(Verbo intransitivo [tiene algunos raros usos transitivos]. Del griego argía = pereza y arjéia = gobierno. Sustantivo: arcarquía)
Saber manejar el propio desgano.
Cuando un amigo nos invita a cenar a su casa la próxima noche, es posible que aceptemos la invitación con entusiasmo. Sin embargo al día siguiente a medida que se acerca la hora, una creciente pereza nos invade y una hora antes de salir encontramos un programa de televisión, una cerveza en la heladera y una ducha caliente que nos alientan a quedarnos en casa. Si cedemos a esa tentación, llamaremos a nuestro amigo y le diremos que estamos enfermos o que se murió un pariente. Si tenemos algo de arcarquía (y un poco de vergüenza), saltaremos por encima de las cómodas garras del sofá y el pijama, enfrentaremos el encuentro con nuestro amigo y no sólo iremos para cumplir con la invitación, sino que además disfrutaremos de la cena y la charla.
El desgano, la pereza, la desidia, el hastío, nos rodean y nos obligan a claudicar no sólo de los compromisos, sino también de las cosas que nos dan placer. Sólo con una firme voluntad podremos arcarquizar todo aquellos que nos paraliza. Pero existe una paradoja: la voluntad, ¿puede, por propia voluntad, dejar de tener pereza? ¿Se trataría de una metavoluntad arcarquizante actuando contra una voluntad desganada? Si abrimos ese juego, estamos a un paso de establecer que la voluntad puede superponerse more geometrico hasta el infinito en un juego interminable de arcarquizadoras y arcarquizadas.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
jueves, 27 de mayo de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
Escatícono
(Sustantivo. De eskátos = último y eikónes = imagen. No confundir con escotícono)
Última imagen que ve una persona antes de morir.
Desde el punto de vista etimológico y definicional, el término se refiere a una imagen cualquiera, con la condición de que sea la última. Por ejemplo, el cielo raso de la habitación del hospital donde un segundo después sobreviene el deceso. Sin embargo, debe utilizarse con mayor propiedad para aquellas imágenes que, por el solo hecho de verlas, son un preanuncio inequívoco de la muerte. Quien pudiera ver de cerca el hongo de una explosión atómica, o el acercamiento vertiginoso del suelo después de haberse tirado de un edificio, o la luz y el creciente calor del magma después de arrojarse a un volcán, o su propio cuerpo sin cabeza luego de haber sido decapitado, habrá tenido una imagen imposible que un segundo después estará seguida de una muerte violenta e instantánea.
Ante un escatícono es factible que se emita un extrecanor.
Última imagen que ve una persona antes de morir.
Desde el punto de vista etimológico y definicional, el término se refiere a una imagen cualquiera, con la condición de que sea la última. Por ejemplo, el cielo raso de la habitación del hospital donde un segundo después sobreviene el deceso. Sin embargo, debe utilizarse con mayor propiedad para aquellas imágenes que, por el solo hecho de verlas, son un preanuncio inequívoco de la muerte. Quien pudiera ver de cerca el hongo de una explosión atómica, o el acercamiento vertiginoso del suelo después de haberse tirado de un edificio, o la luz y el creciente calor del magma después de arrojarse a un volcán, o su propio cuerpo sin cabeza luego de haber sido decapitado, habrá tenido una imagen imposible que un segundo después estará seguida de una muerte violenta e instantánea.
Ante un escatícono es factible que se emita un extrecanor.
martes, 25 de mayo de 2010
Equesto
(Sustantivo y adjetivo. Del griego ékei = allí y stásis = detenimiento, cualidad de estar todavía en pie)
Objeto que alguien dejó en un lugar de la casa y que nadie se atreve a tirar o cambiar de lugar.
A diferencia de los planelocios, los equestos han sido puestos en ese lugar por alguna razón específica, pero desconocemos cuál es, y rara vez tenemos la posibilidad de preguntarle a quien lo dejó allí. La madre dejó una cajita de plástico junto a la bacha de la cocina. La cajita molesta, ocupa lugar y no parece tener utilidad. Sin embargo, por algo está allí y nadie se decide a tirarla, o a preguntar para qué sirve.
En las casas donde conviven dos o más personas, hay equestos. El envoltorio de un juguete sobre el canasto de la ropa sucia; los cepillos usados a un costado de la bañera, la pala sin mango al lado de la cama o ese frasco misterioso con un líquido celeste en la alacena junto a las latas de tomate. Si un día quisiéramos disponer esos objetos en el lugar que le correspondiera (lugar que, muchas veces, es la basura), deberíamos preguntar a todos los que contribuyeron a dejarlos por la casa. Si no hacemos esto, llegará un día en el cual alguien nos reprochará no haberle consultado. "Yo había dejado ese bracito de muñeca ahí, al costado de la jabonera, para cortar el jabón de glicerina. Vos me lo tiraste sin consultar", podrán decirnos.
Los equestos son parte de las idionidias.
¿Son equestos los objetos que guarda un cenotímico?
Objeto que alguien dejó en un lugar de la casa y que nadie se atreve a tirar o cambiar de lugar.
A diferencia de los planelocios, los equestos han sido puestos en ese lugar por alguna razón específica, pero desconocemos cuál es, y rara vez tenemos la posibilidad de preguntarle a quien lo dejó allí. La madre dejó una cajita de plástico junto a la bacha de la cocina. La cajita molesta, ocupa lugar y no parece tener utilidad. Sin embargo, por algo está allí y nadie se decide a tirarla, o a preguntar para qué sirve.
En las casas donde conviven dos o más personas, hay equestos. El envoltorio de un juguete sobre el canasto de la ropa sucia; los cepillos usados a un costado de la bañera, la pala sin mango al lado de la cama o ese frasco misterioso con un líquido celeste en la alacena junto a las latas de tomate. Si un día quisiéramos disponer esos objetos en el lugar que le correspondiera (lugar que, muchas veces, es la basura), deberíamos preguntar a todos los que contribuyeron a dejarlos por la casa. Si no hacemos esto, llegará un día en el cual alguien nos reprochará no haberle consultado. "Yo había dejado ese bracito de muñeca ahí, al costado de la jabonera, para cortar el jabón de glicerina. Vos me lo tiraste sin consultar", podrán decirnos.
Los equestos son parte de las idionidias.
¿Son equestos los objetos que guarda un cenotímico?
viernes, 21 de mayo de 2010
Vandalismo semántico: cagatrochas
Muchos ya estarán al tanto de que el Instituto Cervantes ha lanzado un concurso de palabras inventadas (ver esta nota).
La intención final es crear un "Ficcionario" con las palabras que la gente envíe, y la idea parece ser que ganará la palabra que reciba más votos de los lectores.
El proyecto es idéntico al de Exonario, de modo que me interesó bastante la propuesta. Participé con tres palabras: "Colocio", "Irenofagia" y "Equicopcio". Dado que este proyecto se llama "Ficcionario", es de esperar que las palabras sean ficticias en el sentido propio del término: palabras inventadas, que se refieran a un hecho real o posible, pero que tengan una completa funcionalidad semántica en el idioma español.
Sin embargo, me encontré con que este concurso tiene muchos errores.
1. En primer lugar, los participantes ingresan palabras ya existentes, que se usan en las variedades dialectales de sus pueblos. Por ejemplo, la palabra que lidera los votos es "Cagatrochas", un término que -tal como se encargan de aclarar los comentaristas y el propio "autor"- se usa en algunos pueblos de España. Pero aun más: ni siquiera se cuidan de que el término no aparezca en el diccionario. Algunas palabras no sólo se usan, sino que ya están definidas por la Real Academia (ver Vagamundo) Si bien hay un proceso de selección de términos, parece que entre los criterios de la selección no está presente la consigna de que sean "ficticios", y en rigor, ni siquiera "fuera del diccionario". El nombre, entonces, "Ficcionario" es inadecuado.
2. En segundo lugar, quienes envían palabras no se sienten en la obligación de definirlas, (Por ejemplo: Cagatrochas: "es como decir que eres un cobarde, miedoso, caganio,..."; Obesionado: "Porque representa muy bien la "obsesión" que tenemos hoy en día por ser obesos") o incluso de respetar la gramática española. Por ejemplo,"Majoni", la segunda palabra más votada, es un "derivado del adjetivo majo pero en grado superlativo". Sin embargo, de acuerdo a la formación del superlativo en español, no existe regla de derivación que dé como resultado un superlativo terminado en "ni". Se trata, entonces, no de una nueva palabra, sino de una modificación de la gramática del superlativo para un caso puntual.
Algo similar ocurre con la palabra "Serpientón", quinta en este ránking. Un serpientón es "una serpiente bien grande venenosa y muy peligrosa". No es un nuevo término; es el aumentativo de un término ya existente.
3. Tampoco hay un intento por referirse a una realidad que hasta el momento no tuviera nombre. Los términos más votados no son más que sinónimos de otros términos, o simplemente se trata de combinaciones bastante burdas de otros términos ya existentes. En todos los casos, las definiciones (cuando las hay) son escasas y poco rigurosas. El propio caso de "cagatrochas" es un ejemplo en estos tres sentidos.
4. No parece haber otra instancia de selección más que el voto. Esto provoca algunas consecuencias indeseadas: En lugar de palabras ficticias, se termina votando a las palabras que más se usan en una determinada región. Otros, en cambio, votan porque les gusta el sonido del término, aun cuando la palabra ya exista de antemano. Por eso, palabras verdaderamente originales tienen muy pocos votos. Si el objetivo era crear un "ficcionario", los organizadores deberían fiscalizar y seleccionar mediante algún jurado cuál consideran que es "la mejor" palabra. Y cuando digo "la mejor", me refiero a que cumpla con todos los criterios esperables en una palabra nueva.
En fin. Con este post, tenía la intención de pedirles a los lectores de Exonario que votaran por alguna de las tres palabras que propuse (Aquí los links: Colocio, Irenofagia y Equicopcio ), pero el concurso me ha decepcionado. Así que ahora me da lo mismo.
Gracias y feliz fin de semana largo.
(PD: Les agradezco especialmente a mis amigos El Violinista y Jorge Benítez, quienes me informaron de este concurso)
La intención final es crear un "Ficcionario" con las palabras que la gente envíe, y la idea parece ser que ganará la palabra que reciba más votos de los lectores.
El proyecto es idéntico al de Exonario, de modo que me interesó bastante la propuesta. Participé con tres palabras: "Colocio", "Irenofagia" y "Equicopcio". Dado que este proyecto se llama "Ficcionario", es de esperar que las palabras sean ficticias en el sentido propio del término: palabras inventadas, que se refieran a un hecho real o posible, pero que tengan una completa funcionalidad semántica en el idioma español.
Sin embargo, me encontré con que este concurso tiene muchos errores.
1. En primer lugar, los participantes ingresan palabras ya existentes, que se usan en las variedades dialectales de sus pueblos. Por ejemplo, la palabra que lidera los votos es "Cagatrochas", un término que -tal como se encargan de aclarar los comentaristas y el propio "autor"- se usa en algunos pueblos de España. Pero aun más: ni siquiera se cuidan de que el término no aparezca en el diccionario. Algunas palabras no sólo se usan, sino que ya están definidas por la Real Academia (ver Vagamundo) Si bien hay un proceso de selección de términos, parece que entre los criterios de la selección no está presente la consigna de que sean "ficticios", y en rigor, ni siquiera "fuera del diccionario". El nombre, entonces, "Ficcionario" es inadecuado.
2. En segundo lugar, quienes envían palabras no se sienten en la obligación de definirlas, (Por ejemplo: Cagatrochas: "es como decir que eres un cobarde, miedoso, caganio,..."; Obesionado: "Porque representa muy bien la "obsesión" que tenemos hoy en día por ser obesos") o incluso de respetar la gramática española. Por ejemplo,"Majoni", la segunda palabra más votada, es un "derivado del adjetivo majo pero en grado superlativo". Sin embargo, de acuerdo a la formación del superlativo en español, no existe regla de derivación que dé como resultado un superlativo terminado en "ni". Se trata, entonces, no de una nueva palabra, sino de una modificación de la gramática del superlativo para un caso puntual.
Algo similar ocurre con la palabra "Serpientón", quinta en este ránking. Un serpientón es "una serpiente bien grande venenosa y muy peligrosa". No es un nuevo término; es el aumentativo de un término ya existente.
3. Tampoco hay un intento por referirse a una realidad que hasta el momento no tuviera nombre. Los términos más votados no son más que sinónimos de otros términos, o simplemente se trata de combinaciones bastante burdas de otros términos ya existentes. En todos los casos, las definiciones (cuando las hay) son escasas y poco rigurosas. El propio caso de "cagatrochas" es un ejemplo en estos tres sentidos.
4. No parece haber otra instancia de selección más que el voto. Esto provoca algunas consecuencias indeseadas: En lugar de palabras ficticias, se termina votando a las palabras que más se usan en una determinada región. Otros, en cambio, votan porque les gusta el sonido del término, aun cuando la palabra ya exista de antemano. Por eso, palabras verdaderamente originales tienen muy pocos votos. Si el objetivo era crear un "ficcionario", los organizadores deberían fiscalizar y seleccionar mediante algún jurado cuál consideran que es "la mejor" palabra. Y cuando digo "la mejor", me refiero a que cumpla con todos los criterios esperables en una palabra nueva.
En fin. Con este post, tenía la intención de pedirles a los lectores de Exonario que votaran por alguna de las tres palabras que propuse (Aquí los links: Colocio, Irenofagia y Equicopcio ), pero el concurso me ha decepcionado. Así que ahora me da lo mismo.
Gracias y feliz fin de semana largo.
(PD: Les agradezco especialmente a mis amigos El Violinista y Jorge Benítez, quienes me informaron de este concurso)
Proveritar
(Verbo intransitivo. Del latín pro = en favor de y veritas = verdad. Adjetivo: proveritador o proverador)
Ofrecer innecesarias pruebas para demostrar que no se está mintiendo.
Algunas personas temen que otro crea que están mintiendo, aun en contextos en los que la exageración o incluso la falsedad no tienen importancia. Por eso, se esfuerzan en demostrar a cada instante que sus palabras son ciertas o que, si no lo son, fue por desconocimiento y no por malicia.
"Mirá, mirá el precio, ¿ves que no te mentí", dice el proveritador, forzándonos a corroborar algo que nunca nos interesó. Pero si el precio no era el que él había dicho, su discurso será largo, trabajoso y lleno de culpa y disculpas: "Ayer te dije que el kilo de pulpa estaba diez pesos. Me equivoqué. Lo que pasa es que vi el cartel que decía 'diez pesos' y no me di cuenta de que era la carnaza, no la pulpa picada.Vi mal, eso es todo. En realidad el kilo de pulpa está once, no diez. Mil disculpas por favor."
