresca que se le ocurre.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
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martes, 11 de octubre de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
Melanobio / Atrobio
(Sustantivo. Del griego mélas = negro y bios = vida, ser vivo. Puede aceptarse la variante latina: aterobio o atrobio, del latín ater = negro, oscuro y bios)
1. Ser que no posee contacto con la realidad exterior.
Una especie que estuviera conformada por huevos que se reproducen y dan a luz otros huevos, sin ningún contacto con el medio ambiente y sin que jamás esos huevos eclosionen, sería un ejemplo de melanobio. Un cerebro que estuviera encerrado en una caja, estimulado mediante impulsos eléctricos, sin sentidos que lo comuniquen con el mundo también entraría en esta definición. El melanobio tiene estados conscientes, pero estos estados están dirigidos a su propia interioridad.
2. Ser cuyos estados conscientes son sustancialmente diferentes al de los seres vivos conocidos por el hombre.
Normalmente entendemos a la conciencia y la autoconciencia como estados en los que un ser vivo se percata de lo que ocurre en su medio ambiente y de lo que ocurre en su propia mente. Los estados mentales tienen la característica de ser intencionales y recursivos: se dirigen hacia algo (de ahí que son intencionales) y ese algo al que se dirigen puede ser ese mismo estado mental (de ahí que son recursivos). A su vez, en el estado mental existen representaciones sensoriales: es posible imaginar un color, un sabor, una forma compleja. ¿Qué ocurriría si encontramos un ser inteligente cuyos estados mentales difirieran por completo de los nuestros en esos aspectos esenciales? Quizás dudaríamos en llamarlo "inteligente" o "consciente" en el sentido usual del término. ¿Cómo sería una conciencia no intencional, no representativa y no recursiva? Si pudiéramos imaginar un ser así, habríamos podido pensar en un atrobio. La paradoja es que, para pensarlo, necesitamos representarnos de algún modo cómo es ser consciente sin tener representaciones, lo que implica que debemos representarnos el hecho de no representarnos nada.
3. Objeto inanimado que posee conciencia.
En los cuentos de hadas las ollas, los vasos y las piedras tienen a veces algún tipo de conciencia. Como bien observa el filósofo L. Wittgenstein, en los cuentos sabemos que ciertos objetos son conscientes porque pueden hablar. Supongamos que, después de todo, los sillones tienen "pensamientos muy profundos" (el ejemplo también es de Wittgenstein) pero no pueden expresarlos. El sillón tampoco posee sentidos que lo comuniquen con el exterior. Por lo tanto, si los sillones, las mesas, las piedras, los planetas, las notas musicales, los números o los rayos cósmicos tienen algún tipo de vida consciente, los llamaremos atrobios.
1. Ser que no posee contacto con la realidad exterior.
Una especie que estuviera conformada por huevos que se reproducen y dan a luz otros huevos, sin ningún contacto con el medio ambiente y sin que jamás esos huevos eclosionen, sería un ejemplo de melanobio. Un cerebro que estuviera encerrado en una caja, estimulado mediante impulsos eléctricos, sin sentidos que lo comuniquen con el mundo también entraría en esta definición. El melanobio tiene estados conscientes, pero estos estados están dirigidos a su propia interioridad.
2. Ser cuyos estados conscientes son sustancialmente diferentes al de los seres vivos conocidos por el hombre.
Normalmente entendemos a la conciencia y la autoconciencia como estados en los que un ser vivo se percata de lo que ocurre en su medio ambiente y de lo que ocurre en su propia mente. Los estados mentales tienen la característica de ser intencionales y recursivos: se dirigen hacia algo (de ahí que son intencionales) y ese algo al que se dirigen puede ser ese mismo estado mental (de ahí que son recursivos). A su vez, en el estado mental existen representaciones sensoriales: es posible imaginar un color, un sabor, una forma compleja. ¿Qué ocurriría si encontramos un ser inteligente cuyos estados mentales difirieran por completo de los nuestros en esos aspectos esenciales? Quizás dudaríamos en llamarlo "inteligente" o "consciente" en el sentido usual del término. ¿Cómo sería una conciencia no intencional, no representativa y no recursiva? Si pudiéramos imaginar un ser así, habríamos podido pensar en un atrobio. La paradoja es que, para pensarlo, necesitamos representarnos de algún modo cómo es ser consciente sin tener representaciones, lo que implica que debemos representarnos el hecho de no representarnos nada.
3. Objeto inanimado que posee conciencia.
En los cuentos de hadas las ollas, los vasos y las piedras tienen a veces algún tipo de conciencia. Como bien observa el filósofo L. Wittgenstein, en los cuentos sabemos que ciertos objetos son conscientes porque pueden hablar. Supongamos que, después de todo, los sillones tienen "pensamientos muy profundos" (el ejemplo también es de Wittgenstein) pero no pueden expresarlos. El sillón tampoco posee sentidos que lo comuniquen con el exterior. Por lo tanto, si los sillones, las mesas, las piedras, los planetas, las notas musicales, los números o los rayos cósmicos tienen algún tipo de vida consciente, los llamaremos atrobios.
lunes, 8 de agosto de 2011
Rajoso
(Adjetivo. De raja. Es voz malsonante)
Quien tiene el espacio entre glúteos demasiado largo o pronunciado.
