lunes, 31 de octubre de 2011

Pornachón / Pornachonía

¿Cree usted que Ronald McDonald es un pornachón?
(Adjetivo. De porno)

1. Dícese de la persona extremadamente amable y bonachona que es adicta a la pornografía. 

2. Dícese de quien no se suele sospechar que pudiera mirar pornografía o actuar en una escena pornográfica.

"No, no me puedo imaginar que la Tía Elsa, con sus ochenta años, se desnude en cámara a través de internet ... Resultó ser una pornachona."; "¿Quién? ¿La abuela sacó 'Garganta Profunda' del videoclub? Qué pornachona, nunca lo hubiera imaginado". Muchos pornachones son adultos mayores. Del pornachón se suele imaginar que es un ser etéreo entregado por entero a hacer el bien en el mundo, pero jamás habríamos creído que además de ese interés genuino podría haber otro, paralelo, oculto, relacionado puramente con la excitación sexual. Cuando se descubre que una persona es pornachona, a veces provoca la sensación de que nos estaba ocultando algo grave: "Te pasabas la vida haciendo obras de beneficencia. Pero perdiste todo mi respeto cuando te vi mirando youporn.com". Como si las acciones privadas relacionadas con lo sexual pudieran afectar a las buenas acciones públicas.

3. Pornachonía (Sustantivo): Sensación de desconcierto que embarga a quien descubre que una persona es pornachona. 

Es chocante descubrir que el tío Andrés, quien hace poco se casó con la tía Ángela y que todos los fines de semana lleva a pasear a su sobrinito al parque, tiene en el placard del baño una colección de revistas y juguetes sadomasoquistas.

jueves, 27 de octubre de 2011

Demenficio

(Sustantivo. Del latín de = sobre, con matiz de movimiento descendente; mens = mente y factum = hecho)

Falacia que consiste en calificar una acción según las intenciones o el estado mental de quien las efectúa. 

Dado que la definición es un tanto compleja, la ilustraremos con ejemplos.
De las personas sólo tenemos sus palabras y sus hechos; los estados mentales ajenos (y muchas veces incluso los propios) nos resultan inescrutables. Si Juan dona todos los días, espontánea y puntualmente una caja de alimentos a un comedor, podemos calificar la acción como buena. Sin embargo, cometeremos la falacia del demenficio si decimos: "Juan no tiene buenas intenciones; por lo tanto, esta acción no es sincera y es una mala acción. Que Juan lleve alimento a los pobres es siempre malo". Como puede apreciarse en este ejemplo, la (supuesta) calidad ética de las intenciones del individuo que realiza la acción se convierte en la base para juzgar la acción. De ese modo, una misma acción podrá ser buena o mala, según la (supuesta) bondad o maldad de las intenciones del agente. Este modo de evaluar las conductas humanas soslaya el hecho de que, independientemente de las intenciones, hay hechos que de por sí son positivos o negativos; supone que una persona a quien a priori juzgamos como mala o interesada, jamás hará una acción buena o desintersada: aun si la hiciera, habrá de tener algún interés oculto. Si se juzga a priori una imposibilidad, no existirá ningún hecho que la contradiga, pues aun las acciones buenas serán interpretadas como emanadas de una mente perversa y malintencionada.
 
En política es muy común la aplicación de esta falacia. Se escuchan afirmaciones como esta:
-"La ley del matrimonio igualitario no es buena, porque todo lo que ha hecho la presidenta fue para obtener más poder y más dinero"
- "La política de derechos humanos es una pantalla; se han juzgado y encarcelado a genocidas de la dictadura, pero la intención de este gobierno es puramente pragmática y por lo tanto no nace de una convicción profunda"
- "Aun cuando algunas medidas favorecen a las personas de clases bajas, el gobierno tiene la intención de perjudicarlas a través de esas mismas medidas. Si bien apoyamos que se que les otorgue subsidios, esos subsidios no se dan por el bien de ellos, sino por el bien de quien los otorga"

Las acciones humanas pueden tener objetivos sumamente complejos y tortuosos. Eso, sin embargo, no le quita eficacia al producto de la acción. Si una medida malintencionada tiene resultados ampliamente positivos que se difunden a través de diversos estratos sociales y a través del tiempo, la mala intención de quien propone esa medida queda diluida; es un fenómeno mental inoperante encerrado dentro de una subjetividad subyugada por el alcance de sus actos.