Es probable que el proveritador haya sido, en otra época de su vida, un mentiroso a quien le descubrieron de forma flagrante una enorme mentira.
Ofrecer innecesarias pruebas para demostrar que no se está mintiendo.
Algunas personas temen que otro crea que están mintiendo, aun en contextos en los que la exageración o incluso la falsedad no tienen importancia. Por eso, se esfuerzan en demostrar a cada instante que sus palabras son ciertas o que, si no lo son, fue por desconocimiento y no por malicia.
"Mirá, mirá el precio, ¿ves que no te mentí", dice el proveritador, forzándonos a corroborar algo que nunca nos interesó. Pero si el precio no era el que él había dicho, su discurso será largo, trabajoso y lleno de culpa y disculpas: "Ayer te dije que el kilo de pulpa estaba diez pesos. Me equivoqué. Lo que pasa es que vi el cartel que decía 'diez pesos' y no me di cuenta de que era la carnaza, no la pulpa picada.Vi mal, eso es todo. En realidad el kilo de pulpa está once, no diez. Mil disculpas por favor."
Es probable que el proveritador haya sido, en otra época de su vida, un mentiroso a quien le descubrieron de forma flagrante una enorme mentira.
jueves, 20 de mayo de 2010
Magnivoquio
(Sustantivo. Del latín magnus = grande y vocare = llamar)
En un discurso, apelar a una persona importante o a una institución que está más allá del auditorio al que se dirige el discurso.
"Gracias a todos, gracias", dice un periodista que ha recibido un premio. Sus colegas, bajo el estrado, lo aplauden. "Con esta distinción quiero dirigirme a la presidenta de la nación: por favor, que cuide a los periodistas porque tenemos miedo", agrega el premiado. La presidenta no está presente, y no tiene por qué escuchar ese discurso: se trata de un magnivoquio, una errónea apelación a una autoridad o a alguien que no puede escuchar directamente, ni tiene por qué hacerse cargo de lo que se le dice. "Y por favor, señor Papa, su Santidad, deje de ocultar la pederastia", puede agregar el magnívoco periodista. "Y ya que estamos, Arcángel Gabriel, no me molestaría que se me apareciera alguna vez y así yo también puedo tener una revelación", acota. "A la población china, le digo: por favor, dejen de emigrar hacia el resto del mundo que ya está bastante superpoblado. Y a los extraterrestres que merodean nuestro planeta, especialmente a los chupacabras: nunca les daremos nuestros recursos, sépanlo. Nada más, compañeros periodistas. Estoy orgulloso de haber recibido este premio."
En un discurso, apelar a una persona importante o a una institución que está más allá del auditorio al que se dirige el discurso.
"Gracias a todos, gracias", dice un periodista que ha recibido un premio. Sus colegas, bajo el estrado, lo aplauden. "Con esta distinción quiero dirigirme a la presidenta de la nación: por favor, que cuide a los periodistas porque tenemos miedo", agrega el premiado. La presidenta no está presente, y no tiene por qué escuchar ese discurso: se trata de un magnivoquio, una errónea apelación a una autoridad o a alguien que no puede escuchar directamente, ni tiene por qué hacerse cargo de lo que se le dice. "Y por favor, señor Papa, su Santidad, deje de ocultar la pederastia", puede agregar el magnívoco periodista. "Y ya que estamos, Arcángel Gabriel, no me molestaría que se me apareciera alguna vez y así yo también puedo tener una revelación", acota. "A la población china, le digo: por favor, dejen de emigrar hacia el resto del mundo que ya está bastante superpoblado. Y a los extraterrestres que merodean nuestro planeta, especialmente a los chupacabras: nunca les daremos nuestros recursos, sépanlo. Nada más, compañeros periodistas. Estoy orgulloso de haber recibido este premio."
miércoles, 19 de mayo de 2010
Balbinodiar
(Verbo intransitivo. Del latín balbus = tartamudo e inodia = enfado)
Tartamudear de ira.
Cuando alguien comete una injusticia, nos sentimos obligados a intervenir. Queremos que el injusto entienda nuestra contundente opinión sobre su proceder. Sin embargo, por culpa del enojo, las palabras se agolpan en la lengua; el discurso incisivo y oportuno se convierte en un balbuceo forzado y gritón; apenas se entienden dos o tres palabras airadas que el injusto escucha con sorpresa y sonrisa socarrona, y por último, en el paroxismo de la rabia (la rabia provocada por nuestra propia incompetencia en el manejo discursivo) nos sale un "Andá a la co co co concha de tu her her her hermana" que malogra definitivamente y sin remedio el propósito de la intervención.
Tartamudear de ira.
Cuando alguien comete una injusticia, nos sentimos obligados a intervenir. Queremos que el injusto entienda nuestra contundente opinión sobre su proceder. Sin embargo, por culpa del enojo, las palabras se agolpan en la lengua; el discurso incisivo y oportuno se convierte en un balbuceo forzado y gritón; apenas se entienden dos o tres palabras airadas que el injusto escucha con sorpresa y sonrisa socarrona, y por último, en el paroxismo de la rabia (la rabia provocada por nuestra propia incompetencia en el manejo discursivo) nos sale un "Andá a la co co co concha de tu her her her hermana" que malogra definitivamente y sin remedio el propósito de la intervención.
martes, 18 de mayo de 2010
Autofemismo
(Sustantivo. Del griego autó = a sí mismo y femí = decir)
Palabras que se pronuncian con la intención de comunicárselas a uno mismo.
En algunas circunstancias necesitamos escuchar lo que estamos pensando para saber que estamos pensando exactamente eso y no otra cosa. Este curioso y muy frecuente desdoblamiento tiene efectos productivos: a veces, por el solo hecho de escucharnos, caemos en la cuenta de ciertos errores e inconsistencias que jamás habrían salido a la luz si sólo permanecieran como un discurrir puramente mental.
El autofemismo es la expresión vocal del discurso interior. Mediante este proceso una persona se comunica a sí misma pensamientos, estados de ánimo y reacciones. Pero la intención última no es sólo comunicativa: con ciertas palabras pretendemos influir sobre nosotros mismos. La expresión "Qué grande que soy", repetida una cierta cantidad de veces, con matices y argumentos que la sostengan ("Soy un grande. Me lavé la ropa solo, me hice la comida, arreglé la canilla") nos predispone con buen ánimo, mientras que "Soy un verdadero pelotudo" tiende a deprimirnos. A veces el autofemismo es un murmullo casi inaudible, y no suele ser continuo ni prolongado. No suele ser tan caótico como el monólogo interno. El autofemismo se convierte en un estado patológico si se realiza en voz alta y en cualquier circunstancia. Desde luego, la línea que separa el estado patológico del (casi) normal es difusa y discutible.
Palabras que se pronuncian con la intención de comunicárselas a uno mismo.
En algunas circunstancias necesitamos escuchar lo que estamos pensando para saber que estamos pensando exactamente eso y no otra cosa. Este curioso y muy frecuente desdoblamiento tiene efectos productivos: a veces, por el solo hecho de escucharnos, caemos en la cuenta de ciertos errores e inconsistencias que jamás habrían salido a la luz si sólo permanecieran como un discurrir puramente mental.
El autofemismo es la expresión vocal del discurso interior. Mediante este proceso una persona se comunica a sí misma pensamientos, estados de ánimo y reacciones. Pero la intención última no es sólo comunicativa: con ciertas palabras pretendemos influir sobre nosotros mismos. La expresión "Qué grande que soy", repetida una cierta cantidad de veces, con matices y argumentos que la sostengan ("Soy un grande. Me lavé la ropa solo, me hice la comida, arreglé la canilla") nos predispone con buen ánimo, mientras que "Soy un verdadero pelotudo" tiende a deprimirnos. A veces el autofemismo es un murmullo casi inaudible, y no suele ser continuo ni prolongado. No suele ser tan caótico como el monólogo interno. El autofemismo se convierte en un estado patológico si se realiza en voz alta y en cualquier circunstancia. Desde luego, la línea que separa el estado patológico del (casi) normal es difusa y discutible.
domingo, 16 de mayo de 2010
Cacultero
(Palabra y definición enviadas por Federico Arrué)
(Del g. chaos : caos, confusión, y el lat. culter: cuchillo)
(Del g. chaos : caos, confusión, y el lat. culter: cuchillo)
Alteración producida por el desorden que se da en el cajón de los cubiertos, cuando cucharas, cuchillos y tenedores no están en sus respectivos lugares.
El cacultero se da cuando, habiendo compartimentos del cajón de los cubiertos para diferentes tipos de cubierto –cucharas, tenedores, cuchillos, cucharitas, otros utensilios-; estas divisiones no son respetadas y cada compartimento se ve invadido de cubiertos foráneos.
O, incluso, puede darse un cacultero en donde haya cubiertos colocados de forma tal, que estén atravesados y ocupando más de un compartimento.
O, puede ocurrir también, que en donde deba haber algún determinado cubierto, no sólo haya cubiertos de otra especie o utensilios de cocina que no corresponden –bombillas, abrelatas, pelapapas- sino que el lugar esté ocupado por cualquier clase de objeto extraño al cajón y al ámbito de la cocina en general: apósitos, vendas, destornilladores, alambre, hilo, cintas de moño, tuercas, papeles.
La interacción de las personas con el caocultero se da en general con alguna variante de la siguiente descripción:
La persona se acerca al cajón a buscar un cubierto determinado. Por ejemplo, un tenedor. Abre ligeramente el cajón, a fin de dejar expuestos los mangos de los cubiertos. Luego, toma uno de los mangos que asoman en el lugar donde deben estar los tenedores. Pero al jalar de él y sacarlo totalmente del cajón, descubre que es una cuchara. Enojado y maldiciendo a aquél que creó el caocultero, repite el proceso. Pero esta vez, saca un cuchillo. Más enfadado aún, introduce la mano más al fondo en el cajón, a fin de poder palpar la cabeza del cubierto, y poder tomar el cubierto correcto. Pero, en ese momento, la mano rosa el filo de un cuchillo –siempre en el lugar donde deberían estar los tenedores- y se produce un pequeño corte.
Al borde de un ataque de nervios, la persona quita totalmente el cajón de su estante, y, ante la vista completa de todos los cubiertos, toma aquél que iba a buscar. Luego, observa el cacultero y se da cuenta que no es tan grave como pensaba. Más aún: casi todos los cubiertos que quedan en el cajón están en su lugar correcto. En ese momento, piensa en acomodar los que se encuentran fuera de lugar, pero generalmente deja esa operación para otro momento. Ese momento que nunca llega.
Y más aún, el cacultero suele quedar intacto, porque es común que los cubiertos sacados por error del cajón, sean devueltos a él de manera brusca y caigan en cualquier orden.
sábado, 15 de mayo de 2010
Exfalsipilar
(Palabra y definición enviadas por Javier Richarte)
(Verbo. Del latín exuo = sacar, quitar; falsus = irreal, inexistente; pilus = pelusa)
Acción y efecto de remover una pelusa imaginaria de nuestro suéter.
Es una práctica muy común en personas que, en plena charla o discusión, se quedan sin respuesta, se sienten intimidados, o bien, desean hacerse los distraídos. En todos los casos, bajan la mirada y la clavan en su propia ropa como buscando algo, mientras que con dos de sus dedos -índice y pulgar- remueven una pelusa inexistente.
(Verbo. Del latín exuo = sacar, quitar; falsus = irreal, inexistente; pilus = pelusa)
Acción y efecto de remover una pelusa imaginaria de nuestro suéter.
Es una práctica muy común en personas que, en plena charla o discusión, se quedan sin respuesta, se sienten intimidados, o bien, desean hacerse los distraídos. En todos los casos, bajan la mirada y la clavan en su propia ropa como buscando algo, mientras que con dos de sus dedos -índice y pulgar- remueven una pelusa inexistente.
viernes, 14 de mayo de 2010
Tiquiatría
(Sustantivo. Del griego tyché = suerte y iatros = médico. Adjetivo: tiquiatra)
Capacidad de recomendar un medicamento al azar y curar a un paciente.
La tiquiatría, a veces, puede ser fruto del error. Un médico que receta una inyección equivocada podría, por azar, curar al enfermo porque se había equivocado de diagnóstico. Dada su equivocación inicial, la inyección errónea resulta ser casualmente la correcta, pero ni él ni el paciente lo saben: se trata de un feliz azar.
Otras veces, la tiquiatría puede ser intencional. Si un médico recomienda una aspirina a un paciente hipocondríaco, en realidad le está recetando algo vagamente inofensivo para curar su obsesión por las enfermedades.
Por extensión, se puede denominar tiquiatría a la costumbre de recomendar medicamentos aunque no se sea médico y no se conozcan con exactitud los efectos secundarios, los síntomas ni sus causas. En todas las familias suelen haber algunos tiquiatras: abuelas, tíos o madres que poseen un botiquín con amplia variedad de remedios, y no dudan en administrarlos a sus parientes ante la aparición de ciertos síntomas que consideran relevantes. El tiquiatra guarda en su botiquín un amplio espectro: desde aspirinas hasta psicofármacos.
Los quiosqueros de barrio suelen ser tiquiatras en este último sentido.
Capacidad de recomendar un medicamento al azar y curar a un paciente.
La tiquiatría, a veces, puede ser fruto del error. Un médico que receta una inyección equivocada podría, por azar, curar al enfermo porque se había equivocado de diagnóstico. Dada su equivocación inicial, la inyección errónea resulta ser casualmente la correcta, pero ni él ni el paciente lo saben: se trata de un feliz azar.
Otras veces, la tiquiatría puede ser intencional. Si un médico recomienda una aspirina a un paciente hipocondríaco, en realidad le está recetando algo vagamente inofensivo para curar su obsesión por las enfermedades.
Por extensión, se puede denominar tiquiatría a la costumbre de recomendar medicamentos aunque no se sea médico y no se conozcan con exactitud los efectos secundarios, los síntomas ni sus causas. En todas las familias suelen haber algunos tiquiatras: abuelas, tíos o madres que poseen un botiquín con amplia variedad de remedios, y no dudan en administrarlos a sus parientes ante la aparición de ciertos síntomas que consideran relevantes. El tiquiatra guarda en su botiquín un amplio espectro: desde aspirinas hasta psicofármacos.
