miércoles, 18 de mayo de 2011

Pericúlico

(Adjetivo. Del latín periculum = peligro)

Quien encuentra situaciones potencialmente peligrosas para nuestra vida en cada una de las acciones que ejecutamos. 


El pericúlico señala cada una de las (a su juicio) peligrosas consecuencias de nuestros actos, aun cuando algunos de esos actos tiendan a reparar la posible consecuencia peligrosa de otros actos: "Si no cambiás el antivirus, seguro que te entra un troyano y te van a espiar la computadora y un día te roban todo". "Cambiaste el antivirus; bueno, no es garantía de nada, igual un día te vas a levantar y seguro que un virus te comió todos los archivos". "Si tenés la piel muy blanca y no te hacés un tratamiento, casi seguro que vas a envejecer más pronto". "Ah, empezaste el tratamiento para la piel blanca. Sí, bueno, de todos modos por más tratamiento que hagas, si la piel es demasiado blanca, te vas a arrugar como una pasa de uva". "Si dejás el auto estacionado en la vereda, en tu barrio, te lo roban. Seguro que te lo roban". "¿Guardaste el auto en el garaje? Bueno, viste cómo es, si te lo quieren robar, te lo sacan del garaje. En tu barrio, seguro que te abren el garaje para robarlo". "Si no hacés ejercicios todos los días, los músculos se van debilitando y vas a morir joven". "Si hacés tanto ejercicio, los músculos se tensan demasiado, las células se dividen mucho, van perdiendo telómero y te morís joven". Sus señalamientos no sólo se hacen con mala voluntad: además, el pericúlico no habla como si esa catarata de peligros fuese sólo una posibilidad. Para él, la catástrofe es segura y no se puede detener. Es curioso, sin embargo, que sólo encuentre consecuencias negativas en las acciones ajenas y nunca (o rara vez) en las propias.