(Sustantivo. De la expresión "no es eso")
Sensación de apetito o deseo que no puede satisfacerse con ninguna instancia que se presente.
El nueseso también puede llamarse "síndrome de la heladera llena". Se presenta como una ligera, continua e irritante necesidad de comer "algo rico". Pero por más manjares que uno posea en la heladera o en la alacena, se tiene la sensación de que no es ninguno de ellos. A veces compramos algo exquisito para prevenirlo (queso brie, aceitunas rellenas con anchoa, masas finas, torta helada, scones con nuez, ananá en almíbar con crema y charlotte, panqueques con manzana y dulce de leche, camarones), con la esperanza de que un repentino atracón nos cure. Pero no importa qué tan pertrechados estemos: a esa hora maldita rebuscaremos entre los estantes y pasaremos de largo ante las tentaciones preventivas: ¡No es eso! ¡Es otra cosa que no sé que es y que justamente no tengo!
Hay una variante metafísica del nueseso que es en rigor más apropiada a la definición. Una mujer busca enamorarse. Cuando se enamora, descubre que enamorarse no es eso; que ella esperaba otra cosa diferente. ¿Amar a un hijo? No, a este hijo que tengo no lo amo. ¡Eso no puede ser amor! ¡No es esto tener hijos! ¡Ser adulto no puede ser esto!
El nueseso metafísico es la sensación de que nada de lo que vivimos es lo que dice ser. Es, en el fondo, la seguridad de que la vida, la verdadera vida, no es esta.
Definiciones y términos que no figuran en el diccionario ("Exonario" no figura en el diccionario, pero sí figura en Exonario)
Mostrando entradas con la etiqueta N. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta N. Mostrar todas las entradas
martes, 14 de enero de 2014
miércoles, 21 de agosto de 2013
Nictótopo
(Adjetivo y sustantivo. Del griego nyx = noche y tópos = lugar)
1. Recinto al que solo se lo conoce en penumbras.
2. Recinto que solo merece conocerse en penumbras.
Las discotecas, los cabarets y algunos bares son nictótopos. De noche tienen cierta magia y misterio. De día son lugares miserables, raídos, despintados y tristes. Por definición son espacios preparados para la media luz. Construidos como están para ser invisibles, el sol y las lámparas hieren su esencia, convirtiéndolos en ambientes de paredes descascaradas, suelos polvorientos con colillas de cigarrillos y cielorrasos con telarañas. La vista tiene la mala costumbre de buscar (y encontrar) detalles desagradables. Los nictótopos eligen combatir esos detalles apagándolos, haciéndolos inaccesibles a la frenética y puntillosa máquina analítica que son los ojos. Por eso, bajo el amparo del nictótopo podemos fingir que estamos en un mundo hecho de sombras, no de paredes con humedad, vitrinas sucias, celulares con linterna o rostros con vitiligo.
Conviene marcharse del nictótopo antes del amanecer, pues es muy probable que nos embargue un crudo antesolo.
1. Recinto al que solo se lo conoce en penumbras.
2. Recinto que solo merece conocerse en penumbras.
Las discotecas, los cabarets y algunos bares son nictótopos. De noche tienen cierta magia y misterio. De día son lugares miserables, raídos, despintados y tristes. Por definición son espacios preparados para la media luz. Construidos como están para ser invisibles, el sol y las lámparas hieren su esencia, convirtiéndolos en ambientes de paredes descascaradas, suelos polvorientos con colillas de cigarrillos y cielorrasos con telarañas. La vista tiene la mala costumbre de buscar (y encontrar) detalles desagradables. Los nictótopos eligen combatir esos detalles apagándolos, haciéndolos inaccesibles a la frenética y puntillosa máquina analítica que son los ojos. Por eso, bajo el amparo del nictótopo podemos fingir que estamos en un mundo hecho de sombras, no de paredes con humedad, vitrinas sucias, celulares con linterna o rostros con vitiligo.
Conviene marcharse del nictótopo antes del amanecer, pues es muy probable que nos embargue un crudo antesolo.
martes, 18 de septiembre de 2012
Narcosmia
(Sustantivo. Del griego narké = estado de adormecimiento y kósmos = orden. Sinónimo: hipnocosmia)
1. Capacidad de ir creando, a lo largo de la vida, un universo onírico coherente y verosímil.
Mediante la narcosmia sería posible imponer reglas y orden a los sueños. Para lograr este estado, es necesario, previamente, aprender el arte de modificar a voluntad el contenido de las imágenes oníricas: hay que volverse un narconauta (o hipnonauta), un viajero de los sueños. Una vez logrado este estado, es necesario suministrar leyes a las ensoñaciones para que, a partir de ese caos farragoso de imágenes inconexas, nazcan objetos oníricos sólidos, duraderos y asequibles a la razón. Cuando se apliquen estas leyes (arbitrarias, decididas por el soñador), los objetos soñados tendrán una continuidad narrativa noche tras noche y sueño tras sueño.
2. Capacidad de soñar con suficiente lucidez como para crear en la realidad el objeto soñado.
En "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges, un hombre procrea a su hijo soñando con detalle y en noches sucesivas su corazón, el esqueleto, el cabello, sus párpados. Una vez soñado por completo, el hijo cobró vida en el mundo real, aunque llevaba una marca de su estirpe onírica: el fuego no podía quemarlo.
Los objetos nacidos de una narcosmia no siguen todas las reglas de nuestro mundo real; infringen algunas, porque permanecen de algún modo atados a su origen en el mundo de los sueños.
1. Capacidad de ir creando, a lo largo de la vida, un universo onírico coherente y verosímil.
Mediante la narcosmia sería posible imponer reglas y orden a los sueños. Para lograr este estado, es necesario, previamente, aprender el arte de modificar a voluntad el contenido de las imágenes oníricas: hay que volverse un narconauta (o hipnonauta), un viajero de los sueños. Una vez logrado este estado, es necesario suministrar leyes a las ensoñaciones para que, a partir de ese caos farragoso de imágenes inconexas, nazcan objetos oníricos sólidos, duraderos y asequibles a la razón. Cuando se apliquen estas leyes (arbitrarias, decididas por el soñador), los objetos soñados tendrán una continuidad narrativa noche tras noche y sueño tras sueño.
