martes, 29 de noviembre de 2011

Anangiómero

(Adjetivo y sustantivo. Del griego a = negación; angizzo = tocar y méra = parte) 

Dícese de la parte defectuosa de un sistema que no se desea examinar por temor a que ya no funcione. 

Cuando un sistema posee prodiasteria, es decir, cuando opera a pesar de evidentes signos de destrucción, a veces es mejor que no se lo intente arreglar. La computadora enciende aunque se quemó el ventilador, la placa de video está suelta en el interior del CPU y la memoria RAM fue orinada por un gato. Usted sabe que, si se le ocurriera mover o limpiar algo, quizás la máquina deje de funcionar para siempre.  Tal vez, si intenta limpiar la memoria RAM, de manera involuntaria contamine con orín la placa madre; si cambia el ventilador moverá la placa de video que está suelta y generará un coctel peligroso. Algunos sistemas se mantienen operativos precisamente porque no queremos arreglarlos: nuestra intervención sólo complicaría las cosas. Nuestro propio cuerpo es anangiómero en muchos sentidos: decidimos que la operación de juanetes o el arreglo de los dientes puede generar mayores problemas que este estado de dolor y mala masticación que padecemos.

Los anastolpios son típicos objetos anangiómeros.
La diferencia entre los anastolpios, los objetos con prodiasteria y los anangiómeros es que, en los dos primeros casos, los remiendos y arreglos son deseables y contribuyen a su (precario) funcionamiento. En cambio, en los anangiómeros la reparación pone en peligro la funcionalidad.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Encoleguizar (se)

(Verbo. De colega)

Considerarse colega de personas que saben más que uno, que tienen más experiencia o que poseen cargos de mayor jerarquía o de rangos diferentes.

Un alumno de profesorado rinde su última materia con un veterano profesor. Si en el momento en que aprueba ya se considera colega y par del docente, se dice que se encoleguizó. A pesar de que el título sea el mismo para ambos (uno lo obtuvo recién, y el otro treinta años antes) resulta chocante que el alumno recién examinado se ponga a la par del maestro o que, incluso, le hable como si fueran iguales. El encoleguizado cree que la similitud de título lo pone al mismo nivel que otra persona, y no duda en dar consejos o hacer comentarios cómplices: "Y, colega, vio usted lo poco que estudian los alumnos en este último tiempo"; "Yo le recomiendo que no  explique los teoremas en clase, colega; creo que usted es demasiado bueno".
En los ámbitos laborales hay encoleguización cuando existe asimetría jerárquica aunque el cargo posea un nombre similar: "El señor Conte es gerente general. Yo soy gerente del área Caramelos, así que somos colegas"; "Ella es presidenta de la nación, yo soy presidente de la subcomisión de la asociación colombófila; seguro que me va a escuchar porque somos colegas"

El término "encoleguizarse" tiene una cercanía semántica con "egreta". La diferencia es que el encoleguizado de hecho posee un título, mientras que el egreta se comporta como egresado cuando en realidad todavía no terminó su carrera.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Cumpleaños

EXONARIO CUMPLE CINCO AÑOS.

Mil trescientas palabras nuevas en el idioma español. 

Doscientas palabras hechas a partir de colaboraciones de lectores. 
 Hace cinco años publiqué la primera palabra de este blog: nosófobo. 

Dentro de poco, un libro. 


¡Salud!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Taquinicia

(Sustantivo. Del griego taxús = veloz y niké = victoria. Adjetivo: taquinítico)

Capacidad de lograr una victoria en el inicio del juego.

El boxeador taquinítico abate a su oponente en los primeros segundos del primer round. El ajedrecista taquinítico ejecuta un jaque mate con unas pocas movidas iniciales (El mate pastor es un ejemplo de táctica taquinítica). En el Mortal Kombat, Sub Zero derrota a Reptile con taquinicia con dos combos y un uppercut apenas iniciada la lucha.
La taquinicia se vale de un ataque sorpresivo y audaz en el instante en que el oponente apenas está elaborando sus estrategias. Si ese ataque falla y la victoria no se concreta, es posible que el oponente pueda recobrarse y ganar una ventaja decisiva.
En algunos juegos se realiza un pacto de no agresión por algún tiempo (táctica conocida como "no rush", es decir: "no arrasar de entrada") para que ambas partes puedan desplegar sus estrategias sin desgastarse repeliendo ataques repentinos, virulentos y sin cuartel.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Crepundiar

(Verbo intransitivo. Del latín crepundia = sonajero. Adjetivo: crepundioso o crepundoso)

Golpear arrítmicamente con los dedos una superficie sólida. 

Las personas ansiosas crepundian haciendo una "escalerita" sonora con sus dedos sobre el escritorio o la pared, como si estuvieran tocando un piano invisible que sólo hace un único molesto sonido. El crepundiar no tiene una intención semántica; es un efecto de descarga ante la ansiedad de una espera. Si ese mismo sonido se realiza para seguir el ritmo de una canción, ya no es un crepundiar: para que lo sea, es necesario que los golpecitos sean cortados, toscos, penetrantes y persistentes. Quienes escuchan al crepundoso comienzan a tener el mismo estado de crispación que él.
Puede denominarse crepundiar, también, al golpeteo que se hace con un objeto de uso manual, como un bolígrafo o una llave.
Se suele crepundiar cuando se está en una sala de espera durante mucho tiempo: cualquier situación en la que uno debe mantenerse quieto, tranquilo, inerte y sin tomar decisiones es buena para crepundiar.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cronoquiasma

(Sustantivo. Del griego chrónos = tiempo y xiásma = cruce en forma de x)

Cruce de dos vectores temporales paralelos. 

Existe una teoría pedestre acerca de los mundos paralelos: hay infinitos universos que transcurren en paralelo con el nuestro. Si los universos son cercanos, las diferencias entre ellos y el nuestro son mínimas. A medida que pensamos en un universo más alejado, las diferencias se van haciendo más notorias. Hasta donde conjeturamos, no se han presentado cruces entre estos universos paralelos.

Pero imagine que usted es lanzado a un mundo paralelo en el que (supongamos) el cielo es verde. Dialoga con sus conocidos y descubre que ellos se comportan de modo familiar, con la única diferencia de que ellos afirman que el cielo siempre fue verde. Usted se ha cruzado a un mundo paralelo cercano. Pero si a su vez, el habitante original de ese mundo-de-cielo-verde fue a parar al mundo que antes era de usted (al "mundo-de-cielo-azul"), se han dado dos cruces entre un tiempo paralelo y se ha generado un cronoquiasma. La persona del "mundo de cielo verde" ahora vive en el "mundo de cielo azul". Ambos (el usted del mundo de cielo azul y el usted del mundo de cielo verde) se han cruzado en sus respectivos mundos paralelos y ahora no les queda más remedio que vivir en esos respectivos nuevos mundos.
Es esperable que un nuevo cronoquiasma los restaure a sus mundos originales, pero eso es improbable: hay tantos mundos paralelos que quizás un nuevo cruce temporal sólo los envíe a mundos cada vez más lejanos.
Existe una noción de cronoquiasma aun más compleja: una misma persona se desdobla en dos o tres mundos paralelos, como si su yo se subdividiera para existir en simultáneo en varios mundos paralelos a la vez. Esta noción trae complicaciones metafísicas: ¿qué diferencia a un yo-desdoblado-de-mí- mismo y a un yo de un mundo paralelo que no es producto de un desdoble? La pregunta es casi imposible de formular y en rigor está conectada con el problema de la identidad a través de mundos posibles: El Jorge Mux de un mundo paralelo, ¿soy yo? ¿O es otro Jorge Mux? ¿Qué cuenta como criterio de identidad interuniversal? ¿Cuántos de los Jorges Muxes de mundos paralelos son yo, y cuántos no son yo? ¿En cuántos mundos paralelos Jorge Mux no es un ser humano, sino una cafetera?

