miércoles, 26 de septiembre de 2012

Oligopatía

(Sustantivo. Del griego oligo = poco y pathos = padecimiento. Sinónimo: oligonosia [del griego nósos = enfermedad])

Enfermedad o mal terrible que aqueja a alguien por un tiempo sumamente breve.

¿Ha sufrido una depresión profunda y severa por un microsegundo? ¿Sintió el dolor de un cuchillazo en el pecho durante el tiempo en que lleva pestañear? ¿Fue cuadripléjico o le pareció que lo habían descuartizado por un instante? ¿Tuvo esquizofrenia por cinco segundos? Si le ha ocurrido alguno de estos improbables sucesos, ha padecido la oligopatía, un fenómeno en el cual una persona siente síntomas devastadores y fulminantes de alguna grave dolencia, pero tales síntomas son tan breves que ni siquiera dejan huella en la memoria y mucho menos pueden articularse en palabras. Solo queda el resabio confuso de una sensación desagradable y triste, como de un mal sueño. Después de una oligopatía queda un inexplicable estremecimiento que suele provocar un largo suspiro y una ahogada desesperación momentánea. 

(La palabra 'oligopatía' aparece en una única entrada: aquí. Si algún lector conoce que ya tiene un uso en algún campo, le agradeceré que me lo comunique)


martes, 25 de septiembre de 2012

Peripteria

(Sustantivo. Del griego perí = alrededor y -pterós = que observa. También puede usarse: peridomipteria [mismas raíces más la raíz domos = casa] o periexopteria [exo = por fuera])

1. Modo en que se ve nuestra casa desde las terrazas, balcones o patios vecinos. 

2. Sensación de regocijo por observar nuestra propia casa desde una perspectiva ajena y poco habitual. 

Alguna vez se cayó la pelota -o una sábana volada por el viento- al patio de la vecina, y pudimos acceder por un momento a un mundo que solo observamos desde la azotea. Entonces levantamos la vista, y nos damos cuenta de cómo se ve nuestra terraza desde ahí, y cómo nos veríamos a nosotros mismos si estuviéramos mirando desde esa altura. Avistamos parte del tejado y de un ventanal de nuestra casa: no nos parecen propios; por un momento no asociamos que eso que vemos es el lugar donde vivimos. Es común, también, que nos asalte una pequeña e incomprensible nostalgia.

Es un buen ejercicio mirar por la ventana del piso treinta de un edificio (o desde una montaña) y buscar por aproximación dónde debería estar nuestro hogar. A veces descubrimos que, entre la multitud de tejados, se puede visualizar nuestro tanque de agua, o algunas ramas del almendro del patio, o la parte superior del altillo y, como en esos juegos en los que hay que descubrir personajes ocultos, sentimos el regocijo de la peripteria. 

Los foricondios también provocan una mínima peripteria.





lunes, 24 de septiembre de 2012

Programa de tv

El periodista Luis Cano hizo su programa "1000 metros" con una entrevista desde mi casa hasta la Universidad Nacional del Sur. Hablamos sobre Exonario y sobre mi actividad como profesor de filosofía.


Le agradezco mucho a la producción de Luis y a la enorme sorpresa que me dio al incluir -sin que yo lo supiera- a Isabella, Irma, mi mamá, mi papá y mi hermano (a quienes también les agradezco)

domingo, 23 de septiembre de 2012

Fisiestator

(Palabra y definición enviadas por Alejandro Arjona)

(Sustantivo. Del griego physis = naturaleza y del latín spectator = "el que mira con atención")

Ser de características metafísicas que constantemente vigila el cumplimiento de las leyes físicas.

El fisiestator es una especie de conciencia animada que vigila cada uno de los hechos que ocurren en el mundo y vigila que cada uno de ellos tenga concordancia con el modelo físico que rige al universo (no confundir con las teorías científicas vigentes). Está detrás de cada acontecimiento, calculando y clasificando cada movimiento y acción para que esta no actúe de forma errónea o se salga de los lineamientos básicos del modelo. Es este ser quien vigila que todos los objetos en la tierra caigan con una aceleración correspondiente a la de la gravedad, que los astros giren en armonía, las pleamares y bajamares y está detrás de cada movimiento en general comprobando que la fuerza de rozamiento sea la correcta, solo por dar ejemplos.

Se podría postular la existencia de múltiples fisiestatores que velaran por la integridad del sistema, haciendo imposibles los viajes en el tiempo, que las contradicciones lógicas se extrapolen a la naturaleza y vigilando constantemente las múltiples realidades paralelas. En ciertos casos, estos reguladores podrían interferir o interceder para mantener el status quo en su sistema a través de sutiles manipulaciones de los objetos o las condiciones mismas bajo las que los actos se suceden, lo cual explicaría ciertos “milagros” como el caer de un segundo piso y salir ileso.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Foborexia

(Sustantivo. Del griego phobós = temor y orexis = apetito, hambre)

Necesidad de tener miedo. 

Las personas que disfrutan de películas de terror, de historias -supuestamente verídicas- sobre fantasmas o de sus propias pesadillas, tienen foborexia.  El foboréxico camina a oscuras, en soledad, por un cementerio. O se muere de miedo al pensar en la horrenda criatura que lo acecha desde adentro del placard. O hace caras horrorosas frente al espejo para espantarse a sí mismo. O se mete en el galponcito del fondo, en mitad de la noche y sin linterna, donde se ahorcó el tío después de haber visto un fantasma.

Desde otro punto de vista, este término puede aplicarse a los casos en los que las personas buscan una excusa para tener miedo, aun cuando no disfrutan de ese miedo autogenerado. La foborexia nace de una necesidad por encontrar peligros y asechanzas en casi cualquier aspecto de la vida. El foboréxico teme salir a la calle, porque lo pueden robar o atropellar. Teme encender la hornalla, porque escuchó que a un vecino le explotó la cocina. Teme comprar por internet, porque lo pueden estafar. Teme comer un asado, porque podría morir de colesterol alto. Estos temores serían simples paranoias, de no ser porque el foboréxico siente cierto grado de adrenalina al imaginar los hechos negativos que podrían ocurrirle.

martes, 18 de septiembre de 2012

Narcosmia

(Sustantivo. Del griego narké = estado de adormecimiento y kósmos = orden. Sinónimo: hipnocosmia)

1. Capacidad de ir creando, a lo largo de la vida, un universo onírico coherente y verosímil.

Mediante la narcosmia sería posible imponer reglas y orden a los sueños. Para lograr este estado, es necesario, previamente, aprender el arte de modificar a voluntad el contenido de las imágenes oníricas: hay que volverse un narconauta (o hipnonauta), un viajero de los sueños. Una vez logrado este estado, es necesario suministrar leyes a las ensoñaciones para que, a partir de ese caos farragoso de imágenes inconexas, nazcan objetos oníricos sólidos, duraderos y asequibles a la razón. Cuando se apliquen estas leyes (arbitrarias, decididas por el soñador), los objetos soñados tendrán una continuidad narrativa noche tras noche y sueño tras sueño. 

2. Capacidad de soñar con suficiente lucidez como para crear en la realidad el objeto soñado. 

En "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges, un hombre procrea a su hijo soñando con detalle y en noches sucesivas su corazón, el esqueleto, el cabello, sus párpados. Una vez soñado por completo, el hijo cobró vida en el mundo real, aunque llevaba una marca de su estirpe onírica: el fuego no podía quemarlo.
Los objetos nacidos de una narcosmia no siguen todas las reglas de nuestro mundo real; infringen algunas, porque permanecen de algún modo atados a su origen en el mundo de los sueños.  


domingo, 16 de septiembre de 2012

Cacognómico

(Palabra y definición enviadas por Juan Francisco López Corral)
(Adjetivo. Del griego kakós= malo, y gnosis=conocimiento) 

1. Dícese de quien profesa conocimientos erróneos con aires de superioridad intelectual y con el convencimiento de la corrección de dichos conocimientos.
Una persona cacognómica puede afirmar que está muy decepcionada con la actuación de Sean Connery en el papel de Batman, en la última película de Nolan. Un amigo podrá intentar hacerlo entrar en razón. El individuo cacognómico probablemente comprenda que se ha equivocado, pero nunca lo reconocerá y recurrirá a estratagemas tales como negar lo que ha dicho, invertir la situación (es decir, culpar al interlocutor por haber proferido su propio enunciado erróneo), etc. En situaciones más extremas (y frente a afirmaciones más difícilmente rebatibles), un intento de hacer entrar en razón al cacognómico será infructuoso e incluso provocará que éste último se burle de la ignorancia de su interlocutor.

