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jueves, 5 de diciembre de 2013

Acrenóptero

(Adjetivo. Del griego akrós = alto; oinós = vino y -ópter = que mira)

Dícese de quien en los supermercados observa las góndolas de vino caro. 

Las vinerías y autoservicios exhiben los vinos de forma jerárquica: los más baratos en la parte de abajo de la góndola; los de gama media en el medio y los de alta gama en la parte superior. Cuando nos acercamos a la góndola de bebidas, entonces, tenemos la oportunidad de mostrar en qué nivel económico estamos o qué tan alcohólicos somos. Si andamos con la cabeza agachada, mirando la parte inferior de la góndola etílica, buscando vinos sin varietal, en caja o de marcas populares, entonces algo anda muy mal en nuestra vida y más vale que no nos vean en esa deplorable situación: somos unos pobres borrachos sin remedio, desesperados por tomar cualquier aguarrás tinto con tal de que sea barato y parezca vino. Si alguien nos ve en ese trance, solemos esgrimir con vergüenza: "Estoy comprando Santa Ana porque voy a hacer un pollo al disco. ¡Esto yo no lo tomo ni loco!", para que no nos confundan con un beodo indigente y sucio cualquiera. Por lo general, quienes frecuentan la parte inferior de la góndola son ancianos mal vestidos y con una barba de tres o cuatro días.
En cambio, cuando queremos parecer entendidos, levantamos la vista con orgullo y observamos los finísimos malbec y syrah; escudriñamos detenidamente las etiquetas como si supiéramos la diferencia entre un cabernet y un bonarda, fingimos que nos interesa la cata y adoptamos un lenguaje que incluye las palabras "taninos" y "bouquet" (aunque no tengamos la menor idea de lo que significan): nos hemos convertido en acrenópteros.
El acrenóptero acaricia con orgullo las botellas. Las saca de su exhibidor, las toma, las palpa, lee con intensidad lo que dicen, pero luego, inevitablemente, las devuelve a su lugar. Es que son muy caras para un asalariado recién devenido en clase media que tiene la tarjeta a punto de reventar. Por lo general, un acrenóptero se encuentra con otros y entre ambos se ponen a conversar y a recomendarse vinos que nunca han tomado: "El Catena Zapata es el mejor de todos. Claro, cuesta mil trescientos pesos. No, yo nunca tomé, pero el jefe de un amigo mío una vez lo probó y dijo que era riquísimo". "Vea, si está dudando, cómprese un Rutini. Tiene un bouquet que recuerda al aroma de las rosas silvestres de la campiña del Lacio. No, nunca estuve en el Lacio y no sé dónde demonios queda, pero a mí me recuerda eso. Bah, me lo recordaría si alguna vez lo hubiera tomado"; "Ah, lo que debe ser este Vento 2004 con un quesito Brie. A propósito, ¿qué es el queso Brie?". Desde luego, después de esa charla de gourmand, bajan la vista hacia la mitad de la góndola y terminan eligiendo (y recomendándose) el vino más barato y más rico de gama media o, como ellos gustan decir, "la mejor relación precio - calidad que podés comprar con treinta y cinco pesos".
El acrenóptero descripto más arriba no es el único. También está el que efectivamente tiene dinero y elige vinos caros. Pero en todos los casos, los acrenópteros son hombres (y no mujeres) de mediana edad (y no jóvenes) que comparten el placer por hablar sobre vinos y por demostrar a otros la experiencia enológica y la exquisitez de su paladar.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Autotruncia

(Sustantivo. Del griego autós = por sí mismo y del latín truncare = amputar, mutilar)

Mutilación espontánea.

Cuando se encuentra un cuerpo descuartizado, no siempre se debe suponer que alguien lo descuartizó. Así como aparentemente existe la combustión espontánea, es posible también que a una persona se le caigan los brazos, las piernas y la cabeza sin que haya una fuerza violenta externa que provoque tal suceso. Aunque parezca insólito, durante la edad media y parte de la moderna, en Europa, algunos acusados de homicidio alegaron la autotruncia. Era común que algunos esposos mataran a su mujer con un hacha y luego hicieran el descargo judicial, argumentando que habían encontrado el cuerpo "con signos inequívocos de autotruncia". El caso más sorprendente ocurrió en 1654 en Colmar (Alsacia, Francia): el ejército mató y descuartizó a varias docenas de personas, las apiló en un descampado y, cuando los civiles descubrieron los cuerpos, se adujo una "masiva mutilación espontánea seguida de un apilamiento post mórtem espontáneo"

martes, 6 de agosto de 2013

Amesoide

(Adjetivo. Del griego a = no; mésos = medio y terminación -oide, de eídos = forma)

Dícese del conjunto de situaciones o eventos que no tienen estado intermedio. 