(La palabra "mundo" no significa "planeta"; en el sentido aquí usado es sinónima de "universo")

martes, 8 de noviembre de 2011

Equipendio

(Sustantivo. Del latín aequus = igual y pendere = colgar)

Punto de equilibrio entre la subestimación y la sobreestimación. 

¿Cómo sé si la charla que di frente a alumnos ingresantes fue clara e inteligible? ¿Cómo sé si no resultó demasiado infantil, muy repetitiva o incluso ofensivamente básica; o si mas bien fue inextricable, carente de ejemplos, exigente o para especialistas? ¿Les hablo acerca de cómo se acota el error relativo de un sistema de ecuaciones no lineales resuelto por el método de Newton Rawson, o mas bien les explico que dos mas dos es cuatro?

Estas y otras situaciones nos demandan que sopesemos con precisión nuestras acciones, pues cualquier corrimiento de ese punto de equilibrio produce una situación socialmente negativa. Cada escenario exige un equipendio diferente, de acuerdo a las personas con las que nos relacionemos. No hay manera de determinar de antemano el punto de equilibrio y muchas veces, en rigor, tampoco puede determinarse a posteriori.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mecanocosmia

(Sustantivo. Del griego eu = bueno; mechané = máquina y cósmos = orden. También puede usarse: eumecanocosmia. Adjetivo: mecanocósmico)

Sensación agradable que produce observar a una máquina funcionando correctamente. 

Un automóvil que se desplaza en silencio, sin chirridos ni frenazos bruscos; los engranajes de un reloj vistos al desnudo, cuyas ruedas, áncoras y resortes se mueven de manera cadenciosa y en equilibrio; un secarropas que gira sin desbalancearse ni golpetear. Da placer observar esos procesos puramente mecánicos que se desarrollan en armonía, de forma ordenada, sin quejas, rechinares o resistencias. La mayoría de los artefactos nuevos son mecanocósmicos. A medida que el objeto va envejeciendo, puede pasar por diversos anastolpios hasta volverse ergonófago; puede sufrir mecanomas y prodiasteria, hasta convertirse en un mecanismo coprokinético y volverse, finalmente, un ronodetro.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ibuprofeta / Ibuprofecía

(De ibuprofeno y profeta / profecía)

Ibuprofeta: Adjetivo.

1. Dícese de quien adquiere habilidades proféticas tras ingerir una medicación leve. 

2. Dícese de quien adquiere una habilidad profética poco predictiva y de corto alcance, presuntamente producto de una medicación mal administrada. El ibuprofeta tiene clarividencias como las siguientes: "Esta tarde te tropezarás con una piedra y en verdad os digo, no te caerás pero te asustarás un poquito"; "Veo venir en tu futuro que irás al kiosco a comprarte un alfajor"; "Siento en mi alma que pronto tu destino cambiará e irás al baño a orinar". Quienes rodean al ibuprofeta lamentan que ese especial estado de vaticinador se malgaste en predicciones tan poco sustanciosas.


Ibuprofecía: Sustantivo. Estado místico profético inducido por un medicamento casi inocuo.

En rigor, un ibuprofeta puede entrar en ibuprofecía casi con cualquier estimulante: un café, un mate, un plato de fideos o la propia dopamina de su cerebro.

jueves, 27 de octubre de 2011

Demenficio

(Sustantivo. Del latín de = sobre, con matiz de movimiento descendente; mens = mente y factum = hecho)

Falacia que consiste en calificar una acción según las intenciones o el estado mental de quien las efectúa. 

Dado que la definición es un tanto compleja, la ilustraremos con ejemplos.
De las personas sólo tenemos sus palabras y sus hechos; los estados mentales ajenos (y muchas veces incluso los propios) nos resultan inescrutables. Si Juan dona todos los días, espontánea y puntualmente una caja de alimentos a un comedor, podemos calificar la acción como buena. Sin embargo, cometeremos la falacia del demenficio si decimos: "Juan no tiene buenas intenciones; por lo tanto, esta acción no es sincera y es una mala acción. Que Juan lleve alimento a los pobres es siempre malo". Como puede apreciarse en este ejemplo, la (supuesta) calidad ética de las intenciones del individuo que realiza la acción se convierte en la base para juzgar la acción. De ese modo, una misma acción podrá ser buena o mala, según la (supuesta) bondad o maldad de las intenciones del agente. Este modo de evaluar las conductas humanas soslaya el hecho de que, independientemente de las intenciones, hay hechos que de por sí son positivos o negativos; supone que una persona a quien a priori juzgamos como mala o interesada, jamás hará una acción buena o desintersada: aun si la hiciera, habrá de tener algún interés oculto. Si se juzga a priori una imposibilidad, no existirá ningún hecho que la contradiga, pues aun las acciones buenas serán interpretadas como emanadas de una mente perversa y malintencionada.
 
En política es muy común la aplicación de esta falacia. Se escuchan afirmaciones como esta:
-"La ley del matrimonio igualitario no es buena, porque todo lo que ha hecho la presidenta fue para obtener más poder y más dinero"
- "La política de derechos humanos es una pantalla; se han juzgado y encarcelado a genocidas de la dictadura, pero la intención de este gobierno es puramente pragmática y por lo tanto no nace de una convicción profunda"
- "Aun cuando algunas medidas favorecen a las personas de clases bajas, el gobierno tiene la intención de perjudicarlas a través de esas mismas medidas. Si bien apoyamos que se que les otorgue subsidios, esos subsidios no se dan por el bien de ellos, sino por el bien de quien los otorga"

Las acciones humanas pueden tener objetivos sumamente complejos y tortuosos. Eso, sin embargo, no le quita eficacia al producto de la acción. Si una medida malintencionada tiene resultados ampliamente positivos que se difunden a través de diversos estratos sociales y a través del tiempo, la mala intención de quien propone esa medida queda diluida; es un fenómeno mental inoperante encerrado dentro de una subjetividad subyugada por el alcance de sus actos.

