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martes, 25 de febrero de 2014

Comproludio

(Sustantivo. Del latín con = junto, completo; pro = continuidad y ludus = juego)

Juego que contiene entre sus reglas la posibilidad de continuar jugándolo una vez terminado. 

Aunque la definición parece complicada, en realidad es bastante fácil distinguir a un juego comproludio de aquel que no lo es.
Las calesitas son comproludios: dentro del propio juego, es posible sacar la sortija, lo que permite continuar jugando. En cambio, el pool no es comproludio porque ninguna regla interna del juego permite seguir jugándolo una vez terminada la partida; ni tampoco hay reglas que permitan ganar bolas para que el juego se extienda. En todo caso se puede jugar un nuevo partido de pool, pero este nuevo partido no está conectado con el anterior. Muchos videojuegos son comproludios, en tanto pueden obtenerse "vidas" o incluso créditos para continuarlo (en el caso de videojuegos, para que sean comproludios, es necesario que su trama permita jugar indefinidamente. Se trata de juegos que pueden "darse vuelta", esto es: una vez que se llega al final de la trama, esta recomienza una y otra vez hasta que ya no queden vidas)  El tatetí, el royal ludo, las damas y el ajedrez no son comproludios, pues dentro de las partidas de estos juegos no hay reglas que permitan "ganar" partidas extras o "vidas".
En los comproludios, existe la posibilidad de jugar indefinidamente con una sola ficha o boleto inicial. Es posible, en principio, pagar una vez el ticket de la calesita y luego sacar la sortija por toda la eternidad -o, al menos, hasta que el calesitero decidiera cerrar. Podría pensarse, no obstante, en una calesita que jamás cierra sus puertas por culpa de un cliente endemoniado que saca continuamente la sortija (A su vez, para ello, es necesario pensar en un calesitero endemoniado que no detiene jamás la calesita, ni de noche, ni con lluvia, ni con el paso de las décadas)
El comproludio contiene el estímulo y la ilusión del juego eterno y recursivo. Nos promete que si entramos en sus reglas, podremos estar sometidos a ellas por siempre, como si gracias a ellas tuviésemos la chance de escapar del destino de vejez, enfermedad y muerte que nos espera a todos. La sortija es un objeto creador de futuro: nadie muere en las vísperas, ni con la sortija recién ganada en mano.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Subostio

(Sustantivo. Del latín sub- = por debajo y ostium = puerta. Verbo transitivo: subostiar)

Objeto que puede pasar por debajo de una puerta. 

Las facturas de la luz, del cable y el gas; el impuesto municipal, las publicidades de electrodomésticos, el diario y los avisos de telegrama suelen ser subostios. Es común que, con el paso de los días, el pasillo cercano a la puerta de entrada de casa esté repleto de subostios.

Si le pedimos a alguien que pase algo por debajo de la puerta podemos indicarle, de un modo más económico, que subostie ese objeto.

jueves, 11 de agosto de 2011

Sondograma

(Sustantivo. Del griego soma = cuerpo; endos = interior y gráma = escritura)

Letra, palabra o mensaje escrito en algún órgano o parte inaccesible del cuerpo.

En la película Un hombre serio (A Serious Man, 2009) de Joel y Ethan Coen, un dentista descubre que uno de sus pacientes tiene un mensaje escrito en el lado posterior de sus dientes: una letra hebrea por cada pieza dentaria. Ese mensaje es un sondograma. Si descubriéramos que nuestros huesos, pulmones, corazón o hígado contienen una clara conjunción de letras en algún idioma, también los llamaríamos sondogramas. Para que califiquen como tales, es menester que no hayan sido escritos por el individuo que los posee (esta condición se cumple debido a la inaccesibilidad del mensaje), ni por una mano externa en algún momento de nuestra vida, y que estén impresos en algún lenguaje natural. No cuenta como sondograma el tatuaje hecho en el cráneo durante la lactancia y que se descubre sólo a los cuarenta años cuando se declara la calvicie, ni la interpretación arbitraria que podría hacerse del trazado de nuestras venas y arterias (quizás entre los ríos y deltas de nuestra sangre puede encontrarse una conjunción de letras en algún idioma, pero esto sería puramente casual). 
Puede pensarse que los sondogramas tienen origen divino. Así se lo interpreta al menos en la película Un hombre serio. Sin embargo, puede que en un futuro no muy lejano las personas nazcan con alguna condición extraordinaria gracias a ciertos avances en la genética, y en ese caso es posible que los niños lleven alguna marca identificatoria en sus órganos que indique cuál es la modificación genética a la que fueron expuestos antes de nacer o incluso antes de ser concebidos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Sanabo