2. Dícese de quien confunde los dichos y los mezcla a la hora de utilizarlos o los utiliza mal, de manera inoportuna en situaciones a las cuales los dichos no se ajustan.
"No por mucho regalar se tienen 100 pajaros sin dientes", podrá decir el individuo cacognómico. O bien exclamar: "cómo será la laguna que el chancho la cruza al trote" mientras contempla un accidente automovilístico, una silla rota o un animal defecando. Por lo general, estos individuos presentan también dificultades para elaborar chistes graciosos. 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Yervataje


(Palabra y definición enviadas por Pablo Barbagelata)
(Sustantivo. De la unión de yerba y salvataje. Suele usarse en la construcción "tarrito de yerbataje")

Porción de yerba secundaria que permite preparar un último mate cuando la reserva principal se ha acabado.

El yervataje suele encontrarse en un frasco en el fondo de una alacena olvidada o en una bolsita dentro de una mochila que lleva varios días en desuso. Permite, por lo general, preparar entre uno y tres mates nuevos. Los yervatajes suelen presentarse en forma de pequeños tarros en los que se llevó yerba para un viaje, el trabajo o la universidad. En algunos casos, los yervatajes son intencionales, planeados para significar una especie de advertencia sobre la escasez de yerba. En casos de pereza excepcional se pueden encontrar varios de estos yervatajes intencionales que permiten postergar enormemente el inevitable momento de tener que salir a comprar más. Cabe preguntarse si en estos últimos casos se trata de yervataje o simplemente de un modo de guardar los víveres esparcidos. En todo caso, lo más definitorio de un yerbataje es el sentimiento incomparable de alivio que produce encontrarlo en aquellos momentos en que la diferencia entre las ganas de tomar un mate y las ganas de ir hasta el almacén de la esquina es muy grande.
El recipiente para transportar un yervataje se podría denominar "Yerbiférulo", del latín herbifer (el que produce o lleva las hierbas)

jueves, 13 de septiembre de 2012

Ciberargía

(Sustantivo. Del griego kibernetiké = técnica para pilotear una nave y argía = pereza)

Desgano para realizar actividades que solo demandan pocos segundos en una computadora . 

A veces es muy sencillo corroborar si algo es de tal manera o de tal otra: hay que abrir el navegador y tipiar la palabra en un motor de búsqueda. Con esa simple operación, obtenemos toda la información necesaria, incluso ordenada de modo jerárquico por relevancia. Pero, por alguna extraña razón, nos resulta molesto abrir una nueva ventana de navegación, o escribir la palabra "Monarquía" en la barra de Google. No sabemos por qué, pero nos parece más viable buscar la palabra en un diccionario de papel -con el trabajo que implica- que resolverlo a través de una serie económica de caracteres virtuales. La ciberargía se transmite a casi todas las operaciones hechas por computadora: sentimos fastidio por imprimir un documento, abrir uno nuevo, buscar un correo electrónico determinado, elegir la canción que nos gusta en una lista de canciones o descargar películas. A veces tenemos negación, incluso, por actividades que implican un solo clic.

La expresión "la vida es demasiado corta para quitar el dispositivo USB con seguridad" expresa un sentimiento de ciberargía. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Antirremia

(Sustantivo. Del griego anti = contrario y rhéma = afirmación, acción verbal. Adjetivo: antirrémico)

Estrategia oratoria que consiste en desacreditar a una persona por dos razones contrarias.

Cuando queremos desacreditar el enunciado de una persona, podemos hacer referencia a lo poco que sabe o la poca experiencia que tiene el emisor acerca de lo que manifiesta en el enunciado. Le decimos, furiosos, que no es el más indicado para señalar una inexactitud en nuestro discurso: "Qué te metés a hablar de economía, vos. Andá a estudiar microeconomía, macroeconomía, estadística, y después vení a criticarme". El emisor, sin embargo, nos aclara: "Yo tengo un doctorado en economía". Sin darnos cuenta, hemos tratado de ignorante a una persona que sabía más que nosotros. En este punto, podemos tomar dos actitudes: pedir disculpas, o utilizar la antirremia. Si hacemos lo último, retrucaremos algo como esto: "¿Y vos qué te pensás? ¿Que porque estudiaste economía yo estoy equivocado?. ¿Quién te creés que sos? ¿El nobel de economía?". Como puede verse, la aplicación de esta última estrategia ya no apela al desconocimiento del emisor, sino al hecho de que su conocimiento no debería aplicarse en este caso, o que su saber lo vuelve arrogante o, incluso, que es un bochorno, para alguien con tanto estudio, rebajarse a corregir números en una discusión amateur. La aplicación sucesiva del descrédito por desconocimiento, y el descrédito por exceso de conocimiento, es la antirremia. La antirremia es un tipo de antinomia (de ahí, también, su similitud etimológica), puesto que utiliza como válidas una tesis y su antítesis para llegar a la misma conclusión: el destinatario no debería opinar.
Existen varios recursos antirrémicos, además del ejemplificado: "No leíste lo suficiente" (argumento); "Por más que leas todo, la lectura no te va a hacer más sabio" (contraargumento). "Si trabajaras, entenderías de lo que hablo" (argumento); "Bueno, que trabajes dieciséis horas por día no es suficiente para que entiendas de lo que hablo" (contraargumento). "Vos no podés criticarme, porque nunca se te ocurrió algo parecido" (argumento), "Bueno, que de vez en cuando se te caiga una idea no te da lugar a criticarme" (contraargumento). "No sabés lo que es tener hijos, así que no podés saber el amor que siento por ellos" (argumento); "Bueno, aunque tengas diez hijos, no tenés idea de lo que siento yo" (contraargumento).

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Autocarcino

(Sustantivo. Del griego autós = sí mismo y carcynos = cangrejo)

Tumor canceroso independiente. 

Los tumores crecen en -y a expensas de- los individuos que los padecen. Pero, quizás, si pudiéramos lograr que el tumor creciera hasta cierto punto, y luego se separara de su gestor para seguir creciendo de forma autónoma, habríamos logrado un autocarcino.
Se podrían criar a los autocarcinos como nuevos tipos de formas vivientes. Quizás se puedan alimentar e incluso reproducir sin necesidad de los cuerpos humanos. Quizás los tumores cancerosos sean realmente entidades independientes, pero no hemos logrado comunicarnos con ellos, ni educarlos convenientemente. Si existiera algún modo de dialogar con ese conjunto de células mutadas y enloquecidas, quizás se podría convencerlas para que abandonen el lugar donde han nacido y separarse del torturado cuerpo humano que lo padece.
Es posible que en un futuro los bosques estén poblados por extrañísimas criaturas visceroides autocarcinas, que se combinarán en infinitas formas con nanobots y animales artificiales. Es posible, también, que cada tanto los autocarcinos sientan el impulso de retornar al cuerpo que les dio origen, y necesiten abrazarse al pulmón, al recto o al estómago de donde fueron extirpados, como niños abandonados que sienten nostalgia de la lactancia materna.

martes, 4 de septiembre de 2012

Antélogo


(Contracción de angetélogo, y esta de angetelótogo. Del griego aggélo = avisar; teleuté = final y lógos = discurso, razón)

Quien avisa que ya no va a seguir participando de un diálogo o debate. 

