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viernes, 14 de febrero de 2014

Incicuestión

(Sustantivo. Del latín inscita = inocente [también, quizás de insidiosa = insidiosa] y quaestio = interrogación, asunto. Variantes: inscicuestión, inscicuestia, incicuestia)

Pregunta ingenua bien formulada que sin embargo no puede responderse de manera satisfactoria.

Cuando se expone un conocimiento o una ciencia ante un público, es muy común que surjan preguntas difíciles e inabordables de parte de ese público. Esto no ocurre porque el alumnado sepa más que el expositor, sino porque existe un sinnúmero de cuestiones básicas que quienes son expertos ni siquiera se han planteado.

En una clase sobre biología, el profesor dice que los renos pelean si saben que los cuernos de su oponente no son más grandes que los propios. Un alumno pregunta, ingenuamente, cómo sabe un reno de qué tamaño son sus propios cuernos. El profesor enmudece: nunca se ha preguntado esto, y en rigor no sabría cómo responder. A su vez, en una exposición sobre física básica, un asistente podría preguntar por qué caen los cuerpos. Se le explicará, con cierto detalle, las leyes de la gravedad y la historia de la física desde Galileo hasta Newton. Pero el alumno podría insistir, cuestionándose por qué los cuerpos siguen esas leyes y no otras. Un profesor de matemática podrá explicar con solvencia el teorema de pitágoras, pero quizás no pueda responder a la más inocente requisitoria: ¿Qué es un número?

Muchos docentes temen a las incicuestiones y utilizan la deplorable estrategia de atacar a quienes las formulan: "No estamos hablando de eso"; "Con esas preguntas no llegamos muy lejos"; "Si nos detenemos en planteos de este tipo nunca vamos a terminar con el programa" o el más agresivo "Hay que estar muy al pedo para preguntar eso". En algunos ámbitos educativos, la incicuestión irrita y enoja. A veces (raramente), el docente acepta su desconocimiento. Eso sí, si el docente es religioso tendrá un respuesta comodín para todo: Dios lo quiso así.


martes, 19 de noviembre de 2013

Idiodosis

(Sustantivo. Del griego ídios = propio, aislado y dósis = acción de dar. Adjetivo: idiodósico)

Decisión personal y parcialmente arbitraria acerca de cuál  medicamento se debe tomar, en qué momento y en qué dosis.

El médico dice que ya no hace falta tomar ibuprofeno, pero nosotros juzgamos que estaría bien un comprimido por la mañana y otro por la tarde. Nos habían recetado una amoxicilina de quinientos miligramos, pero el idiodósico cree que una de setecientos cincuenta es mejor y más efectiva. ¿Hepatalgina después del almuerzo? No, mejor treinta gotas antes y treinta gotas después. O quizás cuarenta, o cincuenta. ¿Tres pastillas por día para controlar la hipertensión arterial? No, no hace falta tanto. Con una día por medio está bien. ¿Aspirinas? No, mejor paracetamol. Quien padece de idiodosis sospecha (a veces con fundamento) que los médicos yerran sistemáticamente en sus prescripciones: si le dijo al traumatólogo que la rodilla le duele a la mañana, ¿por qué le hace tomar un calmante durante la noche? Sin duda es mejor tomar uno a la noche y otro a la mañana. El idiodósico está convencido de que los especialistas son burócratas poco informados acerca de los verdaderos sufrimientos de sus pacientes. Cree que toda receta padece de una inadecuación fundamental, y que las cantidades recetadas son solo sugerencias o recomendaciones versátiles y sujetas a opinión. Desde luego, a veces los médicos se comportan como burócratas expeditivos y a veces se equivocan de forma grosera. En esos casos parece más sano inventarse una prescripción que seguir al pie de la letra las proporciones señaladas. A veces, claro, la impericia médica combinada con una imprudente idiodosis desembocan en un mal mucho mayor.  

martes, 23 de abril de 2013

Intermituerto

(Adjetivo. De intermitente y tuerto)

Dícese de quien tiene una discapacidad notoria que cada tanto desaparece. 

