lunes, 11 de febrero de 2013

Avencordia

(Sustantivo. Del latín avenor = porvenir y cordis = corazón [de donde se deriva "recordar"]. No confundir con avercodar)

Memoria de hechos futuros.

La avencordia puede presentarse de dos maneras bien definidas:
En una de ellas, la persona que posee avencordia recuerda clara y vívidamente hechos futuros. En algunos casos no sabe que esos hechos todavía no ocurrieron; en otros tiene también una plena conciencia de que esos hechos están por venir. A esta clase de avencordia la podemos llamar "avencordia consciente".
En la otra clase, el individuo no conoce conscientemente su recuerdo, pero actúa de acuerdo a lo que le está por ocurrir, sin saber por qué y sin saber exactamente qué le va a ocurrir. Una futura víctima de un accidente de tránsito llora por anticipado por su propia muerte inminente. No sabe por qué llora y no sabe que va a morir, pero algo en él ya conoce el futuro. Si nos embarga una enorme tristeza unos días antes de recibir una mala noticia; o si, por el contrario, tenemos una euforia inexplicable antes de recibir una buena noticia, entonces sufrimos de esta "avencordia inconsciente".  Si usted se prepara para recibir a un tío que viene a visitarlo de un lugar muy lejano (y usted no sabía que venía ese tío), o si quema unos escritos comprometidos una hora antes de que vengan a allanarle la casa (y usted no sabía que le iban a allanar la casa), entonces ha sufrido de avencordia inconsciente.

La avencordia parece mostrarnos que el tiempo no marcha en una sola dirección. Nuestra vida se enfoca en un sentido del tiempo, pero algunas veces tenemos vestigios, indicios inconcluyentes en la memoria o en el cuerpo, de que el tiempo se mueve hacia adelante y hacia atrás. A veces la memoria se quita la atadura con el pasado y se atreve, por error o por capricho, a asomarse en la otra dirección del tiempo.