Esta definición un tanto oscura se refiere sin embargo a ciertos sucesos familiares: usted va al médico porque tiene un leve dolor en el pecho. El médico lo examina y dice que no tiene nada; que su síntoma es muy difuso y que probablemente tienda a sobredimensionar sus padecimientos. Vuelve a casa sintiéndose un hipocondriaco y hasta se avergüenza de haberle hecho perder el tiempo a su doctor. Cinco días después, el dolor aumenta. Usted ve a otro médico y este dictamina que padece una gravísima enfermedad, y se lamenta de que no se haya hecho un chequeo antes. Cinco días antes, no tenía nada. Ahora ya es tarde. No hubo estado intermedio: su enfermedad y los diagnósticos médicos dieron resultados amesoides.
Consideremos otro ejemplo menos dramático. Un hombre conoce a una mujer. El hombre busca complacerla por todos los medios. Es amable, cuidadoso, atento, apasionado y tierno. Le escribe poemas; compra regalos caros; limpia la casa y cocina. Pero un día le compra un regalo un poco menos caro que los anteriores, y por ese suceso, la mujer, indignada, lo abandona para siempre. La relación fue amesoide: la mujer la planteó de modo tal que o bien el hombre mantenía un estricto patrón de conducta, o bien no valía la pena continuarla. No se planteó la posibilidad de un punto intermedio.

Las situaciones amesoides ocurren, en realidad, por concepciones humanas erróneas. Pareciera como si hubiera estados en los que se está por completo, o no se está en absoluto. Pero en realidad, siempre es posible encontrar (o inventar) un estado intermedio entre la salud y el desahucio, o el enamoramiento romántico y el despecho, o la opulencia feroz y la pobreza absoluta, o la sabiduría y la ignorancia, o la adicción al trabajo y la vagancia. Sin embargo, en algunos casos nos vemos condenados a que nos clasifiquen en alguno de los extremos de estos opuestos, sin que podamos acceder a los puntos medios que estos suponen.

lunes, 8 de abril de 2013

Anicio

(Sustantivo. Del latín a = privación, separación e ire = ir, moverse hacia un lugar. Verbo transitivo: aniciar)

Si el inicio marca la primera fase de un proceso, el anicio es la indefinición, interrupción o indeterminación de un proceso en sus primeras fases.

El fenómeno del anicio es sumamente cotidiano, aunque la definición quizás no permita verlo. Supongamos que usted ha comenzado las vacaciones en su oficina, pero de todos modos debe seguir yendo a limpiarla, a ordenar papeles y a terminar con un trabajo pendiente. En ese caso, oficialmente usted está de vacaciones, pero de hecho ese inicio se ha visto impedido o demorado: sus vacaciones no han comenzado; han aniciado. 
Si los alumnos comienzan las clases pero en los primeros días se anuncian huelgas docentes por tiempo indeterminado, podemos decir que no se ha dado inicio al ciclo lectivo, sino que se ha aniciado.
Si se levanta muy temprano a la mañana y a la media hora le da un sueño terrible de manera que duerme cinco o seis horas más, diremos que su día anició temprano, pero se inició luego de esa larga siesta.

La palabra "anicio" permite distinguir entre el comienzo oficial de algo y el comienzo real. A veces las cosas se inician oficialmente sin que se inicien en la realidad: en esos casos no tenemos inicios, sino anicios. 

Aunque hay cercanía semántica con la palabra "aborto", esta última se distingue del anicio en que el aborto presupone un nacimiento futuro (de ahí la raíz "orior", 'nacer', presente en "aborto"), mientras que el anicio implica que el nacimiento de algo ya ocurrió, pero las cosas dejan de estar claramente definidas después de ese nacimiento.

martes, 5 de marzo de 2013

Amoviloquio

(Sustantivo. Del latín amoveo = desviar y loquor = hablar) 

Expresión que relata una circunstancia que sería imposible de relatar si de hecho estuviera ocurriendo.

Si usted se quedó mudo, es difícil que pueda decirlo a los gritos. Si se quedó dormido, no podrá informarlo. Si está teniendo un accidente cerebro vascular (en especial, si compromete las áreas cerebrales de Broca y de Wernicke, encargadas de procesar el lenguaje) sería imposible que pudiera expresarlo. Por eso, las expresiones como "Estoy mudo", "Estoy profundamente dormido", "En este momento estoy inconsciente" o "Estoy teniendo un ACV", dichas a viva voz, no tienen ninguna forma de ser verdaderas cuando se las emite en primera persona y en tiempo presente. Son amoviloquios . Si alguien enuncia un amoviloquio tenemos que pensar que habla en broma o que está teniendo algún raro y curioso fenómeno mental. Por el contrario, si de verdad le están ocurriendo esos sucesos, debería estarlos padeciendo en una completa imposibilidad de articulación de lenguaje sonoro y en la mayoría de los casos (no en el de la mudez) también de lenguaje escrito.

