miércoles, 30 de julio de 2008

Exifidiar

(Verbo. Del lat. exilis = endeble y fiducia = confianza)

Establecer un nexo de mínima confianza con un casi desconocido.

Puede ocurrir que estamos haciendo la cola en el supermercado y debemos apartarnos por un momento, pidiéndole al que está detrás de nosotros que nos cuide el lugar. O que, en la terminal, necesitemos ir al baño y debamos confiar en que el ocasional pasajero que está a nuestro lado nos vigile la valija.

Existen indicadores de confianza entre personas. A veces, el hecho de compartir una misma situación con otros genera la idea de que tenemos un débil nexo con los que nos rodean. Gracias a esa dudosa idea, a veces apostamos a una momentánea solidaridad y dejamos por un segundo todos nuestros bienes en manos de alguien con quien sólo hemos intercambiado seis palabras: "¿Me lo cuida un segundo, jefe?"

martes, 29 de julio de 2008

Dicuscepir (o Discuscepir)

(Verbo. 3ª conjugación. Del latín dis = negación, discordancia; cupido = deseo y suscipio = hacerse cargo)

Asumir responsabilidades indeseadas.

Alguien necesita que le pasen un texto de sesenta hojas por la computadora, y uno se compromete a hacerlo. Otro nos invita a un bingo de beneficencia que se realizará el único día del mes del mes que tenemos libre, y aceptamos fingiendo entusiasmo. Un conocido nos pide que le hagamos un par de trámites burocráticos y nosotros aceptamos, sin haber reparado en que el conocido tiene más tiempo que nosotros y que, para peor, tenemos menos tiempo del que habíamos calculado.
Muchas veces las personas nos encontramos en una situación en la cual hacemos la siguiente pregunta: "¿Por qué diablos me metí en esto?". Existen, claro, personas especialmente capacitadas para dicuscepir. Estas personas son capaces de realizar durante décadas una actividad que no les reporta beneficio, les ocupa mucho tiempo y odian hacer.

lunes, 28 de julio de 2008

Dopesismo

(Sust. De la expresión "dos pesos", para hacer referencia a algo de poco valor)

Sucesión de mínimos gastos cuya acumulación suman una fortuna.

Cuando se alquila una casa, se pide un crédito o se compra un auto, se termina cayendo inevitablemente en el dopesismo. El ingenuo comprador pregunta "¿Cuánto cuesta?", y el sádico vendedor/propietario contesta con una suma nominal y despojada. Si el comprador acepta, el vendedor agregará gastos de envío, sellados, impuestos de leyes, seguros, co-seguros, certificados, credenciales, señas, intereses, prepagos, preintereses, reservas, garantías y honorarios. Cada nueva carga económica, de por sí, no representa demasiada erogación. Pero la sumatoria puede desbaratar el propósito inicial de la compra. Esa seguidilla de múltiples erogaciones conforma el dopesismo.

sábado, 26 de julio de 2008

Nou / Noi

(Palabra y definición enviadas por el sr. Jorge Tirabasso)

Formado por la partícula NO y la letra U.

"Prohibido girar en 'U' " y "Prohibido doblar a la izquierda", respectivamente
Fundamento: sintetizar el significado en una sola palabra, utilizando los componentes que el mismo incluye.

Usos: "La próxima avenida es noi", "La calle que viene es nou".

viernes, 25 de julio de 2008

Horguetilla

(de hurgar)

Extremo de la palilla para revolver café.

No he podido hallar el término con el cual se designa ese palito cuyos extremos con forma de pala apenas pueden agitar débilmente el líquido. Para mi sorpresa, mientras buscaba información, encontré que Esteban Podeti -a quien le he robado la imagen que acompaña el post la cual, dicho sea de paso, es la única imagen que encontré- ha hablado acerca de este objeto y no le ha hallado un nombre : es un "coso".

Aquí no nos referimos a todo el "coso", sino a cualquiera de los extremos cuya única -para nada óptima- función es la de revolver líquido, pero no sirve para levantarlo y llevarlo a la boca o para dispersar el azúcar del fondo de la taza o la crema de la superficie.

jueves, 24 de julio de 2008

Tregontino

(Sust. Del latín trigon = pelota dura para jugar al juego homónimo [El trigon representa metafóricamente a la cabeza] y tenus = tirón)

Método de ejecución en el cual el verdugo se para sobre los hombros del condenado y focejea hasta arrancarle la cabeza.
Los verdugos hábiles en el tregontino hacen un par de movimientos laterales con los cuales quiebran el cuello del condenado y luego, con un rápido impulso, extraen la cabeza. Cuando el verdugo es inhábil, la persona que deberá morir padece durante horas hasta que es ejecutado por otros medios.

miércoles, 23 de julio de 2008

Tallara

(Sust. Del italiano tagliarini)

Pasta alimenticia de harina en forma rectangular que se hierve y se come con salsa de tomate y queso parmesano.

Cuando las tallaras se cortan en tiras finitas se convierten en tallarines.

martes, 22 de julio de 2008

Planelocio

(Sust. Del latín planeta [éste del griego πλανήτης] = errante, y del latín locus = lugar. Se utiliza como sustantivo singular o colectivo)

Objeto o colección de objetos heterogéneos que no tienen asignados lugares donde ser guardados o depositados.
Pongamos un ejemplo y examinemos sus posibilidades. Si en nuestra casa únicamente disponemos de una biblioteca y un ropero, sólo podremos acomodar sin problemas dos clases de objetos: libros y ropa. Cualquier objeto de otra especie tendrá cuatro destinos posibles:

a) O bien se creará algún adminículo donde irá a parar todo aquello que pertenece a esa misma especie o a un género similar (por ejemplo: guardar las facturas pagadas en una carpeta con la etiqueta "gastos de la casa") ;

b) O bien el objeto vagará errante por los distintos rincones de la casa hasta terminar en alguna improvisada pila de objetos hetereogéneos por tiempo indefinido;

c) O bien, el objeto será guardado en alguno de los adminículos ya establecidos, lo que ocasionará que se pierda para siempre (por ejemplo: guardar las facturas pagadas dentro de algún libro en la biblioteca o en los bolsillos de una prenda que ya no usamos en el ropero)

d) O bien el objeto que no encaje con las estructuras ya asignadas será descartado y arrojado a la basura.

Si algún objeto sufre alguno de los destinos b) o c) diremos que es un planelocio. En el sentido etimológico: objeto que vaga errante de lugar en lugar.

lunes, 21 de julio de 2008

Colocio

(Sust. Del latín cum = reunión, cooperación y locus = lugar)

Lugar en el que se dejan objetos que no tienen un lugar fijo.