2. Capacidad de soñar con suficiente lucidez como para crear en la realidad el objeto soñado.
En "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges, un hombre procrea a su hijo soñando con detalle y en noches sucesivas su corazón, el esqueleto, el cabello, sus párpados. Una vez soñado por completo, el hijo cobró vida en el mundo real, aunque llevaba una marca de su estirpe onírica: el fuego no podía quemarlo.
Los objetos nacidos de una narcosmia no siguen todas las reglas de nuestro mundo real; infringen algunas, porque permanecen de algún modo atados a su origen en el mundo de los sueños.
martes, 28 de agosto de 2012
Nominazgo
(Sustantivo. Del latín nomen = nombre y sufijo -azgo: capacidad)
Poder para ponerle nombre a las cosas.
Platón en el texto "Cratilo" suponía que algunas personas (llamados "nominadores" [Nomotethés, en griego]) se encargaban de poner los primeros nombres a las cosas, y que de ese modo el resto de la sociedad los aprendía y los usaba. Para poner estos nombres, según Platón, había que seguir reglas muy estrictas. En particular, el nominador debía establecer una relación natural entre el significado y la sonoridad. La palabra que nombrara al mar, por ejemplo, debía construirse teniendo en cuenta el sonido del mar, el movimiento del mar, la naturaleza líquida del mar. Por eso, en su construcción debía haber letras que diera cuenta de esas características. Platón suponía que, con el tiempo, se han ido modificando las palabras de ese lenguaje natural, y que ya (en su época) no quedaban rastros de ese lenguaje natural primitivo.
Pero la idea de una persona encargada de crear el idioma sigue pareciendo atractiva. Si alguien tiene el suficiente poder para crear e imponer nombres, incluso a cosas que ya lo tienen, se dice que ese alguien tiene un nominazgo. Si, por la sola voluntad de una persona, dejamos de llamar "mesa" a la mesa, y popularizamos el nombre que esa persona le dio, diremos que, de modo inequívoco, esa persona tiene el nominazgo.
Hay quienes dicen que el nominazgo no depende de los individuos. Los nombres de las cosas aparecen una vez, por algún hecho fortuito, y se popularizan sin tener en cuenta el capricho de las personas individuales. En la mayoría de los casos esto es cierto. Intente el lector inventar una palabra y tratar de imponerla en el uso social.
Cabe aclarar que el nominazgo no se refiere sólo a la sistematicidad en la creación de palabras, sino, además, a la capacidad de popularizar dichas palabras. Crear un idioma que no habla nadie no es tener un nominazgo. Crear un exonario tampoco.
martes, 7 de agosto de 2012
Nevelación
(Sustantivo. Del latín nego = negar y velum = velo)
Revelación metafísica en la que se muestra la no existencia de alguna entidad divina.
Mientras en las revelaciones clásicas el dios se manifiesta para mostrarse a sí mismo como existente y como vocero de las leyes universales, en las nevelaciones la manifestación se destaca por la ausencia y el silencio. Lo único que se manifiesta en las nevelaciones es la certeza de que el dios en el que confiábamos no existe. Pero no se trata de un razonamiento ni de una especulación: es un sentimiento de vacío espiritual, de orfandad cósmica, de soledad transmundana.
La nevelación provoca un estremecimiento místico: mediante ella, sabemos que se nos está por revelar algo trascendente. Pero todo lo que se revela es que nada hay allí para interpelarnos ni para manifestarse. Se manifiesta la ausencia -la necesaria ausencia- de entidades manifestables.
Así como el religioso puede justificar su profunda fe en una revelación divina, un ateo podría justificar su ateísmo en una nevelación. En rigor, la revelación de una entidad metafísica y la revelación de la inexistencia de tales entidades, podrían provocar el mismo grado de sentimiento indubitable. Quien tuvo una revelación ya no tiene dudas. Quien tuvo una nevelación, tampoco. En ese sentido, el religioso no está en mejor posición que el ateo, pues el ateo podría tener la misma firme convicción y el mismo sentimiento místico que el religioso. Sólo que este último, lo tendría en sentido contrario al del religioso.
En rigor, para que surja una nevelación -es decir, para que se cree la convicción de que una entidad divina no existe- no hace falta una interpelación mística. Basta con algunos hechos cotidianos en los que se manifiesta la crudeza de la vida y el silencio de dios. La muerte de un ser querido; un interminable dolor producto de una enfermedad terminal o un hijo con cáncer, pueden por sí mismos funcionar como nevelaciones.
martes, 22 de mayo de 2012
Niteróveco
(Sustantivo y adjetivo. Del latín non = no; iter = por segunda y vicis = vez)
Actividad que sólo es atractiva cuando se realiza por primera vez.
A veces uno encuentra un programa de televisión que parece maravilloso. Apreciamos la originalidad y la dinámica del programa, y sospechamos que nos convertiremos en fanáticos. Sin embargo, la segunda vez que lo miramos, ya no nos parece tan genial. Descubrimos que las secciones del programa son parte de un formato que se repite en cada emisión, y la originalidad que nos impactó al principio se muestra subordinada a una estructura rígida y torpe. El entusiasmo de la primera vez se desvanece.
Puede ocurrir lo mismo con un libro, un blog, una comida. Existen alimentos que parecen increíbles al primer bocado. Pero al segundo, ya no son tan sabrosos y al tercero terminan volviéndose aborrecibles. Jugar al tenis pareció interesante esa tarde en la que, por casualidad, fuimos a parar a una cancha con dos raquetas y tres amigos. La segunda vez, cuando la salida fue programada, no fue tan divertido y apenas pudimos acertarle a la pelota sin esguinzarnos. La primera vez que vivimos, la exigua duración de la existencia nos dejó con gusto a poco. Cuando reencarnamos por segunda, tercera y décima vez, nos pareció que la vida era fastidiosa y que ya no merecía tanto la pena.
Actividad que sólo es atractiva cuando se realiza por primera vez.
A veces uno encuentra un programa de televisión que parece maravilloso. Apreciamos la originalidad y la dinámica del programa, y sospechamos que nos convertiremos en fanáticos. Sin embargo, la segunda vez que lo miramos, ya no nos parece tan genial. Descubrimos que las secciones del programa son parte de un formato que se repite en cada emisión, y la originalidad que nos impactó al principio se muestra subordinada a una estructura rígida y torpe. El entusiasmo de la primera vez se desvanece.
