miércoles, 21 de julio de 2010

Glacioso

(Adjetivo. De glaciar y gracioso)

Dícese de quien con asiduidad hace bromas que no causan gracia. 

El glacioso tiene la voluntad de un humorista, pero su humor resulta insípido o irritante. Por lo general provoca mínimas y gélidas sonrisas de compromiso o de ligero bochorno. Quienes lo rodean no participan de la complicidad de sus chistes, ni festejan sus ocurrencias. Sin embargo, él sigue insistiendo con predecibles rimas guarangas, chistes lavados y viejos, coplas sin ingenio ni estilo y apodos anodinos y ligeramente insultantes. Causa más incomodidad que gracia, aunque no llega a ser abiertamente vergonzoso. Por lo general pretende hacer una intervención graciosa en la historia que cuenta otro, y su previsible intervención llega a destiempo o resulta forzada. "Pasé el fin de semana por Tarija", cuenta un amigo que hizo un viaje. "Y te agarraste la pija", agrega el glacioso para, inmediatamente, empañar la anécdota con una risotada fingida que nadie acompaña. Es de esperar que el solo hecho de ser el único en festejar sus chistes lo desmoralizaría. Pero el glacioso se empeña en ser el humorista de la reunión y, por tanto, sus ocurrencias acompañarán cada resquicio de rima chusca que se le presente. En cada ocasión del relato, hará su solitaria intervención cuasicómica.

Los docentes, los políticos y los jefes suelen ser glaciosos cuando bromean (respectivamente) acerca de sus exámenes, de la situación de sus gobernados y del sueldo de sus empleados.

1 comentario:

Marta Ortells dijo...

¡Me he reído mucho con el ejemplo! Jajaja

Ciertamente, existen los glaciosos. :)