Los quiosqueros de barrio suelen ser tiquiatras en este último sentido.
jueves, 13 de mayo de 2010
Versomenato
(Sustantivo. Del latín versus = invertido; ego = yo y gnatus = nacido. Literalmente: "yo nacido invertido")
Persona que seríamos si hubiéramos nacido del sexo opuesto.
Es probable que alguna vez todos nos hayamos preguntado cómo habría sido nuestra vida si fuéramos mujer en vez de hombre, u hombre en vez de mujer. Se trata de una pregunta sin respuesta, porque desde el primer segundo del nacimiento nuestra identidad habría sido distinta, y ya no seríamos el que somos, aun cuando tuviéramos los mismos padres, la misma casa, la misma educación y los mismos amigos. Ese extraño de sexo opuesto que soy casi yo, en realidad soy tan poco yo como un lejano desconocido.
Persona que seríamos si hubiéramos nacido del sexo opuesto.
Es probable que alguna vez todos nos hayamos preguntado cómo habría sido nuestra vida si fuéramos mujer en vez de hombre, u hombre en vez de mujer. Se trata de una pregunta sin respuesta, porque desde el primer segundo del nacimiento nuestra identidad habría sido distinta, y ya no seríamos el que somos, aun cuando tuviéramos los mismos padres, la misma casa, la misma educación y los mismos amigos. Ese extraño de sexo opuesto que soy casi yo, en realidad soy tan poco yo como un lejano desconocido.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Irenofagia
(Sustantivo. Del griego eiréne = paz y fágo = comer)
Capacidad de arrebatar la paz ajena.
Muchísimas personas son incapaces de entender que otro esté en silencio y en estado de contemplación. Necesitan irrumpir, interpelar, interrumpir e intimidar. Si por casualidad un irenófago nos encuentra en un restaurante, con los ojos cerrados, disfrutando del olor del café, del murmullo y de la música ambiente, no dudará en sacudirnos y hacer una broma chusca sobre nuestro estado de arrobamiento. Si estamos en la cama, boca arriba mirando el techo y pensando, el irenófago nos preguntará qué nos pasa, por qué no nos levantamos, o por qué no dormimos, o por qué no vamos a comprar carne para el asado. Si nos asomamos por la ventana a observar el amanecer, allí aparecerá él, dispuesto a romper el silencio majestuoso, requiriendo nuestra atención para escuchar cuánto le gustan las telenovelas o cómo hizo para operarse de una verruga. No lo hace por maldad ni por pragmatismo: sencillamente no tiene la mínima sensibilidad para disfrutar de los momentos de paz, silencio y soledad.
Capacidad de arrebatar la paz ajena.
Muchísimas personas son incapaces de entender que otro esté en silencio y en estado de contemplación. Necesitan irrumpir, interpelar, interrumpir e intimidar. Si por casualidad un irenófago nos encuentra en un restaurante, con los ojos cerrados, disfrutando del olor del café, del murmullo y de la música ambiente, no dudará en sacudirnos y hacer una broma chusca sobre nuestro estado de arrobamiento. Si estamos en la cama, boca arriba mirando el techo y pensando, el irenófago nos preguntará qué nos pasa, por qué no nos levantamos, o por qué no dormimos, o por qué no vamos a comprar carne para el asado. Si nos asomamos por la ventana a observar el amanecer, allí aparecerá él, dispuesto a romper el silencio majestuoso, requiriendo nuestra atención para escuchar cuánto le gustan las telenovelas o cómo hizo para operarse de una verruga. No lo hace por maldad ni por pragmatismo: sencillamente no tiene la mínima sensibilidad para disfrutar de los momentos de paz, silencio y soledad.
lunes, 10 de mayo de 2010
Célcuro
(Sustantivo. Del latín cello = ocultar y cura = cuidado)
Objeto que no se usa o se usa poco y con precauciones para evitar que se deteriore.
Cuando una persona tiene tres pares de zapatos, es posible que use dos de ellos con cierta frecuencia, y un tercero lo deje para ocasiones especiales. Ese tercer par de zapatos es conservado en su caja original; se lo limpia después de cada uso y se lo vuelve a guardar en la caja y es inspeccionado cada tanto para corroborar que permanece intacto, sin olor a humedad o a transpiración.
Entiéndase el campo de uso de este concepto: si solo tuviéramos un único par de zapatos, y si a ese par le dispensáramos cuidados especiales, no se aplicaría. La noción de célcuro tiene sentido, únicamente, cuando hay otros objetos de la misma clase que sirven de contraste. Por alguna razón (y esa razón no siempre tiene que ver con gustos personales), siempre hay al menos una camisa, una remera, un collar, un cuaderno, o una bolsa de colostomía que se guardan para ocasiones especiales, en desmedro de otra ropa y otros objetos que podrían cumplir perfectamente para el mismo objetivo.
Objeto que no se usa o se usa poco y con precauciones para evitar que se deteriore.
Cuando una persona tiene tres pares de zapatos, es posible que use dos de ellos con cierta frecuencia, y un tercero lo deje para ocasiones especiales. Ese tercer par de zapatos es conservado en su caja original; se lo limpia después de cada uso y se lo vuelve a guardar en la caja y es inspeccionado cada tanto para corroborar que permanece intacto, sin olor a humedad o a transpiración.
Entiéndase el campo de uso de este concepto: si solo tuviéramos un único par de zapatos, y si a ese par le dispensáramos cuidados especiales, no se aplicaría. La noción de célcuro tiene sentido, únicamente, cuando hay otros objetos de la misma clase que sirven de contraste. Por alguna razón (y esa razón no siempre tiene que ver con gustos personales), siempre hay al menos una camisa, una remera, un collar, un cuaderno, o una bolsa de colostomía que se guardan para ocasiones especiales, en desmedro de otra ropa y otros objetos que podrían cumplir perfectamente para el mismo objetivo.
viernes, 7 de mayo de 2010
Feria del Libro
Mi gran amigo, el músico Zambayonny, me ha invitado a participar de la presentación de su primera novela, "Biografía de un Superhéroe", el domingo en la Feria del Libro, sala Borges, a las 19 horas.
Nos vemos allí.
Nos vemos allí.
jueves, 6 de mayo de 2010
Microno
(Sustantivo y adjetivo. Del griego mikrós = pequeño y krónos = tiempo)
Objeto que retrocede o avanza una pequeñísima fracción en el tiempo.
¿Está materialmente en el presente un objeto que ha viajado un microsegundo al pasado o al futuro? Si la fracción es muy pequeña, es probable que no nos demos cuenta. Creemos que el objeto está en el presente, pero en realidad estamos viendo al objeto que estaba aquí hace una millonésima de segundo. Es posible, en ese caso, que todas las cosas conocidas sean micronas.
En última instancia, todo lo que vemos está "en diferido" debido a la velocidad de la luz: los colores y las formas visibles nos llegan con una minúscula y despreciable diferencia de tiempo. Sin embargo, en estos casos, no decimos que los objetos han viajado en el tiempo, sino que la luz nos transmite la información un instante después. Los verdaderos micronos no están ahora aquí; sólo vemos de ellos lo que fueron hace un microsegundo, y dentro de un microsegundo veremos el que es ahora.
Objeto que retrocede o avanza una pequeñísima fracción en el tiempo.
¿Está materialmente en el presente un objeto que ha viajado un microsegundo al pasado o al futuro? Si la fracción es muy pequeña, es probable que no nos demos cuenta. Creemos que el objeto está en el presente, pero en realidad estamos viendo al objeto que estaba aquí hace una millonésima de segundo. Es posible, en ese caso, que todas las cosas conocidas sean micronas.
En última instancia, todo lo que vemos está "en diferido" debido a la velocidad de la luz: los colores y las formas visibles nos llegan con una minúscula y despreciable diferencia de tiempo. Sin embargo, en estos casos, no decimos que los objetos han viajado en el tiempo, sino que la luz nos transmite la información un instante después. Los verdaderos micronos no están ahora aquí; sólo vemos de ellos lo que fueron hace un microsegundo, y dentro de un microsegundo veremos el que es ahora.
martes, 4 de mayo de 2010
Horosicio
(Sustantivo. Del griego horáo = ver y sitos = alimento)
Inapetencia causada por ver o por manipular comida.
Es sabido que los heladeros están hartos del helado, y que los kiosqueros no desean atragantarse de golosinas. Las tentaciones duran poco tiempo, y llega un momento en que la sola visión de un cucurucho o un alfajor provoca hastío e incluso náuseas. Esto mismo puede extenderse a todo tipo de trabajo con alimentos. Los cocineros llegan a odiar el pollo a las hierbas; los empleados de Mac Donalds aborrecen la Big Mac y los panaderos terminan detestando las mediaslunas. Todos estos son casos de horosicio.
Sin embargo el término se aplica con propiedad a otro tipo de situaciones, más aleatorias. En todos los casos mencionados arriba la comida tiene una fuerte relación con el ámbito laboral. El horosicio, en este sentido más preciso, consiste en ese hartazgo que provoca oler, pelar, hervir, cortar y luego servir un alimento. El contacto tan íntimo entre el cocinero y el plato quita todo deseo de comer ese plato. Por eso, quienes sufren de horosicio sólo comen lo que prepara otro, pero pierden por completo el apetito si son ellos mismos quienes preparan el plato.
Inapetencia causada por ver o por manipular comida.
Es sabido que los heladeros están hartos del helado, y que los kiosqueros no desean atragantarse de golosinas. Las tentaciones duran poco tiempo, y llega un momento en que la sola visión de un cucurucho o un alfajor provoca hastío e incluso náuseas. Esto mismo puede extenderse a todo tipo de trabajo con alimentos. Los cocineros llegan a odiar el pollo a las hierbas; los empleados de Mac Donalds aborrecen la Big Mac y los panaderos terminan detestando las mediaslunas. Todos estos son casos de horosicio.
Sin embargo el término se aplica con propiedad a otro tipo de situaciones, más aleatorias. En todos los casos mencionados arriba la comida tiene una fuerte relación con el ámbito laboral. El horosicio, en este sentido más preciso, consiste en ese hartazgo que provoca oler, pelar, hervir, cortar y luego servir un alimento. El contacto tan íntimo entre el cocinero y el plato quita todo deseo de comer ese plato. Por eso, quienes sufren de horosicio sólo comen lo que prepara otro, pero pierden por completo el apetito si son ellos mismos quienes preparan el plato.
lunes, 3 de mayo de 2010
Dirilincio
(Sustantivo masculino. Del latín diruptio = explosión y linteum = sábana)
Desprendimiento de las sábanas y cobijas de su sujeción a la cama.
A causa de los movimientos que realizamos mientras dormimos, los vértices superiores del colchón suelen quedar desnudos y la tersura de las sábanas se convierte en una incómoda amalgama de arrugas. La tensión de fuerzas entre las sábanas, el colchón, las frazadas y el cubrecamas, sumados a nuestras prequiversas, pueden provocar un pequeño caos en la mansedumbre y molicie de una cama bien tendida.
Existen camas más dirilínticas que otras. Se necesita de un determinado tipo de colchón, en conjunción armónica con determinada calidad de sábanas y cobijas para que el dirilincio no se produzca. A veces, una frazada muy pesada, un colchón muy bajo o una sábana con elásticos flojos producen una mala combinación que provocan el dirilincio con apenas una vuelta en la cama.
Desprendimiento de las sábanas y cobijas de su sujeción a la cama.
A causa de los movimientos que realizamos mientras dormimos, los vértices superiores del colchón suelen quedar desnudos y la tersura de las sábanas se convierte en una incómoda amalgama de arrugas. La tensión de fuerzas entre las sábanas, el colchón, las frazadas y el cubrecamas, sumados a nuestras prequiversas, pueden provocar un pequeño caos en la mansedumbre y molicie de una cama bien tendida.
Existen camas más dirilínticas que otras. Se necesita de un determinado tipo de colchón, en conjunción armónica con determinada calidad de sábanas y cobijas para que el dirilincio no se produzca. A veces, una frazada muy pesada, un colchón muy bajo o una sábana con elásticos flojos producen una mala combinación que provocan el dirilincio con apenas una vuelta en la cama.
domingo, 2 de mayo de 2010
Clasitópedo
(Palabra y definición enviadas por Javier Richarte)
(Sustantivo y adjetivo. Del latín clâdês = calamidad, desastre; situs = situación, pedis = pie)
Persona que pone a sus propios pies en una situación calamitosa.
Los asiáticos que trabajan en supermercados porteños suelen ser fervientes practicantes de la clasitopedia, lo cual no les quita elegancia, ya que acostumbran a enmendarlo vistiendo pantalón de vestir, saco y camisa. Sin embargo, los primeros fríos del invierno traicionan a cualquiera e invitan hasta al más refinado galán a ser un auténtico clasitópedo sin enmiendas.
(Sustantivo y adjetivo. Del latín clâdês = calamidad, desastre; situs = situación, pedis = pie)
Persona que pone a sus propios pies en una situación calamitosa.
Los asiáticos que trabajan en supermercados porteños suelen ser fervientes practicantes de la clasitopedia, lo cual no les quita elegancia, ya que acostumbran a enmendarlo vistiendo pantalón de vestir, saco y camisa. Sin embargo, los primeros fríos del invierno traicionan a cualquiera e invitan hasta al más refinado galán a ser un auténtico clasitópedo sin enmiendas.
sábado, 1 de mayo de 2010
Pesamentario
(Palabra y definición enviadas por Pablo Conte, Unservidor)
Comentario que se deja en un blog, a manera de pésame, por la muerte de su blogger, quien ya no lo actualizará a causa de su propio fallecimiento.
Los pesamentarios se acumulan en el último post, como esperando una respuesta que no llegará, dejando un sabor amargo que ni siquiera podrán modificar los spamentarios que no tardarán en aparecer para cubrir este (precisamente) nicho.
En la web hay varios ejemplos, pero no los enlazaremos por respeto.
Muchos bloggers actuales, que nunca leerán los que les correspondan, recibirán próximamente pesamentarios. Esto no ocurrirá en la víspera, sino a partir de algún día del que aún se discute si ya está posteado o no.
Comentario que se deja en un blog, a manera de pésame, por la muerte de su blogger, quien ya no lo actualizará a causa de su propio fallecimiento.
Los pesamentarios se acumulan en el último post, como esperando una respuesta que no llegará, dejando un sabor amargo que ni siquiera podrán modificar los spamentarios que no tardarán en aparecer para cubrir este (precisamente) nicho.