(Sustantivo. Del latín sano = curar. La palabra "sanabo" es la primera persona del singular del futuro imperfecto del indicativo, y en esa forma entró al español)

Placebo que en realidad contiene una parte activa de medicamento.

El placebo es un medicamento que no posee acción terapéutica. Una de las condiciones para que el placebo funcione es que el paciente crea que está tomando un medicamento real, y de ese modo un síntoma de origen psicosomático deja de manifestarse (he ahí el "efecto placebo") Si sospecha que los comprimidos contra la urticaria son placebo, de inmediato dejan de surtir efecto y en ese caso el médico deberá prescribirle o bien un medicamento real, o bien otro placebo, o bien un sanabo.

¿Qué es exactamente un sanabo? Es un medicamento real, pero el paciente debe tomarlo creyendo que se trata de un placebo. Para inducir tal creencia el médico deberá dar indicios ambiguos, de manera que el paciente tenga la sospecha de que no le va a hacer efecto. "Tome cuatro pastillas por día. No, mejor dieciséis", dirá el médico, como si la cantidad no fuera importante. "Mézclelo con alcohol. Con mucho alcohol", puede agregar. "Y tómelos cada ocho horas, o cada cuatro, o cada quince minutos, o una vez por semana". La monodroga y la marca comercial del sanabo deberán tener un nombre ridículo o sospechoso (por ejemplo "Nohagonadax", "Almidonix Azucaradux" o "Menthoplus"); si se trata de pastillas, tendrán un color casi fluorescente y un sabor dulzón; y sería conveniente que su costo fuese bajísimo (como si sólo se tratara de pastillas azucaradas) Para completar la farsa, puede ayudar que los farmacéuticos esbocen una sonrisa y murmuren por lo bajo cuando el paciente va a comprar el remedio.

Los sanabos tienen un problema: no se garantiza que el paciente lo tome regularmente, dado que desconfía del tratamiento. En ese caso, el sanabo provoca un efecto displacebo.

La palabra "placebo" significa "agradará" o "placerá" en latín. La palabra "sanabo" significa "curará".

lunes, 9 de mayo de 2011

Sinasa

(Adjetivo. De "sin asa")

1. Objeto que resulta difícil de asir debido a que no tiene alguna parte que sobresale.

Los objetos esferoides son propiamente sinasa. Puede utilizarse el término para referirse a algo que es uniformemente resbaloso o caliente: aunque tuviera asas, el hecho de que la temperatura o o su carácter escurridizo estén distribuidos de manera uniforme en todo el objeto (incluidas las eventuales asas), hacen que sea sinasa. No es una contradicción hablar de un asa sinasa, si el asa comparte las propiedades de calor o viscosidad del resto del objeto. Si las asas de una taza se calientan al igual que la taza, entonces tanto la taza como las asas son sinasas.

2. Persona o animal a la que le falta alguna de las extremidades, o todas.

Se lo puede utilizar en sentido figurado para referirse a la falta de vigor masculino o de autoridad, en referencia a una supuesta falta de pene. También, como término despectivo o insultante, refiere a una supuesta impotencia sexual masculina: "No te acuestes con Roberto, es un sinasa"

3. Dícese de la argumentación tan clara, completa y convincente que resulta imposible de refutar, ya sea en conjunto o en sus partes. 

En esta acepción, también, se refiere a la persona que es capaz de defender de manera impecable un discurso, o cuyo pasado es limpio y libre de cualquier reproche. Cuando se discute con un sinasa, se suele decir: "Estuve discutiendo con Hernán y revolviendo en su pasado. Pero es un sinasa, nunca encuentro algo con qué agarrarlo".

miércoles, 5 de enero de 2011

Salchino

(Adjetivo y sustantivo. De la expresión "vamos al chino", apócope de "vamos al supermercado chino". Verbo: salchinar)

Experiencia de compra en un supermercado chino. 