Los amoviloquios pueden ocurrir en otros contextos, aunque aquí no podemos hablar de imposibilidad, sino de algo manifiestamente extraño que parece ocultar otras finalidades.
Si a usted le están robando el teléfono celular, sería muy extraño que los ladrones le permitieran mandar un mensaje comunicando ese mismo suceso. Ahora bien, si usted ha enviado un mensaje que dice "Aaaaah, me están afanando el celular", de inmediato ese mensaje se vuelve sospechoso. 

La conducta del amoviloquio se desvía de lo esperable en el juego del lenguaje. Un filósofo como Hilary Putnam califica de "expresiones desviadas" aquellas emisiones que no tienen convencionalmente ninguna condición de verdad. De ahí su etimología. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Anuncamar (se)

(Verbo. De nunca y más. Adjetivo: anuncamado. Sustantivo: anuncamamiento.)

Anunciar en voz alta que nunca más se hará alguna acción banal o cotidiana.

Para que se produzca el anuncamamiento, es necesario que el anuncio implique una restricción excesiva y que, por lo tanto, no se pueda cumplir con lo anunciado. Si alguien dice "nunca más tomo un vaso de agua en mi vida", es posible que se haya anuncamado, pues tarde o temprano quizás alguien le ofrecerá un vaso de agua -en una reunión, en la casa de un pariente o alguna tarde calurosa- y no tendrá más remedio que aceptarlo.
Muchas veces los padres anuncaman a sus hijos: les dicen que si hoy no ordenan su cuarto, nunca más les comprarán golosinas o nunca más les dejarán usar sus juguetes. Los niños aprenden desde muy temprano que sus padres utilizan el anuncamamiento como una amenaza imposible de cumplir; saben que en el reino de las relaciones parentales el "nunca más" no existe, y mucho menos si la amenaza implica algo tan cotidiano como un juguete o una golosina.  

Uno puede anuncamarse a sí mismo, o anuncamar a otra persona. En todos los casos, el anuncamamiento es un "irse de boca", es prometer una renuncia que desde el mismo instante en que se emite está condenada al perjurio. De hecho, el anuncamado se distingue del perjuro porque este último rompe su juramente pudiendo haberlo cumplido (y con plena conciencia de ello). Pero el anuncamado hace un anuncio cuyas condiciones son a priori imposibles de satisfacer. Lo curioso es que el anuncamamiento no puede satisfacerse no porque el objeto de la promesa sea muy difícil o inalcanzable, sino porque es demasiado cotidiano como para excluirlo de las prácticas de la vida diaria.

lunes, 11 de febrero de 2013

Avencordia

(Sustantivo. Del latín avenor = porvenir y cordis = corazón [de donde se deriva "recordar"]. No confundir con avercodar)

Memoria de hechos futuros.

La avencordia puede presentarse de dos maneras bien definidas:
En una de ellas, la persona que posee avencordia recuerda clara y vívidamente hechos futuros. En algunos casos no sabe que esos hechos todavía no ocurrieron; en otros tiene también una plena conciencia de que esos hechos están por venir. A esta clase de avencordia la podemos llamar "avencordia consciente".
En la otra clase, el individuo no conoce conscientemente su recuerdo, pero actúa de acuerdo a lo que le está por ocurrir, sin saber por qué y sin saber exactamente qué le va a ocurrir. Una futura víctima de un accidente de tránsito llora por anticipado por su propia muerte inminente. No sabe por qué llora y no sabe que va a morir, pero algo en él ya conoce el futuro. Si nos embarga una enorme tristeza unos días antes de recibir una mala noticia; o si, por el contrario, tenemos una euforia inexplicable antes de recibir una buena noticia, entonces sufrimos de esta "avencordia inconsciente".  Si usted se prepara para recibir a un tío que viene a visitarlo de un lugar muy lejano (y usted no sabía que venía ese tío), o si quema unos escritos comprometidos una hora antes de que vengan a allanarle la casa (y usted no sabía que le iban a allanar la casa), entonces ha sufrido de avencordia inconsciente.

La avencordia parece mostrarnos que el tiempo no marcha en una sola dirección. Nuestra vida se enfoca en un sentido del tiempo, pero algunas veces tenemos vestigios, indicios inconcluyentes en la memoria o en el cuerpo, de que el tiempo se mueve hacia adelante y hacia atrás. A veces la memoria se quita la atadura con el pasado y se atreve, por error o por capricho, a asomarse en la otra dirección del tiempo.

miércoles, 23 de enero de 2013

Antolecto

(Sustantivo. Del griego anthós = flor y léxis = estilo, expresión)

La mejor forma de expresión verbal de una persona. 