Dos personas que hicieran exactamente lo mismo deberían ser juzgadas, según esta falacia, no por sus acciones sino por su (supuesta) vida mental e intenciones: "Marta y Josefina atienden al público con una dedicación increíble. Todos los clientes se van satisfechos. Sin embargo, Marta lo hace porque quiere ganar dinero para mantener a su familia; su acción no es genuina y por lo tanto es despreciable. Josefina, en cambio, es un amor; ella no se preocupa por el dinero y aun así atiende de maravillas. De hecho no le pagamos, ¡y vieras con qué entusiasmo viene igual a trabajar!"

Esta falacia se utiliza para achacarle a otro una vida mental puramente plana y lineal. "Juan hizo X porque, como siempre, sólo piensa en sexo". Si se explica la vida mental de Juan a través de un único objetivo común a todas sus acciones, es seguro que se está dando una imagen caricaturesca y empobrecida de sus propias conductas internas. De un sujeto que sólo piensa en un único objetivo (el sexo, las vacaciones, el descanso, el dinero) es fácil concluir que sus acciones son egoístas o malvadas. El problema con esta clase de interpretaciones es que, excepto en las malas telenovelas, las personas suelen tener una vida mental rica y llena de intereses diversos. Ocasionalmente, uno de esos intereses es el de realizar una buena acción sin obtener recompensa ni reconocimiento.  

miércoles, 26 de octubre de 2011

Porontología

(Sustantivo. Del griego póros = espacio vacío; ontós = ser y lógos = estudio)

Estudio filosófico de lo no existente. 

La porontología es una rama de la ontología. Mientras esta última estudia las determinaciones del ser, la primera estudiaría aquello que no tiene propiedades de ningún tipo y que en rigor no puede ser estudiado. Sus ramas son la cenología (estudio del vacío; del griego kénon = vacío), la anoumenología (estudio de lo que no se puede pensar, del griego noumenós = ente pensable), la ulogía (el estudio del no; del griego ou = no) y la acronotopología (estudio de lo que no puede acontecer en tiempo ni en espacio; del griego chrónos = tiempo y tópos = espacio). La herramienta principal de estos estudios es el alogigrama (un gráfico de símbolos que no pueden expresarse, que están ausentes en el gráfico y que por lo tanto no conforman un gráfico sino su ausencia; del griego a = negación; lógos = estudio, habla y grámma = esquema).

Si la ontología ha sido considerada una falsa disciplina, un estudio imposible de entidades inexistentes, una monumental pérdida de tiempo pergeñada por personas que no poseen auténticos problemas vitales, la porontología es la exacerbación de estas características. Sus cultivadores, cuando pueden dejar de lado la concentración en los problemas porontológicos y se atreven a utilizar el lenguaje para comunicar sus conclusiones, dicen abiertamente al mundo: "He estado pensando en nada"

lunes, 24 de octubre de 2011

Calarratas

(Adjetivo. De calar y ratas. También puede utilizarse catarratas)

Dícese de quien presume de una especial capacidad para detectar a personas estafadoras o nocivas. 

El calarratas a veces se justifica en una vaga corazonada o en su intuición, a la que califica de "infalible" para esos casos. "El tipo tiene los dientes separados y se ríe con la cabeza hacia atrás, como si estuviera tomándote el pelo. Seguro que te quiere cagar, cuidado". "A mí la intuición no me falla: si Andrés me cae mal, es porque hizo algo malo o porque lo está pensando. No me equivoco nunca". Admirador de la frase "La primera impresión es la que cuenta", el calarratas advierte a los demás de su impresión negativa y no admite ulteriores rectificaciones. Cree que su intuitiva reacción de rechazo es suficiente para concluir que alguien tiene una naturaleza maligna o perversa.
La mayoría de las veces el calarratas es un vulgar prejuicioso: considera malvado a todo aquel que se presente despeinado, con sudor, en actitud nerviosa y con dicción poco clara. La ausencia de "buena presencia" es un indicio suficiente para advertir acerca de la posible consecución de un delito.

jueves, 20 de octubre de 2011

Pornereticia

(Sustantivo. Del griego porné = prostituta; ne = no y erethizo = excitar, estimular) 

Tipo de pornografía que no pretende la excitación sexual.

Parece un contrasentido, puesto que el objetivo principal de la pornografía suele ser la exaltación del deseo sexual. Las recreaciones inverosímiles suelen explicitar ciertas fantasías recurrentes y pedestres: la mucama que desea complacer al hijo adolescente de sus empleadores; el técnico electricista musculoso que va a arreglar un desperfecto en el televisor al departamento donde dos jóvenes solteras lo reciben en paños menores o la alumna que es capaz de comerciar sexo por buenas notas. En todos estos casos, la dramatización es burda y sin profundidad, y desemboca sin muchas vueltas en una orgía sexual prolongada e incontenible.
Sin embargo, existen videos y películas que se focalizan en el humor o el morbo: aun cuando muestran sexo o desnudos, su objetivo (a veces involuntario) es mas bien divertir o escandalizar o, en todo caso, proponer una secuencia narrativa en la cual la excitación pasa a segundo plano. Ocurre cuando una pareja se ríe por un chiste mientras tiene sexo, o cuando uno de los protagonistas tiene una deformidad que la cámara resalta repetidas veces (en desmedro del acto sexual en sí), o, incluso, cuando la pareja mira a la cámara y hace gestos cómplices al público en lugar de mostrar su goce. En todos estos casos, la consecuencia es un inmediato descenso del deseo sexual; queda en evidencia que para los actores (y para el camarógrafo) ese acto de pareja es apenas una pose, una especie de rutina actoral aprendida e ipso facto contribuyen a disminuir el clima orgásmico.  

lunes, 17 de octubre de 2011

Ensocratilar

(Verbo intransitivo. De Sócrates y Cratilo, participantes del diálogo "Cratilo o Acerca de la precisión de los nombres"  de Platón, en el cual Sócrates especula sin fundamento acerca de etimologías de palabras griegas)

Aventurar sin certezas la etimología de un término basándose sólo en semejanzas fonéticas.

A veces nos parece que el origen de una palabra es transparente, y nos vanagloriamos de encontrar valiosas conexiones etimológicas. "Indigente" parece provenir de "in" y "digerere", y tiene sentido, porque el "indigente" es, en nuestra especulación, "el que no digiere", presuntamente porque no tiene comida.  Lo mismo ocurre con la palabra "adolescente": parece que el adolescente es "el que adolece", el que carece de la madurez necesaria. En ambos casos habremos cometido serios errores; "indigente" proviene de "indigeo" que significa "estar necesitado"; y "adolescente" es el participio de presente del verbo "adolesco", que significa "crecer".
El término "ensocratilar", sin embargo, cobra su sentido cuando la supuesta etimología se vuelve demasiado fantasiosa, rebuscada e inverosímil. Por ejemplo: "Hedonista: que tiene mal olor -hiede-"; "Corroborar: de correr, robar y borrar"; "Pantalón: del griego pas = todo y talón: el pantalón es lo que cubre todo el talón")

Estas aventuras erróneas son siempre una tentación; pueden ser hasta cierto punto disculpables en un latinista amateur pero no en profesionales, y mucho menos en especialistas del lenguaje. Es deseable que un científico conozca el origen de los términos relacionados más directamente con su profesión pero, si no los conoce, resulta bochornoso que se ponga a ensocratilar sobre la marcha: "Voy a hablar de los átomos. Átomo: del latín 'ato', que significa 'atar', y 'tomo', 'tomar'. O sea, un átomo es lo que se ata con un tomo".

viernes, 14 de octubre de 2011

Bulamnesis

(Sustantivo. Del griego boulé = voluntad; a = negación y mnéme = memoria)

Olvido voluntario.