En la web hay varios ejemplos, pero no los enlazaremos por respeto.
Muchos bloggers actuales, que nunca leerán los que les correspondan, recibirán próximamente pesamentarios. Esto no ocurrirá en la víspera, sino a partir de algún día del que aún se discute si ya está posteado o no.
viernes, 30 de abril de 2010
Icófeno
(Sustantivo. Del griego eikónes = imagen y phaíno = manifestación)
Inesperada aparición en la realidad de un objeto o situación imaginaria.
A veces hacemos un esfuerzo por imaginar la situación más disparatada o improbable posible. Por ejemplo, una vaca violeta sobre la terraza de un edificio, a punto de desplegar dos alas como de murciélago. Puede ocurrir que luego sagamos a la calle, miremos hacia un edificio y veamos, precisamente, a esa vaca violeta alada. El hecho es altamente improbable, pero no conceptualmente imposible.
¿Será una jugada de la imaginación? ¿Una casualidad? Esa extraña circunstancia es el icófeno.
Sin embargo, el término adquiere una referencia cotidiana cuando se le adjudica otra acepción un poco más restringida: según esta acepción, la aparición en la realidad no es de un objeto o ser puramente imaginario, sino de algo real pero relativamente improbable. Por ejemplo, suponga que usted está pensando en el primo de un ex compañero de la secundaria a quien vio sólo una vez en el año mil novecientos ochenta y nueve, y cuyo nombre jamás podría recordar. Si ese día se cruza con esa improbable persona, se habrá convertido en un icófeno.
Suele ocurrir que los icófenos se nos aparecen muchas veces. Si pensamos en el sodero de nuestra abuela, es probable que nos lo crucemos cinco o diez veces en la misma semana. Si, por alguna razón, nos acordamos de algún producto que sólo existió cuando éramos niños, es posible que alguien hable de ese producto, o veamos ese producto en la televisión, o nos encontremos uno en la calle, esperándonos entre una pila de basura.
Si esta entrada generara un icófeno, los lectores verían algunas vacas violetas durante los próximos días.
Inesperada aparición en la realidad de un objeto o situación imaginaria.
A veces hacemos un esfuerzo por imaginar la situación más disparatada o improbable posible. Por ejemplo, una vaca violeta sobre la terraza de un edificio, a punto de desplegar dos alas como de murciélago. Puede ocurrir que luego sagamos a la calle, miremos hacia un edificio y veamos, precisamente, a esa vaca violeta alada. El hecho es altamente improbable, pero no conceptualmente imposible.
¿Será una jugada de la imaginación? ¿Una casualidad? Esa extraña circunstancia es el icófeno.
Sin embargo, el término adquiere una referencia cotidiana cuando se le adjudica otra acepción un poco más restringida: según esta acepción, la aparición en la realidad no es de un objeto o ser puramente imaginario, sino de algo real pero relativamente improbable. Por ejemplo, suponga que usted está pensando en el primo de un ex compañero de la secundaria a quien vio sólo una vez en el año mil novecientos ochenta y nueve, y cuyo nombre jamás podría recordar. Si ese día se cruza con esa improbable persona, se habrá convertido en un icófeno.
Suele ocurrir que los icófenos se nos aparecen muchas veces. Si pensamos en el sodero de nuestra abuela, es probable que nos lo crucemos cinco o diez veces en la misma semana. Si, por alguna razón, nos acordamos de algún producto que sólo existió cuando éramos niños, es posible que alguien hable de ese producto, o veamos ese producto en la televisión, o nos encontremos uno en la calle, esperándonos entre una pila de basura.
Si esta entrada generara un icófeno, los lectores verían algunas vacas violetas durante los próximos días.
jueves, 29 de abril de 2010
Mecanoma
(Sustantivo. Del griego mechané = maquinación, mecanismo y terminación -oma = tumor)
Parte que sobresale del interior de un objeto cuando alguno de sus mecanismos internos se ha roto o desencajado.
Si en un viejo reloj analógico se desata uno de sus elásticos internos, es posible que parte del mecanismo llegue a sobresalir por alguna de las partes más débiles del sistema. Por ejemplo, puede ser que algunas piezas desacomodadas impacten sobre el cartón donde están dibujados los números, y puede que ese impacto llegue a deformarlos. Esa deformación producto de un desperfecto es el mecanoma.
Cada vez que se rompe algo en el interior de un aparato mecánico, es posible que visualicemos un mecanoma. El mecanoma es el producto del reacomodamiento de las piezas después de que ha ocurrido un desperfecto relativamente violento. Si se desprende el motor de un automóvil, es posible que las piezas que se ven afectadas por este desprendimiento se acomoden de un modo aleatorio dentro del capó generando consecuencias visibles desde afuera: abolladuras o piezas que sobresalen por los intersticios del capó. Si se trata de un aparato electrónico, es posible que se queme un transformador, alguna plaqueta o componente. En ese caso, desde afuera podremos visualizar cierta hinchazón o deformidad, y un color ahumado: he ahí el mecanoma producto de un objeto cuyo desperfecto provoca la quemazón.
Parte que sobresale del interior de un objeto cuando alguno de sus mecanismos internos se ha roto o desencajado.
Si en un viejo reloj analógico se desata uno de sus elásticos internos, es posible que parte del mecanismo llegue a sobresalir por alguna de las partes más débiles del sistema. Por ejemplo, puede ser que algunas piezas desacomodadas impacten sobre el cartón donde están dibujados los números, y puede que ese impacto llegue a deformarlos. Esa deformación producto de un desperfecto es el mecanoma.
Cada vez que se rompe algo en el interior de un aparato mecánico, es posible que visualicemos un mecanoma. El mecanoma es el producto del reacomodamiento de las piezas después de que ha ocurrido un desperfecto relativamente violento. Si se desprende el motor de un automóvil, es posible que las piezas que se ven afectadas por este desprendimiento se acomoden de un modo aleatorio dentro del capó generando consecuencias visibles desde afuera: abolladuras o piezas que sobresalen por los intersticios del capó. Si se trata de un aparato electrónico, es posible que se queme un transformador, alguna plaqueta o componente. En ese caso, desde afuera podremos visualizar cierta hinchazón o deformidad, y un color ahumado: he ahí el mecanoma producto de un objeto cuyo desperfecto provoca la quemazón.
martes, 27 de abril de 2010
Eugelótico / Cacogelótico
(Adjetivo. Del griego eu = bueno, bello o kakós = malo, desagradable y geláo = reír. Sustantivos: eugelia, cacogelia)
1. Eugelótico: dícese de quien tiene una risa bella, agradable y contagiosa.
2. Cacogelótico: dícese de quien tiene una risa que inspira temor, angustia o vergüenza.
Los personajes malvados de los cuentos suelen ser cacogelóticos, mientras que se pretende presentar a los protagonistas como eugelóticos.
Conviene aclarar que la eugelia o la cacogelia no necesariamente implican una connotación moral. Una persona puede ser cacogelótica a pesar de que su risa no pretende ser amenazadora o sarcástica. La inversa también es válida: a veces una persona eugelótica desea mostrar desprecio a través de la risa, pero no lo logra debido a su eugelia.
1. Eugelótico: dícese de quien tiene una risa bella, agradable y contagiosa.
2. Cacogelótico: dícese de quien tiene una risa que inspira temor, angustia o vergüenza.
Los personajes malvados de los cuentos suelen ser cacogelóticos, mientras que se pretende presentar a los protagonistas como eugelóticos.
Conviene aclarar que la eugelia o la cacogelia no necesariamente implican una connotación moral. Una persona puede ser cacogelótica a pesar de que su risa no pretende ser amenazadora o sarcástica. La inversa también es válida: a veces una persona eugelótica desea mostrar desprecio a través de la risa, pero no lo logra debido a su eugelia.
lunes, 26 de abril de 2010
Tespecondio
(Sustantivo. Del latín te = acusativo de tu, specto [o specio] = mirar y condo = esconderse.)
Acción de esconderse en algún lugar en el que todos saben que se está escondido.
Creemos que la acción de esconderse implica buscar un lugar que quien nos busca no podría prever. Sin embargo, el tespecondio sirve para los casos en los que, a pesar de quien nos busca sabe dónde estamos, no podrá alcanzarnos porque está muy alto, es muy estrecho o demanda demasiado esfuerzo. El niño que quiere huir del castigo de sus padres puede encerrarse en una baulera o agacharse detrás de la mesita que está detrás de la otra mesa en la habitación del fondo, apelando a nuestra tendencia a no perseguir presas si se comportan de manera complicada.
Los animales y los insectos suelen practicar el tespecondio. Las cucarachas que huyen debajo de la cocina o el gato que se escabulle entre las patas de las sillas son algunos ejemplos.
También puede llamarse tespecondio al escondite inoperante y puramente simbólico, como el que se muestra en la imagen que ilustra esta entrada. Si alguien hace un hoyo en la arena y mete la cabeza, literalmente no se está escondiendo, pero pretende decirnos que querría que no lo viéramos y, si somos piadosos, fingiremos que no está allí.
A veces se utiliza el tespecondio después de una circunfugia.
Acción de esconderse en algún lugar en el que todos saben que se está escondido.
Creemos que la acción de esconderse implica buscar un lugar que quien nos busca no podría prever. Sin embargo, el tespecondio sirve para los casos en los que, a pesar de quien nos busca sabe dónde estamos, no podrá alcanzarnos porque está muy alto, es muy estrecho o demanda demasiado esfuerzo. El niño que quiere huir del castigo de sus padres puede encerrarse en una baulera o agacharse detrás de la mesita que está detrás de la otra mesa en la habitación del fondo, apelando a nuestra tendencia a no perseguir presas si se comportan de manera complicada.
Los animales y los insectos suelen practicar el tespecondio. Las cucarachas que huyen debajo de la cocina o el gato que se escabulle entre las patas de las sillas son algunos ejemplos.
También puede llamarse tespecondio al escondite inoperante y puramente simbólico, como el que se muestra en la imagen que ilustra esta entrada. Si alguien hace un hoyo en la arena y mete la cabeza, literalmente no se está escondiendo, pero pretende decirnos que querría que no lo viéramos y, si somos piadosos, fingiremos que no está allí.
A veces se utiliza el tespecondio después de una circunfugia.
domingo, 25 de abril de 2010
Aparientes
(Palabra y definición enviadas por La Patu)
(Sustantivo y adjetivo. De aparentes y parientes. Sustantivo: aparescencia)
Personas que son muy parecidas entre sí y que parecen parientes.
Muchas veces, un par de amigas o amigos se parecen mucho y cualquiera diría que son hermanos o padre e hijo. La aparescencia, sin embargo, no se extiende a otras relaciones familiares. Rara vez, o tal vez nunca, decimos que "se parecen como tío y sobrino", o "son muy parecidos, deben ser abuelo y nieto": la aparescencia se limita a las relaciones de hermandad y de paternidad.
(Sustantivo y adjetivo. De aparentes y parientes. Sustantivo: aparescencia)
Personas que son muy parecidas entre sí y que parecen parientes.
Muchas veces, un par de amigas o amigos se parecen mucho y cualquiera diría que son hermanos o padre e hijo. La aparescencia, sin embargo, no se extiende a otras relaciones familiares. Rara vez, o tal vez nunca, decimos que "se parecen como tío y sobrino", o "son muy parecidos, deben ser abuelo y nieto": la aparescencia se limita a las relaciones de hermandad y de paternidad.
sábado, 24 de abril de 2010
Exotemporio
(Palabra y definición enviadas por Javier Richarte)
(Sustantivo. Del latín exo = fuera de, tempus = tiempo, emporium = comercio, tienda)
Dícese de los comercios que aún siguen vendiendo fuera de temporada.
Un claro ejemplo son las heladerías, que durante invierno improvisan un bar para tomar café con leche con tres de grasa, no siendo ni remotamente ésa su principal actividad.
(Sustantivo. Del latín exo = fuera de, tempus = tiempo, emporium = comercio, tienda)
Dícese de los comercios que aún siguen vendiendo fuera de temporada.
Un claro ejemplo son las heladerías, que durante invierno improvisan un bar para tomar café con leche con tres de grasa, no siendo ni remotamente ésa su principal actividad.
viernes, 23 de abril de 2010
Circunfugia
(Sustantivo. Del latín circum = alrededor y fugere = huir)
1. Acción de correr en círculos en el momento en que se debe escapar.
Las hormigas en forma usual, y las personas desesperadas de vez en cuando, practican la circunfugia. Es una forma de totalmente inoperante de realizar una huida.
2. Acción de huir para esconderse en una zona muy cercana.
Solemos creer que cuando alguien huye, se va lo más lejos posible. Pero, precisamente esa creencia sirve como escondite: puede fingir que se va muy lejos para luego engañarnos y esconderse en el mismo lugar del que fue echado a escopetazos. A veces, aunque se sabe dónde está escondido el fugitivo, no se lo puede o no se lo quiere alcanzar a causa del tespecondio.
1. Acción de correr en círculos en el momento en que se debe escapar.
Las hormigas en forma usual, y las personas desesperadas de vez en cuando, practican la circunfugia. Es una forma de totalmente inoperante de realizar una huida.
2. Acción de huir para esconderse en una zona muy cercana.
Solemos creer que cuando alguien huye, se va lo más lejos posible. Pero, precisamente esa creencia sirve como escondite: puede fingir que se va muy lejos para luego engañarnos y esconderse en el mismo lugar del que fue echado a escopetazos. A veces, aunque se sabe dónde está escondido el fugitivo, no se lo puede o no se lo quiere alcanzar a causa del tespecondio.
miércoles, 21 de abril de 2010
Triviquio
(Sustantivo. Del latín trivialis = trivial y quaero = preguntar)
Pregunta recurrente que se hace a pesar de que ya se conoce que en todos los casos hay una misma respuesta.
Después de años de convivencia, los integrantes de un matrimonio ya conocen los gustos y preferencias de su pareja. La mujer siempre toma un té de manzanilla con dos de azúcar. El marido, sin embargo, cada vez que prepara té le pregunta: "¿De qué lo querés? ¿Con cuántas de azúcar?" A veces, aunque ya se sabe cuál es la respuesta, se pregunta por cortesía y para mostrar que se está dispuesto a ofrecer otras opciones. Otras veces por inercia y otras, finalmente, porque se olvidan esos detalles cotidianos.
Para que exista el triviquio es necesario que haya un largo recorrido de rutinas compartidas. El barman le sirve "el trago de siempre" al cliente habitual. Será considerado triviquio si, después de que cada día durante cinco años el parroquiano pida dos medidas whisky Jack Daniels, el barman le pregunte: "¿Qué va a tomar el caballero?"