La definición un tanto oscura seguramente no deja ver la familiaridad del hecho definido. El antolecto es aquella verbalización florida y cuidada que utilizamos cuando hablamos ante un juez, ante un profesor que nos toma examen, ante el padre de nuestra novia o ante nuestro futuro patrón. En nuestra vida cotidiana no pronunciamos con claridad, omitimos eses finales, usamos codas, apócopes y apelativos como "che" acompañados de insultos y referencias despectivas: "Che, enano de mierda, alcanzame la poronga esa para destapar lo caño". Si llega a nuestra casa el inspector de salubridad o el pastor de la iglesia, cambiamos nuestra expresión y decimos algo como: "Querido hijo mío, ¿tendrías a bien dejar cerca de mis manos la sopapa para destapar la pileta del toilette?". Esta última verbalización es un antolecto. Como puede verse, el antolecto se utiliza para situaciones en las que está presente alguien a quien le atribuimos poder y, en muchos casos, cierta superioridad de clase social.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Agéfiso

(Adjetivo. Del griego á = negación, géfyra = puente y phýsis = naturaleza)

Dícese de la teoría o conjunto de hipótesis que no tienen contacto con las leyes de la ciencia natural. 

Cuando se elabora una teoría de "alto nivel" (por ejemplo, una teoría política o una teoría de la mente), es deseable que los conceptos de la teoría tengan algún tipo de correlación con la biología, la química y la física. Este tipo de correlaciones se denominan "principios puente" (bridge laws). Pero existen teorías que no especifican o que no admiten tal correlación: los conceptos de dichas teorías no pueden involucrar ningún aspecto de la biología, ni de la física, ni de la química: sus elementos son, muchas veces, abstracciones sin carnadura ni genealogía material de ningún tipo. Un ejemplo de teoría agéfisa está dada por cierta variedad de psicoanálisis en la cual las tópicas freudianas se utilizan como modelos explicativos de la mente, pero esas mismas tópicas no pueden conectarse ni con partes específicas del cerebro, ni con una teoría funcional de la mente. Cuando se estudia al hombre como animal político, soslayando -y no permitiendo- el contacto con otros aspectos de la "animalidad" humana, se está haciendo una teoría agéfisa. Cuando se establece una teoría sociológica en la que las nociones de "patriarcado", "injusticia social", "pobreza", "egoísmo" no admiten ninguna hipótesis biológica, estamos ante una teoría agéfisa.
Por lo general, las hipótesis agéfisas funcionan como guetos conceptuales: los términos de dichas hipótesis deben interpretarse como primitivos dentro de la teoría; no se admite contacto de esos términos ni con la biología, ni con la física, ni con la química. Un ejemplo de gueto conceptual está dado por el término "egoísmo". Si pensamos el egoísmo sólo como un producto social y no permitimos una vinculación con una teoría biológica, hemos establecido a priori que no pueden estudiarse las bases biológicas de la conducta egoísta, con lo cual se cierran las puertas para cualquier principio puente que pueda tenderse entre el estudio sociopsicológico del egoísmo y el estudio biológico.

A veces, los partidarios de una teoría agéfisa deciden no establecer ese contacto por un prejuicio metodológico: suponen que tender los puentes hacia la biología o la física es abrir la puerta hacia un reductivismo científico. Se suele suponer erróneamente, por añadidura, que la incorporación de principios puente con la ciencia natural le conferiría a la ciencia social una explicación determinista y sumamente estrecha.

(Sospecho que este problema ya tiene nombre)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Ataractoclasta

(Adjetivo. Del griego a = negación; taraxé = perturbación y klastés = rompedor)

Dícese de la persona cuyas palabras generan inquietud, disgusto, enojo y /o intranquilidad.

El ataractoclasta nos cambia radicalmente el estado de ánimo: pasamos de estar sanamente tranquilos a estar preocupados e irritados. Si vemos un mensaje del ataractoclasta en el correo electrónico o en las redes sociales, antes de leerlo ya pensamos "con qué saldrá este ahora", y encaramos su lectura mal dispuestos y con la certeza de que el mensaje nos llevará a una discusión casi eterna, o a alguna acción urgente, o a la presunción de que pasa algo terrible. Después de leer o escuchar sus palabras el mundo ya no es el mismo; la alegría y el buen humor se disipan irremediablemente, y solo nos queda soportar las consecuencias de su acto de habla. El ataractoclasta es un terrorista de los estados de ánimo; su único objetivo es convencernos de que estamos equivocados, de que nuestro pensamiento no vale y de que la apacible quietud en la que estuvimos sumergidos antes de sus palabras era, en realidad, un espejismo o una evasión de nuestra propia ignorancia.