Existen dos situaciones para las cuales la actividad consciente es inútil e incluso perjudicial: el sueño y el olvido. Piense con toda su atención en dormirse ahora mismo u olvidar el nombre de un pariente muy cercano: cuanto más esfuerzo consciente invierta en ello, más lejos estará de alcanzar su objetivo. El olvido voluntario tiende a malograrse por la conciencia del objeto que se pretende olvidar.
Sin embargo, si usted desarrolla una técnica eficaz para olvidar lo que desea (y no otra cosa, y no de manera aleatoria), habrá alcanzado la bulamnesis. El olvido voluntario es muy útil cuando se ve por segunda vez una película, se lee por segunda vez un libro o se escucha un mismo chiste una y otra vez: desearíamos olvidar el desenlace y la trama, para sorprendernos una vez más. Olvidar a la persona amada para enamorarse (o decepcionarse) cada vez que aparece es, también, una experiencia interesante.

Aunque existen estudios acerca del olvido voluntario, este fenómeno parece confundirse con el del olvido selectivo. Mientras un olvido voluntario obedece a la decisión consciente de olvidar algo, el olvido selectivo puede operar de manera inconsciente, aun contra la voluntad del olvidador.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Estenofrenia

(Sustantivo. Del griego sténos = fuerza y froné = mente)

Sensación de que se está haciendo "fuerza" con la mente para que ocurra algo.

Intente doblar una cuchara con la mente. Concéntrese en ella y mírela fijo durante dos o tres minutos. Es probable que con el correr de los segundos comience a contraer los músculos de su cabeza; quizás abra mucho los ojos, diga mentalmente algunas palabras (algo así como "movete", "doblate", "yo puedo" o similares), contraiga el esfínter o parpadeé varias veces. Todo ese esfuerzo probadamente inútil es la estenofrenia. Si la cuchara no se dobla, nos dirán que no nos concentramos lo suficiente, que no pudimos focalizar la "energía mental" o que todavía no ascendimos al nivel del aura violeta de la era de acuario. Sin embargo, la estenofrenia no es más que una proyección intencional desviada: hacemos como si ciertos objetos (una cuchara, por ejemplo) fueran parte de nuestro cuerpo y pretendemos moverlos tal como moveríamos los brazos. Pero la cuchara se mantiene muda, inmóvil e indomable, lejos del poder de nuestras fuerzas psíquicas.
Desde luego, aplicamos muchas veces este ritual y no sólo con intenciones paranormales. Sentimos la misma tensión cuando el delantero lleva la pelota y parece que va a marcar un gol: predecimos la trayectoria de sus pies; nos parece que nuestra tensión mental lo provee de energía para patear al arco sin error. Nos creemos que, por un momento, somos sus movimientos. Un instante después nos vemos defraudados cuando yerra el tiro o demora el momento de patear: ¡Por qué no hizo nuestra voluntad! ¡Por qué no siguió las órdenes que le di a su cuerpo!
También ocurre cuando vemos a un perro que cruza la calle entre muchos automóviles. Aparece la estenofrenia mientras lo miramos esquivar malamente los coches. Pretendemos añadirle nuestra capacidad para mirar a los costados; en silencio le pedimos que retroceda hasta que cambie el semáforo: ¡Parece tan sencillo!, ¡si tan solo el perro pudiera escuchar nuestra advertencia mental y esperar unos segundos a que pase esa camioneta! Cuando el perro es arrollado advertimos una vez más que no tenemos el menor poder mental sobre los sucesos del universo.

Si la cuchara se dobla, el jugador patea en el momento en que le indicamos y el perro retrocede y si, en los tres casos, corroboramos que los sucesos ocurrieron por nuestra voluntad, en rigor no podemos hablar de estenofrenia: para que el término tenga aplicación, el esfuerzo debe ser inútil. Cualquier éxito probado en la "transmisión de voluntad a distancia" a un objeto, persona o ser, ya pasa al historial paranormal y sin duda merece otro nombre.

Estenofrenia es también la fuerza que hace una persona afectada de algún tipo de parálisis cuando intenta mover alguna parte de su cuerpo que no puede responderle.

martes, 11 de octubre de 2011

Mirinvenio

(Sustantivo. Del latín miraculum = milagro e invenio = descubrir, encontrar. Adjetivo: mirinvénico)

Tendencia a encontrar milagros donde sólo hay probabilidad.

Un milagro es un hecho puntual que contraviene a leyes físicas bien establecidas. El milagro es, por ello, una suspensión del curso natural de las cosas y la irrupción de un suceso nomológicamente imposible. Contarían como milagros la resurrección de una persona después de haber estado muerta durante mucho tiempo, la reconstrucción espontánea e inmediata de un edificio destruido o la aparición ex nihilo de un plato de comida frente a los ojos de un hambriento. Los ejemplos aducidos, sin embargo, pueden ser engañosos. Una sociedad que desconoce la electricidad puede creer que las bombillas se encienden por milagro. Alguien que desconociera una novedosa técnica de reconstrucción de edificios podría pensar que el inmueble se levantó de manera espontánea. En este aspecto, sigue vigente una de las leyes de Arthur Clarke: una tecnología perfectamente avanzada no puede distinguirse de la magia.  ¿Cómo sabemos si la resurrección de una persona obedece a un designio milagroso, o a la aplicación de una ciencia extraterrestre sumamente avanzada y desconocida?

Debe quedar claro, de todos modos, que los milagros requieren de una suspensión de las leyes de la naturaleza. Si quedan resquicios de probabilidad para que un determinado hecho ocurra, entonces no se trató de un milagro. Sin embargo, hay una enorme tendencia a creer que ciertos hechos altamente improbables (y a veces no tan "altamente") son, lisa y llanamente, milagros. Curarse de una enfermedad, conseguir empleo, comprar una casa a buen precio, presenciar una estrella fugaz, tener un hijo sano o encontrar el gusto de helado que queríamos no son milagros; sin embargo a veces se nos pide que aceptemos cada cosa buena que nos ocurre como si fuese una dádiva divina especial; como si Dios hubiese hecho una excepción con nuestro caso: "¿No es un milagro que hayas vuelto a encontrar en la calle el aro de plata que habías perdido?", nos preguntan las tías solteronas mirinvénicas. Por lo general, quien padece de mirinvenio no está dispuesto a escuchar los argumentos probabilistas, y suele tratarse de personas que tienen escaso o nulo conocimiento de los detalles de la supuesta noticia milagrosa.

