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viernes, 1 de noviembre de 2013

Falleciucho

(Adjetivo. De fallecido y terminación -ucho)

Dícese de la persona que se ha recuperado parcial y defectuosamente de una enfermedad. 

El falleciucho se encuentra debilitado, enflaquecido y su aspecto no es el de quien ya le ha ganado a su padecimiento, sino el de un moribundo. Los médicos y los análisis dicen que todo va bien, pero el rostro demacrado, la languidez de sus movimientos, la irreconocible voz de ultratumba y la palidez de su piel parecen decir lo contrario. El falleciucho malamente sobrelleva las consecuencias de su enfermedad y, a pesar del optimismo de los médicos, tenemos la firme intuición de que no va a durar mucho. Es que, además de su aspecto externo, el falleciucho ha cambido de personalidad. Ya no es el ejecutivo dinámico, el profesor locuaz o el padre que juega al fútbol con sus hijos: ahora es un espectro que no puede moverse con rapidez; casi no habla y no tiene fuerzas para perseguir una pelota. Su vida mental se reduce a obervaciones puntuales sobre hechos concretos: parece que no soñara, no razonara, no creyera o no deseara. Es como si hubiera perdido su alma; un zombie que se hizo zombie sin haber pasado por la instancia de la muerte.

Para volverse un falleciucho no hace falta que la enfermedad a medias superada haya sido importante. Un resfrío prolongado o una tos persistente pueden convertir al más lozano en un falleciucho. A veces, claro, el falleciucho termina falleciendo y por lo general, en estos casos, la causa es la morboncha.


jueves, 28 de febrero de 2013

Frivocación

(Sustantivo. Del latín frivolus = vano, fútil y vocatio = llamado, invocación)

Utilización de la plegaria para propósitos banales. 

Se supone que el creyente puede pedirle a Dios que guarde su alma, que bendiga a sus familiares y amigos y que perdone a las personas que cometen acciones malas. Quizás tenga permitido rogarle por una enfermedad, por un reencuentro largamente esperado o por hallarle un nuevo sentido a la vida. Tal vez le pueda pedir un trabajo (si no lo tiene), una casa (si ya no puede pagar el alquiler) y algo de comida. Es dudoso que se lo pueda invocar para que nos apruebe el examen o para que el perro de la vecina deje de morder a nuestro hijo.  Pero suplicarle para que nos alcance la botella que está en la cocina, o para que el botón del pantalón deje de apretarnos; o rezar frenéticamente para que desaparezca una mosca o para que el kiosco todavía no haya cerrado, parecen formas excesivamente ramplonas de comunicarse con Dios. Son frivocaciones, las cuales sin duda, configuran una forma de malgastar las súplicas. Y si estas son insistentes y muy banales, se corre el riesgo de enojar a un dios quisquilloso. Aunque quizás, de tanto insistir, el dios -enojado- podría presentarse y otorgarnos el pedido, de mala gana, con el solo propósito de que ya no lo molestemos: "¡Tomá, pelotudo, te enfrié la cerveza, ahora dejame de joder!". Si esto ocurriera, se habría logrado una pragmafanía.

Claro que se podría elaborar el razonamiento inverso: si Dios (que todo lo ve, lo oye y lo hace) no tiene la voluntad de hacer que desaparezca una manchita de grasa en mi pantalón, ¿cómo puedo pedirle que le dé sentido a mi vida o que libere a la humanidad del cáncer?


lunes, 17 de diciembre de 2012

Femóbalo

(Adjetivo. Del griego phemí = decir y ballo = arrojar)

Dícese de la persona que comienza un enunciado y le pide a otra que lo continúe y lo termine. 

El femóbalo empieza a contar una historia pero, por temor a no decir los detalles exactos, se excusa pasándole la palabra a quien supuestamente está mejor autorizado para contarla. "Ayer estuve con Carlitos en Parque Chacabuco y nos encontramos una billetera. Pero que te cuente Carlitos lo que pasó...", dice el femóbalo señalando a Carlitos, quien está presente pero no tenía la mínima intención de relatar ese suceso. A veces, el hecho relatado es tan escabroso que aquel a quien le arrojan el discurso se siente incómodo y no sabe cómo eludir la atenta expectativa que generó el femóbalo en el auditorio: "¡A que no saben lo que le pasó a Raúl...!  ¡Raúl, vení, contá, no seas tímido!". Y Raúl cuenta su vergonzosa historia: "Ayer me pegué un martillazo en los testículos". A veces -este caso es de los peores- el femóbalo genera una expectativa incómoda y decide sacarse de encima esa responsabilidad pasándole la posta discursiva a otro de los presentes: "Los balances de la empresa no dieron bien; la verdad es que estamos en rojo y no sé si podemos seguir el año que viene. Vamos a tener que despedir a algunos de ustedes. Pero yo no entiendo mucho de eso, así que Marita les va a explicar quiénes no tienen que venir después de año nuevo"

