viernes, 4 de mayo de 2007

Ola Corderito

En Argentina, término utilizado por los marinos para referirse al estado de la marejada cuando es peligrosa o dificulta la navegación.

Avistar crestas blancas de las olas en la línea de horizonte, desde tierra firme, implica que en alta mar hay rompiente de varios metros de altura (de no ser así, no se verían a tanta distancia)

En España, es sinónimo de "borreguillos blancos".

"La segunda racha fue más fuerte. 35 nudos calculó a ojo Coy. La Bahía estaba ahora llena de borreguillos blancos y el viento aullaba subiendo de nota en nota por los huecos de las chimeneas y los aleros de los tejados" (Cita de "La Carta Esférica", A. Pérez Reverte)

(Gracias Marcelo Aceituno)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre! Los borreguillos blancos no son olas, sino una parte de las olas.

tunicia dijo...

Autor que oculta su nombre: es correcto, pero en Argentina el uso popular la denomina “olacorderito” (el espacio que separa verbalmente ambos términos quedó diluído hace ya tiempo tras tantas repeticiones). La definición en cuestión apela, además de la metáfora con los corderos o borregos; al uso de la sinécdoque, un recurso retórico que transgrede el sentido asociando palabras generalmente subordinadas o próximas.

El caso expuesto consiste en una de sus más típicas variables: la que reemplaza a la parte por el todo. Así, la cresta blanca (una parte); es reemplazada por la ola (el todo).

Esta transgresión conceptual está justificada en términos coloquiales, ya que en el acto comunicacional se tiende a sintetizar parte del contenido, abreviando aquellas palabras que se dan por sobrentendidas. En tal operación del lenguaje no sólo se gana en simplicidad, sino también en belleza poética, y hasta es posible que ambas sean la misma cosa.

El relator de fútbol dice: “Italia le ganó a Argentina” y no necesita especificar que 11 futbolistas cocoliches vencieron en un partido de 90 minutos a otros tantos de la selección argenta.

Imaginate a un pescador diciéndole a otro: "Hoy no embarcaremos porque en el horizonte diviso espeluznantes crestas agitadas correspondientes a sus respectivas olas, que entre sí forman brava marejada y si sumamos a eso un probable huracán, perecemos en la tempestad que nos vomitará del mar, con más nuestra barca en zozobras".
No; sólo dice: "hay olacorderito"; y su interlocutor, que es buen entendedor, probablemente responda: “tiempo de mierda... habrá que ir al Cariñitos a por la Jenifer y la Tamara”