lunes, 17 de agosto de 2009

Termógoro,a

(Adjetivo. Del griego terma = temperatura, calor y agoréuo = hablar, exhibir. Sustantivo: termogoria)

Quien hace gala de su resistencia al frío o al calor.

Existen dos clases de termógoros:
- Los que creen que, gracias a su ascendencia, han heredado genes que les permiten resistir las altas o bajas temperaturas.
- Los que creen que la resistencia al calor y -en especial- al frío es característica de un macho.

En la primera clase encontramos al rutanero: un tatarabuelo supuestamente esquimal o nativo de Siberia le habría transmitido al termógoro los genes para resistir al frío. Por eso, el termógoro anda en camiseta durante las heladas de invierno, despreciando a los termópatas que usan campera y bufanda. A veces este termógoro no apela a su ascendencia sino a su propia experiencia en otros lugares del mundo: quizás vivió dos años en la cálida zona ecuatorial, y cuando llega a Buenos Aires finge que el calor del verano porteño no le afecta.

La segunda clase de termogoria es casi exclusiva de los sujetos masculinos. A pesar de que sienten frío y calor como termópatas, se dicen a sí mismos y a los demás que abrigarse, encender la estufa, bañarse en la pelopincho o prender el ventilador son cosas de maricas. Para probar que no le prestan atención a las temperaturas entran desnudos en una cámara frigorífica, o se ofrecen para hacer el asado al sol en pleno verano.
Consecuentemente, este termógoro piensa que en invierno sólo se enferman quienes usan abrigo, y en verano sólo se deshidratan los que permanecen quietos frente al ventilador.

Conviene aclarar que hay ciertas personas que tienen una especial resistencia a la temperatura; el término "termógoro" hace referencia al hecho de hacer gala de tal resistencia. Algunas veces, esa resistencia puede ser cierta, y otras, como en los ejemplos dados arriba, es espuria.

2 comentarios:

«—x—« dijo...

Los termópatas odiamos a los termógoros. ¡Ojalá ardieran todos ellos en el Infierno, ojalá se congelaran en el Polo!

yerbanohay dijo...

Coincido con la flechita.Incluso si lo necesito lo voy a pensar como causal de divorcio. Yo soy termópata mi marido termógoro.Me ha tocado dormir en Brandenburgo con la nieve afuera(y los lobos aullando), sin calefacción y con la ventana abierta. Bañarme en lagos de 15 grados a los que entré por equivoación porque un ejercito de termógoros alemanes ponía cara de que disfrutaba la experiencia. Y yo que nunca dejé de irme a la cama con buzo y medias en invierno en Tucumán.