jueves, 20 de marzo de 2008

Zoodiaxismo

(Sust. Del griego zóo = animal y diabáxo = leer)

Supuesta capacidad de los animales para descubrir códigos complejos y resolver cálculos cuyo desciframiento resulta inaccesible a la inteligencia humana.

Este supuesto aparenta estar respaldado por millones de maravillas del mundo animal: las abejas tienen una capacidad innata para calcular la posición del sol, incluso en mitad de la noche; las hormigas pueden orientarse y conducirse en línea recta hacia el hormiguero, independientemente del lugar y la distancia en la que se encuentren; las arañas pueden tejer una impresionante y equilibrada obra de arquitectura en sus telas, sin necesidad de fórmulas complejas y las aves forman bandadas simétricas y construyen nidos con una precisión apabullante. La lista de ejemplos puede extenderse sin límites.

De todas estas sorprendentes habilidades, los partidarios del zoodiaxismo infieren que los animales hacen cálculos sumamente complejos y tienen acceso a un código inscripto en la naturaleza, que el hombre no ha podido aun descifrar.

Esta hipótesis suele refutarse argumentando que las habilidades de los animales no se deben al hecho de que "entienden lo que nosotros no entendemos"; simplemente, el animal está orientado hacia ciertos objetivos prácticos y es sumamente eficiente en ellos, pero es incapaz de alcanzar una inteligencia teórica de sus cálculos y procesos. Sin embargo, algunos partidarios del zoodiaxismo llegan al extremo de postular, incluso, capacidades teóricas y racionales muy superiores a las del hombre. Desde este punto de vista, los perros pueden resolver complejas especulaciones matemáticas y filosóficas, y los gatos podrían fácilmente enfrentarse con la física cuántica. Sólo que, si bien los animales tienen el dominio de todas estas inquietantes materias, no conocen el lenguaje humano y por lo tanto no nos pueden comunicar lo que saben. Algunos han llegado a afirmar, incluso, que los animales no hablan sólo porque consideran al lenguaje como un débil e inseguro vehículo del saber. Pero que, si se lo propusieran -y si le encontraran algún sentido-, podrían hablar. En este último caso, no sólo estaríamos ante un zoodiaxismo, sino también ante una zoolexia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El gato de Schrödinger se enfrentó a la física cuántica, pero todavía no se conoce el resultado. El dueño tiene miedo de abrir la caja, por temor a que la observación mate al gato, quien por el momento disfruta de una incierta superposición de estados muerto-vivo (como cierto famoso músico). Esto es similar al dilema del presunto cornudo: ¿qué es mejor, simplemente sospechar que su pareja lo engaña, o tener la plena certeza de ello? Como vemos, la física cuántica tiene profundas consecuencias morales. O no. Qué sé yo, mis afirmaciones tanto pueden ser falsas o ciertas, siguiendo una distribución probabilística que por el momento ni yo mismo ni nadie ha podido colapsar para determinar de una vez por todas si tengo algo de razón o sólo digo cuantidad de pelotudeces. Tengan ustedes felices Pascuas, o no.

Anónimo dijo...

por cierto, me encanta la expresión concentrada del gato de mux. no tengo la menor duda de que está leyendo.