Pregunta recurrente que se hace a pesar de que ya se conoce que en todos los casos hay una misma respuesta.
Después de años de convivencia, los integrantes de un matrimonio ya conocen los gustos y preferencias de su pareja. La mujer siempre toma un té de manzanilla con dos de azúcar. El marido, sin embargo, cada vez que prepara té le pregunta: "¿De qué lo querés? ¿Con cuántas de azúcar?" A veces, aunque ya se sabe cuál es la respuesta, se pregunta por cortesía y para mostrar que se está dispuesto a ofrecer otras opciones. Otras veces por inercia y otras, finalmente, porque se olvidan esos detalles cotidianos.
Para que exista el triviquio es necesario que haya un largo recorrido de rutinas compartidas. El barman le sirve "el trago de siempre" al cliente habitual. Será considerado triviquio si, después de que cada día durante cinco años el parroquiano pida dos medidas whisky Jack Daniels, el barman le pregunte: "¿Qué va a tomar el caballero?"
martes, 20 de abril de 2010
Infirmonimia
(Sustantivo. Del latín infirmitas = enfermedad y nomen = nombre)
1. Apresuramiento en calificar de enfermedad algo que sólo es un síntoma difuso.
Los médicos suelen ser reacios a declarar una enfermedad. Sin embargo, el paciente llega al consultorio con un prediagnóstico de familiares y amigos: "Andás con mucho sueño. Bueno, no sé, para mí que tenés anemia disneurante de la India" "¿Te duele la cabeza? Tenés jaqueca capitínica, como un amigo mío". "Uy, diarrea... Seguro que tenés ensoretosis liquidifítica". Como toda situación carcinofémica, los conocidos dan consejos y sugieren que la cosa va a ir empeorando hasta llegar a una muerte horrible.
También, con mayor propiedad, se llama infirmonimia a la tendencia a calificar como enfermedad a un síntoma. "Está enfermo de dolor de cabeza". "Tiene la enfermedad de la llaguita en la boca"; "Juan está enfermo de mocos en la nariz"
2. Tendencia a calificar de enfermo a quien sólo tiene una costumbre que nos disgusta. "Mastica demasiado la comida, para mí está enfermo". "Ese tipo se tapa con tres frazadas, es un enfermo". "Decile al enfermo ese que cuando llegue a la esquina no doble tan rápido".
1. Apresuramiento en calificar de enfermedad algo que sólo es un síntoma difuso.
Los médicos suelen ser reacios a declarar una enfermedad. Sin embargo, el paciente llega al consultorio con un prediagnóstico de familiares y amigos: "Andás con mucho sueño. Bueno, no sé, para mí que tenés anemia disneurante de la India" "¿Te duele la cabeza? Tenés jaqueca capitínica, como un amigo mío". "Uy, diarrea... Seguro que tenés ensoretosis liquidifítica". Como toda situación carcinofémica, los conocidos dan consejos y sugieren que la cosa va a ir empeorando hasta llegar a una muerte horrible.
También, con mayor propiedad, se llama infirmonimia a la tendencia a calificar como enfermedad a un síntoma. "Está enfermo de dolor de cabeza". "Tiene la enfermedad de la llaguita en la boca"; "Juan está enfermo de mocos en la nariz"
2. Tendencia a calificar de enfermo a quien sólo tiene una costumbre que nos disgusta. "Mastica demasiado la comida, para mí está enfermo". "Ese tipo se tapa con tres frazadas, es un enfermo". "Decile al enfermo ese que cuando llegue a la esquina no doble tan rápido".
lunes, 19 de abril de 2010
Mutivicción
(Sustantivo. Del latín mutus = mudo y victum = victorioso)
Muerte que acontece en el mismo instante en que se mata al adversario.
En un duelo, a veces la victoria es puramente simbólica. Si se lucha para sobrevivir, la victoria implica seguir vivo después de eliminar al rival. Sin embargo, muchas veces el contendiente muere en el mismo momento, o unos instantes después de haber inflingido una herida fatal a su adversario. Sea por las heridas recibidas en combate o por una indisposición ajena al duelo, el vencedor no puede siquiera disfrutar de la victoria. Su objetivo se cumple, pero al precio de convertirse en algo inoperante y abstracto.
En la mayoría de los juegos de lucha (particularmente, en videojuegos), muchas condiciones están hechas para que siempre venza uno de los contendientes y sobreviva. Sin embargo, a veces ocurren esos raros casos en los que ambos mueren y el resultado quede indeciso o se decrete un empate.
El nombre "mutivicción" hace referencia al silencio de los contendientes después de la batalla, en la que ninguno de ellos realiza un ruidoso festejo, sino una solemne y callada mueca quieta.
Muerte que acontece en el mismo instante en que se mata al adversario.
En un duelo, a veces la victoria es puramente simbólica. Si se lucha para sobrevivir, la victoria implica seguir vivo después de eliminar al rival. Sin embargo, muchas veces el contendiente muere en el mismo momento, o unos instantes después de haber inflingido una herida fatal a su adversario. Sea por las heridas recibidas en combate o por una indisposición ajena al duelo, el vencedor no puede siquiera disfrutar de la victoria. Su objetivo se cumple, pero al precio de convertirse en algo inoperante y abstracto.
En la mayoría de los juegos de lucha (particularmente, en videojuegos), muchas condiciones están hechas para que siempre venza uno de los contendientes y sobreviva. Sin embargo, a veces ocurren esos raros casos en los que ambos mueren y el resultado quede indeciso o se decrete un empate.
El nombre "mutivicción" hace referencia al silencio de los contendientes después de la batalla, en la que ninguno de ellos realiza un ruidoso festejo, sino una solemne y callada mueca quieta.
viernes, 16 de abril de 2010
Apoclismo
(Sustantivo. Del griego apó = fuera, alejado de y klysmós = acción de mojar)
1. Salpicadura que reciben quienes están fuera del agua, por acción de quienes están dentro.
En las piletas suelen haber apoclismos: quienes toman sol reciben, cada tanto, una fugaz lluvia de los que se zambullen.
2. Por extensión, consecuencias de las malas acciones de otros que repercuten en uno. "Mi jefe fue acusado de corrupción, y ahora todos los empleados estamos bajo sospecha, tenemos que ir a declarar y nos investigan todo el tiempo. Esto es un apoclismo"
1. Salpicadura que reciben quienes están fuera del agua, por acción de quienes están dentro.
En las piletas suelen haber apoclismos: quienes toman sol reciben, cada tanto, una fugaz lluvia de los que se zambullen.
2. Por extensión, consecuencias de las malas acciones de otros que repercuten en uno. "Mi jefe fue acusado de corrupción, y ahora todos los empleados estamos bajo sospecha, tenemos que ir a declarar y nos investigan todo el tiempo. Esto es un apoclismo"
miércoles, 14 de abril de 2010
Factisomnio
(Sustantivo. Del latín facienda = cosas para hacer y somnum = sueño)
Capacidad de realizar complejas actividades dormido.
Las personas sonámbulas pueden andar con rumbo bien dirigido, abrir cajones, realizar ciertas rutinas como vestirse o encender una hornalla. Pero estas actividades son erráticas y rara vez ocurren con algún propósito. El factisomnio, en cambio, mienta una capacidad de dirigir una acción precisa y atenta durante el sonambulismo.
Imagine que usted debe planchar la ropa, cocinar la cena y estudiar para un examen, pero se encuentra muy cansado. Si pudiera poner en práctica el factisomnio, la solución sería sencilla: acuéstese a dormir, y mientras duerme hace todas esas cosas. Se despertará descansado, con la ropa planchada, la comida hecha y la lección aprendida. Desde luego, se requeriría de algún tipo de revolucionaria programación mental para lograr estos propósitos. También podrían surgir muchos problemas legales con las acciones practicadas durante el factisomnio. Si atropellamos a alguien mientras manejamos dormidos, ¿seremos responsables? Y si uno escribe una novela dormido, ¿quién es el autor? ¿El yo de vigilia, o el yo dormido? ¿Podría ocurrir que yo, dormido, me entable una demanda a mí mismo, despierto? ¿Podría el yo de vigilia enamorarse de una mujer, y el yo dormido de otra?
Capacidad de realizar complejas actividades dormido.
Las personas sonámbulas pueden andar con rumbo bien dirigido, abrir cajones, realizar ciertas rutinas como vestirse o encender una hornalla. Pero estas actividades son erráticas y rara vez ocurren con algún propósito. El factisomnio, en cambio, mienta una capacidad de dirigir una acción precisa y atenta durante el sonambulismo.
Imagine que usted debe planchar la ropa, cocinar la cena y estudiar para un examen, pero se encuentra muy cansado. Si pudiera poner en práctica el factisomnio, la solución sería sencilla: acuéstese a dormir, y mientras duerme hace todas esas cosas. Se despertará descansado, con la ropa planchada, la comida hecha y la lección aprendida. Desde luego, se requeriría de algún tipo de revolucionaria programación mental para lograr estos propósitos. También podrían surgir muchos problemas legales con las acciones practicadas durante el factisomnio. Si atropellamos a alguien mientras manejamos dormidos, ¿seremos responsables? Y si uno escribe una novela dormido, ¿quién es el autor? ¿El yo de vigilia, o el yo dormido? ¿Podría ocurrir que yo, dormido, me entable una demanda a mí mismo, despierto? ¿Podría el yo de vigilia enamorarse de una mujer, y el yo dormido de otra?
martes, 13 de abril de 2010
Endositoscopía
(Sustantivo. Del griego endos = interior; sito = alimento y scopéuo = mirar)
Apertura de los alimentos para saber qué tienen en su interior.
Algunos alimentos tienen una cobertura externa que impide conocer cuál es su relleno. Cuando se hacen empanadas, es muy común que los comensales las corten con un cuchillo para saber si son de carne o de jamón y queso. Lo mismo puede ocurrir con los canelones, los sorrentinos y las milanesas. Por regla general, sólo se realiza una endositoscopía cuando resulta imposible, desde una observación externa, saber qué contiene. Los sandwiches, por ejemplo, delatan su contenido interior si se los mira desde el corte. Sin embargo, a veces, esa posibilidad parcial deja lugar a ambigüedades que sólo pueden resolverse con un corte a mitad del pan.
Los pipeadores (quienes, por naturaleza, no tienen la costumbre de cicernar) rara vez incurren en la endositoscopía: para ellos da lo mismo si es de carne o de pollo, pues todo es digno de ser comido sin discriminación de contenido ni de dueños.
Apertura de los alimentos para saber qué tienen en su interior.
Algunos alimentos tienen una cobertura externa que impide conocer cuál es su relleno. Cuando se hacen empanadas, es muy común que los comensales las corten con un cuchillo para saber si son de carne o de jamón y queso. Lo mismo puede ocurrir con los canelones, los sorrentinos y las milanesas. Por regla general, sólo se realiza una endositoscopía cuando resulta imposible, desde una observación externa, saber qué contiene. Los sandwiches, por ejemplo, delatan su contenido interior si se los mira desde el corte. Sin embargo, a veces, esa posibilidad parcial deja lugar a ambigüedades que sólo pueden resolverse con un corte a mitad del pan.
Los pipeadores (quienes, por naturaleza, no tienen la costumbre de cicernar) rara vez incurren en la endositoscopía: para ellos da lo mismo si es de carne o de pollo, pues todo es digno de ser comido sin discriminación de contenido ni de dueños.
lunes, 12 de abril de 2010
Confinibernio
(Sustantivo. Del latín confinis = límite, fin y contubernalis = camarada, amigo)
Límite de posibilidades en la relación con las personas.
La definición es un tanto oscura, de modo que podemos aclararla con algunos ejemplos.
Una vez que conocemos a las personas, sabemos qué podemos esperar y qué proyectos podemos cumplir con ellas. Nuestro amigo Roberto es un excelente compañero para tomar cerveza y contar chistes, pero es imposible tenerlo en cuenta para cualquier otra cosa. Al contrario, quizás con otro amigo podemos conversar sobre arte, degustar vinos y mirar películas de Porcel y Olmedo. Pero nada más. Con otro, quizás, podremos poner un negocio de venta de calzones. Con otro, tal vez, reunirnos para comer un asado. Pero cualquier otra actividad que planeemos en común estará condenada al fracaso.
Los confinibernios dependen de la relación con determinadas personas. Roberto tal vez se relacione con Raúl a través de la cerveza y los chistes. Pero quizás Roberto y José, salgan juntos a correr por el parque, y tal vez Raúl y José, cuando están juntos, prefieran jugar al fútbol o planear una revolución.
Este término tiene como referencia algo discutible y quizás falso. Las personas cambian, y con ese cambio también se modifican los tipos de relaciones que podemos tener con ellas. Quizás Roberto se canse de contar chistes, y tal vez cambie la cerveza por el vino, o por los deportes de riesgo. En ese caso, tenemos una nueva oportunidad de relacionarnos con las mismas personas y así desafiar el confinibernio. Sin embargo, el pesimista nos recordará que aun esa nueva relación marcará un nuevo confinibernio.
Es muy frecuente que nos aburramos de los amigos, los parientes y los conocidos: creemos que ya sabemos todo sobre ellos, y por lo tanto no esperamos ninguna sorpresa en su trato. Sin embargo, esto no es necesariamente malo. Los confinibernios nos marcan las regularidades en las actitudes de quienes nos rodean. Sabemos que podemos contar con Carlos si estamos tristes; con Roberto si queremos divertirnos y con José si queremos salir a correr. Este matiz de calidez y alivio lo destaca Juan Carlos Baglietto en su canción "El Témpano": "La cal reseca, la viuda que sueña, los amigos que siguen igual"
Es bueno saber que algunos siguen igual para tener en quién apoyarnos cuando los necesitamos.
Límite de posibilidades en la relación con las personas.
La definición es un tanto oscura, de modo que podemos aclararla con algunos ejemplos.
Una vez que conocemos a las personas, sabemos qué podemos esperar y qué proyectos podemos cumplir con ellas. Nuestro amigo Roberto es un excelente compañero para tomar cerveza y contar chistes, pero es imposible tenerlo en cuenta para cualquier otra cosa. Al contrario, quizás con otro amigo podemos conversar sobre arte, degustar vinos y mirar películas de Porcel y Olmedo. Pero nada más. Con otro, quizás, podremos poner un negocio de venta de calzones. Con otro, tal vez, reunirnos para comer un asado. Pero cualquier otra actividad que planeemos en común estará condenada al fracaso.