En las casas, las oficinas, los talleres y los depósitos puede existir un método para ordenar cada objeto que se va incorporando: si es un repasador, va al cajón de los repasadores. Si es un alimento, va a la alacena. Si es un libro, a la biblioteca.
Pero existen objetos que no tienen un lugar definido y se van acumulando de manera heterogénea sobre la mesa o dentro de un cajón. Esos objetos pueden ser: pequeños artefactos rotos, botones, facturas que están por vencer, papelitos con propagandas sobre eventos que nos interesan, tickets de compra de supermercados, souvenires de fiestas a las que hemos asistido, una moneda rara que apareció sin explicación.
Cualquier lugar de la casa donde nuestra pereza ha decidido instalar esos objetos -en principio, provisionalmente-, es un colocio.

El colocio es el primer indicio de domicidio.

sábado, 19 de julio de 2008

Zooempatología

(Palabra y definición enviadas por Apalabrada)

(Sust. Del gr. zoo = animal, empathos = identificación de sentimientos y pensamientos y logos = estudio)

Estudio pretendidamente científico que se atribuye la comprensión del sentir y comportamiento de los animales.

Así como Tarzán y el Dr Dolittle entendían el lenguaje de los animales, los zooempáticos creen interpretar el comportamiento de todos los animales las 24 horas del día, los 365 días del año.
Ejemplo de humanos en pretendida actitud zooempática: "Me miró con ojos de querer salir a pasear"."Digo "correa" y se pone como loco". "Aullaba como llamando a la lechuza que le hace compañía a la noche". "El rotweiller del vecino y mi loro son amigos."
Muchos humanos creen que nacieron con esa capacidad zooempática y visten ridículamente a sus mascotas como en la siguiente foto, suponiendo que al perro no le importa traicionar a su especie vistiendo el traje del enemigo.

Grave error. A él le molesta mucho. (Esta afirmación es, por cierto, zooempática)
Para eso se creará pronto el postítulo en la carrera de veterinaria para que se les enseñe a los dueños de las mascotas que si encuentran al hamster mirando el vacío, esto no significa que deban comprarle esa rueda ridícula para que de este modo le dé un sentido a su vida. O pierda peso.
La carrera incluiría la materia "Vestimenta adecuada" para mejorar de una buena vez la salud mental y dignidad de esos tiernos animalitos que conforman el simpático mundo mascoteril.


viernes, 18 de julio de 2008

Pluncio, a

(Adj. Del latín plumbeus = de plomo y nuntiator = anunciador)

Persona que anuncia muchas veces una cosa antes de hacerla.

El pluncio cuando está de visita dice: "Bueno, me voy a mi casa", pero hasta el momento en que efectivamente se retira pueden pasar dos o tres horas. En el transcurso de esas horas, repetirá con matices el anuncio inicial: "Uy, mirá qué hora es", "Ahora sí, ahora sí me voy", "Me despido", "Ya me estoy yendo".

A veces el pluncio especula con la respuesta de sus interlocutores. Cuando dice "Me voy a poner a estudiar", en realidad espera que le digan "Esperá un poco, no estudies tanto". Por eso repite la frase varias veces: para darle la chance al otro de que le diga exactamente las palabras que quiere oir.

Los pluncios más despreciables son aquellos que nos prometen algo que -supuestamente- siempre están a punto de hacer pero nunca hacen. "Esta tarde paso a arreglarte la cañería", dice un plomero pluncio todas y cada una de las tardes durante varios meses. "No pude hacerte esos papeles, me pongo a trabajar hoy mismo", dice el abogado que tramita nuestro juicio cada vez que lo llamamos.

Para que a alguien se lo pueda llamar pluncio es necesario que, finalmente y luego de muchas dilaciones, cumpla con lo que prometió. Si jamás cumple diremos que es un mentiroso.

Los pluncios son generadores de cronoclepsia.

jueves, 17 de julio de 2008

Faranar

(Verbo. Del latín for = hablar y anus = ano. Sustantivo: faranista)

1. Gritar o emitir sonidos inarticulados cuando se está defecando.

Hay personas que, para poder evacuar en paz y sin sentir vergüenza, necesitan de un ambiente solitario y con aislación sonora, puesto que sienten un enorme placer en resoplar, gemir o murmurar mientras defecan.

Sin embargo, si nos atenemos a la etimología, la expresión "faranar" se refiere a esta segunda (rara) acepción:

2. Hablar con el ano.

Existe una interpretación literal y una figurada de esta expresión. En la literal, el que farana es una persona que puede pronunciar palabras inteligibles con la emisión de gases. En casos muy raros, el faranista nace con una deformidad monstruosa: tiene una boca, dientes y lengua en su ano, y cuerdas vocales en su colon. En la interpretación figurada, se llama faranista a quien dice cosas horribles con una voz desencajada y artificial.

miércoles, 16 de julio de 2008

Escófeno

(Sust. Del griego skiá = sombra y fáino = aparecer, manifestarse)

Visión de sombras o imágenes furtivas de seres que no están presentes.

Una persona entra a su casa y cree ver un bulto oscuro que se escabulle en silencio, con cierta celeridad. El bulto desaparece cuando enciende la luz o enfoca la vista. Una mujer llega a su casa con su marido. El marido se queda en el garage. La mujer abre la puerta de su casa y ve la sombra de su marido en el baño a oscuras. Al rato cae en la cuenta de que su marido se quedó en el garage y en ningún momento entró al baño. En estos dos casos se ha estado ante la presencia de un escófeno.

A veces el escófeno es una interpretación que hace la mente a partir de ciertos datos no muy claros que se presentan a la visión periférica en la casi penumbra. Otras veces la sola creencia de que puede haber alguien en tal o cual lugar puede provocar la sensación de que se ha tenido un indicio de esa persona.

A veces, por supuesto, el escófeno es el espíritu de un muerto que nos acecha .

martes, 15 de julio de 2008

Demendo,a

(Adj. Del latín De = prefijo que denota privación y emendabilis = reparable)

Dícese del sistema cuyo diseño no permite que, en caso de desperfectos, pueda ser reparado.

Los demendos son productos de manufactura que poseen una característica en común: poseen un mecanismo que se encuentra sellado dentro de algún recipiente, pero no se puede abrir el recipiente o la parte externa. El ejemplo clásico del demendo es el de la lámpara incandescente: cuando el filamento se cortó, ya no existe fuerza en el universo que sea capaz de volverlo a unir. Aun cuando la operación pueda ser muy sencilla, el solo hecho de que el filamento esté rodeado de gas argón y de un vidrio lo vuelve inaccesible.
También son demendos los productos que están hechos con remaches o cuyas partes están unidas entre sí por pegamentos ultrarreforzados que no permiten su desmembramiento. Por el contrario, cuando un producto tiene tornillos es una clara señal de reparabilidad.

Desde hace poco más de dos décadas una gran cantidad de productos de manufactura han mutado desde ser ligeramente reparables hasta volverse demendos por completo. Las exigencias del mercado son claras: si algo se rompe, no insista con repararlo. Tírelo y cómprese otro.