viernes, 26 de octubre de 2012

Flavilabar

(Verbo intransitivo. Del latín ex flavo = del amarillo y elabor = escapar. Adjetivo: flavílabo)

Apurar la marcha de un vehículo durante muchas cuadras ante la inminencia de la luz amarilla en cada semáforo

Cuando los semáforos de una calle están coordinados, podemos esperar que a cierta velocidad encontraremos luz verde en cada esquina. Pero si al acercarnos a una de ellas nos intercepta el amarillo, debemos aumentar la velocidad para que en las siguientes esquinas no nos pase lo mismo: cuando el amarillo nos intercepta en una esquina, lo hará en todas, y nos vemos obligados a flavilabar. Algunos días la luz amarilla nos persigue en todos los semáforos. A veces, ese amarillo se convierte en un culposo rojo justo cuando estamos atravesando el cruce. Durante esos flavílabos días tenemos una ligera sensación de que estamos viviendo al límite.

El término sólo se aplica cuando la luz amarilla precede a la roja, no cuando antecede a la verde.




miércoles, 19 de septiembre de 2012

Foborexia

(Sustantivo. Del griego phobós = temor y orexis = apetito, hambre)

Necesidad de tener miedo. 

Las personas que disfrutan de películas de terror, de historias -supuestamente verídicas- sobre fantasmas o de sus propias pesadillas, tienen foborexia.  El foboréxico camina a oscuras, en soledad, por un cementerio. O se muere de miedo al pensar en la horrenda criatura que lo acecha desde adentro del placard. O hace caras horrorosas frente al espejo para espantarse a sí mismo. O se mete en el galponcito del fondo, en mitad de la noche y sin linterna, donde se ahorcó el tío después de haber visto un fantasma.

Desde otro punto de vista, este término puede aplicarse a los casos en los que las personas buscan una excusa para tener miedo, aun cuando no disfrutan de ese miedo autogenerado. La foborexia nace de una necesidad por encontrar peligros y asechanzas en casi cualquier aspecto de la vida. El foboréxico teme salir a la calle, porque lo pueden robar o atropellar. Teme encender la hornalla, porque escuchó que a un vecino le explotó la cocina. Teme comprar por internet, porque lo pueden estafar. Teme comer un asado, porque podría morir de colesterol alto. Estos temores serían simples paranoias, de no ser porque el foboréxico siente cierto grado de adrenalina al imaginar los hechos negativos que podrían ocurrirle.

miércoles, 6 de junio de 2012

Falicálido

 (Del latín fallax = impostor, falso, hipócrita y callidus = astuto)

Persona a la que se considera inteligente aun cuando jamás ha demostrado serlo.