Puede ocurrir lo mismo con un libro, un blog, una comida. Existen alimentos que parecen increíbles al primer bocado. Pero al segundo, ya no son tan sabrosos y al tercero terminan volviéndose aborrecibles. Jugar al tenis pareció interesante esa tarde en la que, por casualidad, fuimos a parar a una cancha con dos raquetas y tres amigos. La segunda vez, cuando la salida fue programada, no fue tan divertido y apenas pudimos acertarle a la pelota sin esguinzarnos. La primera vez que vivimos, la exigua duración de la existencia nos dejó con gusto a poco. Cuando reencarnamos por segunda, tercera y décima vez, nos pareció que la vida era fastidiosa y que ya no merecía tanto la pena.
martes, 30 de agosto de 2011
Nadádiva
(Adjetivo. De nada y dádiva. Adjetivo: nadadivoso)
1. Dádiva o donación exigua que no provoca diferencia en quien la recibe.
2. Capacidad de fingir que se está dando una ayuda espontánea.
Muchas empresas comerciales hacen publicidad de la colaboración que realizan a escuelas, hospitales y hogares. Aunque se trate de multinacionales que facturan decenas de miles de millones, tales empresas sólo donan una pelota de fútbol, tres banderines, una botella de alcohol y dos paquetes de pan lactal. Cada uno de los productos donados tienen el logo, los colores y las calcomanías que publicitan los productos. La empresa, además de dar una nadádiva correspondiente a la acepción 1, lo hace en lo que respecta a la acepción 2: no dona de manera espontánea, sino a cambio de eximirse de una obligación impositiva.
El adjetivo "nadadivoso" se aplica también a personas particulares:
Nadadivoso: Quien no es reconocido como buen anfitrión
El amigo que rara vez nos invita a su casa, y cuando lo hace no nos ofrece siquiera la silla para sentarnos y mucho menos un vaso de agua, y aun menos una galletita, es un nadadivoso. No lo hace de tacaño; simplemente siente que no está obligado a atender bien a sus invitados.
1. Dádiva o donación exigua que no provoca diferencia en quien la recibe.
2. Capacidad de fingir que se está dando una ayuda espontánea.
Muchas empresas comerciales hacen publicidad de la colaboración que realizan a escuelas, hospitales y hogares. Aunque se trate de multinacionales que facturan decenas de miles de millones, tales empresas sólo donan una pelota de fútbol, tres banderines, una botella de alcohol y dos paquetes de pan lactal. Cada uno de los productos donados tienen el logo, los colores y las calcomanías que publicitan los productos. La empresa, además de dar una nadádiva correspondiente a la acepción 1, lo hace en lo que respecta a la acepción 2: no dona de manera espontánea, sino a cambio de eximirse de una obligación impositiva.
El adjetivo "nadadivoso" se aplica también a personas particulares:
Nadadivoso: Quien no es reconocido como buen anfitrión
El amigo que rara vez nos invita a su casa, y cuando lo hace no nos ofrece siquiera la silla para sentarnos y mucho menos un vaso de agua, y aun menos una galletita, es un nadadivoso. No lo hace de tacaño; simplemente siente que no está obligado a atender bien a sus invitados.
viernes, 26 de agosto de 2011
Núlisis
(Sustantivo. Del griego nous = mente y -lisis = destrucción. Adjetivo: nulítico)
Desbaratamiento de un proceso conceptual o creativo por la irrupción de un hecho externo que requiere atención inmediata.
A veces de manera espontánea empezamos a encadenar razonamientos con la firme intención de llegar a alguna conclusión útil; o barajamos ideas para escribir un cuento que tal vez se convierta en novela; o pensamos las primeras premisas para la demostración de un teorema, o nos damos cuenta de que estamos recordando paso a paso, como si se desenrollara de a poco, el sueño que tuvimos anoche. En mitad de estos procesos puede sonar un timbre o el llanto urgente del bebé; o podemos descubrir que una araña grande camina por la pared de la habitación. Una vez que estos hechos irrumpen, se desorganiza la labor mental; las ideas se vuelven confusas e inertes y las conclusiones parecen ya irrecuperables. Ha ocurrido un proceso nulítico. Después de la núlisis, sólo queda espacio mental para atender la puerta y recibir a la tía solterona, dar de comer al bebé o matar a la araña, ya sin ambiciones creativas o conceptuales.
En realidad el mundo externo interrumpe siempre o casi siempre nuestra labor mental. Sólo que pocas veces esa labor es realmente creativa y merece nuestro concienzudo trabajo. La núlisis se aplica sólo a estos raros casos, no a cualquier tipo de interrupción.
Término relacionado: Irenofagia.
Desbaratamiento de un proceso conceptual o creativo por la irrupción de un hecho externo que requiere atención inmediata.
A veces de manera espontánea empezamos a encadenar razonamientos con la firme intención de llegar a alguna conclusión útil; o barajamos ideas para escribir un cuento que tal vez se convierta en novela; o pensamos las primeras premisas para la demostración de un teorema, o nos damos cuenta de que estamos recordando paso a paso, como si se desenrollara de a poco, el sueño que tuvimos anoche. En mitad de estos procesos puede sonar un timbre o el llanto urgente del bebé; o podemos descubrir que una araña grande camina por la pared de la habitación. Una vez que estos hechos irrumpen, se desorganiza la labor mental; las ideas se vuelven confusas e inertes y las conclusiones parecen ya irrecuperables. Ha ocurrido un proceso nulítico. Después de la núlisis, sólo queda espacio mental para atender la puerta y recibir a la tía solterona, dar de comer al bebé o matar a la araña, ya sin ambiciones creativas o conceptuales.
En realidad el mundo externo interrumpe siempre o casi siempre nuestra labor mental. Sólo que pocas veces esa labor es realmente creativa y merece nuestro concienzudo trabajo. La núlisis se aplica sólo a estos raros casos, no a cualquier tipo de interrupción.