Dos personas que hicieran exactamente lo mismo deberían ser juzgadas, según esta falacia, no por sus acciones sino por su (supuesta) vida mental e intenciones: "Marta y Josefina atienden al público con una dedicación increíble. Todos los clientes se van satisfechos. Sin embargo, Marta lo hace porque quiere ganar dinero para mantener a su familia; su acción no es genuina y por lo tanto es despreciable. Josefina, en cambio, es un amor; ella no se preocupa por el dinero y aun así atiende de maravillas. De hecho no le pagamos, ¡y vieras con qué entusiasmo viene igual a trabajar!"

Esta falacia se utiliza para achacarle a otro una vida mental puramente plana y lineal. "Juan hizo X porque, como siempre, sólo piensa en sexo". Si se explica la vida mental de Juan a través de un único objetivo común a todas sus acciones, es seguro que se está dando una imagen caricaturesca y empobrecida de sus propias conductas internas. De un sujeto que sólo piensa en un único objetivo (el sexo, las vacaciones, el descanso, el dinero) es fácil concluir que sus acciones son egoístas o malvadas. El problema con esta clase de interpretaciones es que, excepto en las malas telenovelas, las personas suelen tener una vida mental rica y llena de intereses diversos. Ocasionalmente, uno de esos intereses es el de realizar una buena acción sin obtener recompensa ni reconocimiento.  

miércoles, 26 de octubre de 2011

Porontología

(Sustantivo. Del griego póros = espacio vacío; ontós = ser y lógos = estudio)

Estudio filosófico de lo no existente. 

La porontología es una rama de la ontología. Mientras esta última estudia las determinaciones del ser, la primera estudiaría aquello que no tiene propiedades de ningún tipo y que en rigor no puede ser estudiado. Sus ramas son la cenología (estudio del vacío; del griego kénon = vacío), la anoumenología (estudio de lo que no se puede pensar, del griego noumenós = ente pensable), la ulogía (el estudio del no; del griego ou = no) y la acronotopología (estudio de lo que no puede acontecer en tiempo ni en espacio; del griego chrónos = tiempo y tópos = espacio). La herramienta principal de estos estudios es el alogigrama (un gráfico de símbolos que no pueden expresarse, que están ausentes en el gráfico y que por lo tanto no conforman un gráfico sino su ausencia; del griego a = negación; lógos = estudio, habla y grámma = esquema).

Si la ontología ha sido considerada una falsa disciplina, un estudio imposible de entidades inexistentes, una monumental pérdida de tiempo pergeñada por personas que no poseen auténticos problemas vitales, la porontología es la exacerbación de estas características. Sus cultivadores, cuando pueden dejar de lado la concentración en los problemas porontológicos y se atreven a utilizar el lenguaje para comunicar sus conclusiones, dicen abiertamente al mundo: "He estado pensando en nada"

lunes, 24 de octubre de 2011

Calarratas

(Adjetivo. De calar y ratas. También puede utilizarse catarratas)

Dícese de quien presume de una especial capacidad para detectar a personas estafadoras o nocivas. 

El calarratas a veces se justifica en una vaga corazonada o en su intuición, a la que califica de "infalible" para esos casos. "El tipo tiene los dientes separados y se ríe con la cabeza hacia atrás, como si estuviera tomándote el pelo. Seguro que te quiere cagar, cuidado". "A mí la intuición no me falla: si Andrés me cae mal, es porque hizo algo malo o porque lo está pensando. No me equivoco nunca". Admirador de la frase "La primera impresión es la que cuenta", el calarratas advierte a los demás de su impresión negativa y no admite ulteriores rectificaciones. Cree que su intuitiva reacción de rechazo es suficiente para concluir que alguien tiene una naturaleza maligna o perversa.
La mayoría de las veces el calarratas es un vulgar prejuicioso: considera malvado a todo aquel que se presente despeinado, con sudor, en actitud nerviosa y con dicción poco clara. La ausencia de "buena presencia" es un indicio suficiente para advertir acerca de la posible consecución de un delito.

jueves, 20 de octubre de 2011

Pornereticia

(Sustantivo. Del griego porné = prostituta; ne = no y erethizo = excitar, estimular) 

Tipo de pornografía que no pretende la excitación sexual.