El intermituerto la semana pasada tenía una renguera muy pronunciada y se ayudaba con bastón. Ayer, sin embargo, caminaba perfectamente. Hoy otra vez anda con bastón. Hace unos días estaba sordo. Ayer no. Hoy otra vez es sordo. Hoy a la mañana tenía una hernia. A la tarde había desaparecido. Nunca sabemos si su situación es fingida o real, pero el intermituerto jamás da las explicaciones del caso. Simplemente, vemos que su ceguera total, su parkinson o su neurofibromatosis se han curado de un día para el otro, y nadie le hace preguntas. Pero un tiempo después vuelve a tener todos los síntomas y nos quedamos con la duda de qué demonios pasó en el medio. Quizás se trate de una enfermedad complicada que cada tanto da algún respiro. Quizás hay días en los que está completamente curado, pero tiene la mala suerte de recaer en los mismos síntomas. Quizás sus males son puramente psicológicos o tal vez está fingiendo todo el tiempo, incluso cuando está con buena salud.

Podría haber intermituertos más desconcertantes que los ejemplificados más arriba. Podría ocurrir que a una persona le hayan amputado las piernas y que, a pesar de eso, la veamos caminando por la calle. O que a un manco le vuelva a crecer la mano por un día. O que el tío muerto reviva los viernes a la noche cuando se prepara el asado y el vino.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Idioteísmo

(Sustantivo. Del griego idios = propio, único y theós = dios. Adjetivo: idioteísta.)

Doctrina según la cual las propiedades divinas son aceptadas o rechazadas arbitrariamente según el parecer del creyente. 

Algunos idioteístas han recibido una formación religiosa, pero se reservan el derecho a aceptar o rechazar algunas (o todasa) las cualidades que se atribuyen a la divinidad: "No creo que Dios sea todopoderoso"; "Yo soy católico, pero eso de que Dios es uno y trino no lo creo". En algunos casos puede haber un sincretismo con elementos religiosos y/o cosmológicos y otros puramente afectivos: "El dios en que yo creo es una mezcla de creador del universo con lagartija con John Wayne". "Yo creo que Dios es el Amor, es Mi Abuela, es la savia que circula por los árboles y es un aroma de mi infancia". Cada persona puede elaborar el dios que mejor le parezca: un problema aparte es decidir acerca de su existencia, y cuanto más bizarra sea la mixtura de cualidades atribuidas, más difícil será aceptar que esa conjunción tenga entidad efectiva. 

martes, 10 de abril de 2012

Intraorito

(Sustantivo. Del latín intra- = en el interior y del griego óros = montaña. [Mejor que endorito, del griego éndos y óros])

Objeto que viene con fuerza del interior de la tierra. 

Si un meteorito es algo que proviene del cielo (esto es, un lugar más alejado que la altura de las montañas), el intraorito es un "meteorito del interior de la tierra".
Podría pensarse que las rocas volcánicas son intraoritos. Pero el término se refiere con propiedad a un fenómeno curioso y poco documentado: la irrupción inesperada de un objeto (por lo general una roca) que se abre paso a través de la tierra y aparece de golpe en algún lugar en el que no hay ningún tipo de actividad geológica o volcánica visible. Una calle, el patio de una casa, un estadio de básquet: cualquier lugar puede verse visitado por un intraorito, el cual aparece después de haber dejado un agujero de varios kilómetros en el suelo.
No sólo rocas provienen del interior de la tierra: existen curiosos intraoritos, como restos de máquinas herrumbradas, vasijas y esculturas milenarias, e incluso huesos de animales desconocidos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ibuprofeta / Ibuprofecía

(De ibuprofeno y profeta / profecía)

Ibuprofeta: Adjetivo.

1. Dícese de quien adquiere habilidades proféticas tras ingerir una medicación leve. 

2. Dícese de quien adquiere una habilidad profética poco predictiva y de corto alcance, presuntamente producto de una medicación mal administrada. El ibuprofeta tiene clarividencias como las siguientes: "Esta tarde te tropezarás con una piedra y en verdad os digo, no te caerás pero te asustarás un poquito"; "Veo venir en tu futuro que irás al kiosco a comprarte un alfajor"; "Siento en mi alma que pronto tu destino cambiará e irás al baño a orinar". Quienes rodean al ibuprofeta lamentan que ese especial estado de vaticinador se malgaste en predicciones tan poco sustanciosas.


Ibuprofecía: Sustantivo. Estado místico profético inducido por un medicamento casi inocuo.

En rigor, un ibuprofeta puede entrar en ibuprofecía casi con cualquier estimulante: un café, un mate, un plato de fideos o la propia dopamina de su cerebro.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Imbestiagar

(Verbo transitivo. De investigar y bestia. Adjetivo: imbestiagador)

1. Investigar algo de manera apresurada.

2. Considerar como suficiente el saber obtenido en los dos primeros párrafos o la contratapa de un libro. "El resto del libro es el desarrollo de esos dos párrafos", dice el imbestiagador, autoeximiéndose de leerlo completo.