Término relacionado: Irenofagia.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Necrómero
(Sustantivo masculino. Del griego nekrós = muerto y hémera = día)
Día en el cual no pueden esperarse acontecimientos importantes, felices o productivos.
No todo día puede ser "un gran día", al decir de Joan Manuel Serrat. Existen mañanas que nacen condenadas, ya sea por la realización de una actividad estéril, monocorde y esforzada, o por condiciones subjetivas como el cansancio, el malhumor, el desgano, la apatía o la enfermedad. Si uno se despierta a la mañana con dolor de espalda y de cabeza, ya sabe que no tendrá entusiasmo ni empeño para limpiar el garage o escribir una pila de informes. Sabe, también, que los dolores le traerán mal humor y puede predecir sin temor a equivocarse que el transcurso de las horas sólo empeorará las cosas: más cansancio, más incomodidad, más mal humor. El día está perdido desde temprano, como si hubiera nacido muerto. Debe sumarse a todo esto que durante los necrómeros una persona está expuesta a cometer más errores que en otros días, con lo cual una buena parte de lo (poco) hecho habrá que hacerlo nuevamente.
Una sucesión de necrómeros deja el espíritu vacío y disminuye la calidad de los pensamientos. Durante los necrómeros no suele haber tiempo ni estado de ánimo para oasificar.
Esta definición se superpone parcialmente con la noción de "nefasto", adjetivo que suele acompañar al sustantivo "día". Pero en "día nefasto" no está ausente la posibilidad de que ocurra algo productivo o mínimamente satisfactorio (como sí ocurre con la definición de "necrómero), y mucho menos si se tiene en cuenta el significado inicial de la expresión "día nefasto", cuyo significado es "día dedicado a la adoración de los dioses y al ocio creador"
Día en el cual no pueden esperarse acontecimientos importantes, felices o productivos.
No todo día puede ser "un gran día", al decir de Joan Manuel Serrat. Existen mañanas que nacen condenadas, ya sea por la realización de una actividad estéril, monocorde y esforzada, o por condiciones subjetivas como el cansancio, el malhumor, el desgano, la apatía o la enfermedad. Si uno se despierta a la mañana con dolor de espalda y de cabeza, ya sabe que no tendrá entusiasmo ni empeño para limpiar el garage o escribir una pila de informes. Sabe, también, que los dolores le traerán mal humor y puede predecir sin temor a equivocarse que el transcurso de las horas sólo empeorará las cosas: más cansancio, más incomodidad, más mal humor. El día está perdido desde temprano, como si hubiera nacido muerto. Debe sumarse a todo esto que durante los necrómeros una persona está expuesta a cometer más errores que en otros días, con lo cual una buena parte de lo (poco) hecho habrá que hacerlo nuevamente.
Una sucesión de necrómeros deja el espíritu vacío y disminuye la calidad de los pensamientos. Durante los necrómeros no suele haber tiempo ni estado de ánimo para oasificar.
Esta definición se superpone parcialmente con la noción de "nefasto", adjetivo que suele acompañar al sustantivo "día". Pero en "día nefasto" no está ausente la posibilidad de que ocurra algo productivo o mínimamente satisfactorio (como sí ocurre con la definición de "necrómero), y mucho menos si se tiene en cuenta el significado inicial de la expresión "día nefasto", cuyo significado es "día dedicado a la adoración de los dioses y al ocio creador"
lunes, 1 de agosto de 2011
Nuliscipio
(Sustantivo. Del latín nullus = nada, ninguno y capio = tomar, apropiarse mentalmente. Adjetivo: nulisceta)
Incapacidad para retener una información elemental.
Sea por cansancio, por una patología o por distracción permanente, hay personas que son refractarias a cualquier dato o noticia nueva: aunque se les comunique algo con insistencia, ellos se comportarán como si nunca se les hubiera dicho una palabra. "¿Cómo estás?", nos pregunta un pariente. "Y, estoy con una bronquitis complicada", respondemos. Al rato el mismo pariente nos vuelve a preguntar cómo estamos y le repetimos: "Estoy con una bronquitis", "¿Tenés bronquitis?", pregunta asombrado. Un rato después, el mismo pariente nos pregunta cómo va nuestra descompostura de estómago. No importa cuántas veces le repitamos cuál es el padecimiento: él jamás nos escuchará.
Hay personas a las que no se les puede encargar un simple mandado porque, además de padecer nuliscipio, no usan anotadores para evitar el olvido. "Hay que comprar cien gramos de mortadela", le decimos al nulisceta. Este último no sólo nos preguntará diez veces qué hay que comprar, sino que, además, cuando está en el mercado no recordará qué le habíamos pedido.
El peor nulisceta es el que no se da cuenta de su nuliscipio, es decir: a partir de su incapacidad para retener un dato, elige inventarlo. Eso ocurre con quien en el supermercado, en lugar de preguntarse qué había que comprar, decide traer un escobillón (en vez de cien gramos de mortadela), o Reliverán (en lugar de un antibiótico para la bronquitis).
En algunos casos hay nuliscipio selectivo: ciertas personas no pueden retener datos de determinado tipo, mientras que se comporta normalmente en otros respectos. Suele ocurrir con nombres y profesiones de las personas.
Incapacidad para retener una información elemental.
Sea por cansancio, por una patología o por distracción permanente, hay personas que son refractarias a cualquier dato o noticia nueva: aunque se les comunique algo con insistencia, ellos se comportarán como si nunca se les hubiera dicho una palabra. "¿Cómo estás?", nos pregunta un pariente. "Y, estoy con una bronquitis complicada", respondemos. Al rato el mismo pariente nos vuelve a preguntar cómo estamos y le repetimos: "Estoy con una bronquitis", "¿Tenés bronquitis?", pregunta asombrado. Un rato después, el mismo pariente nos pregunta cómo va nuestra descompostura de estómago. No importa cuántas veces le repitamos cuál es el padecimiento: él jamás nos escuchará.
Hay personas a las que no se les puede encargar un simple mandado porque, además de padecer nuliscipio, no usan anotadores para evitar el olvido. "Hay que comprar cien gramos de mortadela", le decimos al nulisceta. Este último no sólo nos preguntará diez veces qué hay que comprar, sino que, además, cuando está en el mercado no recordará qué le habíamos pedido.
