martes, 27 de mayo de 2008

Paramismo / Paramicismo

(Sust. De la expresión "para mí")

1. Tendencia a opinar cuando no se tienen fundamentos o apartándose de ellos aun en el caso en que se los tuviera.

La opinión sin fundamentos se basa sólo en dudosas intuiciones y razonamientos arbitrarios. Doxafórico y dianogrécico, el paramicista expone sus más terribles apreciaciones sin mucho análisis, anteponiendo la expresión "para mí", con la cual quiere dar a entender que su intención no es influir en los demás, sino expresar un pensamiento apenas conjetural : "Para mí que esta mujer engaña a su marido", "Para mí que estás embarazada". Sin embargo, los tímidos "para mí" que antepone el paramicista ante cada discurso son marcadores fuertes: no expresan una duda, o una hipótesis, sino una certeza interna del hablante.

El paramicismo es mucho más insólito y arbitrario cuando, aun con ciertas pruebas a mano una persona decide desconocerlas:
Un médico podría decir: "Los síntomas y los análisis nos indican que usted tiene fibrosis quística, pero para mí que en realidad es hipocondría"
Un docente podría decirle a un alumno: "Si tengo que atenerme a sus exámenes y a su participación en clase, usted está aprobado. Pero para mí que no sabe nada, así que nos vemos en marzo"
Un patrón podría decirle a su empleado: "Veo que el trabajo está terminado y bien hecho, pero para mí que usted es un chanta, así que si quiere cobrar vaya a pedirle a Magoya"
En estos casos, el paramicista se siente una persona de sagacidad superior. Al desconocer la evidencia y al anteponer el "para mí", pretende destacar su costado intuitivo y su capacidad detectivesca. Suele decir para si mismo: "Hay pruebas de que está ocurriendo X, pero yo soy más vivo y puedo ver que, por encima de las pruebas, en realidad ocurre Y"

Habitualmente, este segundo caso de paramicistas está equivocado. Pero, como por lo general este paramicismo se exhibe en una situación de asimetría de poderes, tales errores no salen a la luz.

2. Tendencia a creer que a uno le deben un regalo o un recuerdo.

Esta clase de paramicista considera que quienes lo rodean le deben algo, y espera ansiosamente que se lo den. Si unos parientes se fueron de vacaciones, espera que le traigan alfajores. Si un amigo visitó un viñedo, espera que le traigan vino. Si alguien va al supermercado o al kiosco, espera que le traigan alguna sorpresita -salamines o bocaditos cabsha-.

5 comentarios:

The Bug dijo...

Esta palabra me viene al pelo.
Tengo a mi abuela internada y la mujer que cuida a la señora de al lado no para de meterse en todas las conversaciones para opinar hasta de gente que -por supuesto- no conoce, atreviéndose a aconsejar como deben encararse o no ciertos temas.
Intentando explicar a mi vieja lo molesto que es esta persona, no se me ocurría otro adjetivo que "meterete", pero veo que la mujer lo que tiene es una fuerte faceta paramicista.

Jorge Mux dijo...

Para mí que la mujer que cuida a su abuela no es de confianza. Y para mí que usted no sabe cómo gestionar las cosas para que su abuela tenga a alguien que la cuide bien. Y para mí que su abuela se va a reponer.

elizabeth auster dijo...

Muchos niños son paramistas del estilo del último ejemplo. No preguntan "¿Me trajiste algo?" sino "¿qué me trajiste?".
Disculpen por entrar justo cuando ustedes estaban dialogando. Mis mejores deseos a la abuela de The Bug.

gabrielaa. dijo...

es que ni siquiera es la mujer que cuida a la abuela! cuida a otra y se mete en lo que no le importa!

beso grande a Grandma Bug

Don Tunicia dijo...

Uy, sí: esos personajes insufribles a veces usan métodos más sofisticados para hacer válidos sus argumentos y al mismo tiempo quedar indemnes de sus falacias; usan muletillas del tipo: “siempre he creído que…”, “desde mi punto de vista”, “o en mi humilde opinión”, haciendo gala de una hipócrita y falsa humildad, al tiempo que nadie de atrevería a contradecirlos ya que todos tenemos derecho a estar equivocados. En algún capítulo de Rayuela, Cortazar los deschava muy bien.

En la segunda acepción me recuerda a una cita de Sándor Márai, en su obra ¡Tierra, tierra! Donde dice “…se pasean con el semblante de alguien a quien la humanidad le debiera un rublo y cincuenta cópecs y no quisiera devolvérselos.”