El cuerpo de los seres vivos es un sistema esencialmente demendo. Los seres vivos no tenemos nada parecido a tornillos o a mecanismos reemplazables.

lunes, 14 de julio de 2008

Memutérico,a

(Adjetivo. Del latín memoria = memoria y uterus = útero)

Persona que recuerda sus vivencias intrauterinas.

Hay quienes pueden fechar el recuerdo más antiguo de su vida (el cual, en otra parte de este mismo blog, hemos llamado arzomimio) en una época anterior a su propio nacimiento. Existen diversos grados de memuterismo: está el memutérico que puede recordar apenas algún vago suceso intrauterino, el que recuerda con precisión un dolor, un aroma o un juego entre el líquido amniótico y el cordón umbilical, y está aquel que es capaz de recordar conversaciones de su propia madre que fueron oídas mientras se estaba gestando.

¿Existirá un memutérico tal que pudiera recordar el instante en que fue concebido?

domingo, 13 de julio de 2008

Semisiglar

(Palabra y definición enviadas por Julio David Auster)

(v. int., del lat. semi, medio y de siglo, con terminación verbal)

Cumplir exactamente cincuenta años.

En la vida hay momentos que nos marcan y que nos hacen reflexionar sobre lo que hemos alcanzado en la vida y lo que nos queda por alcanzar. Uno de esos momento es cuando la persona semisigla, porque el número 50 es impresionante de por sí. Pensemos que en la antigüedad a los semisiglados los consideraban ancianos llenos de sabiduría (poca gente llegaba a vivir tanto) y las distintas asambleas que formaban (senado, gerusía, etc.) son un ejemplo de ello.
Llamamos semisiglados a aquellos que han pasado la barrera del medio siglo, mientras que los que están en ese preciso momentos son los semisiglantes.

viernes, 11 de julio de 2008

Nauseador

(De náusea)

Pequeño dispositivo consistente en un mango de diez o quince centímetros en cuyo extremo hay una pala, que sirve para inducir el vómito.

Para utilizar el nauseador se debe introducir la pala en la boca, sosteniendo el mango con las manos. El contacto de la tráquea con la pala provoca náuseas e induce el vómito.

jueves, 10 de julio de 2008

Eufocia

(Sust. Del gr. eu = bueno y phótos = luz)

Iluminación bella y armónica.

El masivo y paulatino encuentro de los fulgores del amanecer; el delicado trazo pastel de un velador recortando un cono de luz contra la oscuridad; las brasas hipnóticas que quedan después del fogón; el fuego mismo del fogón; la luna naranja a punto de esconderse en el horizonte; la vela sombría y tenue que encendimos en el corte de luz para que la negrura no nos ahogue: todos estos son ejemplos de eufocia.

La eufocia nace de una desigual lucha contra la oscuridad. Por eso el soberbio sol del mediodía, el fluorescente del supermercado que no deja resquicio para las sombras, la linterna a kerosene que alumbra a lo lejos con un tono amarillento o el automóvil que irrumpe en el bosque silencioso con sus encandilantes faros halógenos no son eufóticos; son el equivalente a un grito visual, a un patético llamado de atención luminosa.

Las estrellas sólo son eufóticas de lejos, cuando se confunden con otras miles del cielo. Pero de cerca, con esa obscena manifestación de luz cegadora, son enemigas de cualquier sentido estético luminoso.

Los atelúmilos nos deparan algunos de los mejores espectáculos eufóticos.

miércoles, 9 de julio de 2008

Cicosicla

(Sust. femenino. Del latín caecus = ciego y sigla = abreviatura)

Sigla puesta en una frase sin aclarar la expresión compleja que le dio origen.

Una sigla está formada por el conjunto de las letras iniciales de una expresión. Sin embargo, Internet y el lenguaje de las computadoras -entre otros rubros- nos han legado una infinidad de siglas cuyo desciframiento es inescrutable: no sólo porque es imposible adivinar cuáles son las palabras que dieron origen a esa sigla, sino porque ni siquiera los expertos en computación saben qué significa. Palabras como "NAT", "LAN", "USB", "SUA" y "PROXY" aparecen de vez en cuando en el repertorio lingüístico de un incauto usuario de computadora cuando quiere modificar la configuración del teclado o el fondo de pantalla. En esos casos, el usuario podrá consultar manuales y foros, pero sólo encontrará información como esta: "El NAT debe ser refrescado si cambia la configuración de su LAN o si el IP de su puerto local es dinámico, siempre que no esté operando un FW ". Como podrá entenderse, no se da una explicación de la sigla, sino una pobre definición operativa: "cuando dice NAT, debe hacer X en LAN"

A veces se utilizan cicosiclas para otorgar cierto misterio a los nombres o a las palabras, como un críptico juego de lenguaje. "Mi nombre es Jorge P.A.L. Mux", "Mi bicicleta es muy buena, anda con el sistema RSSN, que se usa en Estados Unidos y Bolivia"

martes, 8 de julio de 2008

Golemizar

(Verbo intr. De Golem y polemizar)

Crear un muñeco para discutir con él.

Si estamos en casa, podemos juntar varias almohadas, ponerles peluca y sombrero, sentarlas alrededor de la mesa y compartir un almuerzo. En algún momento, debemos comenzar una acalorada disputa verbal con uno de los muñecos. La disputa deberá pasar a mayores, y el muñeco será destruido en señal de desacuerdo. Para golemizar no es necesario sufrir alucinaciones ni escuchar voces: basta con fingir que los muñecos son seres que escuchan y que responden aunque -obviamente- se sepa que tanto la pregunta como la respuesta provienen de uno mismo. En casos no demasiado patológicos, se trata de un ejercicio que combina el deseo de discutir con la necesidad de estar solo.

No sólo con almohadas se puede golemizar: el golem puede ser hecho de frutas, de maderitas, de tinta sobre un papel, de nieve, de arena o, como en la película El Náufrago, con una pelota de vóley marca Wilson.

El muñeco debe tener al menos un par de rasgos humanos -una cabeza, cierta comisura de los labios, tal vez cabello. En otras palabras: debe contener cierta forma necesaria para insuflar el espíritu golémico, pues es esencial que cuando hablamos con él podamos creer, aunque sea lejanamente, que estamos frente a un hombre.

Los niños incluyen a la golemización entre sus juegos frecuentes.
En este sitio verán una macabra golemización de bajo presupuesto protagonizada por El Tío y El Sobrino.

lunes, 7 de julio de 2008

Nosotonía

(Sust. Del gr. nósos = enfermedad y phtónos = envidia)

Deseo de enfermarse para escapar de una obligación o para ser atendido.