El antélogo no solo deja de discutir, sino que, además se siente en la obligación de dejar en claro que esas serán sus últimas palabras. "Con esto me retiro", "No digo más", "Esto es lo último que voy a decir" o incluso "Jaque mate" son fórmulas que el antélogo usa corrientemente. De manera arbitraria, da por terminada la transacción verbal, y con las fórmulas de cierre expresa que está ofendido o descontento con el curso del diálogo. "Lo único que voy a agregar es que las cebras son blancas con rayas negras. Buenas noches". A veces deja en claro que está ofendido y, en esos casos, utiliza fórmulas como: "Dado que no se puede dialogar con ustedes, me despido", o "No hablo con tarados. Chau, chau". El saludo y las frases de cierre tienen un efecto cómico cuando el debate se suscita en un foro en internet: en estas circunstancias, si alguien desea dejar de debatir, simplemente deja de comentar. Pero el antélogo cree que debe remarcar su futura ausencia. Cree que, por alguna razón, todos van a reparar en su punto final, o que esas palabras de cierre intempestivo le aportan elegancia al debate. Lo cierto es que el antélogo suele ofenderse por sus propias malinterpretaciones, y suele abandonar los debates cuando no le son favorables, o cuando ponen en evidencia que sus propias ideas son altamente discutibles (y que él no desea discutirlas): "Lo único que voy a decir es que Hitler tenía buenas intenciones. Con esto me despido, sigan discutiendo, manga de pelotudos".

miércoles, 29 de agosto de 2012

Euquicia

(Del griego eu = bueno y skízein = dividir)

1. Capacidad de cortar un objeto en partes o porciones equitativas.

A veces, quienes están encargados de repartir las porciones del asado, no suelen reparar en que algunos comensales reciben una porción generosa y con mucha carne, mientras que a otros se les adjudica un pequeño e incomible chicharrón de grasa con hueso. El buen administrador del asado deberá tener euquicia: tratará de cortar la carne de manera que las porciones tengan similar tamaño y aprovechabilidad. Si tiene que repartir una pizza, la cortará en partes lo más idénticas posible, sin mezquinar aceitunas o tomates en cada parte. Si debe servir vino, buscará la manera de que todas las copas contenga la misma cantidad. La euquicia, a veces, puede demandar un gran esfuerzo y mucho tiempo. Medir milimétricamente las porciones es algo trabajoso y no siempre se da con un buen resultado. Por eso es conveniente optar por un grado moderado de euquicia, para evitar injusticias groseras, sin caer en el fanatismo de la equidad absoluta e ideal.


2. Capacidad de elegir exactamente las cosas que otro no elige.

Otra manera de definir la euquicia en este segundo sentido es: la ausencia de conflictos en la elección de los bienes escasos. Cuando una familia compra un pollo, suele haber pequeñas disputas por los muslos o la pechuga. Pero si a un integrante le gustan los muslos, a otro las pechugas, a otro el rancho y al último sólo los menudos, entonces hay euquicia, pues no hay conflicto a la hora de la cena.
Existe una euquicia sincera y otra insincera. La primera ocurre cuando, en verdad, cada integrante desea elegir justmente lo que el otro deja. La euquicia insincera ocurre cuando, en realidad, algún integrante debe conformarse con lo que hay, o debe fingir que le gusta un corte de pollo determinado para evitar el conflicto. 




martes, 28 de agosto de 2012

Nominazgo


(Sustantivo. Del latín nomen = nombre y sufijo -azgo: capacidad)

Poder para ponerle nombre a las cosas. 

Platón en el texto "Cratilo" suponía que algunas personas (llamados "nominadores" [Nomotethés, en griego]) se encargaban de poner los primeros nombres a las cosas, y que de ese modo el resto de la sociedad los aprendía y los usaba. Para poner estos nombres, según Platón, había que seguir reglas muy estrictas. En particular, el nominador debía establecer una relación natural entre el significado y la sonoridad. La palabra que nombrara al mar, por ejemplo, debía construirse teniendo en cuenta el sonido del mar, el movimiento del mar, la naturaleza líquida del mar. Por eso, en su construcción debía haber letras que diera cuenta de esas características. Platón suponía que, con el tiempo, se han ido modificando las palabras de ese lenguaje natural, y que ya (en su época) no quedaban rastros de ese lenguaje natural primitivo.

Pero la idea de una persona encargada de crear el idioma sigue pareciendo atractiva. Si alguien tiene el suficiente poder para crear e imponer nombres, incluso a cosas que ya lo tienen, se dice que ese alguien tiene un nominazgo. Si, por la sola voluntad de una persona, dejamos de llamar "mesa" a la mesa, y popularizamos el nombre que esa persona le dio, diremos que, de modo inequívoco, esa persona tiene el nominazgo.

Hay quienes dicen que el nominazgo no depende de los individuos. Los nombres de las cosas aparecen una vez, por algún hecho fortuito, y se popularizan sin tener en cuenta el capricho de las personas individuales. En la mayoría de los casos esto es cierto. Intente el lector inventar una palabra y tratar de imponerla en el uso social.

Cabe aclarar que el nominazgo no se refiere sólo a la sistematicidad en la creación de palabras, sino, además, a la capacidad de popularizar dichas palabras. Crear un idioma que no habla nadie no es tener un nominazgo. Crear un exonario tampoco.

viernes, 24 de agosto de 2012

Paleógoro


(Adjetivo. Del griego páleos = antiguo y  agoréuo = hacer público)

En una contienda verbal, dícese de quien recrimina a su contrincante por un hecho muy lejano en el tiempo.

No solo se trata de un reproche por algo pretérito: por lo general, el hecho mismo suele ser banal y fácilmente olvidable. El paleógoro acusa a su interlocutor por algo que no amerita sentirse ofendido a tan largo plazo: "Vos, el veintisiete de marzo de mil novecientos noventa y tres, te comiste todos los caramelos que la abuela había comprado". "Hace quince años, una vez, me serviste la comida fría. Yo no me olvido".
Un paleógoro se siente frustrado por algunas acciones ajenas. Pero en lugar de decirlo en el momento, u olvidarlo, parece que lo guarda con rencor hasta que -en un contexto muy diferente al del hecho inicial- lo recrimina con firmeza y con ello queda en ridículo frente a su interlocutor.

jueves, 23 de agosto de 2012

Entrevistas

Agradezco las entrevistas radiales que me hicieron en estos días:

-Mauro Mateos. Radio Esquel.

-Radio Brisas, Mar del Plata.

-Luis Cano, de Bahía Blanca.

-Bebe Contepomi, Radio Mercurio, 107.9

miércoles, 22 de agosto de 2012

Asertonimia

(Sustantivo. Del latín assertus = afirmado y nimius = exagerado, irracional. Adjetivo: asertonímico)


Incapacidad para tomarse un tiempo antes de aceptar algo.

El asertonímico se apresura a decir "sí" demasiado pronto. Si le piden que prepare una comida para doscientos comensales, no se niega. Si una persona desconocida le propone casamiento, responde de modo afirmativo sin demoras. Si lo invitan a cazar chanchos a una selva boliviana, mañana temprano, acepta. Sus allegados elogian la firmeza y rapidez en sus decisiones, aun en las más comprometidas y difíciles. Pero una vez que ha aceptado, el asertonímico cavila mil veces y se da cuenta de que, quizás, debería haberlo pensado mejor. Sin embargo ya es tarde: ha recibido elogios por la decisión de donar un pulmón; ya le han hecho notas los periódicos, y el médico que hará la intervención le está haciendo los últimos análisis antes de la extracción del órgano.
El asertonímico no puede rechazar propuestas. Por lo general, le hacen propuestas trabajosas, horribles y de difícil ejecución, porque saben que no se va a negar. Rara vez le proponen algo bueno, como un viaje a playas paradisíacas, o la salida al parque de diversiones. Es que el asertonímico, a veces, se ve comprometido de tal modo en cosas horribles y gratuitas, que no le queda tiempo para disfrutar de su vida.

Se puede llamar asertonímico, también, a la persona que se apresura a ofrecer su ayuda sin que se lo pidan, y sin que le corresponda hacerlo. "Huy, tengo que terminar la tesis doctoral", dice un amigo. El asertonímico responde: "No te hagas problema; mandámela por correo y yo la termino". 


martes, 21 de agosto de 2012

Presentación de libro.