3. Dar por cierto el primer resultado en Google que confirme una hipótesis dudosa. En las discusiones acaloradas, suele ocurrir que alguien termine aceptando una posición difícil de sostener, y que para ello recurra al dudoso expediente de "leí artículos en internet que hablan de esto". Por ejemplo, si usted -por esos azares de la discusión- se ve obligado a sostener que "los franceses sordos cometen incesto", encontrará algunos resultados que pueden servirle como punto de apoyo a ese disparate. Haga la prueba.

4. Sacar conclusiones rápidas y apresuradas a partir de un único hecho dudoso del que no se ha hecho una investigación suficiente. Los periodistas se especializan en este tipo de imbestiagación: "Miren cómo explotaron esas casas. Seguro que cayó un meteorito, no hay la menor duda"

5. Buscar de manera sistemática información para avalar los propios prejuicios de clase. "Los pobres, los negros y los bolivianos son más propensos a la pederastia, al robo y al alcohol. Después de buscar durante muchas décadas, encontré finalmente dos capítulos de libros que avalan mi posición"

6. Sentirse experto sobre algún tema por haberlo leído en Wikipedia.

7. Acceder a manuales básicos en los que se explica sin profundidad y con ejemplos cotidianos una multitud de hechos complejos sólo asequibles a quienes conocen mucha matemática y física. "Por fin entendí la mecánica cuántica. Resulta que es como un montón de tuerquitas que van de acá para allá y así van creando las cosas en el universo". Es sumamente ilustrativo (y gracioso) el texto de Esteban Podeti al respecto de esta clase de imbestiagación.

8. Pretender acceso a un saber complejo a partir de una metodología errática, torpe y poco sistemática, como hacer un doctorado en química en los momentos libres que permitan la borrachera, las fiestas y el baile hula hula; o pretender dividir una célula con un hacha.

jueves, 28 de julio de 2011

Infraficio

(Sustantivo y adjetivo. Del latín infra = debajo y facio = hacer.)

Dícese de la acción o del conjunto de acciones que están por debajo del mínimo crítico para ser efectivas.

Comer un grano de arroz, lavarse la mejilla izquierda todos los días o leer un renglón de una revista de astrofísica son claras acciones infraficias si lo que se desea es paliar el hambre, mantener el cuerpo limpio o ser experto en astrofísica, respectivamente. Ciertas acciones deben aplicarse no sólo de forma sistemática, sino también masiva e insistentemente. "Todos los días hago ejercicio. No entiendo por qué no me baja la panza", puede quejarse un deportista amateur sin decir mentira. Sin embargo, si sólo ejercita los bíceps, y si su trabajo aeróbico consiste en correr doscientos metros hasta el gimnasio, entonces su ejercicio es claramente infraficio. Su actividad, por muy insistente que sea, es inoperante para el resultado esperado.

Algunas personas enmascaran el nulo resultado simulando que la acción es acumulativa. "Me como un grano de arroz cada día. En cinco años, me habré comido diez platos", pueden decir, dando a entender que diez años es un tiempo más que suficiente para saciarse con granos de arroz (¡Cualquiera se saciaría con diez platos de arroz!) He aquí, entonces, la falacia acumulativa: cuando una acción es infraficia, no se acumula; cualquier razonamiento que esté sustentado por la creencia de que hay resultados acumulables en una acción infraficia, está destinado al fracaso.

Un ejemplo evidente tiene que ver con las bolsas de polietileno. Desde los supermercados se alienta al uso de las "bolsas ecológicas". Se supone que una bolsa ecológica permite ahorrar centenares de las otras bolsas, que son contaminantes y no biodegradables. Es cierto que el cliente que usa una "bolsa ecológica" no usará unas cuantas de las otras. Pero eso no significa que haya un impacto masivo en la disminución del uso del polietileno. Las cien o doscientas bolsas que el cliente no usará no se acumulan y no conforman un número crítico para reducir el uso del polietileno. Además, casi cada producto de góndola contiene polietileno. Si el cliente lleva diez productos (yerba, leche, fideos, carne, yogur, galletitas...), se llevará consigo diez bolsas (pues cada producto individual viene empaquetado en polietileno). ¿Qué diferencia crítica puede hacer si a esas diez bolsas de polietileno se las pone dentro de una "bolsa ecológica" para llevarlas a su casa? Para que haya un verdadero impacto, deberían reemplazarse todos o la mayoría de los empaques de polietileno. Esta falacia se utiliza a menudo para medir los impactos de ciertas actividades ecológicas: "Reciclá cien kilos de papel y salvá diez árboles", dice un eslógan. Sin embargo, para salvar a los árboles no basta con imaginar el impacto acumulativo de nuestra actividad ecológica doméstica: las empresas fabricadoras de papel se encargarán de derribar esos diez árboles que creíamos haber salvado, porque poco les interesa nuestra tibia intención ecologista.