El nosotónico se enferma poco, pero desearía poder enfermarse más. Tiene una buena salud, y no está afectado del síndrome de Muchhäusen, ni es hipocondríaco. Sabe que, si se enfermara, podría desligarse por unos días de sus obligaciones, pero no se atreve a especular con esa posibilidad. Espera a que lleguen los días fríos y lluviosos para salir a la calle desabrigado. Si le detectan una apendicitis o se quiebra la columna siente un alivio supremo, pues los urgentes compromisos de la vida cotidiana se verán pospuestos por un largo tiempo. Los periodos de convalescencia son vividos por él como un extenso recreo lleno de consentimientos y sin horarios que cumplir. Por lo general, cuando está enfermo está de buen humor y tiene grandes deseos de visitar amigos y parientes. En cama, y con cuarenta grados de temperatura hace proyectos de viajes, reuniones y cenas. Si no fuese por la atenta vigilancia de sus familiares cercanos, el nosotónico se levantaría de su cama y correría a jugar al fútbol con sus compañeros de secundario.

El nosotónico cuando está enfermo puede mostrar una reacción paradójica: mientras está en su casa a resguardo del frío y sin obligaciones, siente un enorme deseo por ir a trabajar o por hacer esclavizantes trámites burocráticos. Todo lo que odiaba -y por lo cual quería caer en cama- ahora se le antoja apasionante y lleno de sentido.

viernes, 4 de julio de 2008

Cenotimia

(Adj. Del griego kenón = vacío y éthimos = hábito, costumbre)

Hábito de guardar envases vacíos.

El cenotímico dispone una o varias alacenas para coleccionar los frascos de mayonesa o las botellas de tomate triturado. Si tiene un galpón en el fondo de la casa, no duda en atiborrarlo de cajas y cajitas de electrodomésticos, estuches para huevos, tubos de papas fritas, bolsas de supermercado y carcasas rotas de teléfonos celulares. A veces, esta colección se hace con la esperanza -vaga- de que cada envase puede tener un destino útil. Otras veces -como con el hábito de guardar latas de cerveza o raras botellas de vino vacías - sólo se hace por el disfrute de acumular entidades esqueléticas sin contenido. La pasión del cenotímico coleccionista tiene algo de platónico: el cenotímico busca el disfrute por la forma. No le interesa la soda, le interesa el sifón. No le interesa comer pastillas tic tac; él sólo desea la preciosa cajita de plástico.

El cenotímico tiene la obsesión de conservar vacíos los envases. No consiente en que su familia le quite una o dos de sus preciosas botellas para guardar clavos o tachuelas, o que -colmo de los colmos- su mujer, en un intento por poner en orden la colección, intente guardar una caja dentro de otra, o una cantidad de estuchecitos dentro de los tubos de papas fritas: ¡Si se los utiliza para guardar a otros objetos vacíos, ya dejarán de estar vacíos!. Al cenotímico le parece que un envase vacío es un continente siempre disponible. Guardar uno dentro de otro lesionaría esa disponibilidad.

jueves, 3 de julio de 2008

Fotequérico,a

(Adj. Del griego phaulós = defectuoso; aitía = causa y kerykós = mensajero, vocero)

Persona que enuncia causas y consecuencias triviales acerca de determinados hechos, con la convicción de que está aportando información relevante.

Cuando al fotequérico le decimos "Estoy resfriado", enseguida nos responde: "lo que pasa es que hace frío, y vos ayer te mojaste con la lluvia". Si le confesamos nuestra tristeza porque se acabaron las entradas para ir a ver un partido de fútbol, él nos dice sin tapujos: "hay que sacarlas con anticipación".

A veces le contamos a nuestros amigos y parientes lo mal que nos sentimos por alguna razón, quizás con la esperanza de que ellos nos digan cómo solucionar el problema. Pero el fotequérico, en lugar de abrazarnos en silencio o en vez de mostrar una posible vía de superación, nos remarca aquellas cosas en las que hemos actuado mal.

Tampoco podemos contarle chistes al fotequérico, porque -en vez de reírse- utilizará el momento del remate para criticar con detalle nuestra manera de contarlo, o nos dirá que él lo conocía de otra manera, o, ante el chiste del loro que pide papa levantará su índice y sentenciará: "los loros no comen papa".

El fotequérico -como su etimología lo indica- es un vocero bastardo de nuestra propia conciencia. Cree que nunca se nos hubieran ocurrido las recomendaciones y reproches que él, sin autoridad, nos profiere. Lo peor de su actitud es que, cuando con hartazgo le señalamos: "Yo eso ya lo sabía", puede ofuscarse, enojarse o incluso alegar: "Yo lo digo con buena voluntad, para que te des cuenta".

miércoles, 2 de julio de 2008

Sarcófito

(Sust. Del griego sarx = carne y phitos = vegetal)

1. Mítico árbol cuyo tronco es de hueso y sus hojas de carne.

Los primeros europeos que viajaban a América relataban haber visto "árboles de carne humana, con sangre en lugar de savia y temperatura en su tronco"

2. Familia de vegetales cuyo hábitat es la carne.

El sarcófito no es un hongo, puesto que tiene clorofila. Si una semilla de sarcófito quedara por error alojada en nuestra piel, ésta comenzaría a desarrollarse, hundiendo sus raíces por debajo de nuestra carne, extendiéndose a lo largo del cuerpo.

3. Alimento preparado con carne (de res, de pescado o de ave) a la cual se le han dejado crecer sarcófitos (2).

Para preparar el sarcófito (3) hay que conseguir semillas de sarcófito (2), agregarlas a la carne unos días antes del preparado; dejar la carne a baja temperatura pero sin congelar -en lo posible, en agua-, esperar a que crezcan los sarcófitos (2) y luego llevar al horno o a la cacerola. Es conveniente elegir sarcófitos de crecimiento rápido, pues, de tardar más de tres días, la carne se abomba.

4. Alimento de origen vegetal preparado de manera tal que parezca carne, ya sea en su sabor, en su color o en su textura.

Las milanesas de soja son un sarcófito en este cuarto sentido.

martes, 1 de julio de 2008

Gabarimorí

(Sustantivo y adjetivo. La etimología es desconocida. Fonéticamente, el nombre parece derivarse de una expresión árabe o iraní)

Aparición de Jesucristo con un aspecto diferente.

A pesar de que no hay datos acerca del rostro o del aspecto físico de Jesús de Nazareth, la tradición le ha puesto un rostro de rey, caucásico, con barba, ojos claros y una contextura delgada. Sus supuestas apariciones a lo largo de la historia no parecen contradecir esta imagen. Sin embargo, hay unos pocos casos en los que Cristo se manifiesta de una manera muy distinta. En los gabarimoríes, Jesús puede aparecer con turbante, piel oscura o aceitunada, calvo, obeso, o incluso con ojos rasgados. En gabarimoríes aun más raros, aparece como mujer, como toro, como águila o cóndor o como el mismísimo Demonio.


lunes, 30 de junio de 2008

Disvocar

(Verbo tr. Del latín dis = prefijo que indica negación o contrariedad y vocare = llamar)

Rogar por que algo no ocurra o alguien no se presente.

Si ha habido un accidente automovilístico en la esquina y rogamos por que el muerto no sea un conocido nuestro, si cuando anuncian las notas del examen y nos adelantan: "uno de ustedes desaprobó" imploramos por que el desaprobado no sea uno mismo, o si cuando tocan timbre deseamos que tras la puerta no esté el cobrador de impuestos o el pariente cargoso: en todos estos casos estamos disvocando una situación o una persona.