El peor nulisceta es el que no se da cuenta de su nuliscipio, es decir: a partir de su incapacidad para retener un dato, elige inventarlo. Eso ocurre con quien en el supermercado, en lugar de preguntarse qué había que comprar, decide traer un escobillón (en vez de cien gramos de mortadela), o Reliverán (en lugar de un antibiótico para la bronquitis).
En algunos casos hay nuliscipio selectivo: ciertas personas no pueden retener datos de determinado tipo, mientras que se comporta normalmente en otros respectos. Suele ocurrir con nombres y profesiones de las personas.
miércoles, 22 de junio de 2011
Necrolecto
(Sustantivo. Del griego nekrós = cadáver y léxis = lenguaje)
1. Tono monocorde y gutural en el que hablan los muertos.
Existe, en la ficción, una creencia según la cual los zombis hablan con voz grave, sentenciosa y amenazante. Las películas de terror nos han enseñado que el muerto es capaz de articular sus palabras en el mismo idioma que cuando estaba vivo, aunque sus emisiones son más rudas, su lenguaje es escaso y su tono ronco suena entre lúbrico y malintencionado.
2. Lenguaje de los muertos.
¿Por qué creer que un zombi, si hablara, lo haría en un dialecto que corresponde a los vivos? Según esta acepción, los muertos hablan en un idioma propio que resulta incomprensible para quienes estamos vivos. Quizás ese lenguaje no sea sonoro; tal vez el olor nauseabundo de la descomposición sea un medio de comunicarse. Quizás el silencio eterno, la mueca quieta, la rigidez, sean las mejores expresiones lingüísticas de los muertos.
1. Tono monocorde y gutural en el que hablan los muertos.
Existe, en la ficción, una creencia según la cual los zombis hablan con voz grave, sentenciosa y amenazante. Las películas de terror nos han enseñado que el muerto es capaz de articular sus palabras en el mismo idioma que cuando estaba vivo, aunque sus emisiones son más rudas, su lenguaje es escaso y su tono ronco suena entre lúbrico y malintencionado.
2. Lenguaje de los muertos.
¿Por qué creer que un zombi, si hablara, lo haría en un dialecto que corresponde a los vivos? Según esta acepción, los muertos hablan en un idioma propio que resulta incomprensible para quienes estamos vivos. Quizás ese lenguaje no sea sonoro; tal vez el olor nauseabundo de la descomposición sea un medio de comunicarse. Quizás el silencio eterno, la mueca quieta, la rigidez, sean las mejores expresiones lingüísticas de los muertos.
viernes, 27 de mayo de 2011
Narcomedia
(Sustantivo)
1. (Del griego narké = adormecimiento y kommoedia = obra dramática)
Representación teatral en la cual cada uno de los actores está dormido y ejecuta sus intervenciones en un estado de sonambulismo.
Por extensión, se llama narcomedia a cualquier interacción entre sonámbulos: si dos o más personas que padecen sonambulismo se encuentran en una plaza durante la madrugada, se sientan en un banco, se convidan caramelos, y mantienen un diálogo coherente y prolongado, se dice que han interpretado una narcomedia.
Las narcomedias tienen un curioso efecto: ninguno de sus protagonistas tiene conciencia de haber participado de ellas.
De manera derivada, también, puede llamarse narcomedia a la obra de teatro intencionadamente aburrida y monótona que provoca el sueño de la mayoría de su público.
2. (Del griego narké = adormecimiento y del latín media = medios de expresión. Úsase como sustantivo colectivo)
Sistemas de comunicación que dejan sus mensajes mientras sus destinatarios duermen.
Canales de televisión cuyos televidentes son personas que están dormidas serían ejemplos de narcomedia. Se puede justificar la necesidad de narcomedia apelando a esa dudosa y no corroborada hipótesis según la cual, mientras se duerme, se aprende (o se adoctrina) mejor porque la información se almacena sin filtros en el inconsciente.
1. (Del griego narké = adormecimiento y kommoedia = obra dramática)
Representación teatral en la cual cada uno de los actores está dormido y ejecuta sus intervenciones en un estado de sonambulismo.
Por extensión, se llama narcomedia a cualquier interacción entre sonámbulos: si dos o más personas que padecen sonambulismo se encuentran en una plaza durante la madrugada, se sientan en un banco, se convidan caramelos, y mantienen un diálogo coherente y prolongado, se dice que han interpretado una narcomedia.
Las narcomedias tienen un curioso efecto: ninguno de sus protagonistas tiene conciencia de haber participado de ellas.
De manera derivada, también, puede llamarse narcomedia a la obra de teatro intencionadamente aburrida y monótona que provoca el sueño de la mayoría de su público.
2. (Del griego narké = adormecimiento y del latín media = medios de expresión. Úsase como sustantivo colectivo)
Sistemas de comunicación que dejan sus mensajes mientras sus destinatarios duermen.
Canales de televisión cuyos televidentes son personas que están dormidas serían ejemplos de narcomedia. Se puede justificar la necesidad de narcomedia apelando a esa dudosa y no corroborada hipótesis según la cual, mientras se duerme, se aprende (o se adoctrina) mejor porque la información se almacena sin filtros en el inconsciente.
lunes, 7 de febrero de 2011
Nonosela
(Del latín non = no; anus = ano y sella = silla)
Imposibilidad de mantenerse sentado.
No es por ausencia de sillas ni por la presencia de obstosídeos: la nonosela se padece cuando, a pesar de contar con sillas y sillones, resulta extremadamente difícil tomar asiento durante algunos minutos para cenar, mirar un programa de televisión o leer el correo electrónico. Esto ocurre porque siempre hay algo por lo cual hace falta levantarse de forma urgente y compulsiva: no está el salero en la mesa, tocan timbre, el gato tiene hambre, suena el teléfono, el bebé llora o una cuchara cae al piso. A veces, después de mucho ajetreo, es necesario sentarse unos minutos y descansar, pero cuando hay nonosela las interrupciones son tan continuas que el efecto reparador del acto de sentarse nunca llega a sentirse.
No se aplica este término para las personas que no pueden mantenerse en el asiento porque son demasiado inquietas. Para ellas existe la expresión "culo con hormigas".
Imposibilidad de mantenerse sentado.