Hay enormes puntos de contacto entre el ataractoclasta y el irenófago. Este último, en cambio, no tiene la intención de provocarnos mal humor. El primero, en cambio, parece firmemente dispuesto a arrebatarnos cualquier disfrute cotidiano.

(Estoy convencido de que yo me he convertido en un ataractoclasta de las redes sociales)

miércoles, 24 de octubre de 2012

Antigelmo

(Sustantivo. Del griego anthí = contrario y aggelma = mensaje)

Aviso o mensaje cuyo contenido es nulo o contradice a la forma misma del mensaje.


A veces recibimos facturas de servicios, con código de barras, en las que el saldo es de cero pesos. No debemos pagarlas; ni siquiera guardarlas: alguien emitió la factura como un mensaje de que por esta vez no hay que pagar. Dado que la factura es un instrumento de pago, el hecho de que se la use para avisarnos que no debemos pagar contradice a su naturaleza. La factura se convierte en un antigelmo: no nos da la información esperada, sino la negación de dicha información. Algo similar puede ocurrir si le llegan mensajes o llamados de advertencia a su celular: "Usted tiene una deuda impaga de cero pesos con cero centavos. Por favor, evite quedar con saldo deudor". Esperaríamos que el aviso se emitiera sólo si hay una deuda positiva, pero no si tal deuda es inexistente.
También podría ocurrirle que le llegara una citación judicial en la que le indican que usted no está citado, o una invitación en la que le comunican que no está invitado al casamiento de un desconocido, o un telegrama de despido en el que le avisan que no lo han despedido de su trabajo, o una resolución del concejo municipal de un pueblo sudafricano en la que le explican los motivos por los cuales usted no fue elegido intendente de ese lugar (lugar que usted no conoce y con el cual jamás tuvo relación). En estos casos el medio utilizado es un trabajo oneroso e inútil; un enredo burocrático redundante, enfáticamente inerte y un poco cómico. Uno recibe el antigelmo y solo le queda guardarlo como curiosidad para mostrarlo a amigos y parientes: "Miren, me llegó un papel en el que me felicitan porque no tengo deudas con el fisco de Laponia"; "Amigos, mi vida es un desastre: una mujer con la que jamás tuve contacto me mandó un mail para advertirme que no quiere tener sexo conmigo". "Señores, según este acta judicial, mañana tengo que ir temprano al juzgado a firmar un cheque por una multa. El cheque es por cero pesos. Si no lo firmo, me inician una demanda"


miércoles, 3 de octubre de 2012

Anticúmeno

(Adjetivo y sustantivo. Del griego anti = contrario y oikoúmene = universo conocido, mundo)

1. Mundo posible en el cual actuamos de manera opuesta a la actual.
2. Ser de ese mundo posible que es el exacto opuesto al que somos en este mundo. 

Para que el concepto de anticúmeno tenga algún sentido, debemos suponer que ese ser que actúa de modo diferente a mí, es de algún modo yo mismo. Para decirlo en términos del filósofo Saul Kripke: en ese mundo posible debe haberse seleccionado rígidamente mi identidad (es decir, hay alguien que sea yo en ese mundo), pero con propiedades diferentes (e incluso en cierto sentido opuestas).
Si usted odia el helado de limón, ama el asado, vota por partidos de izquierda y le encantan los gatos, su anticúmeno ama el helado de limón, odia el asado, vota por partidos de derecha y no tolera a los gatos. La lista de preferencias, rechazos y objetivos en la vida de nuestro anticúmeno debe ser exhaustivamente contraria -no basta con dar estos pocos ejemplos. Sin embargo, salta a la vista que debe haber muchos mundos posibles en los que convivan una enorme variedad de anticúminos. Veamos por qué: si usted el veinte de abril de dos mil once durmió mirando hacia el oeste, uno de sus anticúminos dormirá mirando hacia el este. Otro de los anticúminos habrá dado vuelta la cama para dormir hacia la dirección opuesta. Otro se habrá quedado despierto toda la noche. Otro se habrá suicidado antes de acostarse. La lista de "cosas opuestas" que podrían hacer nuestros anticúminos es casi infinita. Pero quizás convendría restringir la noción de anticúmino a aquellos seres de esos mundos posibles que toman decisiones poco familiares para nosotros y que revelan una profunda diferencia de personalidad.  Dormir mirando hacia un lado o hacia otro no parece muy relevante en ese caso. Pero elegir una carrera (o no), casarse (o permanecer soltero), opinar de modo favorable al gobierno (o muy en contra), tener una creencia religiosa (u oponerse a ella), odiar a los homosexuales (o luchar por sus derechos), tener amigos (o haberse peleado con ellos), disfrutar de la vida (o renegar de ella), reírse mucho (o vivir quejándose) son aspectos que parecen mucho más interesantes a la hora de decidir cuáles son nuestros verdaderos anticúmenos.
Mi anticúmeno más característico odia el diálogo político, tiene profundas convicciones religiosas, aborrece los videojuegos, ama los deportes, se ha casado por iglesia hace algunos años, tiene muchos hijos, es vegetariano, trabaja en una empresa privada, no tiene Facebook, lee libros de autoayuda, no terminó la escuela secundaria, y jamás en la vida hubiese hecho Exonario.

martes, 11 de septiembre de 2012

Antirremia

(Sustantivo. Del griego anti = contrario y rhéma = afirmación, acción verbal. Adjetivo: antirrémico)

Estrategia oratoria que consiste en desacreditar a una persona por dos razones contrarias.