Como adjetivo, la palabra suele modificar al sustantivo "experiencia": "tuve una experiencia salchina"
No es lo mismo recorrer las góndolas de Carrefour y Disco que pasear por los infinitos vericuetos de un supermercado atendido por orientales. Caminar cerca de una góndola enfriadora en un supermercado chino equivale a recordar el mito de las heladeras apagadas durante la noche y la carne de rata. Además de la dudosa refrigeración de sus productos, el supermercado chino posee una disposición topográfica particular: poco espacio entre góndolas, productos heterogéneos perdidos en un rincón, un local de ventas laberíntico e iluminado sólo con fluorescentes escasamente dispuestos. La experiencia se asocia a cierto olor a pescado y arroz hervido, aun cuando esas asociaciones son inferencias y no sensaciones. Desde luego, la experiencia salchina está cimentada sobre prejuicios: aunque estuviéramos en un supermercado chino cuyas heladeras funcionaran a la perfección,cuyas luces encandilaran o cuya mercadería no incluyera una góndola de productos chinos, también podríamos tener una experiencia salchina.

No es necesario estar en una tienda atendida por orientales para tener la experiencia salchina. Nos puede ocurrir en un sinnúmero de situaciones. "Ayer fui al taller mecánico a arreglar el auto, y había olor a pescado frito, poca luz y música oriental. Tuve una experiencia salchina"

lunes, 20 de diciembre de 2010

Santivirus

(Sustantivo. De santo y antivirus)

1. Programa que considera como un virus cualquier archivo de computación que codifique expresiones e imágenes obscenas y sacrílegas. 

2. Programa que otorga una bendición a otros programas, por medio de un escaneo.

En la acepción 1, el santivirus ejecuta una acción invasiva y censuradora sobre los datos de un ordenador. En la acepción 2, en cambio, el santivirus es inofensivo; es un programa epifenoménico que "barre" al resto de los programas, otorgándoles una bendición. Se supone que el santivirus en su segunda acepción es un simple programa de escaneo que ha sido bendecido por una autoridad eclesial. Si existiera un "cielo de los datos" adonde viajen los archivos cuando se destruye su soporte, esos archivos sólo podrán ocupar un paraíso binario de élite si han sido previamente purificados por el santivirus. De otro modo, cuando el disco rígido se destruya, los datos o bien simplemente desaparecerán, o bien viajarán a un infierno espantoso lleno de entidades matemáticas monstruosas, como el infinito, la cifra periódica o el número dos.

En otra acepción relacionada con las anteriores (aunque por fuera del lenguaje binario), un santivirus puede ser un virus que ataca al cerebro de las personas, cuyo síntoma es un estado de fe, castidad, devoción divina y santidad. Los afectados de santivirus no se defienden de los golpes que reciben, y prefieren ceder sus bienes (aun los más privados y esenciales) a otras personas. Trabajan sólo en beneficio ajeno y sienten una enorme serenidad y placer en la frugalidad absoluta y en los soliloquios en voz baja, de rodillas y con las manos juntas.

(Este post está inspirado en la frase "Salva tus datos" de mi amigo Sebastián Morfes, y en la pesadilla binaria del robot Bender de la serie Futurama: "¡Qué horrible pesadilla! ¡Unos y ceros por todas partes! Hasta me pareció ver un dos")

jueves, 4 de noviembre de 2010

Seudostro

(Adjetivo. Del griego pseudós = falso y  oistrós = aguijón)


Dícese de la persona que se considera a sí misma capaz de advertir, amonestar y concientizar a otros. 