Hoy, a partir de las 19 hs., presentaré el libro Exonario en Bahía Blanca.
En realidad lo presentarán Luis Sagasti y Mario Ortiz, escritores bahienses de altísimo nivel. Mario Ortiz, además, es quien hizo el epílogo del libro. Recomiendo leer ese epílogo.

Los espero.




miércoles, 15 de agosto de 2012

Dislecalepia

(Sustantivo. Del griego dis = dificultad; légo = contar, reunir y jalepós = penoso, trabajoso. Adjetivo: dislecalépico)

Tendencia a enumerar los requisitos, dificultades o exigencias de a uno, en lugar de hacerlos todos juntos. 

La definición, aun cuando parezca enrevesada, se refiere a un hecho cotidiano. Usted necesita realizar un cronocléptico trámite burocrático. Después de hacer una larga cola, le indican que le falta un sellado. Hace el sellado; vuelve a hacer la cola y en ese momento le dicen que le falta pagar un arancel. Paga el arancel, vuelve a hacer la cola y el empleado le comunica que falta una fotocopia. En esta instancia, se pregunta por qué no le dijeron todos los requisitos juntos, en lugar de ir enumerándolos de manera sucesiva. El empleado que lo atiende ha cometido dislecalepia.

Las computadoras suelen ser dislecalépicas. Si usted quiere imprimir un papel, quizás aparezca el cartel: "El papel está atascado". Una vez que saca el papel, puede que otro le diga: "La impresora no está conectada". Cuando se asegura de que esté conectada, es posible que una leyenda le indique: "Falta tinta en el cartucho". Si pone tinta, luego aparecerá otro: "La impresora se ha averiado".  Hubiera sido mucho más productivo conocer esas cuatro fallas a la vez, en lugar de que se fueran comunicando una tras otra.
La dislecalepia es una forma tediosa del perontismo.  

martes, 14 de agosto de 2012

Escomicrófolo


(Adjetivo y sustantivo. Del griego skoupídi = basura, mykrós = pequeño y phaulós = defectuoso)

Objeto o sistema que deja de tener funcionalidad absoluta cuando tiene un pequeño desperfecto. 

Muchos juguetes electrónicos se vuelven inútiles cuando se sale la soldadura de un cablecito que resulta imposible volver a pegar. Algunos paraguas se convierten en escomicrófolos cuando se rasga levemente la tela impermeable o alguna de sus varillas se dobla. Un pequeño agujerito en el fondo del vaso ya lo convierte en un objeto incómodo e inútil. Ciertas relaciones se terminan cuando uno de los amantes descubre que su pareja posee un pequeño vicio que no está dispuesta a abandonar.
Ante un escomicrófolo, sólo nos queda esperar que se convierta en anastolpio. Pero, por lo general, nos veremos obligados a omniriciar.




martes, 7 de agosto de 2012

Nevelación


(Sustantivo. Del latín nego = negar y velum = velo)

Revelación metafísica en la que se muestra la no existencia de alguna entidad divina. 

Mientras en las revelaciones clásicas el dios se manifiesta para mostrarse a sí mismo como existente y como vocero de las leyes universales, en las nevelaciones la manifestación se destaca por la ausencia y el silencio. Lo único que se manifiesta en las nevelaciones es la certeza de que el dios en el que confiábamos no existe. Pero no se trata de un razonamiento ni de una especulación: es un sentimiento de vacío espiritual, de orfandad cósmica, de soledad transmundana.
La nevelación provoca un estremecimiento místico: mediante ella, sabemos que se nos está por revelar algo trascendente. Pero todo lo que se revela es que nada hay allí para interpelarnos ni para manifestarse. Se manifiesta la ausencia -la necesaria ausencia- de entidades manifestables.

Así como el religioso puede justificar su profunda fe en una revelación divina, un ateo podría justificar su ateísmo en una nevelación. En rigor, la revelación de una entidad metafísica y la revelación de la inexistencia de tales entidades, podrían provocar el mismo grado de sentimiento indubitable. Quien tuvo una revelación ya no tiene dudas. Quien tuvo una nevelación, tampoco. En ese sentido, el religioso no está en mejor posición que el ateo, pues el ateo podría tener la misma firme convicción y el mismo sentimiento místico que el religioso. Sólo que este último, lo tendría en sentido contrario al del religioso.

En rigor, para que surja una nevelación -es decir, para que se cree la convicción de que una entidad divina no existe- no hace falta una interpelación mística. Basta con algunos hechos cotidianos en los que se manifiesta la crudeza de la vida y el silencio de dios. La muerte de un ser querido; un interminable dolor producto de una enfermedad terminal o un hijo con cáncer, pueden por sí mismos funcionar como nevelaciones.

sábado, 4 de agosto de 2012

Apalábido


(Palabra y definición enviadas por Alejandro Arjona)

(Adjetivo. Del latín apparentia = apariencia y labans = vacilante)

Dícese de la persona que adopta un cambio físico estilístico a conciencia y sin embargo se muestra totalmente inseguro de él.

El apalábido es una persona que vive según la mirada ajena. Se cambia el peinado, se hace un tatuaje o varía completamente su look por propio gusto, pero se muestra muy preocupado por lo que se diga de él. Si se le pregunta, lo hace totalmente convencido, pero no resiste los mínimos comentarios acerca de su extravagancia. En los casos más extremos, puede sentirse atacado incluso por elogios; tiene la desesperada sensación de que todo el mundo murmura sobre él o lo mira - lo que lo hace sentir más incómodo - siendo capaz de reformar completamente su apariencia nuevamente para comenzar un círculo vicioso.

En el sentido extenso de la palabra, el apalábido es una persona que adopta un determinado estilo o retoque estético por mera moda o sin saber el trasfondo ideológico que conlleva, lo que ofendería a quienes si lo hacen."
Por ejemplo: en el sentido extenso, un apalábido sería un joven que por moda usa una remera con la cara de Ernesto Guevara pero no tiene idea de quién es y para colmo piensa que es cubano

viernes, 3 de agosto de 2012

Entrolectualismo


(Sustantivo. De entropía y del latín lego = leer. Adjetivo: entrolectual: quien sostiene el entrolectualismo)

Hipótesis según la cual el aumento de conocimiento produce mayor estupidez o tiene resultados perniciosos.

El entrolectual supone que cualquier forma de aprendizaje sólo empeora el conocimiento de las cosas. Cree que las actividades humanas deben realizarse de modo improvisado, a partir de la intuición momentánea. Desconfía de los instructivos, de las carreras universitarias y de los maestros. Con respecto a estos últimos, sospecha que son mucho más tontos que el resto de los trabajadores. Esta sospecha se hace extensiva a cualquier trabajador intelectual: según el entrolectual, los libros nos vuelven más estúpidos; la educación sólo desvía la atención en lo verdaderamente importante, y la erudición es solo una forma afectada de la ignorancia. Por eso, el entrolectual desconfía de todo aquel que tiene un título o que se presenta como experto en alguna materia. "Este tipo dice que toda la vida construyó aviones. Pero yo te apuesto que construyo un avión mejor que el de él". "¿Hacer una carrera para aprender ingeniería? Si yo me pongo, construyo un puente sin haber leído un solo libro". "Uf, si yo quisiera, escribo la Crítica de la Razón Pura sin haber leído un libro de filosofía". A veces, desde luego, las personas que saben se comportan de un modo tan estúpido (y tan contrario a su supuesto conocimiento), que el entrolectual parece tener razón: está lleno de supuestos expertos que sólo hacen juicios banales y totalmente pedestres. Si un médico, al examinarnos, sólo se limita a decir: "Esto no está bien", sin agregar absolutamente nada más y sin prescribir exámenes ni recetas, nos veremos tentados a desconfiar de los profusos diplomas que cuelga en su consultorio. Por estos casos (en los que el entrolectual parece tener razón), el conocimiento y la ciencia en general suelen verse como complicadas y monstruosas veleidades cuya verdadera sustancia podría resumirse en dos o tres palabras cotidianas. 

Existe una forma especial de entrolectualismo, propia de personas que trabajan en un proceso creativo. Esta forma especial se da cuando un escritor trata de no leer para evitar "contaminarse" del estilo de otro escritor. De acuerdo con esta idea, la adquisición de nuevos conocimientos o estilos es perjudicial para la gestación de la propia obra, y por ello debe evitarse todo contacto con los libros.