Parece un contrasentido, puesto que el objetivo principal de la pornografía suele ser la exaltación del deseo sexual. Las recreaciones inverosímiles suelen explicitar ciertas fantasías recurrentes y pedestres: la mucama que desea complacer al hijo adolescente de sus empleadores; el técnico electricista musculoso que va a arreglar un desperfecto en el televisor al departamento donde dos jóvenes solteras lo reciben en paños menores o la alumna que es capaz de comerciar sexo por buenas notas. En todos estos casos, la dramatización es burda y sin profundidad, y desemboca sin muchas vueltas en una orgía sexual prolongada e incontenible.
Sin embargo, existen videos y películas que se focalizan en el humor o el morbo: aun cuando muestran sexo o desnudos, su objetivo (a veces involuntario) es mas bien divertir o escandalizar o, en todo caso, proponer una secuencia narrativa en la cual la excitación pasa a segundo plano. Ocurre cuando una pareja se ríe por un chiste mientras tiene sexo, o cuando uno de los protagonistas tiene una deformidad que la cámara resalta repetidas veces (en desmedro del acto sexual en sí), o, incluso, cuando la pareja mira a la cámara y hace gestos cómplices al público en lugar de mostrar su goce. En todos estos casos, la consecuencia es un inmediato descenso del deseo sexual; queda en evidencia que para los actores (y para el camarógrafo) ese acto de pareja es apenas una pose, una especie de rutina actoral aprendida e ipso facto contribuyen a disminuir el clima orgásmico.  

lunes, 17 de octubre de 2011

Ensocratilar

(Verbo intransitivo. De Sócrates y Cratilo, participantes del diálogo "Cratilo o Acerca de la precisión de los nombres"  de Platón, en el cual Sócrates especula sin fundamento acerca de etimologías de palabras griegas)

Aventurar sin certezas la etimología de un término basándose sólo en semejanzas fonéticas.

A veces nos parece que el origen de una palabra es transparente, y nos vanagloriamos de encontrar valiosas conexiones etimológicas. "Indigente" parece provenir de "in" y "digerere", y tiene sentido, porque el "indigente" es, en nuestra especulación, "el que no digiere", presuntamente porque no tiene comida.  Lo mismo ocurre con la palabra "adolescente": parece que el adolescente es "el que adolece", el que carece de la madurez necesaria. En ambos casos habremos cometido serios errores; "indigente" proviene de "indigeo" que significa "estar necesitado"; y "adolescente" es el participio de presente del verbo "adolesco", que significa "crecer".
El término "ensocratilar", sin embargo, cobra su sentido cuando la supuesta etimología se vuelve demasiado fantasiosa, rebuscada e inverosímil. Por ejemplo: "Hedonista: que tiene mal olor -hiede-"; "Corroborar: de correr, robar y borrar"; "Pantalón: del griego pas = todo y talón: el pantalón es lo que cubre todo el talón")

Estas aventuras erróneas son siempre una tentación; pueden ser hasta cierto punto disculpables en un latinista amateur pero no en profesionales, y mucho menos en especialistas del lenguaje. Es deseable que un científico conozca el origen de los términos relacionados más directamente con su profesión pero, si no los conoce, resulta bochornoso que se ponga a ensocratilar sobre la marcha: "Voy a hablar de los átomos. Átomo: del latín 'ato', que significa 'atar', y 'tomo', 'tomar'. O sea, un átomo es lo que se ata con un tomo".

viernes, 14 de octubre de 2011

Bulamnesis

(Sustantivo. Del griego boulé = voluntad; a = negación y mnéme = memoria)

Olvido voluntario.

Existen dos situaciones para las cuales la actividad consciente es inútil e incluso perjudicial: el sueño y el olvido. Piense con toda su atención en dormirse ahora mismo u olvidar el nombre de un pariente muy cercano: cuanto más esfuerzo consciente invierta en ello, más lejos estará de alcanzar su objetivo. El olvido voluntario tiende a malograrse por la conciencia del objeto que se pretende olvidar.
Sin embargo, si usted desarrolla una técnica eficaz para olvidar lo que desea (y no otra cosa, y no de manera aleatoria), habrá alcanzado la bulamnesis. El olvido voluntario es muy útil cuando se ve por segunda vez una película, se lee por segunda vez un libro o se escucha un mismo chiste una y otra vez: desearíamos olvidar el desenlace y la trama, para sorprendernos una vez más. Olvidar a la persona amada para enamorarse (o decepcionarse) cada vez que aparece es, también, una experiencia interesante.