El seudostro cree que tiene una misión trascendente. Aunque su bagaje conceptual es deplorable, y aunque sus convicciones resultan escasas y contradictorias, él supone que sus duras, prejuiciosas y muchas veces infundadas admoniciones provocarán un "despertar", o un "abrir los ojos" en sus irritados oyentes. Es común que un seudostro se vanaglorie de sus (puramente imaginarios) buenos resultados: "Ayer le dije a Carlitos que esa mujer con la que sale no es para él, que algún día lo va a engañar; que se tiene que buscar otra. Al principio se enojó, pero después (antes de pegarme una trompada) me miró como diciendo 'tenés razón'". Otras veces, el seudostro cuenta dudosas anécdotas del pasado, para mostrarnos que "desde muy joven" se dedicó a "decir todas las verdades" a la gente y que "no se calla nada", esperando quizás que sus obligados oyentes le rindan pleitesía. "Hace veinticinco años hablé con el presidente de la república, el finado Raúl Alfonsín y le dije: Raúl, se viene la hiperinflación, se viene la hiperinflación, cuidado con las especulaciones financieras... No me hizo caso, y fijate la que se vino en el ochenta y nueve"
El seudostro realiza una amalgama entre el consejo malicioso y la advertencia: por un lado, dictamina cuál es el único camino que se debe seguir para evitar un mal horrendo; por otro lado, infiere cuál es el mal terrible en el que (de manera inexorable) desembocarán los acontecimientos si se desoye su advertencia. Muchas veces (y esto es lo típico) es ambiguo y poco específico en su relato de los hechos actuales; sin embargo, a pesar de ello, parece tener muy en claro cuáles serán las terribles consecuencias si no se actúa como recomienda. Si se le pregunta cómo está el contexto político, dirá "Está todo, pero todo, todo, mal". Ahora bien, de ese "mal" en abstracto, ese mal total, supone que el mejor camino es "Quitar del camino a un candidato pernicioso", porque de otro modo "el país desembocará en una irreparable crisis interna, con la quiebra de todas las pequeñas y medianas empresas". Aquí puede verse la secuencia del seudostro: un contexto inespecífico ("Está todo mal"), un camino a seguir ("Quitar del medio a un candidato") y una consecuencia espantosa y muy específica si no se cumple con su consejo imperativo ("La quiebra de las pequeñas y medianas empresas")

En el contexto político argentino, la diputada Elisa Carrió es la seudostra más reconocida.

martes, 14 de septiembre de 2010

Sanosórdico

(Adjetivo. Del latín sanna = mueca y surdus = sordo)


Quien gesticula para decirnos algo urgente mientras hablamos por teléfono.

Si llama la tía Estela y nos pregunta por Carlitos, le decimos que Carlitos está en casa, comiendo un matambre al horno con la familia. Carlitos hace una mímica desesperada, implora, ejecuta una ridícula actuación para decirnos algo. No entendemos lo que quiere, y no hay manera de adivinar. Cuando cortamos, Carlitos aclara: "No tenías que decirle a la tía que yo estoy acá. Le dije que estaba descompuesto y que no iba a salir de casa".  Carlitos quería avisarnos -cuando ya era tarde- de que no había que dar esa información. Pero no lo escribió en un papel, ni lo dijo de antemano: pensó que una sucesión de morisquetas desenfrenadas e hipos guturales a destiempo podían cumplir la misma finalidad que un discurso claro y oportuno. No sólo eso: Carlitos se siente con derecho a enojarse por nuestra falta de intuición ante sus improvisadas muecas de mal payaso. 

Existe una especie de sanosórdico que no tiene la intención de comunicar algo; sus muecas sólo buscan la risa de quien está hablando por teléfono.

El sanosórdico puede hacerse extensivo a otros ámbitos, además del telefónico. Un locutor de radio o un conductor de televisión a veces deben enfrentar a su sanosórdico operador, quien le desea comunicar con gestos sordos que la noticia que está dando es errónea.

viernes, 20 de agosto de 2010

Semanterio

(Sustantivo. De semántica  y cementerio)

1. Libro o sitio web que se dedica a recolectar palabras en desuso. 

Algunas personas que han entrado a Exonario, lo han confundido con un semanterio, creyendo que en este blog hacíamos acopios de términos que alguna vez fueron usados, pero ya no. 

2. Red de conceptos que ya nadie piensa. 

Si cada palabra o grupo de palabras conforma un concepto, entonces existen millones de conceptos que ya nadie piensa, o que sólo se pensaron una vez (en el momento de crear la palabra o la frase para nombrarlo) o en un momento muy preciso de la historia. Esos conceptos ya no pensados conforman una platónica y enmarañada red semántica en desuso. 

Las palabras de Exonario que ya nadie lee y que nadie usa ni usó jamás, son parte de un semanterio.

