lunes, 3 de diciembre de 2012

Taquiapancio

(Adjetivo y sustantivo. Del griego taxús = rápido y apanthoó = responder)

Sistema de comunicación que exige respuesta inmediata por parte del destinatario.

Cuando suena el teléfono o el timbre, debemos abandonar lo que veníamos haciendo para atender. Si demoramos la respuesta, la persona que nos llama desaparece y la comunicación se ve malograda. En estos casos, el sistema elegido es taquiapancio: el receptor debe hacer algo de modo inmediato (atender el llamado o abrir la puerta) para que el mensaje llegue; de otro modo el propio mensaje desaparece. En cambio, existen otros medios (como las cartas de correo clásico, los mensajes por correo electrónico y los mensajes de texto) en los que no se necesita corroborar con urgencia el contenido de la comunicación, y por lo tanto es posible prolongar su recepción. Los medios que no son taquiapancios podrían denominarse argapancios (del griego argá = tarde, despacio).
Los argapancios son preferibles a los taquiapancios, excepto en los casos en que la comunicación requiere de una respuesta urgente. El taquiapancio tiene un inconveniente adicional, además de la celeridad con la que exige ser respondido: su forma de notificarse es insistente y sólo cesa cuando el mensaje desapareció. El teléfono y el timbre podrían sonar una infinidad de veces. En cambio, con los argapancios -como un mensaje de texto- basta con un sonido puntual para que el contenido comunicativo esté presente en nuestro teléfono.
Las alarmas de los coches y de las casas son taquiapancias. El dolor en los seres vivos también lo es: cuando algo nos duele, nos anoticiamos de ello de manera tan insistente y apremiante que no podemos aplazar o diferir la atención a la zona dolorida.

Tanto los argapancios como los taquiapancios pueden generar preforinquia.

3 comentarios:

Dormidano dijo...

Cierto, la taquiapancia de las alarmas de autos es proverbial.
Por otra parte, yo casi he emprendido una cruzada contra la taquiapancia de los teléfonos de ambas modalidades, fijo y celular, quizás porque, como dice Pappo, me estoy viniendo viejo y me joroba bastante el aparato ese sonando con insistencia sin igual.
Agrego que la taquiapancia se incrementa exponencialmente cuando los llamados realizados provienen de: a.-Bancos, b.-Empresas de Telefonía Celular, c.-Tarjetas de crédito, d.-Cualquier otra entidad que tenga la urgente necesidad de extraerle a uno dinero del bolsillo mediante el recurso de estirar la taquiapancia hasta el infinito.
PD:
Le dejo una inquietud: resulta que ahora los cajeros automáticos intentan venderle al agobiado usuario alguna porquería del estilo de "seguro de cajeros", u otro servicio financiero de dudosa eficacia, en el momento mismo en que uno está tratando de extraer unas rupias para comprar abarrotes. Si uno se descuida y no lee con atención y le manda "SI" en automático, se ensarta como el mítico churrasco de crotto con un seguro, anuncio, o algo así, que le cobran todos los meses y uno ni se entera.
Habría que inventar una palabra para el acto de comercializar que intenta realizar un cajero automático.

Pecé dijo...

Mis felicitaciones. Un término realmente muy útil. Los timbres o sonidos de ¿armónica? que toca el aflador, en aquellos sitios donde esta costumbre se mantiene, son tanquiapancios.

COCO dijo...

Tiene mucho que ver con la comunicación síncrona y asícrona