Aunque existen estudios acerca del olvido voluntario, este fenómeno parece confundirse con el del olvido selectivo. Mientras un olvido voluntario obedece a la decisión consciente de olvidar algo, el olvido selectivo puede operar de manera inconsciente, aun contra la voluntad del olvidador.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Estenofrenia

(Sustantivo. Del griego sténos = fuerza y froné = mente)

Sensación de que se está haciendo "fuerza" con la mente para que ocurra algo.

Intente doblar una cuchara con la mente. Concéntrese en ella y mírela fijo durante dos o tres minutos. Es probable que con el correr de los segundos comience a contraer los músculos de su cabeza; quizás abra mucho los ojos, diga mentalmente algunas palabras (algo así como "movete", "doblate", "yo puedo" o similares), contraiga el esfínter o parpadeé varias veces. Todo ese esfuerzo probadamente inútil es la estenofrenia. Si la cuchara no se dobla, nos dirán que no nos concentramos lo suficiente, que no pudimos focalizar la "energía mental" o que todavía no ascendimos al nivel del aura violeta de la era de acuario. Sin embargo, la estenofrenia no es más que una proyección intencional desviada: hacemos como si ciertos objetos (una cuchara, por ejemplo) fueran parte de nuestro cuerpo y pretendemos moverlos tal como moveríamos los brazos. Pero la cuchara se mantiene muda, inmóvil e indomable, lejos del poder de nuestras fuerzas psíquicas.
Desde luego, aplicamos muchas veces este ritual y no sólo con intenciones paranormales. Sentimos la misma tensión cuando el delantero lleva la pelota y parece que va a marcar un gol: predecimos la trayectoria de sus pies; nos parece que nuestra tensión mental lo provee de energía para patear al arco sin error. Nos creemos que, por un momento, somos sus movimientos. Un instante después nos vemos defraudados cuando yerra el tiro o demora el momento de patear: ¡Por qué no hizo nuestra voluntad! ¡Por qué no siguió las órdenes que le di a su cuerpo!
También ocurre cuando vemos a un perro que cruza la calle entre muchos automóviles. Aparece la estenofrenia mientras lo miramos esquivar malamente los coches. Pretendemos añadirle nuestra capacidad para mirar a los costados; en silencio le pedimos que retroceda hasta que cambie el semáforo: ¡Parece tan sencillo!, ¡si tan solo el perro pudiera escuchar nuestra advertencia mental y esperar unos segundos a que pase esa camioneta! Cuando el perro es arrollado advertimos una vez más que no tenemos el menor poder mental sobre los sucesos del universo.

Si la cuchara se dobla, el jugador patea en el momento en que le indicamos y el perro retrocede y si, en los tres casos, corroboramos que los sucesos ocurrieron por nuestra voluntad, en rigor no podemos hablar de estenofrenia: para que el término tenga aplicación, el esfuerzo debe ser inútil. Cualquier éxito probado en la "transmisión de voluntad a distancia" a un objeto, persona o ser, ya pasa al historial paranormal y sin duda merece otro nombre.

Estenofrenia es también la fuerza que hace una persona afectada de algún tipo de parálisis cuando intenta mover alguna parte de su cuerpo que no puede responderle.

martes, 11 de octubre de 2011

Mirinvenio

(Sustantivo. Del latín miraculum = milagro e invenio = descubrir, encontrar. Adjetivo: mirinvénico)

Tendencia a encontrar milagros donde sólo hay probabilidad.

Un milagro es un hecho puntual que contraviene a leyes físicas bien establecidas. El milagro es, por ello, una suspensión del curso natural de las cosas y la irrupción de un suceso nomológicamente imposible. Contarían como milagros la resurrección de una persona después de haber estado muerta durante mucho tiempo, la reconstrucción espontánea e inmediata de un edificio destruido o la aparición ex nihilo de un plato de comida frente a los ojos de un hambriento. Los ejemplos aducidos, sin embargo, pueden ser engañosos. Una sociedad que desconoce la electricidad puede creer que las bombillas se encienden por milagro. Alguien que desconociera una novedosa técnica de reconstrucción de edificios podría pensar que el inmueble se levantó de manera espontánea. En este aspecto, sigue vigente una de las leyes de Arthur Clarke: una tecnología perfectamente avanzada no puede distinguirse de la magia.  ¿Cómo sabemos si la resurrección de una persona obedece a un designio milagroso, o a la aplicación de una ciencia extraterrestre sumamente avanzada y desconocida?