A veces estamos seguros de que un amigo es muy perspicaz, astuto y avispado. Pero continuamente escuchamos (y a veces corroboramos) de él historias como estas: "Roberto es un tipo muy inteligente; qué raro que haya desaprobado el examen elemental de álgebra (siendo que él es profesor de álgebra)"; "Mirá vos, Roberto se agarró a trompadas con el ferretero porque la caja de clavos traía noventa y nueve, no cien. Él, que es tan inteligente, tomando esas actitudes". "A Roberto lo engañó su mujer durante veinte años; incluso encontró a su amante desnudo en el lavadero, pero creyó que era el plomero. Qué raro, cómo cayó Roberto, y eso que es un tipo inteligente". "A Roberto le dijeron que había ganado un concurso de belleza, pero para darle el premio le pedían quinientos dólares, y él los pagó. Increíble, alguien inteligente como el Rober, lo agarran en esa"; "Roberto perdió un partido de truco y se puso a gritar que le hicieron trampa. Una persona tan inteligente, llorando porque el azar no lo favorece". "Mirá, Roberto, que es tan inteligente, sin embargo me manda estos mails en cadena con power points sobre gatitos"; "Qué raro, Roberto es inteligente, no sé cómo apoya al partido neonazi 'Los Judíos A La Hoguera'" La conclusión bastante palmaria debiera ser: Roberto no es inteligente, es un pobre estúpido. Sin embargo, tal vez por algún hecho afortunado de su pasado, o quizás porque su entorno lo ensalzó de manera incorrecta, todo el mundo concuerda en que Roberto tiene una gran lucidez y es prácticamente un superdotado. Ante cada acto de su vida, Roberto se comporta de modo torpe, irascible, violento y nocivo; pero alguna vez nos hizo creer que detrás de esa fachada biliosa hay alguien que "piensa distinto" o que "resuelve las cosas" de una manera inesperada y lateral: "Roberto, cuando sale de su casa, deja la puertaabierta de par en par, así los ladrones no entran porque piensan que hay alguien". "Él juega al ajedrez de otro modo, por eso pierde; pero está tratando de imponer su nueva técnica". "Dejó de estudiar pintura porque está más allá de eso; estuvo tratando de inventar una nueva vanguardia artística hasta que, harto de no ser reconocido, quemó los caballetes y se hizo camionero. ¡Pero no sabés qué camionero! El tipo está diseñando una nueva manera de andar por las rutas manejando con el pensamiento. Y sí, ya chocó varias veces, pero sigue intentando. Es un genio"

Los falicálidos están en todas partes. Aunque la mayoría de las veces son repudiables, sin embargo hay que concederles un gran mérito: no es fácil, para un estúpido, andar por el mundo haciendo creer a los demás que se es un genio. De hecho, solo por ese logro debemos suponer que no es tan estúpido como parece.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Fronfón

(Sustantivo masculino. Del griego phroneó = pensar y -phonos = sonido. Plural: fronfonos)

Ruido que realiza la computadora cuando está trabajando su disco rígido. 

El fronfón es el sonido que hace el ordenador "cuando piensa". A veces, el fronfón va acompañado de un ralentizamiento o incluso un bloqueo completo de las funciones. Desde luego, un fronfón no implica que la computadora esté haciendo un proceso análogo al del pensamiento, aunque resulta llamativo y sugerente el hecho de que el sonido se escucha cuando se le da a la computadora una orden de ejecución complicada, o cuando "su mente" parece quedar atrapada en algún bucle.
Los fronfones son tipos de tecnomatopeyas.

¿Es posible que el pensamiento humano y animal generen algún tipo de (normalmente inaudible) sonido? Si esto fuera así, nuestra mente estaría generando fronfonos y es plausible que alguien, con un instrumento adecuado para amplificar el sonido y cierta práctica, pudiera descifrar el trajinar de nuestros pensamientos.

(He leído que una persona escuchaba un "flush flush" cada vez que se concentraba en algo. Eso era porque en su cabeza tenía vasos sanguíneos inusualmente grandes, y trabajaban con más fuerza mientras pensaba. Si esto es cierto, estamos ante un caso humano de fronfón)

viernes, 17 de junio de 2011

Fultícodo

(Sustantivo. Del griego phaulós = defectuoso; tyché = suerte, destino y hodos = camino)

Capacidad de obtener un buen resultado después de haber aplicado mal un procedimiento.

Si una persona lava sus fuentes de teflón con abrasivos y viruta de acero, y a pesar de ello la fuente queda impecable y sin rayaduras; si cuando estudia para el examen final se queda dormido al leer la primera página de sus apuntes de clase y, a pesar de ello, aprueba; si lleva una vida pecaminosa sin arrepentimiento ni conciencia, y a pesar de ello su alma se despierta en un inesperado cielo, se dice que ha cometido  fultícodos. Cada vez que, por torpeza, necedad, nerviosismo, apuro, negligencia o simple maldad no damos los pasos necesarios pero, a pesar de eso, se logra el resultado deseado, se comete un fultícodo.