A veces se cree que el solo hecho de no pensar en situaciones negativas sirve como disvocación o, al menos, como un atenuante de la invocación. Pensar en la muerte de un ser querido puede provocarle la muerte; por eso conviene desbaratar cualquier intento involuntario de la imaginación por crear la imagen de aquello que se desea evitar.

Nuestra vida gira en torno de las disvocaciones, más que las invocaciones. Sin duda, deseamos que nos ocurran determinadas cosas con las cuales nos sentiremos inmensamente felices. Pero, por sobre todo, deseamos que ciertas otras cosas -muchas más, y muy malas- no ocurran. Un dios que se limitara a escuchar las disvocaciones sería mucho más piadoso que uno cuya divina voluntad sólo le lleva a cumplir con quienes le ruegan por algo más.

viernes, 27 de junio de 2008

Rascatero,a

(Adj. De rasca = dícese de quien está al borde de la indigencia. La palabra "rasca" es un adjetivo que se toma de la expresión "rascar el fondo de la olla", en señal de maximizar el aprovechamiento de un alimento)

Persona que acumula pequeñeces innecesarias.

El rascatero se lleva sobrecitos de azúcar o de mayonesa de los bares y cafés. Rebusca entre los restos de la comida de una fiesta y se lleva las sobras y las botellas que todavía contienen un décimo de bebida. También acumula papeles que están sin escribir de un lado para usarlos como borrador. Si va a un local de comidas rápidas, se sirve muchas servilletas y sorbetes para gaseosa, y los guarda en su bolso o cartera. El rascatero encuentra una tuerca en la calle o un paraguas destruido, y se siente en la ineludible obligación de buscarle un destino provechoso. Siente un enorme placer en hacer acopio de todas aquellas cosas que los demás dejan de lado.
Para un rascatero, un nedricto es un objeto pleno de utilidades.

Lo curioso es que el rascatero jamás se llevaría una botella de vino si la botella está llena y sin abrir. Tampoco sería capaz de atesorar servilletas de papel si éstas vienen en una bolsita que está cerrada. El rascatero siente que, si el objeto sobrante no fue usado, él no lo merece. Él sólo se siente dueño de lo que otros consideran desperdicio.

En otra acepción relacionada, se llama rascatero al hombre que elige a una mujer sólo porque los demás la dejan de lado. Si el rascatero es un chapalocas, es probable que se quede con una mujer con graves problemas de sociabilidad. (Esto vale, claro, para el término femenino: la rascatera elige a un hombre "porque no le queda otra", y este hombre puede formar parte de su aura chapalocos)

jueves, 26 de junio de 2008

Chapalocos, as

(Adjetivo. Se utiliza en plural y con el artículo invertido: la chapalocos, el chapalocas)

Persona que tiende a atraer a desequilibrados.

El chapalocas sólo resulta atractivo para las mujeres que tienen complicaciones, fobias o complejos. Por alguna razón, una mujer con serias sociopatías encuentra en él al compañero ideal. El chapalocas padece esta circunstancia, pues en verdad preferiría la compañía de féminas menos introvertidas y más mundanas. Se siente como una aspiradora que absorbe todo lo loco y feo que anda por ahí. Recibe llamados en mitad de la noche de sus "admiradoras" quienes le cuentan con detalle la alucinación que están teniendo en ese preciso momento. O es invitado por chicas pálidas y retraídas a reuniones incómodas en las que se degollan gallinas para rituales satánicos . O es interceptado antes de ir a trabajar por una lívida flacucha vestida como la protagonista de la película Carrie quien le pide que la acompañe en el trayecto a su casa, porque ella tiene miedo de un perro cuya mirada se parece a la de su abuela muerta.

Esta caracterización puede valer, por supuesto, para una mujer que sólo atrae hombres con características enfermizas. Sólo que la locura masculina tiene una tendencia hacia la cruda agresividad antes que a la psicosis. Aunque hay especímenes de todo tipo en ambos géneros.

miércoles, 25 de junio de 2008

Sofema

(Sust. Del griego Sophía = sabiduría)

Expresión o proposición que parece ser muy profunda, pero que en el fondo enuncia una trivialidad.

Suele entenderse que la filosofía consiste en una multitud inconexa de frasecitas lapidarias y redundantes, cuyo objetivo final es lograr una convicción en quienes sean capaces de entender el "significado profundo" de la expresión. En realidad, esas frases son quitadas de contexto, malinterpretadas, mal traducidas y peor enunciadas, las cuales, en su contexto adecuado, tenían una verdadera función arquitectónica en ciertos sistemas, pero que cuando alguien las repite ocasionalmente sólo provocan fastidio y desconcierto. "Primero piensa, luego existes", le dice una persona a la otra emulando a Descartes, frase con la cual quiere pedirle a su interlocutor que piense antes de actuar. Ese sentido -"piensa antes de actuar"- no puede ser más ajeno al pensamiento de Descartes, quien con su fórmula cogito ergo sum quería expresar la interdependencia básica entre la existencia y el pensamiento. Pero, cuando se la utiliza como sofema, la frase se dice -con errores- en un contexto inadecuado, y con la intención de parecer ilustrado o profundo. Otros sofemas filosóficos son "El ser es, el no ser no es", "Dios es una idea de la razón", "La nada nadea", "De lo que no se puede hablar, es mejor callarse", "Sólo sé que no sé nada", "Conócete a ti mismo".

Quitados de su contexto original, los sofemas son frasecitas ramplonas cuyo contenido semántico queda poco claro, y en el fondo sólo actúan por la fuerza persuasiva de cierto reconocimiento social e histórico.

Por culpa de quienes difunden sofemas, la filosofía suele parecer una actividad de personas redundantes cuyo pasatiempo es elaborar enunciados breves y crípticos de significado casi nulo.

El sofema debe distinguirse del sofisma en importantes aspectos. Un sofisma es un argumento con el cual se quiere persuadir a alguien de algo falso. El sofema no tiene intención de difundir falsedades con apariencia de verdad; el sofema es simplemente un enunciado quitado de contexto, cuya descontextualización le hace perder todo su peso semántico.

martes, 24 de junio de 2008

Hizografía

(Sust. Del griego histrós = actor y zografía = pintura, retrato)

Fotografía en la cual las personas retratadas hacen gestos o morisquetas, a veces de forma involuntaria.

Algunas personas no pueden evitar un gesto incongruente en el preciso momento en que sale el flash. Pueden decirse a sí mismos "esta vez salgo bien", pero una fuerza poderosa las obliga a no cumplir con el mandato de la sonrisa afable y familiera. A veces una excesiva falta de concentración o la incapacidad de espera de esos cinco segundos en los que se prepara la cámara, hacen que los retratados se distraigan, cierren sus ojos o se rasquen la nariz. En todos estos casos, la fotografía se convierte en una hizografía.