En ambas acepciones, existe la noción de que cierta virginidad intelectual es mucho más deseable y fructífera que un arduo recorrido por el saber.

jueves, 2 de agosto de 2012

Más notas de radio

A partir de la repercusión por la nota en el diario La Nación, se han comunicado conmigo otros programas radiales. Me han hecho notas de las siguientes radios:

- Radio Colonia (Uruguay), AM 550.
- Radio Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe), AM 1020. 

Agradezco muchísimo a los periodistas que se contactaron conmigo.

martes, 31 de julio de 2012

Labísedo

 (Adjetivo. Del latín labans = vacilante y sedere = sentarse)

Quien hace tambalear su silla cuando está sentado. 

Para los labísedos, estar sentado implica un movimiento trabajoso; un malabarismo que pone a prueba la resistencia del asiento. El labísedo pone la silla en dos patas o en una; la mueve de atrás hacia adelante. Se sienta con el trasero, con las rodillas, a veces en el borde, a veces muy atrás. El labísedo provoca una enorme incomodidad en quienes lo observan, pues parece que está siempre a punto de caerse. Los dueños de la silla añaden otra preocupación: que los movimientos y rechinares del labísedo terminen por romper la silla.

En sentido metafórico, también puede llamarse así a la persona que continuamente amenaza con remover a alguien de su despacho. Quien está buscando ocupar un alto cargo, se dice que "serrucha el piso" de sus superiores, es decir: desea que su asiento tambaleé hasta caerse. Dado que el sillón y el despacho son símbolos de poder y de seguridad, el labísedo es el que intenta corroer ese poder.

lunes, 30 de julio de 2012

Bulanero


(Adjetivo. Contracción de Bulanerótico. Del griego boulé = voluntad; an- = prefijo negativo y eros = deseo, amor)

Quien cree que dejó de ser atractivo por una cuestión circunstancial. 

Si una mujer dice: "Desde que me cambié el peinado los hombres ya no me dicen cosas por la calle", esta mujer es bulanera. Si un hombre dice: "Las chicas ya no se fijan en mí. Es que mis músculos están caídos, porque hace tres días que no voy al gimnasio", es un bulanero. El bulanero sospecha que el cambio de una variable única y fácilmente reversible, lo convertirá de nuevo en objeto de deseo. En verdad no tiene en cuenta que su atractivo ha ido disminuyendo de modo paulatino, y que existe un conjunto de hechos que se fueron confabulando para dejar minusválido a su poder de seducción: calvicie, pelo pajoso, sobrepeso, piel descuidada, olor a sudor, arrugas, rasgos de tristeza o preocupación, descuido en la vestimenta, un contexto poco propicio para el cortejo, muchos hijos pequeños, falta de ingenio y pesadez en el habla. El esplendor y la gracia que se tenía a los veinte y quizás a los treinta, ha ido mermando sin detenimiento a partir de los treinta y cinco. Sin embargo, algunas trampas mentales nos hacen creer que el atractivo perdido está al alcance del gimnasio, del maquillaje, de la ropa. Decimos: "Si hiciera unas abdominales todos los días, en un mes estoy hecha un bombón nuevamente"; "Si me maquillara una maquilladora profesional, volvería a ser una belleza"; "Si me pongo el pantalón blanco y el cárdigan rojo, mato mil". Y de vez en cuando ponemos manos a la obra, pero con resultados deplorables: la panza no baja con las abdominales; los granos no se ocultan con el maquillaje, y el cárdigan rojo sólo quedaba bien durante los años ochenta en las fiestas del secundario. 
Algunos bulaneros asumen una actitud sorprendente: deciden que no quieren ser atractivos, y que por ello no hacen gimnasia, o no se maquillan, o descuidan su ropa. "Yo prefiero seguir siendo gorda. Porque si bajo unos kilos, se me tiran los hombres encima"; "No, yo ya ni voy al gimnasio. Mirá, la última vez que hice bíceps un montón de chicas me pidieron el número de teléfono. Yo ya tengo novia; no quiero serle infiel". Esta clase de bulaneros convierte a su fealdad en un supuesto escudo contra los perjuicios de la belleza. Fingen que el sex appeal es un mal que los obliga a ser infieles, y por eso asumen que la calvicie, la obesidad y el descuido personal son anclas de la fidelidad. Por eso, los bulaneros chantajean a sus parejas: "¿Me quieres a tu lado, María? Entonces déjame estar gordo, pelado y mugriento. Pues si empiezo a estar más lindo otra querrá estar conmigo, y yo no soy de fierro"

domingo, 29 de julio de 2012

Notas en radio

Después de la nota en diario La Nación, me hicieron varias notas radiales. Otras quedaron pendientes para la semana que viene. 

Agradezco las notas que me hicieron de:

- Radio El Mundo, AM 1070.
- Radio Mitre Córdoba
- Radio Nacional Buenos Aires (programa de Eduardo Anguita)

jueves, 26 de julio de 2012

martes, 24 de julio de 2012

Desemburgar (se)


(Verbo intransitivo. De des, en- y burgo)

Quitarse momentáneamente una actitud o costumbre burguesa. 

A la persona aburguesada se la reconoce por su afición a la comodidad del hogar, al trabajo sin esfuerzo y, en general, a cualquier actividad que no implique alejarse de ciertos básicos placeres suntuarios y cotidianos. No es fácil sacar al aburguesado de sus rituales, pero si se pudiera lograrlo, lo habremos desemburgado.
Cuando un hombre sale a la calle un día de lluvia, y descubre que está mejor allí, al aire libre, que encerrado en su estudio. O cuando decide participar de una marcha a favor de la despenalización de la marihuana, en lugar de quedarse en su living fumándola. O cuando saca del ropero la ropa cara, de marca, que alguna vez compró en una tienda bacana pero nunca usó, y decide regalarla al primero que pase por la calle. En todos estos casos, la pereza doméstica se ve sacudida; el ritmo de la vida prolijamente cómoda se trastoca, pero por un rato: la persona se ha desemburgado. Sin embargo, quien se desemburga vuelve de manera inexorable a sus costumbres. Votará, circunstancialmente, por el partido obrero; pero a los pocos días apoyará de nuevo a los conservadores. Tirará las paredes y transformará su departamento en un loft, pero un mes después volverá a levantarlas. Saldrá a cazar jabalíes con cuchillo en invierno, en medio del monte; pero estará a las siete de la tarde frente al televisor, bañadito y con su vaso de whisky, en la seguridad de su casita bien amoblada y calefaccionada.

lunes, 23 de julio de 2012

Melobio


(Sustantivo. Del griego mélos = melodía y bios = vida)

Ser cuyo ecosistema vital es la música.

El melobio es un hipotético ser inmaterial que vive entre notas musicales. Su tiempo de vida está confinado a la duración de los sonidos. Cuando hay silencio, el melobio se queda sin su entorno vital y muere como una persona sin oxígeno. Cuando la música se prolonga durante horas, pueden surgir muchos melobios en una misma sesión.
Aunque por sus características inmateriales el melobio es indetectable para la mayoría de las personas, existen profesionales con un oído especialmente entrenado que pueden dar cuenta de su presencia. Según estos profesionales, el melobio canta de manera sutil junto a la música. A veces marca el ritmo; a veces sigue la melodía. A veces recita en voz baja una letanía en un idioma desconocido. A veces insulta y amenaza a los músicos por la calidad del ecosistema que le han creado.
Cada tipo de composición musical crea entornos para melobios de características diferentes. La música de Bach permite la aparición de melobios taciturnos, oscuros y propensos a la poesía existencialista. La música de Rafaella Carrá genera un melobio verborrágico que parlotea con agitación, voz chillona y casi sin pausa.



domingo, 22 de julio de 2012

Prestifanía


(Palabra y definición enviadas por Alejandro Arjona)

(Sustantivo. Del latín Praestigium = Prestigio y del griego pháino = manifestarse.)