No es por ausencia de sillas ni por la presencia de obstosídeos: la nonosela se padece cuando, a pesar de contar con sillas y sillones, resulta extremadamente difícil tomar asiento durante algunos minutos para cenar, mirar un programa de televisión o leer el correo electrónico. Esto ocurre porque siempre hay algo por lo cual hace falta levantarse de forma urgente y compulsiva: no está el salero en la mesa, tocan timbre, el gato tiene hambre, suena el teléfono, el bebé llora o una cuchara cae al piso. A veces, después de mucho ajetreo, es necesario sentarse unos minutos y descansar, pero cuando hay nonosela las interrupciones son tan continuas que el efecto reparador del acto de sentarse nunca llega a sentirse.
No se aplica este término para las personas que no pueden mantenerse en el asiento porque son demasiado inquietas. Para ellas existe la expresión "culo con hormigas".
miércoles, 12 de enero de 2011
Nombrinar
(Verbo transitivo. De nombrar y nominar. Sustantivo: nombrinización)
Introducir una palabra que tiene una mínima variante con respecto a la palabra original, que no figura en los diccionarios y que pretende expresar un leve y casi irrelevante matiz de significado en una determinada jerga.
El verbo "invertir" tiene sus nombrinizaciones: "inversionar", "inversionalizar", "inversiar", y un sinfín acorde con la imaginación de quienes utilizan el lenguaje de los financistas. Si se nos explican los significados de esos verbos casi idénticos, los legos no advertiremos diferencias entre ellos. Quizás el especialista nos diga: "se dice 'invertir' cuando se habla de dinero en efectivo; 'inversionar' cuando hablamos de oro, 'inversionalizar' si nos referimos a productos agrícolas, e 'inversiar' si se trata de propiedades". Entonces nos enteramos de que esa proliferación de verbos no es más que una patraña ideada para identificar a quienes pertenecen al ámbito financiero (o 'financista', o 'financiador', o 'financizador') y quienes no; el que pertenece al círculo de los financieros reconocerá a sus colegas gracias al uso y abuso de esos términos. A veces el supuesto especialista inventa la modalidad verbal sólo para darse un aire pomposo: al médico no le gusta "sanar" enfermos; él prefiere "sanizar" o "sanitizar", y al vendedor no le basta con comerciar: él desea comercializar sus productos. En cada profesión y oficio se toma una palabra, se la nombrina y luego se la utiliza a troche y moche para mostrar que se es parte de un círculo de especialistas.
El verbo "nombrinar" es producto de una nombrinización: se ha introducido ese término en Exonario, modificando levemente las palabras "nombrar" y "nominar", y se ha nombrado con ella una acción casi irrelevante y difícil de diferenciar.
Podríamos llamar "nombrinizar" al acto de nombrinar en Exonario, con lo cual estaríamos nombrinando al cuadrado.
Introducir una palabra que tiene una mínima variante con respecto a la palabra original, que no figura en los diccionarios y que pretende expresar un leve y casi irrelevante matiz de significado en una determinada jerga.
El verbo "invertir" tiene sus nombrinizaciones: "inversionar", "inversionalizar", "inversiar", y un sinfín acorde con la imaginación de quienes utilizan el lenguaje de los financistas. Si se nos explican los significados de esos verbos casi idénticos, los legos no advertiremos diferencias entre ellos. Quizás el especialista nos diga: "se dice 'invertir' cuando se habla de dinero en efectivo; 'inversionar' cuando hablamos de oro, 'inversionalizar' si nos referimos a productos agrícolas, e 'inversiar' si se trata de propiedades". Entonces nos enteramos de que esa proliferación de verbos no es más que una patraña ideada para identificar a quienes pertenecen al ámbito financiero (o 'financista', o 'financiador', o 'financizador') y quienes no; el que pertenece al círculo de los financieros reconocerá a sus colegas gracias al uso y abuso de esos términos. A veces el supuesto especialista inventa la modalidad verbal sólo para darse un aire pomposo: al médico no le gusta "sanar" enfermos; él prefiere "sanizar" o "sanitizar", y al vendedor no le basta con comerciar: él desea comercializar sus productos. En cada profesión y oficio se toma una palabra, se la nombrina y luego se la utiliza a troche y moche para mostrar que se es parte de un círculo de especialistas.
El verbo "nombrinar" es producto de una nombrinización: se ha introducido ese término en Exonario, modificando levemente las palabras "nombrar" y "nominar", y se ha nombrado con ella una acción casi irrelevante y difícil de diferenciar.
Podríamos llamar "nombrinizar" al acto de nombrinar en Exonario, con lo cual estaríamos nombrinando al cuadrado.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Nodosporco
(Sustantivo. Del latín non = no; dum = todavía y spurcus = sucio)
Ropa no declarada oficialmente sucia.
Una manchita negra en una camisa marrón, ¿es suciedad? Si la remera no tiene olor, ni signos visibles de roña, ¿hace falta ponerla a lavar, aunque la hayamos usado una semana seguida? ¿Realmente debe ir al lavarropas un par de medias que usamos durante sólo una hora? Si la camisa tiene el cuello interno rozado (y por lo tanto, nadie puede verlo), ¿es eso suficiente motivo para no usarla?
Aquella ropa que, sin estar impecable, todavía puede seguir usándose (según nuestro discutible criterio), es un nodosporco.
La línea que separa al nodosporco de una prenda efectivamente sucia es débil y subjetiva. Para algunas personas, basta con una pequeña salpicadura de agua para llevar la prenda al lavarropas. Para otras, incluso la presencia de restos sólidos de huevo frito y guiso carrero no da motivos suficientes para quitársela y mucho menos tratar de limpiarla.
Ropa no declarada oficialmente sucia.
Una manchita negra en una camisa marrón, ¿es suciedad? Si la remera no tiene olor, ni signos visibles de roña, ¿hace falta ponerla a lavar, aunque la hayamos usado una semana seguida? ¿Realmente debe ir al lavarropas un par de medias que usamos durante sólo una hora? Si la camisa tiene el cuello interno rozado (y por lo tanto, nadie puede verlo), ¿es eso suficiente motivo para no usarla?