(Nota: la palabra "semanterio" se usa como sinónimo de "simandrón", un instrumento musical utilizado en actos litúrgicos. No he encontrado la etimología de este "semanterio", pero sospecho que no debe ser similar a la que estamos utilizando aquí)

lunes, 12 de julio de 2010

Sinóniro

(Adjetivo y sustantivo. Del griego syn = con y oneirós = ensoñación)

1. Dícese de quien está soñando en el mismo instante en que otro sueña.


2. Dícese de quien tiene el mismo sueño que otra persona.

3. Dícese de quien se encuentra con otra presona dentro de un sueño por causa de estar soñando el mismo sueño.

Las acepciones 2 y 3 involucran casualidades demasiado improbables, y por eso los hechos que nombran son extraños y maravillosos.
Algunas veces, dos o más personas cuentan con vívidos detalles la situación con la que soñaron, y descubren que han visitado el mismo espacio onírico. Es frecuente que uno termine la descripción que comenzó el otro: "... Una habitación amarilla con... " dice uno de los soñadores, y el otro continúa "... con un dragón verde flotando cerca de la chimenea...". Ambos se asombran por haber sido sinóniros en su segunda acepción.
Con respecto a la acepción tercera, existen grupos de personas que deciden dormir en una misma casa o habitación para compartir aventuras oníricas. Creen que, con ciertos rituales o programaciones mentales podrán tener un único sueño en común y, quizás, compartir aventuras con sus sinóniros inmediatos.

Un sinóniro en su tercera acepción tiene que serlo, necesariamente, en la segunda y en la primera. La viceversa, sin embargo, no tiene por qué darse.

lunes, 15 de febrero de 2010

Sinfásarco,a

(Adjetivo. Del griego syn = con; fágo = comer y sarx = carne.)

Quien come la carne del mismo animal que uno.

Si una oveja muere en el campo, es posible que los miembros de una jauría de lobos coman una gran cantidad de su carne y que, luego, los pájaros carroñeros y los gusanos se hagan cargo del resto. Los lobos, los pájaros y los gusanos son sinfásarcos.
Reciben este mismo nombre quienes comen los distintos cortes de vaca que se compran en una carnicería: si compramos bola de lomo de ternera, y nuestro vecino compra cuadril, y si el carnicero nos da ambos cortes del mismo animal, seremos sinfásarcos del vecino.

miércoles, 6 de enero de 2010

Sintequete


(Adjetivo. Del griego sintekthé = pacto)

Dícese de la persona que prefiere negociar y llegar a un acuerdo en lugar de debatir, discutir y argumentar sus propias ideas y opiniones.

Al sintequete se lo considera pacifista y mediador. En verdad sólo es un pusilánime incapaz de sostener sus convicciones. Su única aspiración es llegar a un consenso gris y sin conflictos, y cuando entrevé una discusión o un debate áspero, se mantiene al margen hasta que las partes llegan a algún punto definitorio: o la conciliación, o el alejamiento. No interviene cuando todos exponen sus opiniones: él prefiere hablar cuando ya se dijo todo lo que se debía decir. En esos momentos suele decir frasecitas ramplonas e inertes como las siguientes: "Este es un buen espacio de debate", "Haya paz, haya paz", "Yo creo que todos tienen un poco de razón", "Lo que piense cada uno no es importante, lo importante es el bien común". A veces, cuando el nivel de polémica es elevado, sus palabras sólo contribuyen a enervar a los contendientes y, sin quererlo, se ve arrastrado en el maremágnum de una disputa. Alguno de los beligerantes polemistas puede increparlo: "El bien común las pelotas, si te interesara el bien común pensarías como yo, pero no tenés huevos para opinar lo que hay que opinar".
Desde luego, el sintequete tiene gran cautela con sus palabras. Por lo general interviene cuando la discusión está agotada y ya nadie tiene ánimo de seguirla. Por eso no es común que lo arrastren a la arena del debate: él habla cuando ya no hay debate, sino un silencio filoso e iracundo.
El sintequete no puede concebir que haya opiniones irreconciliables porque él mismo no tiene ninguna convicción fuerte. Sin embargo, a pesar de eso, él cree que tiene un especial talento para lograr paz y armonía en situaciones complicadas. Supone que es un gran diplomático, aunque todo su arte consiste en encontrar la oportunidad justa para hacer una intervención anodina y sin sustancia.
Los políticos y los funcionarios religiosos (quienes también hacen política) son sintequetes por naturaleza. Una diputada que prefiere no discutir sus proyectos para firmar acuerdos con quienes hasta hace poco eran su oposición irreconciliable, o un cardenal que, ante un violento desalojo de manifestantes por parte de la policía sólo dice "quiero que vuelva la paz", son sintequetes.
El sintequete nunca dice de qué lado está. Quizás porque sabe que está del lado equivocado.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Semprifecto, a