Un caso típico de hizografía lo narró de manera magistral el escritor Hernán Casciari.

lunes, 23 de junio de 2008

Catatecto,a

(Adj. Del griego katá = hacia abajo y tekton = constructor)

Dícese de la persona cuyos dichos y apreciaciones sólo contribuyen a hacer notar dificultades y limitaciones de los trabajos y proyectos ajenos.

Si contamos en una reunión que estamos por comprar un auto, el catatecto nos dirá: "cuidado con lo que compran, yo ya he visto muchos compradores ingenuos estafados". Si le contamos que hemos comenzado a estudiar una carrera, él nos dirá: "Hay que ver si la podés terminar, porque los profesores son especialistas en poner palos en la rueda". Si comentamos acerca del nuevo empleo que hemos conseguido, el catatecto dirá: "Cuidado, te van a explotar durante tres meses y después te van a echar".

El catatecto justifica su mal agüero diciendo "yo conozco sobre ese tema, sé lo que te digo". Pero no tiene en cuenta que la experiencia de cada persona es diferente, y lo que pudo haberle salido mal a él no tiene por qué acabar mal para otros. El catatecto sigue de cerca las acciones de los otros y, si algo sale mal, no dudará en decir públicamente "yo te lo había dicho".

Es inocultable que el catatecto tiene un gran resentimiento por sus propios fracasos, y no puede soportar el éxito ajeno.
Se puede ser catatecto de manera inconsciente, e incluso sin mala voluntad. Aunque la línea que separa al catatecto malintencionado del inconsciente no queda del todo clara.

domingo, 22 de junio de 2008

Espamentario

(Palabra y definición enviadas por Pablo Conte)

Dícese de un tipo de comentarios que aparece en diversos blogs, muchas veces antes que el resto, y cuyo sólo texto suele ser "Please See here" ó bien "See here or here" entre otras variantes, con links a sitios que no ameritan el vínculo, desde la azul palabra "here". El más común método espamentaricida es que el propietario del blog lo elimine, tildando el casillero de "para siempre".

viernes, 20 de junio de 2008

Trefoscopía


(Sust. Del griego tróphos = alimento y scópos = observación, mirada)

Arte de elegir, vigilar y acechar una porción de comida en la mesa.

La trefoscopía tiene una enorme utilidad en reuniones en las que se come algo que viene en fuentes o bandejas, y los comensales deben escoger su porción. La reunión perfecta para poner en práctica la trefoscopía es aquella en la que hay asado. El trefóscopo rebusca con la mirada cuál es el mejor trozo de carne y, en cuanto encuentra la oportunidad, dirige hacia allí su tenedor. Debido a que todos los presentes suelen tener ciertos intereses comunes (por ejemplo: la carne crujiente y bien cocida, o los chorizos calientes) la trefoscopía tendrá dos objetivos:
a) adelantarse a un posible competidor.
b) escoger, de entre las porciones preferidas, cuál es la mejor que se presenta en la bandeja.
La trefoscopía sirve para que cada comensal se posicione frente a los demás. Suele ser una práctica masculina, pues está muy relacionada con la cacería.
Quienes no realizan una correcta trefoscopía pueden comer muy poco o muy mal.
La trefoscopía debe aplicarse en contextos en los que las porciones de comida pueden variar de calidad en una misma bandeja (no es lo mismo un trozo de carne magra y bien cocida que un pedazo de hueso con grasa casi cruda) y cuando la comida escasea. En esta clase de reuniones, nadie se alimenta con altruismo: cada uno acecha su propia presa de manera egoísta.

jueves, 19 de junio de 2008

Chucango, a

(Adj. Idiotismo.)

Persona de piernas desproporcionadas con respecto al resto del cuerpo.

El chucango puede tener las piernas muy flacas -y ser obeso-, muy gordas -y ser muy flaco-, muy cortas -y tener el torso muy largo, muy peludas -y el resto del cuerpo casi sin pelo-, o muy blancas -y el resto negro o mate-, o todas estas cosas juntas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Frasocléptico, a

(Adj. Del griego frásis = expresión y klopé = robo)

Persona que, en una reunión, repite en voz alta y para todos los presentes, lo que otro ha dicho en voz baja y para pocos.

El frasocléptico se aprovecha de su vozarrón o de su capacidad por mantener cautivo a un público, para decir textualmente lo que otro dijo cinco minutos antes sin ser escuchado. Entrenado para oír lo que se dice por lo bajo, el frasocléptico jamás reconoce que sólo tomó prestada una expresión ajena; se anota los puntos de su intervención y -si está rodeado de lingüiflexos y ridiflexos- recibe elogios y carcajadas.

La víctima de la frasoclepsia puede decir un enérgico: "¡Pero eso lo dije yo hace cinco minutos!", lo cual puede resultar contraproducente: los presentes pueden pensar que es una manifestación de envidia o de incordio. Si la lingüiflexia de los asistentes es muy grande, pueden tomarlo a mal y echar al gestor de la expresión robada en lugar de castigar al ladrón. La frasoclepsia es una de las más comunes y menos difundidas formas de censura y discriminación: ante la frasoclepsia, el que inventó la expresión pierde todo derecho a ser reconocido por ella. Pero como los diálogos en reuniones tienen una gran dinámica, pocas veces se da la circunstancia en la que ese malentendido es aclarado.

martes, 17 de junio de 2008

Ridiflexo, a

(Adj. Del latín ridere = reír y flexus = flexión)

Emparentado con el lingüiflexo, el ridiflexo es el que se ríe por cualquier acción o palabra de una persona a quien todos consideran graciosa.

Al ridiflexo le parecen gracioso no sólo los chistes y las acotaciones socarronas: los silencios y las intervenciones serias también son motivos de risa. Incluso, encuentra humor donde nadie lo podía haber encontrado -ni siquiera la misma persona que profirió la frase. "El gracioso" acepta al ridiflexo porque ensancha su fama de gracioso, aun cuando en ciertos casos no quiso dar motivo de risa.

Una intervención poco feliz o un chascarrillo malo, si es emitido por cualquiera, no provocan la más mínima sonrisa (a lo sumo, una pauquirisa tibia). Basta con que "el chistoso" repita esa broma poco graciosa para que las carcajadas estallen. A veces es bueno hacer la prueba: diga usted un chiste y tal vez ni siquiera lo escuchen. Luego espere a que "el gracioso del grupo" lo repita y verá cuánto éxito tiene.

Todo gracioso, para ser considerado gracioso, sólo necesita de un grupo estable de ridiflexos.

lunes, 16 de junio de 2008

Lingüiflexo, a

(Adj. Del latín lingua = lengua y flexus = flexión)

Si el genuflexo es quien se arrodilla (metafórica o literalmente) ante una persona en señal de respeto o sumisión, el lingüiflexo será aquel que profiere alabanzas y adulaciones innecesarias a una persona.