jueves, 28 de abril de 2011

Isidebio

(Sustantivo masculino. Del latín ipsi  [dativo de ipse] = a sí mismo y debitio = deuda)

Deuda que se contrae con uno mismo.

Hay personas que dividen su dinero de acuerdo a varios tipos de objetivos: está el dinero que se ahorra para comprar el auto, el que se guarda para irse de vacaciones y el que se utiliza para gastos cotidianos. A su vez, este último rubro puede tener más subdivisiones: para alimentos, para artículos de limpieza, para mantener el auto y para medicamentos. ¿Qué pasa si gastamos más de lo que habíamos estipulado en un rubro, por ejemplo, si nos vamos de vacaciones a un lugar carísimo, restándole fondos al ahorro para comprar el automóvil? En ese caso, hemos contraído un isidebio: en algún momento deberemos ser más frugales en los otros rubros para reponer la cifra excedente del dinero gastado. Nadie nos va a reclamar si no lo hacemos: podríamos no comprar el auto, o ahorrar a un ritmo más lento. Pero si hacemos así nos sentimos traicionados por nuestras propias metas. En rigor, estamos traicionando a aquel que fuimos cuando decidimos guardar peso a peso para comprar el auto. Ese que tomó la decisión de ahorrar es otro, distinto del que decidió gastar para vacaciones. En cierto modo, el isidebio es un conflicto entre los proyectos económicos que tuvimos en un pasado inmediato y nuestros intereses presentes.

lunes, 7 de marzo de 2011

Idiófrono

(Sustantivo y adjetivo. Del griego idios = propio, personal y phronéo = pensar)

Concatenación de pensamientos que sólo puede entender la persona que los tuvo.

¿Qué relación hay entre la canción "Don Fermín", el recuerdo del nacimiento de un hijo y la cajera de un supermercado? La asociación entre estas tres nociones diferentes puede tener un tinte especial para una persona, y los tres pensamientos pueden estar automáticamente asociados entre sí sin que haya algo especial que los una. Si cada vez que se piensa en comer chorizos uno recuerda la melodía de una guitarra frenética, el número dos invertido, un compañero de secundaria contando un chiste en voz baja, la mandíbula desdentada del abuelo muerto, aerosoles y un frasco para análisis de orina, ha construido un inefable idiófrono.
Para que exista el idiófrono es necesario que ese encadenamiento se dé de manera sistemática y no que ocurra sólo una vez. 
Resulta prácticamente imposible explicar a otra persona el contenido de los idiófronos.

jueves, 20 de enero de 2011

Ignícono

(Sustantivo. Del latín igneus = de fuego y del griego eikónes = imagen)

Imagen hecha con fuego. 

Existen dos modos de entender la acepción de "ignícono": una modesta y otra fantástica.
En su acepción modesta, un ignícono es cualquier imagen reconocible que puede visualizarse por un momento en el crepitar inquieto de una llama. Al igual que en las nubídeas, es posible encontrar todo tipo de figuras entre las brasas encendidas: caballos corcoveantes, montañas volátiles, el rostro de un pariente muerto, una serpiente anaranjada. El ignícono es producto de cierta atenta mirada y un libre proceso de asociación imaginaria.
En su acepción más fantástica, un ignícono es una figura que se esculpe en el fuego, como si las llamas fuesen un material moldeable. Una variedad del ignícono es el ignigrama: mensajes cifrados que se transmiten a través del fuego. Nunca sabemos si los incendios intencionales no son más que igníconos o ignigramas en los que alguna logia secreta pretende dejar mensajes mafiosos, benefactores o banales.