Es interesante observar que la mayoría de los hechos que se suelen considerar milagrosos tienen que ver con la salud de las personas: Juan estaba muy enfermo, los médicos diagnosticaron un mes de vida y sin embargo se curó. He ahí un milagro. Sin embargo, si uno escarba en la historia real del suceso, resultó ser que sólo uno de los diez médicos vistos dio un pronóstico negativo; o incluso sólo se dijo que la muerte era una posibilidad a enfrentar que no tenía por qué darse. Desde luego, una vez que la persona está curada, el mirinvénico cuenta la historia de la manera más pintoresca que se le ocurre.

viernes, 7 de octubre de 2011

Maleplácito

(Sustantivo. Del latín male = mal y placitus = deseado, querido)

Si el beneplácito es, según la real academia, una aprobación o permiso, el maleplácito habrá de ser lo contrario. Sin embargo, existe una interpretación menos literal de este término.
El maleplácito es una concesión que se realiza con mala intención o en los límites de lo deseado.
Un miembro de jurado que firma la aprobación de un examen aunque no está convencido de las aptitudes del examinado, se puede decir que ha firmado con maleplácito. Literalmente, no ha "deseado mal" a su examinado, pero íntimamente no puede dar fe de aquello que aprueba en los papeles. Su firma no avala su verdadera voluntad. Esta disparidad entre el juicio y la acción efectiva es el maleplácito.
Lo mismo ocurriría con alguien que se casara sin desearlo o, incluso, con la firme voluntad de perjudicar a su pareja.

Hay una diferencia entre el maleplácito y la disconformidad. Es costumbre que, en algunos casos, quien firma agregue explícitamente la cláusula "firmo en disconformidad". Quien realiza un maleplácito nunca desea explicitar su disconformidad, y en el fondo no puede decirse que esté disconforme porque su aval implica necesariamente una conformidad. Este caso, maleplácito es sinónimo de "de mala gana". En cambio, si tomamos la acepción según la cual la concesión se realiza sólo para perjudicar a quien se le otorga tal concesión, ahí no hay disconformidad sino mala intención.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Imbestiagar

(Verbo transitivo. De investigar y bestia. Adjetivo: imbestiagador)

1. Investigar algo de manera apresurada.

2. Considerar como suficiente el saber obtenido en los dos primeros párrafos o la contratapa de un libro. "El resto del libro es el desarrollo de esos dos párrafos", dice el imbestiagador, autoeximiéndose de leerlo completo.

3. Dar por cierto el primer resultado en Google que confirme una hipótesis dudosa. En las discusiones acaloradas, suele ocurrir que alguien termine aceptando una posición difícil de sostener, y que para ello recurra al dudoso expediente de "leí artículos en internet que hablan de esto". Por ejemplo, si usted -por esos azares de la discusión- se ve obligado a sostener que "los franceses sordos cometen incesto", encontrará algunos resultados que pueden servirle como punto de apoyo a ese disparate. Haga la prueba.

4. Sacar conclusiones rápidas y apresuradas a partir de un único hecho dudoso del que no se ha hecho una investigación suficiente. Los periodistas se especializan en este tipo de imbestiagación: "Miren cómo explotaron esas casas. Seguro que cayó un meteorito, no hay la menor duda"

5. Buscar de manera sistemática información para avalar los propios prejuicios de clase. "Los pobres, los negros y los bolivianos son más propensos a la pederastia, al robo y al alcohol. Después de buscar durante muchas décadas, encontré finalmente dos capítulos de libros que avalan mi posición"

6. Sentirse experto sobre algún tema por haberlo leído en Wikipedia.

7. Acceder a manuales básicos en los que se explica sin profundidad y con ejemplos cotidianos una multitud de hechos complejos sólo asequibles a quienes conocen mucha matemática y física. "Por fin entendí la mecánica cuántica. Resulta que es como un montón de tuerquitas que van de acá para allá y así van creando las cosas en el universo". Es sumamente ilustrativo (y gracioso) el texto de Esteban Podeti al respecto de esta clase de imbestiagación.

8. Pretender acceso a un saber complejo a partir de una metodología errática, torpe y poco sistemática, como hacer un doctorado en química en los momentos libres que permitan la borrachera, las fiestas y el baile hula hula; o pretender dividir una célula con un hacha.

martes, 4 de octubre de 2011

Misonusergia

(Sustantivo. Del griego misos = odio, nous = mente y ergon = trabajo. Adjetivo: misonusérgico)

Desprecio por el trabajo intelectual.

Quienes se dedican a tareas que implican lectura de libros, redacción de textos, investigación científica, creación artística y docencia se enfrentan muchas veces con el juicio de los otros, para quienes esas actividades no significan un trabajo. "No vayas a la escuela hoy, parece que hay picos y palas. No sea cosa que te pongan a trabajar", dice un cínico misonusérgico. Según su hipótesis, si no se puede visualizar un producto material, sólido, inmediato y ostensible, no se estuvo trabajando. Horas de escritura frente a una computadora son un simple pasatiempo; no se puede comparar con la labor de un cocinero o un albañil: un plato de comida o una pared califican mejor como productos del esfuerzo laboral que el ordenamiento de unos pocos bits en un software, o la dudosa adquisición de conocimiento mediante un libro. "¿Estás cansado? ¿De qué? Si te pasaste el día frente a la computadora. ¡En cambio yo, trabajé todo el día embotellando soda en la distribuidora!", se queja un misonusérgico, creyendo que nadie puede cansarse por estar pensando o tipiando durante horas. Es famosa la misonusergia de un ministro de economía quien, ante el reclamo salarial de los científicos de su país, respondió: "vayan a lavar los platos", dando a entender que las tareas domésticas son un trabajo mucho más legítimo y meritorio que la investigación.
No debe confundirse la misonusergia con la crítica a la impostura intelectual. Existen muchos esnobs intelectuales, que fingen apego a ciertas actividades intelectuales con el solo propósito de escapar de tareas más comprometidas, o simplemente para impostar interés por el arte y la ciencia. Por culpa de ellos a veces el trabajo intelectual tiene muy mala fama.  Es muy difícil trazar la línea entre quienes realizan un trabajo intelectual auténtico y quienes lo hacen sólo por esnobismo.
Sin embargo no es necesario el esnobismo para desatar la misonusergia. Hay personas que se de dedican a investigar la aparición del término "ananke" en la poesía ditirámbica griega durante el siglo VI antes de Cristo o el cambio de pensamiento de Wittgenstein entre los años 1929 - 1936 en lo que respecta a la configuración lógica del mundo, o la tristeza que sintió el dios Urano al descubrir que uno de sus hijos lo iba a destronar. Quienes escuchan estas investigaciones pueden preguntarse: "¿Y para qué demonios sirve estudiar eso?". Es verdad que un trabajo intelectual demasiado puntual, específico y cuyo objeto es una palabra antigua, un proceso mental de alguien que murió hace décadas o las emociones de un dios de un panteón mitológico parecen absurdas y poco auténticas comparadas con otras investigaciones más abarcativas y de mayor significación social. Pero eso no las convierte en ilegítimas si se las practica con seriedad y entusiasmo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Unimurio

(Adjetivo. Del latín unus = uno y mus = ratón)

Juego de computadora para el cual sólo es necesario usar uno de los botones del ratón.