Los confinibernios dependen de la relación con determinadas personas. Roberto tal vez se relacione con Raúl a través de la cerveza y los chistes. Pero quizás Roberto y José, salgan juntos a correr por el parque, y tal vez Raúl y José, cuando están juntos, prefieran jugar al fútbol o planear una revolución.
Este término tiene como referencia algo discutible y quizás falso. Las personas cambian, y con ese cambio también se modifican los tipos de relaciones que podemos tener con ellas. Quizás Roberto se canse de contar chistes, y tal vez cambie la cerveza por el vino, o por los deportes de riesgo. En ese caso, tenemos una nueva oportunidad de relacionarnos con las mismas personas y así desafiar el confinibernio. Sin embargo, el pesimista nos recordará que aun esa nueva relación marcará un nuevo confinibernio.
Es muy frecuente que nos aburramos de los amigos, los parientes y los conocidos: creemos que ya sabemos todo sobre ellos, y por lo tanto no esperamos ninguna sorpresa en su trato. Sin embargo, esto no es necesariamente malo. Los confinibernios nos marcan las regularidades en las actitudes de quienes nos rodean. Sabemos que podemos contar con Carlos si estamos tristes; con Roberto si queremos divertirnos y con José si queremos salir a correr. Este matiz de calidez y alivio lo destaca Juan Carlos Baglietto en su canción "El Témpano": "La cal reseca, la viuda que sueña, los amigos que siguen igual"
Es bueno saber que algunos siguen igual para tener en quién apoyarnos cuando los necesitamos.
viernes, 9 de abril de 2010
Trasputo
(Sustantivo y adjetivo. Del latín trans = más allá y putare = juzgar, de donde se deriva "apodo")
Insulto que consiste en invertir el género del insultado.
Un apodo insultante es doblemente ofensivo si se le cambia de género. Llamarle "gordo cagador" a una muchacha, o "conchita" a un varón agrega un plus que no está presente en el agravio genéricamente correcto. El cambio de género incorpora una humillación gratuita y fuertemente discriminatoria, lo que puede exacerbar el odio y la impotencia del insultado.
Como adjetivo, sirve para calificar a las palabras "insulto" y "apodo": "Le pusieron un apodo trasputo"; "Ese insulto trasputo es demasiado ofensivo"
La misma palabra "trasputo" puede funcionar como un insulto trasputo. "María, parecés un gordo trasputo"
El trasputo es una forma de mensulto.
Insulto que consiste en invertir el género del insultado.
Un apodo insultante es doblemente ofensivo si se le cambia de género. Llamarle "gordo cagador" a una muchacha, o "conchita" a un varón agrega un plus que no está presente en el agravio genéricamente correcto. El cambio de género incorpora una humillación gratuita y fuertemente discriminatoria, lo que puede exacerbar el odio y la impotencia del insultado.
Como adjetivo, sirve para calificar a las palabras "insulto" y "apodo": "Le pusieron un apodo trasputo"; "Ese insulto trasputo es demasiado ofensivo"
La misma palabra "trasputo" puede funcionar como un insulto trasputo. "María, parecés un gordo trasputo"
El trasputo es una forma de mensulto.
jueves, 8 de abril de 2010
Perísito,a
(Adjetivo. Del griego peri = alrededor y sito = comida)
Dícese de la persona que, en una reunión culinaria, no se sienta alrededor de la mesa para comer, sino en alguna silla distante, o se mantiene de pie.
Cuando hay muchos invitados, no todos pueden ocupar una cómoda silla frente al plato. Algunos deberán conformarse con sentarse lejos de la fuente de ravioles, sosteniendo su plato con la mano, en alguna silla de segunda fila o de pie. Sus chances de obtener queso rallado o tuco son menores que las del resto. Estos comensales relegados suelen ser los dueños de casa, quienes prefieren dejar de lado su propia comodidad para satisfacer a los invitados.
Desde luego, existen personas que son perísitas por costumbre y sin necesidad de que haya invitados que compliquen la cena: jamás despliegan sus viandas sobre la mesa con comodidad y a sus anchas; prefieren servirse unas magras porciones en cacharritos roñosos y comer con las manos en un rinconcito del comedor.
En una acepción más amplia, el perísito no está restringido a los ámbitos culinarios. En cualquier caso en que un grupo de personas participe de la reunión en condiciones marginales, los integrantes de ese grupo serán perísitos. Si vamos al cine a ver una película 3D y no conseguimos lentes de visión tridimensional; y sin embargo insistimos en quedarnos en el cine, nuestra participación y disfrute serán marginales: nos hemos convertido en perísitos de la visión 3D.
Dícese de la persona que, en una reunión culinaria, no se sienta alrededor de la mesa para comer, sino en alguna silla distante, o se mantiene de pie.
Cuando hay muchos invitados, no todos pueden ocupar una cómoda silla frente al plato. Algunos deberán conformarse con sentarse lejos de la fuente de ravioles, sosteniendo su plato con la mano, en alguna silla de segunda fila o de pie. Sus chances de obtener queso rallado o tuco son menores que las del resto. Estos comensales relegados suelen ser los dueños de casa, quienes prefieren dejar de lado su propia comodidad para satisfacer a los invitados.
Desde luego, existen personas que son perísitas por costumbre y sin necesidad de que haya invitados que compliquen la cena: jamás despliegan sus viandas sobre la mesa con comodidad y a sus anchas; prefieren servirse unas magras porciones en cacharritos roñosos y comer con las manos en un rinconcito del comedor.
En una acepción más amplia, el perísito no está restringido a los ámbitos culinarios. En cualquier caso en que un grupo de personas participe de la reunión en condiciones marginales, los integrantes de ese grupo serán perísitos. Si vamos al cine a ver una película 3D y no conseguimos lentes de visión tridimensional; y sin embargo insistimos en quedarnos en el cine, nuestra participación y disfrute serán marginales: nos hemos convertido en perísitos de la visión 3D.
miércoles, 7 de abril de 2010
Apodio
(Sustantivo. Del griego apó = fuera, del lado de afuera y hódos = camino)
1. Objeto que, a pesar de que no se lo puede encontrar, todavía no se lo da por perdido.
2. Tiempo de búsqueda de un objeto en el que, a pesar de no encontrarlo, aun no se lo da por perdido.
Existen tiempos de tolerancia antes de dictaminar que una cosa está definitivamente extraviada. Las llaves se suelen perder en algún lugar de la casa, pero mientras las buscamos tenemos la certeza de que están por ahí, y que nuestra búsqueda es, todavía, acotada, calculable y fructífera. Sin embargo, si pasa una hora de búsqueda frenética; si las llaves ya no están en ninguno de los lugares imaginables y si buscamos nuevamente por los lugares donde ya habíamos buscado (como si hubiésemos caído en un bucle desesperado), entonces se termina el apodio y comienza el desesperante extravío.
Cada cosa tiene un apodio diferente. No es lo mismo perder un juego de llaves en la habitación que perder un lente de contacto en una pileta, o un niño en un supermercado. En todos los casos, sin embargo, hay tiempos en los que la búsqueda es una iniciativa esperanzada y racional. Esos tiempos son el apodio de la búsqueda. Cuando la desesperación, el hastío y la falta de hipótesis comienzan a ganar terreno, allí comienza el verdadero extravío.
La palabra "Apodio" hace referencia a algo que quedó "fuera del camino", más allá de las rutas que solemos transitar y que, por lo tanto, se nos vuelve virtualmente inaccesible. Sin embargo, ese "fuera" no implica una inaccesibilidad absoluta: lo que está fuera de nuestra vista puede ser incorporado sin problemas a sus carriles cotidianos. Y, si no puede, ya deja de ser apodio para convertirse en un extravío.
Cuando se circunvía se corre el riesgo de convertir un apodio en un extravío. A veces, se genera un discuentro y otras veces (las más afortunadas) un dicondalio.
1. Objeto que, a pesar de que no se lo puede encontrar, todavía no se lo da por perdido.
2. Tiempo de búsqueda de un objeto en el que, a pesar de no encontrarlo, aun no se lo da por perdido.
Existen tiempos de tolerancia antes de dictaminar que una cosa está definitivamente extraviada. Las llaves se suelen perder en algún lugar de la casa, pero mientras las buscamos tenemos la certeza de que están por ahí, y que nuestra búsqueda es, todavía, acotada, calculable y fructífera. Sin embargo, si pasa una hora de búsqueda frenética; si las llaves ya no están en ninguno de los lugares imaginables y si buscamos nuevamente por los lugares donde ya habíamos buscado (como si hubiésemos caído en un bucle desesperado), entonces se termina el apodio y comienza el desesperante extravío.
Cada cosa tiene un apodio diferente. No es lo mismo perder un juego de llaves en la habitación que perder un lente de contacto en una pileta, o un niño en un supermercado. En todos los casos, sin embargo, hay tiempos en los que la búsqueda es una iniciativa esperanzada y racional. Esos tiempos son el apodio de la búsqueda. Cuando la desesperación, el hastío y la falta de hipótesis comienzan a ganar terreno, allí comienza el verdadero extravío.
La palabra "Apodio" hace referencia a algo que quedó "fuera del camino", más allá de las rutas que solemos transitar y que, por lo tanto, se nos vuelve virtualmente inaccesible. Sin embargo, ese "fuera" no implica una inaccesibilidad absoluta: lo que está fuera de nuestra vista puede ser incorporado sin problemas a sus carriles cotidianos. Y, si no puede, ya deja de ser apodio para convertirse en un extravío.
Cuando se circunvía se corre el riesgo de convertir un apodio en un extravío. A veces, se genera un discuentro y otras veces (las más afortunadas) un dicondalio.
martes, 6 de abril de 2010
Distructivia
(Sustantivo. Del latín dis = separación e instructivus = instructivo)
Tendencia a hacer funcionar aparatos sin leer las instrucciones.
Casi siempre nos creemos capaces de descubrir con rapidez y eficiencia todas las funciones de los objetos de manufactura que nos rodean. ¿Qué tan difícil puede ser descubrir cómo se manda un mensaje de texto en el nuevo celular? ¿Tan complicado puede ser poner un DVD en el reproductor? ¿Es una tarea imposible armar un colchón inflable? Sin embargo, cuando lo intentamos algo malo pasa. El celular nos da un mensaje raro, o el botón de "enviar" borra el mensaje. Los cables del DVD no parece que estuvieran bien conectados, y el colchón se infla, pero enseguida se desinfla. A pesar de estas muestras evidentes de impericia, insistimos en el empeño de no leer el manual. Tenemos la desenfrenada esperanza de que las cosas fueron hechas con una lógica simple (la única que somos capaces de entender) y que, con unas pocas y cuidadosas observaciones deben funcionar.
A veces llegamos a descubrir alguna que otra función. Enviamos el mensaje de texto, pero no podemos ponerle acentos, o no encontramos el teclado predictivo. A veces, por azar, sacamos una foto o escuchamos un ringtone nuevo, pero no sabemos cómo volver a hacerlo. El DVD funciona, pero no se ven los colores. El colchón se infla por unas horas. Nos quedamos con una operatividad a medias que nos limita las posibilidades de uso del aparato. Pero no caemos en la cuenta de que el instructivo pueda ser, quizás, útil.
Los yoliarreglos son invariablemente afectados de distructivia.
Tendencia a hacer funcionar aparatos sin leer las instrucciones.
Casi siempre nos creemos capaces de descubrir con rapidez y eficiencia todas las funciones de los objetos de manufactura que nos rodean. ¿Qué tan difícil puede ser descubrir cómo se manda un mensaje de texto en el nuevo celular? ¿Tan complicado puede ser poner un DVD en el reproductor? ¿Es una tarea imposible armar un colchón inflable? Sin embargo, cuando lo intentamos algo malo pasa. El celular nos da un mensaje raro, o el botón de "enviar" borra el mensaje. Los cables del DVD no parece que estuvieran bien conectados, y el colchón se infla, pero enseguida se desinfla. A pesar de estas muestras evidentes de impericia, insistimos en el empeño de no leer el manual. Tenemos la desenfrenada esperanza de que las cosas fueron hechas con una lógica simple (la única que somos capaces de entender) y que, con unas pocas y cuidadosas observaciones deben funcionar.
A veces llegamos a descubrir alguna que otra función. Enviamos el mensaje de texto, pero no podemos ponerle acentos, o no encontramos el teclado predictivo. A veces, por azar, sacamos una foto o escuchamos un ringtone nuevo, pero no sabemos cómo volver a hacerlo. El DVD funciona, pero no se ven los colores. El colchón se infla por unas horas. Nos quedamos con una operatividad a medias que nos limita las posibilidades de uso del aparato. Pero no caemos en la cuenta de que el instructivo pueda ser, quizás, útil.
Los yoliarreglos son invariablemente afectados de distructivia.
viernes, 2 de abril de 2010
Pansícono
(Sustantivo. del griego pás = todo; psiché = mente y eikónes = imagen.)
Imagen que representa la totalidad de los constructos imaginarios de una persona.
Si fuera posible revelar el contenido imaginatorio de una persona, tal vez podamos construir una única imagen de múltiples figuras en la que estén presentes todas las determinaciones de todas las cosas que lo han impresionado en la vida. El pansícono es una imagen de imágenes; una especie de radiografía mental de cada cosa que uno ha imaginado en la vida.
No toda imagen mental forma parte del pansícono: sólo la formarían aquellos recuerdos de imágenes (imágenes visuales, olfativas, táctiles, gustativas, auditivas, pero también imágenes de sentimientos, de emociones e incluso de combinaciones de todas ellas) que hayan logrado trascender y dejar una huella mental importante.
Parte de mi pansícono estaría conformado por: una noche fría, ventanas que ululan al viento, un jardín aéreo que se balancea, chocolate con leche, edificios y un jardín, mar y sal, tres yoes que me miran desde un espejo triple, el fondo verde de Exonario.
Imagen que representa la totalidad de los constructos imaginarios de una persona.
Si fuera posible revelar el contenido imaginatorio de una persona, tal vez podamos construir una única imagen de múltiples figuras en la que estén presentes todas las determinaciones de todas las cosas que lo han impresionado en la vida. El pansícono es una imagen de imágenes; una especie de radiografía mental de cada cosa que uno ha imaginado en la vida.
No toda imagen mental forma parte del pansícono: sólo la formarían aquellos recuerdos de imágenes (imágenes visuales, olfativas, táctiles, gustativas, auditivas, pero también imágenes de sentimientos, de emociones e incluso de combinaciones de todas ellas) que hayan logrado trascender y dejar una huella mental importante.
