martes, 13 de noviembre de 2012

Preocio

(Sustantivo. Del latín prae = antes de y otium = ocio)

Recreo o larga pausa que se realiza cuando falta muy poco para terminar un trabajo. 

Uno pensaría que, si se está a punto de terminar una tarea, es mejor utilizar el envión y finalizarla. Pero la sola ansiedad de sabernos cerca de ese objetivo nos ciega;  nos hace pensar en el descanso posterior. Y, de hecho, si falta tan poco... ¡Podríamos descansar ahora mismo y continuar más tarde!. Este preocio es una pequeña procrastinación que a veces nos cuesta caro. Si corregimos cincuenta exámenes y nos quedan solo dos, hacemos un preocio como (pre)festejo por la labor (casi) cumplida: abrimos una lata de cerveza; jugamos videojuegos o salimos a bailar con amigos. Pero el preocio puede tener consecuencias inesperadas: quizás después del juego, el alcohol y la salida con amigos nos duele tanto la cabeza que no podemos corregir los dos exámenes que faltan. Quizás esos dos -justo esos dos- eran de difícil lectura; sumamente largos y trabajosos, y ya hemos gastado todas nuestras energías en el preocio. A veces antes de este descanso cerramos los libros; guardamos las herramientas de trabajo y luego, cuando hay que terminar lo poco que faltaba, nos da una pereza enorme desplegar nuevamente lo que ya estaba guardado. En esos casos, es común que terminemos chanchaneando.

El preocio es el espejismo de la tarea terminada. El festejo del preocio es la ilusión del festejo posterior a la tarea terminada: mientras nos tomamos esa pausa improcedente, pretendemos emular la felicidad que sentiremos cuando ya hayamos finalizado esa tarea. Pero luego, cuando el trabajo esté efectivamente terminado, lo habremos hecho tan a desgano y a las apuradas, que no nos quedarán deseos de un auténtico festejo.