Revelación en la cual, esperando obtener ayuda de un ser sobrenatural, arcano, divino o demoniaco, se presenta o intercede  un personaje famoso (o infame) de la historia.

Si a usted le preocupa un examen de matemáticas, y en esa situación le pide ayuda a Dios y frente a la evaluación se presenta Einstein y le da las respuestas; si a la hora de dar un discurso le ruega a su santo particular que le brinde inspiración y en una foto tomada durante el evento aparece junto a Hitler, ha sido afectado por una Prestifanía.

miércoles, 18 de julio de 2012

Mirióbolos


(Sustantivo. Del grigeo mýrias = diez mil y bállo = arrojar)

Cada una de las innumerables piezas que quedan desperdigadas en el piso cuando se vuelca un receptáculo o una caja. 

Los miróbolos siguen apareciendo muchos días después de que un recipiente se haya caído: bolitas, piezas de rompecabezas, alfileres, tachuelas. No importa cuán exhaustiva haya sido nuestra recolección posterior a la caída: seguiremos encontrando mirióbolos durante semanas y meses; incluso en lugares alejados y recónditos.   

jueves, 12 de julio de 2012

Pusilágrafe


(Adjetivo. Del latín pusillus = pequeño, mezquino y del griego gráphos = escritura, diseño)

1. Dícese del docente que utiliza poco el pizarrón. 

Muchos docentes grafican su dilatada exposición oral en el aula con pequeños e inexpresivos trazos en el borde del pizarrón. Con esos garabatos incomprensibles y miserables, pretenden ilustrar todo el contenido de esa clase. 


2. Dícese de quien suele expresarse con elocuencia en la oralidad, pero no puede ni desea volcar esa elocuencia en un texto escrito.  

Es frecuente encontrar a personas que hacen un excelente uso de la retórica y la persuasión en sus actos de habla, pero que son totalmente inútiles para expresarse por escrito.



3. Dícese del escritor que odia el acto de escribir. 

Hay escritores a quienes les gusta haber escrito, pero detestan estar escribiendo o, peor aun, tener que escribir. Por extensión, también se aplica el término a la persona (sea o no escritor) que debe escribir un texto y vive postergando su ejecución. Las tesis doctorales, los papers de investigación, los informes, los balances, las sentencias judiciales: hay gente a la que se le paga por escribir esos textos, aunque ellos tratan de evitarlo todo lo posible.

4. Persona que no escribe en las redes sociales, aunque participa de ellas. 

El pusilágrafe en esta acepción jamás deja un comentario ni opinión en Facebook. Sabemos, sin embargo, que lee todo lo que se pone, porque un día nos lo cruzamos por la calle y ahí sí, en la oralidad, se atreve a expresarnos lo que opinaba sobre la presidenta, sobre la religión católica y sobre los partidos neonazis. En la red social, por escrito, fue incapaz de explayarse. Ahora, cara a cara, no tiene problemas en declararse en desacuerdo con todo lo que decían Juan, Pedro y María. Pero él, por las dudas, jamás blanquea por escrito ese desacuerdo.


miércoles, 11 de julio de 2012

Revista Para Ti recomienda comprar Exonario

La revista Para Ti, en su edición del 6 de julio, pone a Exonario entre sus recomendaciones de compras.


martes, 10 de julio de 2012

Vestiplecio


(Sustantivo. Del latín vestis = ropa, vestimenta y plexus = tejido, entrelazado)

Abrazo que se dan las prendas de vestir cuando están en el lavarropas o colgadas en la soga.

Cuando vamos a sacar la ropa de la lavadora, ya retorcida por la fuerza centrífuga, descubrimos que las mangas de la camiseta se han anudado como enredaderas alrededor del pantalón; que los calzoncillos terminaron embrollados con las medias; que los cordones de las zapatillas se han revolcado con los trapos rejilla . Luego, en el tendedero, el viento coloca las botamangas del pantalón sobre la campera; la camisa pasa sus puños por el trasero de la minifalda y la sunga se dobla en pliegues frenéticos hasta quedar encimada sobre el corpiño. Las prendas lavadas y luego tendidas al sol muestran entre sí una especie de amor que es a la vez impúdico, desinhibido, abstracto y silencioso.

sábado, 7 de julio de 2012

Crasear


(Palabra y definición enviadas por Margarita Grandotto)

(Verbo intransitivo. De crasis: unión de dos palabras en las que una de ellas pierde una parte. Sustantivo: craseo)

Actividad que requiere de al menos dos componentes, en la cual se pierde una parte de esos componentes.

Un ejemplo de craseo es la preparación de mayonesa: se crasea con huevo y aceite, pues del huevo solo se usa la yema y se descarta la clara.


domingo, 1 de julio de 2012

Libro "Exonario" a la venta

En los catálogos de Random House Monadori (Editorial Sudamericana) aparece "Exonario" como novedad. 
A partir de este mes en todas las librerías de Argentina y de Uruguay.

Aquí los detalles de la publicación.

jueves, 28 de junio de 2012

Autoclepsia

(Sustantivo. Del griego autós = sí mismo y klopeúo = robar)

Robo que un sujeto perpetúa a sí mismo. 

Tanto la etimología como la definición de este término son transparentes y lacónicas. Pero algunas de sus implicancias no lo son tanto.
En su acepción más inmediata, la autoclepsia indica una operación imposible de llevar a cabo de manera literal, pues para que ocurra un robo es necesario que la víctima no consienta ni pueda predecir o prevenir las circunstancias del robo. Una persona que ahorra dinero en un cajón, y que luego saca dinero de ese ahorro para otros fines, ha cometido un isidebio, pero no un robo a sí misma. En este sentido el término puede usarse para casos de esquizofrenia, en los cuales una de las múltiples personalidades de un sujeto  se aprovecha de los bienes de las otras personalidades.
Existe otra manera menos literal de entender la autoclepsia: un robo perpetrado a sí mismo, pero cuyo destinatario no es el propio sujeto que roba. Si usted es asaltado en la calle, puede que los ladrones le pidan todo lo que lleva puesto. Pero si, además de entregarle lo que lleva, le pide a sus asaltantes que lo acompañen a su casa, y usted mismo desvalija su propia vivienda para ellos, entonces ha cometido autoclepsia. Cualquier persona que sea especialmente colaborativa con un ladrón, ofreciéndole sus bienes como si los promocionara, comete autoclepsia. "Miren, pasen, les voy a mostrar los diamantes de mi abuela. Están en el alhajero. Esperen que busco la llave. Y este reloj que parece de fantasía tiene engranajes de oro puro. Aprovechen a llevarse los cuadros, que son originales y valen una fortuna. Si se llevan esto, hacen un botín fabuloso."

El término también podría aplicarse a ciertos actos furtivos y vandálicos propios de los robos, en los cuales la víctima de ese vandalismo es uno mismo. Si alguien barreteara la puerta de su propio auto y lo pusiera en marcha haciendo contacto, sin llaves; si violentara su caja fuerte o tratara de sacar dinero de su propia bóveda bancaria haciendo un boquete, estará cometiendo autoclepsia.

martes, 26 de junio de 2012

Chirolote

(Adjetivo y sustantivo. De Chirolita: nombre del muñeco del famoso ventriloquista conocido como Mister Chasman)

1. Títere que maneja a su amo.

2. Entidad inerte e inconsciente que toma el control de un sujeto consciente e intencional. 

Esta palabra, en sus dos acepciones, puede utilizarse tanto en su sentido literal como en el metafórico, aunque es más común el último. En sentido literal implica otorgarle una intencionalidad real y propia a la entidad inconsciente. Un muñeco sin vida que manejara a una persona, debe tener cierto tipo de objetivos, aun cuando no se tratara de objetivos conscientes. A veces los niños dicen que sus muñecos les dan órdenes. Si ellos las acatan, y si las órdenes son sistemáticas, continuas y sin resquicio para ejercitar la propia voluntad, entonces ya no estamos ante un juguete inocente, sino ante un chirolote.
En su acepción metafórica, el término se usa para adjetivar al subordinado (de una empresa, de un estado, de un reino) que se comporta como jefe de sus propio jefe. Si el gerente le dice a su empleado: "Vení mañana a las siete y limpiame el escritorio", y si el empleado responde: "Mañana no tengo ganas; es más: vení vos a limpiarme el mío", y si el jefe acata de modo sistemático retruques de este tipo, se dice que el empleado es un chirolote. Lo mismo ocurriría si un funcionario de segunda o tercera línea del estado (o de un reino) es capaz de dar órdenes a su presidente (o a su rey), y si el presidente (o el rey) respondiera sin chistar a esas órdenes.

