jueves, 21 de agosto de 2008

Cefalorragia


(Sust. Del griego kefalés = cabeza y régnynai = hacer brotar, romper)


Violenta y espontánea explosión de la cabeza.

Si bien a través de la historia se ha hablado de combustiones espontáneas, poco o nada se ha dicho acerca de este curioso e inexplicable fenómeno.

Lo poco que hay documentado responde al siguiente patrón: una persona realiza sus actividades cotidianas y no manifiesta ningún síntoma extraño. Ni siquiera una cefalea. En algún momento, y sin ninguna razón aparente, su cabeza estalla.

Se ha alegado que la cefalorragia es imposible. Si existiera algún problema masivo de flujo sanguíneo (la única fuerza de bombeo del cuerpo que cabría imaginar como responsable para provocar una explosión), no estallaría el cráneo sino los ojos o los oídos. De hecho, también se han documentado algunos de estos casos: los globos oculares se escapan de sus órbitas y caen al piso, seguidos de una profusión de sangre y masa encefálica.

Conviene aclarar que la noción de cefalorragia nace de una fantasía morbosa e incierta: cada vez que se cuenta una historia de cefalorragia se hace hincapié en detalles como la excesiva violencia del estallido y la cantidad de sangre y sesos que quedan desparramados luego de la explosión. Probablemente, como en el juego del teléfono descompuesto, los casos originales sólo consistieron en una jaqueca, un pico de presión o un pedestre pero no menos mortal aneurisma.

1 comentario:

gabrielaa. dijo...

David Cronenberg, Scanners, 1981
aaaggghhh