A veces, los hechos salen imprevistamente bien a pesar de no haber puesto manos a la obra en su ejecución o, incluso, habiendo atentado contra el resultado. A veces el resultado parece inducido, precisamente, por nuestra acción negativa. Después de dos días feriados, desearíamos no tener que ir a trabajar al tercer día. Entonces decidimos faltar; ya tendremos todo el día para elaborar un pretexto. Cuando llamamos, bien tarde, para excusarnos aduciendo una rara enfermedad, el operador nos alerta: "Pero hoy no había que venir a trabajar... Es la pascua hindú; ¿No sabías que el jefe es hindú?": He ahí un fultícodo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Flecomado

(Adjetivo. Utilízase sólo en femenino. Del latín flecto = doblar, girar y commeatus = tráfico de vehículos. Antónimo: aflecomado)

Esquinas de los cruces de las calles por las que doblan los automóviles.

Cuando dos calles perpendiculares de una mano se cruzan, en las cuatro esquinas de ese cruce ocurrirán indefectiblemente las siguientes combinaciones: en dos de esas esquinas, los vehículos doblarán y dificultarán el cruce de los peatones; en dos de ellas, los autos no doblarán. Las esquinas por las que pueden doblar los automóviles se denominan flecomadas; serán aflecomadas en el caso contrario.
La ilustración sirve para interpretar el uso de este concepto. Obsérvense los autos rojos. Dada la dirección que llevan, en el cruce sólo podrán doblar hacia su derecha, pero no hacia la izquierda. Eso implica que el cuadrante derecho superior es flecomado: si un peatón decide cruzar la calle perpendicular, debe observar no sólo que no vengan autos verdes, sino también que no esté doblando un automóvil rojo. A su vez, los automóviles verdes sólo pueden doblar hacia la izquierda, y esto implica que la esquina que está en el cuadrante inferior izquierdo sea peligrosa para los peatones: deben observar no sólo que no pasen autos rojos, sino también que no doblen autos verdes, y por lo tanto es flecomada. Pero las esquinas superior izquierda e inferior derecha son aflecomadas: en esas esquinas se puede cruzar si no vienen vehículos, y no hay que precaverse de que pueda doblar imprevistamente un automóvil que viene por el carril perpendicular.

Siempre es más seguro cruzar a través de una esquina aflecomada que a través de una flecomada. En las esquinas aflecomadas basta con observar el semáforo para saber si vienen vehículos o no. En las flecomadas, en cambio, es necesario mirar si un conductor va a doblar para cambiar de calle.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Fonámbulo

(Adjetivo. Del griego phonos = sonido y del latín ambulo = deambular)

1. Quien deambula cuando habla. 
2. Quien deambula cuando habla por teléfono celular. 

En ambos casos, el fonámbulo se mueve de manera errática o circular y no fija la mirada.

(El comentario de Dormidano agrega una gran riqueza semántica a este término: 

"Muchas veces el fonámbulo quiere graficar su propia importancia en la cadena productiva dado el uso intensivo del teléfono celular, por eso, aparenta estar enfrascado en la charla pero de vez en cuando echa una mirada subrepticia sobre sus semejantes a los efectos de verificar si lo están mirando o apreciando")

(Aprovecho para recomendar especialmente su impecable y excelente blog, una de mis lecturas de cabecera)

martes, 24 de agosto de 2010

Frodiscoso

(Adjetivo. Del latín for = hablar; post = después y discessus = despedida.)

Quien inicia una conversación luego de despedirse. 

El frodiscoso nos engaña con su repetido "adiós" a través del teléfono o cuando está de visita en casa, pero un segundo antes de que colguemos o de que le abramos la puerta nos preguntará cómo está la familia, el perro y el gato y acto seguido contará pormenores de sus propios parientes y mascotas. Luego se despide una vez más, de manera efusiva y asfixiante. Sin embargo, no nos deja colgar ni cerrar la puerta: sigue allí, hablando sin parar hasta que en algún momento mira el reloj, dice "qué tarde se hizo" y vuelve a saludar, con apuro. Esto tampoco lo detiene: ya a punto de cortar o de pisar la vereda, encuentra otra nueva e interminable temática para seguir parloteando.
Es común que el frodiscoso, a pesar de los innúmeros saludos de despedida que nos ha propinado, se vaya sin saludarnos, con la excusa de que ya nos saludó muchas veces.
Al frodiscoso se le puede proponer (con ironía) una especial técnica de saludo: que se despida muchas veces al principio de la conversación, para que después no tengamos que padecer la decepción de sus continuos amagues.

El frodiscoso es cronocléptico.

martes, 27 de julio de 2010

Termoficción /Caleficción / Frigoficción

Termoficción:
(Del griego terma = temperatura y del latín fingo = fingir)

Alucinación o sensación térmica inducida por sugestión o por error. 