Ese espacio (llamado también "raya") se denomina perineo. Algunas personas lo tienen discreto, y por eso jamás se les asoma a través de esa indecisa franja entre el final del pantalón y el comienzo de la remera. Otras personas, en cambio, se enrajan con facilidad (a veces por culpa de su enchulenguizamiento) debido a que su perineo se extiende desde muy abajo hasta alguna parte casi inocultable de la espalda.
Los rajosos andan por el mundo condenados a comprobar con sus manos que el pantalón no se haya bajado cuando se agachan, dejando al descubierto la parte superior de las nalgas y el perineo.
Quien tiene el espacio entre glúteos demasiado largo o pronunciado.
Ese espacio (llamado también "raya") se denomina perineo. Algunas personas lo tienen discreto, y por eso jamás se les asoma a través de esa indecisa franja entre el final del pantalón y el comienzo de la remera. Otras personas, en cambio, se enrajan con facilidad (a veces por culpa de su enchulenguizamiento) debido a que su perineo se extiende desde muy abajo hasta alguna parte casi inocultable de la espalda.
Los rajosos andan por el mundo condenados a comprobar con sus manos que el pantalón no se haya bajado cuando se agachan, dejando al descubierto la parte superior de las nalgas y el perineo.
lunes, 30 de mayo de 2011
Plusmorbía
(Sustantivo. Del latín plus = más, adición y morbus = enfermedad)
Defecto físico que aumenta la belleza de una persona.
Una mujer moderadamente bonita se ve mucho más hermosa si padece renguera, si le falta un brazo o si tiene asma. Es posible que estos defectos despierten una perversa ternura: al atractivo físico de su belleza moderada se le suma la necesidad de protegerla y ayudarla. Sin embargo, la plusmorbía deja de funcionar si la persona debe recurrir a sillas de rueda, o sueros intravenosos: la enfermedad sólo acrecienta la belleza si la persona afectada trata de valerse por sus propios medios (es decir, si trata de apoyarse sobre sus piernas, aunque le falte un pie; o si trata de cortar el pollo con el cuchillo, a pesar de que no tenga brazos) Es necesario que la apariencia general no se vea opacada por prótesis, andadores o medicamentos visualmente distractivos o que generen rechazo.
A veces un bastón puede funcionar como incentivador de la plusmorbía, tal como ocurre con el Doctor House, cuyo atractivo parece aumentar gracias al contraste entre su personalidad intratable y su fragilidad para caminar.
Defecto físico que aumenta la belleza de una persona.
Una mujer moderadamente bonita se ve mucho más hermosa si padece renguera, si le falta un brazo o si tiene asma. Es posible que estos defectos despierten una perversa ternura: al atractivo físico de su belleza moderada se le suma la necesidad de protegerla y ayudarla. Sin embargo, la plusmorbía deja de funcionar si la persona debe recurrir a sillas de rueda, o sueros intravenosos: la enfermedad sólo acrecienta la belleza si la persona afectada trata de valerse por sus propios medios (es decir, si trata de apoyarse sobre sus piernas, aunque le falte un pie; o si trata de cortar el pollo con el cuchillo, a pesar de que no tenga brazos) Es necesario que la apariencia general no se vea opacada por prótesis, andadores o medicamentos visualmente distractivos o que generen rechazo.
A veces un bastón puede funcionar como incentivador de la plusmorbía, tal como ocurre con el Doctor House, cuyo atractivo parece aumentar gracias al contraste entre su personalidad intratable y su fragilidad para caminar.
martes, 17 de mayo de 2011
Chucado
(Adjetivo. De Chucky: nombre de un muñeco de ficción poseído por el alma de un asesino)
Quien posee un continuo rictus de amargura y enojo en su rostro, especialmente cuando desea manifestar una emoción de alegría y placer.
El chucado tiene los labios muy tensos, como si estuviera disimulando un intenso dolor. No es responsable de la rigidez de su cara; sus cejas se curvan naturalmente; la boca se le aprieta y el entrecejo se le arruga como si las preocupaciones lo abrumaran. Todo esto puede ocurrirle aunque se esté riendo y, en rigor, el término se aplica precisamente cuando nos damos cuenta de que su emoción es contraria a la que manifiesta su rostro prima facie.
Quien posee un continuo rictus de amargura y enojo en su rostro, especialmente cuando desea manifestar una emoción de alegría y placer.
El chucado tiene los labios muy tensos, como si estuviera disimulando un intenso dolor. No es responsable de la rigidez de su cara; sus cejas se curvan naturalmente; la boca se le aprieta y el entrecejo se le arruga como si las preocupaciones lo abrumaran. Todo esto puede ocurrirle aunque se esté riendo y, en rigor, el término se aplica precisamente cuando nos damos cuenta de que su emoción es contraria a la que manifiesta su rostro prima facie.
martes, 26 de abril de 2011
Averracante
(Adjetivo. De verraco, cerdo destinado a la reproducción y aberrante)
Dícese del hecho aberrante que provoca alguna involuntaria respuesta de adhesión.
