martes, 5 de febrero de 2013

Contrarregalo

(Sustantivo. De contra y regalo)

Obsequio que se realiza como respuesta a un obsequio recibido.

Muchos de los regalos que damos por cumpleaños, navidad o día de los enamorados, son contrarregalos. Si Juan nos regalase un par de medias para nuestro cumpleaños, podremos obsequiarle otro cuando llegue su onomástico: un presente modesto que no pone en peligro sus finanzas ni las nuestras. Pero si Juan nos regalara un automóvil o un viaje en crucero, las cosas se nos complicarían, pues cuando él mismo cumpliera años no podríamos llevarle apenas un par de medias. Disfrutaremos, sí, del crucero o del automóvil recibido, pero lo haremos con la angustiosa conciencia de que estamos en deuda; viviremos unos meses de ansiedad anticipando el enorme gasto que demandará el futuro obsequio de cumpleaños de Juan. Los contrarregalos deben ser proporcionales a los regalos iniciales; deben estar a la altura del regalo recibido, y si no tenemos en cuenta esa proporción corremos el riesgo de generar ofensa o decepción.
A veces los contrarregalos se producen en escaladas, como una guerra fría de ofrendas: Alberto le regala flores y un pantalón a Carolina (para el día de los enamorados). Carolina le regala dos pantalones y dos remeras a Alberto (ese mismo día). Alberto le regala tres pantalones, tres remeras y una campera a Carolina (para el aniversario de casados). Carolina le regala a Alberto dos camperas, tres pares de zapatos caros, cinco camisas y diez relojes pulsera (para ese mismo aniversario). Alberto le regala a Carolina dos computadoras, un nuevo Blackberry, ocho pares de zapatos y dieciséis remeras (en una fecha aleatoria. Nótese que cuando se ingresa en una escalada de contrarregalos ya no importa por qué se regala: la única motivación es el hecho de superar el último presente recibido). La escalada puede seguir de manera indefinida, hasta que las tarjetas de crédito revientan o hasta que uno de los dos no hace justicia a la desmesura del otro y entonces aparecen la ofensa y el desdén.
Para evitar el peligro de los contrarregalos, quizás conviene aclarar de antemano en todos los ámbitos posibles: "No quiero regalos". Pero esto puede ser contraproducente, porque quienes reciben ese mensaje fingirán que no nos van a dar un regalo, pero a último momento nos agasajarán con una enorme sorpresa. Quizás la única solución sea mostrarse agresivo, furioso y molesto con el regalo recibido. Pero esa es una reacción muy extraña y difícilmente comprensible: "¡Imbécil! ¡Te dije que no quería regalos! ¿Sos sordo? ¡Metete los veinte mil dólares en el orto!"
A veces el contrarregalo es desproporcionado con respecto al regalo inicial, pero esa desproporción es en sentido positivo: si usted obsequió una botella de vino a una amiga, esa amiga le obsequiará seis botellas de vino o una bicicleta, regalos claramente superiores al suyo. Por lo general, esta desproporción positiva tiene un objetivo moralmente cuestionable: demostrarle al homenajeado que uno no es un tacaño. "Este turro me trajo una planta para nuestro aniversario. Yo no soy igual que él; le compré cincuenta trajes para hacerlo sentir mal. Yo cuando regalo, regalo"
Otras veces nos dan obsequios puramente simbólicos: una canción, una foto antigua en Facebook, un poema. Pero aun estos regalos requieren contrarregalos que estén a la altura del esfuerzo y el ingenio empleados. La novia que compuso una canción a su novio para el día de los enamorados seguramente se sentirá decepcionada si recibe una caja de bombones con una tarjeta fría e impersonal.

Los regalos recibidos son trampas, pequeños anzuelos que se arrojan disimuladamente a nuestra conciencia para atrapar contrarregalos futuros. No nos dan regalos para hacernos sentir queridos y felices; nos regalan para mostrarnos que estamos atados por invisibles y retorcidos hilos de obligaciones sociales.

4 comentarios:

Dormidano dijo...

En la persona de mi hijo, asistí a una curiosa guerra de contraregalos, que tuvo a Oliverio como sujeto tàcito.
Resulta que un pariente, al que llamaremos A, le regalaba diversas cosas a Oliverio. En respuesta, otro pariente llamado B le regalaba algo un poco más importante que el regalo de A. Entonces A reaccionaba regalando algo más importante que B y así ad infinitum.
La escaramuza tuvo que ser neutralizada por los padres del infante, o sea, yo and my concubina, que pusimos punto final al bombardeo prohibiendo los regalos en general por un lapso de al menos dos meses (remedando de alguna forma a Barrionuevo).
De todas formas, y a pesar de la estricta prohibición, mediante alguna excusa, A y B lograron colar algún regalo en ese lapso.
Ahí tiene otro objeto que necesita nombre: un regalo que burla la prohibición de no regalos, una especie de regalo subrepticio.

damianivanoff dijo...

"Los regalos recibidos son trampas, pequeños anzuelos que se arrojan disimuladamente a nuestra conciencia para atrapar contrarregalos futuros. No nos dan regalos para hacernos sentir queridos y felices; nos regalan para mostrarnos que estamos atados por invisibles y retorcidos hilos de obligaciones sociales."

La voy a enmarcar.

Anónimo dijo...

Mais je tiens à dire que cette exonario.blogspot.ru est extrêmement utile, Merci de prendre votre temps pour écrire cela.

ChatNoir dijo...

Parece como si el mismísimo Sheldon Cooper lo hubiera redactado. Muy bueno.