La palabra "alucinación" probablemente predisponga a pensar en un estado patológico. Sin embargo, se trata de un fenómeno cotidiano en el cual, por la creencia de que el ambiente está calefaccionado se tiende a no tener frío, y a no tener calor si se cree que está frigorizado. Por eso, el término se desdobla en dos conceptos:

Caleficción: (Sustantivo. De calefacción y ficción. En un inextricable diccionario para inteligentes se define esta palabra, pero no se recoge la acepción que tomaremos aquí):

Sensación de agrado y tibieza surgida de la creencia de que hay una estufa o calefactor encendido cuando en realidad está apagado.

Frigoficción (Del latín frigor = frío y fingo = fingir):

Sensación de frescura surgida por la creencia de que hay un aparato de aire acondicionado encendido, cuando en realidad está apagado.

Tomemos los siguientes ejemplos para ilustrar las dos definiciones de arriba.
Si llegamos a un lugar frío, puede ocurrir que tiritemos o que nuestros pies se congelen. Pero si, de inmediato, alguien nos dice que ya se encendió la estufa, es posible que empecemos a sentirnos levemente más distendidos y con una sensación de tibieza. Si luego descubrimos que, en realidad, nadie encendió la estufa, esa distensión y tibieza fueron una caleficción.
Lo mismo ocurre en el caso contrario. Si entramos a una habitación calurosa en un día de más de treinta grados, puede que empecemos a sentir una ligera, muy tenue y aliviadora frescura si nos dicen que ya se encendió el aire acondicionado. Si luego comprobamos que eso no es cierto, habremos sufrido una frigoficción.
Por lo general, las termoficciones duran pocos instantes, y suelen ser más convincentes las frigoficciones que las caleficciones.

miércoles, 30 de junio de 2010

Faloñómino

(Sustantivo. Del latín fallor = equivocarse y cognomino = apellidar)


Apellido que ha sido mal escrito en generaciones anteriores. 

Existe una historia con tintes míticos, según la cual los nombres de los inmigrantes fueron asentados por fonética y no de acuerdo a su correcta escritura. Esto, en parte, se debía a que algunos inmigrantes eran analfabetos (y por lo tanto no conocían cómo se escribía su apellido) y, en parte, porque los encargados de asentar nombres y apellidos son, desde siempre, burócratas insensibles e ignorantes. Por eso, algunos descendientes de inmigrantes italianos llevan el apellido "Yancarlo", "Yobanini" o "Yúdichi", y algunos hijos de alemanes se apellidan "Guete", "Dóichland" o "Huarchtáiner". 
Estos apellidos originados a partir de la malinterpretación de un escriba son faloñóminos.

A veces las personas fingen un faloñómino que no es tal. Quien se llame "Culirrotti" puede alegar que su apellido fue mal escrito, que no proviene del italiano sino del ruso (de Kulén Riottov) y que antiguamente significaba "Agua clara que sigue su curso hacia el límpido mar". Quien tiene un apellido claramente malsonante debería tener el derecho a inventar una historia de enredos burocráticos, prosapias exóticas y etimologías fantásticas para justificar que el matiz insultante ha sido producto de un desgraciado y fortuito azar semántico.

martes, 15 de junio de 2010

Fruparia

(Sustantivo. Del latín fruor = obtener placer y paro = preparar. Adjetivo: frupárico)

Capacidad de disfrutar de los preparativos para un evento, más que del evento mismo.