El lingüiflexo no siempre es un zalamero barato; a veces hay una auténtica admiración detrás de esas alabanzas. Pero incluso el más noble lingüiflexo se vuelve sospechoso e insoportable cuando las manifestaciones son desmedidas e incongruentes. Una persona puede ser admirable por sus opiniones certeras o por sus grandes actos, y hasta este punto es aceptable demostrar el respeto. Pero cuando se profieren alabanzas por actos mínimos -como comprar una botella de gaseosa o cambiar de canal- estamos ante una lingüiflexión innecesaria.
Hay personas que que son capaces de ejercitar la lingüiflexión con poco mérito. Si escuchamos la siguiente frase: "Yo te admiro por cómo dormís... ¡Tenés un estilo para dormir!", estamos ante un lingüiflexo despreciable que puede arrodillarse -lenguaje de por medio- ante cualquier mínimo movimiento de su admirado.

sábado, 14 de junio de 2008

Hipnaritmolalia

(Palabra y definición enviadas por Julio David Auster)

(del gr. hipnós, sueño; gr. aritmós, número; gr. lalía, balbuceo):

Tendencia patológica que tienen algunas personas de expresarse por medio de los números asociados a determinadas imágenes oníricas, que sirven ordinariamente para jugar a la quiniela.

El hipnoartimolálico puede resultar simpático al principio, pero luego se vuelve insoportable, por la necesidad de estar decodificando permanentemente todo lo que dice.

Ej.: "¡No sabés! Acaba de pasar una 15 (niña bonita) con un 77 (par de piernas) que de solo verla casi se me caen los 95 (anteojos). Estoy 47 (muerto) por ella. ¡Qué 17 (desgracia) no tener 32 (dinero) para invitarla a salir. Con ella podría llegar al 63 (casamiento)."

viernes, 13 de junio de 2008

Codículo

(Sust. Del latín codex = código y -ulus = terminación de diminutivo)

[Nota previa: No puedo creer que esta palabra no exista, de modo que pido a los lectores: si conocen que esto ya tiene nombre, por favor me lo comuniquen]

Parte inferior de una llave, que posee dientes y surcos y que, mediante un giro, provoca que la cerradura cierre o abra.

El codículo es el alma de la llave; sin el codículo las llaves son objetos inútiles. Los cerrajeros honestos tienen llaves sin codículo, y sólo se lo hacen cuando un cliente necesita duplicados. Los cerrajeros deshonestos hacen codículos por su cuenta y por las noches salen a robar casas.

jueves, 12 de junio de 2008

Clavaborio

(Sust. Del latín clavis = clave y aborior = dejar morir)

Llave para la cual no hay cerradura correspondiente.

Cada vez que cambiamos la cerradura, nuestras viejas llaves se convierten en clavaborios. Huérfanas de picaporte, los clavaborios esconden una cifra con la que nunca más podrán abrir una puerta.

Por extensión, se llama también clavaborio a todo aquel objeto que, en ausencia de un complemento esencial para su funcionalidad, se ha vuelto inútil y sólo mantiene una penosa existencia residual: los vagones sin locomotora que se oxidan al sol, a un costado de las vías; la tapa de un frasco que se rompió; la habilidad inútil de ser el taquígrafo más rápido en un mundo en el que los taquígrafos ya no tienen trabajo.

Esta palabra a veces designa a una única llave, y a veces se utiliza como un sustantivo colectivo, para designar a un conjunto de llaves. "Más difícil que encontrar la llave correcta en un clavaborio" es el correspondiente a "más difícil que encontrar una aguja en un pajar"

Los clavaborios causan nostalgia y desazón, y por eso se convierten, muchas veces, en nedrictos.

miércoles, 11 de junio de 2008

Adescir

(Verbo, 3ª conjugación irregular. Presente indicativo: adisco; adices pretérito perfecto: adice, adices. Del latín a = prefijo privativo y dedisco = olvidar. Sustantivo: adiscio)

Recordar con insistencia e involuntariamente un suceso mínimo, trivial e irrelevante.

A veces, un recuerdo arbitrario e inútil nos asalta varias veces en el día: dos acordes de la música pegajosa de una propaganda de jabón en polvo que daban en televisión dos años atrás; el precio de una palangana en el año 1989, el rostro sonriente y cansado de la almacenera a la que le comprábamos comida en la playa durante las vacaciones, o un enunciado sin sentido que le escuchamos decir a un anciano en un sueño que tuvimos hace décadas. Si estos recuerdos aparecen de manera repentina e involuntaria varias veces en nuestras vidas, dejan de ser simples recuerdos para convertirse en adiscios.

Algunas personas creen que los adiscios tienen significados ocultos. Después de todo, ¿por qué, en un día cualquiera y por ninguna razón, uno recuerda -por ejemplo- que treinta años atrás dejó un juguete en el patio de la casa ya demolida de un amigo de la infancia? No es imposible sospechar que debe haber una razón para que ese recuerdo se dé en tal o cual circunstancia, y no en otra. Hay quien se aboca a encontrar la razón oculta de los adiscios, como si el universo fuese una fascinante aventura de misterio.

A veces el adiscio se convierte en una patología: un mismo recuerdo inoperante se repite casi a cada segundo, sin que su aparición pueda controlarse voluntariamente.

martes, 10 de junio de 2008

Aleónimo

(Sust. Del lat. alea= azar, dado y nomen = nombre)

Mote dado a una persona por una circunstancia azarosa o arbitraria.

A veces estamos haciendo algo que no es habitual: caminamos por los techos para arreglar las fisuras de las chapas, o le tiramos una piedra a un perro en la calle, o le compramos una bicicleta a nuestro sobrino. Pero si justo en esas circunstancias especiales alguien nos ve y nos pone un apodo que haga referencia a tales circunstancias, entonces hemos recibido un aleónimo: "El techista", "El tirapiedras", "El ciclista". Como se verá, el aleónimo nada tiene que ver con la ocupación o la manera de ser de quien recibe el mote, sino mas bien con la infeliz coincidencia de una acción no habitual y un indiscreto observador.

Los aleónimos nunca suelen ser tan inocentes; por lo general, uno recibe el aleónimo gracias a alguna circunstancia negativa de su vida: "El matasuegras" (a quien se le escapó un tiro y mató a su suegra); "El Bochado" (a quien, una vez, desaprobó un examen); "Tropello", (a quien, una vez, atropelló a alguien con su coche por accidente)

(En la foto, Josh Holloway, de la serie Lost, cuyo personaje se encarga de poner todo tipo de aleónimos al resto de sus compañeros)

lunes, 9 de junio de 2008

Eho,a

(Adj. De la interjección "¡eh!")

Persona que profiere amenazas o malos agüeros y los concluye con la interjección interrogativa: "¿eh?"

Ejemplos: "Mirá que si te comprás la moto te vas a pegar un palo y te matás, ¿eh?"; "Yo no voy a morirme de frío comiendo un asado en el patio, ¿eh?"