Parte de mi pansícono estaría conformado por: una noche fría, ventanas que ululan al viento, un jardín aéreo que se balancea, chocolate con leche, edificios y un jardín, mar y sal, tres yoes que me miran desde un espejo triple, el fondo verde de Exonario.
jueves, 1 de abril de 2010
Macólibo,a
(Adjetivo. Del latín magis = más y collybus = coste, cambio. Sinónimo: colibán)
Quien, cada vez que ejecuta alguna actividad, deja constancia de que está haciendo un enorme sacrificio.
Al macólibo le toca hacer las compras para el almuerzo. A pesar de que nosotros lo hacemos habitualmente, él nos enrostra que no pudo elegir bien la comida, que el supermercado quedaba lejos, que durante el trayecto lo persiguieron perros, que la verdura no era buena y que la cola en la caja era muy larga. Después de esa experiencia, el macólibo se sienta en un sofá con la conciencia de haber hecho algo muy importante y trabajoso. Si le mandamos a hacer otra tarea, probablemente arguya: "Yo hoy ya hice las compras, no podés pedirme más". Aun cuando durante el resto del día haya miles de tareas por hacer, él cree que su actividad implicó un sacrificio inmenso y que merece un descanso por eso.
Por lo general, suelen ser macólibos los hombres que vuelven del trabajo, cuyas mujeres son amas de casa y, por tal razón, creen que no pueden encargarse de casi absolutamente ninguna tarea doméstica. "Mujer, trabajé todo el día y encima me pedís que vigile a los chicos" , dice un macólibo después de haber estado ocho horas en una oficina jugando al solitario, leyendo blogs y tomando café. A pesar de refunfuñar, quizás cuide a los chicos mientras la esposa cuelga la ropa. Pero luego le reprochará esos minutos de esforzada paternidad: "El Agustín casi me saca un ojo; a la María le dio por pegarle al Julián. Y el juliancito me mordió, mirá, mirá cómo tengo el brazo. Ah, Francisco se tropezó, se cayó y se puso a llorar. Yo ya no doy más"
Lo curioso es que, para el macólibo, una actividad sólo le parece sacrificada si la realiza él. No opina lo mismo si la hacen los demás.
Quien, cada vez que ejecuta alguna actividad, deja constancia de que está haciendo un enorme sacrificio.
Al macólibo le toca hacer las compras para el almuerzo. A pesar de que nosotros lo hacemos habitualmente, él nos enrostra que no pudo elegir bien la comida, que el supermercado quedaba lejos, que durante el trayecto lo persiguieron perros, que la verdura no era buena y que la cola en la caja era muy larga. Después de esa experiencia, el macólibo se sienta en un sofá con la conciencia de haber hecho algo muy importante y trabajoso. Si le mandamos a hacer otra tarea, probablemente arguya: "Yo hoy ya hice las compras, no podés pedirme más". Aun cuando durante el resto del día haya miles de tareas por hacer, él cree que su actividad implicó un sacrificio inmenso y que merece un descanso por eso.
Por lo general, suelen ser macólibos los hombres que vuelven del trabajo, cuyas mujeres son amas de casa y, por tal razón, creen que no pueden encargarse de casi absolutamente ninguna tarea doméstica. "Mujer, trabajé todo el día y encima me pedís que vigile a los chicos" , dice un macólibo después de haber estado ocho horas en una oficina jugando al solitario, leyendo blogs y tomando café. A pesar de refunfuñar, quizás cuide a los chicos mientras la esposa cuelga la ropa. Pero luego le reprochará esos minutos de esforzada paternidad: "El Agustín casi me saca un ojo; a la María le dio por pegarle al Julián. Y el juliancito me mordió, mirá, mirá cómo tengo el brazo. Ah, Francisco se tropezó, se cayó y se puso a llorar. Yo ya no doy más"
Lo curioso es que, para el macólibo, una actividad sólo le parece sacrificada si la realiza él. No opina lo mismo si la hacen los demás.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Parifigio
(Sustantivo. Del latín paries = pared y figere = colgar. Variante: parifijo)
Tipo de objeto que puede colgarse de una pared.
Aun cuando los cuadros son típicos parifigios, existe una gran variedad de cosas que pueden colgarse de una pared. Herramientas y ciertos tipos de adorno también son parifigios. Los televisores también lo son, pero no aquellos que usan un dispositivo que sobresale varios centímetros, sino los del tipo LCD que se amuran directamente.
Por regla general, sólo se consideran parifigios los objetos chatos, sólidos e indeformables. Cualquier otra cosa que requiera de dispositivos sobresalientes no es parifigio.
Tipo de objeto que puede colgarse de una pared.
Aun cuando los cuadros son típicos parifigios, existe una gran variedad de cosas que pueden colgarse de una pared. Herramientas y ciertos tipos de adorno también son parifigios. Los televisores también lo son, pero no aquellos que usan un dispositivo que sobresale varios centímetros, sino los del tipo LCD que se amuran directamente.
Por regla general, sólo se consideran parifigios los objetos chatos, sólidos e indeformables. Cualquier otra cosa que requiera de dispositivos sobresalientes no es parifigio.
martes, 30 de marzo de 2010
Hemeromorfia
(Sustantivo. Del griego hémera = día y morphé = forma)
Forma y estructura que poseen los días.
Los martes estamos en la oficina de ocho a diecisiete y después vamos al gimnasio, y los miércoles corremos por el parque hasta las diez, luego desayunamos y vamos al trabajo de doce a ocho de la noche, para luego cenar en un bar. He ahí la hemeromorfia de nuestros martes y miércoles. Cada vez que alguien nos dice "el martes", inmediatamente asociamos el día con la rutina que le toca. Un martes no es igual a un miércoles: como si el día tuviese su propia personalidad. La hemeromorfia condiciona nuestro humor, nuestros proyectos, horarios de sueño y comidas. Si el sábado no trabajamos y no tenemos una rutina definida, podemos quedarnos hasta tarde el viernes: es que viernes, sábado y domingo se "apoyan" mutuamente en una hemeromorfia relajada, aunque la del domingo suele ser ligeramente depresiva (pues el domingo se "apoya" en el lunes)
Cuando cae un feriado inesperado, el día se vuelve irreconocible por culpa de su bisoliña. El martes feriado se trasviste; se pone las ropas de un domingo anómalo y engañoso. Si el jefe nos pide que el domingo nos quedemos a trabajar, ese solo huiqueo nos conducirá a cambiar los colores y las expectativas propias de un domingo.
Existen días que no tienen hemeromorfia. Suelen darse en vacaciones, cuando nos acostamos muy tarde y luego dormimos toda la mañana y parte de la tarde. O, a veces, cuando realizamos una actividad inusual que demanda mucho tiempo en horarios en los que solemos hacer otras cosas: mirar una maratón de series en DVD, jugar videojuegos o cultivar zapallos. En esos casos solemos soprendernos de lo tarde que se hizo y podemos sentir cierto malestar, como si faltara algo importante para que el día termine.
La noción de hemeromorfia parece aplicarse sólo a los días de la semana. Sin embargo, también puede aplicarse a los días del mes o del año. El martes doce de enero no tiene la misma hemeromorfia que el martes dieciséis de julio. Un martes de los primeros días del mes no es igual a uno de fin de mes (en particular, desde el aspecto económico). Sin embargo, la forma más imponente suele ser la del día de la semana: el martes tiene forma de martes, y sólo tangencialmente tiene forma de día de julio o de enero.
Exonario es parte la hemeromorfia de mi vida.
Forma y estructura que poseen los días.
Los martes estamos en la oficina de ocho a diecisiete y después vamos al gimnasio, y los miércoles corremos por el parque hasta las diez, luego desayunamos y vamos al trabajo de doce a ocho de la noche, para luego cenar en un bar. He ahí la hemeromorfia de nuestros martes y miércoles. Cada vez que alguien nos dice "el martes", inmediatamente asociamos el día con la rutina que le toca. Un martes no es igual a un miércoles: como si el día tuviese su propia personalidad. La hemeromorfia condiciona nuestro humor, nuestros proyectos, horarios de sueño y comidas. Si el sábado no trabajamos y no tenemos una rutina definida, podemos quedarnos hasta tarde el viernes: es que viernes, sábado y domingo se "apoyan" mutuamente en una hemeromorfia relajada, aunque la del domingo suele ser ligeramente depresiva (pues el domingo se "apoya" en el lunes)
Cuando cae un feriado inesperado, el día se vuelve irreconocible por culpa de su bisoliña. El martes feriado se trasviste; se pone las ropas de un domingo anómalo y engañoso. Si el jefe nos pide que el domingo nos quedemos a trabajar, ese solo huiqueo nos conducirá a cambiar los colores y las expectativas propias de un domingo.
Existen días que no tienen hemeromorfia. Suelen darse en vacaciones, cuando nos acostamos muy tarde y luego dormimos toda la mañana y parte de la tarde. O, a veces, cuando realizamos una actividad inusual que demanda mucho tiempo en horarios en los que solemos hacer otras cosas: mirar una maratón de series en DVD, jugar videojuegos o cultivar zapallos. En esos casos solemos soprendernos de lo tarde que se hizo y podemos sentir cierto malestar, como si faltara algo importante para que el día termine.
La noción de hemeromorfia parece aplicarse sólo a los días de la semana. Sin embargo, también puede aplicarse a los días del mes o del año. El martes doce de enero no tiene la misma hemeromorfia que el martes dieciséis de julio. Un martes de los primeros días del mes no es igual a uno de fin de mes (en particular, desde el aspecto económico). Sin embargo, la forma más imponente suele ser la del día de la semana: el martes tiene forma de martes, y sólo tangencialmente tiene forma de día de julio o de enero.
Exonario es parte la hemeromorfia de mi vida.
lunes, 29 de marzo de 2010
Taquíbraso,a
(Adjetivo. Del griego taxús = rápido y brasé = cocido)
Dícese de quien sabe cocinar rápidamente y de forma limpia algo que normalmente demanda mucho tiempo y despliegue.
El taquíbraso dice que hace carne a la parrilla o chivitos al asador en sólo veinte o treinta minutos, y con muy poca leña, o que prepara paellas, calamares y pasteles casi sin ensuciar sartenes, ollas ni dejar malos olores.
Muchas veces sólo es jactancia, y la comida, aunque sale rápido del horno, termina estando cruda. En esos casos, el taquíbraso se muestra confundido ante nuestra queja, y nos pregunta con un leve enojo: "¿Más cocido lo querías? Va a quedar reseco"
Dícese de quien sabe cocinar rápidamente y de forma limpia algo que normalmente demanda mucho tiempo y despliegue.
El taquíbraso dice que hace carne a la parrilla o chivitos al asador en sólo veinte o treinta minutos, y con muy poca leña, o que prepara paellas, calamares y pasteles casi sin ensuciar sartenes, ollas ni dejar malos olores.
Muchas veces sólo es jactancia, y la comida, aunque sale rápido del horno, termina estando cruda. En esos casos, el taquíbraso se muestra confundido ante nuestra queja, y nos pregunta con un leve enojo: "¿Más cocido lo querías? Va a quedar reseco"
jueves, 25 de marzo de 2010
Teleutofrasto,a
(Adjetivo. Del griego teleutón = final y phrásis = expresión)
Quien, cuando se le pide que repita una expresión porque no se ha entendido, sólo repite la parte final.
"Me gustaría comprarme un alfajor", dice el teleutofrasto. "Perdón, ¿qué dijiste?", preguntamos, porque no pudimos oírlo. El teleutofrasto sólo responde: "Alfajor". Su respuesta nos obliga a preguntar una vez más: "¿Qué pasa con el alfajor?" En este punto el teleutofrasto suele perder la paciencia y, a veces, nos contesta con un grito. "¡Quiero comprarme un alfajor, eso dije, comprarme un alfajor!" Por alguna razón inexplicable, cree que con sólo repetir el final de su oración es suficiente para que captemos el contenido total de su intención ilocutiva. El teleutofrasto supone que podremos reconstruir el resto de la frase por el contexto. "¡Es obvio que, si estamos pasando por el kiosco y digo 'alfajor', quiero comprarme un alfajor!", dice para justificar el hecho de no haber repetido la frase completa. "Además, ¿Qué te pasa? ¿Estás sordo?", agrega enfurecido.
Hay contextos en los que el teleutofrasto se vuelve muy peligroso. Si un profesor hace una extensa enumeración y, cuando le pedimos que la diga otra vez sólo repite los últimos elementos de su enumeración, ha condenado a sus alumnos a que no puedan tomar apuntes. "Los filósofos presocráticos más famosos de Grecia Antigua son Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito", dice el profesor. "¿Puede repetirlos?", pregunta un alumno. "Sí, sí: Leucipo y Demócrito. De - mó - cri - to".
Quien, cuando se le pide que repita una expresión porque no se ha entendido, sólo repite la parte final.
"Me gustaría comprarme un alfajor", dice el teleutofrasto. "Perdón, ¿qué dijiste?", preguntamos, porque no pudimos oírlo. El teleutofrasto sólo responde: "Alfajor". Su respuesta nos obliga a preguntar una vez más: "¿Qué pasa con el alfajor?" En este punto el teleutofrasto suele perder la paciencia y, a veces, nos contesta con un grito. "¡Quiero comprarme un alfajor, eso dije, comprarme un alfajor!" Por alguna razón inexplicable, cree que con sólo repetir el final de su oración es suficiente para que captemos el contenido total de su intención ilocutiva. El teleutofrasto supone que podremos reconstruir el resto de la frase por el contexto. "¡Es obvio que, si estamos pasando por el kiosco y digo 'alfajor', quiero comprarme un alfajor!", dice para justificar el hecho de no haber repetido la frase completa. "Además, ¿Qué te pasa? ¿Estás sordo?", agrega enfurecido.
Hay contextos en los que el teleutofrasto se vuelve muy peligroso. Si un profesor hace una extensa enumeración y, cuando le pedimos que la diga otra vez sólo repite los últimos elementos de su enumeración, ha condenado a sus alumnos a que no puedan tomar apuntes. "Los filósofos presocráticos más famosos de Grecia Antigua son Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito", dice el profesor. "¿Puede repetirlos?", pregunta un alumno. "Sí, sí: Leucipo y Demócrito. De - mó - cri - to".
miércoles, 24 de marzo de 2010
Cobimperar
(Verbo intransitivo. Del latín cubitum = codo e imperium = mando, dominio. Adjetivo: cobimperador)
Apoyar con prepotencia los codos en los mostradores.
