martes, 8 de junio de 2010

Pudisplanar

(Verbo intransitivo. Del latín pudor = vergüenza; dis = prefijo que significa oposición y explanare = interpretar)

Sentir vergüenza por haber malinterpretado algo.

Alguien nos lee una carta en la que se dice: "Juan dejó el celular cargándose sobre la mesa", y nosotros entendemos "Juan dejó el celular, cagándose sobre la mesa". De inmediato hacemos un comentario acerca de ese hecho bizarro: "¿Qué pasó? ¿No había inodoro? ¿No llegaba al baño?". Por alguna razón, nuestro interlocutor nos mira con una rara desaprobación y aclara (para nuestro bochorno): "dije cargando, no cagando". Sentimos una vergüenza infinita, porque de algún modo nos sabemos responsables de lo que hemos (mal)escuchado. Como si estuviésemos condicionados a hacer la peor interpretación posible y asuciar de las maneras más retorcidas.
Desde luego, no se necesita un ejemplo tan escatológico para pudisplanar. Si alguien me dice "Yo le voy a regalar una campera" e interpeto "Yo te voy a regalar una campera", la situación se torna bochornosa, porque quizás mostremos alegría y agradecimiento por el regalo que vamos a recibir. Y de inmediato alguien tiene que apresurarse a aclarar: "No, no habla de vos, es el regalo de cumpleaños de Antonio" (Suponiendo, claro, que uno no se llame "Antonio)
En rigor uno no malinterpretó voluntariamente, de modo que no debería sentir vergüenza. Sin embargo, el pudor es inevitable.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUENA DEFINICIÓNNNN!!!!

Wolfgang dijo...

Si bien sería totalmente inusitado, así como el gerundio "cargándose" se refiere al celular, también la otra interpretación podría referirse a él. Por más funciones que le agreguen a los teléfonos móviles, el ir de cuerpo me parece que va más allá de todo lo que se pudiera imaginar.

damianivanoff dijo...

Excelente, la sensación es quedar completamente offside. Creo que es tanto peor cuando uno interpreta algún beneficio o elogio hacia uno, cuando en realidad el destinatario es otro, como en el 2º ejemplo. Creo que lo que lo vuelve muy avergonzante es la sensación de que uno se sintió de algún modo como posible merecedor de eso, es decir, concibió la posiblidad.