El eho, a veces, fusiona la interjección interrogativa con la última vocal de su enunciado: "Si seguís tomando helado te vas a destruir la garganta, ¿ah?", "Cuidado con ese perro que te va a sacar un ojo, ¿oh?"

domingo, 8 de junio de 2008

Brevilocucio


(Término y definición enviadas por Julio David Auster)

(sust. f., del latín brevis, breve y locutio, locución):

Dícese del idioma artificial creado por Desiderio Erasmo de Rotterdam (1466 o 1469 - 1536), con el fin declarado de expresarse del modo más breve posible.

La brevilocucio surge como una necesidad entre los humanistas, hombres de una cultura incomparable, que se engolosinaban con la posibilidad de exhibir constantemente toda su erudición, para lo cual tejían y entretejían oraciones larguísimas, ilimitadas, infinitas, donde había toda clase de subordinadas, cuantas más, mejor, porque a nadie le importaba si era fácil o no seguir el hilo del discurso, porque si les hubiera importado, cuando hablaban, donde fuera, con el objetivo que fuera, si bien no siempre es lo mismo, que se pudiera entender fácilmente, entonces, con toda seguridad, lo habrían hecho, aunque para ello tuvieran que reducir, aunque más no fuera que en parte, un discurso que, a todas luces, podría llevar horas para escuchar, además del tiempo, dilatado también él cuanto se quisiera, para interpretar lo escuchado.
Erasmo, pues, inventó la brevilocucio basándose sobre todo en el latín, sin declinaciones, y eliminando toda palabra que pudiera resultar superflua. Transcribimos aquí un ejemplo de conversación en esta interesante cuan olvidada lengua artificial. Cada interlocutor debe utilizar a lo sumo cinco o seis palabras, para evitar que nadie monopolice la conversación.
-Hola, frate (hermano, N. del T.), quómodo estás?
-Bene, gratias, hic andamus.
-Habes novitates?
-Sic, compré mihi departamentus.
-Non dicas, quómodo est?
-Est lindissimus, cum vista a strada.
-Quaero vederlo.
-Veni cum signora tua, beberemus cafecitus.
Reluce en todo su esplendor la concisión y la sencillez de la expresión de esta amable lengua que precedió en unos cuatro siglos al esperanto, pero que quedó sepultada en el olvido.

viernes, 6 de junio de 2008

Vorticipio


(Sust. Del latín vortex = vórtice y caput = cabeza)

Remolino formado por el cabello de la cabeza.

Sólo se denomina así al remolino estrictamente natural, no al producido por algún tipo particular de peinado.
Una misma persona puede tener varios vorticipios simultáneos en su cabeza. Ciertas teorías frenológicas asociaban los vorticipios con el carácter indómito y rebelde.
En la antigüedad se creía que, al igual que las trombas de los tornados, el vorticipio se movía, imperceptiblemente, de forma giratoria.

jueves, 5 de junio de 2008

Denupciar (se)

(Verbo intr. Del latín nuptia = unión)

1. Deshacer un matrimonio.

Existe una diferencia entre "divorciarse" y "denupciar". El divorciado reconoce -civilmente- haber estado casado. La denupcia deshace el contrato matrimonial: un hombre denupciado es soltero y, si la denupcia es genuina, siempre lo fue: lo que se anula no es el matrimonio, sino el hecho mismo de haber estado casado alguna vez.

2. Provocar un acontecimiento que implique la anulación del matrimonio en el mismo día de la boda.

Ocurre a veces que tanto hombres como mujeres tienen un momento de desesperación cuando están en el altar, o cuando se preparan inmediatamente para estarlo. Si en ese instante de desesperación el novio huye, o la novia se enferma, o el novio mata al suegro, o la novia mata al novio, o el novio envenena a la novia, o el cuñado embaraza a la novia, o el novio confiesa ser hijo de la novia, estamos ante un caso de denupcia.

miércoles, 4 de junio de 2008

Barganismo

(Sust. Del inglés bargain = oferta, ganga)

Tendencia a comprar productos que están en oferta.

El barganismo puede ser una tendencia compulsiva: no sólo se compra lo que está en oferta, sino porque está en oferta -o porque se anuncia como tal-, sin importar si el producto ofrece alguna utilidad o si, consecuentemente con la -supuesta- rebaja ha habido una disminución de calidad. Se sufre de barganismo compulsivo cuando, ante una mesa de saldos o de productos rebajados se experimenta una incontenible desesperación por llevarse todo y por abrirse paso entre otros barganistas.

Como tendencia no compulsiva, el barganismo es una actitud de estudiado cálculo económico: cuando alguien va al supermercado y decide su dieta de acuerdo a los productos rebajados, también cae en el barganismo. Mientras el barganista compulsivo dirige la mirada hacia cualquier objeto en oferta, el barganista concienzudo sólo elige lo que necesita y no se aparta de su riguroso método.

martes, 3 de junio de 2008

Permendacia

(Sust. Del latín per = con insistencia y mendacitas = mentira. Adjetivo: permendaz)

Mentira innecesaria.

Una mentira se profiere, habitualmente, para encubrir alguna acción reprobable (como cuando faltamos al trabajo y mentimos diciendo que teníamos fiebre). En estos casos, la mentira tiene una finalidad egoísta; pero existen otras situaciones en las cuales la mentira sirve para no dañar a otro (las llamadas "mentiras piadosas") o para protegerlo.

Sin embargo, existe una categoría de mentiras que no entran en ninguno de los rubros anteriores. Cuando una mentira es irrelevante, no contribuye a ningún bienestar -propio o ajeno- y no puede justificarse de ninguna otra manera, estamos ante una permendacia.

Los ejemplos de la permendacia requieren de un contexto con cierta complejidad. Intentemos con uno:
Supongamos que Juan le presenta su novia a Pedro. Pedro -sumamente permendaz- le dice a la novia: "Yo te conozco de antes. Vos sos amiga de una conocida mía llamada Carola, y hace un año estuvieron ambas en la fiesta de Carlitos". La novia de Juan insiste en que no tiene una amiga llamada Carola, y jura que no conoce a ningún Carlitos. Pedro, por otra parte, está inventando todo: nunca vio a esa mujer, y tampoco tiene una amiga llamada Carola ni conoce a Carlitos. Si no puede calcularse ningún beneficio por proferir esta mentira, estamos ante una permendacia.

A veces, la permendacia atenta lisa y llanamente contra quien la profiere. Cuando una persona insiste en mentir incluso en el caso en que dicha mentira lo perjudique, estamos ante un caso -quizás patológico- de permendacia. Supongamos que alguien, presentándose a un trabajo muy deseado y luego de exhibir un impresionante curriculum, mintiera ante sus futuros jefes: "mi problema es que soy alcohólico y adicto a las drogas duras". En este caso, estaríamos ante una clara permendacia.

(Este término es la excusa perfecta para autodefinirme. Aquí me explayo sobre el asunto)