Una fiesta de casamiento, las vacaciones, una cena con amigos: todos estos sucesos a veces requieren de largos y trabajosos preparativos. Las tareas preliminares pueden llevar meses de organización; sin embargo el evento pasa muy rápido, y a veces cada detalle pensado con tiempo y dedicación sólo tiene una presencia parcial y poco destacada. Los canapés y el ananá fizz desaparecen en los primeros minutos de la fiesta. Sin embargo, para elaborar esa recepción un grupo de personas estuvo trabajando día y noche durante una semana. El discurso de bienvenida se lee en diez minutos; no se vislumbra en ese lapso que cada palabra fue elegida con rigor y exactitud en un largo proceso de varios meses, tiempo en el cual hubo decenas de borradores. Podemos ahorrar durante décadas para hacer un viaje a Europa. Una vez que hacemos el viaje, los quince días del tour pasan de manera atropellada y sin trascendencia. Dado que en la magnitud del preparativo no se condice con el impacto que produce el evento, es posible que surja una gran frustración. Puede que pensemos: “Al final, tantos preparativos para algo tan fugaz”
Por eso, un síntoma de madurez consiste en haber adquirido fruparia. El evento es apenas el punto culminante de una serie de procesos previos, procesos cuyo solo desarrollo de por sí provoca placer y entusiasmo. Cuando todos se atragantan de canapés y los devoran en un minuto, el frupárico no se desalienta: recuerda con alegría cada uno de los procesos que lo llevaron a prepararlos, en vez de apostar sus ilusiones a que sus canapés serán algo duradero, sobresaliente y digno de ser recordado.

miércoles, 14 de abril de 2010

Factisomnio

(Sustantivo. Del latín facienda = cosas para hacer y somnum = sueño)

Capacidad de realizar complejas actividades dormido.

Las personas sonámbulas pueden andar con rumbo bien dirigido, abrir cajones, realizar ciertas rutinas como vestirse o encender una hornalla. Pero estas actividades son erráticas y rara vez ocurren con algún propósito. El factisomnio, en cambio, mienta una capacidad de dirigir una acción precisa y atenta durante el sonambulismo.
Imagine que usted debe planchar la ropa, cocinar la cena y estudiar para un examen, pero se encuentra muy cansado. Si pudiera poner en práctica el factisomnio, la solución sería sencilla: acuéstese a dormir, y mientras duerme hace todas esas cosas. Se despertará descansado, con la ropa planchada, la comida hecha y la lección aprendida. Desde luego, se requeriría de algún tipo de revolucionaria programación mental para lograr estos propósitos. También podrían surgir muchos problemas legales con las acciones practicadas durante el factisomnio. Si atropellamos a alguien mientras manejamos dormidos, ¿seremos responsables? Y si uno escribe una novela dormido, ¿quién es el autor? ¿El yo de vigilia, o el yo dormido? ¿Podría ocurrir que yo, dormido, me entable una demanda a mí mismo, despierto? ¿Podría el yo de vigilia enamorarse de una mujer, y el yo dormido de otra?

jueves, 25 de febrero de 2010

Fruticadiar

(Verbo. Del latín fructus = fruto y cado = caer)

1. Cuidar la maduración y desarrollo de un proceso para desatenderlo en el momento de obtener réditos. 

2. Esforzarse por sembrar para luego no recoger los frutos.

Recoger los frutos de una obra resulta ser la parte más grata y esperada de la tarea. Sin embargo, quienes fruticadian olvidan o sienten pereza, o simplemente detestan esa parte.
Hay incontables contextos en los que las personas pueden fruticadiar. Algunos ejemplos: al hacer un trabajo largo y complicado para luego no ir a cobrarlo; al terminar una carrera y jamás retirar el título o al hacer una torta y después guardarla en la alacena hasta que se pudra.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Folograma


(Sustantivo. Del griego faulós = defectuoso y gramma = letra)

Falta de ortografía no considerada como tal y que, por lo tanto, tiende a pasar desapercibida.

Hay errores ortográficos groseros y evidentes: ausencia de H, extrapolación de V por B o de C por S. Otros suelen ser menos impresionantes y a veces hasta tolerables: la perixia y la falta de mayúsculas figuran entre ellos.
Sin embargo hay formas de escribir ciertas palabras que, a pesar de contener algún error, en muchos casos no se considera como tal o tiende a pasar desapercibido. Es el caso de las oraciones interrogativas y exclamativas en los cuales no hay un signo de apertura ("A vos te parece?"); algunos casos de acentuación en palabras graves para resaltar la segunda persona del singular ("Compráte", "Decidíte"); la utilización de comillas innecesarias ("Oferta" $ 4 "el kilo"), la proliferación de puntos suspensivos ("Estuve...todo el día... pensando... en ti"), la enumeración con comas donde debe ir punto y coma, la utilización del signo "+" en lugar del adverbio "más", el cambio de una palabra por otra inexistente ("paupérrimo" por "pobrísimo",  "desbrozar" por "debruzar"), o el punto después de un signo de interrogación o exclamación (¿Te parece?. Estoy convencido) o el uso de doble o triple signo de interrogación o exclamación ("¿¿¿A usted le parece lo mismo???").
Todos estos son ejemplos de fologramas.