(Adjetivo. Del latín semper = siempre y conficio = terminar)

Dícese de la persona que nos dice que un proceso se está finalizando cuando no es verdad.

Pedimos unas empanadas por teléfono. Pasan dos horas, y las empanadas no llegan. Volvemos a llamar y el vendedor nos dice que "ya están saliendo". Pasa una hora más. Enfurecidos, vamos al teléfono y nos vuelven a decir que "ya salen". El vendedor es un semprifecto: sólo da una respuesta de compromiso. Quizás no sabe qué pasó con las empanadas; tal vez no tenga la menor idea de por qué no llegan a nuestro domicilio. Pero él, ante esa ignorancia, se limita a asegurarnos que todo marcha bien y sólo nos pide un poco de paciencia.

Cuando se trata de pedir empanadas, uno puede simplemente negarse a recibir un pedido que se demoró tres horas. Sin embargo, los semprifectos están en todos los rubros, desde los oficios hasta la burocracia. Si hace diez años iniciamos un juicio laboral, nuestro abogado pretenderá darnos un consuelo: "ya sale", "ya sale el jucio", "ya se pone fecha". El plomero, después de tres días de trabajo en nuestro baño, puede decir que "ya termina", aunque siga viniendo por dos semanas más y deje la mitad de los caños rotos. Los semprifectos nos dejan siempre con la duda acerca de qué demonios está pasando en todo ese tiempo en que se demoran. Nunca hay una explicación ni rendición de cuentas. La cosa, simplemente, se demoró más de la cuenta y punto.

A veces encontramos que la cosa parece estar finalizada. Sin embargo, el semprifecto nos advierte que eso no es cierto: su trabajo todavía necesita "retoques". Esos "retoques" pueden llevar décadas, y a veces no son simples terminaciones: suelen ser partes esenciales del proceso que se disimulan bien. El caso es que, por culpa de esos "retoques" que no se atendieron, muchas veces el proceso vuelve hacia atrás o queda en un punto muerto. Nuestro expediente de juicio se pierde en un mar de expedientes, y nuestros caños se vuelven a romper al poco tiempo, convirtiendo a nuestro baño en un mar.

El semprifecto, para ser tal, necesariamente debe perjudicar a un tercero. No es el caso del egreta, quien, a pesar de que no termina sus carreras, quizás sólo se perjudique a sí mismo.

Un grave problema que tienen los semprifectos es que, dado el apuro que a veces tienen para concluir algo que ya se demoró demasiado, terminan chanchaneando todo el proceso.

jueves, 8 de octubre de 2009

Sispectivo,a

(Adjetivo. Del latín sinister = izquierdo y spicio = mirar)

Dícese de quien debe recibir las noticias de primera mano y ser invitado especialmente para que no se ofenda.

Es común que en acontecimientos importantes (mudarse a una nueva casa, tener un hijo, acceder a un nuevo trabajo) no todos los conocidos se enteren de manera directa. Pues bien, hay algunos que jamás se acercarán a felicitar a quien inicia su nueva vida si no se les da el privilegio de la noticia directa y de primera mano. "¡Pero cómo no me llamaste a mí primero! ¡El carnicero lo sabía antes que yo!", nos reprocha acaloradamente el sispectivo. Incluso, cuando se entera de la novedad, pone condiciones que deben ser cumplidas sin discusión: "Cuando me invites un asadito, voy a ver la nueva casa". "Ahora que te dieron el trabajo, podés invitar una ronda de vermouth con los amigos". El sispectivo cree que su presencia merece la más completa pleitesía. Si no la obtiene, se ofende.