Si le ofrecen una comida asquerosa y usted a pesar de las arcadas se siente tentado a comerla, está teniendo una experiencia averracante. Si a pesar del horrible asesinato a cuchilladas que tuvo su vecino a usted le gustaría ser asesinado de la misma forma, está teniendo un pensamiento averracante. Cuando alguien se enfrenta con un hecho averracante, una parte de su voluntad y sus deseos se manifiesta en contra de ese hecho, pero otra parte se siente seducida e intrigada.
En muchos casos, lo averracante dependerá de qué se considere aberrante en cada caso. Para algunas personas, es aberrante comer carnes rojas durante semana santa. Por lo tanto, será partícipe de un hecho averracante si, a pesar de manifestarse en contra de ello, decide comer asado, embutidos y menudencias. Por supuesto, este hecho no será averracante para quien no mantenga tal costumbre religiosa.
Dícese del hecho aberrante que provoca alguna involuntaria respuesta de adhesión.
Si le ofrecen una comida asquerosa y usted a pesar de las arcadas se siente tentado a comerla, está teniendo una experiencia averracante. Si a pesar del horrible asesinato a cuchilladas que tuvo su vecino a usted le gustaría ser asesinado de la misma forma, está teniendo un pensamiento averracante. Cuando alguien se enfrenta con un hecho averracante, una parte de su voluntad y sus deseos se manifiesta en contra de ese hecho, pero otra parte se siente seducida e intrigada.
En muchos casos, lo averracante dependerá de qué se considere aberrante en cada caso. Para algunas personas, es aberrante comer carnes rojas durante semana santa. Por lo tanto, será partícipe de un hecho averracante si, a pesar de manifestarse en contra de ello, decide comer asado, embutidos y menudencias. Por supuesto, este hecho no será averracante para quien no mantenga tal costumbre religiosa.
viernes, 8 de abril de 2011
Asintomiatra
(Sustantivo y adjetivo. Del griego a = negación; sýmptoma = fenómeno que acontece en simultáneo y iatros = médico)
Enfermedad cuyos síntomas desaparecen cuando está presente el médico.
"Tengo un terrible dolor en la espalda. ¡No puedo siquiera tocarme!" dice el paciente frente al médico. Cuando el profesional le toca la espalda y le aprieta fuertemente, el paciente afirma que ya no le duele; que el padecimiento había sido insoportable hasta unos minutos antes de haber ingresado al consultorio, pero que ahora, justo ahora, no está ahí. El médico apenas prescribe una aspirina o unos leves masajes. Pero basta con que el paciente salga de la sala para que el dolor ataque con toda su fuerza. Este proceso puede ocurrir decenas de veces hasta que el doctor debe optar por el desconcierto o (más probablemente) por el enojo o el diagnóstico de histeria.
Enfermedad cuyos síntomas desaparecen cuando está presente el médico.
"Tengo un terrible dolor en la espalda. ¡No puedo siquiera tocarme!" dice el paciente frente al médico. Cuando el profesional le toca la espalda y le aprieta fuertemente, el paciente afirma que ya no le duele; que el padecimiento había sido insoportable hasta unos minutos antes de haber ingresado al consultorio, pero que ahora, justo ahora, no está ahí. El médico apenas prescribe una aspirina o unos leves masajes. Pero basta con que el paciente salga de la sala para que el dolor ataque con toda su fuerza. Este proceso puede ocurrir decenas de veces hasta que el doctor debe optar por el desconcierto o (más probablemente) por el enojo o el diagnóstico de histeria.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Desencachado
(Adjetivo. De cacha, expresión familiar que significa trasero. No confundir con desencanchado: que no se siente a gusto en la cancha)
Que tiene el trasero muy pequeño.
A algunas personas se les termina la espalda donde comienzan las piernas, sin que medie una coyuntura entre ambas partes del cuerpo. La casi ausencia de trasero da la apariencia de una mala terminación, o una pobre factura de diseño corporal. Se suele asociar al desencachado con la escasa alimentación durante la lactancia, aunque no hay indicios que corroboren tal correlación.
Para desgracia del desencachado, a veces la raya del culo suele ser muy prolongada: aunque sus magras nalgas no abulten un pantalón bien apretado, puede que su raya se extienda hasta muy encima de la cintura. Esto provoca que, aun cuando el desencachado no pueda sufrir enchulenguizamiento, sí está propenso a enrajarse.
Que tiene el trasero muy pequeño.
A algunas personas se les termina la espalda donde comienzan las piernas, sin que medie una coyuntura entre ambas partes del cuerpo. La casi ausencia de trasero da la apariencia de una mala terminación, o una pobre factura de diseño corporal. Se suele asociar al desencachado con la escasa alimentación durante la lactancia, aunque no hay indicios que corroboren tal correlación.
Para desgracia del desencachado, a veces la raya del culo suele ser muy prolongada: aunque sus magras nalgas no abulten un pantalón bien apretado, puede que su raya se extienda hasta muy encima de la cintura. Esto provoca que, aun cuando el desencachado no pueda sufrir enchulenguizamiento, sí está propenso a enrajarse.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Necróptero
(Adjetivo. De nekrós = muerte y -ópter = que mira)
Muerto que tiene los ojos abiertos.
Solemos bajar los párpados de una persona que muere con los ojos abiertos. Quizás por piedad o, mejor, porque nos asusta esa mirada enajenada. Algunos necrópteros parecen observar al infinito. Otros han muerto con un gesto de concentración muy definido: sus ojos y su ceño fruncido han quedado fijados en la dirección del televisor, o en un punto preciso de la pared, o en la rama seca del árbol que se ve a través de la ventana. El necróptero nos informa qué fue lo último que vio la persona que habitó ese cuerpo.