¿Puede detectar usted algún folograma en este mismo post?

miércoles, 14 de octubre de 2009

Fopádira

(Sustantivo. Del provenzal feupo = tejido de seda de algodón y del latín dirae = malos presagios)

Sensación de inquietud y ligera repulsión que provocan los muñecos.

Los muñecos tienen algo abominable.
Un osito de peluche es suave y esponjoso, pero imita un poco la contextura de alguien gordo, sobreprotector y ligeramente psicópata.
Un títere tiene vida y gracia sobre los dedos del titiritero. Fuera de él, es un despojo deshuesado y exánime, más repugnante que una cucaracha a medio aplastar.
Las marionetas, los monigotes, los peluches y los payasitos necesitan de un contexto para volverse adorables. Fuera de ese contexto, provocan un ligero temblor y cierto deseo de no mirarlos. Mirarlos mucho hace que se muevan, y no queremos que a la frágil estantería de nuestra cordura se le salgan algunos clavos.
Los muñecos son inocentes en la cuna del bebé, mientras el bebé duerme o juega. Son perversos cuando el niño no está en la cuna y ellos todavía miran el cielo raso desafiantes y sin parpadear. Aun más perversos se vuelven cuando siguen allí inmóviles con su mirada descarriada una vez que el niño ha muerto por una enfermedad repentina y misteriosa. Diabólicos hasta lo inverosímil son, si aparecen en otras partes de la casa, si desaparecen o si hablan imitando la voz del niño muerto.

La golemización provoca una reptilesca fopádira.

martes, 13 de octubre de 2009

Fuesia

(Sustantivo. De fuese, se fue)

Desconcierto y malhumor que produce atender la puerta y descubrir que quien tocaba timbre ya se ha ido.

Quienes viven en un pasillo al fondo conocen esta experiencia: escuchan el timbre furioso dos o tres veces; se ponen apurados una remera o un pantalón para salir, recorren decenas de metros hasta la entrada principal y cuando abren la puerta se quedan perplejos mirando hacia ambas direcciones de la vereda. El que nos buscaba ya no está; se ha resignado a que no lo atendiéramos y se ha ido. Quizás traía una buena noticia o un urgente pedido de auxilio; tal vez era un pariente de otro país que venía a dejarnos su herencia millonaria o un amigo que buscaba un desesperado consuelo para evitar su suicidio inminente. Ahora no está: nos deja con la imaginación de los múltiples escenarios por los cuales nuestra vida se podría haber desarrollado; nos hace pensar en los rostros de los posibles visitantes y nos hace creer que, de verdad, algo bueno nos estaba esperando y lo perdimos por no ser rápidos para abrir la puerta.

La fuesia puede ser extraña e inaudita: a veces sólo tardamos unos segundos en atender la puerta, pero el impaciente visitante ya se ha marchado.

Este término se aplica también al teléfono: cuando alcanzamos a atender, quien nos había llamado colgó. Sin embargo, si queda registrado el número, el desconcierto disminuye mucho y en rigor ya no puede llamarse fuesia.

lunes, 5 de octubre de 2009

Formiciar (se)

(Verbo. Del latín formica = hormiga)

Palparse frenéticamente para encontrar un celular o una billetera.

Ante la melodía estridente y repentina del celular, una persona comienza a palparse. Esa actividad no dura más de cinco segundos, pero en ese lapso ha recorrido cada uno de los bolsillos de su ropa, su portafolios, su bolso o su cartera. La persona se ha formiciado.

Este término no se aplica cuando la palpación se hace pausadamente y con tranquilidad: sólo puede usarse cuando la operación se hace de manera desesperada y en unos pocos segundos. Por eso, cuando buscamos la billetera, sólo nos formiciamos si sospechamos que alguien nos la ha robado o si no la encontramos en el bolsillo esperado: en ese caso, buscamos enloquecidos en cada pequeño vericueto del pantalón o de la campera ante la mirada impaciente de la cajera del supermercado que espera nuestro dinero.

El término se deriva de "hormiga" y hace alusión al acto de darse palmadas en el cuerpo para matar a las hormigas que se han subido en él (algo que ocurre cuando uno se sienta sobre un hormiguero), y también puede aplicarse a este caso.