(Adj. Del latín plumbeus = de plomo y nuntiator = anunciador)Persona que anuncia muchas veces una cosa antes de hacerla.
El pluncio cuando está de visita dice: "Bueno, me voy a mi casa", pero hasta el momento en que efectivamente se retira pueden pasar dos o tres horas. En el transcurso de esas horas, repetirá con matices el anuncio inicial: "Uy, mirá qué hora es", "Ahora sí, ahora sí me voy", "Me despido", "Ya me estoy yendo".
A veces el pluncio especula con la respuesta de sus interlocutores. Cuando dice "Me voy a poner a estudiar", en realidad espera que le digan "Esperá un poco, no estudies tanto". Por eso repite la frase varias veces: para darle la chance al otro de que le diga exactamente las palabras que quiere oir.
Los pluncios más despreciables son aquellos que nos prometen algo que -supuestamente- siempre están a punto de hacer pero nunca hacen. "Esta tarde paso a arreglarte la cañería", dice un plomero pluncio todas y cada una de las tardes durante varios meses. "No pude hacerte esos papeles, me pongo a trabajar hoy mismo", dice el abogado que tramita nuestro juicio cada vez que lo llamamos.
Para que a alguien se lo pueda llamar pluncio es necesario que, finalmente y luego de muchas dilaciones, cumpla con lo que prometió. Si jamás cumple diremos que es un mentiroso.
Los pluncios son generadores de cronoclepsia.












