Muerto que tiene los ojos abiertos.
Solemos bajar los párpados de una persona que muere con los ojos abiertos. Quizás por piedad o, mejor, porque nos asusta esa mirada enajenada. Algunos necrópteros parecen observar al infinito. Otros han muerto con un gesto de concentración muy definido: sus ojos y su ceño fruncido han quedado fijados en la dirección del televisor, o en un punto preciso de la pared, o en la rama seca del árbol que se ve a través de la ventana. El necróptero nos informa qué fue lo último que vio la persona que habitó ese cuerpo.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Envenescer
(Verbo. Del latín venustus = bello y senesco = envejecer. Sustantivo: envenescimiento)
Volverse más atractivo a medida que se madura.
Algunos representantes del género masculino suelen declararse envenescidos. Muchos hombres sienten que su éxito con las mujeres aumenta a medida que llegan y sobrepasan la edad media de su vida. Algunos quienes durante su adolescencia y juventud fueron desgarbados, lampiños, tímidos, y mal vestidos se convierten en adultos de apariencia intelectual y paternalista; portan barba, visten con cierto estilo y usan perfumes. Además, dejan de ser introvertidos porque, gracias al encuarentonamiento, desarrollan enormes capacidades para sociabilizar y dialogar. Los envenescidos se sorprenden de ese notable contraste entre los fracasos de su juventud y este inesperado y no buscado éxito, producto de ciertos cambios de actitud y -en algunos casos- de posición económica y de poder. Cuando tenían veinte años se miraban al espejo y sólo veían a un hombre horrible. A los cuarenta y pico, o sesenta, en cambio, se sienten a gusto con su apariencia.
Hemos ejemplificado el caso de varones, aunque entre las mujeres también puede ocurrir el envenescimiento. De todos modos, quienes suelen sentirse envenescidos (al menos desde su relato) suelen ser, en mayor medida, representantes del sexo masculino.
Volverse más atractivo a medida que se madura.
Algunos representantes del género masculino suelen declararse envenescidos. Muchos hombres sienten que su éxito con las mujeres aumenta a medida que llegan y sobrepasan la edad media de su vida. Algunos quienes durante su adolescencia y juventud fueron desgarbados, lampiños, tímidos, y mal vestidos se convierten en adultos de apariencia intelectual y paternalista; portan barba, visten con cierto estilo y usan perfumes. Además, dejan de ser introvertidos porque, gracias al encuarentonamiento, desarrollan enormes capacidades para sociabilizar y dialogar. Los envenescidos se sorprenden de ese notable contraste entre los fracasos de su juventud y este inesperado y no buscado éxito, producto de ciertos cambios de actitud y -en algunos casos- de posición económica y de poder. Cuando tenían veinte años se miraban al espejo y sólo veían a un hombre horrible. A los cuarenta y pico, o sesenta, en cambio, se sienten a gusto con su apariencia.
Hemos ejemplificado el caso de varones, aunque entre las mujeres también puede ocurrir el envenescimiento. De todos modos, quienes suelen sentirse envenescidos (al menos desde su relato) suelen ser, en mayor medida, representantes del sexo masculino.
martes, 31 de agosto de 2010
Mutovulcia
(Sustantivo. Del latín mutare = cambiar y vultus = rostro. Adjetivo: mutovúltico)
Drástico, repentino e inexplicable cambio de la fisonomía de una persona.
No es un fenómeno frecuente, pero algunas personas han reportado que su rostro cambió de la noche a la mañana; que esa cara que tienen no es la de ellos, y que los dientes y la boca han sido modificados. Sospechan que, durante la noche, alguien les ha hecho una extraña cirugía de rostro o, en casos extremos, sienten que han sido decapitados y les han colocado una cabeza que no era la propia.
Estos relatos podrían evidenciar un estado de insanía; sin embargo, quienes conviven con el mutovúltico ratifican ese sorprendente cambio: esposa, hijos, padres o compañeros afirman que Juan (quien era de tez oscura, con pelo corto negro, dientes grandes, nariz pequeña y mejillas rojizas) se ha convertido en otra persona (un hombre calvo, con restos de pelo amarillo, dientes pequeños, nariz respingada y casi sin pómulos). En algunos casos, incluso, se reporta un cambio de sexo. También, desde luego, cabe la posibilidad de que Juan se haya marchado y le haya pedido a alguien que ocupe su lugar haciéndose pasar por él. Se trataría de una mentira tan inverosímil que incluso podría tener chances de ser creída.
Drástico, repentino e inexplicable cambio de la fisonomía de una persona.
No es un fenómeno frecuente, pero algunas personas han reportado que su rostro cambió de la noche a la mañana; que esa cara que tienen no es la de ellos, y que los dientes y la boca han sido modificados. Sospechan que, durante la noche, alguien les ha hecho una extraña cirugía de rostro o, en casos extremos, sienten que han sido decapitados y les han colocado una cabeza que no era la propia.