Existen ciertas hitorias, de dudosa corroboración y vagamente documentadas, en las que se habla de una figura humana o animal que emerge de una fogata y se eleva por los cielos, o corre por el aire sin volatilizarse. En estos casos ya no hablamos solamente de un ignícono, porque -según estos testimonios- no se trataría de una simple imagen, sino de un ser viviente que emerge del fuego y vive todo lo que le permite su proceso de combustión: se trata de un ignobio.

martes, 30 de noviembre de 2010

Inoblia

(Sustantivo. Del latín in = negación y oblivio = olvido)

Sensación de haber olvidado algo en algún lugar.

Después de haber visitado parientes y amigos durante un largo día, llegamos a casa y sentimos que nos falta algo. No podemos precisar qué, pero tenemos la sospecha de que hoy temprano llevábamos alguna cosa, y ahora, de vuelta en casa, esa cosa no está. Hacemos rápidos e imprecisos recuentos (la cartera, la bufanda, el pañuelo, el teléfono, las llaves, las aspirinas, las bolsas de colostomía), pero todo parece estar en su lugar. ¿No hice alguna compra, y luego olvidé eso que compré en la casa de Carlitos? ¿No llevaba yo el amuleto contra la envidia y el mal de ojos antes de salir? Ninguna sospecha se confirma. Sin embargo la sensación persiste unos minutos y perdura luego como una leve preocupación lejanamente consciente.
Quizás la inoblia sea el reflejo de la pérdida irrecuperable del día que pasó. Tal vez no hemos olvidado algún objeto físico: tal vez sólo olvidamos decir ciertas palabras, dar un abrazo, ayudar, insultar o golpear a alguien. A veces sólo deseamos haber olvidado algo para tener una buena excusa para volver.

martes, 9 de noviembre de 2010

Infeminar(se)

(Verbo transitivo. De fémina. Sustantivo: infeminación)

Ocupar una mujer cargos o lugares que en cierto imaginario social machista, sólo debe ser ocupado por hombres.
 
Uso: "Desde que las mujeres pudieron ser jefas, ahora ocupan todos los puestos jerárquicos e infeminaron todo". "Carlos, desde que empezó con eso de la igualdad entre el hombre y la mujer, infeminó el club de bochas"

Sólo hay usos machistas de este término. La expresión "infeminación" tiene resonancias de "diseminación" e "infección": la infeminación se concibe como una plaga que se difundió y no se supo combatir a tiempo (presumiblemente, por falta de rigor y firmeza por parte de los hombres).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Idobio

(Sustantivo. Del griego idéa = esencia, entidad abstracta y bios = vida)

Ser que vive en mundos virtuales

Se ha especulado con que una máquina o incluso la propia internet pudiera cobrar vida. Sin embargo, poco se ha dicho de la posibilidad de que dentro de los mundos virtuales se pueda generar algún tipo de entidad viviente. Así como la materia se ha organizado en sistemas biológicos; así como esos sistemas biológicos evolucionaron hasta alcanzar un sistema nervioso que les permitiera representaciones virtuales, y así como esos mismos seres crearon máquinas virtuales independientes, no es imposible imaginar que el próximo paso será el de la creación y proliferación de idobios: entidades vivientes cuyo ecosistema está formados por el montaje virtual de algunos videos de youtube, o cuentas de Facebook, o blogs. Un posible (y totalmente imaginario) proceso evolutivo podría darse a partir de los videojuegos: un personaje de algún conocido juego podría cobrar vida y escapar del cerrado escenario lúdico para instalarse en la plantilla de un periódico virtual muy visitado (si quiere hacerse famoso) o en la foto del fotolog de una persona que murió hace tiempo (si desea llevar una solitaria vida virtual)
Si los idobios se hicieran realidad, no será extraño que alguien diga: "Lara Croft y el príncipe Arthas pasan sus días en un lugar virtual que está a medias entre mi blog y mi correo electrónico".
Quizás un remanente energético provocado por los circuitos interconectados de todas las computadoras que actualmente están en red, pudiera generar de manera espontánea una red virtual viviente.