El término "sispectivo" nace de la acción de "mirar hacia la izquierda" ante una ofensa. El ofendido no nos mira directamente a la cara; sin agachar la cabeza esquiva, desafiante, nuestra vista. La palabra tiene una gran afinidad con "despectivo". El despectivo (del latín de y spicio) es el que nos observa "desde arriba". El sispectivo, entonces, es el que nos observa "desde la izquierda".

martes, 6 de octubre de 2009

Síncoro,a

(Adjetivo. Del griego sym = con y jórion = lugar, zona. Literalmente "que comparte la misma zona")

Desconocido con el que nos cruzamos muy seguido en nuestras actividades cotidianas.

Sin ser un vecino, ni un compañero de trabajo o estudio, el síncoro se cruza con nosotros de manera sistemática ya sea en el supermercado, en el ómnibus, en el consultorio del dentista, en la iglesia o en la cola para pagar el teléfono. Los breves y precarios encuentros no alcanzan para cruzar la barrera del silencio: nunca dialogamos con nuestros síncoros ni nos saludamos; apenas alcanzamos a esbozar una ligera sonrisa (nunca un saludo) de reconocimiento.

Los síncoros son recíprocos si ambos reconocen que se encuentran muy seguido. A veces, por supuesto, esto no ocurre: mi síncoro no se da cuenta de la cantidad de veces que se ha cruzado conmigo, y por lo tanto, para él, yo no soy su síncoro.

Existen casos sorprendentes de síncoros que se encuentran no ya en su vida cotidiana, sino en lugares muy alejados, exóticos e improbables. Si dos personas desconocidas, en el lapso de dos semanas se encuentran en la cima del Himalaya, en un tren a Kuala Lumpur, en una gruta en una playa desolada de Brasil, en un restaurante en Praga, en la estación de trenes de un pueblito en Siberia y luego en un OVNI después de ser abducidos por extraterrestres, diríamos que son síncoros, aunque nos gustaría aplicar un término que sirva para revelar lo asombroso de esos encuentros.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Semiólisis

(Sustantivo. Del griego séma = signo y lisis = disolución)

Destrucción o disminución de la riqueza semántica de una palabra.

Existen palabras que fueron gestadas para referirse a amplios y variados contextos semánticos, pero que con el paso de los siglos pasaron a referirse a uno o dos de esos contextos originales, o a otro muy diferente. En todos estos casos, la palabra pierde fuerza semántica y se convierte en un signo cuya referencia se ha disminuido y fosilizado. Muchos signos pasan a tener una existencia casi inerte en las bocas de sus hablantes, quienes no tienen en cuenta toda la amplitud semántica que ese término supo tener.
"Máquina" originalmente se refería a todo "ingenio de la imaginación" (El griego "mechané" tiene en cuenta esa acepción, y queda algún resto de ella en la palabra "maquinación") Sin embargo, hoy se la usa para referirse sólo a aquellos ingenios que poseen pautas mecanizadas. Por eso, llamaríamos "máquina" a un automóvil, pero no a una novela. Sin embargo, ambos son productos del "ingenio de la imaginación". La semiólisis ha afectado a esta palabra, puesto que su campo semántico se ha visto restringido por nociones mecanicistas: sólo es máquina lo que posee comportamiento autómata.
Con el término "prejuicio" ocurre algo parecido: se suele pensar en un juicio de valor negativo. "Tengo prejuicios raciales" se interpreta, indefectiblemente, como "Tengo prejuicios raciales negativos". Sin embargo, en la noción de "prejuicio" están contenidas tanto las valoraciones negativas como las positivas. La semiólisis ha trabajado para que este término perdiera la mitad de su referencia, esto es: la interpretación del prejuicio con valor positivo.

Existen otras palabras para las cuales el proceso de semiólisis ha seguido un camino inverso: palabras para las cuales la referencia se ha ampliado y diversificado tanto que poseen una multitud de significados. Tal es el caso de "política", "dialéctica", "ecología", "ideología", "filosofía", "perspectiva", "ser" y muchas otras. La diversificación opera de tal manera que parecen referirse a todo o a casi todo, pero con un grado de inespecificidad tal que se vuelven inaplicables. Quienes deseen usar estos términos, muchas veces deben aclarar en qué sentido los usan (y se exponen a que los interlocutores critiquen ese sentido), o bien pueden usar sin aclarar (y se exponen a que sus interlocutores los critiquen por ambiguos o por usar palabras vacías)

Una palabra que ha sido afectada por semiólisis se denomina semiolito. El semiolito es el despojo semántico que quedó después de siglos de semiólisis.

martes, 22 de septiembre de 2009

Semiastenia

(Sustantivo. Del griego sema = signo y astheneía = debilidad)

Incapacidad de referirse a algo con corrección, exactitud y/o profundidad por insuficiencia de vocabulario.