Aquella ropa que, sin estar impecable, todavía puede seguir usándose (según nuestro discutible criterio), es un nodosporco.
La línea que separa al nodosporco de una prenda efectivamente sucia es débil y subjetiva. Para algunas personas, basta con una pequeña salpicadura de agua para llevar la prenda al lavarropas. Para otras, incluso la presencia de restos sólidos de huevo frito y guiso carrero no da motivos suficientes para quitársela y mucho menos tratar de limpiarla.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Necróptero
(Adjetivo. De nekrós = muerte y -ópter = que mira)
Muerto que tiene los ojos abiertos.
Solemos bajar los párpados de una persona que muere con los ojos abiertos. Quizás por piedad o, mejor, porque nos asusta esa mirada enajenada. Algunos necrópteros parecen observar al infinito. Otros han muerto con un gesto de concentración muy definido: sus ojos y su ceño fruncido han quedado fijados en la dirección del televisor, o en un punto preciso de la pared, o en la rama seca del árbol que se ve a través de la ventana. El necróptero nos informa qué fue lo último que vio la persona que habitó ese cuerpo.
Muerto que tiene los ojos abiertos.
Solemos bajar los párpados de una persona que muere con los ojos abiertos. Quizás por piedad o, mejor, porque nos asusta esa mirada enajenada. Algunos necrópteros parecen observar al infinito. Otros han muerto con un gesto de concentración muy definido: sus ojos y su ceño fruncido han quedado fijados en la dirección del televisor, o en un punto preciso de la pared, o en la rama seca del árbol que se ve a través de la ventana. El necróptero nos informa qué fue lo último que vio la persona que habitó ese cuerpo.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Necesitoso
(Adjetivo. De necesidad)
1. Dícese de quien exhibe una necesidad que no tiene ante quienes sí tienen esa necesidad.
2. Dícese de quien se queja por un mal que es insignificante en comparación con el mal de quienes lo escuchan quejarse.
Sólo pueden ser necesitosos quienes tienen cierto poder. El jefe necesitoso se queja ante su secretaria, diciéndole que no le alcanza el sueldo, que le vendrían bien tres o cuatro mil pesos más. La empleada cobra cinco veces menos que el jefe, pero siente cierto remordimiento y puede que acceda a prestarle parte de su aguinaldo. El profesor le dice a su auxiliar: "No puedo dar la clase del martes yo solo; me vendría bien que alguien me dé una mano". El auxiliar -quien da todas las clases del resto de la semana- se siente en la obligación de ayudar a su superior, y seguramente terminará dando también la clase del martes. El hombre saludable necesitoso se queja de un dolor de cabeza frente a alguien que está sufriendo un ataque cardíaco.
El necesitoso actúa de manera inconsciente y no por maldad; no se da cuenta de que sus lamentos resultan obscenos e irritantes ante el más pobre, el menos poderoso o el dolorido. Lo curioso es que muchas veces obtiene lo que se propone. Un magnate necesitoso que se quejara por lo caro que está todo, podría lograr que la gente pobre dijera con cierta genuina congoja: "pobre hombre, la plata no le alcanza para nada"
1. Dícese de quien exhibe una necesidad que no tiene ante quienes sí tienen esa necesidad.
2. Dícese de quien se queja por un mal que es insignificante en comparación con el mal de quienes lo escuchan quejarse.
Sólo pueden ser necesitosos quienes tienen cierto poder. El jefe necesitoso se queja ante su secretaria, diciéndole que no le alcanza el sueldo, que le vendrían bien tres o cuatro mil pesos más. La empleada cobra cinco veces menos que el jefe, pero siente cierto remordimiento y puede que acceda a prestarle parte de su aguinaldo. El profesor le dice a su auxiliar: "No puedo dar la clase del martes yo solo; me vendría bien que alguien me dé una mano". El auxiliar -quien da todas las clases del resto de la semana- se siente en la obligación de ayudar a su superior, y seguramente terminará dando también la clase del martes. El hombre saludable necesitoso se queja de un dolor de cabeza frente a alguien que está sufriendo un ataque cardíaco.
El necesitoso actúa de manera inconsciente y no por maldad; no se da cuenta de que sus lamentos resultan obscenos e irritantes ante el más pobre, el menos poderoso o el dolorido. Lo curioso es que muchas veces obtiene lo que se propone. Un magnate necesitoso que se quejara por lo caro que está todo, podría lograr que la gente pobre dijera con cierta genuina congoja: "pobre hombre, la plata no le alcanza para nada"
martes, 26 de octubre de 2010
Nefelimoto
(Sustantivo. Del griego neféle = nube y del latín motus = movimiento)
Fenómeno meteorológico en el que las nubes del cielo se mueven con rapidez y de manera errática e impredecible.
En un nefelimoto, el cielo parece sobrecargado de formaciones nubosas, y las nubes cambian de forma, se alejan, se separan, se vuelven a unir; ascienden hasta desaparecer o descienden a gran velocidad hasta el suelo para transformarse en una momentánea niebla. El espectáculo es sobrecogedor y terrorífico: si ocurre de noche, se disimula gracias a la oscuridad, aunque si se mira hacia arriba en un lugar despejado se podrán ver matices rojizos y grisáceos que se retuercen y desarman con violencia. En cambio, durante el día, el rápido contraste de luces, colores, sombras y furiosos espasmos celestiales produce una inquietante sensación de apocalipsis.
Una curiosidad: las nubes se mueven hacia muchas direcciones, como si el viento fuese un poliolo que sopla a la vez desde todos los puntos cardinales, incluso desde arriba o desde abajo.
Fenómeno meteorológico en el que las nubes del cielo se mueven con rapidez y de manera errática e impredecible.
En un nefelimoto, el cielo parece sobrecargado de formaciones nubosas, y las nubes cambian de forma, se alejan, se separan, se vuelven a unir; ascienden hasta desaparecer o descienden a gran velocidad hasta el suelo para transformarse en una momentánea niebla. El espectáculo es sobrecogedor y terrorífico: si ocurre de noche, se disimula gracias a la oscuridad, aunque si se mira hacia arriba en un lugar despejado se podrán ver matices rojizos y grisáceos que se retuercen y desarman con violencia. En cambio, durante el día, el rápido contraste de luces, colores, sombras y furiosos espasmos celestiales produce una inquietante sensación de apocalipsis.