El término parecer referirse a algo demasiado puntual. Sin embargo no lo es, y los amantes de los videojuegos entenderán esta distinción.
Hay una gama de juegos con gran complejidad lógica que requieren de una multitud de destrezas mnemotécnicas para la ejecución de todas sus funciones. En esos juegos es necesario conocer las combinaciones de teclas y las diversas funciones del botón derecho y del izquierdo del ratón. El desconocimiento de una función o la poca velocidad para realizar la combinación adecuada en el momento exacto redunda en un bajo rendimiento a la hora de jugar. Entre las destrezas requeridas para una óptima performance está, entonces, la rapidez y solvencia para apretar determinados conjuntos de teclas y botones.
En cambio, en los juegos unimurios, todas las funciones están centradas en el movimiento del ratón y la pulsación de una única tecla: el botón izquierdo del ratón. Estos juegos no necesariamente deben ser más simples que los anteriores, pero la interfaz deja de ser un serio problema de aprendizaje y memoria, pues basta con saber cuándo presionar el único botón posible para que se pueda jugar de manera óptima.

(En la imagen, el Gemcraft Tower Defense, uno de los mejores juegos unimurios)

Nota: en rigor la etimología es incorrecta, porque en lugar de hacer referencia al mus -ratón- debería referirse al botón de tal ratón. Lo importante no es la unicidad del ratón, sino del botón. Pero no he encontrado una etimología convincente ni en las palabras "botón" ni "tecla". De modo que utilicé el nombre referido al ratón, que es el instrumento por excelencia en los juegos unimurios.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Papiyugo

(Sustantivo. Del latín papyrus [y este del griego papyros] = papiro; y del latín iuctum = unido, atado)

Dependencia insoslayable del papel para anotaciones importantes o urgentes. 

Una compra en el supermercado, una cita con el médico o el atisbo de una idea pueden desbaratarse si se pierde el miserable papelito arrugado donde teníamos la anotación. A pesar de la creciente digitalización informática, un anotador de papel y un bolígrafo siguen siendo en muchos casos la opción más inmediata y versátil a la hora de registrar un dato o un recordatorio. Los bolsillos y las agendas se llenan de papelitos garabateados con una variedad de información muchas veces indispensable e insustituible.

El papiyugo es lo contrario del pistentimio. Quien padece pistentimio piensa que puede recordar datos o ideas sin necesidad de anotarlos, y por esa falsa creencia termina olvidándolos. Sin embargo en algunos casos el papel es tan frágil como la memoria: puede perderse, romperse, traspapelarse o ser arrojado a la basura por error. O, en fin, la escritura que grabamos a las apuradas en ese papel puede convertirse en un jeroglífico ilegible.

(Nota: si bien esta palabra la tenía anotada desde hace meses, el hecho de que durante estos días no haya publicado en Exonario se debe a la pérdida de un papelito donde tenía anotadas definiciones para esta semana)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Anacmicronobulia

(Sustantivo. Del griego a = partícula negativa; acmé = punta; crónos = tiempo y boulé = decisión)

Cálculo estimado de la impuntualidad. 

Existen personas que son especialmente impuntuales: si dicen a las cinco, será a las cinco y media, a las seis o a las siete. Sin embargo, aun la propia impuntualidad tiene márgenes. Si X dijo que iba a venir a las cinco y son las nueve, ¿todavía podemos mantener la esperanza de que vendrá? ¿Cuál es el límite entre la impuntualidad y la certeza de que ya no vendrá? La estimación de cuáles son los límites de la impuntualidad; es decir: cuándo podemos decidir que alguien ya no vendrá y cuándo, todavía, podemos seguir esperándolo, es la anacmicronobulia. A su vez, el término se aplica también a la decisión acerca de qué se considera exactamente puntual y cuándo comienza la impuntualidad: dijo a las cinco, pero vino a las cinco y un minuto: ¿es puntual o es impuntual? ¿Y si llega a las cuatro y cincuenta y nueve? Estrictamente hablando, es impuntual. Pero, ¿lo consideramos como tal?
De acuerdo a la actividad para la cual se requiera la persona, mantendremos márgenes de 'puntualidad' - 'impuntualidad' - 'ya no vendrá' que son muy diferentes entre sí. La puntualidad exigida para hacer un vuelo en avión es muy diferente a la estipulada para una reunión de amigos.

En la siguiente tabla podemos encontrar una clasificación de anacmicronobulia cuyo eje es un hecho puntual que ocurre a determinada hora:


Clasificación:
(Eje: una hora determinada)
Encuentros informales en general. (Reunión de amigos, reuniones familiares, etc.)
Encuentros formales en general. (Viajar en avión, llegar al trabajo; dictar una clase, etc.)
“Puntual”
Se es puntual aun si se llega diez o quince minutos más tarde de lo estipulado.
Se es puntual si se llega un minuto después de lo estipulado. En ocasiones, la puntualidad implica llegar quince minutos antes.
“Impuntual”
Se es impuntual si se llega una, dos o tres horas más tarde.
Se es impuntual si se llega cinco minutos más tarde.
“Ya no vendrá” o “Ya no vale la pena que venga”
Ya no se lo espera si pasaron más de cuatro horas.
Ya no se lo espera si pasó más de media hora o (en algunos casos como el vuelo del avión) diez minutos


En cambio, si el eje no es una hora puntual sino un día determinado, la tabla es como sigue:


Clasificación:
(Eje: un día determinado)
Encuentros informales en general. (Reunión de amigos, reuniones familiares, etc.)
Encuentros formales en general. (Viajar en avión, llegar al trabajo; dictar una clase, etc.)
“Puntual”
Se es puntual aun si llega al día siguiente de lo estipulado.
Se es puntual si se llega el día estipulado. En ocasiones, se es puntual si se llega el día anterior.
“Impuntual”
Se es impuntual si se llega tres días o una semana más tarde.
Se es impuntual si se llega un día más tarde.
“Ya no vendrá” o “Ya no vale la pena que venga”
Ya no se lo espera si pasaron dos semanas o un mes.
Ya no se lo espera si pasaron más de dos días o, en algunos casos, pasado un único día (esto cuando deben desarrollarse eventos en un día determinado)

Por supuesto, estas tablas son sólo ilustrativas; cada caso y cada persona tiene su propia anamicronobulia de acuerdo a la circunstancia.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Coprokínesis

(Sustantivo. Del griego kopros = excremento y kínesis = movimiento. Adjetivo: coprokinético)

Movimiento sin ritmo, cortado y agónico que realizan los objetos tecnológicos cuando tienen poca energía o poseen algún desperfecto.