El cobimperador saca número en la farmacia, pero mucho antes de que le toque se apoya sobre el mostrador de ventas y despliega sus brazos, estorbando el paso de quienes tienen un número muy anterior al suyo. Si está en una repartición pública y debe hacer un reclamo porque no le llega un impuesto, cobimpera para demostrar que es un ciudadano que exige sus derechos. Su microdélica manera de protestar es esa: intimida con los codos apoyados y mirando muy fijamente al empleado, a quien poco le importan sus actitudes patoteras.
A veces, el cobimperador no quiere demostrar poder sino complicidad. El acto de apoyar el codo lo deja cerca del oído del vendedor o empleado de atención al público. Él quiere susurrarle que por favor no le cobren muy caro, o que lo dejen jubilarse antes de tiempo, o que no le permitan a su mujer separarse de él. Con los codos apoyados en el escritorio del escribano, trata de convencerlo para que no le ejecuten una deuda o sentencia que pesa sobre sus hombros. Sabe que si el escribano no accede, lo tiene muy cerca como para tomarlo de la solapa y revolearlo.
Apoyar con prepotencia los codos en los mostradores.
El cobimperador saca número en la farmacia, pero mucho antes de que le toque se apoya sobre el mostrador de ventas y despliega sus brazos, estorbando el paso de quienes tienen un número muy anterior al suyo. Si está en una repartición pública y debe hacer un reclamo porque no le llega un impuesto, cobimpera para demostrar que es un ciudadano que exige sus derechos. Su microdélica manera de protestar es esa: intimida con los codos apoyados y mirando muy fijamente al empleado, a quien poco le importan sus actitudes patoteras.
A veces, el cobimperador no quiere demostrar poder sino complicidad. El acto de apoyar el codo lo deja cerca del oído del vendedor o empleado de atención al público. Él quiere susurrarle que por favor no le cobren muy caro, o que lo dejen jubilarse antes de tiempo, o que no le permitan a su mujer separarse de él. Con los codos apoyados en el escritorio del escribano, trata de convencerlo para que no le ejecuten una deuda o sentencia que pesa sobre sus hombros. Sabe que si el escribano no accede, lo tiene muy cerca como para tomarlo de la solapa y revolearlo.
lunes, 22 de marzo de 2010
Macrosacádico,a
(Adjetivo. De macro y sacada: desplazamiento veloz de los ojos para construir un mapa mental)
Dícese de quien mueve sus ojos a gran velocidad cambiando continuamente el foco de su atención visual.
El macrosacádico no puede fijar la vista. Cuando nos habla, sus ojos, en lugar de mirarnos, nos escudriñan con rápidos barridos descentrados. Siempre está mirando un poco al costado, o un poco más allá, y luego al otro costado o más lejos. Mirarlo produce incomodidad o risa.
Cuando miramos una cosa, los ojos hacen un movimiento sacádico, que consiste en casi imperceptibles desplazamientos del ojo a gran velocidad. El macrosacádico realiza esta operación con oscilaciones grandes y perceptibles, a veces acompañados de un continuo movimiento de cabeza. Sus evidentes y bruscos cambios de foco en su mirada no son producto de una patología o de una búsqueda frenética de detalles, sino de un tic o mala costumbre.
Dícese de quien mueve sus ojos a gran velocidad cambiando continuamente el foco de su atención visual.
El macrosacádico no puede fijar la vista. Cuando nos habla, sus ojos, en lugar de mirarnos, nos escudriñan con rápidos barridos descentrados. Siempre está mirando un poco al costado, o un poco más allá, y luego al otro costado o más lejos. Mirarlo produce incomodidad o risa.
Cuando miramos una cosa, los ojos hacen un movimiento sacádico, que consiste en casi imperceptibles desplazamientos del ojo a gran velocidad. El macrosacádico realiza esta operación con oscilaciones grandes y perceptibles, a veces acompañados de un continuo movimiento de cabeza. Sus evidentes y bruscos cambios de foco en su mirada no son producto de una patología o de una búsqueda frenética de detalles, sino de un tic o mala costumbre.
Demócino
(Sustantivo. Del griego daimón = hijo de dios y kinetón = movimiento)
Movimiento espontáneo de un objeto inanimado.
Las bolsas y papeles arrugados son el paradigma de los demócinos. Cuando comprimimos un papel hasta convertirlo en una pelota, muchas veces escuchamos un leve sonido de pliegues que se abren y se separan lenta pero ostensiblemente, como si la bola hubiese cobrado vida.
El término puede referirse con más precisión a los raros casos (que a lo largo de la historia han sido mal o imperfectamente documentados) en los que un objeto cualquiera se pone a hacer movimientos impredecibles e inesperados. Una piedra que se eleva por el aire y hace volteretas como si volara; un automóvil que arranca solo y avanza unos kilómetros por la autopista, sin conductor, o una montaña que cambia de lugar de un momento para el otro. Los demócinos no son objetos poseídos por un demonio (tal como parece sugerirlo el nombre); en realidad se mueven por alguna inesperada e ínsita fuerza interior o por un repentino cobrar vida seguido de una no menos repentina muerte.
No son demócinos aquellos objetos que naturalmente tienen movimiento (como el viento, los planetas o el fuego). Tampoco es demócino un objeto que cae por la simple fuerza de gravedad.
Término relacionado: psicrótico.
Movimiento espontáneo de un objeto inanimado.
Las bolsas y papeles arrugados son el paradigma de los demócinos. Cuando comprimimos un papel hasta convertirlo en una pelota, muchas veces escuchamos un leve sonido de pliegues que se abren y se separan lenta pero ostensiblemente, como si la bola hubiese cobrado vida.
El término puede referirse con más precisión a los raros casos (que a lo largo de la historia han sido mal o imperfectamente documentados) en los que un objeto cualquiera se pone a hacer movimientos impredecibles e inesperados. Una piedra que se eleva por el aire y hace volteretas como si volara; un automóvil que arranca solo y avanza unos kilómetros por la autopista, sin conductor, o una montaña que cambia de lugar de un momento para el otro. Los demócinos no son objetos poseídos por un demonio (tal como parece sugerirlo el nombre); en realidad se mueven por alguna inesperada e ínsita fuerza interior o por un repentino cobrar vida seguido de una no menos repentina muerte.
No son demócinos aquellos objetos que naturalmente tienen movimiento (como el viento, los planetas o el fuego). Tampoco es demócino un objeto que cae por la simple fuerza de gravedad.
Término relacionado: psicrótico.
viernes, 19 de marzo de 2010
Mecacánico,a
(Adjetivo. Del latín me = a mí y caccare = defecar)
Dícese de quien cree continuamente que lo están estafando.
El mecacánico va a la verdulería y pide un kilogramo de peras. El verdulero le dice: "dos con veinticinco", pero él reclama que, en realidad, estaba a uno con noventa. Le informan que las peras elegidas por él en realidad son un poco más caras. "Las de uno noventa son las otras, las que están cachadas", aclara el verdulero. El mecacánico pide, entonces, que le den de esas, de las de uno con noventa, porque si le van a dar de las más caras le tienen que avisar previamente. "Me tienen que avisar. Si no, me están estafando", piensa el mecacánico. Mira el cajón de las peras cachadas y le pide al verdulero que elija las mejores. "Yo sé cómo son estos tipos", piensa. "Si no los vigilás te ponen las peras podridas". Cuando, finalmente, le dan el kilo de peras de un peso con noventa, llega a la caja el verdulero le dice: "Dos con veinticinco". Molesto, una vez más, pregunta por qué tiene que pagar dos con veinticinco si el kilo está a uno con noventa. "Es que hay un kilo cien, señor", aclara el verdulero. El mecacánico paga refunfuñando y murmura: "Siempre me caga con algo este verdulero de mierda".
El mecacánico inspecciona con detalle la facturas de gas, de luz, de teléfono y de agua. También observa con puntillosidad los resúmenes de tarjeta, de cuenta y recibos de sueldo. Si hay una deducción que le parece incorrecta o poco clara, no duda en llamar y hacer un pequeño escándalo para que le restauren los dos o tres pesos que le descontaron en concepto de impuesto coseguro artículo 2. Curiosamente, en muchos de estos casos el mecacánico resulta que tiene razón.
Un paraxénico y un mecacánico tienen personalidades muy parecidas.
Dícese de quien cree continuamente que lo están estafando.
El mecacánico va a la verdulería y pide un kilogramo de peras. El verdulero le dice: "dos con veinticinco", pero él reclama que, en realidad, estaba a uno con noventa. Le informan que las peras elegidas por él en realidad son un poco más caras. "Las de uno noventa son las otras, las que están cachadas", aclara el verdulero. El mecacánico pide, entonces, que le den de esas, de las de uno con noventa, porque si le van a dar de las más caras le tienen que avisar previamente. "Me tienen que avisar. Si no, me están estafando", piensa el mecacánico. Mira el cajón de las peras cachadas y le pide al verdulero que elija las mejores. "Yo sé cómo son estos tipos", piensa. "Si no los vigilás te ponen las peras podridas". Cuando, finalmente, le dan el kilo de peras de un peso con noventa, llega a la caja el verdulero le dice: "Dos con veinticinco". Molesto, una vez más, pregunta por qué tiene que pagar dos con veinticinco si el kilo está a uno con noventa. "Es que hay un kilo cien, señor", aclara el verdulero. El mecacánico paga refunfuñando y murmura: "Siempre me caga con algo este verdulero de mierda".
El mecacánico inspecciona con detalle la facturas de gas, de luz, de teléfono y de agua. También observa con puntillosidad los resúmenes de tarjeta, de cuenta y recibos de sueldo. Si hay una deducción que le parece incorrecta o poco clara, no duda en llamar y hacer un pequeño escándalo para que le restauren los dos o tres pesos que le descontaron en concepto de impuesto coseguro artículo 2. Curiosamente, en muchos de estos casos el mecacánico resulta que tiene razón.
Un paraxénico y un mecacánico tienen personalidades muy parecidas.
jueves, 18 de marzo de 2010
Regibonecer
(Verbo intransitivo. De gibón y rejuvenecer)
Adquirir apariencia simiesca por aplicarse tratamientos para rejuvenecer.
Las personas que se hacen cirugías estéticas pueden engañar, en algún aspecto puntual, mostrándose como si fueran un tanto más jóvenes que sus congéneres de la misma edad. Sin embargo, la apariencia global a veces es la de un esperpentáculo enfulerizado. El hombre regibonecido tiene el cabello de un joven de veinte años, pero su piel es áspera y rugosa como la de un lagarto. La mujer regibonecida se ha hecho senos gigantes, redondos y tersos. Pero no puede esconder las arrugas cuando sonríe ni la voz grave y arenosa de una anciana cuando suelta la carcajada.
Los hombres tienden a regibonecer más rápidamente que las mujeres: dada la preocupación por la alopecía, los representantes del sexo masculino tienden a exagerar con la abundancia y longitud de sus cabellos cuando se hacen implantes capilares o compran peluquines. Dado que el pelo es lo que mejor caracteriza a los simios, estos tratamientos provocan enseguida la apariencia de gibón.
Que una persona haya regibonecido no significa que no haya logrado su propósito de parecer más joven: puede ser que, de hecho, parezca muy joven. Pero no un humano joven, sino un mono joven. Se puede alcanzar el ideal de (apariencia de) juventud, pero eso no significa que, automáticamente, se alcance el ideal de belleza.
Adquirir apariencia simiesca por aplicarse tratamientos para rejuvenecer.
Las personas que se hacen cirugías estéticas pueden engañar, en algún aspecto puntual, mostrándose como si fueran un tanto más jóvenes que sus congéneres de la misma edad. Sin embargo, la apariencia global a veces es la de un esperpentáculo enfulerizado. El hombre regibonecido tiene el cabello de un joven de veinte años, pero su piel es áspera y rugosa como la de un lagarto. La mujer regibonecida se ha hecho senos gigantes, redondos y tersos. Pero no puede esconder las arrugas cuando sonríe ni la voz grave y arenosa de una anciana cuando suelta la carcajada.
Los hombres tienden a regibonecer más rápidamente que las mujeres: dada la preocupación por la alopecía, los representantes del sexo masculino tienden a exagerar con la abundancia y longitud de sus cabellos cuando se hacen implantes capilares o compran peluquines. Dado que el pelo es lo que mejor caracteriza a los simios, estos tratamientos provocan enseguida la apariencia de gibón.
Que una persona haya regibonecido no significa que no haya logrado su propósito de parecer más joven: puede ser que, de hecho, parezca muy joven. Pero no un humano joven, sino un mono joven. Se puede alcanzar el ideal de (apariencia de) juventud, pero eso no significa que, automáticamente, se alcance el ideal de belleza.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Empilfarrar
(Verbo. De pelfa, variante dialectal de felpa. Sustantivo: empilfarro)
Recoger objetos dispersos que otro ha despilfarrado.
Cuando los organizadores de una fiesta despilfarran champagne, canapés y papel picado, el personal doméstico encargado de limpiar el salón puede sacar provecho de esos gastos profusos y ostentosos. Después de que la reunión ha finalizado, puede juntar en una sola botella los restos de bebida que quedaron en las muchas botellas a medio vaciar, o llevarse en una bandeja los canapés sobrantes, o barrer y volver a meter el papel picado dentro de sus bolsitas originales, para usarlos en alguna fiesta familiar.
Para que haya empilfarro es necesario que, previamente, haya habido un despilfarro. El que recoge las monedas que a otro se le ha caído en un descuido, no está empilfarrando. En cambio, sí empilfarra quien recoge los billetes que un magnate tira con el solo objeto de ostentar su fortuna.
Recoger objetos dispersos que otro ha despilfarrado.
Cuando los organizadores de una fiesta despilfarran champagne, canapés y papel picado, el personal doméstico encargado de limpiar el salón puede sacar provecho de esos gastos profusos y ostentosos. Después de que la reunión ha finalizado, puede juntar en una sola botella los restos de bebida que quedaron en las muchas botellas a medio vaciar, o llevarse en una bandeja los canapés sobrantes, o barrer y volver a meter el papel picado dentro de sus bolsitas originales, para usarlos en alguna fiesta familiar.
Para que haya empilfarro es necesario que, previamente, haya habido un despilfarro. El que recoge las monedas que a otro se le ha caído en un descuido, no está empilfarrando. En cambio, sí empilfarra quien recoge los billetes que un magnate tira con el solo objeto de ostentar su fortuna.
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