miércoles, 27 de junio de 2007

Exquisíosi

(enviado por Marcelo Aceituno)

(Del lat. exquisitus, y la expresión "sí o sí")

El primer término de la palabra alude a una persona con singular y extraordinario gusto y refinamiento en todas sus preferencias y elecciones. Esta es su virtud más destacable.

Siosi, el segundo término de la palabra, es en cambio su principal defecto: lo convierte en un ser caprichoso; un exigente que no acepta otra alternativa a sus antojos y demandas. Sus condiciones son siempre SINE-QUA-NON y sus requerimientos, de carácter urgente.

El/la exquisíosi es maniático perfeccionista, ningún esfuerzo lo conforma, no permite que nadie haga algo por él, ya que nadie lo hará mejor y tiene nula tolerancia a las frustraciones.

3 comentarios:

don tunicia dijo...

Cuando te mandé la palabreja esta te aclaré que como buen esquisíosi, no iba a conformarme fácilmente con la imagen que eligieras para el post y te la iba a criticar duramente, pues me retracto: está buenísima!

Me recuerda a esos personajes apelmazados del ambiente cultural argento.

Un abrazo!

yerbanohay dijo...

si, una mezcla de laiseca con caparrós.
Yo, por regla general desconfío de los escritores (tambien directores de cine eh?) a los que conozco antes a los personajes de sí mismo que crearon, que a sus obras.
La excepcion era Borges.

don tunicia dijo...

Es verdad: buena mezcla entre Caparrós y Laiseca, aunque sólo en la fisonomía.

Con lo de apelmazados o recalcitrantes me refería mas bien a esos émulos de escritores que asisten a presentaciones de libros cargados de ínfulas y retorciéndose el mostacho, criticando a todo x nada, porque si; personas que fruncen la nariz como si todo el tiempo estuvieran oliendo mierda.

Seres desagradábiles de los que todos escapan, porque cuando te agarran te bombardean a los gritos con sus demostraciones de conocimiento, y uno siente vergüenza ajena de estar en tremenda situación, y no queda otra que asentir con la cabeza para que el aburridor se vaya contento con su cuota de razón a atormentar a nuevos contertulios y luego a su casa, donde vive indefectiblemente solo porque si nadie lo tolera 5 minutos, mucho menos alguien lo soportará toda la vida.

El aspirante a exitoso escritor por descubrir se servirá un wiskacho pensando cómo es que nadie se da cuenta de su talento y se apoltronará cómodamente en el sillón frente a la pantalla de Venus donde se proveerá de la ilusión de un poco de carne fresca que venga a remediar tanto vacío. Y se quedará dormido en ese mismo sillón, borracho de vacío, vestido como ayer y antes de ayer, soñando que su vida tiene algún sentido, que aunque sea tardíamente los mercenarios de la cultura reparan en él y la sociedad les recompensa, al fin, tantos años sumido en el anonimato. Entonces se relaja y ronca de placer al sentir que por fin le encuentra el agujero al mate; la gente lo quiere y lo que es mejor: lo admira, él es quien ilumina a las masas -mientras que lo único que ilumina un poco a esas horas es la pantalla de un televisor- que como su dueño, transmite para nadie.

El mostacho en ese momento se siente libre de la mano castradora que lo alisa permanentemente, y feliz por el alivio de tanto manoseo y por las curvas en pantalla plana de las porn-stars, tiene una magnífica erección que se le antoja dalínesca.