Estos relatos podrían evidenciar un estado de insanía; sin embargo, quienes conviven con el mutovúltico ratifican ese sorprendente cambio: esposa, hijos, padres o compañeros afirman que Juan (quien era de tez oscura, con pelo corto negro, dientes grandes, nariz pequeña y mejillas rojizas) se ha convertido en otra persona (un hombre calvo, con restos de pelo amarillo, dientes pequeños, nariz respingada y casi sin pómulos). En algunos casos, incluso, se reporta un cambio de sexo. También, desde luego, cabe la posibilidad de que Juan se haya marchado y le haya pedido a alguien que ocupe su lugar haciéndose pasar por él. Se trataría de una mentira tan inverosímil que incluso podría tener chances de ser creída.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Aliovulto
(Adjetivo y sustantivo. Del latín alius = otro y vultum = rostro)
Pariente muy cercano con el que no se tiene parecido.
Mientras los aparientes son personas que se parecen entre sí sin ser parientes, los aliovultos son hermanos de sangre que no se parecen entre sí, o que no se parecen a sus padres legítimos.
El aliovulto tiene rasgos y gestos únicos y distintivos. No se le puede reconocer el parentesco por la sonrisa, ni por la mirada, ni por la voz o la forma del cráneo. A veces uno de los progenitores del aliovulto (en especial el padre) duda de su paternidad, pues siente que está frente a un desconocido. El niño aliovulto causa incomodidad; no se comporta como si fuera de la familia y desentona en el tamaño, el color de los ojos o el color de su piel.
No se puede decir que dos primos de sangre sean aliovultos si no se parecen. La noción de aliovulto sólo tiene sentido y aplicación cuando se habla de parentesco familiar inmediato. Más allá de esa frontera, no es extraño que el parecido se diluya.
Pariente muy cercano con el que no se tiene parecido.
Mientras los aparientes son personas que se parecen entre sí sin ser parientes, los aliovultos son hermanos de sangre que no se parecen entre sí, o que no se parecen a sus padres legítimos.
El aliovulto tiene rasgos y gestos únicos y distintivos. No se le puede reconocer el parentesco por la sonrisa, ni por la mirada, ni por la voz o la forma del cráneo. A veces uno de los progenitores del aliovulto (en especial el padre) duda de su paternidad, pues siente que está frente a un desconocido. El niño aliovulto causa incomodidad; no se comporta como si fuera de la familia y desentona en el tamaño, el color de los ojos o el color de su piel.
No se puede decir que dos primos de sangre sean aliovultos si no se parecen. La noción de aliovulto sólo tiene sentido y aplicación cuando se habla de parentesco familiar inmediato. Más allá de esa frontera, no es extraño que el parecido se diluya.
martes, 4 de mayo de 2010
Horosicio
(Sustantivo. Del griego horáo = ver y sitos = alimento)
Inapetencia causada por ver o por manipular comida.
Es sabido que los heladeros están hartos del helado, y que los kiosqueros no desean atragantarse de golosinas. Las tentaciones duran poco tiempo, y llega un momento en que la sola visión de un cucurucho o un alfajor provoca hastío e incluso náuseas. Esto mismo puede extenderse a todo tipo de trabajo con alimentos. Los cocineros llegan a odiar el pollo a las hierbas; los empleados de Mac Donalds aborrecen la Big Mac y los panaderos terminan detestando las mediaslunas. Todos estos son casos de horosicio.
Sin embargo el término se aplica con propiedad a otro tipo de situaciones, más aleatorias. En todos los casos mencionados arriba la comida tiene una fuerte relación con el ámbito laboral. El horosicio, en este sentido más preciso, consiste en ese hartazgo que provoca oler, pelar, hervir, cortar y luego servir un alimento. El contacto tan íntimo entre el cocinero y el plato quita todo deseo de comer ese plato. Por eso, quienes sufren de horosicio sólo comen lo que prepara otro, pero pierden por completo el apetito si son ellos mismos quienes preparan el plato.
Inapetencia causada por ver o por manipular comida.
Es sabido que los heladeros están hartos del helado, y que los kiosqueros no desean atragantarse de golosinas. Las tentaciones duran poco tiempo, y llega un momento en que la sola visión de un cucurucho o un alfajor provoca hastío e incluso náuseas. Esto mismo puede extenderse a todo tipo de trabajo con alimentos. Los cocineros llegan a odiar el pollo a las hierbas; los empleados de Mac Donalds aborrecen la Big Mac y los panaderos terminan detestando las mediaslunas. Todos estos son casos de horosicio.
Sin embargo el término se aplica con propiedad a otro tipo de situaciones, más aleatorias. En todos los casos mencionados arriba la comida tiene una fuerte relación con el ámbito laboral. El horosicio, en este sentido más preciso, consiste en ese hartazgo que provoca oler, pelar, hervir, cortar y luego servir un alimento. El contacto tan íntimo entre el cocinero y el plato quita todo deseo de comer ese plato. Por eso, quienes sufren de horosicio sólo comen lo que prepara otro, pero pierden por completo el apetito si son ellos mismos quienes preparan el plato.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Metagraña
(Sustantivo. Del griego metá = más allá y kránion = casco, yelmo)
Si la palabra "migraña" proviene del griego hemicrania, la cual metafóricamente alude a un invisible y doloroso casco que comprime la mitad de la cabeza, la metagraña puede definirse como una fuerza que está más allá de la cabeza y que la comprime hasta obliterarla.