Cuando queremos desacreditar el enunciado de una persona, podemos hacer referencia a lo poco que sabe o la poca experiencia que tiene el emisor acerca de lo que manifiesta en el enunciado. Le decimos, furiosos, que no es el más indicado para señalar una inexactitud en nuestro discurso: "Qué te metés a hablar de economía, vos. Andá a estudiar microeconomía, macroeconomía, estadística, y después vení a criticarme". El emisor, sin embargo, nos aclara: "Yo tengo un doctorado en economía". Sin darnos cuenta, hemos tratado de ignorante a una persona que sabía más que nosotros. En este punto, podemos tomar dos actitudes: pedir disculpas, o utilizar la antirremia. Si hacemos lo último, retrucaremos algo como esto: "¿Y vos qué te pensás? ¿Que porque estudiaste economía yo estoy equivocado?. ¿Quién te creés que sos? ¿El nobel de economía?". Como puede verse, la aplicación de esta última estrategia ya no apela al desconocimiento del emisor, sino al hecho de que su conocimiento no debería aplicarse en este caso, o que su saber lo vuelve arrogante o, incluso, que es un bochorno, para alguien con tanto estudio, rebajarse a corregir números en una discusión amateur. La aplicación sucesiva del descrédito por desconocimiento, y el descrédito por exceso de conocimiento, es la antirremia. La antirremia es un tipo de antinomia (de ahí, también, su similitud etimológica), puesto que utiliza como válidas una tesis y su antítesis para llegar a la misma conclusión: el destinatario no debería opinar.
Existen varios recursos antirrémicos, además del ejemplificado: "No leíste lo suficiente" (argumento); "Por más que leas todo, la lectura no te va a hacer más sabio" (contraargumento). "Si trabajaras, entenderías de lo que hablo" (argumento); "Bueno, que trabajes dieciséis horas por día no es suficiente para que entiendas de lo que hablo" (contraargumento). "Vos no podés criticarme, porque nunca se te ocurrió algo parecido" (argumento), "Bueno, que de vez en cuando se te caiga una idea no te da lugar a criticarme" (contraargumento). "No sabés lo que es tener hijos, así que no podés saber el amor que siento por ellos" (argumento); "Bueno, aunque tengas diez hijos, no tenés idea de lo que siento yo" (contraargumento).

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Autocarcino

(Sustantivo. Del griego autós = sí mismo y carcynos = cangrejo)

Tumor canceroso independiente. 

Los tumores crecen en -y a expensas de- los individuos que los padecen. Pero, quizás, si pudiéramos lograr que el tumor creciera hasta cierto punto, y luego se separara de su gestor para seguir creciendo de forma autónoma, habríamos logrado un autocarcino.
Se podrían criar a los autocarcinos como nuevos tipos de formas vivientes. Quizás se puedan alimentar e incluso reproducir sin necesidad de los cuerpos humanos. Quizás los tumores cancerosos sean realmente entidades independientes, pero no hemos logrado comunicarnos con ellos, ni educarlos convenientemente. Si existiera algún modo de dialogar con ese conjunto de células mutadas y enloquecidas, quizás se podría convencerlas para que abandonen el lugar donde han nacido y separarse del torturado cuerpo humano que lo padece.
Es posible que en un futuro los bosques estén poblados por extrañísimas criaturas visceroides autocarcinas, que se combinarán en infinitas formas con nanobots y animales artificiales. Es posible, también, que cada tanto los autocarcinos sientan el impulso de retornar al cuerpo que les dio origen, y necesiten abrazarse al pulmón, al recto o al estómago de donde fueron extirpados, como niños abandonados que sienten nostalgia de la lactancia materna.

martes, 4 de septiembre de 2012

Antélogo


(Contracción de angetélogo, y esta de angetelótogo. Del griego aggélo = avisar; teleuté = final y lógos = discurso, razón)

Quien avisa que ya no va a seguir participando de un diálogo o debate. 

