lunes, 9 de noviembre de 2009

Peniplasta


(Sustantivo. Del griego peína = hambre y plasté =  modelado)

Necesidad de aplastar o reventar objetos.

Mientras caminamos aparece en la vereda, justo delante de nuestro paso, un envase de jugo tetra brick vacío. En ese momento descubrimos una necesidad física de aplastar la caja hasta que haga un sonido seco. Si ignoramos el obstáculo y seguimos de largo, sentiremos que nuestro pie se quedó con las ganas de algo: la sensación tensa, deliciosa y definitiva de haber destruido algo con una minúscula explosión. Cuando eludimos nuestro objeto de peniplasta nos queda la sospecha de que por fin teníamos una misión en el universo, pero nos negamos a cumplirla. 

La peniplasta se siente también cuando se desea aplastar granos, globos o bolsitas de polietileno con burbujas. Quizás se convierta en una perversión cuando el objeto de la peniplasta es una persona, una nación o una raza. "Los voy a aplastar como a una cucaracha" es una frase que denota peniplasta perversa: no sólo porque, por lo general, se dirige a personas sino también porque el propio placer por reventar cucarachas es de por sí perverso.


Si todo explotara, la vida en nuestro mundo sería aun más peligrosa. Sin embargo, según la ley de Ruckert, nada es lo suficientemente pequeño como para no poder explotar violentamente. Quienes sienten peniplasta desearían que las cosas se comportaran como si estuvieran a punto de explotar, y ellos sólo le darían el empujecito necesario para que la naturaleza marche correctamente.

3 comentarios:

La Flaca Benelli dijo...

Le has dado un nombre a mi enfermedad!

Wolfgang dijo...

Genial la elección de la imagen, es imposible no reventar esas burbujas

Shirubana dijo...

Escuchar y sentir bajo el pie el crujido de hojas secas es magnífico. ¿Cómo ignorar un colchón de hojas secas en invierno? Sólo si hubo una lluvia y se les quitó el efecto crunchis.