En la migraña el casco rodea de manera periférica al cráneo. En la metagraña, en cambio, el casco ocupa todo el universo, y la fuerza de compresión parece infinita.
Cuando alguien padece de metagraña no puede siquiera señalar dónde le duele: parece dolerle una zona que está por fuera y por encima del cráneo, en algún lugar lejano e indefinido. Se trata de un dolor ubicuo que desalienta cualquier posibilidad de localización, aunque, paradójicamente, se puede localizar en la cabeza. Quizás pueda entenderse como si la propia cabeza hubiera cobrado el tamaño de todo el universo (en un proceso de titanestesia), y es esa cabeza titánica la que duele.
Si la palabra "migraña" proviene del griego hemicrania, la cual metafóricamente alude a un invisible y doloroso casco que comprime la mitad de la cabeza, la metagraña puede definirse como una fuerza que está más allá de la cabeza y que la comprime hasta obliterarla.
En la migraña el casco rodea de manera periférica al cráneo. En la metagraña, en cambio, el casco ocupa todo el universo, y la fuerza de compresión parece infinita.
Cuando alguien padece de metagraña no puede siquiera señalar dónde le duele: parece dolerle una zona que está por fuera y por encima del cráneo, en algún lugar lejano e indefinido. Se trata de un dolor ubicuo que desalienta cualquier posibilidad de localización, aunque, paradójicamente, se puede localizar en la cabeza. Quizás pueda entenderse como si la propia cabeza hubiera cobrado el tamaño de todo el universo (en un proceso de titanestesia), y es esa cabeza titánica la que duele.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Biogeomorfo,a
(Adjetivo. Del griego bios = vida; gea = tierra y morphé = forma)
Aplícase a seres extraterrestres: que tiene la apariencia de algún ser vivo de la Tierra.
No sólo es muy improbable que un extraterrestre se parezca a un ser humano. Tampoco es de esperar que tenga algún rasgo de alguna de las múltiples formas de vida de la Tierra.
Si solamente en nuestro planeta hay una diversidad de especies cuya morfología es casi imposible de imaginar, ¿por qué un extraterrestre, quien no comparte nuestro tronco evolutivo ni (presumiblemente) nuestra composición química, debiera parecerse aunque sea un poco a cualquier ser vivo conocido?
Sin embargo, si un extraterrestre tuviera algún parecido ya no con los seres humanos, sino con cualquier otro ser vivo -desde una bacteria hasta un pez abisal-, diremos que es biogeomorfo.
A veces se aplica este término de una manera más restringida. Quizás -se admite- un extraterrestre se pudiera parecer a algún ser vivo, pero sólo diremos que es biogeomorfo si se parece en muchos aspectos a alguna de las especies superiores con las que los humanos tenemos más familiaridad. Por ejemplo, será biogeomorfo si se parece a un caballo, y no lo será si semeja un Saccopharynx lavenbergi o un Mertensia ovum, raros animales marinos.
(En la foto, un pulpo dumbo o grimpoteuthis. ¿Qué tan parecida a este pulpo será alguna de las inimaginables criaturas extraterrestres que pudieran estar visitando nuestro planeta ahora mismo?)
Aplícase a seres extraterrestres: que tiene la apariencia de algún ser vivo de la Tierra.
No sólo es muy improbable que un extraterrestre se parezca a un ser humano. Tampoco es de esperar que tenga algún rasgo de alguna de las múltiples formas de vida de la Tierra.
Si solamente en nuestro planeta hay una diversidad de especies cuya morfología es casi imposible de imaginar, ¿por qué un extraterrestre, quien no comparte nuestro tronco evolutivo ni (presumiblemente) nuestra composición química, debiera parecerse aunque sea un poco a cualquier ser vivo conocido?
Sin embargo, si un extraterrestre tuviera algún parecido ya no con los seres humanos, sino con cualquier otro ser vivo -desde una bacteria hasta un pez abisal-, diremos que es biogeomorfo.
A veces se aplica este término de una manera más restringida. Quizás -se admite- un extraterrestre se pudiera parecer a algún ser vivo, pero sólo diremos que es biogeomorfo si se parece en muchos aspectos a alguna de las especies superiores con las que los humanos tenemos más familiaridad. Por ejemplo, será biogeomorfo si se parece a un caballo, y no lo será si semeja un Saccopharynx lavenbergi o un Mertensia ovum, raros animales marinos.
(En la foto, un pulpo dumbo o grimpoteuthis. ¿Qué tan parecida a este pulpo será alguna de las inimaginables criaturas extraterrestres que pudieran estar visitando nuestro planeta ahora mismo?)
martes, 24 de noviembre de 2009
Hebomorfia
(Sustantivo. Del griego Hebe = diosa de la juventud y morphé = forma. Adjetivo: hebomórfico,a)
Apariencia de juventud.
La mayoría de las personas jóvenes tienen hebomorfia: no sólo son jóvenes, sino que también lo parecen en sus actitudes, sus rasgos, sus expresiones y su vestimenta. Existen, desde luego, muchas personas que aun siendo jóvenes no tienen esa apariencia. Si existen niños desenchangados, también pueden existir jóvenes sin hebomorfia.