El antélogo no solo deja de discutir, sino que, además se siente en la obligación de dejar en claro que esas serán sus últimas palabras. "Con esto me retiro", "No digo más", "Esto es lo último que voy a decir" o incluso "Jaque mate" son fórmulas que el antélogo usa corrientemente. De manera arbitraria, da por terminada la transacción verbal, y con las fórmulas de cierre expresa que está ofendido o descontento con el curso del diálogo. "Lo único que voy a agregar es que las cebras son blancas con rayas negras. Buenas noches". A veces deja en claro que está ofendido y, en esos casos, utiliza fórmulas como: "Dado que no se puede dialogar con ustedes, me despido", o "No hablo con tarados. Chau, chau". El saludo y las frases de cierre tienen un efecto cómico cuando el debate se suscita en un foro en internet: en estas circunstancias, si alguien desea dejar de debatir, simplemente deja de comentar. Pero el antélogo cree que debe remarcar su futura ausencia. Cree que, por alguna razón, todos van a reparar en su punto final, o que esas palabras de cierre intempestivo le aportan elegancia al debate. Lo cierto es que el antélogo suele ofenderse por sus propias malinterpretaciones, y suele abandonar los debates cuando no le son favorables, o cuando ponen en evidencia que sus propias ideas son altamente discutibles (y que él no desea discutirlas): "Lo único que voy a decir es que Hitler tenía buenas intenciones. Con esto me despido, sigan discutiendo, manga de pelotudos".

miércoles, 22 de agosto de 2012

Asertonimia

(Sustantivo. Del latín assertus = afirmado y nimius = exagerado, irracional. Adjetivo: asertonímico)


Incapacidad para tomarse un tiempo antes de aceptar algo.

El asertonímico se apresura a decir "sí" demasiado pronto. Si le piden que prepare una comida para doscientos comensales, no se niega. Si una persona desconocida le propone casamiento, responde de modo afirmativo sin demoras. Si lo invitan a cazar chanchos a una selva boliviana, mañana temprano, acepta. Sus allegados elogian la firmeza y rapidez en sus decisiones, aun en las más comprometidas y difíciles. Pero una vez que ha aceptado, el asertonímico cavila mil veces y se da cuenta de que, quizás, debería haberlo pensado mejor. Sin embargo ya es tarde: ha recibido elogios por la decisión de donar un pulmón; ya le han hecho notas los periódicos, y el médico que hará la intervención le está haciendo los últimos análisis antes de la extracción del órgano.
El asertonímico no puede rechazar propuestas. Por lo general, le hacen propuestas trabajosas, horribles y de difícil ejecución, porque saben que no se va a negar. Rara vez le proponen algo bueno, como un viaje a playas paradisíacas, o la salida al parque de diversiones. Es que el asertonímico, a veces, se ve comprometido de tal modo en cosas horribles y gratuitas, que no le queda tiempo para disfrutar de su vida.

Se puede llamar asertonímico, también, a la persona que se apresura a ofrecer su ayuda sin que se lo pidan, y sin que le corresponda hacerlo. "Huy, tengo que terminar la tesis doctoral", dice un amigo. El asertonímico responde: "No te hagas problema; mandámela por correo y yo la termino". 


jueves, 28 de junio de 2012

Autoclepsia

(Sustantivo. Del griego autós = sí mismo y klopeúo = robar)

Robo que un sujeto perpetúa a sí mismo. 

Tanto la etimología como la definición de este término son transparentes y lacónicas. Pero algunas de sus implicancias no lo son tanto.
En su acepción más inmediata, la autoclepsia indica una operación imposible de llevar a cabo de manera literal, pues para que ocurra un robo es necesario que la víctima no consienta ni pueda predecir o prevenir las circunstancias del robo. Una persona que ahorra dinero en un cajón, y que luego saca dinero de ese ahorro para otros fines, ha cometido un isidebio, pero no un robo a sí misma. En este sentido el término puede usarse para casos de esquizofrenia, en los cuales una de las múltiples personalidades de un sujeto  se aprovecha de los bienes de las otras personalidades.
Existe otra manera menos literal de entender la autoclepsia: un robo perpetrado a sí mismo, pero cuyo destinatario no es el propio sujeto que roba. Si usted es asaltado en la calle, puede que los ladrones le pidan todo lo que lleva puesto. Pero si, además de entregarle lo que lleva, le pide a sus asaltantes que lo acompañen a su casa, y usted mismo desvalija su propia vivienda para ellos, entonces ha cometido autoclepsia. Cualquier persona que sea especialmente colaborativa con un ladrón, ofreciéndole sus bienes como si los promocionara, comete autoclepsia. "Miren, pasen, les voy a mostrar los diamantes de mi abuela. Están en el alhajero. Esperen que busco la llave. Y este reloj que parece de fantasía tiene engranajes de oro puro. Aprovechen a llevarse los cuadros, que son originales y valen una fortuna. Si se llevan esto, hacen un botín fabuloso."