Debe quedar claro, de todos modos, que los milagros requieren de una suspensión de las leyes de la naturaleza. Si quedan resquicios de probabilidad para que un determinado hecho ocurra, entonces no se trató de un milagro. Sin embargo, hay una enorme tendencia a creer que ciertos hechos altamente improbables (y a veces no tan "altamente") son, lisa y llanamente, milagros. Curarse de una enfermedad, conseguir empleo, comprar una casa a buen precio, presenciar una estrella fugaz, tener un hijo sano o encontrar el gusto de helado que queríamos no son milagros; sin embargo a veces se nos pide que aceptemos cada cosa buena que nos ocurre como si fuese una dádiva divina especial; como si Dios hubiese hecho una excepción con nuestro caso: "¿No es un milagro que hayas vuelto a encontrar en la calle el aro de plata que habías perdido?", nos preguntan las tías solteronas mirinvénicas. Por lo general, quien padece de mirinvenio no está dispuesto a escuchar los argumentos probabilistas, y suele tratarse de personas que tienen escaso o nulo conocimiento de los detalles de la supuesta noticia milagrosa.

Es interesante observar que la mayoría de los hechos que se suelen considerar milagrosos tienen que ver con la salud de las personas: Juan estaba muy enfermo, los médicos diagnosticaron un mes de vida y sin embargo se curó. He ahí un milagro. Sin embargo, si uno escarba en la historia real del suceso, resultó ser que sólo uno de los diez médicos vistos dio un pronóstico negativo; o incluso sólo se dijo que la muerte era una posibilidad a enfrentar que no tenía por qué darse. Desde luego, una vez que la persona está curada, el mirinvénico cuenta la historia de la manera más pintoresca que se le ocurre.

viernes, 7 de octubre de 2011

Maleplácito

(Sustantivo. Del latín male = mal y placitus = deseado, querido)

Si el beneplácito es, según la real academia, una aprobación o permiso, el maleplácito habrá de ser lo contrario. Sin embargo, existe una interpretación menos literal de este término.
El maleplácito es una concesión que se realiza con mala intención o en los límites de lo deseado.
Un miembro de jurado que firma la aprobación de un examen aunque no está convencido de las aptitudes del examinado, se puede decir que ha firmado con maleplácito. Literalmente, no ha "deseado mal" a su examinado, pero íntimamente no puede dar fe de aquello que aprueba en los papeles. Su firma no avala su verdadera voluntad. Esta disparidad entre el juicio y la acción efectiva es el maleplácito.
Lo mismo ocurriría con alguien que se casara sin desearlo o, incluso, con la firme voluntad de perjudicar a su pareja.

Hay una diferencia entre el maleplácito y la disconformidad. Es costumbre que, en algunos casos, quien firma agregue explícitamente la cláusula "firmo en disconformidad". Quien realiza un maleplácito nunca desea explicitar su disconformidad, y en el fondo no puede decirse que esté disconforme porque su aval implica necesariamente una conformidad. Este caso, maleplácito es sinónimo de "de mala gana". En cambio, si tomamos la acepción según la cual la concesión se realiza sólo para perjudicar a quien se le otorga tal concesión, ahí no hay disconformidad sino mala intención.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Imbestiagar

(Verbo transitivo. De investigar y bestia. Adjetivo: imbestiagador)

1. Investigar algo de manera apresurada.

2. Considerar como suficiente el saber obtenido en los dos primeros párrafos o la contratapa de un libro. "El resto del libro es el desarrollo de esos dos párrafos", dice el imbestiagador, autoeximiéndose de leerlo completo.

3. Dar por cierto el primer resultado en Google que confirme una hipótesis dudosa. En las discusiones acaloradas, suele ocurrir que alguien termine aceptando una posición difícil de sostener, y que para ello recurra al dudoso expediente de "leí artículos en internet que hablan de esto". Por ejemplo, si usted -por esos azares de la discusión- se ve obligado a sostener que "los franceses sordos cometen incesto", encontrará algunos resultados que pueden servirle como punto de apoyo a ese disparate. Haga la prueba.