El lenguaje y la realidad comparten sus pliegues. Parece imposible encontrar una diferencia en el mundo si el lenguaje no moldea nuestro pensamiento, y casi siempre un repertorio pequeño de palabras condiciona íntimamente las posibilidades de encontrarse con el mundo. "¿Cómo estuvo la fiesta?", "¿Qué te parece este arco iris que tenemos frente a nosotros?", "¿Cómo es el rostro de esa mujer?", "¿Qué opinás de la casa que se pudo comprar Joaquín con tanto esfuerzo?", "¿Qué te parece mi anillo?". Si ante esta variada batería de preguntas sólo podemos responder "lindo", estamos sufriendo de semiastenia.

Un semiasténico no podría hacer distinciones importantes o, de poder hacerlas, no las sabría expresar. La utilización de bastos términos comodín (como "coso", "lindo", "bueno") revelan una profunda semiastenia.

Existe una semiastenia natural del propio lenguaje y que no tiene que ver con la falta de vocabulario: la propia realidad supera con creces al lenguaje, y la vida nos impone situaciones nuevas para las que no hay palabra posible. En este caso, la semiastenia no tiene que ver con la falta de vocabulario, sino con la falta de fuerza semántica del lenguaje humano: mucho de lo que quisiéramos expresar es imposible, y cuando hablamos sólo damos una pálida figura de lo que hubiéramos querido decir.

martes, 21 de julio de 2009

Sulcibio, a

(Adjetivo. Del latín assulto = venir saltando y cibus = comida, alimento)

Dícese del alimento de forma redondeada que posee una tendencia a salir expulsado del plato o de la bandeja cuando se lo intenta pinchar con un tenedor.

El huevo duro, el chorizo y las aceitunas son alimentos sulcibios.
Las uvas -o frutas pequeñas en general-, los cubitos de hielo y los caramelos también pueden serlo, pero no es común que se los intente pinchar con un tenedor.

martes, 31 de marzo de 2009

Seudomodoxa

(Sustantivo. Del griego pseudos = falso; homoios = igual y doxa = creencia)

Creencia errónea según la cual, a pesar de las aparentes divergencias, en el fondo se está de acuerdo en los mismos puntos.

"Hay que lograr la paz mundial", afirma A, convencido. B lo escucha y dice "Opino igual que usted. Hay que matar a todos los árabes. Una vez que hagamos esto, lograremos la paz mundial". Resulta evidente que A y B no opinan lo mismo; sin embargo B -quien utiliza la seudomodoxa- introduce la noción del 'acuerdo en lo sustancial' para que su terrible afirmación tenga visos de ser aceptable. "Con educación y trabajo lograremos, lentamente, y a lo largo de varias generaciones, mejorar la calidad de vida y disminuir la delincuencia", dice A. "Sí, claro, hay que instaurar la pena de muerte, vigilar a los pobres e imponer la ley marcial en las villas; así aumenta la calidad de vida de la gente bien y pueden educar a sus hijos gracias al fruto de su trabajo. Opinamos lo mismo".

El partidario de la seudomodoxa cree que las intenciones humanas son idénticas, pero lo que falla es el resultado de la acción. "En el fondo, Mahatma Gandhi y Hitler pensaban lo mismo", puede decir. O bien: "Los ateos y los cristianos, en realidad, creen en lo mismo". Sospecha que hay una mente universal común, con creencias universales; y si algo aparenta ser muy diferente es porque los hombres son débiles o porque tienen mala suerte. No cree que haya opiniones irreconciliablemente malas ni acciones perversas; supuestamente, todos desean actuar bien pero terminan haciendo las cosas mal por una simple cuestión de hermenéutica, de falta de fortaleza y azar.