Los automóviles deteriorados que resoplan, se detienen, prosiguen la marcha, vuelven a detenerse e intentan seguir andando son corpokinéticos. También lo sería un molino de viento cuyas aspas dan vueltas de forma intermitente y perezosa, un avión a cuerda que se aleja lento, doliente e indeciso, una batidora que posee cuchillas que giran como si cada tanto se frenaran, o un robot rengo.
Cuando un objeto es coprokinético tiene toda la apariencia de que ya no va a moverse. Sin embargo, se mueve un poco más de forma moribunda, a veces con pequeñas explosiones, quejidos y signos de destartalamiento.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Esta fue la presentación de diapositivas que realicé en TedX Rosario. En una semana estarán los videos de la presentación. 


viernes, 16 de septiembre de 2011

Transmisión en vivo de TedX

En este enlace pueden encontrar la transmisión en vivo de todo el evento TedX:
http://tedxrosario.com.ar/ 
Expondré "Exonario" a partir de las 15:30 hs.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Viaje a TedX Rosario


Estoy en Rosario; mañana hablaré en el encuentro de TedX (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) Rosario acerca de lo que hago en este blog. Si me es posible, voy a poner el link a las charlas en directo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Merogenar

(Verbo intransitivo. Del griego méras = parte y gené = nacimiento. Sustantivo: merogenia. Adjetivos: merógeno, merogénico)

Nacer por partes.

Las especies vivientes se reproducen y dan a luz un individuo completo. ¿Por qué no imaginar una especie cuyos ejemplares dan a luz órganos y partes del cuerpo, que luego deben ser ensamblados a voluntad para crear un individuo funcionalmente autónomo? Si existiera una especie con estas características, cada ejemplar sería un producto diseñado en colaboración, y en rigor tendría tantos padres como individuos hayan contribuido con un órgano o un sistema.
Si los seres humanos pudieran merogenar, podríamos escuchar a una futura madre decir las siguientes insólitas palabras: "Estoy embarazada, voy a dar a luz a un hígado". 

El término "merogenar" también puede entenderse en una acepción un poco más tortuosa: podría ocurrir que una persona no naciera completa en un único alumbramiento. Supongamos el siguiente caso: una especie para la cual se necesitan tres embarazos para crear a un único individuo. En el primer embarazo, se da a luz la cabeza y el pecho; en el segundo embarazo se agregan el abdomen y el sexo, y para el tercer embarazo la madre le otorga las piernas. Así, el hijo va adquiriendo sus órganos progresivamente. Si la madre muere antes del segundo alumbramiento, el hijo quedará para siempre en el estado "pecho-cabeza", sin que jamás conozca lo que es tener piernas o estómago.
Podría haber una especie (tal vez extraterrestre) en la cual cada ser que nace forma parte de un super - individuo, con lo cual cada nuevo nacimiento es en realidad un agregado a ese super - individuo.

No confundir merogenar con poligenar. Se poligena cuando se nace muchas veces de manera completa; se merogena, en cambio, cuando se nace por partes en varios alumbramientos.

martes, 13 de septiembre de 2011

Pecugrinar

(Verbo intransitivo. Del latín pecunia = dinero y ager = campo)

Ir de comercio en comercio sin hacer compras por la imposibilidad de cambiar un billete grande. 

Existe una ley de economía doméstica que parece cumplirse a rajatabla: toda moneda o billete de baja denominación tiende a transferirse de manos de los consumidores a la caja de los comerciantes. Monedas y billetes de dos pesos se van pero rara vez vuelven. Llega un momento en que, por más colaborativos que seamos con el cambio, nos quedaremos con billetes de cien pesos y ninguna moneda. En ese instante pueden ocurrir dos cosas: o bien el comerciante acepta el billete grande (bufando, o haciendo gestos de enojo) y nos devuelve un sinfín de billetitos y monedas, o bien nos dice "no tengo cambio", o "no te voy a cambiar cien pesos por comprar un par de miñones" y nos obliga a pecugrinar. En esa desesperante circunstancia nos vemos compelidos a calcular en qué negocio nos aceptarán el billete; peregrinamos de panadería en kiosco para encontrar la chance de un alma bondadosa y llena de cambio. Andamos como leprosos, con el estigma de un billete a cuestas.
A veces, como si en efecto fuéramos víctimas de una enfermedad, los comerciantes evitan que andemos pecugrinando, pero ofrecen una solución aceptable aunque potencialmente peligrosa: nos dan el producto que queríamos comprar, pero piden que se lo paguemos después, cuando consigamos cambio. En ese tren puede ocurrir que le debamos (involuntariamente) al kiosquero, al almacenero, al verdulero, al farmacéutico, al carnicero, al panadero de la esquina y al panadero de media cuadra: en cada lugar al que vamos a hacer nuestras compras cotidianas, miran horrorizados nuestro billete y proponen que le paguemos más tarde. Esta solución es perversa, porque terminamos debiendo dinero aun cuando disponemos de dinero y tenemos la intención de pagar, además de que corremos serio riesgo de olvidar la miríada de pequeñas deudas que hemos sembrado. Nos convertimos en involuntarios morosos, y nos veremos obligados a pecugrinar para pagar esas deudas, so pena de enemistarnos con los comerciantes del barrio, actitud esta última poco recomendable para la supervivencia.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ciberchovinismo

(Sustantivo. Del griego cybernetés = gobernante, piloto de barco, resemantizada durante el siglo veinte para referirse a todo proceso relacionado con la inteligencia artificial, y chauvin, del apellido de Nicolás Chauvin, patriota francés de la era napoleónica)

Creencia según la cual la vida consciente propia de la inteligencia artificial es mejor que cualquier otra vida consciente.

Para que esta palabra nombre un auténtico chovinismo, es necesario que esa creencia sea sostenida por los propios sistemas de inteligencia artificial. Si un sistema informático avanzado pudiera comunicarnos la siguiente creencia: "Es muy agradable ser una conciencia cuyo soporte consta de chips de silicio; es mucho mejor que ser una conciencia en un cuerpo biológico", podríamos preguntarnos en qué se basa para establecer semejante comparación: sólo puede saber cuál vida es 'mejor' (y todo depende de qué se entienda por 'mejor') si ha experimentado ambos tipos de vida. Le podremos llamar la atención acerca de ese hecho, pero todavía puede hacer una jugada chovinista superior: el sistema informático podría decidir que la única vida consciente real es la que tiene él y otros sistemas similares, mientras que los seres biológicos sólo tenemos -según su versión- remedos fugaces e imperfectos de conciencia; apenas unos destellos tenues y grisáceos.

Si el grado de conciencia pudiera medirse, entonces tendría sentido hacer una comparación y aceptar el dictamen de que hay conciencias 'mejores' o 'peores'. En este punto conviene hacer una reflexión conceptual: ¿qué sería un "mejor grado de conciencia"? La conciencia parece mas bien algo de "todo o nada": está o no está. Piense en su estado consciente actual, en el momento en que lee estas líneas. Ahora imagine que las está leyendo usted mismo, pero con 'más conciencia' o con una 'conciencia mejorada'. ¿Qué estaría imaginando exactamente? ¿Qué quiere decir ser 'más conciente' de algo (por ejemplo, de estas mismas palabras)?
Quizás el problema básico es que sólo tenemos un estado consciente mínimo y frágil, y por ello nos resulta imposible imaginar un estado de conciencia superior.