La hebomorfia se asocia con una vida despreocupada, ingenua, sin ataduras, sin grandes decisiones ni tragedias.
Existen dos variantes fundamentales de la hebomorfia: la partenomorfia (del griego parthenos = doncella) y la efebomorfia (del griego ephebós = mancebo). La primera variante (la partenomorfia) se aplica a las mujeres que, a pesar del paso de los años, aparentan ser mucho menores. La efebofilia se aplica a los hombres. A veces el pelo largo, la ropa ceñida, cierta firmeza de busto y de trasero pueden dar la errónea impresión de que una persona es muy joven cuando en verdad no lo es.
La verdadera edad de los hebomórficos muchas veces se delata en las expresiones faciales. El cuerpo puede engañar a nuestra vista, pero la dureza de facciones que da al rostro el paso de los años es casi imposible de disimular. Por eso, a veces, perseguimos una figura hebomórfica mientras está de espaldas, pero nos sentimos defraudados y hasta estafados cuando vemos de frente a quien creíamos era una doncella virginal (o un joven musculoso) y descubrimos su avanzada edad. Algunas partes del cuerpo de una partenomórfica / un efebomórfico dicen "veinte años", pero el rostro no se calla su "más de cuarenta y cinco, tres hijos, dos divorcios, un enfisema, seis conversiones religiosas y ocho votaciones a partidos políticos de ultraderecha"
lunes, 2 de noviembre de 2009
Engripeta
(Adjetivo. No cambia de desinencia en el masculino. De gripe)
Dícese de la persona que continuamente tiene algún malestar.
Al engripeta lo invitamos a cenar o al cine, pero siempre responde: "estoy descompuesto", "me duele la cabeza", "tengo gripe" o "se me inflamó (alguna parte del cuerpo)". Sus malestares son menores y quienes lo escuchamos podemos pensar que son fingidos. Sin embargo, no se trata de hipocondría: el engripeta de verdad se siente mal, y sospecha (a veces con razón) que una reunión en algún lugar podría potenciar sus síntomas y hacerlo sentir aun peor. A veces se equivoca.
En el trabajo ya conocen sus "mañas", y jamás cuentan con él. "No, no me pidas que lleve eso. No sabés cómo tengo la espalda". "Uy, me quedaría hasta la noche, pero ando con un resfrío y mirá, no sé si tengo fiebre". Continuamente tiene malestares vagos que jamás confluyen en una enfermedad seria y declarada.
El engripeta tiene graves problemas cuando debe comunicar qué le pasa exactamente. Sabe que se marea si viaja en ómnibus; que le duele el estómago cuando toma bebidas muy frías, que la comida con grasa le hace mal, que el frío le da dolor de garganta. Quienes lo rodean sospechan de tantos cuidados y muchas veces le hacen sádicas bromas para "curarlo". Lo dejan desnudo en medio de la nieve; le dan de comer un sandwich de grasa o de hielo; lo suben a la calesita y la hacen girar a gran velocidad. Desde luego, el engripeta se siente mucho peor y a veces hay que pedir una ambulancia.
Es un error creer que el engripeta se inventa su malestar. A un nivel inconsciente, quizás, pueda haber algo que le "haga creer" en un malestar que en verdad "no tiene". Pero esta explicación es bastante espúrea: si me duele la cabeza por una razón "inconsciente", no por eso es mentira que me duele la cabeza.
Dícese de la persona que continuamente tiene algún malestar.
Al engripeta lo invitamos a cenar o al cine, pero siempre responde: "estoy descompuesto", "me duele la cabeza", "tengo gripe" o "se me inflamó (alguna parte del cuerpo)". Sus malestares son menores y quienes lo escuchamos podemos pensar que son fingidos. Sin embargo, no se trata de hipocondría: el engripeta de verdad se siente mal, y sospecha (a veces con razón) que una reunión en algún lugar podría potenciar sus síntomas y hacerlo sentir aun peor. A veces se equivoca.
En el trabajo ya conocen sus "mañas", y jamás cuentan con él. "No, no me pidas que lleve eso. No sabés cómo tengo la espalda". "Uy, me quedaría hasta la noche, pero ando con un resfrío y mirá, no sé si tengo fiebre". Continuamente tiene malestares vagos que jamás confluyen en una enfermedad seria y declarada.
El engripeta tiene graves problemas cuando debe comunicar qué le pasa exactamente. Sabe que se marea si viaja en ómnibus; que le duele el estómago cuando toma bebidas muy frías, que la comida con grasa le hace mal, que el frío le da dolor de garganta. Quienes lo rodean sospechan de tantos cuidados y muchas veces le hacen sádicas bromas para "curarlo". Lo dejan desnudo en medio de la nieve; le dan de comer un sandwich de grasa o de hielo; lo suben a la calesita y la hacen girar a gran velocidad. Desde luego, el engripeta se siente mucho peor y a veces hay que pedir una ambulancia.
Es un error creer que el engripeta se inventa su malestar. A un nivel inconsciente, quizás, pueda haber algo que le "haga creer" en un malestar que en verdad "no tiene". Pero esta explicación es bastante espúrea: si me duele la cabeza por una razón "inconsciente", no por eso es mentira que me duele la cabeza.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Ergomorfizar (se)
(Verbo. Del griego ergon = trabajo y morphé = forma)Adquirir la personalidad típica y esperable de acuerdo al empleo o actividad que se realiza.