Para que a una persona se la califique de chirolote es necesario que su superior acate las órdenes que le imparte.

jueves, 21 de junio de 2012

Escopuloquio

(Sustantivo. Del latín scopulus = roca, escollo y loquor = hablar)

Conjunto de argumentos que se interponen para mostrar las dificultades de ejecución de un proyecto.

Cuando una persona quiere poner en práctica una idea, a veces no conviene comentarlo. "Quiero poner un quiosco", dice un entusiasta microemprendedor. "Pero te vas a pasar todo el día encerrado trabajando; te pueden asaltar, es aburrido, no deja ganancias, te vas a fundir", responde un pariente preocupado. "Me voy a comprar un auto", dice A. B le replica: "Gasta nafta; hay conflicto con hidrocarburos, tenés que pagar patente, podés chocar y morirte" En esas respuestas tenemos escopuloquios: discursos que no alientan ni apoyan; sólo se limitan a enfatizar los posibles problemas, elevados incluso a un grado hiperbólico.
Algunos escopuloquios son especialmente irritantes: aquellos que nos señalan objeciones redundantes o inherentes a la propia ejecución del proyecto; objeciones para las cuales no habíamos visualizado ningún problema. "Voy a poner un negocio con Carlitos", dice A. De inmediato, B le interpone un escopuloquio: "Pero... ¿te das cuenta de que, si estás con Carlitos, vas a tener que dividir las ganancias con él?". Como puede verse, ya en el proyecto de sociedad con Carlitos estaba presente la necesidad de dividir las ganancias, de modo que el escopuloquio enunciado presenta una objeción que es anterior a cualquier proyecto con Carlitos. ¡Y es obvio que, si decidimos emprender un proyecto con Carlitos, ya habíamos evaluado que dividiríamos las ganancias!

Es conveniente rodearse de personas que se entusiasmen con nuestros proyectos; que tengan una visión positiva de sus resultados y oportunidades; que nos inciten a llevarlos a cabo y que fantaseen con nosotros sobre los maravillosos destinos que se abrirán. Evitemos, entonces, a los temerosos, llorones e inmóviles; a quienes desde lugares cómodos y poco arriesgados nos advierten sobre peligros inverosímiles y retorcidos. El que tiene un proyecto no debe temerle a los peligros: solo debe temerle a quienes los subrayan con resaltador y los convierten en protagonistas de nuestra vida.

martes, 19 de junio de 2012

Conmorar

(Verbo transitivo. Del latín cum = con y moratio = demora, detención. Adjetivo: conmorativo. sustantivo: conmoración)

Solucionar un problema inmovilizando las partes que padecen el problema.

El ejemplo más intuitivo (y más inadecuado para el uso de este término) es el enyesado de los huesos cuando se quiebran. Sin embargo, para que se conmore, es necesario que la inmovilidad resulte inoperante y que en rigor no constituya una solución en absoluto, sino la demora de dicha solución mediante la estrategia de paralizar los elementos que la requieren.
Pongamos un ejemplo. Usted está cambiando los azulejos del baño y ha comprado unos de color celeste. Se da cuenta de que necesita comprar una o dos cajas más de azulejos para completar el trabajo. Sin embargo, en el local de venta de azulejos le dicen que sólo tienen de color negro, y que no son del tamaño que usted requiere. "La única solución es esperar tres meses hasta que lleguen los que usted necesita", dice el vendedor, utilizando la estrategia conmorativa: no hay una solución en absoluto; mas bien se le pide que abandone sus pretensiones y deje la tarea sin concluir. Esta misma situación nos puede ocurrir con otros hechos aun más desesperantes: una operación de urgencia que se posterga porque no hay hospital (y por la cual el médico nos dice que la "solución" es esperar); un juicio laboral que se demora por tiempo indefinido a causa de las vacaciones de los jueces, por el cual los abogados nos piden paciencia.

En todos estos casos, la única herramienta que se propone es el paso del tiempo. El afectado de la conmoración no sabe siquiera si ese tiempo le otorgará la posibilidad de avanzar hacia su objetivo o si, por el contrario, el proceso se paralizará de manera definitiva. No tiene más remedio que abandonar cualquier expectativa y dedicar su tiempo a otros menesteres.

Es importante destacar que la conmoración se propone como una solución. Quien nos dice "espere por tiempo indefinido sin avanzar un ápice en su objetivo", cree (o finge creer) que ese enunciado es una forma de resolver el problema, cuando en verdad ni siquiera se han logrado las condiciones mínimas para enfrentarlo. 



jueves, 14 de junio de 2012

Pragmafanía

(Sustantivo. Del griego prágma = objeto, cosa y pháino = manifestarse. Puede utilizarse también pratofanía)

Revelación en la cual, en lugar de aparecerse una entidad sobrenatural, aparece un objeto o artefacto cotidiano. 

Mientras la hierofanía es la manifestación de lo sagrado, la pragmafanía es la manifestación de lo banal o lo intrascendente. Si usted ve una luz en el cielo nublado acompañada de estruendo y, entre las nubes asoma un paquete de galletitas o un reproductor de DVD (en vez de la esperada deidad); si después de días de ayuno, encierro, meditación, oración y soledad siente una honda presencia espiritual que luego se manifiesta en forma de cafetera, o de inodoro, o de botella plástica vacía, ha sufrido una pragmafanía.

sábado, 9 de junio de 2012

Transplanear

(Palabra y definición enviadas por  José Gabriel Benítez)

(de lat. trans = a través de" y planus = nivel") 

Acto de pasar de un plano cósmico a otro, sin estar en el plano destinado aún.

El Universo es infinito y tiene infinitas posibilidades. Todas las opciones co-existen, al parecer, en éste instante presente, que es la eternidad. Transplanear es irse de una dimensión de posibilidades, a otra dimensión de posibilidades.
Cuentan los ocultistas que entre el estado de vigilia y el sueño existe un estado transitorio llamado "alfa" en el que uno puede levantarse de la cama y vagar por el Universo en el mundo de los sueños pero con la consciencia de alguien despierto. Aunque hay otras maneras de transplanear, por ejemplo, haciendo arte o apreciándolo. El ensueño imaginativo de un niño podría considerarse un transplaneo, ya que estando físicamente en el plano material, su mente se encuentra en sus propias fantasías, que son reales en su mente, claro.

jueves, 7 de junio de 2012

Malaconchado

(Adjetivo. De mal y aconchado. Puede usarse también malconchado)

1. Dícese de la persona que mantiene relaciones con una mujer que no le conviene. "Javier se casó con la Peluda. Esa mina no era para él; quedó malaconchado"

2. Dícese de la persona que no puede encontrar satisfacción sexual con su pareja femenina. "Carola no quiere tener sexo con Raúl, su marido. Por eso él anda cabareteando, porque está malaconchado"

3. Como verbo (malaconcharse), se utiliza para referirse a la acción de enamorarse o al intento de cortejo de una mujer indiferente, caprichosa, frívola y / o malvada. "No te malaconches con Carina; es lo peor que puede pasarte"

miércoles, 6 de junio de 2012

Falicálido

 (Del latín fallax = impostor, falso, hipócrita y callidus = astuto)

Persona a la que se considera inteligente aun cuando jamás ha demostrado serlo.