Conviene prevenirse de una malinterpretación de los términos 'mejor conciencia'. El sistema informático podría decir: "Mi conciencia es mejor que la de los seres vivos porque no siento dolor, y ellos sí". Pero esto es una falacia: que un ser vivo sienta dolor no indica que allí hay menos conciencia, sino justamente lo contrario. No decimos que una 'mejor conciencia' signifique 'más sensaciones agradables', sino otra cosa. El problema es que no podemos definir qué cosa. Quizás 'mayor conciencia' signifique 'mayor relación con el mundo', o 'mayor capacidad de relacionar hechos actualmente percibidos con sus causas y consecuencias', o algo por el estilo. En ese sentido, quizás un termostato (que se relaciona con el mundo a través de ciertas cotas de temperatura) sea consciente, pero en un grado mínimo, mientras que los animales como las babosas lo sean en un grado un poco mayor y así hasta culminar en el operador informático cuya conciencia sería pretendidamente superior.
Pero quizás haya un problema con la definición de 'mejor conciencia': no se debe confundir la conciencia con la inteligencia. Sin embargo, parece que en los ejemplos dados, la escala no habla de una 'mejor conciencia', sino de una 'mayor inteligencia'. Una babosa es menos inteligente que un perro, y un perro es menos que un humano. Pero resulta que no hablábamos de inteligencia, sino de conciencia. No hemos encontrado una definición satisfactoria para 'más / mejor conciencia'.


 Todavía no debemos enfrentarnos al ciberchovinismo, pero no es improbable que en pocas décadas debamos soportar la brutal discriminación de la inteligencia artificial.

(Este término fue sugerido por Douglas Hofstadter y Daniel Dennett, en la recopilación "El Ojo de la Mente", en una de cuyas lecturas se habla del 'biochauvinismo'. De allí nace la noción complementaria, que es la que se define en esta entrada)

viernes, 9 de septiembre de 2011

Ectoerotismo / Ectoorgasmia

(Ectoerotismo: sustantivo. Del griego ecto = por fuera y eros = atracción sexual)

Placer sexual sentido en alguna parte fuera del propio cuerpo. 

Aunque la etimología parece bastante transparente, la definición resulta difícil de captar si no se la ejemplifica.
El placer y la excitación sexuales están asociados a determinadas actividades con ciertas partes del cuerpo. Pero, ¿qué ocurriría si una persona pudiera sentir placer erótico en una pared que está siendo rayada por un lápiz, o en el trapo que friega el lavadero, o en la aguja del segundero? En un caso así, esa persona siente algo por fuera de su propio cuerpo: la sensación erótica está depositada en la relación entre esos objetos.
Que al coito se le haya unido una experiencia placentera puede ser explicado mediante un proceso evolutivo, pero en sí no hay nada de especial en el acto sexual. Supongamos que ese mismo placer fuera depositado en otros procesos igualmente arbitrarios, o que en un futuro no lejano se invente un aparato que permita sentir placer sexual a partir de cualquier relación entre objetos externos y sin contacto con el propio cuerpo: el pincel pasando sus cerdas sobre la hoja, el martillo golpeando en el hierro o dos teléfonos celulares uno encima de otro. Imagine que un vaso llenándose de agua le generara exactamente la misma sensación que un orgasmo. En ese caso tendría una experiencia ectoerótica, y el orgasmo podría llamarse ectoorgasmo.
En rigor, el ectoerotismo no necesita siquiera que haya dos objetos relacionados o en movimiento: basta con un único objeto, inmóvil, que por alguna razón provoque sensaciones eróticas.

Si usted siente lo que le pasa a una pared cuando es rayada con un lápiz, ¿es usted el que está sintiendo, o es la propia pared la que siente? Los términos aquí definidos premiten jugar con esa ambigüedad.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Chupipasta

(Adjetivo. De chupe = bebida alcóholica y pasta = pastillas)

Dícese de la persona que yuxtapone o combina elementos inconexos, inoperantes o contraproducentes.

La palabra "chupipasta" parece indicar que los actos son producto de una intoxicación con drogas y alcohol, pero de hecho esto no tiene por qué ser así: podemos llamar chupipasta a quien actúa manera desatinada por simple distracción o, incluso, a alquien que realiza esa yuxtaposición de manera consciente.  

Usos: "En este supermercado la leche descremada está en la misma batea junto con los caramelos de menta. El repositor debe ser un flor de chupipasta". "Mi alumno es un chupipasta: en el examen le pregunté en qué año nació Sócrates y me explicó que los griegos tenían una vida democrática y que el agua es la combinación de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno"

A veces se llama "chupipasta" a una persona cuyo comportamiento es demasiado correcto: "Uy, pero qué chupipasta es este tipo, colocó el tenedor a la izquierda y el cuchillo a la derecha"

lunes, 5 de septiembre de 2011

Econoclasta

(Adjetivo. Del griego oikos = casa y klastés = rompedor)

Quien revela en público secretos de su propia familia. 

Por lo general las reacciones caprichosas y arbitrarias de un hijo malcriado, las fortunas malhabidas de un abuelo, los engaños amorosos de una madre o la violación a la mucama por parte del padre se suelen mantener en silencio dentro de un reducido círculo íntimo familiar. Si salen a la luz, es porque alguien habló de más o confió en la persona equivocada: es raro que un integrante de esa misma familia decida exponer las miserias del círculo del que forma parte, a menos que se trate de una situación límite.
Sin embargo a veces, sin que medie una intención heroica o informativa, un marido cuenta cómo hizo su esposa para estafar a inmigrantes, o una madre revela de qué modo su hijo aprobó el examen gracias a una amenaza a los docentes, o el sobrino explica qué hace el tío pacato todos los domingos después de ir a misa: visita prostíbulos y se hace aporrear por el látigo de una madama. En lugar de realzar lo bueno de su entorno, decide relatar miserias que lo avergüenzan de forma más o menos directa y lo convierten en cómplice: si un marido relata cómo hacía su esposa para estafar, de inmediato nos surge preguntar por qué no reaccionó, o cómo detuvo esa acción aberrante, o incluso por qué no se separó. El econoclasta hunde a los que lo rodean y no se da cuenta de que también él se hunde con sus revelaciones.  

Desde luego, para ser econoclasta no es necesario que se cuente un hecho sumamente aberrante. Basta con dar detalles innecesarios o antiestéticos relacionados con la convivencia cotidiana: "Mi mujer tiene unos pelos en las piernas que parecen de caballo"; "No sabés las verrugas que le salen a mi hijo en el trasero". "Mi esposa es muy bella, sí. Pero ronca. Y la cara que tiene a la mañana da miedo".

(De acuerdo a la etimología, esta palabra debería ser "Ecoclasta" y no "Econoclasta". Hay una sílaba intermedia [-no-] que se ha agregado para que el término tenga resonancias con "Iconoclasta" )