Cada ámbito de trabajo impone una serie de pautas de conducta. Con el tiempo, esas conductas se internalizan y en la personalidad del trabajador se genera una mímesis con su actividad. Si, además de esas pautas de conducta, el trabajador adquiere opiniones, gustos e ideologías que son típicamente esperables por su actividad laboral, decimos que el trabajador se ha ergomorfizado: ya no puede ver el mundo desde otra perspectiva que no sea la relacionada con el trabajo.
Si el empleado burocrático entiende que debe maltratar a los que hacen cola para pedir un sello; si piensa que todos los que hacen trámites son idiotas; si está convencido de la utilidad y grandeza de su actividad laboral; si cree que los sellos, los formularios, las formas y los artículos son de vital importancia no sólo para su desempeño, sino para la vida humana en general; si pasa el día sentado y se va enchuleguizando, el empleado se ha ergomorfizado.
Si el maestro se ensarmienta, compra revistas de actividades prácticas para recortar, tiene ideas ingenuas y fascistoides acerca de los alumnos y la educación, habla mal de otros docentes, utiliza con sus alumnos un puñado de estrategias y actividades fosilizadas que ha conservado a lo largo de las décadas y cree que su trabajo es el más importante del mundo, este docente se ha ergomorfizado.
Si el disc jockey cree que los enganches de música y las luces son de vital importancia; si escucha los rankings musicales, si está atento al tema del momento, si entabla disputas musicales con otros disc jockeys, si usa vestimenta típica, si tiene una postura tomada acerca de cuál música se debe bailar y cuál no; si no puede entender que otros desconozcan (o no les importe) último tema de Thalía o el nuevo paso de baile, este disc jockey se ha ergomorfizado.
La sensación de que el propio trabajo tiene una importancia trascendente es propia de quien ha sido ergomorfizado: ya se es incapaz de tomar distancia de la propia actividad, y se mira con un dejo de desprecio a otros gremios. Según el taxista ergomorfizado, los docentes son vagos y su trabajo es denigrante. Según el almacenero ergomorfizado, el taxista es un demente enloquecido que corre por la calles atropellando peatones. Según el docente ergomorfizado, el almacenero es un pobre tipo mediocre, codicioso e inflacionista que vive encerrado en un lugar lleno de latas y fideos. Cada trabajador ergomorfizado, desde su lugar alienado, piensa que los alienados son los demás.
No todo trabajador se ergomorfiza. Sin embargo, la presión de los patrones, del entorno y de los compañeros que en muchos casos es efectiva, sistemática y masiva, genera una fuerte tendencia a la ergomorfización.
Existen trabajos que generan mayor propensión a la ergomorfización.
viernes, 10 de julio de 2009
Nefelobio, a
(Adjetivo. Del griego nephele = nube y bios = vida)Dícese del ser que habita en las nubes.
Este término tiene un sentido figurado y un sentido literal.
En el figurado, los poetas modernistas han utilizado el término "nefelibata" (nefele = nube; batós = caminante) para referirse a la persona distraída, que no tiene los pies sobre la tierra. Con ese sentido también utilizamos al término nefelobio.
Pero el sentido literal es más interesante.
Desde tiempo inmemorial sobreviven historias acerca de lluvias de sapos, peces o arañas. Existe una teoría según la cual estos volátiles animales se crían en las nubes, o en lugares intermedios entre las nubes y la tierra llamados vorticarios naturales que consisten en fuerzas neumáticas en equilibrio que pueden retener y mantener en el aire algunos objetos sólidos de tamaño pequeño. Los animales que habitan ese vorticario se alimentan de insectos voladores o de musgos que crecen en el propio vorticario.
A veces un cambio brusco de presión hace desaparecer al vorticario y los nefelobios caen con fuerza hacia la tierra.
No debe confundirse un nefelobio con un etrobio. Mientras un nefelobio es parte de la biosfera terrestre, el etrobio está más allá de ella.
viernes, 5 de junio de 2009
Itobulia
(Sustantivo. Del griego itis = cosa que lastima, que irrita y boulé = voluntad)Capacidad de hincharse o de sangrar por propia voluntad.
Existen personas que pueden hacer voluntariamente una multitud de cosas que a la mayoría sólo le ocurren sin proponérselo e incluso contra su voluntad. Una hinchazón en alguna parte del cuerpo o una lastimadura no suelen aparecer de forma voluntaria. Sin embargo, ciertas personas son capaces de hacer aparecer heridas espontáneamente. Esto puede servir para crear efectos de sugestión en otras personas y, consecuentemente, para escapar de ciertas obligaciones o imputaciones. Un preso itobúlico puede alegar que fue golpeado por los guardiacárceles, y puede exhibir sus hinchazones y escaras autoprovocadas. Un falso profeta puede ser un itobúlico que hace aparecer en sus manos y en su costado heridas que emulan a las que tuvo Jesús en la cruz.
Desde luego, esa "autoprovocación" debe ser puramente espontánea. Si una persona se golpea o se corta con algún instrumento, ya no es itobúlica. Es necesario que la sola voluntad provoque la hinchazón o la herida.
Se incluye dentro de la itobulia la espontánea capacidad para vomitar sangre.
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