Una curiosidad: las nubes se mueven hacia muchas direcciones, como si el viento fuese un poliolo que sopla a la vez desde todos los puntos cardinales, incluso desde arriba o desde abajo.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Nooma
(Sustantivo. Del griego nóesis = captación intelectual y -oma = tumor)
Enfermedad, malestar o tumor provocado por pensar.
A veces, se puede sentir un leve dolor de cabeza después de llevar a cabo un moderado trabajo intelectual. Si suponemos que la propia actividad de pensamiento provoca algún tipo de dolor, diremos que esa consecuencia física negativa es un nooma.
Puede pensarse que cuanto más trabajosa, frenética y angustiante sea la actividad intelectual, tanto mayor será el dolor provocado. Una noche de intensas elucubraciones quizás provoque fuertes dolores en la cabeza, mareos y náuseas, pero un mes o un año seguidos de incontenibles inferencias y razonamientos enloquecidos tal vez produzcan tumores o ataques cardíacos.
Cabría sospechar que cuanto más letal sea el nooma, más cerca se habrá estado de pensar una verdad absoluta: el nooma sería el castigo que los dioses envían a quienes se atreven a deducir el funcionamiento del universo mediante el método de fatigar interminables cadenas de premisas y conclusiones. Por alguna razón, la divinidad no quiere que la deduzcamos. El corolario de esta hipótesis es: nadie podrá jamás pensar una verdad absoluta, pues en el preciso instante en que esa verdad se hiciera presente, aparecería un nooma letal y fulminante que aniquilaría al pensador.
(Nota: el término "nooma" es el título de una serie religiosa en inglés, pero su etimología, y por lo tanto su significado, son diferentes)
Enfermedad, malestar o tumor provocado por pensar.
A veces, se puede sentir un leve dolor de cabeza después de llevar a cabo un moderado trabajo intelectual. Si suponemos que la propia actividad de pensamiento provoca algún tipo de dolor, diremos que esa consecuencia física negativa es un nooma.
Puede pensarse que cuanto más trabajosa, frenética y angustiante sea la actividad intelectual, tanto mayor será el dolor provocado. Una noche de intensas elucubraciones quizás provoque fuertes dolores en la cabeza, mareos y náuseas, pero un mes o un año seguidos de incontenibles inferencias y razonamientos enloquecidos tal vez produzcan tumores o ataques cardíacos.
Cabría sospechar que cuanto más letal sea el nooma, más cerca se habrá estado de pensar una verdad absoluta: el nooma sería el castigo que los dioses envían a quienes se atreven a deducir el funcionamiento del universo mediante el método de fatigar interminables cadenas de premisas y conclusiones. Por alguna razón, la divinidad no quiere que la deduzcamos. El corolario de esta hipótesis es: nadie podrá jamás pensar una verdad absoluta, pues en el preciso instante en que esa verdad se hiciera presente, aparecería un nooma letal y fulminante que aniquilaría al pensador.
(Nota: el término "nooma" es el título de una serie religiosa en inglés, pero su etimología, y por lo tanto su significado, son diferentes)
viernes, 6 de agosto de 2010
Nómeco
(Adjetivo. Del latín non mihi = no a mí, no para mí)
Dícese de quien no responde a su propio nombre.
Algunas personas tienen un curioso trastorno: si las llaman, se dan cuenta de que hay alguien que está gritando su nombre, pero no reconocen que ese nombre es el de ellas. Aun si les gritaran con insistencia su nombre, apellido y número de documento, mirarían incómodos a los costados, para ver si alguien se da por aludido. Después de muchas cavilaciones, un compañero que está cerca les dice: "Carina, te están llamando", y en ese instante despiertan de un extraño sopor. Por alguna razón, estas personas viven en tercera persona; se sienten eternos espectadores de lo que pasa y jamás imaginan que el mundo los pudiera interpelar.
El nómeco no sólo se comporta de ese modo con su nombre. Si suena su teléfono, hay que avisarle que ese saturado y estridente compás de cumbia es su teléfono. No sólo no responde ante el frenético ringtone que él mismo eligió para su celular; tampoco parece advertir que está sonando algo y continúa hablando (o escuchando) como si el repentino "Nunca me Faltes" de Antonio Ríos que sale de su bolsillo no hiciera ninguna interferencia.
En otros casos, el nómeco no se da cuenta de que el timbre de la puerta está sonando en su casa, y no en la casa de algún vecino. No es imposible que, cuando lo han decapitado con la guillotina, durante los cinco segundos de sobrevida que, según dicen, tiene la cabeza, crea que el decapitado es otro.
El nómeco es un caso límite del enfulanizado. Es un autoenfulanizado.
Dícese de quien no responde a su propio nombre.
Algunas personas tienen un curioso trastorno: si las llaman, se dan cuenta de que hay alguien que está gritando su nombre, pero no reconocen que ese nombre es el de ellas. Aun si les gritaran con insistencia su nombre, apellido y número de documento, mirarían incómodos a los costados, para ver si alguien se da por aludido. Después de muchas cavilaciones, un compañero que está cerca les dice: "Carina, te están llamando", y en ese instante despiertan de un extraño sopor. Por alguna razón, estas personas viven en tercera persona; se sienten eternos espectadores de lo que pasa y jamás imaginan que el mundo los pudiera interpelar.
El nómeco no sólo se comporta de ese modo con su nombre. Si suena su teléfono, hay que avisarle que ese saturado y estridente compás de cumbia es su teléfono. No sólo no responde ante el frenético ringtone que él mismo eligió para su celular; tampoco parece advertir que está sonando algo y continúa hablando (o escuchando) como si el repentino "Nunca me Faltes" de Antonio Ríos que sale de su bolsillo no hiciera ninguna interferencia.
En otros casos, el nómeco no se da cuenta de que el timbre de la puerta está sonando en su casa, y no en la casa de algún vecino. No es imposible que, cuando lo han decapitado con la guillotina, durante los cinco segundos de sobrevida que, según dicen, tiene la cabeza, crea que el decapitado es otro.
El nómeco es un caso límite del enfulanizado. Es un autoenfulanizado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