4. Sacar conclusiones rápidas y apresuradas a partir de un único hecho dudoso del que no se ha hecho una investigación suficiente. Los periodistas se especializan en este tipo de imbestiagación: "Miren cómo explotaron esas casas. Seguro que cayó un meteorito, no hay la menor duda"

5. Buscar de manera sistemática información para avalar los propios prejuicios de clase. "Los pobres, los negros y los bolivianos son más propensos a la pederastia, al robo y al alcohol. Después de buscar durante muchas décadas, encontré finalmente dos capítulos de libros que avalan mi posición"

6. Sentirse experto sobre algún tema por haberlo leído en Wikipedia.

7. Acceder a manuales básicos en los que se explica sin profundidad y con ejemplos cotidianos una multitud de hechos complejos sólo asequibles a quienes conocen mucha matemática y física. "Por fin entendí la mecánica cuántica. Resulta que es como un montón de tuerquitas que van de acá para allá y así van creando las cosas en el universo". Es sumamente ilustrativo (y gracioso) el texto de Esteban Podeti al respecto de esta clase de imbestiagación.

8. Pretender acceso a un saber complejo a partir de una metodología errática, torpe y poco sistemática, como hacer un doctorado en química en los momentos libres que permitan la borrachera, las fiestas y el baile hula hula; o pretender dividir una célula con un hacha.

martes, 4 de octubre de 2011

Misonusergia

(Sustantivo. Del griego misos = odio, nous = mente y ergon = trabajo. Adjetivo: misonusérgico)

Desprecio por el trabajo intelectual.

Quienes se dedican a tareas que implican lectura de libros, redacción de textos, investigación científica, creación artística y docencia se enfrentan muchas veces con el juicio de los otros, para quienes esas actividades no significan un trabajo. "No vayas a la escuela hoy, parece que hay picos y palas. No sea cosa que te pongan a trabajar", dice un cínico misonusérgico. Según su hipótesis, si no se puede visualizar un producto material, sólido, inmediato y ostensible, no se estuvo trabajando. Horas de escritura frente a una computadora son un simple pasatiempo; no se puede comparar con la labor de un cocinero o un albañil: un plato de comida o una pared califican mejor como productos del esfuerzo laboral que el ordenamiento de unos pocos bits en un software, o la dudosa adquisición de conocimiento mediante un libro. "¿Estás cansado? ¿De qué? Si te pasaste el día frente a la computadora. ¡En cambio yo, trabajé todo el día embotellando soda en la distribuidora!", se queja un misonusérgico, creyendo que nadie puede cansarse por estar pensando o tipiando durante horas. Es famosa la misonusergia de un ministro de economía quien, ante el reclamo salarial de los científicos de su país, respondió: "vayan a lavar los platos", dando a entender que las tareas domésticas son un trabajo mucho más legítimo y meritorio que la investigación.
No debe confundirse la misonusergia con la crítica a la impostura intelectual. Existen muchos esnobs intelectuales, que fingen apego a ciertas actividades intelectuales con el solo propósito de escapar de tareas más comprometidas, o simplemente para impostar interés por el arte y la ciencia. Por culpa de ellos a veces el trabajo intelectual tiene muy mala fama.  Es muy difícil trazar la línea entre quienes realizan un trabajo intelectual auténtico y quienes lo hacen sólo por esnobismo.
Sin embargo no es necesario el esnobismo para desatar la misonusergia. Hay personas que se de dedican a investigar la aparición del término "ananke" en la poesía ditirámbica griega durante el siglo VI antes de Cristo o el cambio de pensamiento de Wittgenstein entre los años 1929 - 1936 en lo que respecta a la configuración lógica del mundo, o la tristeza que sintió el dios Urano al descubrir que uno de sus hijos lo iba a destronar. Quienes escuchan estas investigaciones pueden preguntarse: "¿Y para qué demonios sirve estudiar eso?". Es verdad que un trabajo intelectual demasiado puntual, específico y cuyo objeto es una palabra antigua, un proceso mental de alguien que murió hace décadas o las emociones de un dios de un panteón mitológico parecen absurdas y poco auténticas comparadas con otras investigaciones más abarcativas y de mayor significación social. Pero eso no las convierte en ilegítimas si se las practica con seriedad y entusiasmo.