A veces estamos seguros de que un amigo es muy perspicaz, astuto y avispado. Pero continuamente escuchamos (y a veces corroboramos) de él historias como estas: "Roberto es un tipo muy inteligente; qué raro que haya desaprobado el examen elemental de álgebra (siendo que él es profesor de álgebra)"; "Mirá vos, Roberto se agarró a trompadas con el ferretero porque la caja de clavos traía noventa y nueve, no cien. Él, que es tan inteligente, tomando esas actitudes". "A Roberto lo engañó su mujer durante veinte años; incluso encontró a su amante desnudo en el lavadero, pero creyó que era el plomero. Qué raro, cómo cayó Roberto, y eso que es un tipo inteligente". "A Roberto le dijeron que había ganado un concurso de belleza, pero para darle el premio le pedían quinientos dólares, y él los pagó. Increíble, alguien inteligente como el Rober, lo agarran en esa"; "Roberto perdió un partido de truco y se puso a gritar que le hicieron trampa. Una persona tan inteligente, llorando porque el azar no lo favorece". "Mirá, Roberto, que es tan inteligente, sin embargo me manda estos mails en cadena con power points sobre gatitos"; "Qué raro, Roberto es inteligente, no sé cómo apoya al partido neonazi 'Los Judíos A La Hoguera'" La conclusión bastante palmaria debiera ser: Roberto no es inteligente, es un pobre estúpido. Sin embargo, tal vez por algún hecho afortunado de su pasado, o quizás porque su entorno lo ensalzó de manera incorrecta, todo el mundo concuerda en que Roberto tiene una gran lucidez y es prácticamente un superdotado. Ante cada acto de su vida, Roberto se comporta de modo torpe, irascible, violento y nocivo; pero alguna vez nos hizo creer que detrás de esa fachada biliosa hay alguien que "piensa distinto" o que "resuelve las cosas" de una manera inesperada y lateral: "Roberto, cuando sale de su casa, deja la puertaabierta de par en par, así los ladrones no entran porque piensan que hay alguien". "Él juega al ajedrez de otro modo, por eso pierde; pero está tratando de imponer su nueva técnica". "Dejó de estudiar pintura porque está más allá de eso; estuvo tratando de inventar una nueva vanguardia artística hasta que, harto de no ser reconocido, quemó los caballetes y se hizo camionero. ¡Pero no sabés qué camionero! El tipo está diseñando una nueva manera de andar por las rutas manejando con el pensamiento. Y sí, ya chocó varias veces, pero sigue intentando. Es un genio"

Los falicálidos están en todas partes. Aunque la mayoría de las veces son repudiables, sin embargo hay que concederles un gran mérito: no es fácil, para un estúpido, andar por el mundo haciendo creer a los demás que se es un genio. De hecho, solo por ese logro debemos suponer que no es tan estúpido como parece.


martes, 5 de junio de 2012

Edímera

(Sustantivo femenino y adjetivo. Del griego a = negación; éidos = forma y hémera = día)

Día sin forma. 

Mientras la hemeromorfia es la estructura que posee un día de la semana (la hemeromorfia del lunes es muy diferente a la del domingo), la edímera es un día que escapa a cualquier estructuración y que transcurre sin que las horas se marquen de un modo contundente y preciso. En las edímeras solemos sentir que estamos en la mañana, cuando ya son las cinco de la tarde. O nos parece que es la hora de acostarse y sin embargo apenas está atardeciendo. Por lo general, nos acompaña todo el día el mismo estado de ánimo: las lagañas, los bostezos y la sensación obnubilada y torpe del ayuno se prolongan hasta el anochecer como si recién nos hubiésemos levantado. El día sin forma tiene sus ejes corridos; la luz del sol (o su ausencia) nos desorienta y los relojes marcan confundidos una hora que no se condice con nuestro somnoliento tiempo interior.

Las edímeras son, casi siempre, necrómeros.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Codividuo

(Sustantivo. Del latín cum = con  y divideo = dividir)

Individuo que sólo surge cuando hay muchos individuos. 

¿Conoce usted a Carlitos? Carlitos estuvo en la reunión de ayer, cuando Roberto, Martina, Ariel, José y Joel se juntaron a cenar. También estuvo hace dos semanas, cuando Rebeca, Carolina, Ariel, Roberto y Jorge fueron a la fiesta de Miranda. Usted sí conoce a Carlitos: está presente en casi todas las reuniones. Pero nunca se va de ellas; nunca lo ve en otra circunstancia; no sabe de su vida, ni de sus padeceres, ni de su familia. Carlitos es un codividuo: una especie de entidad que surge de la conjunción de muchas entidades. Él no tiene una existencia independiente. Sale en las fotos grupales, pero no se le conocen fotos en solitario. No tiene domicilio, ni pareja. Su vida se limita a un ecosistema muy preciso: la conjunción de seis o siete amigos, pizzas, cerveza y sábado a la noche. O diez compañeros de trabajo, una fotocopiadora, tres oficinas y días hábiles. O una cancha de fútbol, tres árboles, diez gorriones y un niño que patea solo al arco. El codividuo simplemente se diluye cuando los individuos y el entorno que lo conforman se separan.

¿Le ha pasado alguna vez que, al examinar una foto grupal, encuentre en ella alguna persona que no estaba presente? Siempre, en las instantáneas multitudinarias, sale más gente de la que hay. Esos tránsfugas que roban píxeles en las cámaras son codividuos, tenues entidades que buscan inmortalizar su vacilante existencia mediante la argucia de confundirse entre individuos autónomos.

¿Tiene usted la certeza de no ser un codividuo? ¿En qué funda esa certeza?


martes, 29 de mayo de 2012

Agonopsia

(Sustantivo. Del griego agonízestai = luchar y ópsis = vista)

Arte de observar a personas y animales que están muriendo.

Mientras la necropsia es la observación de los cadáveres, la agonopsia es la observación de personas en estado de agonía, de todo el proceso que desemboca en la muerte. Puede tener varias finalidades: a veces, simplemente el acompañamiento de la persona o el animal enfermos. Otras veces, puede ser parte de una investigación médica o científica. En raros casos, podría referirse al placer morboso o estético del proceso fatal. Si grupos de personas se congregan alrededor de un enfermo terminal en su última agonía, por la sola curiosidad de saber qué expresión tiene un muerto reciente, un muerto al que se lo vio luchar con la muerte, estaríamos ante un caso de agonopsia morbosa o estética.

La agonopsia no sólo se aplica a la observación de enfermos. El espectáculo de un ahorcamiento o una ejecución en la silla eléctrica también son casos de agonopsia, siempre y cuando haya algún instante de agonía entre la puesta en marcha de la ejecución y el momento de la muerte. Si la muerte sólo se da de un momento para el otro, sin mediar un sufrimiento observable, el término 'agonopsia' no puede en rigor utilizarse.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Anenómiso

(Adjetivo. Del griego a = partícula negativa; oinós = vino y methuo = embriagarse, estar bebido)

1. Dícese de quien puede emborracharse espontáneamente, sin haber bebido. 

2. Dícese de quien puede inducirse de modo voluntario un estado de alucinación similar al que se obtiene a través de drogas. 

3. Dícese de quien se comporta como embriagado o drogado porque cree que ha bebido alcohol o ha tomado drogas.

En las dos primeras acepciones, el anenómiso arrastra la lengua para hablar, se abraza a sus amigos, tiene la vista nublada, el andar torpe y llora entre hipos cortados. O bien intenta atrapar inexistentes mariposas que lo sobrevuelan, o ve su entorno de colores y formas extrañas: los rostros, como si tuvieran máscaras blancas; las paredes como si tuvieran una leve fosforescencia; el perro, como si fuese un demonio enrojecido, cornudo y llameante. Pero no necesita alcohol ni drogas para lograr estos efectos: simplemente, desea que ocurran. A partir de ese deseo, su cuerpo y su mente se comportan tal como lo haría quien de hecho consumió alucinógenos y / o alcohol.
En la tercera acepción, al anenómiso se lo ha engañado. Le dieron un cigarrillo común, y él creyó que fumaba marihuana. Le dieron jugo de manzana en lugar de sidra. Como él está convencido de que ha fumado o bebido bastante, empieza a mostrar los mismos síntomas que en los ejemplos anteriores. Su propia sugestión, mas un entorno favorable, mas la certeza de que la embriaguez es una consecuencia necesaria de haber fumado o bebido, lo llevan a alucinar, a reírse como un demente o a desnudarse en medio de la calle y gritarle insultos entrecortados a la policía.