El término también podría aplicarse a ciertos actos furtivos y vandálicos propios de los robos, en los cuales la víctima de ese vandalismo es uno mismo. Si alguien barreteara la puerta de su propio auto y lo pusiera en marcha haciendo contacto, sin llaves; si violentara su caja fuerte o tratara de sacar dinero de su propia bóveda bancaria haciendo un boquete, estará cometiendo autoclepsia.

martes, 29 de mayo de 2012

Agonopsia

(Sustantivo. Del griego agonízestai = luchar y ópsis = vista)

Arte de observar a personas y animales que están muriendo.

Mientras la necropsia es la observación de los cadáveres, la agonopsia es la observación de personas en estado de agonía, de todo el proceso que desemboca en la muerte. Puede tener varias finalidades: a veces, simplemente el acompañamiento de la persona o el animal enfermos. Otras veces, puede ser parte de una investigación médica o científica. En raros casos, podría referirse al placer morboso o estético del proceso fatal. Si grupos de personas se congregan alrededor de un enfermo terminal en su última agonía, por la sola curiosidad de saber qué expresión tiene un muerto reciente, un muerto al que se lo vio luchar con la muerte, estaríamos ante un caso de agonopsia morbosa o estética.

La agonopsia no sólo se aplica a la observación de enfermos. El espectáculo de un ahorcamiento o una ejecución en la silla eléctrica también son casos de agonopsia, siempre y cuando haya algún instante de agonía entre la puesta en marcha de la ejecución y el momento de la muerte. Si la muerte sólo se da de un momento para el otro, sin mediar un sufrimiento observable, el término 'agonopsia' no puede en rigor utilizarse.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Anenómiso

(Adjetivo. Del griego a = partícula negativa; oinós = vino y methuo = embriagarse, estar bebido)

1. Dícese de quien puede emborracharse espontáneamente, sin haber bebido. 

2. Dícese de quien puede inducirse de modo voluntario un estado de alucinación similar al que se obtiene a través de drogas. 

3. Dícese de quien se comporta como embriagado o drogado porque cree que ha bebido alcohol o ha tomado drogas.

En las dos primeras acepciones, el anenómiso arrastra la lengua para hablar, se abraza a sus amigos, tiene la vista nublada, el andar torpe y llora entre hipos cortados. O bien intenta atrapar inexistentes mariposas que lo sobrevuelan, o ve su entorno de colores y formas extrañas: los rostros, como si tuvieran máscaras blancas; las paredes como si tuvieran una leve fosforescencia; el perro, como si fuese un demonio enrojecido, cornudo y llameante. Pero no necesita alcohol ni drogas para lograr estos efectos: simplemente, desea que ocurran. A partir de ese deseo, su cuerpo y su mente se comportan tal como lo haría quien de hecho consumió alucinógenos y / o alcohol.
En la tercera acepción, al anenómiso se lo ha engañado. Le dieron un cigarrillo común, y él creyó que fumaba marihuana. Le dieron jugo de manzana en lugar de sidra. Como él está convencido de que ha fumado o bebido bastante, empieza a mostrar los mismos síntomas que en los ejemplos anteriores. Su propia sugestión, mas un entorno favorable, mas la certeza de que la embriaguez es una consecuencia necesaria de haber fumado o bebido, lo llevan a alucinar, a reírse como un demente o a desnudarse en medio de la calle y gritarle insultos entrecortados a la policía.

viernes, 11 de mayo de 2012

Autóftono

(Adjetivo. Del griego autós = sí mismo y phtónos = envidia. Sustantivo: autoftonía)

Dícese de quien tiene celos o envidia de sí mismo. 

Se supone que la envidia es un sentimiento en el que intervienen al menos dos individuos: A siente envidia de B. Pero en algunos casos, el sujeto y el objeto de la envidia coinciden. Si usted ha engordado y observa una foto de hace un par de meses, en la que el traje le queda bien y la sonrisa seductora no parece una caricatura fofa; si observar esa foto le hace maldecir y despreciar a ese hombre flaco, entonces usted es un autóftono. Cada vez que, en lugar de añorar al que fuimos, terminamos odiándolo por haber sido mejor que el que somos, hemos padecido la autoftonía.
Si usted lee un texto o mira un cuadro y dice "qué bien escribe / pinta este hijo de puta, qué envidia me da", y luego se da cuenta de que es algo que usted mismo había escrito / pintado hace mucho tiempo, ha tenido un episodio de autoftonía inconsciente. Lo mismo ocurriría si viese un video en el que su propia mujer camina de la mano de un hombre: usted tendrá celos de ese hombre, hasta que descubre que ese hombre es usted mismo. Sin saberlo, estuvo a punto de hacer un escándalo marital por esos celos autodirigidos.