Cuando aquí se dice "viviente", no se está suponiendo que, por ello, deba ser pensante. En ese caso, es difícil determinar si los comportamientos de ciertos sistemas de simulación no son ya idénticos a los comportamientos de algunos sistemas vivientes. Desde luego, habrá que refinar el término "vivo" para saber qué se está diciendo exactamente cuando se dice que un sistema formado por las operaciones binarias de una máquina digital de estados discretos da lugar a un ser viviente. Un virus computacional es un sistema autorreplicante cuya actividad se agota en esa replicación virtual, y por lo tanto no lo llamamos "viviente". Sin embargo, también es difícil aplicar ese término a los virus reales. Por lo tanto, quizás, si surgiera alguna especie de "célula" virtual, u "órgano" virtual, quizás allí sí podríamos calificarlo de viviente, con las transferencias semánticas que sean necesarias para el caso.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Incequinar

(Verbo. Del latín caecus = ciego)

Actuar como ciego.

En los primeros momentos de un corte de luz, tanteamos la mesa y los cajones como zombis tambaleantes hasta encontrar una linterna, una caja de fósforos, un encendedor o un teléfono celular. Esos casi desesperados movimientos a oscuras se parecen a una repentina ceguera, pero difieren de ella por su objetivo: el ciego sabe que ningún artefacto le devolverá la luz. En cambio, el que incequina está seguro de que unos pocos y torpes ensayos a oscuras reinstaurarán su facultad de ver y de moverse con espontaneidad, si es que logra encontrar algún objeto que ilumine.

Estar ciego es una condición del sujeto; estar incequinado implica la ausencia de luz, pero no una merma en las condiciones subjetivas. Por eso, cuando uno camina en la noche oscura y no ve, no está ciego: está incequinado.

jueves, 17 de junio de 2010

Inepeculio

(Sustantivo. Del latín ineps = tonto, inepto y peculium = ahorro)

1. Gasto que se realiza para gastar menos y que supera al ahorro previsto.
2. Gasto excesivo en un rubro que se realiza en el mismo momento en que se ahorra en otro rubro.

Vemos una oferta en un supermercado: el kilo de zapallitos cuesta veinte centavos menos que en la verdulería de la esquina. Por eso, con entusiasmo, nos subimos al auto y vamos a adquirir esa oferta. Sin embargo, el gasto en nafta que hemos hecho supera con mucho el ahorro de los veinte centavos por kilo de zapallito. Queremos ahorrar en energía eléctrica y cambiamos las bombillas por lámparas de bajo consumo. Ahora la factura de luz nos cuesta un diez por ciento menos. Sin embargo, hemos gastado fortunas en el cambio de lámparas, y además se viene un aumento en la energía eléctrica que vuelve inoperante la perspectiva de ahorro inicial.
En estos dos casos hemos realizado un inepeculio: hemos hecho una inversión en tiempo y recursos para adquirir un bien en oferta, pero la inversión es superior al beneficio que habríamos obtenido por la oferta.

En los shoppings y grandes cadenas de supermercado caemos -muchas veces de manera consciente- en el inepeculio. Si vamos a comprar ropa en oferta, pero luego cenamos en uno de los restaurantes del shopping, es muy probable que nuestros gastos totales superen al ahorro de la oferta. Si compramos aceite a bajo precio, pero luego (en el mismo supermercado) nos venden latas de tomate a precio más caro que el normal, en la cuenta final los costos terminarán equiparándose y habremos gastado en uno lo que habíamos ahorrado en el otro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Irenofagia

(Sustantivo. Del griego eiréne = paz y fágo = comer)

Capacidad de arrebatar la paz ajena. 

Muchísimas personas son incapaces de entender que otro esté en silencio y en estado de contemplación. Necesitan irrumpir, interpelar, interrumpir e intimidar. Si por casualidad un irenófago nos encuentra en un restaurante, con los ojos cerrados, disfrutando del olor del café, del murmullo y de la música ambiente, no dudará en sacudirnos y hacer una broma chusca sobre nuestro estado de arrobamiento. Si estamos en la cama, boca arriba mirando el techo y pensando, el irenófago nos preguntará qué nos pasa, por qué no nos levantamos, o por qué no dormimos, o por qué no vamos a comprar carne para el asado. Si nos asomamos por la ventana a observar el amanecer, allí aparecerá él, dispuesto a romper el silencio majestuoso, requiriendo nuestra atención para escuchar cuánto le gustan las telenovelas o cómo hizo para operarse de una verruga. No lo hace por maldad ni por pragmatismo: sencillamente no tiene la mínima sensibilidad para disfrutar de los momentos de paz, silencio y soledad. 

viernes, 30 de abril de 2010

Icófeno

(Sustantivo. Del griego eikónes = imagen y phaíno = manifestación)

Inesperada aparición en la realidad de un objeto o situación imaginaria. 

A veces hacemos un esfuerzo por imaginar la situación más disparatada o improbable posible. Por ejemplo, una vaca violeta sobre la terraza de un edificio, a punto de desplegar dos alas como de murciélago. Puede ocurrir que luego sagamos a la calle, miremos hacia un edificio y veamos, precisamente, a esa vaca violeta alada. El hecho es altamente improbable, pero no conceptualmente imposible.
¿Será una jugada de la imaginación? ¿Una casualidad? Esa extraña circunstancia es el icófeno.

Sin embargo, el término adquiere una referencia cotidiana cuando se le adjudica otra acepción un poco más restringida: según esta acepción, la aparición en la realidad no es de un objeto o ser puramente imaginario, sino de algo real pero relativamente improbable. Por ejemplo, suponga que usted está pensando en el primo de un ex compañero de la secundaria a quien vio sólo una vez en el año mil novecientos ochenta y nueve, y cuyo nombre jamás podría recordar. Si ese día se cruza con esa improbable persona, se habrá convertido en un icófeno. 
Suele ocurrir que los icófenos se nos aparecen muchas veces. Si pensamos en el sodero de nuestra abuela, es probable que nos lo crucemos cinco o diez veces en la misma semana. Si, por alguna razón, nos acordamos de algún producto que sólo existió cuando éramos niños, es posible que alguien hable de ese producto, o veamos ese producto en la televisión, o nos encontremos uno en la calle, esperándonos entre una pila de basura.

Si esta entrada generara un icófeno, los lectores verían algunas vacas violetas durante los próximos días.

martes, 20 de abril de 2010

Infirmonimia

(Sustantivo. Del latín infirmitas = enfermedad y nomen = nombre)

1. Apresuramiento en calificar de enfermedad algo que sólo es un síntoma difuso. 

Los médicos suelen ser reacios a declarar una enfermedad. Sin embargo, el paciente llega al consultorio con un prediagnóstico de familiares y amigos: "Andás con mucho sueño. Bueno, no sé, para mí que tenés anemia disneurante de la India" "¿Te duele la cabeza? Tenés jaqueca capitínica, como un amigo mío". "Uy, diarrea... Seguro que tenés ensoretosis liquidifítica". Como toda situación carcinofémica, los conocidos dan consejos y sugieren que la cosa va a ir empeorando hasta llegar a una muerte horrible.

También, con mayor propiedad, se llama infirmonimia a la tendencia a calificar como enfermedad a un síntoma. "Está enfermo de dolor de cabeza". "Tiene la enfermedad de la llaguita en la boca"; "Juan está enfermo de mocos en la nariz"


2. Tendencia a calificar de enfermo a quien sólo tiene una costumbre que nos disgusta. "Mastica demasiado la comida, para mí está enfermo". "Ese tipo se tapa con tres frazadas, es un enfermo". "Decile al enfermo ese que cuando llegue a la esquina no doble tan rápido".

martes, 9 de marzo de 2010

Ínredo

(Sustantivo y adjetivo. Del latín in = preposición negativa y reddo = devolver)

Objeto que se recibe en préstamo sin intención de devolverlo.

Los libros, los discos compactos y las películas grabadas en DVD son típicos objetos que no se devuelven. Aunque los exhibimos en nuestras bibliotecas, solemos decir: "Este libro es de Carlitos", "Este dividí es de José", para recordar (y recordarnos) que no es nuestro. Sin embargo, pasan los años y, aunque nunca olvidamos del todo que en casa hay algo ajeno y reclamado por su dueño, la devolución ya nos causa incomodidad o pereza. ¿Para qué molestarse en tocar el timbre de Carlitos y devolverle el libro de bricolage que nos prestó hace doce años? ¿Sólo para recibir un reproche? ¿Para hablar de bricolage, ahora, que ya no nos interesa? Nos imaginamos que la devolución del libro podría causar más problemas que la incómoda y perpetua presencia en el estante de nuestra casa.

Existen algunos ínredos que habitualmente no se reclaman. Cuando visitamos a nuestros amigos con bebidas, luego no es bien visto que reclamemos los envases vacíos de cerveza y gaseosa. Quedan allí, rehenes en la casa del amigo, hasta que él decida visitarnos con bebidas. Pero hasta entonces será casi deshonroso llamar para recordarle que tiene un envase de cerveza y dos de gaseosa de litro.

Los ínredos son la exacta contrapartida de las avercodas.